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lunes, 13 de agosto de 2018

La saga del Clon y la Era Bagley (1991-1996; continuando con la lectura de TODO Spider-Man)


En ocasiones leo tebeos de Spider-Man, TODOS, y lo cuento en este blog. Finalmente le hice una etiqueta al asunto. Y en la última entrega de esta deslabazada colección de comentarios sobre mi lectura completa y obsesiva, llegué finalmente a los primeros tebeos de Amazing Spider-Man dibujados por el extraordinario Mark Bagley, sustituto oficial de Erik Larsen, sustituto oficial de Todd McFarlane, en aquella convulsa Marvel de los primeros años noventa. Y como decía en la frase final de aquella entrada previa, me sumergí por fin en todo el tinglado de La Era del Clon.


Refrescando el asunto, por si alguien no lo sabía, la historia de Spider-Man comienza en 1963, en las páginas de uno de esos tebeos antológicos de historietas cortas de fanta-terror que publicaban todas las editoriales en la época, aún con las revistas de la edad dorada del medio como modelo (los años 50, con todos esos tebeos pre-code de todos los géneros que se vendían a millones). La cabecera Amazing Adventures, luego retitulada Amazing Adult Fantasy y por fin Amazing Fantasy, estaba condenada al fracaso. El trabajo de Stan Lee y el recientemente fallecido Steve Ditko con sus deliciosas historietas de monstruitos no destacaba comercialmente entre el desiderátum de títulos en los anaqueles, así que les dejaron hacer lo que quisieran en el número 16, que sería el que clausuraría la serie. Allí, en lugar de cuatro o cinco historias sueltas autoconclusivas, narraron la historia de Peter Parker, la araña que le picó, su abuelo asesinado y todo eso, que se sabe de memoria hasta el menos documentado. Fue un éxito, pero la revista ya no resucitaría, así que un par de meses después probaron suerte con el nº 1 de Amazing Spider-Man, la propia narración seriada del joven Hombre-Araña. Y hasta hoy. No sé por qué cuento todo esto; me he ido demasiado atrás en el tiempo. A lo que iba es a que Lee y Ditko partieron peras enseguida, que debían ser dos caracteres de cuidado, y enseguida llegó John Romita Padre a revolucionar de verdad al personaje (no tengo tanto cariño a la relativamente breve Era Ditko como otros fans), y conducirlo hasta bien entrado el centenar de números. Luego llegarían Roy Thomas, Gerry Conway o Archie Goodwin sustituyendo a Lee, y pronto Gil Kane, Ross Andru y otro pequeño desfile de lápices legendarios para seguir haciendo historia, matar a Gwen Stacy y a su padre, afianzar a Mary Jane en nuestros corazones, casar a aTía May con el malvado Doctor Octopus, volvernos locos con los Duendes Verdes y marrones, etc. Todo esto es Liturgia. El caso es que hacia el número 150 (noviembre de 1975, cuando el personaje ya contaba con su segunda colección, Marvel Team-Up, y estaba a punto de obtener la tercera), como acostumbraban a hacer en todo número redondo (milestone), se narró una historia especial, crucial, que supusiera algo realmente interesante para los lectores: la aparición de un misterioso segundo Spider-Man liándola por allí durante varios números, volviendo locos a personajes y lectores. Como pronto se sabría, se trataba de un clon de Peter Parker, fabricado por El Chacal, alias de un viejo profesor de Peter en la Universidad Empire State llamado Miles Warren. Un mad doctor en toda regla. La Saga del Clon original fue una idea brillante, una aventura legendaria, y todo terminó en el número 151, debut de un nuevo guionista, Len Wein (y co-creador de La Cosa del Pantano y Lobezno), que supongo que solo quería salir al paso. En la página 4, el auténtico Spider-Man tiraba a la copia salchichera por una chimenea y santas pascuas. A otra cosa. O eso creíamos, claro.


Fue pasando el tiempo, y sucediéndose hitos y firmas insignes. Durante los ochenta llegaron más series limitadas, "novelas gráficas" y otras colecciones propias del personaje. Y por supuesto, su serie de dibujos animados, tebeos para niños, cuentos, pijamas, cepillos de dientes, moñecos, la Secret Wars, la serie cutre de la tele... Desde mediados de los 80, se puede decir que Spider-Man se convirtió, estrictamente en el cómic, en una cole de aparición semanal en los kioskos, con cuatro series propias alternándose (Amazing, Spectacular, Web of, Team-Up, Sensational, Spider-Man a secas o el título que fuera; la idea era tener un título del personaje cada semana en los kioskos, de cara a los distribuidores y las ventas), realizadas por distintos equipos, que al principio se enfocaban en aspectos diferentes pero cada vez se fueron sincronizando más. Sobre todo, al llegar la época que me toca comentar en este punto: es a partir de ahora cuando deciden seguir siempre la trama de una cole a la otra (no sé si fue el editor Terry Kavanaugh o Bob Harras), cuando podían haber sacado un solo título semanal. Y básicamente así ha seguido hasta nuestros días, más o menos, de cara a la distribuidora y las tiendas, para entendernos. Los equipos más o menos fijos de cada una, en esta etapa, fueron: Michelinie / DeMatteis y Bagley en Amazing; DeMatteis y Sal Buscema en Spectacular; y algo más de baile en Web of y Spider-Man tras la marcha de McFarlane, pero a destacar Busiek / David / Mackie / DeFalco / DeZago, junto a varios dibujantes clásicos de etapas previas (mención especial a Al Milgrom o Bill Sienkiewicz, a los que detestaba cuando leí algunos de estos tebeos de adolescente, y es un placer apreciarles siendo ya un pollavieja) junto a una apuesta por dibujantes-estrella en ambas, como Steven Butler, Jae Lee, Joe Bennett, Ron Wilson, Tom Lyle y sobre todo John Romita Jr.


Como fuere. Poco a poco, en las distintas colecciones, veíamos cómo un misterioso personaje en moto se dirigía hacia Nueva York, en busca de la Tía May (que, para variar, estaba convaleciente en el hospital de Forest Hills). Eran breves apariciones que interrumpían y salpicaban la trama, normalmente de una sola página, donde nunca veíamos el rostro del intrigante motero con greñas. Creo que leer aquello por primera vez sí que debió ser fascinante. No creo que nadie imaginara que el clon que Spidey había tirado por una chimenea 20 años antes estaba a punto de regresar. Desde la distancia, y sabiendo lo que iba a pasar, la verdad es que a mí estos breves entreactos sí me parecen realmente chulos. Fueron 10 ó 12 misteriosos intermedios, salpicados por las cuatro series, antes de que entrara en escena el Clon, Ben Reilly, en todo su esplendor. Y además, en un momento en el que, en mi opinión, los años noventa sí estaban haciendo estragos en el personaje, con todo ese coñazo infumable de Veneno, Matanza, Matanza Máxima, Matanza Suprema, Matanza Total, el aburridísimo y olvidadísimo Armada, los putos padres de Parker resucitados de pronto durante todo un año (que no solo nadie les echaba de menos porque no existían hasta ahora, sino que todos sabíamos que no eran ellos de verdad) o la estancada relación entre Parker y Mary Jane, ya casados y pensando en tener arañitas, en la cual lo más interesante era que ella había empezado a fumar a escondidas. Lo que quiero decir, es que pese a esa idea tan extendida de que Spider-Man se fue a la mierda en esta época debido a todo el tinglado del regreso del Clon, yo lo acabo de releer completo en estos meses, muy atentamente, y debo decir que doy mi aprobación a lo que hicieron. La Nueva y Definitiva Saga del Clon no fue, ni mucho menos, lo peor de los 90 en Marvel, en mi opinión. Tal vez lo alargaron demasiado, tal vez no debió suceder, pero tenía que suceder algo muy gordo, y relacionado con la etapa clásica. Y lo que decidieron hacer, de todo lo que pudieran haber hecho, creo que se hizo bastante bien, pensando en el adolescente de la época, y fue terriblemente divertido, con excepciones. Para mí, lo peor de esta época fue todo esto:


La historia, en pocas líneas, consistió en que el misterioso motero era el clon de Parker, y como no tenía vida propia, era una existencia duplicada que mantenía todos los recuerdos de Parker, se hacía llamar Ben Reilly (el nombre propio del Tío Ben y el apellido de soltera de la Tía May). En principio, todos creíamos que era el tipo salido de la chimenea. Pero tras un centenar de números, docenas de diatribas, de encuentros con May, con Parker, con Jameson, con los villanos clásicos, resultó que Parker y Reilly se dieron cuenta, tras un análisis de ADN, de que era al revés: que el motero con greñas que llevaba cinco años vagabundeando en busca de una vida, era el auténtico, y el muchacho que se había casado con Mary Jane y habíamos seguido leyendo sus aventuras durante 20 años, era la copia. Y para muchos lectores, Ben Reilly era un impostor, un indeseable. Todo había sido una estafa. En algún momento en las elipsis entre viñetas de aquel Amazing nº 151, se habían dado el cambiazo sin darse ni cuenta forcejeando en la azotea junto a la chimenea, porque hasta entonces habían sido cuánticamente la misma persona. Nuestro corazón, ahora, estaba dividido, y muchos lectores se sintieron engañados por el tema, y esa resolución un poco idiota y maniquea. Pero, para mí, tiene sentido. Era una manera de resolverlo, y creo que fue bien resuelto, ya que Parker llevaba bastante tiempo deseando tirar la toalla. Si durante mucho tiempo el superhéroe se había impuesto al joven periodista, hasta el punto de que Spiderman tuvo una etapa en la que renunció a ser Parker, ahora podía tomarse un merecido descanso, ya que era justo que Ben Reilly se dedicara a ser Spider-Man (después de una colorida etapa siendo la Araña Escarlata, y eso sí, con un traje nuevo para diferenciarse y respetar al clásico), y Mary Jane y Parker se apartaban de la circulación, se iban a vivir a Portland, y reflexionaban sobre su futuro: porque Tía May ahora está muerta, y Mary Jane está embarazada de Parker, el verdadero clon.


Y así están las cosas tras esta etapa. Apenas he avanzado un poco más tras la lectura de la miniserie "La aventura final" que encabeza esta entrada, un tomo estupendo escrito por Fabian Nicieza y dibujado por Darick Robertson (dos joyas de los noventa, y equipo creativo poco antes de mis adorados New Warriors), en el que, tras un año sin saber de él, volvíamos a encontrarnos, llenos de emoción, con Peter Parker y Mary Jane tratando de desarrollar, sin éxito, una vida matrimonial en Portland. Este tomo en concreto me gustó muchísimo, igual que muchos otros arcos de estos más o menos 300 números que componen este último atracón de lecturas. Al margen de todo el embrollo en sí de Veneno / Matanza / los papis de Parker / la muerte de Mary Jane / el regreso del Clon / Traveller y Kaine, el tercer clon (...a quien no quería ni mencionar, que aún no sé muy bien qué pinta...), muchas de las historias breves son hermosas fábulas que nunca han sido recuperadas en estos tiempos en los que Panini está reeditando absolutamente todo lo imaginable menos la defenestrada época de los naughties.


Una cosa que no me gustó demasiado, fue la deriva de Jean Marc DeMatteis al frente de Amazing y Spectacular. Su prestigio había crecido tanto en el gremio con la laureada "La última cacería de Kraven", que le dieron vía libre para seguir intentándolo, y muchas de sus tramas posteriores eran monólogos interiores filosóficos, existencialistas y soporíferos sobre la insoportable levedad del ser. Personalmente, me gustó bastante el cambio de título en todas las cabeceras para recibir a Araña Escarlata, y su afiliación a los New Warriors. También muchas historias cortas de DeZago y DeFalco, y por supuesto todo lo dibujado (con más o menos prisa e interés) por Sal Buscema. La llegada de John Romita Jr. fue una bocanada de aire fresco y a la vez clásico, y no me acordaba en absoluto de la etapa de Dan Jurgens, como guionista y dibujante, al comienzo de la nueva cabecera, Sensational, que venía a sustituir a Web of. Fantástico recordar y releer todo esto también, con el despistado Ben Reilly trabajando de camarero, haciendo nuevos amigos, presentando a los tipos con los que se había relacionado estos cinco años en el exilio (principalmente Seward Trainer, otro mad doctor genetista, que durante un simpático arco introducía a Spider-Man en el mundo virtual, como una especie de Tron que ha envejecido fatal, reflejo de cómo Internet empezaba a revolucionar la sociedad ya en 1994), reencontrándose con viejos personajes de Nueva York de siempre (muchos sospechan que no es el mismo), rebooteando desde cero y tratando de hacerlo tan bien como Peter Parker en sus primeros años. Para cuando vuelva por aquí (quién sabe si dentro de otros dos años), dejo el marcapáginas en Spectacular Spider-Man #232 o Amazing Spider-Man #410, marzo de 1996, con nada menos que 6 colecciones del Trepamuros en el kiosko por aquella época (a añadir Sensational, Spider-Man, Unlimited, el nuevo y breve Team-Up, pronto sustituido por Untold Tales, estas últimas trimestrales). Me queda mucho todavía para llegar al siglo XXI, con la llegada de Straczynski y demás, que ya lo tengo más reciente. A ver qué pasa con May y el supuesto hijo de Parker y MJ, que me tiene en ascuas, porque la verdad es que no tengo ni idea, ya que en el tiempo real sí que terminé desconectando en la segunda mitad de los 90.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Amazing Spider-Man vol. 4 (2015-) (...continuando con la lectura de TODO Spider-Man)

Desde hace unas semanas, estoy al día con la actualidad de Spider-Man, a ritmo de los tomos de Panini. Bueno, en realidad no me he puesto todavía con La conspiración del Clon, la nueva vuelta de tuerca de Dan Slott al dichoso asunto que monopolizó la cabecera en los 90s. Esperaré a reunir todos los tomos, y mientras tanto he retomado la lectura precisamente en aquellos tiempos, donde lo había dejado, con la despedida de McFarlane y Larsen y la llegada de Mark Bagley. Pero ya vendré con ello.
En los últimos tiempos no dejo de escuchar frases de desprecio hacia Slott, sobre todo en un par de podcasts de actualidad de tebeos que, no sé a santo de qué, escucho casi siempre, y disfrutan poniéndole a caldo, dando por hecho que lo que está haciendo es vergonzoso, hablando con un asco monumental del Spidey moderno (por cierto, esos mismos podcasts coinciden en que Chris Bachalo ya no dibuja bien, y me dan ganas de agarrarles de las solapas y meterles la cabeza bajo la ducha unas horas). Parece que esa es la tendencia, pero yo soy de los que defienden su trabajo y lo disfrutan. Y me interesa muchísimo hacia dónde nos llevará esta evolución del personaje, esta especie de playboy internacional multimillonario, cuya suerte Parker ha cambiado, por fin, y es que ya estaba bien. Estoy seguro de que muchos otros lectores veteranos del personaje, montones de veces, se habrán preguntado cómo es posible que un genio científico de la talla de Peter Parker no conseguía evolucionar de profesorcillo o reportero gráfico o parado moliente, y empezaba a ganar un poco de dinero, o se hacía famoso... Era casi necesario, y yo lo quería ver. Y Slott nos lo ha ido contando muy bien, lentamente, desde su primer día en Horizon Labs. Tras los sucesos de Secret Wars III (que yo me enteré a medias), todas las series nos sitúan 8 meses en el futuro, y no se ha explicado cómo Parker Industries se ha convertido en el Apple del UM que es ahora, pero a mí me está molando mucho todo esto, y el papel que están jugando Anna María Marconi, Felicia o Harry Osborn, me gusta y me parece bien todo, spider-buggy, Cerebro Viviente y gacheto-cosas incluidos. Me parece interesante, y a ver cuánto dura. Lo que menos me interesa, y miedo me da (aunque confío en Slott), son sus ganas de resucitar a Octavius, que había tenido una muerte digna y chachi.
Ahora bien: odio profundamente a Giuseppe Camuncoli, el dibujante estrella de Amazing. Hay por ahí millennials que me consta que celebraron la partida de Humberto Ramos, y nadie parece decir nada sobre Camuncoli, ese dibujante horripilante, insulso, que dibuja fatal los cuerpos y que hace todas las caras iguales... con esos hoyuelos y rayitas en todas las narices y carrillos, que parece que todos los personajes van disfrazados o pertenecen a alguna tribu extraña...


...y con esas desproporciones tan salvajes, esa manera de dibujar tan horriblemente mal, que ha convertido el regreso de toda una Mary Jane Watson en una parodia, en una burla, en una especie de bolo, un tentetieso cabezón, y me ha dado muchísimas ganas de llorar y de romperlo todo...


Una pena. Puto subnormal de dibujante, qué asco de persona. Ojalá se muera. En fin. El sistema de publicación de Panini me encanta, con los increíbles artículos bizarros de arqueología Marvel del grandioso Miguel G. Saavedra o los necesarios textos de apoyo de Julián Eme (el tebeíto ese del tal Víctor Gómez, que debe ser el sobrino de un ejecutivo, tampoco molesta, se ignora y listo), e intercalando algunos meses miniseries ajenas. "Don Divino" (Molina / Bianchi) era una chorrada, que llevaba a Spidey a enfrentarse a una especie de Café Quijano mágicos en Nueva Orleans, pero me encanta que vayan a ir trayendo, por arcos, la nueva serie Spider-Man / Masacre, que es una maravilla, divertidísima, un regalo para los sentidos, que ha vuelto a juntar a los míticos Joe Kelly y Ed McGuinness, que tantas alegrías nos dieron con la primera serie regular de Masacre. Es un disparate, a ratos parece que cojan ideas de Pafman. Y el McGuinness hip-hopero de sus comienzos ha evolucionado a un trazo mucho más clásico y contenido, pero que quita el sentido.


También estoy al día con la otra cole de Spider-Man, la del Spider-Man Negro, Miles Morales (me temo que se va a quedar con ese estigma, le va a perseguir para siempre que no sea ario y que provenga de la línea no canónica), y Bendis sigue tan en forma como siempre. A base de leerle se le coge el truco, de alguna manera es algo repetitivo en sus planteamientos, pero todo lo que hace es delicioso y sus diálogos son fascinantes. La dibujante (también italiana) Sara Pichelli es absolutamente brillante, lo mejor de la nueva Marvel, y también fantástico su sustituto puntual, Nico León. Nada que objetar. Una gozada. Especialmente las escenas menos espectaculares y sin acción, o el rollo chibi manga de las fantasías de MM. Es una delicia, aunque está un poco enfangada la trama al pillarle de lleno la dichosa Civil War II nada más empezar.


No sé si se va a publicar en España (leí por ahí que sí) la serie Spidey, pero me haría con ella también como loco. Recuperan la hermosa tradición de narrar aventuras sencillas del personaje para lectores adolescentes, ¡y hasta resucitan el rótulo de la cabecera de Spidey Super Stories! El dibujante de los tres primeros, Nick Bradshaw, al que conocía de Wolverine & The X-Men, le daba un toque fantástico, y los siguientes no decepcionan.


A tope con todo.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Spider-man de Todd McFarlane y Erik Larsen (...continuando con la lectura de TODO Spider-Man)


En este blog tan caótico, tengo una serie de obsesiones de "lector constante", posts en los que he querido dejar impresiones de varias series que voy leyendo; como no etiqueto las cosas, no lo parece. Pero en estos últimos meses en los que solo he reseñado aquí lecturas de libros, he seguido muy fuerte leyendo todo el material existente de Spiderman, cuestión que emprendí cronológicamente hace casi dos años.

- Lo contaba incialmente en este post. (1963-1972)
- Continué la apresurada y deslabazada reseña de la completa lectura al alcanzar las Secret Wars originales (1972-1986).
- Siguiente parada y siguiente rajada, con Atlantis Ataca (1986-1988).
- Luego cuando llegué a Inferno (1989)
- Ahora mismo en este post seguiré cubriendo la estridente etapa McFarlane-Larsen-Bagley, sobrepasado el nº 300 de la serie principal (1990-1992).

- También le hice hueco a la deliciosa marcianada Spidey Super Stories, colección que me chifla.
- En algún momento, aunque lo leo cronológicamente pasando de unas colecciones a otras (habré leído ya cerca de 800 tebeos, aunque en este momento vaya por el 357 de Amazing; esto es una locura), destaqué alguna etapa o número de Marvel Team-Up, o miniseries fuera de continuidad que me gustaron como Spider-Men o Astonishing Spider-Man & Wolverine, devoré el delicioso libro de Julianeme, se dejaba ver en otros apretones que me he dado de todo Capa y Puñal o los primeros años de Daredevil... En fin, que siempre muy a tope con Spiderman en mis ratos libres. Precisamente, anoche leía el especial 30º aniversario de Spectacular Spider-Man. Pero ahora voy con ello.

- Y paralelamente, he ido haciendo acuse de lectura "en tiempo real", de los nº 600 a 700 en 5 p o s t s, y ahora mismo estoy al día, recién comenzado el vol. 3 USA de Amazing, leídos también los primeros arcos de Spider-Gwen y Silk. Y como estoy medio loco, en estas semanas también me he leído, por primera vez, los 111 números de Ultimate Spider-Man de Brian Michael Bendis y Mark Bagley. A ver si saco tiempo de hablar de ello por aquí estos días, que me encanta hacer apología de mi amigo y vecino Spider-Man.

Esto es un caos, este es un blog de apuntes personales que, en serio, lo abrí solo para enfrentarme a mi horrible memoria (me sorprende y al mismo tiempo me hace ilusión cuando alguien me dice que se ha leído algo, o que incluso ¡se lo guarda para leer en el tablet! Yo también hago esas cosas con otros blogs, la verdad); pero mi lectura de Todo Spider-Man es una de las constantes.


En la lectura cronológica (hasta el 600), me había quedado en la deliciosa saga de Inferno, que en lo tocante a Spidey nos llevaba hasta el número 314 de la colección principal, Amazing Spider-Man, y nos adentrábamos lentamente en los años 90s. Los dichosos naughties, la década de la que tanta gente reniega, y que generalmente, en lo tocante a ese rinconcito de la cultura popular tan denostado como son los tebeos de superhéroes, se generaliza de forma abrumadora que fue una auténtica pesadilla. He tenido largas discusiones en torno a esto, porque todo aquel carrusel de novedades, superhéroes enfadados, fan-favourites, cambios al papel satinado y al coloreado digital, el nacimiento de la editorial Image que revolucionó el medio para siempre, etc., A mí me pilló con 12 tiernos añitos, no estoy de acuerdo con esa pataleta, y esa obsesión con mandarlo todo a la mierda. Pero es una historia muy larga, y se pueden colegir similares argumentos a favor y en contra en el mundo de la música o del cine. Yo ya leía muchos tebeos desde hacía tiempo, porque en mi casa siempre hubo y porque mi papá me compraba casi todas las semanas varios tebeos en el kiosko de enfrente de su trabajo en el turno de tarde (un día un Superlópez, otro día una novela ilustrada de Karl Malden, ora un Daredevil, o un Capitán América, un Superman, un Batman, un Spider-Man...), y le esperábamos despiertos hasta las diez o las once con los brazos abiertos. Pero en 1990 fue cuando mi hermano y yo nos independizamos del criterio de mi padre, y empezamos a encargarle colecciones concretas. Básicamente, optamos por novedades de aquel entonces. Aunque seguíamos encargando algunos números consecutivos o sueltos de Spider-Man y X-Men de 1989-1990, cosas que nos llamaban la atención en los checklists o se hablaban en el patio del cole, nos terminamos aferrando con mucha fuerza, sobre todo, a la nueva y flamante colección de Lobezno en solitario. Y poco tiempo después, debió ser durante el verano de 1991, yo me volví absolutamente fan de los New Warriors.


Pero en general, lo que pasó en Marvel, aparte de la progresiva saturación del mercado con miles de colecciones inverosímiles de superhéroes idiotas, y de las nuevas editoriales de superhéroes fluorescentes que crecían como setas, fue que llegaron unos jóvenes dibujantes espectaculares con un estilo refrescante y electrizante, que nos volvía locos a los adolescentes. Es un asunto muy conocido entre los aficionados: Rob Liefeld puso patas arriba los Nuevos Mutantes, llenándolo todo de dientes, armas gigantescas y malformaciones musculares (de ahí salió Masacre, alias Deadpool, que ahora es tan famoso); Jim Lee nos conmocionó a todos con sus pibones y sus mutantes perfectos y llenos de rallitas en La Patrulla-X, llevando la molicie un paso más allá de lo que ya estaban haciéndolo en ese momento Marc Silvestri o Arthur Adams; y en Spider-Man aterrizó Todd McFarlane, otro dibujante terriblemente espectacular. En cuestión de meses, a McFarlane le dieron su propia colección. Era la 4ª colección mensual de Spiderman en los kioskos de entonces, titulada simplemente Spider-Man. Él escribía, dibujaba, entintaba y hacía lo que le daba la gana. Su número 1 vendió, atención, 2 millones y medio de copias. Liefeld se empeñó en hacer lo mismo, y transformó a los Nuevos Mutantes en X-Force, con más rallitas, más músculos y más chorradas, alcanzando su nº 1 la cifra de 4 millones de copias. Finalmente, a Jim Lee también le dejaron explayarse con su propia cole, X-Men (la principal, la de siempre, era Uncanny X-Men, y ambas sobreviven a día de hoy, con varios cambios en la cabecera), cuyo número se dice que llegó a vender 8 millones, ostentando el premio Guinness.


Fue un fenómeno irrepetible. No solo por el volumen de publicaciones y el estallido en el fandom (yo mismo me empecé a comprar todo lo que salía), sino porque pronto se puso en evidencia que Marvel se guardaba para sí todos los beneficios, todos los personajes le pertenecían, y los autores le apretaron las tuercas tanto, que acabaron rompiendo relaciones, y fundando la editorial Image, donde McFarlane, Jim Lee, Rob Liefeld y otros artistas espectaculares que nos encantaban a los chavales, como Marc Silvestri, Whilce Portaccio o Erik Larsen, crearon su propio universo y abandonaron el barco. Desde entonces, creo que muchos adolescentes que leíamos los tebeítos sin importarnos un carajo quién los hacía ni si eran de Marvel o de DC, empezamos a verle los tres pies al gato al tema. Otra cosa que trajo todo este maremágnum de ventas, y que dura hasta nuestros días, fue la saturación de los kioskos con un mismo tebeo, pero diferentes portadas. Esto lo ha explotado Marvel hasta la saciedad, y en algún caso ha llegado a sacar hasta 100 portadas diferentes de un mismo tebeo a la vez. Un disparate. No sé por qué estoy contando esto, ni que fuese esto un artículo para el Tentaciones. El caso es que yo me zampé todo aquello. A comienzos de los 90 me enganché al Spider-Man de McFarlane, y luego a su Spawn de Image; me compré el X-Men de Jim Lee, y luego sus WildC.A.T.s; también piqué una temporada con X-Force y hasta con Youngblood, pero les odié pronto; me enamoré de Gen13 y Cyberforce, de los New Warriors, del Nuevo Universo Marvel y de Eclipse, fui un auténtico yonqui de Forum en aquellos años.


Conservo poquísimos de esos tebeos. Algo, pero muy poco, porque mi afición pasaba por leerlos y llevarlos a cambiar por otros a Hipercómic, al Rastro o a algunas tiendas de mi barrio donde cambiaban tebeos (sí, en los 90s todavía cambiaban tebeos además de novelas de Marcial Lafuente Estefanía hasta en tiendas de pipas). La cuestión es que en los últimos meses he vuelto a revivir aquellos tiempos, en lo tocante a Spider-Man, desde la perspectiva de un adulto. Y ha sido doloroso. Sabía que los dibujos de Liefeld eran malos, pura pantomima que no puede gustarle a nadie de más de 15 años, pero lo de McFarlane es hasta peor, y yo me he dado de bruces con ellos estos días. En realidad fue progresivo, y el desastre se contempla al llegar al nº 300 de Amazing, cuando Mc decide prescindir del Maestro Bob McLeod, y entintarse a sí mismo.


Es muy fácil criticar, y yo sigo valorando aquellos tebeos por lo revolucionarios y espectaculares que fueron, y por toda la felicidad que aportaron a mi yo adolescente; pero cuando uno sigue explorando en el medio con los años, y descubre posteriormente a Will Eisner, a Jack Davis, Hugo Pratt, Alan Davis o a quien sea, se queda con la sensación de haber adorado a ídolos de barro. Como fuere, McFarlane cambió a Spider-Man para siempre, eso es indudable. Hasta inmediatos predecesoras de Todd en Spider-Man, referentes tan clásicos y veteranos como Alex Saviuk o ¡Sal Buscema!, tuvieron que empezar a ponerle nuditos a las telarañas, y prestar más atención a las expresiones de los ojos en la máscara de Peter Parker. Eso es así. También los peinados de Mary Jane empezaron a flotar de otra manera, y Spider-Man se hizo contorsionista para siempre:


(viñeta de Alex Saviuk justo antes del mcfarlanazo)


(viñeta de Alex Saviuk justo después del mcfarlanazo)

Al margen de los dibujos, en Amazing Spider-Man siguió escribiendo incansablemente David Michelinie, un nombre que me aprendí de memoria de niño de tanto verlo (también le leí alguna saga histórica de Iron Man), y que yo consideraba el mejor guionista de superhéroes del mundo. Aún no había descubierto a Larry Hama ni a Claremont, que pronto me quitarían esa idea de la cabeza. Pero la verdad es que no se reivindica para nada a Michelinie, y siempre me pregunté quién sería realmente este tío. Pasará a la historia por haber introducido a Jim Rhodes y los problemas de alcoholismo en la vida Tony Stark, y en Amazing creó nada menos que a Veneno y a Matanza. Lo que pasa es que a mí estos dos personajes siempre me han importado un carajo, pero hay que reconocerle el mérito, que Veneno hay muchos lectores que le adoran, por encima de a Spiderman. Por lo demás, el pobre Michelinie ni siquiera creo que pase a la historia como uno de los 5 principales guionistas de Spiderman. Fue un escritor comedido, desde luego, y que en su etapa (1987-1994) apenas tocó absolutamente nada del concepto original, no arriesgó demasiado, ni trajo historias que nadie hubiéramos retenido en la memoria, de no ser por el pasmoso efecto McFarlane. Los tebeos de Michelinie son un eterno retorno de villanos clásicos y argumentos repes.

De hecho, igual que comentaba en alguna entrega anterior de estas anotaciones, el fenómeno McFarlane eclipsó todo, pero lo verdaderamente interesante estaba sucediendo en las cabeceras secundarias del personaje, Spectacular Spider-Man y Web of Spider-Man. Ya dije en la anterior reseña que "La última cacería de Kraven" no ha perdido nada de su fuerza, que mil años después sigue poniendo los pelos de punta. En los siguientes números de Spectacular que me he calzado, J. M. Dematteis se sigue mostrando como el guionista de Spidey más valiente y apasionante de los 90s, a la altura de lo que hizo Peter David en sus pequeñas historias costumbristas, pero llevándolo a sagas épicas y trascendentales, como la increíble "El niño que llevas dentro", con la impactante y expresionista labor del Maestro Sal Buscema. Por su parte, Alex Saviuk fue relegado a Web of, donde dibujó (con la extraña y notoria evolución mostrada arriba, ante el acoso del fandom obsesionado por McF) algunas historias muy decentes escritas por Terry Kavanagh o un joven Kurt Busiek pre-Marvels, aunque lo más interesante de esta etapa fue la frankmillerísima saga "El nombre de la Rosa", donde a un desatado Kingpin lo quiere matar hasta su hijo.

Y como decía, a McFarlane le acaban dando la 4ª colección regular de Spider-Man (y encima, Amazing pasaría a quincenal durante aquella época). Aquello se puede describir sencillamente como un ensayo para Spawn. Fueron 3 ó 4 historias seriadas, cada vez más densas, dramáticas y oscuras. Nada reseñable leídas ahora, aunque hay que reconocerle el mérito también al innovar en el narrador y en el afán introspectivo; aquello tenía poquísimas palabras, y bastante influencia de Twin Peaks. No recordaba la trama detectivesca con el Wendigo y Lobezno en los bosques del Yukón, esa me gustó.


A Mc le había sustituído en Amazing Erik Larsen, y pronto lo haría también en Spider-Man, porque Mc era muy lento y debía tener agujetas hasta en los sobacos de tanto firmar autógrafos, tanta gira mundial y tanto sexo con las fans. No pasó mucho tiempo en que le sustituyera Mark Bagley, pero aquellos tebeos de Larsen, tanto los escritos por Michelinie como en solitario, fueron y me siguen pareciendo una delicia, aventuras fresquísimas y dinámicas, un tono divertidísimo, unas composiciones de página antológicas, casi un retorno a los tiempos de Stan Lee. Ojalá Larsen se hubiese quedado en Spider-Man para siempre. Por la misma cuestión de la bola y la cadena que ataba a los artistas en Marvel y no les trataba como las estrellas que eran, Larsen se fue a Image hacer Savage Dragon en 1992, y no ha dejado de sacarlo mensualmente hasta hoy. Ostenta el récord del artista occidental que más tiempo ha estado en una misma serie. Ha demostrado ser un dibujante de cómics de verdad, un auténtico maestro, que se debe a sus fans y que rinde homenaje a los más grandes del tebeo de superhéroes, a Stan, a Jack, a Steve, casi en cada viñeta. Compré Savage Dragon cuando empezó en España, pero me rendí pronto. Una vez me dio por leer de una tacada más de 100 números, y es increíble la cantidad de pasión por su trabajo que hay ahí; pero sus guiones son demasiado flojos, destinados al lector adolescente, y terriblemente infantiles y estancados en la Edad de Oro. Pero sospecho que todos los fans de Spider-Man tenemos hecho a Larsen un hueco en el corazón, como ese artista espectacular pero al mismo tiempo comedido, moderno pero a la vez clásico, con sus estridencias y concesiones molonas a la "anatomía alternativa", pero que todo lo dibujaba bien y aportaba tanto sentido del humor y tanto cariño.

Y entonces, decía, llegó Mark Bagley. Apenas acabo de empezar a leer su etapa, que creo que fue bastante larga. Ya había dibujado a Spiderman antes en fill-ins de Atlantis Ataca, y sobre todo será recordado por su etapa récord en Ultimate Spider-Man (que como decía, me he chupado entera en estos meses también...), pero para mí Bagley fue el dibujante con el que casi me inicié conscientemente en los superhéroes, con los New Warriors que también mencionaba antes, y tiempo después con los Thunderbolts (1997), una serie que disfruté muchísimo ya como lector avanzado. Ya digo que estoy a tope con la Marvel de los 90s, claro que sí. Me queda por empollarme bien sus años en Amazing, si eso volveré alguna vez con ello, pero es encomiable cómo mantuvo el listón, y no quiso decepcionar a los que habían sido cegados por el ciclón McFarlane/Larsen (juraría que su característica Luna gigantesca, como si estuviese a cien metros de la Tierra, se lo copió a Larsen). Bagley representa el "Marvel way of life" de maravilla, es un dibujante correctísimo y moderado, en la línea de los Buscema o los Romita, y a mí me encanta. Algunos perfiles y algunas ancas le quedan raras, pero es su marca de la casa; como narrador me parece extraordinario, un auténtico funcionario del tebeo clásico al que tengo en un pedestal. Nadie mejor que él para recoger el testigo.


Pero la historia de Spiderman a través de los 90s está escrita a golpe de clones... Me temo que lo peor está por llegar...

martes, 31 de mayo de 2016

"Spider-Man: La historia jamás contada" (Julián M. Clemente, 2015)


Hace un par de años, pasé algunos de mis momentos de lectura más apasionantes con la extraordinaria Biblia de la Historia Oral de Marvel Comics. El año pasado salió a la venta, a imagen del anterior y en idéntico formato, el gigantesco trabajo que hizo el diletante Julián M. Clemente centrado en la figura de Spiderman, mi personaje de ficción favorito cuyas miles de aventuras en viñetas sigo leyendo poco a poco entre las sábanas. "Spider-Man: La historia jamás contada" es una maravilla a la altura de lo esperado, y me estuvo acompañando durante buena parte del pasado mes de febrero. Un libro maravilloso, que repasa toda la historia del Lanzarredes desde su concepción y mucho antes, a través de toda su carrera editorial. Para cualquier fan del personaje, del estilo de vida Marvel y de todos esos escritores y dibujantes atados a una mesa de trabajo en el Bullpen de los años 60s que dieron forma a uno de los Universos de fantasía más complejos y fascinantes, la obra de Julián es absolutamente fabulosa e imprescindible. Por desgracia, con el tiempo transcurrido se me ha pasado un poco el influjo, y sobre todo los detalles más sorprendentes y mágicos de la obra, pero ahí la tengo en un estante para siempre, para repasar cuando vuelva a necesitarlo. Seiscientas páginas de biografía que entremezcla la ficción con la apasionante realidad de aquellos destajistas, el trabajo definitivo de un fan de toda la vida, probablemente la persona que más sabe de Spider-Man del mundo, con permiso de Lee y de Parker. Uno de mis objetos favoritos.

jueves, 14 de enero de 2016

Inferno


Inferno es la saga que más me marcó durante mi adolescencia de Marvel Zombie, y llegado a este punto de la lectura cronológica de Spider-Man me ha tocado revisarla. El grueso de la historia, en todas las colecciones de mutantes, me produce ahora el mismo placer que en su día. En algún sitio leí que está considerada como una saga menor, incluso olvidable de Marvel, y sin embargo es el tipo de cosas que me reforzaron como fan, y constato que sigue siendo una idea brillante, llena de imágenes poderosas y artistas en su cénit. Marc Silvestri estaba aquí en uno de los momentos más asombrosos de su carrera, a la altura de su trabajo con Hama en Lobezno. Un regocijo similar al de entonces encuentro también con los increíbles lápices de aquellos modernistas, caricaturescos y de línea clara Jon Bogdanove o Brett Blevins (a quien siempre confundí con Bret Ewins, el recientemente fallecido artista de 2000ad). Y es ahora cuando descubro el poderosísimo trabajo de Walter Simonson, que en su día me parecía mediocre y es un narrador increíble. Respecto a Alan Davis, nunca he tenido palabras.


Inferno es Nueva York repleto de duendes diabólicos de orejas puntiagudas haciendo gamberradas a los viandantes. Buzones que devoran a los carteros y gárgolas de piedra voladoras. Utilitarios con dientes de sierra. Madelyne Pryor con esos harapos que quitan el hipo. El temor constante por el regreso de Fénix Oscura. El poder de las pelirrojas en general, en el Universo Marvel. Los X-Terminadores y Power Pack uniendo fuerzas contra Nanny y Creahuérfanos: un huevo ambulante y un niño con una armadura de G.I. Joe adulto; superhéroes de mi edad (de entonces), tullidos, lloricas, temerosos de sus padres, salvando el mundo. Es Ylliana Rasputín, otra niña de mi edad, abandonando para siempre la niñez al crecerle las tetas, patas de cabra y cuernos como barras de pan de pueblo. El Duende Verde pactando con el Diablo en primetime. Un Nueva York subterráneo, ardiente, incomprensible, definitivamente anterior a Giuliani. Un agujero al infierno de ida y vuelta que daba mal rollo, de un humor negro que de niño no me hacía gracia. La saga Inferno, ante la impotencia de los héroes, con esos bichos que no sé por qué cojones se reían tanto y esos terroríficos N'astirh y Mr. Siniestro que aparecían y desaparecían sin avisar, formó parte de mis pesadillas en la misma medida que los perros de "Cazafantasmas" o los nazgul de "El Hobbit" de Bashki, que se suponía que no deberían haberme dado tanto miedo.

jueves, 24 de diciembre de 2015

"Atlantis ataca" (...continuando con la lectura de TODO Spider-Man)


He actualizado muy poco este blog últimamente, porque mi relación con el ordenador se ha ceñido a preparar programas de radio y sesiones musicales, a intentar terminar los 3 ó 4 larguísimos documentos que tengo empezados, o bien a preparar el Apocalipsis. Por no hablar de que Netflix. Y además, sigo inmerso en la relectura de TODOS los tebeos de Spider-Man que jamás ha publicado la editorial Marvel. Me estoy adentrando lentamente en los años 90s, ya he llegado a la etapa de David Michelinie y Todd McFarlane en Amazing, y con 20 años más descubro que ese primer y jovencísimo McFarlane pre-Image dibuja horriblemente mal. Mucho espectáculo, mucha tela de araña entrelazada y sorprendentes composiciones góticas, pero las caras que dibuja dan un poco de asco, y en algunas perspectivas le sale Spider-Man con unas cachas que parecen las de Vicente Belda, o en otras Mary Jane tiene unas piernecitas como las de un ruiseñor herido. Los primeros planos de perfiles que hace McFarlane revuelven el estómago, y su obsesión por las capas churiguerescas de los malos y los cuerpos caricaturescos resulta vergonzoso. Aprendió muy deprisa, eso sí, y pronto todo deja paso a simple espectacularidad y lo molón, pero con las ganas que tenía de alcanzar esta etapa, ahora me da repeluco. Además, mientras tanto en las otras dos colecciones, Web of y Spectacular, estoy redescubriendo algunos momentos gloriosos, con unos Peter David/Alex Saviuk y Gerry Conway/Sal Buscema absolutamente pletóricos, y unas tramas y diálogos soberbios de los que Michelinie está a años luz (que también me está pareciendo muy flojito; sin duda sus textos eran ideales para mi yo de 13 años). Sabía que pasaría esto, y estoy asombrado asumiendo ahora que ese fenómeno que me marcó tanto a comienzos de los 90, con el aterrizaje de dibujantes brillantes y refrescantes que nos atraparon a los jóvenes excitables (Lee, McFarlane, Portaccio, Liefeld, etc.), soterró el magnífico trabajo de la generación anterior, que estaba en su máximo esplendor. Me estoy reconciliando con artistas a los que menospreciaba, como Ron Lim, Jim Fern, Mike Zeck, etc. Y también me hace mucha gracia contemplar los primeros pasitos de Mark Bagley, un artista que siempre me ha entusiasmado (New Warriors o Thunderbolts forman parte de mi Olimpo personal) y me ha parecido correctísimo, un más que digno heredero de la Marvel clásica de los 60s y 70s. Sin ruido, sin estridencias, el chaval dibujaba exactamente igual en 1988 que en 2015. Me chifla.

Aparte de algunos fill-ins o annuals, para poco a poco irse apoderando del personaje en el futuro, Mark Bagley se calza 84 páginas, serializadas en todos los annuals de 1989, que conforman la historia de "La Saga de la Corona Serpiente". Conocía perfectamente esta historia, y la ideificación de la corona con el SLA, pero nunca había leído estos complementos completos. Con guiones de Peter Sanderson, el fricazo que se hizo él solo todas las fichas de personajes de Marvel y DC en los 80s y 90s, la Saga de la Corona Serpiente es un homenaje y puesta a punto de todo el Universo Marvel, con guiños a la obra de Lovecraft o Robert E. Howard, a la pre-Marvel de Namor y los dioses asgardianos y a la Marvel más hippie y cósmica de los 60s/70s, en la que incluso fusiona el mundo de Conan con el de sus superhéroes. Una epopeya fantástica que ni siquiera conocía. Por lo demás, sí que recordaba algunos momentos de ¡Atlantis ataca!, como las peleas de los mutantes contra esa deliciosa colección de hombres-serpiente de todo tipo, drogas-serpiente, edificaciones-serpiente, etc.

Justo antes de ¡AA! también me tocó releer la saga de "La guerra de la Evolución", que también tenía enfangada en la memoria. Todo aquello de los lemurianos, los hombres-topo, los Desviantes, los Nuevos Dioses... También disfruté, con la boca abierta todo el rato, de "La última cacería de Kraven", una Obra Maestra de la era del nacimiento de la novelagráfica moderna y lo sellos indies. Y en breve me enfrento, otra vez, con Inferno. Las sagas modestas pero grandilocuentes de los 80s que conformaron el "Marvel way of life". Aquellas guerras tierra-mar, superficie-intratierra, cielo-infierno, etc., que plagaron el MU de dioses, seres extraños, razas y mitología épica, construidas con esmero y dedicación por guionistas y dibujantes que eran grandísimos y yo despreciaba, en la prórroga previa a convertirse en pasto de fan-favorites que lo llenaron todo de rayitas, dientes, rifles futuristas gigantescos y testosterona. Y estoy disfrutando mucho con todas estas niñerías de colorines para niños, desde una perspectiva adulta.