lunes, 25 de noviembre de 2019

PROYECTO MOON KNIGHT (vv.aa., 1975-2020)


Sin abandonar la lectura cronológica de Spider-man que inicié hace ya 5 otoños, y tal como hiciera hace tiempo con la lectura cronológica completa de Robo-Hunter, me he propuesto otro proyecto menos ambicioso, y que podría completar, si me esmero, en unas pocas semanas: leer todas las apariciones del Caballero Luna en tebeos de Marvel. Tengo una noción aproximada del personaje, su origen y sus etapas clásicas, y leí su serie propia "moderna" cuando se publicó en España en los años noventa. Pero estoy completamente perdido respecto a lo que están haciendo con él a lo largo de todo el siglo XXI, con una serie de "temporadas" a cargo de autores a los que admiro mucho. Pretendo ponerme al día desde el principio, aprovechando que la serie llegó al número 200 (según la numeración canónica de "Marvel Legacy"), y que juntando todas sus demás apariciones no pasa de las 250/300. El repaso me va a llevar, en cómodos saltos, desde la lisérgica Marvel setentera hasta estos últimos tomos que tanta rabia me da no estar leyendo, pasando por varios cameos en todo tipo de colecciones y sagas de las últimas décadas a las que no me acercaría de no ser por la participación del CL, y que espero aprovechar para leer enteras. Va a ser un largo periplo, que espero terminar antes de que se estrene su futura serie de televisión y su peli, e iré actualizando este mismo post a medida que avance en la lectura. Para ello, me basaré en los epígrafes de publicación de la biografía (ficcional) de su Wikipedia, y en este completo orden de lectura:

1. Origen (1975-1984)


En los últimos años, en España se han publicado dos grandes tomos formato lápida dentro de la colección "Marvel Héroes" ("Cuenta atras hacia la oscuridad" y "Eclipse"), que cubren aproximadamente la primera década de historia del Caballero Luna, desde su germen en 1975, aunque ignorando una veintena de apariciones del personaje en un buen surtido de series. Su creador intelectual, Doug Moench, consideraba "apócrifas" todas aquellas demás apariciones previas (Los Defensores, Los Vengadores, Spectacular y Amazing Spider-Man, Marvel Two-in-one, Power Man/Iron Fist, Iron Man, Rom...) al nacimiento de su propia colección, básicamente porque escaparon a su control y cree que los otros autores de Marvel desvirtuaron la esencia de Marc Spector. Así lo cuenta Julián M. Clemente (esa voz que tanto nos ilustra y acompaña siempre a los Lectores Constantes y Verdaderos Creyentes de Marvel, y que impide que yo me pase a seguir las ediciones americanas vía Previews como hace todo Cristo), en el extenso artículo del primer tomo recopilatorio; lo que sin embargo no me disuadió a mí de irme leyendo también todas esas apariciones menores en colecciones ignotas... y que me están gustando bastante más que sus historias seminales oficiales, las que hicieron Doug Moench y Don Perlin.


Y es que el origen del Caballero Luna no podría haber sido más accidental y bobalicón. Con los años (insisto, por lo que recuerdo vagamente de mis lecturas de adolescencia), Marc Spector se convertiría en un personaje complejo e interesantísimo, ya que no es solamente un millonario sin poderes travestido en vigilante con gadgets, de corte misterioso y oscuro, sino que había un secreto que le hacía muy especial: sufría un trastorno de personalidad múltiple, siendo en ocasiones el aventurero Marc Spector, pero en otras el flemático millonario Steven Grant y a veces el anónimo taxista lumpen Jake Lockley. Técnicamente, todos los lectores a este lado de la cuarta pared sabemos que el Caballero Luna es la versión de Marvel de Batman, pero con un grave conflicto mental y no una, sino tres identidades secretas, cada una de ellas con sus propios personajes secundarios, motivaciones y escenarios. Sin embargo, si nos ceñimos a su primera aparición, el Caballero Luna era poco más que un patético secundario malo, un tipejo-florero cuyo único sino iba a ser intentar (sin éxito) matar a un Hombre-Lobo, impersonando a aquello que mejor puede hacerlo: la plata y la luna no-llena. Si su primera aparición hubiese sido en las páginas de The tomb of Dracula, estaríamos hablando del Caballero Ajo, lanzador de estacas.


En la Marvel de los años 70 todavía había ecos de los viejos tebeos de miedo que apasionaban a los niños de la Edad de Oro. El Comic Code había acabado con los tebeos de terror sangriento, pero el recuerdo de las lecturas de las cabeceras de la editorial EC, o el influjo del cine de monstruos de la Universal (reconvertido y bastardizado por la Hammer en la década previa) seguía indeleble en la mente de los creadores de la Nueva Marvel. Así, y de paso aprovechando la permanencia de las licencias de los monstruos clásicos en la Casa de las Ideas, a comienzos de los 70 aparecieron varias colecciones de Marvel dedicadas a Drácula, Frankenstein, la Momia o el Hombre-Lobo. De hecho, trataron de resucitarse aquellas revistas antológicas con historietas de terror en las que brillaron los primeros lápices del Rey Jack Kirby, con nuevos títulos de breve vida, como Chamber of Chills, Journey into Mystery, Tomb of darkness, Marvel chillers, Monsters on the prowl, Creatures on the loose, Crypt of shadows, Dead of night, Dracula lives... De todo aquello, sospecho que apenas sobrevive ahora mismo el recuerdo de Morbius el Vampiro Viviente, que creo que se lo van a traer al Universo Cinematográfico, y a ver qué pasa; y el de Blade, que ya es un ente plenamente cinematográfico desde su relanzamiento en los 90s, pero que también nació en esta época.

Puestos en situación, en febrero de 1972 Marvel lanzó al mercado a su propio Hombre-Lobo adolescente, un chaval llamado Jacob Russell que se transformaba en ser peludo violento en las noches de luna llena, con su propia colección: Werewolf by night. Desarrollada inicialmente por los Maestros Gerry Conway (pronto le sustituyó Len Wein) y Mike Ploog en paralelo a los primeros pasitos de King, Spielberg, Craven o Dante, para su número 32 la serie iba a la deriva y estaba a un año de ser cancelada pese a empezar a sacar coloridos superhéroes en portada. El escritor actual era Doug Moench, y el dibujante Don Perlin, y no he leído la serie entera pero, tras una treintena de números, doy fe de que el cóctel de tragedia y escalofrío adolescente resultaba totalmente fallido; y que el dibujo de Perlin en aquella época era increíblemente estático... por no hablar de esos caretos grotescos con naricillas porcinas y ojos pequeños. Lo digo con todo el respeto, y apreciando aquellos bonitos tebeos de la época de Jimmy Carter.

En aquella breve trama de dos números (32 y 33), que prometía una futura incursión del teen wolf Russell en las cositas exóticas del vudú, se presentaba el Caballero Luna a bombo y platillo (o sea, en sus portadas y portadillas interiores, con nombre en grandes rótulos y todo), como un mercenario a sueldo que aceptaba un trabajo, propuesto por unos misteriosos federales, de secuestrar al chico-lobo; y para ello, se viste con unas ropas que ellos mismos le dan en ese momento, llenas de pinchos de plata en brazos y piernas, que desaparecerían pronto, además de los shurikens medialuna que sí se quedarán. En su descargo, hay que decir que al final de la aventura, y cuando ya ha entregado a Russell a los malos, se da cuenta de que hay algo raro ahí, desprecia el dinero y ayuda a escapar al Werewolf nocturno. Así que no es del todo cierto que el Caballero Luna fuese malvado al principio, sino un mercenario confuso. Creo recordar, además, que de su pasado sin escrúpulos se arrepentirá multitud de veces en el futuro, y la continuidad se resarcirá, una vez que reciba el Puño de Khonshu y se convierta en una especie de ser místico inspirado por deidades del Antiguo Egipto... Pero ya llegaré a todo eso, poco a poco.


Porque su siguiente aventura fue otra doble entrega de los creadores originales, Moench y Perlin. A los editores Len Wein y Marv Wolfman (...la casualidad...) les gustó el personaje, y dejaron que sus creadores le dotasen de mayor trasfondo como protagonista en solitario de Marvel Spotlight nº 28 y 29 (junio y julio de 1976). En la primera aventura ya había aparecido el ayudante de CL, el franchute Frenchie (aka Jean-Paul Duchamp), conductor de ese helicóptero blanco tan indisociable del personaje, y ahora se añadían unos pocos secundarios más: Marlene Alraune, novia del héroe en su personalidad del millonario Steve Grant y su mayordomo Samuels, o sus confidentes en los paseos en taxi de Jake Lockley: el vagabundo Crawley y la camarera del turno de noche Gena Landers. Moench y Perlin nos presentaban una aventurilla en la que tenía que defender al alcalde de una conspiración política contra su vida, luchando contra masillas morados y transformándose cada dos por tres en millonario, superhéroe o taxista como si fuese Mortadelo; y finalmente llegaba hasta la mente maestra culpable del intento de magnicidio: un supervillano enmascarado cutre, llamado El Conquistador, digno de un episodio de Scooby Doo, que atrae a nuestro héroe hasta su mazmorra y allí trata de matarlo mediante una partidilla de ajedrez viviente. Los dibujos de Perlin me siguen pareciendo demasiado extravagantes, y las escenas de acción más propias de los años 40; y además los diálogos de cachondeíto de Spector al golpear a los malos no se diferenciaban en nada de los clásicos chistecitos desenfadados de Spider-Man al entrar en acción. Lo más destacable de esta doble entrega es que la portada del segundo número es obra del mismísimo Kirby, con tintas de Al Milgrom.



Interludio: a lo largo de este extenso estudio iré mencionando también la tortuosa edición española de todas las aventuras del Caballero Luna. Y es de rigor comenzar con la primera vez que apareció el personaje. Y es que los números 32 y 33 de Werewolf by night se publicaron aquí por primera vez en el lejano verano del mismo 1975, dentro de la serie de Vértice-Mundicómics titulada Werewolf (Las alucinantes noches del hombre-lobo). En concreto, estaban contenidos dentro de los números 8 y 9, con portadas exclusivas de nuestro talento vintage Rafael López Espí, especialista en portadismo Marvel de los 70 y 80. También rehizo la portada del número 37 glosado a continuación, y que se incluyó en el nº 14 de Vértice. Por alguna extraña razón, López Espí decidió colorear a su rollo al personaje, de rojo, azul, naranja o amarillo, con lo que tenemos en estas portadas una rareza realmente inaudita. Y de paso, en aquella primera ocasión se decidió bautizar a nuestro héroe como El Caballero de la Luna. En cuanto a los números 28 y 29 de Marvel Spotlight, que constituyeron la primera aventura en solitario de CL, sorprendentemente se pueden encontrar en el tomo de Vértice Escalofrío nº 58, que era una cabecera dedicada a material de terror de Marvel, eso sí, en blanco y negro.

Curiosamente, y aunque no suele citarse en los artículos, biografías, recopilatorios o antologías (tampoco está contenido en este primer "integral" de Panini), el Caballero Luna apareció una tercera vez en Werewolf by night, tan solo cuatro meses después, en el número 37 (marzo de 1976; la serie finalizaría en el #43). Mismo equipo creativo vintage: Moench, Perlin y Diane Buscema, la hija de John, a los colores. Y la verdad es que los colores es lo que más llama la atención de estos tebeos de terror de la época. Guau. Puras atmósferas asfixiantes en cuatricomía. Me uno al clamor popular contra el recoloreado digital de estas historietas. La portada es del siempre formidable Ed Hannigan con acabados de Dan Adkins. La historia tiene un título premonitorio ("El fin") y que indicaba el estado decadente a efectos comerciales en que se encontraba la serie. Por lo demás, lo cierto es que el Caballero Luna, así como otro par de enemigos exclusivos del lobo Russell, The Hangman y Glitternight, aparecen en unas cuantas viñetas en liza contra el protagonista, pero no son realmente ellos, sino una alucinación provocada por el malvado Berlaric Marcosa con sus rubíes incrustados en los dientes. Un episodio de descenso a los abismos de la locura muy grotesco y gótico, en el que Russell se enfrenta a hordas de zombis y enemigos del pasado, para la tercera "materialización" histórica de Spector.

Interludio: Don Perlin sigue dibujando al Hombre-Lobo y al Caballero Luna en comissions del siglo XXI:



Pese a formar parte de la primera intermisión "apócrifa" de Spector (según Moench) como héroe de reparto en el Universo Marvel, la aventurita de 5 números en la que el Caballero Luna se unió de facto a Los Defensores, me pareció un soplo de aire fresco, comparado con el encorsetado, aunque colorido y ciertamente original, nacimiento del héroe. En los números 47 a 51 de The Defenders (mayo-septiembre de 1977), escritos y coloreados (¿?) por David Anthony Kraft (que tras unos poquitos trabajos sueltos en Marvel y DC centraría su carrera en la crítica y literatura sobre cómic) y dibujados por la legendaria dupla Keith Giffen / Dan Green (con algún apoyo en las tintas de Klaus Janson), el equipo de los Defensores más clásicos (Hulk, Valkyria, Halcón Nocturno, Gata Infernal o el Hombre Maravilla) estaban en pleno cisma, y habían partido cada uno por su lado. Pero vuelven a reunirse ante una trama que involucra a la organización Zodiac.


Los Defensores son ese grupo de segundones de Los Vengadores que se inventó Roy Thomas en 1972, personajes carismáticos y muy queridos por los fans, pero que no vendían lo suficiente por separado. Un no-grupo de reservistas que fue variando bastante con los años, y que servía de paso como campo de pruebas para algunos héroes que quizá no alcanzaban el estatus suficiente para ser Vengadores de pleno derecho (tal es el caso del recién llegado Moon Knight). Por su parte, Zodiac era un grupo de 12 villanos, disfrazados cada uno de los diferentes signos del zodíaco, y con los poderes correspondientes. En realidad, ha habido varias alineaciones diferentes en el Universo Marvel, en distintas épocas, y de hecho yo juraría que cada vez que aparecen son tipos completamente diferentes; digamos que es más bien un concepto, una entelequia supervillanesca. En esta trama concreta, Escorpio es una especie de filósofo existencialista, y ha fabricado a sus 11 colegas en un laboratorio secreto, en plan vainas autogeneradoras. En un par de escenas le vemos en sus aposentos escuchando música y charlando con su ayudante, un androide clónico de Nick Fury (no, el tipo con el que pelea el Caballero Luna no es el original, y se sabe desde el principio). En un momento dado, para dar profundidad al personaje, nos le enseñan escuchando un disco de Edgar Varèse... Uno de esos detalles culturetas que tanto me molan de la Marvel de la época de la Contracultura:


El diseño de los caballeros del zodíaco de turno mola bastante, con gadgets y aspecto basado levemente en cada signo, y por ejemplo Géminis es una dualidad que no tiene nada claro que vaya a decantarse por el mal, y ayuda a los héroes, mientras que a otro par de ellos (Acuario y Libra) se la suda el asunto y se pasan todo el rato bebiendo cervezas, e incluso tres más mueren en la incubadora y no llegan a nacer (entre ellos, Virgo, la piba de Escorpio, que era el principal motivo por el que había decidido revivirles)... Un desastre de Zodíaco, vamos, que apenas les hacen rasguños y no tienen ni media hostia frente a Hulk. Al margen de la peleíta de 4 números con Zodíaco (el último número, el 51, es autoconclusivo, una lucha contra el cutrísimo villano Anillador), la serie de los Defensores era un largo culebrón, y se muestran bastantes asuntos y tramas pendientes que se resolverán en el futuro o que venían de lejos, y de las que no me entero mucho, ya que me ceñí a la lectura de estas cinco apariciones del Caballero Luna. En el último episodio apenas sale en las primeras páginas, tomándose unas birras con Halcón Nocturno. De hecho, ya dejó claro en el número 50 que lo de ir en equipo, por el momento, no era lo suyo:


No volvería a aparecer por la serie, ya que no cuajó como personaje fijo... probablemente, porque estaba a punto de comenzar sus propias aventuras en solitario, desde 1978, como complemento en las páginas de Hulk magazine. Pronto llegaré a eso, porque todavía quedan algunas apariciones sueltas en otras colecciones de la época. Por cierto, que en las páginas de Los Defensores, el Caballero Luna había ido evolucionando levemente. Ya no se hacía mención a sus cuchillas en botas y guantes; porque no volverían a existir; esa era una chorradilla solo para enfrentarse al Hombre-Lobo. Y la lucha con el Hombre-Lobo, supuestamente (supongo que se irá explicando más adelante) le había conferido otro poder: en las noches de luna llena es cuando el poder de CL se optimiza. Pero lo más notorio de todo, es que la pequeña capita que le había diseñado Don Perlin, esa capita enana, esa especie de torerita que iba de una muñeca a la otra y que apenas le colgaba como la bufanda de un hooligan de fútbol, se fue agrandando progresivamente, y a los lápices de Keith Giffen ya era una enorme luna llena cuando saltaba por los edificios. No sé a quién se atribuye exactamente el agrandamiento y dignificación de la capa, pero ya no era una capa tan mequetrefe en esta pequeña aventura, y tampoco en la siguiente:


Un superhéroe nuevo de renombre en Marvel, en realidad no existe oficialmente hasta que aparece junto a Spider-Man. Así que, visto el interés que parecía estar despertando entre los lectores que escribían al Bullpen, nada más darle vida Moench y Perlin, poco después de aparecer junto a los Defensores, y justo antes de comenzar sus aventuras en solitario propiamente dichas, Spector se dejó caer por las páginas de Peter Parker, The Spectacular Spider-Man (nº 22 y 23, septiembre y octubre de 1978). El bautizo oficial (a pesar de Moench y su desdén a estos cameos) fue obra y gracia del grandísimo Bill Mantlo. Y los dibujantes, dos titanes: Mike Zeck en la primera parte de la visita, y Jim Mooney en la segunda. Tintas, respectivamente, de Bruce D. Patterson y Mike Esposito; portadas de Dave Cockrum / Keith Pollard. Palabras mayores. Esta segunda cole de Spider-Man (de las cuatro que prácticamente ha mantenido el personaje en los "quioscos" desde finales de los 60s hasta hoy) era un mero divertimento pulp, sin grandes complejidades ni apenas apariciones de los secundarios habituales (a Mary Jane, Betty Brant, Jameson y compañía, apenas se les mencionaba para dar sensación de continuidad de unas series a otras, para el lector compulsivo semanal). Era el escenario perfecto para que apareciese de repente, colgando de su helicóptero por los cielos de Nueva York, el gran Caballero Luna.


Y como sucedía casi siempre, la trama es de sota, caballo y rey: los personajes no se conocen, y debido a una confusión se ponen a pelear entre sí en el primer tebeo, y en el segundo unen fuerzas contra el supervillano de turno. En este caso, Ciclón, el francés bobalicón, que está causando estragos para que la Maggia se fije en él y le fiche. No hay mucho más que contar, aparte de que hacía el final visitamos por primera vez la "Batcueva" de la mansión del millonario Grant/Spector/Lockley/Luna, un cuartel general inmenso y lleno de tecnología guay, al que solo se puede acceder lanzándose sobre la niebla desde el helicóptero y buceando en el océano para emerger en la bañera. Las cosas de Mantlo. Son 48 páginas de acción, comedia, tragedia y romance entre los rascacielos, al más puro estilo Marvel y con un póker de artistas estrella del "Trepamuros". Probablemente, ya había leído estos tebeos al menos tres veces antes, pero siempre los disfruto igual.


El siguiente paso hacia el estrellato del CL tuvo lugar como protagonista de su propia cabecera seriada... pero lo haría dentro de la revista The Hulk!, como complemento a las aventuras del Coloso Esmeralda, entre sus números 11 y 20. The Hulk! fue una revista a todo color y gran formato, con maravillosas portadas pintadas por genios como Bob LarkinJoe Jusko, Earl Norem o Ken Barr, que intentó aprovechar el éxito televisivo de las series de La Masa y Spider-Man, en forma de revista adult oriented al estilo europeo. De hecho, The Hulk! fue la continuación de The Rampaging Hulk (retomó la numeración de aquella a partir del nº 10), que era un magacín en blanco y negro. Aparte de las acongojantes historietas protagonizadas por Hulk (escritas principalmente por Doug Moench y dibujadas por primeras espadas tipo Buscemas, Romitas, Simonson, Chaykin, Pollard, Jusko...), la revista la completaban secciones de texto y portafolios de impacto, así como hazañas complementarias, en el mismo tono adulto, protagonizadas al principio por Ulysses Bloodstone, Man-Thing y Shanna la Diablesa, y como digo, ya en su etapa en color (octubre 1978-abril 1980; la revista no era mensual, sino bimensual con suerte, y a ratos de cadencia irregular), fue nuestro héroe de la luna menguante al pecho quien lideró el suplemeno, durante 8 números (del 11 al 20, menos dos, que tuvieron complementos del propio Hulk).


Las cuatro primeras historietas (80 páginas en total) formaban una misma saga, escrita por el propio creador, Doug Moench. El primer episodio lo dibujó Gene Colan (tintas de Tony DeZúñiga) el segundo Keith Pollard (con Frank Giacoia y Mike Esposito) y a partir del tercero se quedaría un joven artista novel, de calidad desbordante y que pronto se haría un hueco en la industria: Bill Sienkiewicz, haciendo lápiz y tintas (aunque con apoyos puntuales, en el futuro, de entintadores de élite como Bob McLeod o Klaus Janson). Al color, además, se unía el no menos legendario Steve Oliff, con un estilo acuarelado que le proporcionaba un volumen y un realismo extraordinarios. Desde este momento, Doug y Bill formarían el dúo dinámico que se haría cargo y darían forma definitivamente al personaje, durante los años siguientes, tanto en estas historietas de complemento como, por fin, en su primera colección regular, a la que llegaremos pronto.


Interludio: Sienkiewicz es famoso entre los aficionados por haber alcanzado con su trabajo un estilo único, vanguardista, rupturista e iconoclasta, sobre todo cuando le dejaron libertad total al hacerse cargo, años más tarde, de la colección de los Nuevos Mutantes junto a Chris Claremont. Pero en sus primeros pinitos, todos los lectores enseguida le compararon con el dibujante más atractivo del momento en la Distinguida Competencia: Neal Adams. Adams era el artista más laureado en los tebeos de Batman, mientras que Sienkiewicz empezaba a echar a andar a través de este nuevo personaje de Marvel que tanto se asemejaba a Batman... Así que no pasó mucho tiempo hasta que Sienkiewicz se encargara de una portada de The Comics Journal, en la que rindió un homenaje a su maestro:


Aún más simpático resulta que, en esa misma revista, unos pocos meses después, Neal Adams le "contestó" con esta otra ilustración:


Pero, curiosidades aparte, vamos al grano con los 4 primeros episodios del Caballero Luna seriado en la revista The Hulk! Moench aquí sí que echó el resto, y sin dejar de aportar background a su nuevo personaje, se puso serio y lo sumergió en el hardboiled, en una trama de asesinatos salvajes y robo de obras de arte egipcias (pronto la vida de Spector quedará ligada a las supersticiones del Antiguo Egipto) que involucran a millonarios, y empezó a aprovechar de manera nada mortadelesca, sino psicológica, el asunto de la cuádruple identidad del héroe.


De manera brillante, el origen y las primeras andanzas del CL se revisan y reordenan a través de la narración de un misterioso mafioso que anda buscándole, y que pretende tenderle una trampa para que acaben conociéndose. Para ello, tirando de distintos hilos, pone a Spector tras la pista del citado robo de la estatuilla de Horus en una mansión, y el rastro de cadáveres le conduce (ora en eventos burgueses en embajadas indagando como Steven Grant, ora en las humeantes calles de la noche urbana husmeando como Jake Lockley) hasta el líder del culto mafioso. Resultará ser un villano nuevo llamado Lupinar, un tipo afectado de hirsutismo que está a punto de provocar una explosión nuclear.

La historia tiene un tono oscuro y épico, que se resuelve de manera algo abrupta para la expectativa creada, con ese malvado peludo que estaba detrás de todo y que enseguida se inmola ante su archienemigo lunar. El bien construido, original y exorbitante Lupinar podría haber sido el Moriarty del Caballero Luna, pero su vida como personaje terminó en unas pocas páginas, colofón a una primera historia larga en solitario que, en cualquier caso, sube mucho el nivel frente a los anteriores trabajos de Moench con CL, y sirve de extraordinaria pista de despegue, dejándonos a todos alucinados de paso con el trabajo de Sienkiewicz, ligado para siempre al personaje.


Además, en los dos primeros episodios aprovecha para sentar muchas otras bases del personaje para el futuro: a través del narrador malvado dialogando con sus minions, nos resumen el origen del CL; repasan su colección de gadgets; Moench nos recuerda que CL no tiene tres personalidades, sino 4: Marc Spector era un mercenario bélico y salvaje antes de ser CL, y esa personalidad también puede aparecer (y quién sabe si alguna más...); y además hemos de tener claro que se trata de una especie de esquizofrenia temporal: cuando asume una personalidad, lo hace con todas las consecuencias, como una especie de trance; definitivamente, aquí nos explican tambíen que sí, que en su primer encuentro con el Hombre-Lobo Russell, resultó mordido y su fuerza se potencia durante la luna llena; y de paso, en una sola viñeta resuelve de un plumazo también el problema estético que existía con la mini-capa, que aún vestía en las primeras páginas. Ahora ya sabemos quién le cambió para siempre la torerita por la digna capa medialuna de cuerpo entero: no fue Keith Giffen, no fue Jim Mooney, no fue Mike Zeck, ni fruto de una reunión editorial, sino que se le ocurrió a Marlene, la novia de Spector.


Cronológicamente, y como entre cada entrega de The Hulk! y la siguiente podían pasar varios meses, tenemos que detenernos ahora en la historieta contenida en Marvel Two-in-one nº 52 (junio de 1979). Esta fue una de esas colecciones que se inventaron para ir dando salida a una pareja de personajes diferente en cada número, pero que finalmente se centró toda ella en La Cosa de los 4 Fantásticos, compartiendo créditos con un personaje diferente cada mes. En esta ocasión, bajo el título de "A little Knight music!", se cruzaba fortuitamente con Spector durante una persecución que venía de números anteriores, cuando el bruto de pedernal se está liando a tortas con unos masillas que pretenden secuestrar a un científico. Los minions siguen órdenes de un villano estupendo, que tiene aquí su primera aparición pero que tendrá una larga vida en muy distintas colecciones de la continuidad de Marvel, y que de alguna manera estará ligado al futuro del CL puesto que fue su propio instructor, años atrás, en la CIA. Dicho personaje es William Cross, más conocido como Crossfire (Fuego Cruzado). La historieta no da para mucho más, son 20 páginas de acción y tortas a raudales con los dos protagonistas unidos a su pesar, desbaratando los planes del nuevo villano.


Con estupenda portada de George Perez y Joe Sinnott, igual de deslumbrantes interiores de Jim Craig y Pablo Marcos, quiso la diosa Fortuna que el guionista de este episodio no fuese otro que un tocayo de una de las personalidades del Caballero Luna: Steven Grant.


El episodio contenido en el número 15 de The Hulk! es otra historia unitaria de 20 páginas, , que narra lo que pretendía ser un retiro temporal de Spector a una casa en el campo, para visitar a su amigo Jason, un anciano entusiasta de la astronomía, coincidiendo con que va a tener lugar un eclipse de luna. A Moench se le había ocurrido la simpática idea de poner a prueba los nuevos poderes lunáticos de CL durante el eclipse. De paso, esta estupenda historia supondría el primer encuentro (...si olvidamos la saga de Los Defensores...) del Caballero con Hulk, el protagonista de la revista, que también escribía Moench. Nada más llegar a la cabaña, sin embargo, el protagonista descubre que unos malhechores husmean alrededor, probablemente con la intención de robar a Jason. Así que Spector se disculpa y se va en su búsqueda por el bosque, durante todo el rato que dura el eclipse. Lo curioso de la historia, es que el primer episodio está narrado desde el punto de vista del Caballero Luna, que en las últimas páginas es golpeado por un gigantesco ser, a quien no puede reconocer por suceder durante el cénit del fenómeno astronómico; mientras que en la segunda parte de la historia asistimos a los mismos sucesos, pero desde el punto de vista de la Masa, que tampoco sabe a quién golpea. Una interesante historia capicúa de misterio, pintada con maestría y exuberante belleza por la dupla Bill Sienkiewicz/Bob McLeod.


Finalmente, los números 17, 18 y 20 de Hulk! traían como complemento un final desgarrador para la primera tanda de aventuras en solitario del Caballero Luna. Una historia adulta, terrible y trágica, en la que asistimos a la larga persecución por Central Park entre Marc Spector y un asesino en serie que lleva una racha de 9 enfermeras degolladas en las últimas horas. Aún más oscura, sórdida y brumosa con las tintas de Klaus Janson, la historia está llena de detalles psicológicos sobre la mente enferma de un asesino trastornado, que actúa utilizando una fea máscara de bruja que encontró en una tienda, un hacha y unos pantalones de pijama a rayas. Resultará que Marc se verá obligado a intervenir contra el demente asesino, pese a enfrentarse por el camino a la propia policía, ya que a medida que va conociendo datos sobre el caso llega a la conclusión de que se trata de... su propio hermano. Randall "Rand" Spector, nuevo personaje a añadir al creciente reparto, quedó trastornado después de que ambos hermanos crecieran juntos jugando a pelearse, y finalmente, diez años atrás, Marc se vio obligado a detener por la fuerza a Rand durante un episodio bélico, lanzándole una granada de mano que no lo mató, sino que lo enloqueció para siempre. No solo el hecho de haber dejado a su hermano loco, sediento de sangre y obsesionado con matar enfermeras aporta a nuestro protagonista una información que quizá no hubiéramos querido saber, sino que, encima, para detener a Rand acepta que su propia novia, Marlene, se disfrace de enfermera y se pasee por el parque de noche. Rand no solo pica el anzuelo, sino que Marlene queda moribunda tras el rifirrafe nocturno, y solo en la última viñeta del último episodio sabemos que, ingresada en el hospital, sobrevivirá a las heridas. Rand, aparentemente, ha muerto accidentalmente ensartado en la rama de un árbol cuando trataba de matar a su propio hermano. En dicho episodio-epílogo final, Spector ronda por la oscuridad de Brooklyn tratando de hacer el bien torpe y salvajemente, enfrentándose a borrachos, prostitutas, chulos y drogadictos, desanimado, lleno de culpa y consciente de que es incapaz de arreglar las cosas.


Interludio: en España, la etapa del Caballero Luna en las páginas de The Hulk!, aparte de en los recientes tochazos de Panini, se publicó completa en un solo tomo maravilloso de Forum, de tapa blanda, número 10 de la colección Selecciones Marvel, en julio de 2000, con portada exclusiva del no menos maravilloso Rafael López Espí, y titulado "Sombras en el corazón de la ciudad". ¡Y el tomo se encuentra de saldo con bastante facilidad!

Pero en la era Vértice también se habían publicado ya todas estas historietas, en color, en su lugar correspondiente; es decir, como complemento de la versión española de la revista The rampaging Hulk!, entre sus números 11 y 15 (1980). El número de Marvel Two-In-One con La Cosa y CL, recientemente reseñado, curiosamente iba incluido como segunda historia del número 119 del vol. 2 de la colección de Vértice titulada genéricamente Super Héroes; uno con la portada, en aquella ocasión, dedicada al Motorista Fantasma (1980), y esta vez en blanco y negro.


Hacemos otro pequeño alto en el camino, para asistir a una insólita aparición de nuestro héroe macabro en el número 245 de la serie del Capitán América (mayo de 1980). Una vez más, la lectura descontextualizada me deja con algunas lagunas respecto a lo que está sucediendo. "La conexión Calipso", escrito por Roger McKenzie y dibujado por las leyendas Carmine Infantino y Joe Rubinstein, se abre con Steve Rogers, en su uniforme tricolor, despidiéndose solemnemente de un grupo de policías en una tarde lluviosa. El narrador habla del final de una batalla contra un monstruito llamado Adonis. Por fin, el Capi tiene algo de tiempo libre, y simplemente se aleja del lugar lleno de destrozos paseando, hasta llegar a un diner, aún con su traje de superhéroe puesto. Allí hay bastante bullicio, gente mundana guareciéndose de la lluvia. Todo el mundo reconoce al carismático héroe, y le invitan a tomar todo lo que quiera. Y entre los parroquianos hay un tipo con una gorra de cuadros, que una vez que se va a marchar se presenta como Jake Lockley, taxista, y se ofrece para llevar al Capi a su siguiente destino. Rogers tiene que hacer alguna gestión en su identidad privada, como historietista, luego va a su casa y le reciben sus amigos con una fiesta sorpresa, porque es su cumpleaños. A continuación, tiene que salir de allí sin que nadie se entere, y volver a enfundarse el traje, para acudir a un dramático colofón: salvar la vida de una ex-prisionera de un campo de concentración nazi, Anna Kapplebaum, que acaba de conocer a su viejo verdugo, el Dr. Mendelhaus, y se ve envuelta en un tiroteo entre nazis y "cazadores de nazis". El Capitán América contra los nazis en la América de los setentas, es una curiosa historia, aunque a mí lo que me interesara era el breve cameo de cierto taxista que solo parece hacer de chófer de aquellos a los que pretende espiar...


Antes de que por fin el Caballero Luna estrenase serie propia, protagonizó el número 21 de la serie Marvel Preview, publicado en la primavera de 1980. Aquella era una colección de revistas "al estilo europeo", de gran formato, con casi 70 páginas en blanco y negro; más o menos como los tebeos de Vértice o Surco que llegaron a España en los años 70. Alcanzó los 24 números, siendo transformada a partir del 25 (y hasta el 34) en la cabecera Bizarre adventures, que tantos recuerdos trae a muchos lectores españoles de la primitiva Forum. Publicada a partir de 1975, en aquella revista vieron la luz por primera vez personajes como Dominic Fortune o Starlord el de los Guardianes de la Galaxia, así como la primera historieta en solitario del Castigador, poco después de ser presentado en aquel mítico número de Amazing Spider-Man. Eran historietas generalmente oscuras y adultas, alejadas de la explosión pop que dominaba la Marvel de la época. Cada número (de publicación trimestral o cuatrimestral) estaba protagonizado por algunos personajes terciarios de las series normales de kiosko, e incluso se presentaron adaptaciones de novelas de Sherlock Holmes o Merlín. Contenía una historia principal y al menos otra (o hasta tres) de menor calado, así como artículos y secciones de correo. Por ejemplo, este número 21 se completaba con una historieta de Mortaja (Shroud, secundario místico totalmente cubierto por una capa, que Steve Englehart reconoció que había creado en 1976 como un cruce paródico de Batman y The Shadow) escrita por Mark Gruenwald y Steven Grant (again) y dibujada por un pobrete Steve Ditko; así como sendos artículos sobre el Caballero Luna y The Shroud a toda página (el primero lo reproduzco aquí al lado).


También se incluía la preciosa ilustración a lápiz de Sienkiewicz de la santísima cuatrinidad lunera que puse hace unas pocas ilustraciones, y que se ha utilizado también, coloreada, como portada de algún paperback americano del personaje.

Interludio: ni que decir tiene que el número 9 de la colección de Forum Aventuras Bizarras es de adquisición imprescindible para cualquier lunadicto.

Ay, qué hermosos aquellos primeros intentos de abrazar la novelagráfica por parte de la compañía de tebeítos de superhéroes por antonomasia... Pero vayamos con el contenido de la historieta central, protagonizada por nuestro héroe. A Moench y Sienkiewicz (en esta ocasión, entintado por Tom Palmer, Dan Green y sí mismo) les sentaba verdaderamente bien este formato y temática adultos. "The mind thieves" ("Los ladrones de mentes") se abría con una escena costumbrista en la mansión del millonario Steven Grant, pasando el rato en su piscina climatizada (rodeado de poses sexies y casi eróticas de Marlene Alraune que quitan el hipo), cuando reciben un paquete enorme destinado a Marc Spector, que se supone que nadie sabe que vive allí. Se trata de un cadáver, que ha sido remitido misteriosamente desde algún lugar francoparlante. Spector deduce que se trata de algún ajuste de cuentas producido en el seno de La Compañía (The Committee), que parece que es el nombre que le van a dar a partir de ahora a la agencia en la que sirvió durante años como mercenario en su aún críptico pasado, para evitar referirse directamente a la CIA. Spector y Frenchie se embarcarán en una estupenda aventura jamesbondiana que les lleva a Canadá, París y el precioso Museo Tatin (donde tiene lugar una espectacular pelea nocturna en entorno bizarro deliciosamente pintado por Bill), tratando de cerrar esa vieja etapa, localizar al traidor en La Compañía y darle para el pelo, al tiempo que descubren un proyecto secreto de control mental bastante semejante al MK-Ultra, para crear supersoldados cabrones. Una estupenda historia de aventuras noir de 39 páginas.


Y por fin, en noviembre de 1980 (fecha de portada; en realidad se lanzó en los kioskos en agosto de aquel año), se publicaba el número 1 de la nueva y flamante colección protagonizada por Marc Spector, Moon Knight. Su primera cole duraría 38 números, y estaría comandada por Moench y Sienkiewicz durante los primeros 30, abandonando Bill en aquel último tramo, en el que se quedaría solo como portadista. Ahora sí, Doug tendría tiempo de mimar su creación, llenar su microuniverso de supervillanos propios, y descubrirnos lentamente su pasado al tiempo que nos llevarían hacia el futuro.
La historia se abre con un flashback a la época en la que Marc Spector era un simple soldado de fortuna, como ya sabíamos. Se encuentra en una misión en Sudán, formando parte de un batallón liderado por un tipo llamado Bushman, un militar pendenciero y sin escrúpulos con una calavera tatuada en la cara. ¡Por fin, tenemos nuestro Moriarty! En aquella vieja aventura del pasado, descubrimos que Bushman, lejos de cumplir con la misión asignada, quiere saquear a los aldeanos, y no duda en pegar tiros en la nuca a cualquier petimetre nativo que pase por allí para conseguir sus objetivos; como así hace también con un tal Dr. Peter Alraune, un arqueólogo destinado en la zona. Spector se le enfrentará, y será abandonado en el desierto. Superará de milagro la inanición, llegando a un templo en el que está la hija de Alraune, que pese a saber que es un compañero del asesino de su padre, intenta ayudarle a recuperarse, sin éxito. Spector muere junto a Marlene, sobre las piedras de un sepulcro, junto a una estatua del Faraón Khonshu, "El Vengador", que porta un cetro con una luna (en la versión de Panini lo llaman Seti). Sin embargo, con la llegada del amanecer, los primeros rayos del sol se cuelan en el sepulcro, iluminan la estatua, y de alguna manera Spector cobra vida. Rápidamente, se viste con la capa del faraón, insuflado de vida y un conocimiento sobre egiptología que no debería tener, y va en busca de Bushman. Localiza a sus antiguos amigos asesinos, pero Bushman consigue huir de la venganza del ahora valiente y poderoso Spector. Spector y Marlene se irán de allí con ayuda de Frenchie.
Saltamos a la actualidad, y tenemos a un Spector / Grant / Lockley en su mansión de Long Island, a punto de iniciar la búsqueda de un criminal por los bajos fondos de la ciudad. Pretende desmantelar una célula mafiosa de narcotraficantes y tratantes de blancas, que llevan un medallón con una calavera. En efecto, Bushman está en la ciudad. Spector le encontrará, se enfrentará a él con toda su furia, y solo Marlene conseguirá que no lo mate a puñetazos, recordándole qué lo hace diferente del villano.
El propio creador del Caballero Luna, por fin al frente del vehículo para hacer legendario a su héroe, decide cortar por lo sano con lo que él mismo había contado de su "historia de origen" en aquel tebeo del Hombre-Lobo, en la que simplemente unos tipos de La Compañía le asignaban la misión de secuestrar al licántropo y le daban el traje del Caballero Luna. Por fin tenemos un origen realmente épico y digno de un Héroe Marvel; y de paso, el Lunacóptero deja de ser un trasto setentero y a partir de ahora es una especie de Stealth futurista con forma de luna.


El número 2 de la serie cuenta la historia de cómo el Caballero Luna detiene a un asesino en serie ("The slasher"), que está acabando con un montón de vagabundos de la ciudad, sin ningún móvil aparente. Las víctimas de los asesinos en serie corrientes y molientes suelen ser mujeres, o chicos jóvenes, y la motivación del perturbado, de carácter sexual. En este caso, la ciudad y los medios ni siquiera han detectado la actuación de este asesino, puesto que a nadie le importa la muerte de unos cuantos sintecho... Salvo a Bertrand Crawley, el vagabundo confidente de Lockley en los alrededores del Gena's Diner. El argumento recuerda bastante al de "Noches de hace diez años", visto hace unas líneas, en el que el CL se enfrentaba a un asesino en serie por Central Park, cuyo móvil era la búsqueda del propio Spector, puesto que era su hermano que lo había hecho enloquecer. En este caso, Moench nos revela que el asesino de indigentes es el hijo de Crawley, que anda buscando a su padre para matarle por haberle abandonado a él y a su familia, como nos había contado poco antes el propio Crawley en su "historia de origen". Este episodio también nos desvela que Grant tiene la estatua de Khonshu en su mansión, y de paso es el episodio en el que revela sus múltiples identidades tanto a Crawley y Gena Landers como a los sobrinos de esta, Ricky y Ray, que a partir de ahora se convertirán en su pequeño equipo de ayudantes.


El siguiente episodio, "Crímenes a medianoche" ("Midnight means murder"), nos presenta a un nuevo enemigo de CL, llamado El Hombre de Medianoche. Otro encapuchado con capa que parece ser tan diestro en las artes del zurrar y el escurrirse como el propio CL, pero que se dedica al hurto de obras de arte. Una especie de Fantômas marvelita. Y en una estrategia similar a las de aquel o las del propio Moriarty, el criminal reta en público a CL, a través de la prensa, anunciando su siguiente robo a la vista de todos en la mansión de un filántropo llamado Anton Mogart. Previsiblemente, el ladrón resulta ser el propio Mogart, y esta simpática aventura (entre otras tramas menores que involucran a Frenchie, Marlene, Crawley o Gena y sus críos, ya convertidos todos en secundarios fijos) le vence sin problema y se cobra a cambio alguna que otra obra de arte para su propia colección. Ah: en este episodio aparece por primera vez Nedda, el ama de llaves de la mansión al servicio de Grant, junto al mencionado mayordomo Samuels (que aparece bastante por la mansión, siempre preocupado y tratando de disuadir al héroe de salir a patrullar) y al omnipresente chófer Frenchie.


"Un comité de 5" ("A committee of 5") presenta a un equipo de sicarios que tratan de asesinar al Caballero Luna, al estilo de los Seis Siniestros de Spider-Man; cinco tipos malotes, cada uno especializado en una manera de liquidar gente (Boom-Boom, Navaja, Dragón, Hielo y Toro), que han sido enviados por un misterioso ser en la sombra. Resultará ser el nuevo director al frente de La Compañía, que no deja de perseguir a Spector desde su pasado. La historieta se resuelve de manera sencilla, una vez más con intervención de todos los ayudantes de CL. Lo interesante de este episodio es que fue la excusa que se le ocurrió a Doug Moench para borrar para siempre el "falso origen" que había narrado en Werewolf by night, de manera brillante: resulta que en su día El Comité (o La Compañia) le llamó a esa reunión y le entregó ese disfraz, porque Frenchie se había infiltrado y descubierto unos oscuros planes, y consiguió disuadirles para que inocentemente llamasen a Spector para esa misión licantrópica, e incluso le diesen el traje con todas las armas. Pues asunto resuelto: el único y verdadero origen del Caballero Luna es aquella extraña transmigración del espectro de Khonshu en el cuerpo de Spector, que aún supongo que estará por aclarar más profundamente.


Por cierto, que en este episodio hay un cameo simpático y revelador de su época, que pasa casi desapercibio: una escena tiene lugar en el Madison Square Garden, donde asistimos en un par de viñetas a un combate de boxeo entre un púgil afroamericano y uno blanco. Poco despúes el negro se cruza con nuestro héroe enmascarado, y se pregunta de qué color será el tipo que va bajo ese disfraz... Aunque no lo he visto acreditado por ninguna parte, juraría que quien se pregunta eso no es otro que Muhammad Ali. Aunque para cameos que rompen la cuarta pared, el número anterior se abría con una portada a toda página del Daily Bugle, con un artículo que nos ponía en antecedentes sobre El Hombre de la Medianoche, firmado por un periodista llamado Doug Moench y con fotos de un reportero llamado Bill Sienkiewicz...


El número 5 de Moon Knight (titulado "Ghost story") es una historia autoconclusiva que juega a incorporar elementos paranormales, "fantasmales", a la figura del Caballero Luna. El propio personaje se plantea si no sería poseído por el fantasma de Khonshu, y que éste se impone cuando se convierte en su "cuarta personalidad"; y durante la propia trama aparecen varios supuestos fantasmas que acaban siendo otra cosa más terrenal (sí, a lo Scooby Doo de nuevo), y él mismo es confundido con un espíritu errante, en una historia alrededor de una casa encantada asolada por tres pequeños delincuentes llamados Redditch, Parkins y Creach. Un curioso cuento de Halloween.


Envuelta en una preciosa portada pintada por Earl Norem con temática de voodoo, en "Ángeles blancos" Spector se lleva a toda su troupe de detectives ayudantes a la ficticia isla caribeña de St. Lucien, para tomarse unas vacaciones y de paso enfrentar a un secuestrador y traficante llamado El Ángel Blanco de la Muerte y sus masillas disfrazados de esqueletos. Cuando yo era adolescente le tenía mucha manía al entintador Klaus Janson, por su estilo "sucio" y esquemático. De mayor he escarmentado y encontrarse con su nombre en un viejo tebeo de Marvel suele ser un placer, pero la verdad es que estos tres números seguidos de Sienkiewicz y Janson parecen un tanto apresurados y con pocos detalles, pero siguen siendo preciosos. No obstante, a estas alturas echo de menos el Caballero Luna en blanco y negro de Marvel Preview, donde Sienkiewicz se dejaba la piel. Ya encarrilada la serie propia del personaje, parece que la magia de Sienkiewicz y esas viñetas de debut en las que se le comparaba con Neal Adams, se ha desvanecido ligeramente y resulta un dibujante impresionante pero con menos personalidad y un estilo cada vez más "abocetado".


Los dos siguientes números (7 y 8, "The moon kings" y "Night of the wolves") forman una pequeña saga ambientada en Chicago, en la que una especie de terroristas de baja intensidad con caretas de monstruos han envenenado el agua, y esta convierte en zombies carnívoros a quien la bebe. De nuevo, allí están tanto Spector como Marlene y Crawley; Marlene se convertirá en zombie en el cliffhanger entre episodios, Marc sufrirá un descenso a la locura realmente interesante (aunque no por el agua, sino por una bomba de humo lanzada por un enemigo), que le hace ver a sus enemigos como una especie de morlocks violetas: los reyes de la luna del título (la alucinación comienza mientras contempla un cartel que dice "NO SMOKING", y cuyas letras se desordenan ante sus ojos para convertirse en el anagrama "MOON KINGS", que dispara sus visiones). Crawley será quien salve la papeleta en el último momento porque... solo bebe vino. Mientras que la primera parte la entinta Janson, el número 8 es de Frank Giacoia, y efectivamente el resultado es mucho más limpio y de "línea clara". Dos números repletos de acción en hoteles, en escenarios reales de la Ciudad del Viento o en el metro, que siguen manteniendo un nivel muy decente y haciendo crecer la leyenda del Caballero Luna.


La portada del número 9 de la serie rompió la norma del autor total, con un joven Frank Miller a los lápices; pronto volveré a hablar de Frank Miller, y no demasiado bien... Aún quedaban cinco años para que cogiese las riendas de Daredevil, y sus pequeños trabajos aquí y allá, al menos en la parte literaria, dejaban mucho que desear. Como ilustrador, sobre todo hacía portadas, annuals y números de relleno, con bastante destreza... aunque al lado de los portadones de Sienkiewicz pasaba desapercibido. Por cierto, que en este número y el siguiente Sienki se entinta a sí mismo, y es curioso cómo empieza de paso a experimentar con las posturas de los personajes, los rostros algo caricaturescos y sobre todo con la "dirección de fotografía", con viñetas llenas de escorzos, picados y contrapicados realmente curiosas. Sin tener ni puta idea, me atrevo a suponer que los números anteriores (que aún así estaban muy bien) se hicieron con demasiada prisa, y aquí de pronto Sienki se tomó más calma. Supongo que un artista que se entinta a sí mismo (como había hecho ya en varios episodios anteriores) tiene más libertad que un entintador enfrentándose a trabajos ajenos.


Es esta otra historia en dos partes que terminará en el número 10 ("Venganza repetida" y "Demasiadas Medianoches"), y que recupera a las (hasta ahora) dos némesis principales del héroe: la historia comienza con la noticia de que Bushman ha salido de prisión, y con El Hombre de la Medianoche (el ladrón de obras de arte del número 3) volviendo a las andadas, al descubrirse que no murió al final de la citada historia. La trama es estupenda, y muestra a un CL salvaje, investigando a hostias por la ciudad en busca de Bushman, con tácticas de persuasión más cercanas a las del Castigador que a las de Spiderman, ya que le considera el responsable del robo en su mansión de la mismísima estatua de Khonshu, que CL cree que es lo que le confiere sus habilidades aumentadas. Por un lado, parece que se va a repetir la venganza contra el villano que en cierto modo creó al CL... pero finalmente lo que tendremos será un nuevo enfrentamiento contra Midnight Man (sí: tal y como anunciaban los títulos de los episodios), ya que ha sido realmente éste el responsable del robo. Pero no es exactamente el mismo MM, sino que ahora Anton Mogart está desfigurado debido al accidente del final del número 3, y ha perdido todas sus obras de arte robadas a lo largo de los años. Así que ahora malvive como un inadaptado social, en las alcantarillas, robando quincalla y chatarra de la superficie y coleccionándola ahora en su guarida asquerosa llena de telarañas. Y al final del todo, resulta que detrás de Medianoche Man sí que estaba Bushman, que se ha convertido en algo así como su líder y mentor en su nueva situación. Al margen de la acción subterránea, la fiereza de CL y las hermosas viñetas de este Sienkiewicz levemente mejorado, cabe destacar que los filosóficos diálogos de Moench también son de enorme calidad; que aprovecha este doble episodio para hacer recapitulación en dichos diálogos de montones de cosas que pasaron durante las primeras apariciones del personaje en otras series, para poner al día al lector nuevo (y de paso, vender esos tebeos que aparecían citados a pie de viñeta en el original); y que también tenemos nuevo Lunacóptero, ya que Frenchie estrelló el anterior al final del número 7, y él mismo está construyendo uno nuevo: una especie de X-Wing pero que en vez de alas tiene una media luna enorme y vertical en la cola.


No sé si estoy siendo demasiado duro con mi visión de estos tebeos; apenas me estoy ciñendo a resumir los argumentos y mencionar algunos pequeños detalles de manera subjetiva. Unas pocas viñetas sueltas no le hacen justicia. Pero la realidad es que estoy disfrutando muchísimo estas historias y estoy completamente metido en este culebrón de ficción. Creo que Moench está haciendo un trabajo extraordinario, a años luz de sus obras moñas de los años setenta; y que muchísimos detalles se me quedan en el tintero, como se suele decir. La ambientación de las historias es sensacional, y Bill llena todo de detalles alucinantes. Leyendo estas aventurillas realmente estamos viajando a los lugares mencionados, y aparecen por todas partes un montón de extras, localizaciones, pequeños elementos de todo tipo por todas partes que hacen que todas las páginas tengan pequeñas sorpresas, pequeños alivios cómicos o pequeñas lecciones de narrativa secuencial. Las historias nocturnas urbanas no tienen nada que envidiar a los mejores momentos de Daredevil o Spider-Man. La Nueva York nocturna pre-Giuliani que aparece en estos tebeos palpita, hiede, está repleta de alcantarillas humeantes y locales eróticos para adultos. Todo está lleno de hermosas viñetas de CL sobre gárgolas, planeando por la ciudad o en contrapicado contra sus enemigos, al más puro estilo Marvel. Las splash-pages iniciales son deliciosas siempre. Los callejones por los que deambulan el indigente Crawley lleno de moscas (como un vagabundo de un tebeo de Bruguera) o el taxista Lockley son afilados y sobrecogedores. Me fascina especialmente ese Gena's Diner en el que pararía sin dudarlo Travis Bickle (tenía que traer a "Taxi driver" y demás efluvios de Scorsese por aquí tarde o temprano; aunque también hay ecos de Sidney Lumet, y en general todo el "Nuevo Hollywood" estaba haciendo mella en Moench, no solo el taxista lunático), y que me duele no haberlo conocido a tiempo para incluirlo en mi enciclopedia de bares de ficción, porque estaría entre mis favoritos. Chicago es sin embargo una ciudad amplia y hermosa llena de monumentos. En St. Lucien asistimos a montones de estampas de vudú y zombis. No me quito de la cabeza aquellos coches derrapando por París o la pelea en el Musée Tatin de esos episodios previos a la serie. Sienki no escatima en detalles, y Moench no deja que nos tomemos respiro, y sus diálogos cada vez son más verosímiles, intensos y entusiastas. La acción es incesante. Este tebeo es fantástico. Y Marlene a estas alturas me tiene ya casi tan embelesado como Mary Jane WatsonEllen Dolan. No puedo sino recomendar vivamente todas estas lecturas que me estoy devorando a cualquier aficionado al cómic de superhéroes, pero también al de aventuras europeo.
Interludio: Bill Sienkiewicz, a día de hoy, además de ser reconocido por su iconoclasta e inconfundible estilo de dibujo abstracto, es un twittero muy activo desde su rincón @sinKEVitch. No solo da gusto saber que tiene la cabeza bien amueblada, que flipa como todas las personas normales con la locura de la era Trump o que ahora mismo acaba de twitear defendiendo a Greta Thunberg, por ejemplo; es que además es famoso por sus "charlas nocturnas" con los fans, sus reflexiones sobre el medio. Y por supuesto, comparte mucho de su fantástico material artístico, a veces de forma exclusiva allí. Revisando un rato su cuenta, descubro algunas curiosidades sobre su trabajo con CL en esta época. Por ejemplo, yo no sabía que mientras dibujaba estos números del volumen uno de Moon Knight, simultáneamente estaba trabajando en la serie de los Cuatro Fantásticos, junto al propio Moench, justo antes de la famosa etapa de John Byrne; eso explicaría la sensación de "prisa" que yo había detectado en algunos números, esa época en la que no le daba tiempo a entintarse a sí mismo y los acabados eran de Janson o Giacoia. Además de las obvias referencias que cité yo, menciona "Cabeza borradora" (1977) entre otras obras de David Lynch como influencias en el "surrealismo" visual de aquellos tebeos. Y también me resulta interesante la visión que tenía, junto con Moench, de que el Caballero Luna era un tebeo grupal, no protagonizado por un solo hombre y su confrontación de la locura, sino una historia de dinámicas e interacciones (la historieta concreta que menciona, "Hit it!", es el título del número 26 de la serie).




Olvidaba contar algo más respecto a estos números 9 y 10 del primer volumen de MK, en los que Bill Sienkiewicz se convertía en autor completo, y se centraba en dicha obra, una vez liberado, según he entendido, de su trabajo en Fantastic Four: es aquí cuando su experimentación y su personalidad comienza a hacerse patente, no solo en su estilo, cada vez menos realista, algo más desgarbado y expresionista; no solo en esos escorzos y "emplazamientos de cámara" curiosos; sino en las propias composiciones de página y uso de las viñetas. No soy ni mucho menos un experto, pero es posible que los mismísimos Alan Moore y Dave Gibbons aprendiesen algo de esta etapa del aventurero de la medialuna al crear Watchmen... Todas las páginas del número 9 de Moon Knight tienen la misma estructura, con 4 viñetas alargadas dividiendo la página en 4 partes iguales. Algo así como un formato de tiras cómicas, como se puede comprobar en este montaje que he hecho yo mismo con una muestra de nueve de ellas:


Esta composición secuencial solo se la salta en 4 de las 22 páginas: la splash-page de la "portadilla" inicial, marca de la casa en Marvel en la época, heredada de los tebeos de la Edad de Oro (en los que la viñeta principal de las historietas de 7 páginas de los tebeos antológicos, de hecho, eran un resumen del contenido, a la vez que la "portada oficial" de esas historietas sueltas sin portada dentro de una misma revista); y en realidad recurso común a cientos de historietas. No sé exactamente cuál sería el origen. Pero aquí Sienki lo respetó, además con una impresionante, estilizada y dramática ilustración que a mí me hizo notar en cuanto la vi que había un cambio importante en la parte artística:


Las otras tres páginas que se saltan esa estructura son la número 14, que nos desvela la cochambrosa vivienda subterránea del Hombre de la Medianoche, y que supongo que requería un amplio contrapicado vertical por cuestiones narrativas. Otra decisión estética preciosa:


Finalmente, las páginas 20 y 21 de la historieta narran el cénit del enfrentamiento contra Midnight Man, y para ellas recurre a la composición de 9 viñetas y a la invocación de un reloj, del paso del tiempo, de una cuenta atrás, de la que se apropió Watchmen (o a la que llegó por otro camino) para toda la obra:


¿No es fascinante? No seré yo quien a partir de aquí escriba ríos de tinta y enciclopedias enteras sobre el significado de Moon Knight 9 en la línea de lo que hacen tantos con Watchmen, pero es imposible que el ritmo de lectura de este número no sea algo completamente distinto a lo habitual en un cómic de superhéroes. Tal vez solo estaba experimentando a ciegas, tratando de buscar un formato cinematográfico o algo parecido. Pero es un tebeo sobrecogedor


En el número 10, Sienki repitió una composición ordenada, repetitiva, sobria, de 4 viñetas por página como 4 postales. En ocasiones concretas, dividida alguna de esas cuatro viñetas en dos o cuatro más pequeñas, pero con una cadencia constante, machacona, preciosista y que le confiere un poderoso tono cinematográfico y un ritmo adiabolado. No quiero opinar mucho más sobre ello. Simplemente, no he encontrado muchas referencias a estos dos tebeos como algo rupturista. Ya, ya sé que Will Eisner inventó estas cosas en los años 40. Y que en las décadas subsiguientes cientos de autores experimentarían con las estructuras de página de mil maneras, pero parece que solo se destaca el caso de Batman: The Dark Knight returns, de Watchmen (que formalmente no creo que pretendiera descubrir la pólvora, solo aprovechar las posibilidades de esta forma de narrar visualmente homogénea, geométrica, radial) o de las cosas de Chris Ware, como si éste sí hubiese inventado la pólvora. Todo el mundo habla de Watchmen y de Chris Ware, y aquí estoy yo como renaciendo en la lectura de tebeos sumergiéndome en estas obras de manera virgen, y hallándome maravillado, releyendo una y otra vez estos tebeos, y así no avanzo...


Pero, desgraciadamente, tengo que tomarme otra pequeña pausa en la cole del Lunoso para hacer acuse de lectura de otras apariciones suyas en otras series de Marvel. Porque para el verano de 1981, Moon Knight era el nuevo superhéroe de moda en Marvel.


Y decía "desgraciadamente" porque, aunque me encanta la interacción del personaje en otras colecciones, la continuidad, los crossovers, los fill-ins y los cameos (una de las razones de ser de este atracón de apariciones de Spector a lo largo y ancho del Universo Marvel era precisamente acercarme a sagas o series a las que de otra manera no me sentiría atraído; creo que ya lo dije), algunos de los tebeos que me toca leer son una birria. Y es el caso de este horrible Marvel Team-Up Annual nº 4 (agosto de 1981). Ya había leído este número en mi repaso a "todo Spider-Man", pero no debí haber prestado demasiada atención. Porque esta historia que se inventó Frank Miller (le citaba hace un momento y prometí que volvería...) es una chorrada infumable, y Herb Trimpe y Mike Esposito debían estar teniendo un mal día, porque no es precisamente su mejor trabajo; pero bueno, el dibujo tiene ese encanto camp y naïf de Trimpe, y siempre es agradable encontrársele. Lo indecible es el alargado argumento de esta historia, su desarrollo, sus diálogos y lo inverosímil que es todo. Leí esto hace unos cuantos días y ya practicamente he olvidado de qué iba, pero era algo así como que todos esos héroes que aparecen flotando en la (por otra parte, estupenda) portada, también de FM, coinciden por algún motivo en un teatro en el que va a tener lugar una charla. Pero quien sale a escena no es otro que Zebediah Killgrave, el Hombre Púrpura. Un villano con un poder de doblegar la voluntad ajena tan escalofriante como nos mostró la primera y maravillosa temporada de Jessica Jones, y que aquí es tomado a cuchufleta, y todo parece un episodio de la serie de Spidey de los años sesenta, en la que el héroe son dos tapones para los oídos. Una tontería como un piano, una historietita menor tan de chicha y nabo como esas en las que los superhéroes anunciaban Twinkies, y en la que el Caballero Luna sale pues porque probablemente al excéntrico Jim Shooter se le pondría en las narices que saliera, porque molaba, porque era fresco... pero era perfectamente intercambiable por cualquier otro personaje, y pintaba tan poco como el resto en esta majadería para niños pequeños. Supongo que los anuales se vendían mucho, y que la razón de ser de este tebeo dentro de esa colección-crossover en concreto, era que se viera a los superhéroes más de moda aquel verano del 81.


La siguiente aparición fugaz de CL tuvo lugar en The Avengers 211. Septiembre de 1981; escrito por el propio Jim Shooter, dibujado por Gene Colan y Dan Green. En la última viñeta del número anterior (210), tras una batalla que casi fracasa contra The Weathermen, un grupito de malotes sin enjundia (que, de hecho, no volvieron a aparecer jamás), el Capitán América toma la dramática decisión de reducir el número de miembros en el supergrupo de los Vengadores, para evitar el caos y la descoordinación, apelando a un "nuevo orden":


Así, el episodio en ciernes transcurre enteramente dentro de la mansión vengadora, tras una reunión de un montón de supertipos que alguna vez formaron parte del grupo, y que terminará, en la última viñeta de este ejemplar (211), con unos Vengadores reducidos a solo 6 miembros:


Así que básicamente todo se reduce a una criba de personajes para aligerar el tebeo. Lo curioso es que entre la legión de heroes convocadas, se cuela el Caballero Luna, aunque no había formado parte del grupo. ¿Cómo llega hasta allí? Pues porque, tal y como habían dejado caer en el tebeo del Capitán América glosado hace un rato, el taxista Jake Lockley se dedica a espiar a los Vengadores por la ciudad, en este caso a Donald Blake / Thor, y así estar al loro de lo que sucede. Lo curioso es que Shooter decide aportar al personaje algo de drama en sus transformaciones de una personalidad a otra; como si de alguna manera extraña Lockley se viese obligado contra su voluntad a transformarse en el Caballero Luna:


Por fin, dentro de la mansión, el pelotón de Vengadores simplemente entra en conflicto durante unas pocas páginas. El Caballero Luna concretamente, aunque desde el principio se muestra totalmente desinteresado en ser un Vengador, se enfrenta al Hombre de Hielo. Pronto descubrimos que las peleas entre ellos se deben a la influencia mental de la mentalista Dragón Lunar.


En fin, un episodio en la vida de Los Héroes Más Poderosos del Mundo que no tiene demasido interés en la vida de Spector. Pero conste que en el verano de 1981 su estatus ya le permitía codearse con los Más Grandes de la Tierra y colarse en su queli y hasta en sus portadas.


Nuestro siguiente peldaño nos lleva hasta la mismísima Amazing Spider-Man, la colección principal del superhéroe más famoso de todos los tiempos (que les zurzan a Supermán y Batman), en el que supone su tercer encontronazo con Peter Parker. Preciosa e insólita portada de Bob Layton con su efigie en primer plano, y evocaciones fantasmales y terroríficas, con ataúdes y todo. Interior de este número 220 (mismo septiembre de 1981) obra de Michael Fleisher (guion) y Bob McLeod (dibujo y tintas) que ya había trabajado con el personaje entintando a Sienkiewicz en Hulk! Es una historia efectiva pero sencilla, demasiado cándida, en la que CL y SM unen fuerzas contra... el crimen, así, en general. Está teniendo lugar una competición entre tres grandes ladrones, que consiste en ver quién roba más millones de dólares en Nueva York, y el premio es el título de Secretario del Directorio del Sindicato Nacional del Hampa. Esos tres criminales son la Banda de Medianoche, los Ratas y el Caballero Luna. Espera... ¿el Caballero Luna es un criminal? Eso parece, hasta tal punto que a J.J. Jameson no le interesan los titulares sobre Spiderman, y ahora tiene a CL en el punto de mira. Pero claro, el lector ya sabe que CL es bueno, y que además es aliado de Spiderman. Así que pronto descubriremos que todo este circo solo es una estrategia conjunta de los dos héroes, para que CL gane el concurso y así hacerse con el listado y direcciones de los mayores criminales. Amazing es el dibujo de McLeod, y en general solo es simpático, sin más.


Ya es tarde para arrepentirme, así que me sumerjo ahora en la lectura de una historia que transcurre a modo de cruce, entre dos colecciones que tengo bastante abandonadas, y que son ambas de lo más groovie de la Marvel de los primeros ochenta: Power Man and Iron Fist #73 y Rom #23, publicadas ambas también en septiembre de 1981 (menuda presencia de Spector en los anaqueles aquel verano). Un cruce de lo más bizarro, que pretendía revitalizar ambas colecciones de ventas modestas. La primera, la serie de los colegas interraciales machitos y funkies, estaba escrita por Mary Jo Duffy, y este número en concreto dibujado por Greg LaRocque y Ricardo Villamonte. La excitante portada venía firmada por Frank Miller (ahora enseguida, en el próximo interludio, cuento una suculenta curiosidad acerca de por qué tanta portada de Miller en esta época). En cuanto al episodio de Rom, el juguete de Hasbro que vino del espacio, era obra de ese equipo de ensueño formado por Bill Mantlo, Sal Buscema y Joe Sinnott. Por mí, estos tipos podían haberse hecho toda la Marvel ellos solos (portada de Al Milgrom).


Y sí: me he leído todas esas páginas... pero la presencia del Caballero Luna se ciñe a la viñeta de aquí encima. Unas apariciones fugaces de los personajes más famosos y queridos por todos los niños, para que no nos olvidásemos en ningún momento de que Rom formaba parte del Universo Marvel. El goteo de personajes habituales y los cruces entre colecciones era constante, al parecer, en la serie de Rom, el Caballero del Espacio que existió únicamente porque Hasbro firmó un acuerdo con Marvel para vender su juguete de un robot gigante. Un acuerdo parecido al que firmaron con Transformers y G.I. Joe, pero que en aquellos casos decidieron no integrarles ni cruzarles con los superhéroes habituales (bueno, con los primeros hubo una peculiar excepción). En un momento de la historia, para dar mayor empaque a los estragos que está causando Rom en el centro de Manhattan, vemos cómo algunos de los mayores héroes de la casa se ponen en marcha para detenerle... pero ya; no volveremos a saber más de ellos, porque toda la trama la resuelven el Hombre Poder y Puño de Hierro, al llevar a Rom ante los Cuatro Fantásticos. Es una historia sencilla, pero que me ha dejado con ganas de más Rom. Por las páginas de este número desfilaban personajes secundarios tan molones como Sota de Corazones o Torpedo, el tipo con el traje azul celeste y tubos de escape en las muñecas que se acabaría uniendo a los New Warriors, y que nació en la serie de Rom, como el héroe oficial de Clairton, West Virginia, el pueblo en el que aterrizó el alien robot por primera vez. Extraordinaria muestra de acción y ciencia-ficción acompañando la persecución de Rom a los Fantasmas (Dire Wraiths), unos alienígenas cambiaformas que pretenden destruir Galador, el planeta original de Rom, y que en este estadio requiere de la ayuda de los 4-F. Todo fetén.
Interludio: entre los extras finales del segundo "integral" del CL publicado por Panini, el ya citado "Eclipse" (que contiene los números 16 al 38 del primer volumen de MK, y en el que me sumergiré pronto), viene un jugoso artículo de texto firmado por el propio Sienkiewicz, titulado "Historia de tres portadas". En él, con mucho sentido del humor, cuenta por qué tres de las portadas de su serie no acabaron siendo realizadas por él, sino por otros artistas del staff de la Casa de las Ideas que pasaban por allí. Entra bastante más en detalles en cada uno de los casos, y ya digo que es muy divertido, pero básicamente explica que tres de las portadas que hizo fueron rechazadas por el editor, al tener problemas los técnicos para encajar las ilustraciones en portada con sus logotipos y rótulos correspondientes. Así que tiraron de otros jóvenes artistas para que hiciesen otras a toda prisa. Frank Miller, poco antes de revolucionar el medio, se ve que era uno de esos chicos-para-todo de la oficina, lo cual explica que fuese a él a quien encargasen rehacer la portada del número 9, que como mencionaba hace un rato rompía la racha de portadista de Sienki en su serie, y me llamó la atención. Y aunque hablaré de ellos justo a continuación, las otras dos portadas en las que sucedió eso fueron la del número 12 y el 13. De nuevo Miller se encargó de la del 12, y Ron Wilson y Dave Simons de la del 13. No sé cuántas veces sucedería esto de las portadas desestimadas (Miguel G. Saavedra cuenta curiosidades de este tipo en esa maravillosa "historia de los intringulis internos de la Marvel de los 80 semana a semana" que está realizando en su sección Comic-Books! que aparece en algunos tebeos de Panini, que ¡¡ruego a Khonshu que sea algún día recopilada en forma de libro ilustrado!! Allí he visto otras portadas rechazadas o corregidas de diversos autores), pero lo mejor de este artículo es que en este precioso texto de Bill, supongo que traducido del ómnibus americano equivalente (no se menciona la fuente), se reproducen, en calidad mejorable, las tres portadas originales de Sienkiewicz que no pudimos ver nunca. Son estas:



Pues vamos precisamente a acometer la lectura de los números 11 al 15 de Moon Knight, los últimos que contiene el tomo español, seguidos de los 16 al 20 (los primeros del segundo y maravilloso tochal de Panini, "Eclipse"), ya que no hay más apariciones de CL en otras colecciones hasta la siguiente oleada, en verano de 1982:


Los experimentos con la composición de página y la narrativa de Sienki quedaron aparcados y moderados en los siguientes 5 números (que cierran el primer tomo recopilatorio de Panini, al alcanzar el 15º del primer volumen de su serie propia), pero ya estaba lejos de ser un simple clon de Neal Adams y desarrollaba su propio estilo, cada vez más sucio y expresionista. Pero continuaban siendo habituales los escorzos y la visión subjetiva heterodoxa. La serie continúa a buen ritmo, con enorme caliedad y temáticas interesantes, asentándose como un serial urbano de aventuras y espionaje, con tintes paranormales y terroríficos, y por lo general alejado del pijamismo pop de la gran mayoría de series Marvel.
El número 11 ("Atrapar a un asesino") comienza con MK tratando de frustrar un intercambio entre dos traficantes. Sin embargo, uno de ellos, con cresta de mohicano, resulta tener una fuerza sorprendente y consigue escapar de la pelea. Poco después, una joven sollozante llamada Isabelle visita la Mansión Spector, y entrega una caja a Frenchie, bajo la promesa de que solo la abra en caso de que fallezca. Se trata de una ex del piloto, que procede a narrar su historia conjunta, a través de un bonito flashback en París. El día siguiente amanece con el fallecimiento de la muchacha en la prensa. La caja contiene 250.000 dólares, y pistas que llevan a pensar que fue adquirida en Nueva Orleans. Así que la acción se traslada allí, con Frenchie y Spector buscando al asesino, que resulta ser el gángster mohawk, y forcejeando con él en plena explosión de colores y disfraces del Mardi Gras.


El siguiente episodio, "La pesadilla de Morfeo", nos presenta a un nuevo villano homónimo, realmente espeluznante. Físicamente un cruce entre La Mosca y Nosferatu, se trata de un tipo que se sometió a un tratamiento médico negligente que le produjo insomnio perpetuo: Robert Markham, incapaz de conciliar el sueño eternamente y deformado su rostro de manera monstruosa, su necesidad psíquica de soñar se manifiesta en "energías psíquicas oníricas" que surgen de sus dedos y que pueden crear lazos kinéticos sólidos. La cuestión es que el médico que suministró la droga dichosa fue Peter Alraune, el hermano de Marlene. Otro personaje nuevo y que puede que vuelva a aparecer es el lacónico Detective Flint. Parece que ambos seguirán siendo utilizados hasta las etapas recientes del s. XXI. El episodio es básicamente un encontronazo entre CL y Morpheus, que ha decidido utilizar sus poderes para delinquir.


Como Moench pasó olímpicamente de las apariciones de CL en otras series no controladas por él, tenemos que aceptar el número 13 de la cole como su primer encuentro con Daredevil. CL está investigando al Bufón y esperando su cita con su compañero de celda (Ace Taggert) el día que ambos salen de prisión, para conocer sus planes antes de desbaratarlos. Pero Daredevil se inmiscuye en cuanto se cruza con el Bufón, excusa para asistir a la típica pelea entre dos héroes antes de que unan fuerzas contra el malo. Episodio un poco tontorrón (estamos hablando del Bufón) cuyo principal aliciente son las contorsiones y volteretas de los dos vigilantes nocturnos, sobre todo dentro de la sala recreativa, con un montón de friquis ochenteros jugando a videojuegos y máquinas de petacos, como adelantaba la portada descartada de Sienkiewicz (recordemos que la definitiva, esta de arriba, la hizo Frank Miller, que por entonces ya llevaba año y medio dibujando al Cuernecitos).


El número siguiente nos presenta a otro secundario que volverá a aparecer de vez en cuando por el universo lunero: Vidriera Escarlata (Stained Glass Scarlet, como el título del episodio), o simplemente Scarlet. Su historia y sus devaneos ocupan bastantes páginas del capítulo. Se trata simplemente de una ex-monja convertida en vigilante, que habita una casa victoriana abandonada encima de una iglesia en el Bronx de la que aparentemente no sale nunca, mientras purga sus pecados a oscuras junto a su gato Gummitch. Tiene una especie de conexión mental con el Caballero Luna, y la historia cuenta cómo su ex-marido asesino acaba de salir de prisión y ayuda a CL a detenerle, a su pesar.


"Gobernando el mundo desde su sótano" nos presenta a otro personaje grotesco y torturado: Xenos, un asesino chiflado adorador de Hitler que vive en un sótano junto a un pequeño ejército de ratas, a las que viste con trajecitos militares al tiempo que él mismo se viste de rata, con capa, y sale por las noches a cobrarse víctimas. Otra correría de Spector con sus distintas personalidades y sus ayudantes urbanos, a lo largo y ancho del Nueva York nocturno, para zurrar al puto nazi demente.

Interludio: el maravilloso tomo de Panini "Cuenta atras hacia la oscuridad" acaba aquí, pero se completaba con unos pocos extras interesantes. Una portada de la revista Amazing Heroes con CL y Marlene, las tres portadas dobles de los tres números de Moon Knight special edition que recopilaban las primeras historietas de CL en The Hulk!, y unos pocos pin-ups realizados para estas, de los que el que probablemente más me gusta es el de Crawley y Gena, que a estas alturas son para mí tan entrañables como dos personajes de Taxi o de Cheers. Ah, y unos cuantos originales y comissions

Hace un ratito hablaba de las tres portadas que hizo Sienkiewicz para la serie que finalmente fueron descartadas. Y me vino a la cabeza la sección Comic-books! de Miguel G. Saavedra, ya que me sonaba que ahí solía contar este tipo de curiosidades. Pues justamente ayer estuve leyendo varias novedades Marvel del mes (escribo esto el primer viernes de diciembre), y aparece una nueva entrega en el nuevo número de El Asombroso Spider-Man. Y casualmente, Saavedra pone otro ejemplo de portada de Sienkiewicz que finalmente no se utilizó (aparte de otra portada suya para una serie ajena; hacía un mogollón de portadas en la primera mitad de los 80, casi tantas como Alex Ross ahora); es ajena al Caballero Luna, y es de 1984, pero mola bastante y creo que viene al pelo como interludio:


Pero sigamos avanzando en las andanzas del Caballero Lunático.


El número 15 de la colección supuso un gran cambio editorial en la serie, y un pequeño hito en Marvel: fue el primer tebeo de la historia (tal vez, en liza con los ejemplares de turno de Ka-Zar, y los Micronautas, dicen las crónicas) que se distribuyó exclusivamente en "tiendas especializadas". Hace muchos años ya que los tebeos dejaron de venderse en los kioskos, y por toda la geografía existen multitud de tiendas especializadas en cómic. A comienzos de 1982 el panorama era diferente. Los tebeos se vendían en los kioskos, con exactamente el mismo sistema de distribución que las revistas. En España, por ejemplo, los tebeos que no se habían vendido cada mes volvían a la fábrica, y Forum les daba una segunda vida en forma de esos maravillosos "tomos retapados", que simplemente contenían 5 números seguidos de cada colección encolados y con una tapa de cartón. Ay, qué recuerdos... Pues la principal diferencia con la distribución en tiendas especializadas, es que se hacían "a fondo perdido", sin devoluciones. Las tiradas eran menores, pero los libreros tenían una noción más ajustada del volumen de pedido, y eran más limitadas, pero se agotaban (generalmente) en su totalidad. En EE.UU. ya había bastantes tiendas especializadas, al menos alguna en todas las grandes ciudades, y este nuevo sistema revolucionó a las editoriales y al medio en sí, hasta convertirlo, con el tiempo, en una especie de "gueto", con los tebeos desapareciendo por completo de la vista del mundo y escondidos en locales convertidos en portales dimensionales ajenos a la realidad. Estoy exagerando un poco, y este es un tema muy largo (y fascinante), pero conste que, personalmente, echo de menos los tiempos en los que iba al kiosko a elegir mis tebeos del mes. De hecho, mi afición por los cómics empezó cuando yo aún no sabía ni leer, y cada semana mi padre volvía a casa de su trabajo en el turno de tarde con un tebeo al azar para mí y otro para mi hermano mayor, que sí sabía ya leerlos y conservarlos. Recuerdo la emoción de asaltar a papá en cuanto sonaba el ascensor y el repiqueteo de sus llaves, y correr a su encuentro para que nos diese un chupa-chups y un ejemplar del Capitán América, Daredevil, Spider-Man, los Pitufos, Mortadelo, Joyas Literarias Juveniles o lo que fuese. Supongo que el sistema es insostenible a día de hoy, pero también supongo que si hubiese tebeos de grapa de superhéroes en los kioskos, se crearía más afición que limitados solamente a los niños que tienen acceso a los "guetos" especializados. Pero estoy divagando...


En el artículo de Julián M. Clemente con el que se abre el tomo "Eclipse", incluso menciona cifras de ventas aproximadas; y si bien los tebeos mayoritarios de Marvel vendían unas 10 veces más que los que iban exclusivamente para las librerías, al no haber devoluciones y agotarse aquellos (como el ejemplar del que venía a hablar en realidad; ya llego a ello), se puede decir que eran un éxito comparable. Y en cuanto al tebeo del que venía a hablar, el número 16 de Moon Knight, otro cambio que suscitó el nuevo orden de cosas fue que se le aplicó la famosa subida de 5 centavos por ejemplar, pero que venía acompañada de un aumento de páginas y eliminación de la publicidad. Así que a partir de ahora, tenemos 32 páginas de tebeo de MK en lugar de 24. Y esto conllevaría, claro, algunos cambios. En lo que llevo leído (hasta el número 20), y refiriéndonos exclusivamente a la historia, los cambios serían a peor al principio, puesto que hubo que tirar de fill-ins y equipos creativos adicionales para completar el trabajo, y el dibujo de Sienkiewicz vuelve a resentirse en la primera historia larga, apoyado en un entintador regulero. Pero ahora voy con ello. El landmark que supuso el nº 16 queda deslucido al tratarse precisamente de un tebeo con dos apresuradas historietas de relleno, escritas por un tal Jack C. Harris (un tipo que pasó sin pena ni gloria por cuatro annuals de Marvel y se prodigó algo más en la DC de los setenta) y dibujadas respectivamente por un Denis Cowan en horas bajas la primera, y un mindundi que responde al nombre de Jimmy Janes, la segunda . "Shadows of the moon", la historia de portada, es correcta sin más, con CL solucionando una crisis cuando unos malosos han puesto una bomba atómica justo debajo de un edificio en construcción en pleno Manhattan. La historia transcurre casi toda en dicho edificio a medias, sobre el que lucha contra un working class villain llamado El Herrero, que acabará tomando nota y jurando convertirse en héroe... aunque no se le volvería a ver jamás. La segunda historia es curiosa, ya que como complemento deciden narrarnos una aventurilla de Marc Spector en su época como mercenario a sueldo, antes de convertirse en CL.


Los números 17 a 20 forman una saga completa, que podríamos llamar "La saga de Arsenal", que recupera al equipo principal formado por Moench y Sienki. Pero, como decía, también tiene un tono algo apresurado, y da la sensación de que Sienki solo abocetaba, y en el resultado final destacan los acabados de un tal Steve Mitchell, entintador poco conocido, que veo que donde más se desarrolló fue en una larguísima estancia en la cabecera Iron Man durante los 80s y 90s. Por alguna razón, fue el elegido para dar vida al ocupado y ya súper-admirado Sienkiewicz de esta etapa; y aunque no lo hizo mal, siendo fiel al original, firme y limpio, hay algo que queda bastante claro mirando todas estas viñetas: Sienki, por las prisas, apenas hacía fondos. Casi todas las viñetas tienen un fondo vacío, simplemente no hay nada detrás de las figuras en primer plano, como en un tebeo del Botones Sacarino. Y a Mitchell nadie le encomendó dibujar los fondos, cosa que sí era labor de muchos entintadores de prestigio que cubrieron etapas clásicas de autores muy famosos (algunos, incluso dejaban su firma en los fondos, como hacía el simpático Tony Mortellaro). Así que parte del tebeo queda algo deslucido, sin fondo (no siempre; Sienki seguía siendo un autor preciosista y con composiciones de página atractivas, rozando el horror vacui; es en algunas páginas concretas en las que las viñetas son bruguerianas), y lo que hizo Mitchell fue rellenar muchos de esos fondos con puntitos, con rayitas, con bolitas o recuadritos de tinta, creando una especie de tramas que no digo que queden feas, pero sí verdaderamente curiosas. Se pueden ver en toda la saga, pero se hace especialmente obvio en el último número, al que Sienki llegaría ya exhausto, tras hacerse 30 páginas al mes de CL más las docenas de portadas que le encomendaban.


Yendo al grano, la historia es correcta y entretenida, y Moench vuelve a tirar de buenos diálogos y reflexiones omniscientes cuasi filosóficas. Es otra trama jamesbondiana, en la que un viejo amigo pide ayuda a Spector para colaborar con agencias de espionaje internacionales, para derrotar a un épico villano llamado Nimrod Strange, un líder bananero que ha construido un culto alrededor de su figura y todo un ejército de asesinos radicales (fanáticos de extrema derecha y de extrema izquierda de distintos rincones del mundo, repite una y otra vez Moench), llamado El Ejército del Tercer Mundo. Una guerrilla transversal que tiene previsto, una vez más, dominar el mundo a base de explosivos aquí y allá. El über-villano está bien construido, es una especie de cruce de Jesús Gil con Idi Amín, que con el paso de las páginas se construirá su propio supertraje supervillanesco e identidad tebeíl, pasándose a llamar Arsenal, para enfrentarse con Spector/Luna en el cénit de la historia. Hasta entonces, está en segundo plano, moviendo los hilos del terrorismo internacional, y lanzando a otros villanos bizarros contra el héroe. El primero es el Francotirador Maestro, un tipo que tiene su rifle en el antebrazo y la mirilla incorporada en el casco, y que tampoco es que tenga media hostia; pero sitúa correctamente la historia en esa Nueva América asediada por el terrorismo internacional y la sinrazón anarquista de finales de los 70. En esta aventura no aparecen ni Lockley ni sus chivatos de siempre, pero Marlene y Frenchie sí acompañan al héroe. De hecho, Marlene, que ahora es también toda una luchadora (la historieta se abría con Spector entrenándola en el combate cuerpo a cuerpo en la mansión) acabará infiltrándose en el equipo de guardaespaldas personales de Arsenal... que son tres pibas guerreras letales en bikini: una negra, una china y una caucásica (Yumi, Assigi y Sheena; esta última será sustituida por Marlene), que de paso le sirven de esclavas sexuales. El segundo episodio nos presenta a la Élite Asesina, otros tres matarifes especializados cada uno en un arte de la guerra diferente (Jou-Jouka, Kareesh-Bek y Sumaro), que aportan colorido y exotismo al Ejército del Tercer Mundo. En el tercero se nos narra la infiltración de Spector y Marlene en las huestes del tirano, camino de la confrontación final. Entretanto, asistimos a una subtrama política, con varios líderes del Mundo Libre pendientes y dependientes de las actividades de Spector, y de paso sospechando que se trata del propio Caballero Luna, que nos llevan de periplo internacional a la estación de ski alpina ficticia de Radescu, a Jerusalén, al Líbano y finalmente a Manhattan, donde va a tener la explosión que someterá al mundo. En definitiva, una buena historia de acción y espionaje durante la Guerra Fría.


Pero tenemos que hacer otro parón en su serie, para disfrutar de la aparición de nuestro héroe en otros rincones ajenos, convertido ya en personaje de primera fila en la Marvel chiripitifláutica de los ochenta. Por ejemplo, en verano de 1982 tuvo lugar un macroevento pijamero realmente delicioso, que reuniría por primera vez a TODO el Universo Marvel, en liza por salvar al mundo de una amenaza. Esto de los macroeventos, con los años, ha terminado convirtiéndose en un cáncer editorial en opinión de algunos, que hace que resulte imposible engancharse y seguir cómodamente tu serie favorita, porque cada dos por tres hay un evento con ecos por todas las colecciones, que te obliga a comprarte entre 30 y 300 tebeos diferentes durante medio año si quieres enterarte de algo. Es algo completamente inevitable en este siglo XXI en el que los tebeos ya casi no los lee nadie y solo son un apoyo transmedia para las peliculazas del Universo Cinematográfico Marvel. En los años 80 y 90, sin embargo, tuvimos sagas estupendas y que algunos recordamos con mucho cariño, como Inferno, la Era de Apocalipsis, ¡Atlantis Ataca!, Actos de Venganza, la Guerra de la Evolución... Eran acontecimientos cruciales, crisis que ponían a todos los personajes conocidos patas arriba y que hacía ilusión que involucraran a nuestros héroes favoritos cada pocos meses, normalmente una vez al año. A menudo, de hecho, se resolvían con una pequeña serie de crossovers en los anuales de cada cole (esos números especiales estacionales que se lanzaban en realidad por algo tan prosaico como cuadrar el sistema de distribución semanal; ya que los años no tienen 48 semanas, cuatro por mes, sino 52, y no se podía dejar a las distribuidoras sin trabajo el martes o jueves correspondiente...), o en series limitadas ajenas a las colecciones, que acaso quedaban salpicadas en un número o dos. Como digo, en los últimos tiempos es un verdadero Inferno afrontar las consecuencias de La Guerra de los Reinos, Secret Invasion, Imperio Secreto, Civil War, etc., sagas que a veces abarcan más de 200 tebeos de todo tipo, sin exagerar nada, y que se apoyan en acontecimientos de sagas anteriores, etc.


Pero este macroevento Marvel al que me estoy refiriendo ahora fue probablemente el primero de todos, el que rompió el hielo. Se adelantó en un par de años a las propias Secret Wars, el primer gran cruce vende-juguetes ideado por Jim Shooter para poner a Marvel en el mapa de las franquicias; fue anterior incluso a esas Crisis en Tierras Infinitas que siguen coleando en DC y que llevan casi 40 años revolviendo la tierra. Me estoy refiriendo a la estupenda, entretenidísima, refrescante Contest of Champions. Contienda de Campeones fue una pequeña historia transversal, que se resolvió en 3 sencillos números 3, que ha quedado totalmente olvidada bajo los escombros que dejó la propia (y no menos entrañable) Secret Wars original, pero que supuso un hito importantísimo en la editorial: fue ni más ni menos que la primera serie limitada de la historia. Tres números sueltos, fuera de toda colección y sin implicación en ellas, que narraba una historia sencilla y autoconclusiva. También es absolutamente normal ahora, y una constante en los últimos 35 años, pero en 1982 Contest of Champions fue la que lo inició todo. Muy poquito después vendría la primera serie limitada protagonizada por un solo personaje, Hércules (detalle del que, por cierto, se jacta el personaje en su página correspondiente de Marvel Comics 1000, el loquísimo tebeo conmemorativo del 80º aniversario de Marvel que se publicó en España la semana pasada), pronto llegaría la serie limitada de Lobezno, luego la de Visión, Ojo de Halcón y luego mil más, pero CoC fue la primera de todas. Por cierto, que no sé dónde leí que el concepto original era una especie de Juegos Olímpicos superheroicos, que se iba a lanzar coincidiendo con los de 1980, pero que se retrasó y modificó al celebrarse en Moscú en lugar de en Los Ángeles, y sobre todo debido al boicot de Estados Unidos en aquella olimpiada más allá del Telón de Acero...


Y nada que, puestos en situación, me ha tocado releer esta vieja y cálida historietita de apenas 70 páginas que tenía olvidada, pero que me ha devuelto gratos recuerdos. No fue editada en España hasta 1989 (en un Especial Verano de Marvel Héroes), y sería entonces cuando lo leí por primera vez. En 2016 se recuperó recoloreada y satinada dentro de un 100% Marvel de Panini, junto con la saga homónima de 1999, que creo que no tiene mucho que ver, pero que en ella apareció también CL, así que me tocará leerlo si no se me ha pasado esta fiebre para entonces; ah, hubo otro CoC en 2015, y CoC es también el título de un videojuego de hostias a lo Street Fighter con personajes de Marvel, pero conste que el original fue esta historietita tan mona. La historia es simplísima: un par de entidades omnímodas extraterrestres, ligadas a los Primigenios (El Gran Maestro y La Desconocida... que resultará no ser otra que La Parca as herself), han decidido reunir a TODOS los superhéroes existentes en un polideportivo flotante en la órbita de la Tierra. Es un hermoso esfuerzo por mostrar la gran diversidad y riqueza de lo que era la Casa de las Ideas hasta entonces, y se recuperaban tanto viejos personajes de Atlas como secundarios bizarrísimos (solo héroes, no villanos; tampoco participaban entidades extraterrestres, inhumanos, atlantes o eternos, ni tampoco humanos sin poderes como el Castigador o Capa y Puñal, por ejemplo), además de todos los héroes adorados de las colecciones en curso. En el tomo de Panini, de hecho, viene al final un artículo simpatiquísimo que no había salido en la edición de Forum, en el que se esforzaron por listar en orden alfabético, con una pequeña descripción y su primera aparición, chorropocientos de los héroes homo sapiens y homo superior que existían entonces, incluso los fallecidos o retirados. Es una lectura gozosa y llena de nostalgia.


Pero voy al grano, demonios: el torneo consiste en que cada uno de los aliens todopoderosos selecciona a 12 héroes (24 en total), que se dividen en 4 grupos cada uno, y son enviados a 4 rincones de la Tierra para pelear entre sí y hacerse con cada una de las 4 partes en las que dividen el Orbe Dorado de la vida. Un "juego de la bandera" entre superhéroes elegidos al azar, en escenarios exóticos y realmente divertidos, un auténtico videojuego que se sacaron de la manga los grandísimos Mark Gruenwald, Bill Mantlo y Steven Grant, escrito por el titán Mantlo y dibujado portentosamente por un joven John Romita, Jr. con tintas de Pablo Marcos. Una historieta terriblemente maniquea, cándida, involuntariamente cómica y maravillosa, que volvió locos a los niños de la época. Recuerdo nítidamente al niño que fui, comentando en el patio del colegio con mis dos amigos friquis esa sensación de poder ver por primera vez en una misma viñeta al Capitán Britania, Alpha Flight, Lobezno, Spider-Woman, Pantera Negra, Puño de Hierro, Sota de Corazones o Hulka, junto a montones y montones de tipos de colorinchis que no sabía ni quiénes eran... Bueno, en realidad eso sucedió con las Secret Wars, porque ya digo que Forum empezó a publicar tebeos de Marvel en 1983, y no se mataron de prisa en sacar CdC. Pero es algo indescriptible, y que a los niños nos volvía locos de verdad.


Como primer experimento de aglutinar la Continuidad Marvel en un solo objeto, Marvel Super Hero Contest of Champions es brillante, super-pop y hermoso aún desde mi perspectiva actual. Otra cosa en la que se esforzaron, por cierto, para hacer partícipes del Marvel Way of Life a todos los niños del mundo, fue en meter con calzador a superhéroes de todos los rincones del globo. De hecho, el tebeo comienza presentando a superhéroes nuevos, como la irlandesa Trébol, un aborigen australiano llamado Talismán, el Caballero Árabe, un "Capitán América" argentino con absurdo traje de Conquistador, llamado Defensor, el chino Hombre Colectivo, el franchute alado Halcón Peregrino o el alemán Guerra Relámpago (Blitzkrieg)... Un puñado de donnadies que se inventaron para la ocasión, y que estaban todos ellos entre los 24 elegidos para la cuita por "los dioses", entre otros superhéroes bizarros israelíes, japoneses, canadienses o soviéticos que sí existían ya antes, dejando fuera a cientos de superhéroes conocidos y guays, como el propio Caballero Luna, que simplemente harían de espectadores. A CL, de hecho, solo se le ve en la escena de "reclutamiento" (la mitad del primer número narra cómo docenas de los superhéroes de todas las coles desaparecen con un "¡bamf!"), "abducido" junto a Daredevil mientras ambos colgaban de una vieja versión del Lunacóptero, en la portada del número 1; así como en varias viñetas con cientos de cabecitas de superhéroes en el polideportivo espacial, en las que se puede jugar a buscarle a lo ¿Dónde está Wally? Supongo que tenían grandes planes para los siete superhéroes internacionales nuevos, pero poco, muy poco han aparecido después, y sí muchos otros superhéroes mundiales molones. Me atrevo a pensar que tal vez mi relación o la relación de España toda con el UM hubiese cambiado de haber colado ahí Mantlo a un superhéroes español... aunque mejor pensado, no, porque sería un torero volador con tricornio.


En fin, que me he enrollado un montón con estos tres tebeítos, pero es que Marvel Super Hero Contest of Champions es de ese tipo de cosas que hicieron a Marvel tan especial, en la época en la que más me molaba, y que leerlas me reconcilian con mi niño interior. Como digo, la aparición de CL es testimonial y, pese a ser una bobadeta, un arcade de peleítas estructurado con escuadra y cartabón, es ligerísimo y muy, muy entretenido, y recomiendo su lectura. ¡Y que lo dibuja Romita Jr., que podían habérselo dado a un mierdas!


El número 161 de The Invincible Iron Man (agosto de 1982) fue precisamente el primero que entintó Steve Mitchell, de esa larguísima etapa como calcador residente que mencionaba hace un momento. El escritor fue Denny O'Neil, y el dibujante Luke McDonnell, que se hacían cargo del personaje en una recién nacida etapa, tras la larga y clásica estadía de Michelinie, Romita, Jr. y Layton en la colección que acababa de quedar atrás, la más recordada del personaje aún hoy entre los lectores poco fieles del Vengador Dorado. Como curiosidad, la portada (de Ed Hannigan, un autor que me chifla y no se prodigó lo suficiente) estaba entintada, empero, por Al Milgrom, que era el editor de la serie Marvel Fanfare, y por eso coló un anuncio publicitario en un edificio al fondo. El episodio se titula "If the Moonman should fail!" ("¡Si el Hombre Luna fracasa!"), y es una historia simplona y de continuidad, que comienza cuando los millonarios Tony Stark y Steven Grant coinciden en el puerto de Long Island, para charlar sobre su posible inversión (junto con una vieja aún más millonaria que ambos, llamada Mrs. Sissy Host II) en el Proyecto Neptuno, unas instalaciones submarinas de alta tecnología. Es probablemente la primera vez que vemos a Grant, la versión playboy de Spector, fuera de la mansión. Resulta que el vehículo submarino está tomado por los terroristas de IMA, y que es una trampa para atrapar en su interior a los tres ricachones. Grant consigue escapar en el vehículo individual, y se pasa buena parte del episodio husmeando por la ciudad en busca del ingeniero que diseñó el extraño artefacto, un tal Daryll Flowers, a quien consigue localizar (gracias a sus contactos en la ciudad, como Crawley) justo a tiempo antes de que a los atrapados en el mamotreto submarino se les acabe el aire. Un episodio extraño y con algunos agujeros de guión, que parecía simplemente una coartada improvisada para la aparición de CL.


Llega el momento de citar unos pocos "cameos bizarros" que coincidieron alrededor de aquel verano de 1982, en unos pocos tebeos de Marvel de aquellos... esto... de aquella época en la que Marvel sacaba muuuchos tebeos, y algunos eran muy, muy bizarros. En los años 80, la moribunda revista MAD seguía siendo lo más, y seguiría molando durante mucho tiempo. De hecho, había varias copias de MAD en los quioscos, un montón de revistas satíricas y contraculturales que se ciscaban en la cultura pop. No solo estaban Cracked, Sick o el National Lampoon, sino que Marvel Comics tenía su propia revista MAD: Crazy. Cabecera practicamente clónica de MAD, la fusilaba sin pudor y compartía secciones y artistas, pero solía traer muchas parodias de los personajes de la casa, aparte de algún que otro artículo o historieta genéricos. Existió entre 1973 y 1983, y por esta época encontré mención al Caballero Luna como invitado en su número 82... aunque hasta donde he podido escrutar solo salía dibujado en una viñeta sin firma, probablemente, me la juego, obra de Marie Severin:


Curiosamente, en este mismo mes de diciembre de 2019, los de Marvel han sacado un nuevo número 1 de la revista Crazy, con motivo de los fastos de celebración del 80º aniversario, y en él aparece de nuevo una parodia de Spector, pero ya llegaremos a eso... ¿o no? Por desgracia, no hubo ninguna historia de la mítica cabecera What if...? protagonizada por CL (sí que aparecería en su reverso bufo y paródico, What the--?!, ¡ya llegaremos!). Pero sí que hubo un número especialmente disparatado de What if...?, que era en sí mismo una autoparodia esperpéntica y muy divertida. Me refiero al número 34 del vol. 1, publicado también en agosto de 1982, y titulado genéricamente "¿Y si El Vigilante fuese un cómico de stand-up?".


Fue un disparate maravilloso, en el que veíamos versiones alternativas y desopilantes de montones de personajes de Marvel, en forma de páginas sueltas o viñetas únicas que proponían docenas de absurdos y extravagantes "¿qué pasaría si...?". Además de en la portada, Spector aparecía en un par de gags como estos:



...o en esta página completa, obra del mismísimo Bill Sienkiewicz:


Por aquella misma época tan dicharachera, MK también sería uno de los muchísimos invitados con frase al esperpéntico one-shot Fantastic Four roast, cuya portada rollo Where's Waldo? ya puse antes. Es un tebeo inconcebible. Inconcebido, escrito, prologado y abocetado por el ínclito Fred Hembeck, en el que participaron no solo cientos de superhéroes, sino también docenas de los artistas más diestros de la Casa, en una aventura absurda que, en efecto, comienza con una cena en la que los héroes rinden tributo a los Cuatro Fantásticos al estilo de los periodistas en la cena anual de corresponsales en la Casa Blanca, que ponen a caldo de bromis al presidente de los EE.UU. La verdad es que el tebeo es curioso y tiene buenos gags, y es una joya para los amantes de Hembeck, que suele ser el gran olvidado cuando pensamos en los artistas que hicieron grande a Marvel en la Edad de Plata. Además de alguna viñetita suelta (juraría que dibujada por Sienkiewicz otra vez), el Caballero Luna salía también en la portada (vista más arriba), y en el póster central, que es un montaje a partir de ilustraciones de todos los distintos participantes (CL es obra de Sienki, claro):


Nota a posteriori: el Roast de los Cuatro Fantásticos nunca había sido publicado en España hasta ahora; y ha aparecido traducido completo precisamente este mismo mes de diciembre de 2019, sin que termine de entender muy bien por qué, dentro del curioso tomo de Panini "50 años de Marvel en España".

Aunque hablando de splash-pages con multitud de personajes, de esas que tanto se llevaban en la época (George Pérez batiría todos los récords multitudinarios por entonces... aunque seguramente Todd Nauck le haya superado en sus recientes pósters para Secret EmpireLa búsqueda de Lobezno), añado a esta sección de "bizarrismos" un póster que hizo el inalcanzable Michael Golden como imagen promocional para el club de fans, la Merry Marvel Marching Society, en el que, claro, también está Spector:


Todos estos cameos de Spector, estas últimas ilustraciones y curiosidades bufas, parece que hubieran quedado mejor como un "Interludio" de esos que estoy colando a veces; pero lo cierto es que todos los tebeos glosados en este bloque salieron durante el verano de 1982, y además he aprovechado la coyuntura para leérmelos; así que no hacemos sino seguir el orden de lectura fijado. Caballero Luna era ya por derecho propio uno más en la Gran Familia Marvel, desde luego.


De regreso a la serie nodriza. Toca afrontar el número 21, que continuaba siendo un magacín de hasta 30 páginas. Pero antes comentar brevemente un asunto: mientras que los dos anteriores tenían historias más largas obra de Sienkiewicz (con su citado ayudante y sus viñetas abocetadas), la versión americana original de otros números ya glosados incluía algunos complementos inéditos aquí. Por ejemplo, en el número 15 venía un estupendo artículo de "Papá" Moench, ilustrado por Cowan, en el que introducía al personaje y su circunstancia a los posibles nuevos lectores de librería, y que es un documento histórico:


El número 17, primero de la saga de Arsenal, traía una historieta de complemento que no había mencionado, "La adoración de falsos ídolos" (Doug Moench / Denys Cowan / Josef Rubinstein; sí viene incluida en el tomo de Panini), en la que teníamos de nuevo como protagonista al Spector antes de Khonshu. Una historia sencilla y casi cómica, en la que conocíamos la faceta de cazatesoros de Marc, buscando estatuillas en un templo subterráneo del Perú... que, sin él saberlo, resultarían ser falsas (no sé si Moench conocía la leyenda real de las figuritas de Acámbaro o fue casualidad...; lo que sí es seguro es que Indiana Jones estaba muy de moda en ese momento). Y en el 18, aparecía otro artículo de enorme valor documental, esta vez de 5 paginazas, que recopilaba la historia hasta ahora, teniendo en cuenta las apariciones "apócrifas" para Moench. Algo así como un "Moon Knight Saga" ilustrado. Toda la trayectoria del héroe, infinitamente mejor sintetizada de lo que estoy haciendo yo aquí, se la curraba esta vez el escritor Alan Zelenetz (firmando como "Allen" Zelenetz). Resulta especialmente interesante este trabajo documental, sabiendo que Zelenetz pronto sustituiría a Moench en los guiones del personaje al final de este volumen, y también en el volumen 2 del que llegaría en 1984:


Y a partir del 21 habría a menudo historietas breves de complemento, a menudo escritas por el propio Zelenetz, a destacar los "Relatos de Khonshu" ("Tales of Khonshu"): historias que involucraban a otras personas que habían tenido contacto con el espíritu de la deidad egipcia, en forma de historietas con reminiscencias de las de terror de la EC. Pero golosas curiosidades al margen, volviendo a la trama principal del número que toca, el 21, Sienkiewicz se tomaba otro descanso y teníamos al legendario dibujante español Vicente Alcázar a los lápices, uno de nuestros artistas migrados durante el tardofranquismo, que realizó montones de trabajos para Fleetway, Warren, DC, Archie o Marvel. Aquí, entintado por John Tartaglione y Bob Camp. Es una historia estupenda ambientada esta vez en la ciudad ficticia de Mirebalais, Haití. Allí ha acudido Spector aceptando un trabajo como "mercenario sin causa" (ya que, en su personalidad de Grant, le sobra el dinero), alquilado por un misterioso gobernador para liquidar a un grupo de terroristas traficantes. Si bien, el líder de los narcos resultará ser el propio gobernador, Giscard, que a su vez (triple personalidad, como Marc) se convierte también en Grand Bois, una especie de entidad maligna y mágica. Y cuando en Marvel se hace referencia a Haití, no tarda en aparecer por allí el Hermano Voodoo, personaje místico muy habitual en la Marvel de los 70 y que parece que retomará su trato con CL en el futuro. Y por supuesto, allá donde esté Jericho Drumm aparecerán hordas de espíritus, zombis, zuvembies y aligâtores (...muertos vivientes con serpientes saliendo de las cuencas de sus ojos que cabalgan cocodrilos...). Marc resuelve la papeleta, renuncia al dinero del malvado gobernador, y enseguida aparece Frenchie para sacar al héroe volando. Acción trepidante y terror atávico y exótico.


El número 22 de la colección supone el regreso de Morfeo, que canaliza sus sueños dentro de los de Peter Alraune (el ya presentado hermano de Marlene), manifestándose en ellos, y lo tiene al borde de la muerte. Otra formidable historia sobre terrores nocturnos con este villano monstruoso que ataca a sus víctimas a través de las pesadillas, que tiene a nuestro héroe luchando contra la somnolencia y que, ojo, se adelantó dos o tres años a "Pesadilla en Elm Street" (Wes Craven, 1984). Morfeo ha conseguido que sus poderes de energías oníricas en forma de rayos negros, ahora puedan convertirse en una especie de doble de sí mismo, una sombra humana negra como el azabache que ataca a CL mientras el villano sigue en el hospital, donde le habíamos dejado en el número 12. El diseño de página es más grotesco de lo habitual, puro expresionismo con viñetas desordenadas, retorcidas y con los bordes trazados con fuerza, sobre todo en las escenas oníricas, cuando CL es atacado en sueños por sus propias personalidades y se ve obligado a luchar a muerte contra ellas (como muestra la portada). Como curiosidad, en sueños se le aparece también Obnoxio The Clown, el payaso loco mascota de la revista Crazy, en una de sus poquísimas apariciones en el Universo Marvel 616... aunque sea en forma de visión. El complemento de este número es un interesante "Relato de Khonshu" (por ZelenetzGreg LarocqueJoe Albelo) ambientado en la II Guerra Mundial, en el que unos soldados norteamericanos encuentran la estatua de Khonshu y esta les ayuda místicamente a repeler el avance de los nazis.
La historia termina en el número siguiente, con la pelea directa de CL contra Morfeo, recién huido del hospital, mientras continúa la lucha mental en el plano onírico. Todo termina con el trágico sacrificio de Peter, que decide dar su vida para curar a Morfeo/Robert Markham y acabar con su sufrimiento.


A continuación regresa también Vidriera Escarlata, con un episodio no menos trágico y oscuro. Harta de sufrir por las muertes de su hijo y su marido, Scarlett se ha convertido en una vigilante vengadora, que decide salir en busca del máximo culpable: un político corrupto y mafioso llamado Manny Sindone. Su plan consiste simplemente en ensartarlo con una ballesta. Y también ha decidido que solo la muerte podrá detenerla; así que el Caballero Luna se ve obligado a elegir, en el último momento, entre enfrentarse a Scarlett con violencia o dejarla actuar, puesto que realmente está acabando con escoria que lo merece. Un dilema moral semejante a los que se le presentan de vez en cuando a tipos como Daredevil o el Castigador, y que reflexionan acerca de la fina línea entre el superhéroe urbano y el fascista que se toma la justicia por su mano.


El número 25 de la serie es un especial de 48 páginas íntegramente realizado por Moench y Sienkiewicz, estructurado en capítulos. Narra la historia de Carson Knowles, un excombatiente de la Guerra de Vietnam, que cuando regresa a New York se encuentra con que no ha dejado atrás el infierno, sino que éste le sigue acompañando. Sí, una de esas historias trágicas que tanto inspiraron al Nuevo Hollywood, y que germinaron personajes desquiciados como Travis Bickle, John Rambo o Seymour Skinner. La sociedad le rechaza, su mujer le ha dejado y su hijo ha muerto, no encuentra ningún trabajo, y el consiguiente trastorno por estrés postraumático le transforma en un villano, Espectro Negro. La inspiración para convertirse en el Espectro Negro la encuentra en las noticias sobre el Caballero Luna que lee en la prensa, pero él se las atribuye a la inversa, deseando convertirse en su reverso tenebroso, su némesis perfecta. En una nueva trama de corruptelas políticas y conspiraciones, recluta a una recua de ayudantes en los billares de los bajos fondos, y obliga a varios políticos influyentes a ayudarle en su camino hacia la alcaldía de la ciudad, sometiéndoles a base de terror en su forma villanesca. El Caballero Luna está tan al límite en la lucha contra el Espectro Negro, y tan obsesionado con relacionarle con el prometedor aspirante a la alcaldía, que hasta Marlene le abandona y su relación pende de un hilo. La ruptura sobrevuela todo el tebeo, pero en el último momento, durante el mítin definitivo, CL vence a Espectro Negro y le desenmascara como el futuro alcalde Knowles. Espectro Negro me consta que aparece en alguna de las tramas de los volúmenes más recientes de CL y, salvo que los rumores estén errados, parece que aparecerá también en la futura serie de televisión de Marvel dedicada a nuestro héroe. En este tebeo conocimos su origen.
[Nota: repasando la edición original, descubro que el artículo de Sienkiewicz sobre las tres portadas inéditas que hizo para la serie, y que comentaba hace un rato, está extraido de este número]

(Anuncio inédito, visto en el nº 24)
Interludio: repasando la sección de correo de la edición norteamericana ("Knight Mail"), descubro un interesante asunto que desconocía hasta ahora. Un lector envía un comentario bastante poco halagador y muy crítico, destacando algunos detalles positivos de la serie, pero sobre todo criticando lo poco original del planteamiento, eso del playboy millonario que se disfraza de vengador durante la noche, etc. Y tras su firma, añade un lacónico «Sim sent me». El propio Moench es quien responde las cartas, y aclara a sus lectores que el tipo se está refiriendo a la parodia que había hecho poco antes el dibujante Dave Sim al final del número 30 de su serie, Cerebus:

¡Sí!, la mítica serie Cerebus, opus magna épica del artista Dave Sim, quizá la primera gran obra de auteur del tebeo underground norteamericano, auténtico icono del cómic de los 80 y 90, hizo un pequeño ¿homenaje? al Caballero Luna, a partir de su número 30, a través de un personaje paródico y con personalidad múltiple llamado... ¡MOON ROACH!:



Toda la serie de Cerebus es una compleja sátira de la sociedad norteamericana que alcanzó los 300 números, que no me he atrevido a leer hasta la fecha (tarde o temprano quiero hacerlo); pero por el momento, mis conocimientos sobre la misma son solo aproximados, muy limitados, y se me antoja algo bastante complejo de juzgar o comentar desde semejante desconocimiento. De hecho, dejo estos apuntes en "modo interludio", porque ni siquiera me he detenido a leer todos estos tebeos en los que aparece Moon Roach durante este Proyecto Moon Knight... claro que tampoco son precisamente canon del personaje. Pero consultando de pasada la Wikipedia, parece ser que Cockroach es un personaje muy habitual en Cerebus, que parodia los estereotipos del superhéroe norteamericano, especialmente los ofrecidos por la todopoderosa Marvel (las batallitas entre Marvel y las compañías indies eran continuas en aquella época), en la forma de un tipo que muestra abiertamente su "masculinidad tóxica" (como se dice ahora), que se disfraza de cruzado pijamero y que cree estar ayudando a la gente, cuando en realidad lo que hace es generar caos y destrucción a su alrededor.

De hecho, Cockroach tuvo otras encarnaciones parodiando a superhéroes Marvel, aparte de Moon Roach, como Captain Cockroach (parodia del Capitán América), Wolveroach (parodia de Lobezno, por culpa de la cual, por lo visto, Cerebus estuvo a punto de acabar en los tribunales, como se cuenta por ejemplo aquí y aquí), Punisheroach (El Castigador) o Swoon (parodia de Sueño, protagonista de The Sandman, la eterna serie emo de Neil Gaiman).

Así que, conste que por esta época (el número 30 salió en septiembre de 1981), Moon Roach se paseó durante una veintena de números por la serie del oso hormiguero antropomórfico y filosófico Cerebus, y tuvimos la ocasión de disfrutar de esta versión paródica y con antenitas del genial Sim. Era un personaje recurrente, que aparecía en un montón de viñetas, y que apenas se diferenciaba estéticamente de MK por las antenas...

Pero aún traigo otra curiosidad formidable, que probablemente no conocíais ninguno respecto a este asunto. Y cierro el círculo de este interludio, volviendo a las páginas del correo de los lectores, esa inagotable fuente de retro-conocimiento: resulta que en la sección de cartas ("Aardvark Comment") del número 30 de Cerebus, Dave Sim compartió un dibujito que le hizo el propio Bill Sienkiewicz en la Comic-Con de San Diego de 1981, que muestro a continuación, junto con el propio comentario en el que animaba a los lectores a escribir al correo de Moon Knight (editado por Dennis O'Neil, como menciona, asistido por Ralph Macchio). Una auténtica joya inédita, este abocetado The Macabre Moonvark:

Pero sigamos a lo nuestro. Aparcamos momentáneamente la serie madre, porque tocan cameos del Caballero Luna en un par de colecciones diferentes de Marvel. Estamos en noviembre de 1982, y Spector hizo una peculiar aparición en Peter Parker, The Spectacular Spider-Man nº 72:


Curiosa y caótica portada de Ed Hannigan, dibujante también de los interiores junto a Al Milgrom y Rick Magyar, durante una etapa de la segunda serie del Arácnido escrita por Bill Mantlo. Es una historia llena de sentido del humor, titulada "Waiting for Doctor Octopus!", centrada en un chaval gordito llamado Ollie Osnick, que es un geek que ha montado un club de fans de los supervillanos, y se ha construido un disfraz casero del Doctor Octopus para quedar a comer ganchitos en casa con otros colegas suyos que van disfrazados del resto de los Seis Siniestros. Llama la atención la recreación de la habitación de los chavales proto-ochenteros, llena de juguetes de Star Wars, pósters de los enemigos de Spidey tebeos de Marvel y juegos por el suelo. La historia trata sobre cómo el héroe detiene a unos ladrones que acaban de robar en su propio apartamento de Chelsea (incluida la estatua del indio de madera que le regalaron cuando se instaló allí varios años atrás, durante la fiesta de inauguración), al mismo tiempo que Osnick, cabreado porque sus padres no le entienden y le miman demasiado, se va a robar juguetes y videojuegos a una tienda. La policía busca a Osnick, confundiéndole con el verdadero Octopus, que acaba de escapar de prisión. Spidey atrapa a Osnick y le libra de la policía dándole los clásicos consejos del héroe, lo que provoca que el chico decida fundar un club de fans de Spider-Man.
¿Y qué tiene que ver todo esto con el Caballero Luna? Pues la verdad es que solo aparece al principio del todo, en la página que he compartido aquí al lado, porque su intervención se reduce a que... "pasaba por allí". Un cameo en toda regla para aportar sensación de "continuidad y pertenencia" a la narración. Es un episodio muy simpático y de esos llenos de referencias pequeñitas, con cameo también del propio entintador Rick Magyar, o por ejemplo unas tumbas en un cementerio con los nombres de las recientemente fallecidas Gwen Stacy y Elektra, junto a la lápida de... ¡Denny Colt!


Ese mismo mes llegó también a los anaqueles el número 87 de Power Man & Iron Fist. Titulado "Heatwave", escrito por Dennis O'Neil, dibujo y portada de Denys Cowan, tintas de Carl Potts. El Caballero Luna regresaba a la serie (ya lo habíamos visto en el número 73, en aquel pequeño arco que continuaba en la cole de ROM), pero ahora tenía un papel muy importante, e incluso aparecía en la portada. Todo comienza con Spector persiguiendo a un ladrón por las calles de Harlem, durante una tremenda ola de calor. Forcejean, y ambos caen dentro de uno de esos depósitos de agua de un tejado, tan habituales en los tebeos, perdiendo el conocimiento. Al cabo de 18 horas de no dar señales de vida, la acción nos lleva al despacho de los Héroes de Alquiler, Puño de Hierro y Hombre Poder, en el momento en el que reciben la visita de una pareja que quiere permanecer en el anonimato (los lectores sabemos que son Frenchie y Marlene; como detallazo de continuidad, Marlene se lamenta por la reciente pérdida de su hermano, acaecida en el número 23 de MK, que acabamos de leer), y que ofrecen una gran suma de dinero si encuentran al desaparecido Jinete Lunático. Los dos héroes, el de las artes marciales y el de la blaxploitation (menudo combo de tendencias en la cultura pop setenteras representaban estos dos), recorren las calles buscando a CL, llegando a preguntar al propio Crawley, y darán con su paradero cuando reciban otra visita en las oficinas: la de la esposa del criminal con el que peleó CL (la verdad es que no avanzan mucho en sus pesquisas por sí solos, y se llevan el dineral que les da Marlene sin hacer gran cosa). En el encontronazo con dicho delincuente que, por cierto, ha fallecido y yace a su lado al fondo del depósito casi todo el episodio, Spector recibió un balazo que le destrozó el telecomunicador escondido bajo la máscara, motivo por el cual está completamente aislado. Que Spector sea incapaz de escalar el depósito y quede allí abajo atrapado durante tantas horas, es un poco absurdo, pero bueno: el tebeo es muy entretenido y tan refrescante como un capítulo de Soul Train.
Y en el número siguiente de la serie, el titulado "No deadly drug!", tiene lugar uno de esos encantadores cameos breves que ya hemos visto unas pocas veces: los héroes funkies van por su Barrio Sésamo Negro de siempre, buscando ahora a un traficante, cruzándose con negratas con radiocasetes gigantes al hombro y con chuloputas con sombrero tocado por una pluma gigante, en su diario combatir contra los que pasan caramelos con droga a los niños... cuando pillan un taxi y quien lo conduce es el bueno de Jake Lockley, que en sus "bocadillos de pensamiento" se jacta de no ser reconocido.


El siguiente número a glosar de la serie de MK contenía dos historias. La primera de ellas, la de los apoderados Moench y Sienkiewicz, es la poderosa y recordada "Hit it!" ("¡Dale!"), a la que el propio dibujante se refería en Twitter (lo vimos hace un puñado de scrolls hacia arriba), apelando a la libertad creativa, ganas de explorar y entusiasmo que desprendían ambos. Es una de esas historias de corte social, de denuncia, contemporizadoras, que se dejan caer de vez en cuando por todo tipo de colecciones de superhéroes. Quizá la más eidética de ellas sea "El niño que coleccionaba Spider-Man" (segunda historia de Amazing Spider-Man nº 248, con fecha de portada de enero de 1984), pero esta misma semana, por ejemplo, releía uno de los últimos tebeos publicados en grapa en España de la serie Campeones, en el que Jim Zub se atrevió a contar la impotencia de la sociedad frente a los tiroteos en colegios norteamericanos. "Hit it!" es una historia con una fuerte carga emocional, pero al mismo tiempo es definitivamente extraña. Tal y como sugiere la portada, el Caballero Luna va a intervenir en un caso de abuso infantil; pero no es ni mucho menos lo que parece, lo que se puede deducir en un primer vistazo; baste decir que el tipo al que CL agarra de las solapas en la portada, es el adulto en el que se ha convertido el niño que sufría maltrato por parte de su padre. El episodio es un despliegue de expresividad artística, un jugueteo de Bill con los bocetos infantiles (lo que me recordó a la etapa de David Mack en Daredevil, justo después del reboot de Kevin Smith, tan "artística" que me resulta irritante; aunque esto no tiene nada que ver con nada), la descomposición de página, las tramas, las splash-pages, las onomatopeyas y los manchurrones de tinta a ritmo de jazz, mientras que el guión es una reflexión en torno a la sinrazón de la violencia que ni siquiera estoy seguro de haber entendido del todo. El tebeo debió de resultar tan transgresor, que se abría con una introducción-barra-advertencia del editor Dennis O'Neil sobre algo así como "los límites de la creatividad", que no se menciona ni reproduce en la versión española (reproduzco al lado el teaser exclusivo sobre el número siguiente que ya era costumbre que incluyeran en cada número de la revista):


En cuanto a la segunda historia, el propio Denny escribía y Keith Pollard dibujaba una aventurilla sobre un "Asesino de taxistas". Una trama un poco pocha sobre una mafia de hacendado que está pegando bazookazos a varios taxis, incluido el que conduce Lockley. No es ninguna maravilla, y sospecho que apenas fue un vehículo (nunca mejor dicho) para lucimiento del personaje del Comodoro Donald Planet, un Kingpin de tercera regional, que había presentado poco antes en la historieta contenida en Power Man y Iron Fist (número 87) recién mencionada.


Y hablando de Kingpin, aparecía en la cima del iceberg de una investigación de corrupción policial que desmadeja CL en el siguiente número, el 27, probablemente la historia que menos me ha gustado de cuanto he leído hasta ahora. Moench y Sienki descansaban, haciéndome temer lo peor a partir del momento en el que se ausenten por completo de la serie, dentro de nada. "¡Asesino de polis!" es un fill-in olvidable obra de Steven Grant, Joe Brozowski y Kevin Dzubin (portada de Frank Miller) que no solo resulta intrascendente y repetitivo (como digo, una persecución de una pareja de policías corruptos llamados De Rais y Fulcanelli, que nos importan un pimiento y que nos lleva hasta el siempre ubicuo gorderas, sin pelea épica, sin gracia, sin nada de nada, y de factura gráfica bastante mediocre), sino que hasta da un poco de rabia, porque este equipo creativo invitado se atreve a introducir notables cambios en el tono de la serie, insistiendo una y otra vez en que nuestro protagonista tiene problemas terribles para conciliar sus cuatro personalidades, hablan unos de otros en tercera persona e incluso se desprecian entre sí y se culpabilizan por errores del pasado... Cosa que no había sucedido hasta ahora, y que chirría sobremanera; casi parece que estemos leyendo una serie diferente. La historia se complementa con una ficha técnica ilustrada de los cuatro "lunacópteros" diferentes utilizados por el personaje hasta ahora.


Menos mal que enseguida vuelven los mayores, para traernos otra gran historia, cargada además de peso y retro-continuidad sobre la idiosincrasia del personaje. Todo comienza con el Caballero Luna pateando criminales en Riverside Park, cuando Marlene le llama por el interfono bajo la capucha para decirle que ha sido invitada para dar una conferencia en Sudán, sobre la excavación arqueológica que llevó a cabo en la tumba del Faraón Seti cuando conoció a Spector. Parten para allá, y visitamos de nuevo el lugar en el que el Espíritu de Khonshu poseyó a Marc. Todo resultará ser una trampa, orquestada por un criminal llamado Jellim Yussaf que lo que quiere es saquear la tumba, convencido de que sigue albergando un tesoro oculto. Tal como está narrado, resulta hermoso y emocionante volver a recorrer aquella tumba, y por supuesto Khonshu volverá a manifestarse cuando se le necesite allá abajo entre las trampas y las catacumbas. Pero sobre todo, llama la atención el estilo poético que utiliza Moench durante todo el episodio, con varias páginas sin diálogos sino basadas en un monólogo del narrador lleno de metáforas e imágenes líricas. En "Espíritus en la arena" se filosofa sobre los secretos a los que los granos de arena habrán asistido a lo largo de los milenios, o sobre si no será el viento un espíritu en sí mismo, y así. Una especie de poema visual secuenciado por el ya abiertamente extravagante dibujo del maestro Sienkiewicz, y con patadas voladoras. Como elemento simpático, casi bennyhillesco, mencionar que a Marlene la secuestran los cabrones con cimitarras cuando estaba a punto de yacer junto a su amado, así que se tira casi todo el episodio en ropa interior de encaje rosa por el yacimiento arqueológico. Ni Mariano Ozores lo hubiera hecho mejor. En esta ocasión, el complemento tras la larga historia son unos pin-ups de los personajes principales, en un pequeño portafolio obra de un autor que acababa de llegar al cómic mainstream, llamado Kevin Nowlan, y que pronto se iba a convertir en el sustituto de Sienkiewicz; empezando con una historia breve también en el número siguiente, "Coloquio" (escrita por Steve Grant), que consiste en una pequeña reflexión de Spector solo en la mansión ante la chimenea, enfrentándose a los "fantasmas" de sus distintas personalidades y su conflicto interior, de forma más "continuista" y menos "invasiva" que en la anterior incursión de Grant.


Y así llegamos tristemente al final de la era Sienkiewicz, que acababa de ser fichado por todo lo alto para hacerse cargo de la histórica serie de los Nuevos Mutantes de Chris Claremont. Moench y él se despidieron con una historia en dos partes realmente estupenda, en la que volvían a juntar al héroe de negro y plata con su "padrino" el Hombre-Lobo De Noche, Jack Russell. Cerraban el círculo, a través de tres noches seguidas de luna llena en las que ambas creaciones de Moench pasaban de ser enemigos a aliados para siempre. Se cerraban también algunos flecos relacionados con el Comité, y se introducía de paso un elemento que mola siempre: una secta de adoradores de satán, ataviados con túnicas con gorro puntiagudo con el emblema 666. La secta, liderada por el chiflado charlatán Schuyler Belial (a.k.a. Lucero del Alba), pretende secuestrar al joven Russell, para que al anochecer se transforme en lo que ellos consideran la Bestia, sacrificarle y compartir su sangre para hacerse uno con el Maligno. Por supuesto, Spector, Frenchie, Gena, Crawley y Marlene (que demuestra tener habilidades como hipnotista, y seduce al Hombre-Lobo para que no ataque a CL cuando se transforme, sino que le considere su compañero) desbaratan los planes y entregan a los fanáticos a las autoridades.


A propósito: estos dos episodios de despedida de Sienkiewicz, Moon Knight nº 29 y 30, se publicaron por primera vez en España en los números 8 y 9 de la colección Clásicos Marvel de Forum, y marcó también un pequeño hito para el tebeo español, de alguna manera, ya que fueron las dos primeras portadas realizadas por Carlos Pacheco, que a partir de entonces se haría todas las de la colección (y ya no solo pósters en diversas series). Y como todos sabemos, pronto se marcharía a Marvel UK y ahora es uno de los dibujantes más conocidos de la editorial norteamericana, generalmente asociado a los todopoderosos Vengadores. Y es un tío muy majo, además.

Interludio: a lo largo de 1983, el Caballero no aparecería como invitado en otras series tanto como los dos años anteriores. Hay que ir a buscarlo a sitios como la recién nacida Marvel Fanfare, esa revistilla que montó Al Milgrom, como ya he mencionado antes, que era muy fan del personaje. La cabecera duró 60 números, y contenía historias cortas exclusivas, generalmente protagonizadas por personajes secundarios y artistas menores, e incluso seriales alejados del mundo de los superhéroes, como las historias de espada y brujería ambientadas en los Weirdworlds (el Reino Salvaje), ese lugar tolkieniano que acabará siendo una especie de dimensión paralela que visitarán los superhéroes de vez en cuando. Nació en esta serie, y fue creación del propio Moench. Por lo demás, pronto veremos alguna historieta breve del Caballero Luna en Marvel Fanfare, pero el propio Milgrom se retrató junto al personaje en el número 8, presentando un portafolio de geniales ilustraciones de Bill Sienkiewicz (Dazzler, el Dr. Extraño, Hulk, Thor y Sheena):

Marvel Fanfare se completaba con otras columnas, como las del jefazo Jim Shooter, y con portafolios de artistas de todo pelaje en todos los números. Es en este tipo de trabajos en los que vemos ilustraciones del personaje hechas por manos ajenas, como esta del número 10 (agosto de 1983) de Brent Anderson...

...o esta otra, que la he sacado del número 25 (marzo de 1986), adelantándome un poco en el tiempo, pero creo que merecía la pena traerla ahora, ya que se trata de una comission oficial, realizada oficialmente para Marvel, publicada en un tebeo de Marvel, obra del ínclito ¡Dave Sim! Sí, tras dar la tabarra con su Cerebus y ciscarse una y otra vez en Marvel, dejó por aquí varias ilustraciones de los propios supes de Marvel, incluido el Cucaracha Caballero Luna:


Otro pequeño hito de la Marvel de 1983 fue la serie limitada de Ojo de Halcón, publicada al año siguiente en España en forma de tomo de tapa blanda, por la recién nacida Cómics Forum, dentro de la inconmensurable Colección Extra Superhéroes (número 5). Para los Marvel Zombies españoles de mi generación, es un objeto-de-poder ochentero tan mítico como la Mirinda o Espinete, si no más. En un futuro no muy lejano, el arquero Clint Barton y Marc Spector formarán equipo en los Nuevos Vengadores, pero distintas webs de referencia me indicaban que ahí había un cameo del Caballero Luna, así que me tocó releerla, encantado de la vida. Fue un acto de amor realizado por el llorado Mark Gruenwald, uno de los guionistas de Marvel a los que se recuerda con más cariño, e incluso se atrevió a dibujarla; aunque, como él mismo dice, los entintadores (Brett Breeding, Danny Bulanadi, Eliot Brown, Ian Akin, Brian Garvey y Eliot R. Brown) se encargaron de corregir el estropicio. Es una historieta estupenda y muy divertida, que engrandeció la figura de Ojo de Halcón, y que abrió de paso la costumbre de dedicar, al vengador morado favorito de millones, montones de series limitadas breves, aún en nuestros tiempos (de lo mejor de 2012 fue la que hicieron Matt Fraction y el español David Aja deconstruyendo al personaje; yo mismo hablé de ella aquí). También elevó su relación con Pájaro Burlón a la categoría de leyenda, en la línea de la de Indiana Jones y Marion Ravenwood o James Bond y... alguna suripanta. Y por la serie desfilaron personajes loquísimos que me fliparon de niño, como el bizarrísimo Bola de Billar (Oddball), ¡un supervillano que lanza bolas de billar de colores que tiene pegadas al pijama! El caso es que he vuelto a disfrutar de esta formidable historia. Pero en lo que respecta a la hagiografía del Caballero Luna que nos ocupa, lo cierto es que solo sale en un flashback hacia el final, cuando hace acto de presencia otro maloso de traje guay, Crossfire, y se rememora su primera aparición, ya vista, en aquel Marvel Two-In-One de 1979 protagonizado por La Cosa y CL.


El resto de números que compondrían el volumen 1 de MK, del 31 al 38, suponen un baile de escritores y dibujantes que termina de sepultar la serie. Sienkiewicz aún se encargaría de algunas portadas (las demás son de Carl Potts), o de entintar uno de los episodios (en el número 33) junto a otros tres artistas. Pero no quedaba claro si el destino de la serie lo abanderaría el propio Moench, el pupilo Alan Zelenetz o el recién llegado Tony Isabella, que se repartían los arcos al parecer aleatoriamente. El tamaño de cada revista, de 32 páginas, con algún número alcanzando las 48 (el 35), haría necesario continuar con la tónica de las dos historietas por ejemplar, lo que estimularía aún más la sensación de revoltijo, de disparatada antología de relatos de relleno sin rumbo, hechas por cualquier mindundi que pasara por allí. Sensación que se obstina en permanecer hasta el final, pese a que gráficamente el tebeo es agradecido, convirtiéndose en una especie de cenáculo de artistas que daban sus primeros pasitos y que acabarían siendo estandartes de la industria, como el citado Kevin Nowlan, Bo Hampton o el mismísimo Marc Silvestri, a quienes resulta interesante descubrir en esta etapa inicial. Silvestri (que en realidad solo dibujaría un capítulo) es uno de mis dibujantes favoritos de todos los tiempos, y a medida que se fue empapando del espíritu de los Kubert y los Buscemas lograría cimas como su etapa en Lobezno junto a Larry Hama, que amo por encima de todas las cosas y me he hartado de recomendar aquí y allá, su paso indeleble por Uncanny X-Men o sus primeras páginas como creador completo, en Image, de esos Cyber Force horribles y suecados del estilo Claremont pero que a mí me entusiasmaron y aún me hacen salivar. Por su parte, Nowlan era al principio un aséptico cruce entre Barry Windsor-Smith y Jim Lee (lo que es un extraordinario halago), aunque poco hacendoso con los fondos, antes de convertirse en ese dibujante inconfundible, frío pero fascinante en la línea de Mike Mignola. Aquí, la verdad es que ambos cumplen con corrección pero sin florituras, a años luz de la personalidad arrolladora a la que Sienkiewicz nos había acostumbrado. Pero conste que la elección del floreciente Nowlan fue un brillante intento de perpetuar la calidad de la cole. Las historias también se estancaron en el vigilantismo urbano de corte ligeramente social, sin demasiada enjundia, haciendo perder el interés hasta al Lunalieber más recalcitrante.


Ahondando en los contenidos, los dos primeros números ("A box of music for Savage Studs" y "When the music stops...") conforman un pequeño arco protagonizado por un pandillero que forma parte contra su voluntad de unos punks que extorsionan a los humildes tenderos de la pequeña calle comercial portuaria de Dough Row, en Brooklyn, llamados Los Potros Salvajes. Correcta historia de Moench y Nowlan sobre violencia urbana y posterior redención moralista, que me recordó al episodio "Aburridos" de Búscate la vida («Chupas de cuero, navajas, apodos horribles... ¡¡sois gamberros!!»). Complementan los números la cáustica, pocha y brevísima historieta de baratillo "Pilotando por cielos amigos" (Steve Ringgenberg, Mike Hernandez y Kevin Dzuban), y el episodio dibujado por Silvestri, la fallida reflexión "Cáncer" (de Alan Zelenetz, embellecida malamente por el también debutante en Marvel, Gary Kwapisz).
La serie, como digo, se estaba anquilosando, y además a partir de este número 32 pasó a bimensual, lo que no era precisamente un buen augurio.


El siguiente número supondría la despedida definitiva de Moench, al menos por aquella década. Una historia de 30 páginas en la que se estrenaba Joy Mercado, reportera del Daily Times, que pronto pasaría al staff del Daily Bugle y sería secundaria fija en las coles de Spider-Man de principios de los 90. Aquí protagoniza una fábula un poco absurda, cuando está triunfando en la prensa redactando cada semana un reportaje a un "héroe local" al estilo La gente de Bart, y va a entrevistar a un macarra violento con la cara tatuada llamado Druida Walsh, justo antes que al Caballero Luna. Para acceder al intratable Walsh, Joy decide engañarle, simulando una especie de cita. Cuando al día siguiente el camorrista se entera por la prensa de haber sido estafado y puesto a parir ante todos los lectores, va a buscar a la periodista, que está en ese momento entrevistando a Spector, para vengarse y organizar él la frustrada cita romántica, pero con letales y explosivos resultados, que CL desbaratará a base de artes marciales. Una historia extraña y simplona, en la que Moench se dejó de prosa poética y soliloquios yendo al grano de la acción, pero que, qué demonios, es amena, funciona y se disfruta, aunque solo sea por todo el servicio prestado por el guionista y la frescura de Nowlan dibujando muchas secuencias de puñetazos y patadas voladoras.


Cambio de rumbo en estos estertores de la serie, cuando O'Neill se trajo como escritor a Tony Isabella, vieja firma conocida de la Edad de Bronce (fue el creador de personajes como Misty Knight o el Black Lightning de los Outsiders de DC, que ahora cuenta hasta con teleserie propia), que andaba semi-retirado como columnista en Comics Buyer's Guide y regentando su propia tienda de tebeos en Cleveland (detallitos que contaba O'Neill en los textos de relleno a toda página que incluía a veces para cuadrar los contenidos de la gruesa revista). El capítulo "Primal scream" narraba cómo unos vertidos ilegales en un callejón de los arrabales de la Gran Manzana había causado una especie de mutación que convertía a los delincuentes en una especie de zombies hambrientos. Entre ellos está un muchacho llamado Frank, a quien Gena Landers tenía mucho cariño y que ahora está atacando y saqueando el Gena's Diner. Una nueva reflexión sobre la sinrazón de la violencia callejera dibujada por el espectacular Bo Hampton, empapado de los nuevos aires que andaban trayendo esos jovencitos apellidados McFarlane, Larsen, Liefeld, etc. en las series más vendidas. El complemento de este número es una bizarrísima historia titulada "Scorecard!" ("¡Marcador!"), homenaje de 6 páginas a las historietas de terror de la EC, con remedo de Guardián de la Cripta incluido. Una cosa extrañísima. En la pre-portadilla final de la última página, que ya ni siquiera dibujaba Sienkiewicz como hasta entonces (no viene firmada, pero probablemente es de Carl Potts), anunciaban la visita a la cabecera de la Patrulla-X y los Vengadores (falso teaser, encima, pues en el número 35 se citaba a la Patrulla y a los Cuatro Fantásticos), nueva muestra de la decadencia y la mendicidad argumental, lo de tirar de personajes superventas para reclamar atención.



Dicho número doble, el 35, comienza con un robo en una azotea perpetrado por La Mosca Humana, secundario semi-cómico de Spiderman en la línea del Zancudo o la Rana Saltarina, que en su confrontación con el Caballero Luna deja a este impedido, en silla de ruedas y amenazando con su retiro definitivo. Como curiosidad, como Clave de Continuidad Conceptual, mencionar que una nota a pie de viñeta nos anima a leer el Peter Parker, The Spectacular Spider-Man nº 86 para saber qué hizo la Mosca Humana tras derrotar a Spector; dicho episodio es ni más ni menos que el correspondiente al "Mes del Editor Asistente", aquel tebeo oficial de Spiderman escrito y dibujado por el dibujante humorístico de narizones Fred Hembeck, una vez más.

Interludio: El "Mes del Editor Asistente" proyectado en aquel lejano septiembre de 1983 (aunque los tebeos salieron a la calle con fecha de finales de año o principios de 1984) fue un invento que supongo que tendría cierta base real, que dejaba algunas colecciones en manos de autores distintos a los habituales coincidiendo con la Comic-Con de San Diego, permitiéndoles, supuestamente, libertad absoluta para hacer locuras con la cabecera; aparte de este mítico tebeo de Spider-Man dibujado por Hembeck "a lo Mortadelo y Filemón" (para entendernos), el Mes del Editor Asistente nos dejó una docena de otras joyas marcianas como Alpha Flight nº 6, en el que John Byrne se marcó 6 páginas en blanco durante una pelea en la nieve (llevando al extremo el chiste de What if...? #34 que vimos más arriba, y que involucraba a nuestro CL); numerosas visitas a las oficinas de Marvel llenas de cameos; la visita de los Vengadores al Late Show de David Letterman; aquel tierno y seminal "El niño que coleccionaba Spiderman"; o el inenarrable Marvel Team-Up protagonizado por Tía May y Franklin Richards derrotando a Galactus el devorador de mundos, entre otras troleadas.


Este número 35 del Caballero Luna fue perpetrado por la editora asistente Linda Grant, y es bastante disparatado y colorista, pero sin llegar al nivel de otros mencionados, ni estar lleno de chistes o cameos. Tampoco llevaba el sello de advertencia del "evento" en portada, como casi todas las demás. Era especial en el doble número de páginas y en la visita de los otros grandes héroes de Marvel, que debido a este evento exótico podría considerarse justificada y que era una verdadera novedad en la serie, tan ajena hasta ahora de los tejemanejes del resto de héroes Marvel; lo que sí resulta encantador es esa conexión con la historieta de Hembeck de la patética Mosca Humana, y que sea precisamente este villano de chicha y nabo el que deje en silla de ruedas a Spector.
También destaca, como decía, la aparición de otros personajes muy queridos del Universo Marvel. Para conjurar a la Patrulla-X y los Cuatro Fantásticos en el mismo escenario que el Caballero Luna, se requiere la presencia de un personaje nuevo, una muchacha de origen soviético llamada Bora, que resulta que es una mutante con habilidades sobre el clima. La chica es una bailarina de ballet frustrada, que ha llegado a Nueva York con la intención de sabotear una presentación por todo lo alto de una obra, al haber sido rechazada en ella por ser demasiado alta. Bora, de nombre real Anzhela Federova, tiene 14 años y tras desarrollarse sus poderes mutantes latentes creció hasta los 2,03 metros. CL descubre que han sido atacados y asesinados dos de los miembros de la compañía, y sospecha que su siguiente ataque tendrá lugar durante el estreno de una obra de fama mundial en la ciudad. [Nota extraordinariamente nerd: si nos fijamos en un póster a las puertas del teatro, o en el desarrollo de la función en un momento dado, descubriremos que la obra es "Laurencia", un "coreodrama" de ballet contemporáneo compuesto por Vakhtang Chabukiani sobre música de Alexander Krein, basado en "Fuenteovejuna", de Lope de Vega. Los dos bailarines a cuyos asesinatos asistimos se llaman Sergey Valberg y Mariya Andreyanova... ¿la versión Marvel de Maya Plisetskaya?]. Para saber cómo detener a Bora, CL realiza una visita a la Mansión de Xavier (justo después de hacer acopio de todas sus fuerzas y levantarse de la silla de ruedas, a la que en la página 7 parecía que iba a a seguir atado de por vida, y que solo le dura 19 páginas), y éste se pone en contacto con los Cuatro Fantásticos. Así, el tercer acto del episodio transcurre dentro del teatro, en el que pronto hace aparición la malvada Bora, y entre el público se encuentran, además de Steven Grant/Caballero Luna y Marlene, nada menos que Charles Xavier, Ororo Munroe (con su añorado peinado mohicano), Kurt Wagner, Logan, Kitty Pryde, Piotr Rasputin, Reed y su esposa Sue Richards, Johnny Storm y el pétreo Ben Grimm. La traca final es una pelea estupendamente dibujada por Nowlan, con el aliciente de tener como invitados a la Patrulla-X de la "segunda Génesis", en su momento más querido, además de a la Primera Familia de Marvel.


En el siguiente número también tenemos superhéroe invitado. Estaba claro que llegaba la hora de unir los destinos de Marc Spector y Stephen Strange, con su socorrida sabiduría mística, sus paseítos por el plano astral y toda la pesca; que es algo que le viene al pelo a un personaje netamente neoyorkino pero de origen totémico como es el Espíritu de Khonshu. Los tres episodios que quedan hasta el final de la serie son obra de Alan Zelenetz y Bo Hampton (en solitario o con apoyo en las tintas de Armando Gil), con portadas del mismísimo pintor Mike W. Kaluta. Zelenetz, como ya sabemos, se haría cargo del personaje en su siguiente encarnación editorial, se había empapado de la historia del personaje (como vimos, cuando escribió ese largo artículo biográfico unos cuantos números atrás), y estaba dispuesto a hurgar en la idiosincrasia mitológica (egiptológica) del personaje, y en su pasado. Y son tres números, al margen del dibujo algo estático, presuntuoso e inseguro de Hampton (por otro lado, con composiciones de página espectaculares cuando hace falta), verdaderamente interesantes. Para que el Doctor Extraño haga acto de presencia, la historieta empieza en el siglo XX a.C., cuando conocemos al poseedor del espíritu de Khonshu por entonces, un sacerdote llamado Thosbi, en su lucha contra el malvado nigromante Amutef, a quien encierra dentro de una joya. De vuelta al siglo XX d.C., dicha joya está incrustada en un collar, que cuelga del cuello de... Marlene Alraune. Y el Doctor Extraño descubre la presencia del nigromante, que ha conseguido manifestarse fuera de la joya en la actualidad. Sin saber por qué, el Caballero Luna sufre accidentes insólitos, pero no cree las advertencias sobre que se trata de espíritus a los que él no puede ver, ni que la vida de Marlene corre peligro. Solo al final del episodio requerirá la ayuda de Strange para realizar una especie de exorcismo. Aunque la historieta, titulada "Fantasmas", es anterior a la primera "Cazafantasmas", esa especie de ectoplasmas fluorescentes denotan ecos de esta, o tal vez fuese una casualidad.


Finalmente, Zelenetz nos trae una gran revelación sobre la figura de Marc Spector para este doble canto de cisne que supusieron los números 37 y 38, fin de la serie, indagando en su pasado familiar. La versión breve de esta gran revelación, se puede resumir de la siguiente forma: el Caballero Luna ES JUDÍO.

 
La versión americana seguía contando con ilustraciones y textos con grandes letras "de relleno" del editor,
para cuadrar las muchas páginas. La de la derecha, avancel del último número, sería la última ilustración de
Sienkiewicz en toda la serie, y es totalmente inédita en España. La de la izquierda es de Dave Cockrum.

¿Recuerdas el clásico episodio de Los Simpson "De tal palo, tal payaso", de la tercera temporada? En él descubrimos que Krusty el Payaso lleva décadas sin ver a su padre, el Rabino Krustofski, desde que tuvieron una fuerte discusión debida a las inclinaciones artísticas de Krusty y su pasión por el lanzamiento de tartas y la cuchufleta. Pues, a grandes rasgos, salvando las distancias y cambiando lo payasil por el mercenariado, el caso omiso a la palabra del Señor, el boxeo y la violencia en general... esa misma es la historia de la relación de Marc Spector con su padre, el Rabino Elias Spector. Ahora sabemos también que la infancia de Spector transcurrió en Chicago, donde Elias Spector se encuentra en el lecho de muerte. Marc no quiere saber nada de él, y se niega a viajar para rendirle sus respetos. En su lugar, se dedica a dar mamporros a varios malhechores, esa vía de escape que había encontrado como soldado de fortuna cuando abandonó a su padre, 18 años atrás.


Ya habíamos conocido mucho tiempo atrás al hermano de Marc, Randall Spector, y asistimos a su (presunta) muerte; en estos dos números se nos cuenta también que su madre falleció cuando Marc era niño, y ahora conocemos a Elias... justo para descubrir que acaba de palmarla también, ante la indiferencia del hijo prófugo. Solo entonces Marc viaja hasta Chicago, lleno de rabia, para asistir a su funeral, y de paso conocer un puñado de tradiciones yiddish de esas que tanto gustan airear los escritores judíos como Zelenetz. La cosa se pone verdaderamente macabra cuando descubrimos los escalofriantes planes del villano de la historia, Reuben Davis, que ejerce de sacerdote durante el funeral, pero que en sus ratos libres se viste con un fantástico hábito rojo con capirote, y está orquestando no solo el incendio de sinagogas, sino también el robo de varios manuscritos de Elias Spector e incluso... la profanación de su cadáver. Pintadas con esvásticas, destrozos en cementerios y la desaparición del cuerpo del rabino tienen un oscuro objeto cabalístico: Davis, en su alter ego encapuchado de Rohan, es un fanático seguidor de la Cábala, y pretende resucitar al Rabino. Igual que hizo en su juventud, Marc y su "modo de vida sucio y violento" deben enfrentarse a su padre, esta vez en modo zombi... Todo bastante épico, tremendo, dramático y... la verdad es que muy, muy guay. Este doble episodio final es fantástico, un hito en la vida del héroe, nos vuelca encima un montón de información y contexto sobre su pasado (uno muy concreto y rico, además), y no es fácil narrar en un tebeo este tipo de historias familiares, de división generacional, de ruptura con las tradiciones. Incluso se deja caer la idea de que si bien Marc Spector se refugió en el boxeo y la violencia para huir de la ortodoxia y el férreo control de su padre, la creación de su personalidad millonaria, comedida, educada, flemática, ultra-educada y correcta, Steven Grant, no es sino la catarsis de esos mismos valores heredados del rabino y que tenía reprimidos, lo que es un requiebro argumental extraordinario. Para Zelenetz, ¡Steven Grant es la versión judía ortodoxa (no practicante) de Marc Spector! ¿A que nadie lo había visto venir? Es un colofón extraordinario a la que había pretendido ser una compleja serie de aventuras para adultos, y uno de esos pocos momentos en los que en un tebeo de Marvel se habla de religión. No sé si todo este nuevo background religioso cuajará en la serie en adelante, pero lo que tampoco se le escapa a nadie es que el joven Marc Spector refugiado en el boxeo, así como el trasfondo religioso, parece un eco de la nueva dimensión con la que Frank Miller dotó al personaje de Daredevil, sacando al personaje de las dos dimensiones y haciéndolo complejo, poliédrico y profundo.


Pero, ¿sabes un secreto? Que Alan Zelenetz y Bo Hampton en el Caballero Luna lo hicieron antes.

Quizá con menos enjundia, con menos épica, con menos proyección, con menos ambición, con menos destreza, en un mal momento, de forma algo más maniquea y estrambótica... Y es cierto que toda la etapa de Miller en Daredevil está llena de "grandes revelaciones" y de reflexiones profundas, también en las etapas previas a Born again. Es posible que lo que estaba sucediendo en el Daredevil de Miller y Mazzucchelli (serie también editada por Denny O'Neill, por cierto) tuviese cierto eco en la serie del Caballero Luna, pero que conste que la "explosión piadosa" de CL tuvo lugar dos años antes que la de DD, y eso poca gente lo tiene en cuenta.



Dije hace un momentito que la ilustración de avance del número 37 para el 38, sería lo último que haría Sienkiewicz para la serie del Caballero Luna. En realidad, alguna portada veremos en los próximos años, pero por esta etapa, Sienki se despedía totalmente ahora. Pero, en realidad, hubo una penúltima colaboración, como complemento del mismo número 37: una historieta en forma de 5 ilustraciones a toda página, protagonizada por Crawley, escrita y dibujada por él. Fue un regalo de despedida curioso y emotivo (que también está incluido en el tomo "Eclipse" español).
Interludio: pues a falta de un último cameo de CL en un tebeo de Marvel ajeno, cuya lectura afrontaré a continuación, aquí termina la primera etapa de mi (por otro lado, recién iniciado) análisis de la lectura de las Obras Completas del Caballero Luna. Y antes de pasar a la segunda etapa, quisiera hacer algunos comentarios más sobre todos estos tebeos, especialmente sobre el trabajo de Doug Moench y Bill Sienkiewicz en la serie. Porque además de leerme todos esos tebeos, estos días he estado también leyendo mucho texto teórico sobre ellos. Y no quiero dejarme ningún detalle por comentar; al tiempo que recomiendo esas mismas lecturas, por supuesto; o cualquier tratado sobre esta época de Marvel, que siempre es una delicia.

Como he ido comentando en la mayoría de los casos, en muchos de estos cómics, tanto los publicados en España como los orginales norteamericanos, se incluían textos de apoyo, a menudo escritos por los propios autores. He juntado cerca de 80 páginas de artículos, en ambos idiomas. Ya cité (y compartí aquí mismo; lo podéis ampliar y leer haciendo un rato de scroll hacia arriba) el texto del editor de la revista The Hulk!, y posterior editor asistente de Moon Knight, Ralph Macchio, escrito para el número 21 de Marvel Preview. El titulado "Full phase". Es uno de los primeros textos sobre aquel crucial momento en el que el Destino congregó a Moench y Sienki, y además de los agradecimientos y brindis, cuenta algunas curiosidades que luego se hicieron muy conocidas. Pero un detalle importantísimo se me había escapado: y es que Ralph menciona que el personaje no solo despertó interés entre los lectores de Marvel, sino que varias editoriales europeas se empeñaron en publicar las historietas de CL en solitario en su propia cabecera (se está refiriendo, sin ir más lejos, a lo que hicieron Mundicómics-Vértice y luego Surco aquí en España, por ejemplo, que se materializaron a partir de 1981); pero lo que más me llamó la atención en esta relectura fue que en Japón decidieron dedicarle un manga al personaje, en el lejano 1979.

Como es bien sabido, a mediados-finales de los 70 Stan Lee relegó lo de ser el más afanoso de la editorial, para dedicarse a abrir nuevos caminos transmedia en Marvel. Y puso su punto de mira en Japón. De aquellos mimbres surgieron cestos como el manga de Supadaimanla serie tokusatsu de Spider-Man de la Toei, el super-sentai Battle Fever J, el animé "Tomb of Dracula", etc. La propia existencia de los Power Rangers, años después, le debe bastante a aquellos viajecitos de Stan Lee, pero esta es una larga historia que no viene al caso ahora. Lo que sí es alucinante, y yo al menos no lo sabía hasta que he hecho una búsqueda hoy mismo, es que se llegó a realizar un manga protagonizado por Moon Knight: GEKKOU KISHI, obra de Gosaku Ōta (quien fuera asistente de mangakas tan eminentes como Shotaro Ishinomori y Go Nagai), publicado dentro de uno de esos "listines telefónicos" llenos de mangas seriados (uno llamado Televi-Kun):

Por lo poquito que sé de esta historia (puede que esté equivocado), en un principio lo iba a licenciar la propia Marvel, pero al final no se llegaría al acuerdo correspondiente, y vio la luz de manera "alegal".

Así que Marvel ha soterrado este asunto todo lo que ha podido, sin darle mayor importancia, y por supuesto sin publicarlo nunca oficialmente. Pero, existir, existe, y en varios lugares dan fe de ello.

Gracias a las poquísimas imágenes que hay por ahí del manga, podemos aventurar que al protagonista le habían endosado un sidekick jovencito, que además de los shurikens o dardos-luna utilizaba una espada en lugar de los caestus originales, o que tenía una fuerza portentosa. También se rumorea que, como sí sucedió con Spiderman, estaba previsto que saltara a la tele nipona; esta vez, con formato de animación. Al parecer, la serie de animé del Caballero Luna se iba a estrenar después de la de Supadaiman si se hubiese cerrado el asunto, y estuvo tan cerca de hacerse realidad que incluso existe alguna (supuesta) ilustración sobre cómo iba a ser el personaje:

Quizá no tenía demasiado sentido poner a competir comercialmente a Gekkou Kishi contra el poderosísimo Gekko Kamen (Capitán Centella en España, Moonlight Mask en USA), creado en 1958, y con un aspecto "lunero" demasiado similar:

Pero quiero añadir un detalle a la rumorología y las teorías de la conspiración: ¡Sailor Moon es muy posterior, de 1991...!

Bromas aparte, qué no daría yo por una copia de Gekkou Kishi... Pero cambio de tercio, porque he leído bastantes más cosas muy interesantes sobre el Moon Knight de Moench y Sienkiewicz. Sobre todo, en un texto de 11 paginazas en las que consiguieron volver a juntarles y entrevistarles. Fue para el número 90 de la revista especializada Back Issue, con fecha de abril de 2017:

El autor de la entrevista fue Christopher Larochelle, y debido al tiempo transcurrido básicamente es un repaso a todo lo acontecido: cómo llegó Sienkiewicz a Marvel, por qué se encargó de ese personaje y no de otro, qué relación tenía con Moench, curiosidades sobre historias o portadas concretas... Es verdaderamente sugestivo, aunque, lógicamente, muchas de las cosas son bastante conocidas y se han mencionado muchas veces (al parecer Sienkiewicz es muy accesible, aunque no conozco otra entrevista tan específica del asunto como esta). Citando cosas de memoria, por ejemplo, Bill hace hincapié en que el mismo día que él debutó en Marvel, lo hizo el colorista de su primera historia, el ya mencionado Steve Oliff. No deja de ser interesante, por las diferentes dimensiones que tomarían sus carreras, y le honra destacar el trabajo de este pedazo de colorista (Oliff fundaría a finales de los 80 Olyoptics, compañía que revolucionaría en cierto modo la industria, siendo los pioneros en esos colores brillantes en papel satinado que se aplicaron primero en la editorial Malibu, enseguida en la explosión de Image de Jim Lee, Todd McFarlane, Erik Larsen y compañía, y pronto monopolízaría todas las editoriales hasta el día de hoy). Se habla, por supuesto, de Batman. Sobre si CL es realmente "el Batman de Marvel". Moench niega la mayor, y el hecho de que el personaje naciese de esa forma tan bizarra, como maloso puntual del Hombre-Lobo, da crédito a esa idea; pero siendo Moench un fan declarado de Batman, que llegó a escribir al personaje de DC durante grandes y recordadas etapas, y que finalmente le transformase en un millonario... Pues debe ser el lector quien juzgue si a Moench se le cruzaría el Hombre Murciélago por la cabeza o no. Bill, desde luego, asegura que cuando le encargaron el personaje, Al Milgrom le dijo una famosa frase: «Ya que DC no publica buenas historias de Batman, vamos a hacerlas nosotros», así que el propio Bill se siente culpable de promover este paralelismo. Charlan sobre el proceso creativo, sobre cómo Bill tuvo que rehacer un número entero por capricho de Jim Shooter, o sobre que la portada del número 19 le taparon todo el fondo con un horrible póster de Arsenal, sin que él lo supiera, por alguna peregrina decisión editorial (como demuestra el corta-y-pega de la página original), y que odia profundamente esa portada:
Para Moench, su trabajo en Moon Knight es por supuesto entre lo más querido que hizo (junto con Master of Kung-Fu, o los "The big book of..." que hizo para Paradox Press; para mí son también auténticas joyas entre mis favoritos, los segundos los he releído mil veces en el tablet y los he usado varias veces en mis fanzines. Y la etapa de Moench y el malogrado Gene Day en Shang-Chi es oro puro); para Bill, lo que recuerda con más orgullo junto a Elektra: Assassin. No hay grandes revelaciones en la entrevista (si acaso, que Sienki rechazó dibujar los Uncanny X-Men de Claremont y prefirió los New Mutants, cosa que al menos yo no sabía), pero sí mucha emotividad y detalles curiosos del proceso de trabajo, y es altamente recomendable su lectura.
 Portada alternativa de Sienkiewicz para Before Watchmen: Dr. Manhattan nº 4 (2016)
Esta misma semana, el recomendadísimo blog de mi amigo Frog2000 ha estado publicando, traducida por él mismo y en cinco partes (i, ii, iii, iv, v), la transcripción de una charla sobre Watchmen en la que participaron los propios Alan Moore y Dave Gibbons. Cuento esto, simplemente, porque leyéndola en medio de este marasmo obsesivo de lecturas del Caballero Luna, encuentro en un breve instante de la primera entrega cómo se apoya mi teoría de que el nº 9 de Moon Knight tenía una composición de página que pudo influir en Watchmen. Concretamente, el editor de la revista en la que se publicó originalmente, Comics Interview, recordaba a Moench como uno de los que utilizaron ese tipo de narrativa apoyada en la repetición de un formato concreto de viñetas en todas las páginas. Quiere el azar que dicho editor sea David Anthony Kraft. Sí, el mismo autor al que citaba hace un buen rato yo aquí mismo, ya que se encargó de escribir (y colorear) el arco de The Defenders en el que participó Spector. El círculo se cierra, de alguna manera. Simplemente quería dejar constancia de la serendipia, pero de paso os dejo también este par de entrevistas que hay en ese imprescindible blog, realizadas a Doug Moench, que también tratan todas estas cosas que me interesan: "Doug Moench y los monstruos" (primera parte y segunda parte).


Otros de los textos imprescindibles serían los citados (y también compartidos más arriba) del propio Moench en el número 15 de la serie, "Shades of Moon Knight", y la extraordinaria biografía del personaje escrita por Zelenetz, "The many phases of Moon Knight", en el número 18 de la serie original. El primero sí sería traducido en español (adaptado a la época, ya que aquí se publicó mucho más tarde, por Raimon Fonseca, ese gran experto en Marvel que se prodigó tanto en los 90, y que probablemente utilizaba aún más paréntesis que yo mismo...), y que podemos encontrar tanto en el nº 2 de la serie Caballero Luna publicada a partir de 1990, lo siguiente que me toca leer; pero antes, se publicó en 1983, en el número 9 de Clásicos Marvel, también citado, ese con la portada de Carlos Pacheco. En el número 8 venía, por cierto, un curiosísimo texto firmado por Sempéreznavarro. Es decir, por el dibujante de narizones Sempere y Francisco Pérez Navarro, alias "Efepé" cuando guionizaba las primeras historietas clásicas de Super López, alias "Prof. Loki" cuando respondía los correos de los lectores en Forum. El texto, ilustrado con un par de tiras cómicas, se titula "¿El Caballero Luna... Bill Sienkiewicz?", y se centra principalmente en la impresión que teníamos muchos jóvenes lectores al enfrentarnos a la curiosa y "expresionista" manera de dibujar de Sienkiewicz, tan alejada del estilo habitual de Marvel (si alguien lo quiere, se lo escaneo).


El propio Raimon Fonseca escribiría seis textos ahondando en muchos aspectos y detalles curiosos de esta etapa, dos en cada uno de los tomitos de la Biblioteca Marvel: Caballero Luna. Aquel proyecto maravilloso de la Línea Excelsior, durante los estertores de Forum, poco antes de que ésta desapareciera en favor de Panini. Fue el primer intento de recuperar el fondo de armario de Marvel en español, y aquel primer acercamiento se tuvo que hacer en tebeítos en formato reducido y en blanco y negro. Pero los textos de apoyo se hacían también con mucho cariño y a mí me enganchaban mucho.

En el número 21 del fanzine/revista Dolmen (diciembre de 1997), se publicó otra extensa entrevista con Bill Sienkiewicz (por Jorge Iván Argiz y Alfonso Cobo), en la que profundizan, por supuesto, en sus primeros pasitos en el MK de Marvel, el asunto Neal Adams, su experimentación, cambio de estilo, etc. Muy, muy interesante (lo dicho, comparto si alguien está tan loco como yo).
Finalmente, y aunque ya lo he mencionado en algún lugar, quiero recordar cuál ha sido hasta ahora el historial de publicación del volumen 1 de MK en España. Nunca está de más volver a recordar que en los 2 tronchos de tapa dura de Panini, en la línea Marvel Héroes, está absolutamente todo lo publicado entre 1975 y 1984, con la excepción de los reseñados cameos en otras coles de superhéroes ajenas al control de Moench (números 65 y 71 respectivamente, publicados en 2015 y 2016; están descatalogados, pero doy fe de que aún los encuentras en muchas tiendas especializadas, ¡no te dejes engañar si los ves en webs de coleccionistas a 300 pavos!).
Las editoriales Vértice-Mundicómics y Surco, por desgracia, no publicaron toda la cole entera de Spector, y además lo hicieron de aquella manera, tan apreciada por los nostálgicos, tan memorable, tan valiosa... pero un tanto errática. Además de la primera aparición de CL en las páginas de Werewolf by night (aludida mucho más arriba; la serie del lobito Russell se ha publicado alguna otra vez más en español, pero dejémoslo estar), Vértice publicó, a episodio y medio por ejemplar, los números 1 al 6 en 4 grapas, entre octubre de 1981 y abril de 1982. Debido a la imposibilidad de adaptar las portadas de Sienki a las cabeceras y logoformas españolas, cuatro de las portadas originales fueron rehechas, como siempre en aquellas editoriales, por el Maestro Rafael López Espí, con ligerísimos cambios (especialmente en el número 3) y alguna que otra chapucilla con los colores y las traducciones. Pero son tan guays, y tan pocos, que no es mal momento para pillarla entera en webs de compra-venta o chamarilerías.
Surco tomaría el relevo entre marzo y diciembre de 1983, publicando otras 10 revistas, incluyendo dos historietas completas en cada revista hasta alcanzar el número 21 norteamericano. Se olvidaron de algunas historias de complemento, de las portads originales y por supuesto tampoco había artículos informativos ni nada parecido. El huevo de Pascua en esta ocasión, es que algunas portadas de López Espí sí que eran de inspiración propia, o rehechas con muchísima libertad.
Y ya recomendé el bonito tomo "Sombras en el corazón de la ciudad", que recogía la etapa de la revista The Hulk!, así como los dos Clásicos Marvel con los números 29 y 30 USA. Hasta la llegada de los menhires de Panini, quedaban inéditos los números 22 al 28 y 31 al 38 de la serie original. Con una excepción más: tal y como se indica en la portada, se publicó de manera seriada algo más de aquel material traducido, en los números 1 a 8 de la maxiserie Secret Wars II de Forum (toma ocurrencia). Pero, como solo venían entre 4 y 6 paginillas, a modo de complemento, solo añadimos el número 35 de la serie, que recordemos que tenía tamaño doble.
Yo animo a cualquiera que pase por aquí a hacerse con todo este material. Que estamos en 2019, y creo que la mayoría de los especuladores de Todocolección, por ejemplo, se han acabado bajando de la burra, y se encuentran cosas a precios muy razonables; los dos tomos gigantes de Marvel Héroes editados por Panini hace un par de años, son caros (y cada vez lo serán más), pero hay que tenerlos, y están llenos de material nunca antes publicado aquí. Ese es el gran sacrificio para tener las oocc del Caballero Luna; hay quien pone a la venta las revistas de Surco de su abuela o las grapillas de Forum de su tío el friqui por 114.312 euros, sí, pero también hay gente más realista que los deja a 3 ó 4 pavos. Yo me he pillado incluso algunos de mis números favoritos originales USA (en concreto, el 9, el 22 y el 23) a un precio magnífico. Los números sueltos de colecciones ajenas con cameos del personaje, al no ser landmarks ni números 1, están tirados. Y los 100% Marvel, donde está el grueso del personaje para el siglo XXI, pues en casi todas las tiendas se encuentran, salvo que alguno que ya está totalmente agotado y hay que tirar de la segunda mano... El Caballero Luna es un personaje muy especial, y lo bueno es que, al no ser tan omnipresente y superventas como muchos otros, su colección completa es un capricho al alcance de la clase obrera. Ah, y si leéis la etapa setentera del personaje, en la versión española, de propina, ¡tendréis historietas de Tumbita!!

Pues el último avistamiento de CL en esta primera fase, lo encontramos en el número 144 de Marvel Team-Up. Esa serie secundaria de Spiderman en la que ya se habían conocido mucho tiempo atrás. Esta vez vuelven a hacer equipo en una historieta entretenida y discreta ambientada en Chinatown, contra el Dragón Blanco y sus Señores del Dragón, resolviendo una guerra de bandas. La serie de duetos de Spidey terminaría en el número 150, para dar paso a Web of Spider-Man, su sucesora natural, pero sin la obligación de traer a un nuevo héroe en la portada en cada número. El principal atractivo en estos estertores de la cabecera (se mantendría al principio de Web of) era ver al Spiderman de traje negro, que aún no sabían del todo qué hacer con aquello que se inventaron en las Secret Wars. A estas alturas lo mejor de la colección había quedado atrás (la etapa de Claremont y Byrne) y podría decirse que era un campo de pruebas para todo tipo de autores. En este caso el episodio fue obra de Cary Burkett, Greg LaRocque y Mike Esposito.


2. Puño de Khonshu (1985-1989)

La segunda mitad de los años 80 supuso una extraña deriva para el personaje que nos ocupa. El asombro y el respeto hacia este misterioso y solitario justiciero de la noche o las cimas argumentales y gráficas alcanzadas por Moench y Sienkiewicz, parecían borrarse de un plumazo, y podría decirse que el magnetismo de Marc Spector se desdibujó por completo. Fue un relanzamiento totalmente fallido, un empeño incomprensible por parte de Alan Zelenetz de despojar al personaje de su esencia y transformarlo en un botarate random, redondeado por la idea peregrina de Steve Englehart de ficharlo para los Vengadores Costa Oeste, decisión discutible pero que claramente perjudicaría el particular carácter del personaje. Este bloque, así, comprende el volumen 2 de las aventuras en solitario del Caballero Luna, que quedaría truncado al cabo de tan solo 6 números, más la veintena de episodios en los que formó parte de la serie que aquí conocimos como Nuevos Vengadores. Y unos pocos cameos más, pero realmente pocos. Supongo que seré más breve en adelante.


En realidad, yo recordaba con mucho cariño esta serie, ya que fue el primer contacto con él para la mayoría de lectores españoles de mi generación. Lo esperábamos con muchas ganas, se anunció con boato, y seguramente fue un gran éxito de ventas de aquella Forum que se expandía a lo bestia. Me gustaban mucho estas portadas, y el dibujante era muy sobrio y atractivo. Pero releído esto en su orden correspondiente, tras empaparme de los orígenes, esencia y desarrollo del personaje, tras disfrutar de las joyas que hicieron Moench y Sienkiewicz... pues no puede resultar más decepcionante. El número 1 americano de Moon Knight: Fist of Khonshu tiene fecha de junio de 1985, pero en España la serie se estrenó, simplemente como Caballero Luna, en febrero de 1990. Por lo tanto, para entonces ya se sabía que su vida editorial había sido muy breve, además de errática e innecesaria, que el personaje había pasado por los Nuevos Vengadores y que en EE.UU. ya existía un "volumen 3" en curso (en realidad, una nueva colección que trataba de volver a los orígenes, y que ahora se llamaba Marc Spector: Moon Knight). En España, la miniserie iniciada por Zelenetz continuaría con la de Marc Spector: MK sin pausa, a partir del número 6 de Caballero Luna, alcanzando los 15 números, para transformarse después en la cabecera-batiburrillo Marc Spector: Caballero Luna y Nick Furia: Agente de SHIELD, traduciendo en total hasta el número 14 del MS:MK original, además de varios especiales. Pero en realidad, como veremos (y espero descubrir a fondo), la serie americana llegó hasta el número 60 (1994), y aunque aquí se publicó alguna cosita más de esa etapa de manera guadianesca (primero un breve volumen 2 español, luego algún especial o complemento en otros cómics), tenemos más de 30 episodios totalmente inéditos en España. Pero me estoy adelantando, y todo eso trataré de explicarlo en el siguiente epígrafe. Centrémonos aquí exclusivamente en los 6 escasos números de Fist of Khonshu y en la afiliación de Spector a los Nuevos Vengadores.


Como venimos diciendo, Zelenetz, que había demostrado ser un gran conocedor del personaje, toma las riendas y se une al dibujante Chris Warner, con quien justo antes había perpetrado la serie Alien Legion, para narrar esta siguiente etapa. El entintador asociado será E.R. Cruz (nombre completo Eufronio Reyes), uno de esos artistas filipinos que parecieron salir de la nada para plagar los créditos de las páginas de Conan en los años 70 y 80; una larguísima y curiosa relación la de los dibujantes filipinos con los tebeos de superhéroes, por cierto. Zelenetz, por alguna razón, decide digievolucionar a Marc Spector, convirtiéndole en una especie de herramienta mística al servicio de tres viejos monjes egipcios, Los Sacerdotes de Khonshu, que son quienes poseen el poder de la deidad lunar, por así decirlo, y se comunican con Marc mediante una especie de "telepatía" a través del espacio-tiempo (con sus tres cabezas flotando en el aire y grandes letras sobreimpresionadas con textos que le indican dónde debe ir, cuando surge alguna "aventura"). En cuanto a su aspecto, también ha cambiado. Lo más indignante de todo es que en el traje del Caballero Luna no haya una luna. Pero bueno, al terminar siendo algo solo puntual, temporal y desestimado pronto, que lleve al pecho el anj o ankh, ese símbolo de la cruz ansada de la vida, resulta exótico y venga, vale, pues como si hubiese vestido de chándal. También queda un tanto raro, y más feo, que ahora el rostro sea blanco-plateado y con las facciones de Spector marcadas bajo la tela, en lugar del inescrutable negro abismal. Pero lo que más destaca del nuevo outfit son esos abalorios dorados, ese cinto, muñequeras y espinilleras, y su nuevo arsenal dorado. Ahora ya no lleva shurikens con forma de luna, sino que tienen un escarabeo egipcio alado bien visible, y también lanza un absurdo búmeran, un hacha, ondas, una especie de dagas o un ankh que produce descargas. Un despropósito que nadie había solicitado.


Toda esta quincalla durará solo esta etapa, tanto en su nueva (micro-)serie como en su paso por los Vengadores Costa Oeste; pero para entonces el traje ya volverá a tener la luna menguante y el rostro negro, así que tranquilos, que no cunda el pánico. Pero sí, este fue el estrambótico Caballero Luna del año 1985 a 1989. Por si todo esto fuese poco, Spector está en crisis, y decide utilizar solamente su personalidad de Steven Grant, y centrarse en su carrera como millonario; que no había quedado muy claro, pero se dedica a la trata de obras de arte, con otro ayudante nuevo, un historiador del arte llamado Spence Kodiak, que tampoco le necesitaba nadie, sale poco y da un poco de rabia. Pero aún hay más, ¿eh? Es que, encima, Zelenetz también decide quitarse de en medio a Marlene, para que nuestro héroe el playboy guapito esté soltero y pueda tontear con otras. Mal. Todo mal.


Vamos a tener la deferencia de considerar que, aunque para el lector veterano fueron demasiados cambios, y bastante idiotas, Zelenetz quisiera hacer el aspecto de CL más cool, más exótico, para atraer a nuevos lectores; porque, como ya digo, a mí de pequeño me flipó tener estos tebeos en las manos. Claro que a los españoles no nos quedaba otra, y era la primera vez que había tebeos del Caballero Luna en 15 años... Como creo haber mencionado ya, el dibujo de Chris Warner era más que correcto, con el toque de espectacularidad requerido, y algunas portadas hechizantes, como la de los números 3 y 4 USA, que me siguen pareciendo magistrales. Pero vamos al grano con las historias. La serie comienza con una larga biografía del personaje, desde su origen reptando por el desierto de Sudán (empieza casi igual que empezó el número 1 del vol. 1) hasta lo último narrado (por el propio Zelenetz) en el volumen anterior, que fue el encontronazo con su pasado y la muerte de su padre. Se nos explica que todos esos sucesos le llevaron a abandonar su identidad aventurera, y centrarse en su acaudalada vida civil. Incluso, el muy contumaz, ¡está subastando la estatua de Khonshu que tenía en el dormitorio! Es cuando parece que el Espíritu Khonshuesco va a pasar a malas manos, cuando recibe los primeros mensajes de las misteriosas cabezas de monjes flotantes, animándole a viajar hasta la isla (ficticia) de Failaka, en Oriente Medio, en la que se encuentra el jeque Ahmad Azis (reencarnación de la deidad egipcia maligna Anubis el Chacal, a.k.a. Araamses), el villano que pretende hacerse con el Puño de Khonshu, y cuando se dotará del nuevo disfraz, nuevo armamento y ganas revitalizadas de ser el superhéroe nocturno... aunque no demasiadas, porque como digo son los monjes los le dan la tabarra para que se ponga a ello, en parte contra su voluntad. Si no fuese porque se trata de un reboot pocho de algo que estaba bien, el primer episodio en realidad es interesante. Tenemos un personaje que recibe órdenes desde el Antiguo Egipto, con un traje molón de absolutas reminiscencias antiguoegipcias, que va a luchar contra malosos de corte paranormal. Pues ni tan mal. Pero todo huele a herejía y a disparate.


El número 2 transcurre en otro lugar lleno de pirámides: Yucatán. Mientras intenta recuperar a Marlene, que en solo tres o cuatro páginas parece haber rehecho su vida alejado de Steven Grant, los Sacerdotes de Khonshu le dan la brasa para que deje de perseguir a su ex y atienda a las "visiones de su interior", que son como un teaser de lo que va a suceder en las siguientes páginas. Ya en tierra de los mayas, se las va a ver con una especie de horda de zombis, tipos con electrodos por todo el cuerpo que no sienten dolor, y que resultará que sirven a las órdenes de un científico, candidato al Nobel, el Dr. Arthur Harrow, que está desarrollando unas terapias contra el sufrimiento, pero que es malvado porque sufre una parálisis facial (tiene la cara hecha un cuadro en un rictus terrorífico permanente). De nuevo, el episodio no está mal. Acción a raudales (CL se da de tortas hasta con jaguares en la jungla), mad doctors, zombis cabrones... Pero qué necesidad había de romper con su pasado, con sus secundarios habituales, de que Marlene pase de él y hasta de que se líe con otra en sus vacaciones caribeñas: una científica llamada Victoria Grail que me temo que no volverá a aparecer, pero que sirve para dejarnos claro que por un lado Steven Grant echa de menos un poquito a Marlene (que sigue apareciendo, haciendo sus cosas en su modesto apartamento de Nueva York, renunciando a la opulencia de la Mansión Grant), pero por otro lado está dispuesto a golfear lo que haga falta. Para variar, la portada esta vez era de Armando Gil, no de Warner.


El tercer número fue un hálito de esperanza, ya que se recuperó al magnífico personaje de Morfeo, quizá la creación más estupenda, genuina y con entidad de Moench/Sienkiewicz. La propia Marlene, que trabaja como enfermera en el hospital Seaview donde está recluido el monstruo, avisa a Grant de que ha escapado y está causando estragos por todas las plantas. Pero el héroe, que está montando en bicicleta por los alrededores de la mansión, no puede intervenir hasta que no se le aparecen las dichosas cabecitas flotantes de los monjes, le dictan las visiones y le aparece el traje khonshuano. Reaparece el detective Flint, que no le he mencionado mucho pero siempre ha estado allí, también al final de toda la etapa anterior; ese teniente de policía que tiene al Caballero Luna en su agenda de contactos y hace que a menudo sea un colaborador con las fuerzas y cuerpos de seguridad, en vez de un vigilante alegal. El episodio se debate entre la acción pura y dura contra el monstruito de los sueños, muy correcta, y la relación rota con Marlene, que de hecho en la última viñeta le confiesa a Grant que ha vuelto con su ex marido Eric Fontaine.


La portada del número 4, con ese pirata clásico a punto de cortarle la cabeza a una muchacha justo cuando aparece CL rompiendo una vidriera, me entusiasmaba de pequeño. Es también la portada del nº 4 de Forum, aunque aquí cada número contenía un episodio y medio americano en sus 32 páginas, en lugar de ceñirse a las 24 americanas (qué costumbre más irritante...). La chavala en cuestión es Katherine Brick, otra marchante de arte que aparece en el universo de CL, y que se postulaba a ser la nueva novieta del héroe, si la colección no se hubiese truncado de repente. El pirata, es Barba Azul. Parece un villano épico, y nos lleva hasta un conflicto en un castillo en el que tiene secuestradas a varias mozas, que en realidad es un edificio abandonado en un parque de atracciones de Nueva Jersey. La pelea final también resulta épica, hasta que en una toña al pirata se le caen las gafas... ¡unas gafas que no llevaba puestas!, y así se nos explica que se trata de un periodista disfrazado con una barba postiza, llamado Arnold Perril, que estaba ganando notoriedad con sus crónicas del supervillano de los siete mares... pero que en realidad, claro, todo lo estaba organizando él.


Por si acaso no estaba resultando todo suficientemente extraño y distinto, en los dos últimos números antes de que la serie se cancelara, ni siquiera estaba Zelenetz. No sé si sucedió algo con las cifras de ventas (o los improperios airados llegados al Bullpen) que hiciese que Zelenetz fuese malogrado, pero prácticamente no volvió a escribir ningún tebeo nunca más, y se dedicó a la producción ejecutiva en el cine, a montar una escuela y cosas así. En su lugar, escribieron sendas historias primero Jo Duffy y el propio Warner al alimón (dibujando este segundo junto a Alan Kuperberg); y el último episodio fue obra de una tríada de semi-desconocidos, Jim Owsley, Mark Beachum y Geof Isherwood (el primero cambió su nombre legalmente a Christopher Priest, espero que no debido a esta colaboración, y así me suena algo más, pero remotamente; el también afroamericano Beachum es apenas un autor especializado en fill-ins; Isherwood ya tal) pero engalanados por un portadón del añorado Bill Sienkiewicz (que en la edición española, por aquello del ajuste de las páginas, se relegó a la contraportada del número 5... ¿quién tomaría la decisión de utilizar la portada de Warner, que además fue la más floja de las cuatro que hizo?). La historia con argumento de Chris Warner, "Balances y deudas", nos presenta a ese ninja arabesco de la portada, que en realidad son tres (Puño, Pistola y Daga), y además son tres muchachas muy jóvenes, seguidoras de una especie de gurú bonachón llamado Saduhl Singh, que las ha adiestrado para combatir a la secta maligna de la Cobra Blanca, una mafia de traficantes. CL está por ahí en medio, pues bueno, ayudando, y teniendo que decidir una vez más si detiene la masacre de las salvajes ninjas, aunque su fondo sea el correcto. Los diálogos y acabados de la veterana Mary Jo Duffy siempre son dignísimos, y esta no fue la excepción. Y el episodio final, "El último... Caballero Blanco", es una historia de corte social sobre tráfico de drogas, ambientada en el sur del Caribe. Demasiado trágica, CL ayuda a una víctima del camello que está destruyendo a la juventud, una mujer oronda llamada Mother White, que regenta una encantadora cafetería, pero que en la sombra es una auténtica terrorista armada hasta los dientes.


Vuelvo a hacer referencia a Marvel Comics 1000, el tebeo-evento editado este mismo mes de diciembre de 2019 para celebrar el 80º aniversario de la editorial. Su gracia estriba en que es una especie de "cadáver exquisito", una historieta de 80 páginas escrita y dibujada cada una de ellas por un equipo artístico diferente. En realidad la historia no se continúa del todo, sino que cada página celebra un acontecimiento sucedido en cada año de historia de la editorial, pero Al Ewing ha hecho un esfuerzo para dotarle de coherencia y continuidad, escribiendo varias de las historias. Pero esto solo viene al caso ahora, porque me toca hablar de este Marvel Age annual nº 1, que surgió de una iniciativa muy similar. Un tebeo curiosísimo, en el que participaron mogollón de las grandes estrellas que daban vida a la Marvel de 1985, concebido también a modo de "cuento corrido" participativo. Bajo el título de "Information, please...! or... When destiny calls!", y orquestado esta vez por el propio boss Jim Shooter, era una historieta de 24 páginas protagonizadas por los protagonistas de practicamente todas las series a la venta en su momento, a cole por página, cuyo hilo conductor era una serie llamadas telefónicas realizadas por un misterioso personaje. Primero llama al Todopoderoso, luego a la Patrulla-X, a los Nuevos Mutantes, el Doctor Extraño, Alpha Flight... Era una sucesión de instantes aleatorios de los personajes, que estaban en mitad de algún fregado (a veces una pelea contra un villano, otras simplemente rascándose las narices en su casa), interrumpidos por la llamada telefónica (aparecen, por tanto, 24 teléfonos de fantasía diferentes), que siempre se resolvían sin que el interlocutor consiguiese transmitir su mensaje con normalidad. En la última página descubríamos que quien hacía las llamadas era ni más ni menos que Jim Salicrup, editor de Marvel durante más de dos décadas y que entró en la casa a los 15 años como chico de los recados, que rompía la cuarta pared buscando ayuda, "sin éxito", para preparar un especial de Marvel Age. Su página (inédita en España, y que comparto aquí al lado) la hicieron los propios Zelenetz y Warner. Una marcianada curiosa y refrescante, que servía para presentar todas las series y a sus equipos, y que de hecho se completaba con un largo artículo de texto con más información sobre cada una (además de otro artículo sobre ¡futuras pelis de Marvel! y un obituario dedicado a Carl Burgos). La serie del CL no sale, porque acababa de desaparecer de los anaqueles. Esto es cosecha mía, pero es probable que cuando se concibió este especial la serie de CL aún estaba abierta, y se suponía que seguiría funcionando como el resto de las que salen en las otras páginas.

Interludio: el último número de Fist of Khonshu, la serie frustrada de Zelenetz, se publicó en otoño de 1985; el primero de Marc Spector: Moon Knight llegaría en febrero de 1989. Entre medias, y aparte de su paso por los Nuevos Vengadores (etapa con la que ahora me explayaré), se publicarían dos aventuras más protagonizadas por nuestro querido vigilante. Y fueron, probablemente, lo mejor que se hizo con Marc Spector en toda esta época. Me estoy refiriendo a las historias principales que acogieron sendos números de la ya mencionada revista Marvel Fanfare: el 30 (fecha de portada: enero de 1987) y el 38 (f.d.p: junio de 1987). Aunque entre medias se colaría su paso por los Nuevos Vengadores, voy a despachar a continuación los dos fanfares seguidos, ya que es como yo los leí llegados a este punto; porque, inconcebiblemente, estas dos insólitas joyitas de nuestro ídolo fueron también traducidas y publicadas en España. Sucedió en 1998, en un precioso tomo de tapa blanda dentro de la serie genérica Héroes Marvel. Fue una "colección" curiosa, ya que recopilaba historietas random de todo tipo de personajes secundarios, especialmente material fuera de las colecciones "normales": mucho Marvel Comics Presents, miniseries, algún annual... Y además no era un "coleccionable" en sí mismo, sino que todos los tomos llevaban el número 1 en la portada. El de Caballero Luna fue el décimo y último de este proyecto mensual, y salió el décimo mes de aquel 1998. Todas las portadas, también esta, fueron obra del dibujante español Jorge Santamaría. Y se incluían además sendos artículos de texto: una introducción breve de Eduardo López Lafuente, y un dossier de 8 paginazas en las que Jaume Vaquer repasaba con gran sabiduría y destreza TODA la biografía del personaje hasta 1998.

Vayamos con cada una de estas dos historias tan especiales, al margen de toda continuidad. La primera traía una asombrosa portada doble pintada por Brent Anderson. Dentro, una preciosa historieta de 30 páginas, escrita por la gran Ann Nocenti y dibujada por Anderson y Al Williamson. Visualmente es un cuento hermoso y limpio, y cuyo argumento puede sonar algo absurdo por escrito, pero que está lleno de lírica e imágenes poderosísimas. "Listo para rodar" comienza en los bosques al norte de Nueva York, con una manada de cervatillos que corretean asustados, antes de ser tiroteados por otra manada, pero de cazadores humanos. Y todo ello es filmado por un excéntrico director de Hollywood obsesionado por el cinema verité. Mientras tanto, el Caballero, en su identidad de Steven Grant, está pasando el rato en su mansión con Marlene, leyendo la prensa y haciendo un poco de ejercicio. También utiliza el traje original en el gimnasio, así que la historieta habría que ubicarla antes de la chanza de Zelenetz. Los periódicos hablan de una conjunción planetaria, cuyo influjo ya está afectando a Spector; así que Marlene le convence para escapar de las preocupaciones, pasando un fin de semana en el campo. Por supuesto, se van precisamente al pueblecito en el que están matando bambis con coartada artística. En aquel pueblo, el Caballero Luna no se enfrentará al director-mataciervos realmente, sino a esa criatura que sale en la portada, que es una especie de encarnación de la mismísima Naturaleza, una Pachamama antropomórfica que se fusiona con distintas bestias del reino animal, reaccionando y defendiéndose de la vileza humana, mientras sobre el lugar se desatan lluvias de sangre y fenómenos climatológicos salvajes. Ya digo que puede sonar un poco raro por escrito, pero es una historia bellísima. Tenía que venir la Nocenti a darle de tortazos figuradamente a Zelenetz, y explicarle que no hacía falta tanta tontería, que quedaban miles de historias que contar al estilo clásico...



Y la historia principal de Marvel Fanfare 38 se titula "Whatever happened to the Podunk Slam?", y cambiamos completamente de tono, ya que es un disparate de lo más descarado. Volvemos al Caballero Luna de muñequeras y tobilleras doradas y rostro pálido, pero ha desaparecido el ankh y regresa la medialuna al pecho (incomprensiblemente, existe un fallo de raccord: el ankh sigue estando en su pecho en unas pocas viñetas, como esta de aquí al lado; ¿tal vez se redibujó el tebeo completo sustituyendo el símbolo, y se olvidaron de un par de ellas? El baile/fallo en el diseño resulta curiosísimo). Así, esta historia sí que la debemos situar justo tras la serie anterior. Y está escrita otra vez por Jo Duffy, así que casi con toda seguridad se trata de un episodio que quedó colgado tras el cierre de aquella, recuperado para la revista de Milgrom. Y aportaba un detalle más para los fans clásicos de CL: ¡Bill Sienkiewicz regresaba al personaje...! Aunque fuese solo como entintador de otra chica, Judith Hunt, responsables ambos tanto de la portada como de los interiores. La Hunt, por cierto, que se prodigó poquísimo (solo hizo esto y un par de episodios de Conan Rey) era por entonces la esposa de Chuck Dixon (casualidades de la vida, Dixon será, a partir de 1989, ¡el guionista de la tercera serie de CL, Marc Spector: Moon Knight!). Pero al grano: los Podunk Slam del título son la típica boy band de música pop adolescente. El millonario Steven Grant acaba de recibir una horrible pieza de arte, algo así como la Cabeza Olmeca que recibe Homer Simpson: una escultura tallada llamada Koala Mumba. Y esa misma tarde, es invitado a hacer una visita filantrópica a un hogar de huerfanitas. Así, Spector ata cabos, y se lleva a las niñitas a ver un concierto de Podunk Slam. Lo que sucede allí es que Spector comienza a recibir visiones de los monjes de Khonshu, que le hacen ver que pasa algo raro con Podunk Slam. Concretamente, descubrirá que son en realidad cinco viejos, que utilizando un conjuro extraño, obligados por su mánager, Mr. Appletree, han recuperado la juventud "chupándosela" a otros cinco niños de otros orfanatos. Spector necesitará la ayuda del propio Koala Mumba para revertir el conjuro. El episodio es intencionadamente cachondo, haciendo mofa de lo estúpido del culto a las boy bands y la maldad intrínseca de la música pop, y tiene una secuencia de cuatro páginas escandalosamente divertida, cuando Marc es perseguido y atacado por las fans de Podunk Slam, que se comportan talmente como una horda de zombis.


Los Nuevos Vengadores fue el nombre con el que se editó en España originalmente la serie de los West Coast Avengers, es decir, la sucursal en la Costa Oeste de los Héroes Más Poderosos de Mavel. Surgió en el verano de 1984, en forma de una de aquellas primeras series limitadas de 4 números que la editorial comenzaba a publicar. Su éxito derivó en una serie regular que alcanzó las 102 entregas con 8 annuals, pasando a denominarse Avengers West Coast a partir de su número 48 (la franquicia resucitaría muy recientemente). La etapa más conocida y querida por los lectores fue la realizada por el extraordinario (y rapidísimo) John Byrne en solitario, a partir del número 42; pero desde el número 1 hasta el 41 fue obra del no menos legendario guionista Steve Englehart, junto a Al Milgrom y Joe Sinnott (hacia el final, a Sinnott le sustituyeron Tony DeZúñiga y finalmente Mike Machlan a las tintas). Byrne significaría un soplo de aire fresco, sobre todo porque Milgrom es un artista correcto, cumplidor, un machaca del tebeo de superhéroes entrañable y un gran narrador... pero "poco elegante", por decirlo de manera suave. Ya hemos venido mencionando a Milgrom a menudo por aquí, ya que demostró ser un gran fan del Caballero Luna desde el principio. Byrne llevó el dislate y la comedia hasta límites insospechados, con la introducción de elementos como los Vengadores de los Grandes Lagos, pero la serie fue desenfadada y surrealista desde el principio. Englehart es uno de los guionistas más importantes y queridos de la denominada Edad de Bronce, con trabajos icónicos a lo largo de más de 4 décadas en las dos grandes editoriales. Concretamente, a Englehart se le asocia con algunas de las mejores etapas del Capitán América, los Vengadores o Batman. Leer una etapa suya más o menos larga es un auténtico carrusel de aventuras desbocadas, imaginativas, desenfadadas. Su creatividad desbordante no paraba de fabricar argumentos, personajes, tramas, conflictos y sagas, dentro de todos los géneros imaginables. El dominio de la historia de todos los personajes que manejaba era apabullante, una sabiduría superheroica enciclopédica. Sus referencias al pasado son constantes, apoyándose en pequeños detalles acontecidos en alguna vieja viñeta de cualquier momento de los cuarenta años previos de publicación, para generar una nueva historia, tirando de un minúsculo fleco. Dominaba el "arte de la continuidad" Marvel, con la misma destreza que un pianista puede tocar una pieza compleja de memoria, modulando cualquier historia a partir de la mezcla de pequeños sucesos de la rica historia de la editorial. Esa acumulación de referencias convertía la lectura de sus tebeos de los setenta y ochenta en toda una apasionada lección, con guiños o referencias a pie de viñeta a porrillo en todas las páginas, pero sobre todo en un trepidante ejercicio de literatura pulp, con un delicioso regusto camp.


Inicialmente, los Vengadores de la Costa Oeste estaban formados por Ojo de Halcón, su novia Pájaro Burlón, Tigra, el Hombre Maravilla y Iron Man (por aquel entonces, dentro de la armadura estaba James Rhodes, pero pronto volvería a pilotarla el ínclito borrachín Tony Stark). La Cosa de los Cuatro Fantásticos y Ave de Fuego les asistirían de vez en cuando, y con el tiempo habría más miembros. Pero fue justo cuando el Caballero Luna se quedó sin colección, y apuesto a que por capricho de Milgrom, cuando el equipo se amplió oficialmente, en el número 21, con su entrada y la del Dr. Henry Pym (científico co-fundador de los Vengadores, y anteriormente bajo la máscara del Hombre Hormiga, el Hombre GiganteGoliat y Chaqueta Amarilla). Sucedió en mitad de una mítica saga en 8 partes (nºs 17 a 24; debuta en el 21), conocida como "Perdidos en el Espacio-Tiempo". Un disparate divertidísimo, en el que Englehart hacía gala de todo su talento como funcionario del tebeo de superhéroes. La historia comienza en el desierto de Albuquerque, el mismo escenario en el que Walter White cocinaba su mdma azul, cuando los Nuevos Vengadores van en busca de Bonita Juárez y son atacados por un bizarrísimo equipo de supervillanos, formado por Insolación, Monte, Gila y Cactus: cuatro caricatos verdaderamente idiotas, pero que se ocultan perfectamente en el hábitat local. Allí se enfrentarán con su líder, Dóminus, que cuando está a punto de ser vencido les manda al pasado con una máquina que había utilizado el Dr. Doom años atrás, y que se había estropeado y solo funciona hacia atrás en el tiempo, sin posibilidad de regreso.


Así, comienza una aventura que les lleva retrocediendo permanentemente. Primero al Salvaje Oeste, donde se las verán con viejos personajes olvidados como Látigo Kid, Dos Pistolas Kid y el Jinete Fantasma (además de sus loquísimos enemigos, superhéroes del siglo XIX de temática western creados en los años 60), lucharán contra el ejército del Rey de España en 1776, y finalmente llegarán al Antiguo Egipto, donde tratarán de localizar al semidiós que después se transformará en el villano sónico Kang, a ver si él puede llevarles de vuelta al presente. Por el camino, el tiempo se va dividiendo, ya que algunos personajes se quedan perdidos en las distintas etapas, mientras que asistimos a un armónico pliegue temporal siguiendo los pasos de distintos personajes en distintas épocas, que terminarán confluyendo, como los Cuatro Fantásticos (sacados de una época remota en la que viajaron al Egipto faraónico) o el propio Caballero Luna, que viaja al pasado a sacar del "pozo anacrónico" a sus nuevos amigos, al recibir un aviso telepático de Los Sacerdotes de Khonshu, ¡a quienes los Nuevos Vengadores conocen en su época original! No solo Englehart se inventa esta virguería para traer a la acción a Spector, sino que también nos narra cómo, durante su estancia en el año 2940 a.C., ¡Ojo de Halcón es quien fabrica las armas doradas (esos dardos con escarabeos, ese búmeran, etc.) que utilizara CL en su reciente etapa en solitario. Y todo ello, porque los héroes están buscando un método para volver al presente, cuando su único vehículo les hace retroceder hacia el pasado. Durante el viaje asistimos a numerosas líneas temporales, y Englehart aprovecha para hacer coincidir a los cronoviajeros con otros héroes Marvel que en algún momento viajaban en el tiempo, poniendo en marcha esa citada máquina enciclopédica de referencias que lleva dentro. Es un guión brillante y que funciona como un reloj, pero absolutamente enloquecido, enrevesado y cachondísimo, que no se olvida de pagar deuda, en forma de chistes sobre Michael J. Fox, a la recientemente estrenada "Regreso al futuro" (Robert Zemeckis, 1985).


Está claro que el Caballero Luna, un personaje tan solitario, nocturno, intenso, rechina como miembro de un equipo pijamero. Pero Englehart, o Milgrom, o ambos, tenían el capricho de "ascenderle", y lo hicieron conscientes de lo que significaba. En su paso por LNV tiene varias tramas en solitario, en las que husmea por su cuenta fuera de la base de operaciones del grupo. No deja de ser un tipo introspectivo y misterioso, que no comparte casi nada a sus compañeros. En un momento dado, incluso asistimos a su despedida de Frenchie, a quien le explica más o menos que está hecho un lío desde que Marlene le dejó, y que ahora le viene bien el cambio. Y también nos deja claro varias veces que ni siquiera es miembro del todo, sino que tras su intervención en los primeros 7 números se queda por allí, pero de forma provisional (más adelante se decidirá si se queda o no). Y otro de los motivos que explicarían su presencia en un grupo de superhéroes al uso, es su relación con Tigra... pero eso no sucederá hasta el número 27. Así que su inclusión en la serie de Englehart está justificada, y no fue solo una descacharrante ocurrencia que se cargaba la esencia del personaje... del todo. Lo que tengo claro es que estos tebeos tan frivolones son un soplo de aire fresco, puro aventureo de ciencia-ficción pop, y tampoco resulta tan chirriante el descanso de la habitual mezcla de género negro y terror a que CL nos tenía acostumbrados. Englehart y Milgrom son puro Marvel Way of Life, y que CL poteara con ellos, y con los otros supes de colorines, no le hizo mal, simplemente fue una transición... peculiar. Y muy, muy divertida y refrescante. No todos los tebeos de superhéroes van a ser The Boys: no olvidemos que en los años ochenta, los tebeos de Marvel (con excepciones como la primera etapa del Caballero Luna, precisamente) eran para adolescentes.


En invierno de 1987 se publicó un annual de los West Coast Avengers (obra del equipo habitual), que formaba una historia completa junto al respectivo annual de los Avengers (por Tom DeFalco, Bob Hall y Tom Palmer, acompañados de una buena ristra de artistas que se encargarían de cada pelea, entre ellos Romita Jr. entintado por Sienkiewicz, Keith Pollard, Marshall Rogers o Jackson Guice). Nuestro Caballero Luna participaba de pleno derecho en la aventura, y esta vez sí con un papel un poco bobo, intercambiable y que hacía flaco favor a la inherencia del Lunoso; pero es que las mega-sagas cósmicas que atañen a multitud de personajes son así: maniqueas y que desfiguran caracteres en favor de la acción, por exigencias del guión. Además, esta historia en dos partes fue fantástica, absolutamente satisfactoria para ese adolescente que llevo dentro, y de hecho me ha traído buenos recuerdos (Forum los publicó en los correspondientes "Especial Verano" de 1988 de cada serie): era ni más ni menos que una secuela del evento Contienda de Campeones, en el que CL ya había tenido el honor de participar. Esos seres omniscientes que estaban ahí antes que el resto de habitantes del Universo, los Primigenios, vuelven a reclutar a nuestros héroes por puro aburrimiento, mientras estaban tranquilamente jugando al béisbol (lo del partido de béisbol frustrado por entes alienígenas será toda una tradición en la serie). Y esta vez Gran Maestro y Muerte, con ayuda del Coleccionista, lo que pretenden es simplemente que se enfrenten primero los Vengadores contra los Nuevos Vengadores entre sí (en el tebeo de los Costa Oeste; ganan los de Spector 4 a 3), y después todos por equipos contra la Legión De Los No Vivos, personajes redivivos que habían fallecido años atrás (entre muchos otros Bucky, el Capitán Marvel original o ¡Drácula!). Igual que en Contienda de Campeones, se trata de un tebeo de meros tortazos, de combates por equipos, una especie de videojuego de lucha por capítulos para hacer babear a los chavales. En la primera parte CL vence al Caballero Negro, mientras que en la segunda es derrotado por el Duende Verde. Pero al final todo vuelve a estar igual que antes, claro.


El número 25 de la serie era una historia autoconclusiva, protagonizada por Wonder Man, y en lo que respecta a Moon Knight solo incluia las mencionadas "vacaciones" de Frenchie. Aunque también significaría el hito de ser el primer episodio en el que figuraría la cabecita del Esclavo de Khonshu en la logoforma de arriba a la izquierda del tebeo, junto a las de otros héroes titulares. Por cierto, que es un número también muy divertido, ya que Simón Williams, alias Hombre Maravilla, repartía como siempre su labor en los Vengadores con su carrera cinematográfica, y tiene que luchar contra la Abominación tras la promoción en el programa de Johnny Carson, y los tortazos le mandan al plató de David Letterman.


Después viene otra saga en cuatro partes (26-29), en la que Englehart vuelve a recuperar al Zodíaco, contra quienes ya se había enfrentado CL tiempo atrás, en su breve paso por Los Defensores. Es curioso que "Enciclopedia" Englehart haga mención precisamente a esos tebeos, y sin embargo no se dé muestra alguna de que el Caballero Luna y Wonder Man coincidieron allí, y ya se conocían. Una de las dinámicas de los Nuevos Vengadores es que Simón es un engreído y continuamente pelea con Ojo de Halcón y Iron Man, porque quiere ser el líder, y la verdad es que Spector y él tienen poco o muy poco trato. En esta saga, Spector permanece en un segundo plano, aunque es muy destacable su citado escarceo amoroso con Tigra (quien, todo sea dicho, no pasaba 10 números sin restregarse con alguien).


Englehart, a base de otra ensalada de referencias y llamadas a acontecimientos pasados en cientos de series diferentes de todo tipo, nos explica que no solo hay un Zodíaco, sino dos: unos son las clásicas personas disfrazadas de villanos, que están siendo atacados por versiones androides de sí mismos (más concretamente, Simulacros Dotados de Vida o SDV). Y tan pillados se ven los humanos del Zodíaco, que Tauro se ve obligado a pedir ayuda a los Nuevos Vengadores para que no sean todos masacrados. En un principio así lo harán, y LNV salen en su ayuda enfrentándose a los robots, pero al final resultará que Tauro tenía oscuros planes hacia ellos. Sagitario se disfrazará de Ojo de Halcón y se infiltrará entre los buenos, produciendo chistes de sitcom. De hecho, la serie alcanza niveles de surrealismo y humorada que me hasta provocan carcajadas, como la tronchante portadilla del número 27:


Este tipo de detalles, sumados a los correos que se marcaba en la edición española el dicharachero Prof. Loki, a ratos me producían la sensación de estar leyendo un tebeo de Superlópez. Es muy entretenido todo. A estas alturas no echo para nada en falta el angst existencial de Marc Spector...


El epílogo de esta saga de Zodíaco, estaría protagonizado casi en su totalidad por el Caballero Luna. Y, de hecho, es un epílogo que tendría un curioso prólogo, fuera de colección. La serie de los West Coast Avengers era un éxito enorme en USA, hasta el punto de que ¡se vendía más que la de los Avengers clásicos! En España también tenían más éxito los nuevos que los viejos Vengadores. Así que en Marvel decidieron darles una tercera colección, titulada Solo Avengers, con el formato de team-up que tan bien había funcionado con Spiderman o La Cosa. Igual que aquellas, bajo un nombre genérico nos encontrábamos, en realidad, con una colección protagonizada siempre por el carismático Ojo de Halcón (enteramente inédita en España), y que en lugar de cruzarse con otro vengador cualquiera, éste protagonizaba por sí mismo una segunda historia. Al final del número 28 de LNV, descubríamos que Tauro sí que tenía un as en la manga, y en cuanto el Zodíaco es destruido, decide huir. El Caballero Luna promete ir a buscarle, y eso conducirá a su pelea durante todo el número 29; pero antes, en la historia secundaria del número 3 de Solo Avengers (por Roger Stern, Bob Hall y Stan Drake), Spector va en busca de Tauro. Y llega hasta un castillo aparentemente abandonado en las montañas de Santa Mónica, en el que resulta residir Mortaja. Sí, ese personaje oscuro que había aparecido practicamente a la vez que CL en las páginas de The Hulk! Ahora cruzaban sus puños durante un rato, antes de que Mortaja tratara de reclutar a Spector para su nuevo equipo de "antihéroes oscuros", el Turno de Noche: el Werewolf Jack Russell domesticado, los Hermanos Grimm, la mutante rumana Polilla Nocturna (Gypsy Moth), Tic-Toc, el Andrajoso (Tatterdemalion), el Enterrador, Aguja y Danza Macabra, reunidos previamente por Mortaja, podrían haber formado algo así como unos "Vengadores Oscuros", criminales combatiendo el crimen desde dentro, sin que ellos mismos (con la excepción de Mortaja y Russell) lo supieran. Esta historia se contó sobre todo en la cole del Capitán América. Mortaja pretendía ahora que fuesen liderados por el Caballero Luna, tal y como se apuntaba en esta pequeña historia, pero el Turno de Noche se quedó en casi nada (aunque pronto volverían a luchar contra LNV, en el número 40, y dentro de muuucho tiempo, en la etapa de Bendis y Maleev, CL volverá a encontrárseles). Es solo tras pelear y luego reconciliarse con Mortaja, cuando la historia ha de continuar en el nº 29 de LNV, que comienza con Tauro tratando de convencer a Mortaja de unirse a su próximo Zodíaco (sin que entre los lectores de Forum nadie supiese por qué aparecía ahí Mortaja...).
Interludio: "Sempéreznavarro" solían hacer un dibujito en la sección de Correo de los Lectores, Marvelmanía. Este era el de LNV nº 29.
Como decía, el episodio son veinte páginas de lucha sin cuartel entre el Puño de Khonshu y Cornelius van Lunt, a.k.a. Tauro. Otra muestra más de la rebeldía y el carácter solitario de nuestro personaje. Englehart aprovecha para hacer una reflexión, en los pensamientos de Spector, sobre su relación con la violencia, su ambigüedad moral, y la prevalencia en esta época de la personalidad del mercenario, dominando por completo al playboy y al taxista, que solo aparecen de vez en cuando en forma de recuerdos. No existe en esta etapa ningún conflicto mental en CL, ni problemas con la múltiple personalidad (asunto que, como hemos visto, se trataba de diferente manera en el pasado, y que resultaba, se mire como se mire, un pelín forzado: en el mundo real, ¡nadie que decide interpretar voluntariamente varias identidades, por ejemplo, los actores, contrae esquizofrenia paranoide!). Por supuesto, Tauro caerá derrotado tras la ardua batalla, que termina sobre un avioneta en marcha, y una vez de vuelta a los headquarters de los Costa Oeste, a Spector le cae una bronca histórica por renunciar al trabajo en equipo.


Los tres siguientes números de los "Novedosos Vengativos" (...como diría Prof. Loki...) son episodios sueltos y autoconclusivos, a la espera de una nueva saga de larga duración. En el 30, los miembros del grupo se ven en la obligación de combatir individualmente a una entidad alienígena que les ataca, el Examinador, y que necesita aprender las tácticas de cada uno. Todos le derrotan, incluido CL, que aunque no tiene poderes especiales como el resto, el dios Khonshu les traslada a una dimensión en la que hay muchísimas lunas llenas a su alrededor (¿?), cosa que sí potencia su fuerza. El villano compuesto de todos los NV que aparece en la portada no es el Superskrull, ni el Superadaptoide, ni el Supervisor... Ni siquiera un villano nuevo; ese "Composite Avenger" solo sale en la última página, como una especie de broma, una visión que tienen los alienígenas del ser que les ha vencido. Pero la verdad es que molaba. En la historia, Wonder Man también hace una visita fugaz a Visión y la Bruja Escarlata, personajes que están a puntito de unirse al grupo... Englehart se ausentaba aquí, y el episodio estaba escrito por el propio Milgrom. En España se publicó como complemento a un annual de los Vengadores.
El capítulo 31 supone el regreso de dos villanos de la serie. Por un lado, el guerrero bárbaro Arkón, enemigo natural del quieroynopuedo de Wonder Man. Se considera a sí mismo una deidad, y cree que Simón le ha humillado al ser interpretado por meros mortales en varias de sus películas, así que vuelve para cobrarse la venganza (más o menos, lo que haría Mahoma). Y el otro malo que regresa es el Jinete Fantasma. Durante la saga "Perdidos en el Espacio-Tiempo", Pájaro Burlón fue secuestrada por él, y decidió dejarle morir durante una pelea en un acantilado. Ahora quiere tomarse la venganza, y deja a Bobbi Morse colgada a su vez de un risco, pero solo es un aviso, y promete volver. En sus tramas, Spector sobre todo se pasea haciendo soliloquios hacia la luna, reflexionando sobre resquicios del personaje que no habían sido tratados por Englehart (lo de las personalidades múltiples, que decía hace nada que había dejado de lado), al tiempo que su relación con Tigra se confirma.
El 32 es otro episodio de transición, bastante loco y netamente pulp. El equipo decide tomarse unas vacaciones en el Gran Cañón, aprovechando que están en la Costa Oeste y no salen mucho por ahí. Es idea de Burlona, que ahora que sabe que el Jinete Fantasma sigue existiendo en nuestra época, ha descubierto que su único descendiente vivo es un arqueólogo que está trabajando por esa zona. La Avispa estaba de visita en el Rancho de Palos Verdes, y se les une. Van paseando y charlando de sus cosas (Spector ya considera a Tigra su novia, aunque ella no lo tiene tan claro), cuando repentinamente se les aparece un Yeti gigante, el Yetrigar, y les cuesta 10 páginas tumbarle. Bobbi zarandea y golpea al arqueólogo, que asegura no saber nada del Jinete Fantasma, y CL, que conoce su secreto, la persuade de matarle.


Y por fin llegamos a la siguiente saga, en cuatro partes (nos. 32 al 35 de Forum, 33 al 36 USA). Esta vez, Englehart se va a fijar en los orígenes de Henry Pym, que transcurrieron en la serie Tales to Astonish, a finales de los 50. Precisamente titulada "Tales to Astonish", todo comienza, por fin, cuando los Nuevos Vengadores (con la Avispa todavía de visita) están votando si aceptan al Caballero Luna como miembro oficial del grupo. Pese a que en ese momento aparece dando voces Pym, solicitando ayuda porque acaba de descubrir que su primera esposa de aquellos lejanos tiempos, María Trovaya, podría no estar muerta como lleva años pensando; pese a la interrupción, decía (que también empieza a ser tradición, puesto que con La Cosa había pasado lo mismo al comienzo de la colección), Ojo de Halcón llega a nombrar oficialmente al Caballero Luna como el 24º Vengador, y debemos considerar esto una especie de hito en su biografía:


La saga "Tales to Astonish" nos lleva hasta Hungría, donde transcurrieron algunas de aquellas aventuras antediluvianas de Pym. Gran parte del tebeo es un flashback, que va narrando el origen de las partículas subatómicas, la muerte de María, su relación con Janet Van Dyne, etc. Los héroes viajan a Europa, y se enfrentarán a varios de los monstruos de aquella Tales to Astonish, como unos gorilas parlantes, científicos locos, robots o cucarachas gigantes. Son encerrados en una prisión, en la que encuentran a la Visión y la Bruja Escarlata, y consiguen escapar todos, trabajando en equipo, pese a la oposición de Mercurio, que pasaba por allí. Después serán también aprisionados en Latveria, por el Dr. Doom II (el malvado tirano de siempre, pero encarnado en un niño de 5 años), y volverán después a Hungría, donde se sabrá que María no está muerta, sino que diversos experimentos comunistas hicieron que su cerebro sea gigantesco, siga creciendo y tenga una capacidad casi ilimitada para usarlo, y por lo tanto la mantienen confinada en una máquina para que no destruya el Universo. A lo largo de la historia, el secreto que guardaba Pájaro Burlón acerca de la muerte del Jinete Fantasma del s. XIX, sale a la luz, por lo que Clint Barton se mosquea, y rompen su relación; por el contrario, Jan y Henry Pym parece que vuelven a juntarse. El papel del Caballero Luna es menor en esta historia, pero aparte de su coronación como Vengador vitalicio, hay un episodio concreto en el que se nos desvela algo que no había sucedido antes: queda noqueado en una pelea en Latveria, y vemos cómo el mismísimo dios Khonshu sale de su cuerpo y convence a Doom para que libere a todos los héroes. Desde entonces, y hasta casi el final de su paso por LNV, será Khonshu quien rija el destino del Caballero Luna, habitando su cuerpo.


Cronológicamente, entre medias de esta saga se publicó otra historieta de Spector, en otro Marvel Fanfare de verano de 1988: el 39. Es una historia de solo 6 páginas pero muy maja, escrita por Michael Carlin con mucha gracia y dibujada con mucho detalle por Bill Reinhold y Jim Fern, que se titula "#*@&¢!", es decir, la transcripción censurada de un improperio malsonante, que repiten muchos personajes todo el rato en la historieta. La fábula cuenta cómo el taxista Jake Lockley recoge a un tipo muy borde, vestido de jeque árabe, que le pide que le lleve al edificio de las Naciones Unidas. Más tarde, en el Gena's diner, se entera por las noticias de que era un secuestrador, que amenaza con inmolarse si no cumplen sus exigencias. Por supuesto, sale disparado de allí, entra en la ONU como el Caballero Luna y resuelve la situación. El suceso se ve que le convierte en un xenófobo lleno de prejuicios, porque la historieta termina cuando al día siguiente se niega a coger a otro cliente vestido con chilaba.


En la contraportada de la revista venía también un pinup del personaje, obra de Reinhold, y en el número 43 aparecía otro, junto a Simón, esta vez parte de un portafolio del artista Brian Murray:


Interludio: en la versión española de Los Nuevos Vengadores, editada por Forum, así como en la grapa de la Patrulla-X, se incluía en la última página la historieta de Superioribus de Jan, el maestro entre maestros del tebeo español. De hecho, el personaje nació como un "crismas", felicitando las Fiestas en el Especial Navidad de 1987 de LNV. El creador de Superlópez dio salida, en esta otra genial parodia de un superhéroe, a hilarantes situaciones en las que el protagonista sufría las consecuencias del uso cotidiano de sus poderes, además de hacerle compartir viñetas con héroes muy conocidos, principalmente de Marvel (aunque Batman también aparece alguna vez). El Jan de esta época (1987-1988) es absolutamente glorioso, y las aventuras de Superioribus son una obra maestra, que se han recopilado, creo, un par de veces (yo tengo la primera edición, de 1999). Repasando los tebeos de Los Nuevos Vengadores estos días he estado releyendo muchas de ellas, y me ha hecho ilusión encontrarme, en este repaso obsesivo que ando haciendo ahora, con la versión de Jan del Caballero Luna, aunque solo sea en dos viñetas de grupo: 


Pero sigamos con las últimas apariciones del Caballero Luna en la serie de los Costa Oeste, y la traca final de esta irregular (pero cachonda) etapa.


Porque el número 37 USA supuso el último contacto de CL como miembro oficial del grupo. El episodio se titula apropiadamente "¡Vengadores, desuníos!", y asistimos en él, desde la portadilla, a la definitiva discusión entre Ojo de Halcón y Pájaro Burlón, tras todo el asunto del Jinete Fantasma, que culmina con un cisma absoluto, tal y como anuncia la portada: Bobbi se va; Tigra la secunda, y nuestro Caballero Luna se alía con ellas. Aún quedan unos pocos episodios de la serie en los que el Caballero Luna saldrá por estas páginas (hasta el capítulo anterior a la llegada de Byrne, que coincidiría con la nueva serie de Spector), seis exactamente, pero se acabó: Luna, Tigra y Burlona forman algo así como un equipo alternativo, que se verá envuelto en sus propias pequeñas aventuras, pero totalmente al margen de los escombros centrales del equipo, que irán a lo suyo en adelante. La nueva alineación del equipo principal quedará compuesta por Ojo de Halcón, Wonder Man, los recién llegados Visión y Bruja Escarlata, y ese personaje "misterioso" que deja entrever la portada, que por supuesto es Mantis. Ya se ocupará Byrne de seguir jugando con la formación Es un colofón refrescante e interesante, el de mantener a Spector y las dos macizas a su rollo temporalmente, pero el mini-equipo también desaparecerá pronto, para que CL inicie su nueva etapa en solitario. Byrne arrasó con la serie, que pronto haría olvidar a los fans la larga etapa de Englehart, y este último, tristemente, desapareció casi por completo de Marvel (y DC) durante un tiempo. Corrían nuevos tiempos, y el peso de los nombres propios, de los fan favourites como Byrne, se imponía comercialmente a los fabricantes de historias de antaño. Nos acercamos a la década de los 90, en la que tendría lugar una revolución absoluta del género de los superhéroes, comandada por unas cuantas firmas, una serie de dibujantes espectaculares que casi acabarían convertidos en empresas en sí mismas. Y los autores "cumplidores", esos funcionarios al servicio de los personajes que se tiraron años y años narrando historietas pulp, pasarían a un segundo plano, a no ser que se reciclasen como autores totales, diesen la campanada con una gran serie (cuyo título estuviese precedido del nombre del autor) o decidiesen seguir trabajando a la sombra de los jóvenes valores por los que se pirraban los lectores. Englehart sería uno de esos nombres que se quedaron rezagados y sepultados por esta revolución, mientras que el trabajo más moderno de Byrne sí sería acompañado por los nuevos tiempos. De hecho, la etapa de Byrne será, como decía al principio del capítulo, la más recordada de la colección, rivalizando en popularidad con su trabajo en la serie de Hulka que estaba a punto de llegar, y ciertamente fue un despiporre; pero la semilla del cachondeo la había plantado Englehart con todas estas aventuritas.


Tras la división del grupo, y la decisión de CL, Tigra y Bobbi de seguir juntos un ratito más, el primer destino del trío de ex-Vengadores se nos narraría en el 3º annual de la serie, perteneciente a la macro-saga La guerra de la Evolución. No he vuelto a leer completa esta saga (lo hice no hace mucho, cuando llegué a este punto en mi lectura sosegada de Todo Spider-Man), y además la intervención de Spector es mínima, reducida a uno de los capítulos contenidos en este ejemplar. Aunque en la portada salen todos los personajes que hasta ahora compartían cabecera, el tebeo consta de dos partes bien diferenciadas: "¡Cara, pierdes...!" y "¡...Cruz, ganas!". En la primera tenemos a los NV primordiales, echando una mano a Pantera Negra en Wakanda, mientras que la segunda (por Englehart, Milgrom y Chris Ivy) nos lleva hasta ese lugar frondoso y lleno de dinosaurios "más allá del Muro de Hielo" de la Antártida que predijo el Almirante Byrd (según la estúpida teoría conspiranoica), que en el Universo Marvel se conoce como la Tierra Salvaje, donde los tres secundarios ayudarán a Ka-Zar y Shanna, con ayuda del Hombre Gigante II (o Goliat Negro, el afroamericano, Bill Foster), a desbaratar los planes de destrucción mundial que el Alto Evolucionador está perpetrando por todos los rincones de la editorial. Siempre que aparece la Tierra Salvaje en un tebeo de Marvel suele ser sinónimo de una historia fascinante y exótica, con superhombres y grotescos mutados a tortas con tiranosaurios rex; pero aquí el papel de Spector es incluso menor que el del Hombre Gigante.


En el número 38, Caballero Luna ni siquiera sale. Se nota mucho que fue un fill-in genérico que tenían preparado por la redacción para cuando los titulares fallasen, escrito por Dan Chichester y Margaret Clark, y dibujado por Tom Morgan y Dave Hunt; y es un fallo en la continuidad, ya que Tigra, Bobbi y Iron Man vuelven a estar con el resto del grupo, como si nada, desfaciendo un entuerto insignificante. En el 39 vuelve la dinámica de mostrarnos al equipo A a sus cosas por un lado, descubriendo que la Mantis que se les ha unido no es la real sino su espíritu en un cuerpo ajeno, y han de ir a buscar a la buena que yace dentro de la tumba del Paladín; y en cuanto al equipo B, los tránsfugas, se despiden de su nuevo amigo el Goliat Afro en el aeropuerto de Newark (como ya no son Vengadores en activo, los Costa Este no les dejan aparcar el Quinjet en casa) justo a tiempo para ser atacados por el Jinete Fantasma otra vez, que se resiste a dejarles en paz. Englehart aprovecha también para volver a dejar a Marc Spector al mando del Caballero Luna, cuando el dios Khonshu lo abandona para "asustar" al fantasma vaquero, después de que su caballo (Banshee) deje al héroe herido e indefenso. El personaje salva la vida, y Khonshu regresa a ese impreciso lugar del espacio-tiempo desde el que se comunica de alguna manera imprecisa con Marc Spector para que este ejerca de su impreciso Puño. La historieta supuso la apresurada marcha de Englehart, quién sabe si airada y específicamente espantado por la llegada con pompa y circunstancia del mimado John Byrne.


De vuelta a California, el 40º número supone el ya mencionado regreso del Turno de Noche, ese grupo de antihéroes oscuros y terroríficos, a las órdenes de Mortaja, tan desaprovechados y tan absolutamente geniales. Son demasiados como para que les podamos disfrutar a fondo, pero ya solo los Hermanos Grimm, con sus poderes derivados de las fábulas de los cuentistas alemanes del mundo real (que si lanzar habichuelas mágicas, que si volar sobre nubes...), merecerían una cole propia. Mientras la manada de freaks se enfrentan al equipo principal en el cuartel de los Vengadores, CL, Tigra y Burlona aprovechan para colarse en el del Turno de Noche. Esa misma Torre de las Sombras que ya había visitado Spector en el número 3 de Solo Avengers, que ahora se antoja canónico para seguir la trama. En ese estupendo paraje calcado de la mansión de la Familia Munster se las verán con Mortaja, quien desvela lo que CL ya sabía: que solo está poniendo a prueba a sus minions, pero que en realidad son de los buenos. Mero episodio de transición hacia la etapa Byrne en el que se nos sigue explicando que Spector acaba de despertar mientras el propio dios Khonshu llevaba el timón, y que tampoco tiene demasiada enjundia. Escrito por el editor asistente de la serie, Mark Gruenwald, y último de Al Milgrom en la serie, embellecido esta vez por Mike Gustovich. La verdad es que me hubiese gustado mucho seguir leyendo algún tiempo más las aventuras en solitario del trío de renegados, esos Sub-Vengadores Costa Oeste de los que formó parte nuestro ídolo en estos pocos episodios. Además, sospecho que la relación amorosa entre Tigra y el Caballero Luna no ha vuelto a ser mencionada nunca jamás. Lo comprobaré con el tiempo, pero es una pena, porque creo que hacían una pareja sensacional.


Y también supondría un trámite dentro del devenir de LNV el número 41 de la serie, en el que tratarían de cerrar cabos sueltos a toda leche los mismísimos editores-en-jefe Tom DeFalco y Ralph Macchio, junto al correctísimo Tom Morgan en la parte gráfica. "¡Si los fantasmas pueden morir, hasta los dioses deben tener miedo!" es la historia que concluye el paso de CL por esta notable serie. Y en él tiene un papel muy destacado y protagónico. Con ayuda del exorcista Daimon Hellstrom, el Hijo de Satán, se cierra amistosamente todo el asunto del Jinete Fantasma, cuando aquel arqueólogo, Hamilton Slade, resulta ser de hecho el heredero del personaje clásico y estar dispuesto a colaborar con los Vengadores si hace falta. Y Khonshu, que ya se había exorcizado solo del cuerpo del Caballero Luna en el número anterior, se presenta ante Marc Spector y le da "permiso" para continuar sus aventuras en solitario, sin que el dios sea su co-piloto. Aunque por la portada y la situación en general no lo parece (la estampida de Englehart y Milgrom, la inminente y anunciadísima llegada del prestigioso Byrne, las tramas truncadas apresuradamente...), el capítulo deja atrás, de manera surrealista pero esperanzadora, las características místicas y antiguoegípticas, Spector deja de ser la marioneta de Khonshu, se impone otra vez el mercenario cabronías, y casi puede considerarse un prólogo para la etapa que está por venir.



3. Marc Spector: Moon Knight (1989-1994)


A riesgo de repetirme, recordaré una vez más que Marc Spector: Moon Knight es el título que tuvo el "volumen 3" de las aventuras en solitario del Lunático. Una serie iniciada en otoño de 1989 (fecha de portada, junio) y que se alargó durante la nada desdeñable cifra de 60 números. Con ella nos tiramos en plancha hacia los esperpénticos, hip-hoperos y grunges años noventa, con todo lo que ello conlleva. El mantra dice que la década de los noughties fue la más horripilante de la historia de Marvel. También se dice mucho que no trajo nada bueno a la historia de la música, ni del cine, ni de la televisión, pero no son más que manidas imbecilidades que dicen los friquis cuarentones que se aferran a los años 80 como si ello les fuese a hacer crecer el pelo otra vez y revalorizar sus G.I. Joes. Da la sensación de que ahora, en 2019, el zeitgeist anima a proclamar lo contrario: que hay qué ver cómo se echa de menos los noventa, que aquella sí que fue una década de verdad y no los chuchurríos ochentas del Equipo A, El coche fantástico y Los Aurones. Como creo que pocas discusiones son más estériles que esta (empero, ahí queda la advertencia: que todos los tics, eventos y retruécanos comerciales de la época temo que salpicarán la serie), abandono esta absurda introducción para sumergirnos en la remozada cole regular del Caballero Luna, que supuso una vuelta a los orígenes total y absoluta. El encargado de tomar las riendas y marcar las nuevas reglas del juego sería el guionista Chuck Dixon, que se mantendría durante más o menos los dos primeros años de la serie, y hasta el final de esta (inevitables fill-ins aparte) habrá otras dos grandes etapas, escritas respectivamente por J.M. DeMatteis y Terry Kavanagh. Sin llegar a ser nunca una de las grandes estrellas de la editorial, es innegable que durante todo este tiempo encontró una estabilidad y una enorme base de fans irredentos (¡presente!), que se diluiría por completo hasta entrado el siglo XXI, en los que vuelve a gozar de una tímida popularidad creciente, tras ser revitalizado por grandes nombres. Pero centrémonos en este dignísimo reboot y en cómo se desarrolla. El título de la serie, por supuesto, es importante: hazte a un lado, deidad martirizadora, y llévate tu parafernalia, que regresa el mercenario con lo puesto a poner orden en las calles.


La serie se relanzó de hecho con muchas ganas, en el número 74 de la revista Marvel Age (fecha de portada, mayo de 1989). Todavía no existía la Wizard (revista que sería para el cómic norteamericano el equivalente a la MTV para la música norteamericana), así que este vehículo promocional de Marvel era aún un medio de comunicación muy valioso para los fans. Al margen de la promoción, las cartas de los lectores, la publicidad, los checklists, etc., y de un paradójico artículo sobre la llegada de John Byrne a los Vengadores de las dos costas, CL protagonizaba la estupenda portada, obra de quien se encargaría del lápiz de su colección regular, Sal Velluto. En el interior también se incluía un "trivia" para conocer más cosas del pasado del personaje, un artículo introductorio breve firmado por Sholly Fisch (quedaos con este nombre, porque volverá), el protagonismo de la página de la risa del sempiterno Fred Hembeck y un adelanto de 5 páginas del primer número de la serie.


En mi opinión, Chuck Dixon (recordado principalmente por su trabajo a lo largo de esta década en Batman y Punisher: War journal, aunque hizo montones de cosas más, como por ejemplo docenas de historietas para Simpsons Comics entre 1999 y 2013) fue una elección excelente. Los cambios que había introducido Alan Zelenetz fueron ignorados con todo el desdén que merecían; aunque aún tuvo la elegancia de que los shurikens con forma de luna, al menos en los primeros números, tuviesen un escarabeo en el centro. Por lo demás, Dixon optó por un back to basics integral. No solo en el aspecto, sino en el tono adulto de los guiones. La principal diferencia con el trabajo de Doug Moench radicaría en la ausencia de soliloquios y de la voz constante del narrador; aunque tampoco era lo mejor de Moench, que como ya vimos en ocasiones alcanzaba una poética magistral, pero otras veces se limitaba a narrar en bocadillos de texto lo que ya estábamos viendo en el propio desarrollo de las ilustraciones, como en los tebeos de antaño, lo que ralentizaba algunos episodios. El ritmo es frenético, y estamos ante un mero tebeo de acción, lleno de explosiones, peleas, delincuentes, tiros y traficantes. Y mucha, mucha interacción con el resto del Universo Marvel. Los cameos de superhéroes van a ser constantes, lo que rompe también con esa sensación de aislamiento que le confería Moench, ese universo propio acuciado por el confinamiento del primer volumen a las librerías especializadas. También dejamos completamente aparcado el taxi de Jake Lockley (así como a sus ayudantes de los bajos fondos), y Steven Grant desaparece de facto, siendo el propio Marc Spector no solo el titular de la colección, sino quien decide dar la cara personalmente, en su identidad real, ante todos sus negocios como acaudalado misántropo; al menos en los primeros arcos que he leído. Si bien, en alguna ocasión, lo de disfrazarse de tipos anónimos para colarse en sitios parece que va a seguir siendo una constante, que es algo que le pega al personaje. Pero vamos a ceñirnos a la esencia cuerda del personaje: el Caballero Luna es el alter ego del mercenario bravío Marc Spector, y cuando se quita el disfraz se transforma en el manso millonario Marc Spector. Aunque la estatua de Khonshu (y otros pequeños bustos, estatuillas y pisapapeles del ídolo egipciano aquí y allá) preside la mansión de Long Island, homenajeando a menudo el origen místico, al menos por el momento (insisto) dejamos aparcada al lado del taxi esa esquizofrenia tan difícil de explicar y desarrollar fuera del ámbito de la tragedia introspectiva. Al lado de Spector siguen Frenchie y Marlene, ¿eh? Que esto era importante. Un detalle simpático (todo resulta demasiado serio) es que mientras su chica se había enfurruñado, la senil cocinera de la mansión (Nedda) se jubiló y en su lugar ha llegado una chica llamada Chloe que tiene las hechuras y gusto en el vestir de una modelo de lencería, lo que hace que Marlene se siga cabreando a ratos, y largándose dando portazos. El marchante de arte aquel, como se llame, ha desaparecido también. Sobre el millonario revolotea la amenaza de problemas con el fisco, y tal vez de ruina (tiene un contable, que le llama de vez en cuando, pero es casi irrelevante). El Lunacóptero es nuevo, y vuelve a tener alas en forma de medialuna. Y así como Marc menciona abiertamente que ya no necesita hacer de Lockley, estoy seguro de que volverán a aparecer los viejos conocidos. Sí, el Caballero Luna es ahora más que nunca un cruce del Castigador con Batman, acaso con trazas de John McClane, de "Mortadelo" o de Sherlock Holmes cuando se necesiten, y nos olvidamos de Travis Bickle y de la posesiones divinas. Quizá sea un CL demasiado despojado de contextos como el espiritual y religioso o el majareta (podían haberse trabajado algo más para conservar esa esencia genuina; seguro que el pesado de DeMatteis y Kavanagh ahondarán por ahí), pero es un tebeo de vigilantes urbanos estupendo y trepidante. Pocas objeciones, al menos recién reanudada la andadura.


El dibujante italiano Salvatore "Sal" Velluto llegó a Marvel con solo 18 años, para sustituir a John Bogdanove en la serie de niñatos con poderes Power Pack. Esta etapa del Caballero, iniciada un par de años después y en la que se mantendría casi otros dos, sería su "trabajo de graduación" previo a una carrera modesta pero admirable tanto en Marvel como en DC, Acclaim o Continuity. Parece ser que en los últimos años se ha dedicado a la batalla de ilustrar historias modernas de The Phantom para el mercado europeo, así como a adornar publicaciones de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Yo no le había dedicado demasiada atención hasta esta relectura, y me está pareciendo un obra de extraordinaria calidad, sobre todo si tenemos en cuenta que su labor era que nadie echase de menos a Bill Sienkiewicz. Si ignoramos esos sixpacks (qué superhéroe no llevaba la ropa tatuada a la musculatura imposible en esta época), y el inevitable desgaste y rapidez de tener que entregar 20 páginas al mes, creo que es justo decir que en la cuestión visual la papeleta estaba dignamente salvada, tanto como a nivel argumental. Claro que hay que añadir otro nombre a la ecuación: el entintador de los primeros números no era otro que el insigne, el portentoso Mark Farmer. No duraría mucho, y cuando venga su sustituto se le echará de menos muchísimo. Ah: la estupenda portada del primer número viene firmada a seis manos, y en ese orden, por Carl Potts (también editor de la serie) Velluto y ¡Kevin Nowlan!


Los tres primeros números ("Luna nueva", "Luna de caza" y "Luna de matanza") forman un arco con intención continuista, ya que el primer villano al que se enfrenta será el mismísimo Bushman, la némesis natural del héroe. Tras un meritorio comienzo lleno de presentaciones para el nuevo público, asistimos a una persecución por las calles de la ciudad, que termina con el secuestro de Marlene (que se resiste y se resistirá; no ha dejado de ser una guerrera para convertirse en una "damisela en peligro" cualquiera) por parte de Bushman. A Velluto se ve que le pirra dibujar cochazos, helicópteros, tanques, motos... aparece muchísima tecnología molona así como arquitectura detallada llenando las páginas. Otro asunto más que recuerda a los tebeos del Castigador de Carl Potts o Jim Lee de esta época, e incluso a los The 'Nam del glorioso Michael Golden. En el número 2, además de un cameo absurdo de Spider-Man para llamar a las ventas y por aquella tradición de bautizar la serie (simplemente, pasaba por allí y aprovecha para hacer fotos para el Daily Bugle), descubrimos que Bushman se ha auto-denominado tirano de su propia república bananera en África, la ficticia Burunda, conocida por su despótico líder como "Ciudad Libre", y después de indagar en la embajada viajamos en el número siguiente hasta terreno selvático para enfrentar al bellaco, que se escuda en la población pero acaba siendo derrotado con bastante facilidad. Una vez más, Marlene evita que a Spector se le vaya la olla con los golpes y se rinda al lado oscuro. Pequeños detalles y referencias de todo tipo dan solidez y continuidad a la historia, y se nota que los autores se han empapado a fondo de su "tebeografía". Falta si acaso algo de humor, y el tono recuerda más a "Cobra" que a "Arma letal".


Los números 4 y 5 suponen la presentación de un nuevo personaje del entorno de CL, completamente inesperado, y que quién sabe si acabará cuajando o sobrando: resulta que seguimos tirando de archivo y rindiendo tributo, y regresa otra de las creaciones más memorables de Moench/Sienkiewicz: Medianoche. Aparece como si nada, en plena forma, pese a que le habíamos dado por muerto (por segunda vez) en aquel arco glorioso de los números 9 y 10 del volumen 1. Y es que no se trata de Anton Mogart, el Hombre de Medianoche, sino de su hijo, que ahora responde solo a Medianoche. Aunque es más "salvaje", como promete el título de la primera historia, porque el heredero se llama Jeffrey Wilde. Es un joven acrobático que se pasó toda la vida aprendiendo las artimañas del padre y entrenándose como él... pero que no quiere vengarse de CL ni nada parecido, sino convertirse en su aliado. Sí, el chaval vestido de negro y con capa, que tanto se parecía desde el principio a una versión invertida, radiografiada de Marc Spector, ha llegado para quedarse, y es ni más ni menos que su nuevo sidekick. Veremos cómo se desarrolla todo esto (parece que en las miniseries del siglo XXI sigue saliendo), pero ¿lo de los jóvenes ayudantes del superhéroe no pasaron de moda en los años 50? No lo veíamos venir, pero en esta nueva etapa, además de cochazos, acción a raudales, gadgets nuevos y mamporros a hampones, vamos a tener un Robin. Un joven Kid Luna (o, como dirá el propio Spector unos números más adelante, un Tonto). Todo apunta a que, como mínimo, servirá como ese alivio cómico que yo mismo eché en falta en los primeros tres episodios, ya que hasta tienen sus propios running gags, como el hecho de que Jeff siempre desvela en público, durante las peleas, que la identidad secreta de CL es Marc. El número de presentación tiene un aspecto más clásico aún que el resto, ya que es obra (portada e interiores) de la leyenda del medio Russ Heath, fallecido en 2018, nada menos que el tipo en quien se inspiró Roy Lichtenstein para crear sus viñetazas de museo. El episodio es una delicia vintage. Y en la última viñeta aparece otro rostro conocido para los lectores: la Gata Negra. Recién salida de su relación con Spiderman (que no con Peter Parker), parece que quiere entrometerse entre él y Marlene... Entre más espectaculares persecuciones por el puente de Brooklyn o en el Metro, el número 5 nos lleva hasta otra nueva amenaza con los tres héroes ya unidos, a los que se unirá uno más, como adelanta el cliffhanger final: vuelve, también, el Hermano Vudú, y por supuesto le acompaña una horda de zombis.


"Una mano en el río" y "Zombis del sábado noche" oscurecen un poco el tono hacia el terror y lo paranormal, al tiempo que la Gata Negra deja paso al brujo haitiano, que acabará él mismo transformado en zombi sarnoso hasta que CL lo remedie. Medianoche sigue como secundario cómico, y también se mantienen la acción desenfrenada, los escenarios urbanos, los primeros planos de vehículos molones y la tensión mctiernaniana. Las páginas de Velluto y Farmer son verdaderamente preciosistas y detallistas, rozando el horror vacui. La trama, que implicaba al malvado zombificador Dr. Friday y a mafiosos italos con nombres como Gonzalo "El Martillo" Vega, Tony "The Mooch" Muscato o El Brutale, queda abierta, cuando la cosa revolotea hacia instancias superiores del crimen organizado que, una vez más, parecen llevar hacia Kingpin. Todo sigue a buen ritmo y manteniendo el interés, pero la mala noticia es que Mark Farmer se despide en el número 7, y será sustituido por un entintador que no es perfecto: Tom Palmer, quien ya se hubiera ocupado de los lápices del propio Sienkiewicz en CL, en aquel ya lejano Marvel Preview nº 21 en blanco y negro de 1980. Palmer, eficiente y frecuente artista en la Marvel de la época, se quedará durante casi toda esta larga colección, ni que sea a veces solo entintando la portada.

Interludio: 07/01/2020, Bill Sienkiewicz publica esto en su cuenta de Facebook:
«Acabo de tener una maravillosa conversación con mi querida amiga Constance sobre los gatos. Son individuos increíbles e inteligentes, que SABEN cosas. Quiero decir de manera inescrutable, hasta el núcleo. Nos conocen mejor, de muchas maneras, de lo que nos conocemos a nosotros mismos. Voy a creer que será así hasta el día de mi muerte.
Por ejemplo, recuerdo hace años cuando estaba haciendo Caballero Luna y luchando por liberarme de la cosa del clon de Neal Adams
Mi gato Bogie (como en Betty Bacall y Humphrey) se obligaba a sí mismo a orinar a diario —y quiero decir copiosamente— sobre la obra de Neal Adams que usaba como referencia, y sólo en lo de Neal Adams. Nada más. No en mis libros sobre arte, o los impresionistas, o álbumes de jazz o manuales artísticos. SOLO Adams. Cerrar la puerta, airear el material, trasladarlo a una estantería más alta... no funcionó. Cada maldito día, Neal conseguiría el diluvio de amoníaco. 
Como él mismo me decía, "tío, es hora de que pases a ese nuevo estilo del que sigues hablando". Así que sí. Gatos. LO SABEN. 
(Hace mucho tiempo que reemplazé la colección Adams, pero maldita sea si Bogie no tenía tanta razón como la lluvia... esa gloriosa, terca, adorable, inspiradora pequeña mierda).».
Ilustración: tintas de Sienkie sobre lápices de Adams, para Batman: Odyssey nº 6 (2012)


Breve alto en el camino para asistir al primer encuentro entre el Caballero Luna y el propio Castigador. Ya hemos visto cómo en esta etapa los métodos de Marc Spector apenas se diferenciaban de los de Frank Castle, y que Chuck Dixon estaba de alguna manera "entrenando" para dar lo mejor de sí cuando se encargara del Punisher. El encuentro estaba cantado, en esta época en la que los big guns (esos vigilantes disfrazados, sin poderes pero con muchos dientes). Curiosamente, en el siguiente número de la serie regular de CL llegaría como invitado el Castigador, y repetiría dentro de poco tiempo. Van a cruzarse sus destinos bastante, o al menos eso parece, al ser dos tipos de corte similar. Es difícil de aclarar cuál fue el primer encuentro de todos, ya que los annuals van por su cuenta al margen de los datelines, y el encontronazo con Castle en la serie regular (que veremos en breve) se anunció como si se vieran las caras por primera vez; pero por las fechas de portada (septiembre de 1989 frente a diciembre; aunque ya sabemos que bailan, y que los tebeos salen antes, pero se les pone cierto retraso en portada para que no parezcan caducos y atrasados en pocas semanas), el anual nº 2 del volumen 1 de The Punisher, ambientado en la saga ¡Atlantis ataca!, salió oficialmente antes. Y aunque en el número regular de Dixon pretendieran que era la primera vez que se veían, se saludan sin ningún entusiasmo y ya se conocían aunque fuese por la prensa, mientras que en el título que nos ocupa, se dan la mano y se "alegran de verse"; así que argumentalmente tiene sentido que éste vaya antes.


El primero de los contenidos de este grueso especial, el que nos ocupa, es un trabajo de 30 páginas de Mike Baron al guion y Bill Reinhold como autor completo; el mismo que ya había dibujado a Spector y Lockley en la historieta breve de Marvel Fanfare 39. Se titula "Knight fight", y tiene un comienzo tan insensato como ocurrente: Marc Spector está mirando el escaparate de una tienda de animales en Long Island, y de repente, sin querer, contempla cómo un tío raro compra un gerbo y, según se lo entregan, se lo come. Decide seguir al tipejo, y descubre que se oculta en el rancho privado de una especie de secta llamada Save Our Society. Spector luego consulta con Frenchie para obtener más información de esta gente; paralelamente, Frank Castle está buscando a un yonqui asesino, y sus pesquisas a palos en una guarida de yonquis le llevan hasta Save Our Society, a quienes investiga también gracias a Microchip. El propio Baron hace obvios los paralelismos entre los héroes, aunque vemos que Spector no cruza ciertas líneas rojas (lo del matar) que a Castle se la refanfinfla. Así que esa misma noche coinciden sobre la azotea de la clínica privada que ambos encuentran asociada a la extraña sociedad secreta, y sin más reconocen su admiración, chocan las cinco y se ponen a trabajar juntos. Descubrirán que en esa clínica se atiende a yonquis inyectándoles un suero que les acaba transformando en hombres-serpiente ajenos al dolor pero que reptan continuamente buscando más dosis. Y que detrás de todo está la malvada Madame Víbora, uno de los puntales de ese ataque de HYDRA y la Sociedad Serpiente a todo el Universo Marvel que tuvo lugar de forma transversal a finales de los ochenta. La participación de estos dos macarras se limitó a esta interesante historieta cuyo principal aliciente son las muchas viñetas de acción contra masillas de lengua bífida y sangre fría.


A continuación entramos, volviendo a la serie regular, en los tie-ins del personaje adscritos a la otra gran saga de aquel año, Actos de Venganza. La premisa del evento era, sencillamente, enfrentar a los personajes más populares de Marvel contra villanos habituales de otras colecciones. Los malos se habían dado cuenta de que sus archinémesis naturales les vencían una y otra vez, se aliaban y decidían atacar en grupo, y a héroes de otras colecciones con los que no se hubieran enfrentado antes y por lo tanto no estuviesen tan preparados para vencerles. El plan se le ocurrió a Loki para derrotar por sorpresa a los Vengadores, e involucraría a villanos de primera categoría como Magneto, Kingpin, Dr. Doom, Cráneo Rojo, etc., arremetiendo contra personajes de series por las que no solían asomar. Pero en la práctica, fue un desfile de inusitados y coloridos villanos de segunda y tercera regional, asolando a todos los supertipos en sus páginas correspondientes. Al Caballero Luna le tocaría defenderse del terrorista bizarro Sin Banderas, que acababa de juntar a una pléyade de masillas llamados Ultimátum, junto a otros villanos como la francotiradora Anarquía. Los números 8 y 9 de MS:MK así narraban el citado nuevo encuentro de CL con el Castigador, que no se enfrentaban en ningún momento sino que colaboraban (por segunda vez, no primera) contra Sin Banderas y los suyos; el 10, aún dentro de Actos de Venganza, es una historia nueva y autoconclusiva, en la que mientras Spector salva a una suicida y ayuda a los bomberos a desalojar un edificio en llamas, aparecen de pronto Urraca Asesina, el Anillador y Tralla. CL y Medianoche acabarán reduciendo y entregando a los tres a las autoridades, pero Urraca consigue golpear el Lunacóptero, que se estrella con Frenchie dentro y nos lo deja debatiéndose entre la vida y la muerte.


El siguiente episodio marca unos pequeños cambios en el status quo: Frenchie sobrevive, pero estará unas cuantas páginas en el hospital y a ver si no acaba parapléjico; por el momento, causa baja, y aunque sigue participando lo hace desde una cama de ruedas, mientras que el Lunacóptero está en un desguace. Marlene y Marc se reconcilian, después de las tiranteces de los números anteriores, y ella promete volver a aceptar el peligroso pasatiempo de su novio cuando se pone la capa. Y Spector discute con Jeff, su ex-sidekick Medianoche, harto de que el mocoso se inmiscuya en sus aventuras y la cague, como ha pasado con Frenchie. De malas maneras, le da la patada al pupilo, y esto tendrá consecuencias. Este número 11, además, es el prólogo a un nuevo arco argumental que nos llevará hasta el 14: primero, reaparece por todo lo alto Arsenal. Pero tampoco es el mismo Arsenal al que habíamos conocido durante la etapa "Moenkievicz", sino un capullo ejército-de-un-solo-hombre llamado Gordon Campbell, que trabaja como mercenario y quiere reclutar a Spector para que se una a su pequeño "Equipo A" de chiflados (g.i. joes a sueldo con nombres como Akkad, LeGrange o Banning), para irse desde Marsella a Burunda a derrocar de una vez por todas al final boss de la serie, Raoul Bushman, que ahora se ha pasado al narcotráfico a escala internacional.


Arsenal se hace pasar por agente de la DEA, lo que en principio espolea a Spector a volver al mercenariado, pero pronto descubrirá que son unos matones del tres al cuarto, y prefiere enfrentarse a ellos y viajar a Burunda en solitario, a derrotar a Bushman y su ejército de esclavos por principios, y rechazar el dinero y la violenta compañía. Una vez en el país del África Marrón, otra vez, conocerá a otro soldadito muy mañoso, que está allí haciendo voluntariado entre la resistencia, y que da la casualidad que tiene allí un helicóptero, de cuando sirvió en Vietnam. Se llama Montana, y es una caricatura nada disimulada de Indiana Jones con trazas de Cocodrilo Dundee. Todo sea por que Spector vuelva a descolgarse de la escalinata de un helicóptero, aunque sea un Iroquois de camuflaje... Tiene su gracia el detalle. También conoce a unos nativos perseguidos por el dictador local, uno de los cuales (Madre Nzaga) es una especie de chamana que tiene una escultura de Khonshu artesana, y los astros le han dictado que un Espíritu Salvador ha de pasar por allí a ayudarles... como así sucederá. Luna y Montana, con algo de ayuda de Arsenal que les pisa los talones y también se la tiene jurada a Bushman, conseguirán abatir a los suyos, o más bien convencer a sus huestes de que se enfrenten al cabrón de su autonombrado líder y devuelvan la república a su legítimo y democrático mandamás, el General Jonathan B'kosa. Un detalle de esos de continuidad que me gustan: huyendo de Burunda, Montana y Spector llegan a la frontera de Wakanda, y les dejan pasar gracias a que el segundo enseña su carnet de afiliación vitalicia a los Vengadores...


El mayo de 1990 se puso en marcha una nueva colección genérica en Marvel, que venía a ser algo así como una antología de historietas breves surtidas con cadencia trimestral. Se llamaba simplemente Marvel Super-heroes, y para entendernos, era una especie de especiales del gusto de los seguidores de la quincenal Marvel Comics Presents, serie de corte similar nacida en 1988 y que gozaba de muy buena salud por entonces. Tuvo un total de 15 entregas, todas ellas subtituladas como "Especial Verano", "Especial Otoño", etc. Traía una historia un poco más larga y autoconclusiva, y otras más breves pero serializadas, protagonizadas por secundarios como Speedball, Pícara, Magik... Material de prueba para autores diversos, quizá descartes de todo tipo, aventurillas sin enjundia para el diletante más fiel. Y la gloria de protagonizar la portada y la primera historieta del primer número, la obtuvo nuestro Caballero Luna. Fue una historia muy hermosa, ajena a (aunque con guiños a) la continuidad de la serie oficial, escrita por Robert M. Ingersoll y dibujada otra vez por Mike Gustovich, en la que Spector viajaba hasta Texas para reencontrarse con... ¡Gena Landers! Tal vez no hice suficiente hincapié en ello, pero Gena, la camarera del Gena's Diner en el que pasaban las horas muertas el taxista Jake Lockley o el vagabundo Crawley, durante el primer volumen de la serie, se había despedido oficialmente en el número 35 de aquella. Tras ser asaltada violentamente en el número 34, en el número siguiente, aquel especial de tamaño doble en el que los 4-Fantásticos, la Patrulla-X y CL se enfrentaban a la bailarina de ballet rusa, frustrada y asesina, había un pequeño intermedio en el que Gena visitaba la mansión de Grant, para contarle que estaba asustada y que seguramente aceptaba una oferta de su hermano para irse a Houston a hacerse cargo del restaurante de su hermano. Fue la última vez que la vimos. Ahora Bob Ingersoll, más conocido por su labor como columnista y agitador cultural que como guionista (se prodigó poco), tiraba de hemeroteca para acordarse de ese comentario en una viñeta de un tebeo de la década anterior, para descubrirnos que, efectivamente, Gena está al frente de un restaurante. Y es uno muy lujoso y pijeras, que se llama The Courtyard. En esta historia breve, Spector, con su traje de faena, simplemente visita a Gena e intercambian recuerdos, y de paso lucha contra un nuevo villano alado, El Saqueador, alias de un pobre hombre texano llamado Paul Hazlett, que decide asaltar precisamente el centro comercial que aloja el restaurante. El reencuentro con Gena resulta conmovedor y un valioso detalle de continuidad.


En algún momento de este largo texto mencioné What the--?!, esa serie paródica publicada por Marvel, de cadencia aperiódica y contenidos absolutamente caóticos, que albergaba historietas protagonizadas por versiones apócrifas y caricaturescas de los personajes de la casa. También dije que os quedáseis con el nombre de Sholly Fisch, un curioso escritor asociado permanentemente con historietas de corte humorístico o para niños, dentro de Marvel y también de DC. Su largo currículo salpica todo tipo de series absurdas y locas, destacando los 100 episodios de Scooby-Doo Team-Up o, entre otros, un fill-in de la serie de Hulka post-John Byrne del que hablaré dentro de poco, porque allí también utilizó a Marc Spector. Pero en lo que nos compete ahora, llegamos al número 8 de What the--?! (julio de 1990), con portada del propio Byrne, ya que entre otras historias breves de personajes absurdos y remedos paródicos de los grandes héroes de Marble Comics (e incluso de la competencia), vamos a conocer a Goon Knight. Si Spiderman tiene en una dimensión mucho más loca que la nuestra a un doppelganger porcino llamado Peter Porker, Spider-Ham, por qué no habría de existir allí también un Caballero Luna gordo, autoconsciente y existencialista.


Las brillantes estupideces de Fisch cobraron vida gracias a un dibujante legendario, Win Mortimer. Artista que comenzó su carrera en 1945 dibujando portadas y tiras de prensa de Superman, y que también realizaría otras obras tan vibrantes para Marvel como Spidey Super Stories o la miniserie de la Enfermera Nocturna. Al margen, por supuesto, de la continuidad oficial del personaje, no podía dejar de destacar esta maravillosa historieta de 8 páginas, que repasa absolutamente todos los detalles concernientes a la vida de Spector, pero llevándolos a la caricatura: el mercenario Murk ostenta es al mismo tiempo la Nariz de Kerchoo, el taxista Jerk Luckless y el millonario Steven Grunt, y junto a sus adláteres Frenchie, Vaslene, su joven ayudante Midnut y Fenster Crumley, se enfrentará al fisco y a los problemas de la longitud de su capa tanto como a los malvados Litterbug o Brushman. Una auténtica delicia, divertidísima y documentada con fruición para retorcerla con mucho buen gusto. El editor de la serie, por cierto, era Terry Kavanagh, quien pronto se encargará de la serie regular del cruzado lunástico.


Goon Knight volverá a aparecer en otros números de What the--?!, ya veremos si con tanto peso protagónico como en esta sensacional historieta en solitario; pero había pasado por alto que, oficialmente, se dejó ver, chiquitito, de fondo, en una escena multitudinaria del número 1 de la serie (agosto de 1988), cuando formaba parte de... los Guest Host Offengers.


Pero volvamos a la "realidad", y a las aventuras de Spector donde las habíamos dejado. Para los números 15 al 18 se cambió el logo de la cabecera, para transformarla temporalmente en "El juicio del Caballero Luna". También, por primera vez, la logoforma de la esquina superior izquierda. Es otra saga solvente, correcta, interesante, aunque seguimos sin tener noticias de la faceta paranormal del personaje, ni de muchos de los elementos tradicionales. Dixon, Velluto y Palmer deciden dar una vuelta de tuerca a la historia de Spector previa al Caballero Luna, y enfrentarlo a sus pecados del pasado como mercenario a sueldo, ahora que ha dado la cara y no se esconde tras la personalidad de Steven Grant. La cosa comienza cuando otros cazarrecompensas que pululan de vez en cuando por el Universo Marvel, los liderados por la symkariana Marta Plateada (Silver Sable), son contratados por el gobierno de la república ficticia de Bosqueverde para llevar a Spector ante la justicia de allí. El motivo: que muchos años atrás asesinó a sangre fría al jefe de estado de aquel lugar, Ricardo Dominguez, contratado para derrocarle por quien fuese su sucesor, Emmanuel Rodrigo Raposa. Spector sufre pesadillas y ha sido obligado por Marlene a hacerse un chequeo médico (no tiene nada grave), y en mitad de esta normalidad es asaltado por la Barra Brava (Wild Pack), el equipo de Silver Sablinova, que por aquel entonces estaba formado por ella, el Hombre de Arena, el Paladín y un puñado de masillas morados. Rota la cotidianeidad, y tras luchar contra los cazadores a sueldo, Spector se entrega y decide someterse al juicio. El resto de la acción se traslada a Bosqueverde, a la espera del juicio, y la cosa avanzará a golpe de flashbacks y escenas carcelarias. Marc está encerrado junto a otros sospechosos, como su viejo amigo Bo Olsen, un rubio con barba que era tan malo como el propio Bushman, y que le animó a apretar el gatillo, o el malvado Dr. Bajete, que parece estar conchabado con la viuda de Dominguez.


A todo esto, Frenchie (aún no recuperado del todo) y Marlene irrumpen en un jeep en Bosqueverde, en plan commando. Y mientras la mansión de Long Island está vacía, Jeff Wilde, Medianoche, se cuela y roba un traje del Caballero Luna. Rechazado por su mentor, ha vuelto a abrazar el lado oscuro, y quiere regresar al mundo del robo a manos llenas. Con el traje robado, si le pillan, le echarán la culpa a CL. Pero apenas acaba de subirse a una azotea, cuando descubre sin querer el cuartel secreto del Imperio Secreto, una sociedad de mamarrachos enmascarados aliados de HYDRA (dejan ver por el Universo Marvel desde 1966), que comenzarán a perseguirle, preparando las cosas para la siguiente aventura. Pero antes hay que cerrar la saga bosqueverdesca, que se resuelve de forma un poco pocha cuando Marc salva la vida del portavoz del actual presidente local (Hector Silva) cuando iba a ser asesinado por Bajete, y a cambio le pide que le declaren inocente. Podría haberse descubierto el pastel de que todo fue un montaje contra Spector, y ser declarado inocente pese a haber matado al ex-presidente Dominguez; o podía haber huido a la fuerza, con la ayuda de Marlene y Frenchie. Sin embargo, Spector opta por manipular al jurado... un final un poco extraño para una historia muy decente.


Y alcanzaremos el número 21 con una nueva aventura en tres partes, que se centra en las consecuencias del espionaje de Medianoche (disfrazado de CL) hacia el Imperio Secreto. El plato fuerte de estos tres números es que, como muestran las portadas, Spector va a compartir aventuras con dos platos fuertes de la editorial: Spiderman y el Castigador. Los tres héroes posando son el principal reclamo, tres pin-ups molones que además fueron realizados por tres artistas ajenos, y de renombre: el mismísimo fan-favourite en ascenso Rob Liefield, que estaba devolviendo a los Nuevos Mutantes a la gloria conferida previamente por Sienkiewicz; el no menos espectacular y llenapistas (aunque más asociado a DC) Jackson Guice; y un viejo conocido de Spector, Denys Cowan, que se encargaría también de las tres siguientes, hasta el final de la etapa de Dixon. Aparte de los pósters, el interior de la serie tiene su gracia. pero parece apenas el fruto de una idea peregrina y poco trabajada. Prácticamente no aparecen más personajes aparte de Spiderman, el Caballero Luna, el Castigador y los tipejos con túnicas numeradas del I al VII, conocidos como el Imperio Secreto. Los de la secta rara han secuestrado a Jeff, y lo tienen encerrado con quemaduras de tercer grado. Las pesquisas de los tres héroes les llevan de un cuartel general a otro, de una pelea sobre los rascacielos a otra, hasta recabar finalmente en un edificio que lleva años a medio construir en mitad de Nueva York, que en realidad oculta la lanzadera de un cohete que pretende poner en órbita baja un arma que destruye satélites y bases militares, con la intención de extorsionar a todos los líderes mundiales. Otro de los leit-motivs de esta aventurita es que Spiderman ejerce de árbitro del conflicto entre Spector y Castle, que dirimen sus diferencias, sus líneas rojas, su diferente baremo a la hora de apreciar la vida de los enemigos, con constantes discusiones y peleas violentas de varias páginas incluidas. Al final del arco, que es pura acción, entregan al Imperio Secreto a las autoridades, pero a Medianoche, que jura venganza contra su ex-mentor, lo dan por muerto.

Interludio: hasta aquí llegaría la edición española de la serie, editada por Forum entre 1990 y 1992. Abarcó, como hemos visto, y dentro de una única colección, los 6 números de la serie frustrada limitada de Zelenetz (1985) seguidos de los primeros 14 de Dixon (1989-1990), en 15 entregas españolas de 32 páginas. Por cosas de la arbitrariedad editorial, los últimos números USA (11 a 14) se alojarían, en España, dentro de la marciana cabecera Marvel Two-in-one: Marc Spector, Caballero Luna y Nick Furia, Agente de SHIELD, que solo duraría 4 entregas, numeradas (respetando el orden de la cole de Spector) del 16 al 19. El número 19 español de "2en1" contenía las 11 páginas de la historieta de Spector incluida en el Marvel Super-Heroes Spring Special 1 que vimos hace poco, correctamente colocada en su lugar cronológico. Al mes siguiente, CL (y también la serie de Nick Furia) recuperaría su propia cabecera, que podríamos llamar "volumen 2" español, pero que desgraciadamente solo alcanzaría 7 entregas más (de enero a julio de 1992): las cuatro de la saga "El juicio de Marc Spector" (nº 15 a 18 americanos) y la triple visita de Spider-Man y Punisher, alcanzando el número 21 de Marc Spector: Moon Knight.

¿Resulta un poco lioso? Tal vez. El Caballero Luna nunca fue un superventas en España, y los editores hicieron lo que pudieron para mantener la llama encendida. De hecho, es justo destacar el trabajo de José María Méndez, gran amante del personaje, a la hora de llevar los correos de los lectores de Forum (con fiereza y criticando el material americano cuando era necesario, echando de menos siempre a Moench y sobre todo a Sienkiewicz), así como de traducirlos y salpicar los tebeos de artículos informativos de todo tipo. Estos 24 tebeos españoles no son fáciles de conseguir a estas alturas del siglo XXI, con excepción de los 10 primeros, que están más accesibles especialmente en el formato de sendos "retapados". Pero doy fe de que, con insistencia y algo de mano ancha, es posible completar la colección si os deshicisteis de ella en su día, como yo. Entre otras curiosidades de la edición española, y aparte de los citados artículos exclusivos (ninguno de más de una página pero todos hechos con mucho cariño), podemos mencionar el complemento que se insertó seriado en las grapas 6 a 15: Sangrefría (Coldblood), la historia de un cyborg de la "familia" de Deathlock, publicada originalmente en Marvel Comics Presents, y que fue obra de "papá" Doug Moench con soberbias viñetas de Paul Gulacy. Por su parte, en el "cajón de-sastre" que supusieron las colecciones reunidas bajo la línea Marvel Two-in-one, además de las historietas cortadas, las portadas desaparecidas o el tener que convivir con un personaje que no tenía absolutamente nada que ver y cuya historia probablemente no seguías, el complemento eran... tiras de prensa de Spider-Man al azar, encartadas en blanco y negro. Un experimento de lo más extraño. Cabe mencionar también que unos jóvenes Santiago Segura y José Antonio Calvo escribieron al correo de la colección (aunque no para hablar de CL sino de sus cortometrajes gore); que un tal Pablo Turrión, entre muchos otros lectores ¿anónimos?, enviaron dibujos realmente cutres; que el mismísimo jefazo Antonio Martín se despidió de los lectores entre lamentos y disculpas al verse obligado a dar carpetazo, en el último tebeo; o que también había entregas de Fan con Nata, la serie de culto de Cels Piñol... quien también escribió un artículo muy chulo de nuestro héroe, con ese estilo tan característico suyo de los 90 repleto de referencias a la cultura pop de todos los rincones. Nunca me cansaré de defender las ediciones de Marvel que hemos tenido en España, por más subidas de precio, pequeños errores o decisiones editoriales adversas que se hayan producido, y que para algunos lectores suponen herejías y nunca se cansan de vilipendiar y llamar al boicot en las redes sociales. El trabajo de los redactores, los textos de los correeros, los pósters, los densos artículos o páginas de información en aquella época pre-internet, los adelantos, ¡hasta los anuncios! de Forum y todo el cariño que se derrochaba allí, me ha acompañado desde pequeñito, y para mí Marvel no sería nada sin Forum y su seguidora natural, Panini. Siempre me ha ocupado más tiempo mirar las páginas de texto que las viñetas de aquellos tebeos, y siempre sería lo primero sobre lo que me avalanzaba. Mirad si no cuidaban y mostraban pasión por lo que hacían los redactores españoles que, por ejemplo, el propio Méndez se atrevió a mostrar un dibujito en su propia página de correo:

Ah: por supuesto, la serie de los Nuevos Vengadores también se publicó en Forum. Gozaba de buena salud, así que no es difícil encontrar la etapa del paso de CL por el grupo (nº 21-41; aunque recomiendo empezar por la saga completa de "Perdidos en el espacio" durante la cuál se une, es decir, desde el nº 17). En España no volveríamos a ver material de Spector en solitario hasta 1995, en un tomo de Forum que contenía los números 55 a 60, últimos de la serie americana en curso, bajo el título de "Muerte en la familia". Ya tocará llegar a ello. Pero que conste que en España permanecen totalmente inéditos los números 22 al 54 de la serie MS:MK, y que, aunque haya a quien le parezca repudiable, mi lectura a partir de aquí continúa en formato digital y alegal, gracias al impagable (e impagado) trabajo de los lemmings del CRG (Comics Release Group, foro de filántropos amantes y conservadores de tebeos de todo tipo y condición), que a lo largo de los años han conseguido rescatar y traducir todo este material por amor al arte. Y no me duelen prendas en reconocerlo, porque es que además no queda otra... por el momento. ¿Se atreverán Marvel y/o Panini a traducir de una vez todo esto, de cara a la serie y la película del personaje? Seguro que alguna reedición habrá, pero yo sospecho que no de esta serie. La mayor parte de los noventa son un tabú para Panini, y son tebeos duros de vender...

Los tres últimos capítulos escritos por Dixon y dibujados por Velluto (esta vez, con Chris Ivy a la tinta china) son una especie de epílogo a todo lo acontecido durante el juicio. Cambiamos de escenario (de Nueva York viajamos a Miami), tenemos nuevos villanos, damos un descanso a los superhéroes invitados, y nos ceñimos a un leitmotiv: resarcir a Spector del asesinato de Dominguez, localizando a Emmanuel Raposa y poniéndole ante la justicia del país que desvalijó durante el tiempo que estuvo en el poder (...por culpa del mercenario Marc). Para lograr su objetivo, tiene que seguir enfrentándose a los chiflados con túnicas de Imperio Secreto, con Número I al frente, y especialmente a su brazo armado más descabellado: los Pretorianos. Unos paramilitares supremacistas, racistas y asilvestrados (que incluso difunden su mensaje racista por la tele en primetime, para bochorno de muchos y catarsis de otros muchos), liderados por un político charlatán llamado Javier Ortega Smith Mr. Ellister, y que cuenta entre sus filas con salvajes como Motosierra o el ex-amigo de Spector, Bo Olsen (que resultará ser un infiltrado, y acabará estando del lado de Spector cuando llegue el momento de la verdad: la confrontación final contra Raposa, escena especular de aquella en la que se vieron envueltos tantos años atrás). "Fábrica de odio" se abre con CL investigando en el edificio en construcción, ya tomado por la policía y por SHIELD, siguiendo la pista del Imperio Secreto. Pronto descubriremos que los Pretorianos se divierten asistiendo a una especie de circo romano, en el que sueltan a personas para que Chainsaw los destripe, y enseguida le va a tocar el turno a Marlene, que ha sido secuestrada por ellos mientras husmeaba. También tenemos un nuevo Lunacóptero aerodinámico, que Frenchie se ha puesto las pilas y lo vimos construyéndolo a ratos, con las alas ligeramente rectilíneas. Y en varios interludios vemos cómo al moribundo Jeff Wilde los de Imperio Secreto le están añadiendo partes robóticas, transformándole en un Medianoche cyborg... Ese es más o menos el nuevo panorama. Es un colofón interesante, lleno de acción y con mensaje antifascista, que más o menos deja todo cerrado en la etapa de Dixon, presenta al nuevo y poderoso Medianoche (que será utilizado en el futuro, ahora como una especie de Cyber; de hecho tendrá mucho protagonismo durante un breve evento Marvel que ya he leído varias veces, y desconocía el origen del villano, como veremos cuando toque), sin olvidarnos de su enfermera Lynn Church, que también dará guerra; pero que denota cierto cansancio por parte de los autores. De la pura acción directa, los tiroteos, las explosiones, la ausencia de narrador y la faceta más "Spector" del personaje, vamos a dar un giro de 180º con tirabuzón en espagat, cuando aterrice por la serie el nuevo guionista, J. M. DeMatteis, con su particular cháchara existencialista, aunque tampoco va a durar demasiado. Hemos tenido dos años seguidos a Dixon y Velluto, y lo que es innegable es que han perpetrado un muy buen tebeo de peleas urbanas, aventuras internacionales y thriller a lo James Bond. Pero quizá se echa en falto algo de la esencia espiritual y sobrenatural del portador de Khonshu, algo que diferenciase al personaje del resto de big guns del cómic americano. Pero efectista y fetén.


Pero antes de iniciar la etapa de DeMatteis, alcanzamos el número 25 de la serie, que como es tradicional con los números redondos, será un fantástico especial de doble número de páginas.


Tal vez estaba planteado como annual, o tal vez no, pero es una historia completamente al margen de la continuidad, y realizada por un equipo creativo puntual: Howard Mackie, Mark Bagley y Tom Palmer. El trabajo del apreciado Mackie se ciñe casi exclusivamente a los títulos de Spider-Man de estos años 90 tan denostados por los de gatillo fácil, tratando de poner orden en la descabalgada Saga del Clon; y también se le recordará por ser el relanzador de la etapa finisecular del Motorista Fantasma, cuando al viejo y oxidado Johnny Blaze lo sustituye un nuevo portador de la Maldición de Mephisto: Danny Ketch. Los largos años del Motorista Fantasma de Mackie y Javier Saltares / Mark Texeira son otro de los grandes iconos de la Marvel moderna, oscura, violenta, llena de demonios, dientes y pistolones, esa en la que lo que más nos molaba a los adolescentes era ver en plena batalla a Lobezno, el Castigador, el Motorista Fantasma, NómadaVeneno... o al Caballero Luna en menor medida, que iba casi por su cuenta y ya sabemos que a partir de aquí, al menos en España, ni siquiera lo olimos. En este estupendo número especial, Mackie aprovechó para juntar por primera vez a los antihéroes adalides del Puño de Khonshu y el Espíritu de la Venganza. Es una historia que queda algo abierta, ya que sin que sepamos muy bien por qué, aparecen sobre la Estatua de la Libertad un grupo de terroristas que dicen ser los auténticos defensores del dios Khonshu, y visten un atuendo muy, muy similar al de CL. Es como si Marge Simpson hubiese reutilizado demasiadas veces el traje de CL en demasiadas fiestas, retocándolo un poco cada vez para que pareciese uno nuevo, como en aquel episodio de los Simpsons... Porque el traje de los Caballeros de la Luna ha sido recortado en brazos y rostro, no llevan capa, visten una especie de faldita egipcia, y sobre el pecho un ankh dorado que a la postre resulta ser una bomba que les sirve para inmolarse si son atrapados. Es un grupo de masillas luneros que no se sabe de dónde salen, ni sé si volverán a aparecer por la serie, pero que molan mucho y suponen todo un desconcierto tanto para Spector como para el lector.
En realidad (tal como nos indica un "pie de viñeta"), su origen se puede rastrear en una saga serializada en Marvel Comics Presents 24-31, "El legado del Faraón", escrita por el propio Mackie y protagonizada por el mutante Kaos, en la que anda buscando por el mundo a una mutante llamada Leila O'Toole, con la que se topará en Egipto. En aquella historia, Leila engaña a Kaos haciéndose pasar por una víctima del Culto del Faraón Viviente, cuando en realidad es la lideresa de esa secta destructiva. Es de suponer que los adoradores del Monolito Viviente que se enfrentaron a Kaos en el Cairo, por algún motivo, ahora se creen los auténticos servidores de Khonshu, y la chiflada de Leila se ha transformado en la villana Plasma. Con estos mimbres, la historia que nos ocupa, la de MS:MK 25, se entiende bastante mejor, y la transformación del Culto del Faraón Viviente en los Caballeros de la Luna resulta una jugada rutilante.
Las 40 páginas de este especial se hacen especialmente deliciosas al estar realizadas por Mark Bagley. Para muchos Marvel zombies, Bagley es un auténtico tesoro del tebeo de superhéroes. Para mí, además, es el dibujante al que probablemente más he leído, con el que más coincidí en mi época de joven lector constante y entusiasta de tebeos Marvel (la Saga de la Corona Serpiente, complemento en todos los tebeos de ¡Atlantis Ataca!, luego el primer volumen de mis adorados The New Warriors, su salto a la icónica The Amazing Spider-Man, la rompedora Thunderbolts, su histórica maratón al frente de Ultimate Spider-Man...). Bagley quizá no sea el dibujante más espectacular, ni el más novedoso, ni el más cool, pero sí puede que sea el más carismático, eficiente y entrañable de las últimas tres décadas. Teniendo un estilo tan clásico, resulta asombroso comprobar lo reconocible que es cualquiera de sus viñetas descontextualizadas. Heredero de Buscemas, Romitas y demás leyendas de Marvel, encontrarle haciéndose cargo de este milestone del Caballero Luna es todo un honor.
Resulta también sorprendente que "Bags" sacara tiempo para realizar este grueso especial, puesto que su fecha de portada es de abril de 1991, la misma del nº 10 de la serie de The New Warriors en la que venía trabajando a destajo desde el nº 1 y de donde no se bajaría hasta el nº 25, justo a tiempo para hacerse cargo de la serie principal del Lanzarredes. Quizá aquí cobra fuerza mi teoría de que esta historia se hizo antelación, con la idea de publicarse como annual en cualquier momento, pero que se aprovechó como transición entre la etapa de Dixon y la de DeMatteis. Pero quién sabe. Por cierto, que al mes siguiente, en el número 11 de The New Warriors, Fabián Nicieza y Bagley iniciarían una mini-saga en tres partes, "Futuro del ayer" ("Forever yesterday"), en la que Bagley se hinchó a dibujar faraones, referencias al Antiguo Egipto, tipos con faldita, nemes funerarios y demás moda inspirada en Nefertiti, tal y como había hecho aquí con el diseño de los Caballeros de la Luna. Fue una ucronía en tres partes que me chifla, ya que mostraba cómo sería el Universo Marvel en un mundo en el que la Esfinge había conseguido dominar el mundo, y montones de superhéroes sufrían leves cambios en su indumentaria, adaptándose al gusto de Ramsés II. Un pequeño evento que, además, se adelantó a la macro-distopía por excelencia de mediados de los 90 en Marvelandia: la nunca bien ponderada Era de Apocalipsis (otro personaje de gran influencia "faraónica" y lejanoegipcia, por cierto).


La siguiente etapa de la colección (nºs 26-31) adoptaba, tal como se había venido anunciando con entusiasmo, a J.M. DeMatteis, con todos sus modismos y particular estilo, y un salvaje retorno a los orígenes. Para acentuar esto, se volvió a contratar al mismísimo Bill Sienkiewicz como portadista. Esto es un plus, aunque el retablo que forman las cinco primeras es formidable pero demasiado abstracto y garabatesco, y la que yo me tatuaría es la última, la del epílogo. El revival propuesto por J.M. es completo, directo, a fondo, duro y a la encía: desde la primera página, regresan Gena y Crawley (en la primera página sabemos que Gena se ha cansado de Houston y ha vuelto a abrir el diner en Nueva York... y en la segunda página el diner vuela por los aires). Tal y como anuncia el título de la saga, "Scarlet redemption", también se repesca a Vidriera Escarlata. A lo largo de los números volverán a salir, o a mencionarse, Elias Spector o Randall Spector. Vuelve el elemento paranormal a MK, y el religioso, y el esquizofrénico. Resucita el drama, la tragedia, la llantina, el sentimiento de culpa, el pecado, los soliloquios larguísimos en boca del narrador omnisciente, o bien del protagonista introspectivo. Vuelve la poética, exacerbada, con citas reiteradas a Percy Shelley o William Blake. Extractos de la Biblia, referencias cultas. Vuelven multiplicados por mil. Como se suele decir, «¿querías arroz?, pues toma diez tazas». Sospecho que el Caballero Luna deslumbra cuando sus tramas y su tono están equilibradas en un punto intermedio entre las cosas de Dixon y las de DeMatteis. En este tramo practicamente desaparecen la acción y la aventura, diluidas por completo en favor de las escenas oníricas, lisérgicas, meditabundas, psicomágicas, surrealistas, simbólicas. Mi relación con DeMatteis, pese a su innegable estatus de guionista-estrella de su época, es complicada, y cuando se impone denso, espeso e intenso, como en este arco, no hace sino repetirse, casi parodiarse a sí mismo, incidiendo en los aciertos de aquella obra maestra que fue "La última cacería de Kraven" (1987), con la que tocó los cielos del "tebeo de superhéroes de autor". Aquel éxito hizo que se le pusiera al frente de las series del Trepamuros durante mucho tiempo, y es encomiable su labor de sumergir el género pijamero en los abismos de la psicología y la filosofía, pero... pero a mí se me acaba atragantando, inevitablemente. Sus larguísimos y repetitivos parlamentos en cada página, mientras las viñetas apenas muestran acción, convierten la lectura de cinco o seis números seguidos en algo tedioso. Diferente, estimulante, pero definitivamente tedioso. Me he leído suficientes episodios de sus Amazing, Spectacular y Spider-Man a secas como para saber de lo que hablo. Y "Scarlet redemption" es "La última cacería de Vidriera Escarlata", tal cual. El argumento se puede resumir en una línea: Vidriera Escarlata busca a Spector, atacando a sus seres queridos, porque el Destino ha decidido que han de enfrentarse. Spector muere otra vez, y vuelve a ser resucitado por Khonshu, una vez que expía sus culpas, y el Caballero Luna vuelve a las andadas con más seguridad que nunca.
Quizá estoy exagerando un poco. Es un placer leer tebeos adultos de este tipo, por supuesto, y la calidad literaria de DeMatteis es jodido ponerla en duda. Simplemente, sufro cierto empacho, y puede que no fuese el momento de hacer aquí con Spector practicamente lo mismo que ya hizo con Parker, o reiterar con lo de la redención que ya había sufrido tiempo atrás en manos del propio Zelenetz. El conjunto es también una iteración demasiado obvia de lo mostrado por Frank Miller con Daredevil durante tanto tiempo. No sé si era el momento y lugar para este tipo de historias; es como esas películas demasiado intensas, que se hacen pensando solo en los premios, y no en los espectadores, esa es la sensación que produce este arco, por desgracia. Sí, pretencioso es la palabra que mejor viste este ciclo. Pero, sobre todo, es que hay un problema añadido: que el dibujante de esta historia no es precisamente Michelangelo. Quizá con otro aspecto gráfico la cosa hubiese sido distinta, hubiese corrido mejor suerte, hubiese pasado a la historia de... de algo. Pero el encargado de dar vida a los complejos y singulares guiones de DeMatteis fue un absoluto debutante. Uno que estaba llamado a hacer grandes cosas, un dibujante que a día de hoy está entre mis favoritos, pero que no habría hecho ni diez viñetas como profesional cuando aterrizó en Marc Spector: Moon Knight: un chaval llamado Ron Garney (sigue entintando Tom Palmer). Su futuro trabajo en el Daredevil de Charles Soule, el Capitán América de Mark Waid o la infravalorada y frenética saga junto a Jason Aaron en Lobezno, son prodigios altamente recomendables. No en vano se le ha encomendado emular la gloria de John Buscema en la versión moderna de La espada salvaje de Conan. Pero aquí estaba muy, muy verde, y esas páginas llenas de existencialismo, solipsismo, purificación, reflexión, redención, purga, catarsis, viñetas abstractas y raras... no sé si decir que le venían grandes o que pequeñas. Porque la anatomía la hace bonita, y las pocas páginas corrientes, de narración activa, que dibuja (en el epílogo, que tiene otro tono, por ejemplo), sí resulta eficaz. Garney se va a quedar unos cuantos números en la serie, y tendremos ocasión de asistir a su crecimiento, así que a ver si tengo razón o el despertar de su talento latente requirió más práctica.
En cualquier caso, por desgracia, la flemática "Redención de Scarlet" es bastante soporífera, y gráficamente parece la obra de un amateur. Cómo no será la cosa, que lo que más me moló fue que Frenchie y Chloe se líen, y se lo monten en los áticos que tiene en propiedad Spector desperdigados por la ciudad y no utiliza; el Lunacóptero con alas de ángel, que es tan ridículo que provocaría pesadillas a cualquier ingeniero aeronáutico pero precisamente por eso es hilarante; o el detalle de que Scarlet se hubiera dedicado en este tiempo a juntar y entrenar un pequeño ejército de monjas-ninjas. También sorprenden positivamente los paralelismos entre Scarlet rezando a Dios y Marlene a Khonshu... pero solo las quinientas primeras veces.


Interludio: me encuentro con este viejo pero interesante artículo en la web Comic Book Resources, "leyenda urbana" nº 553 de su sempiterna serie "Comic book legends revealed":
«LEYENDA: el Caballero Luna era judío porque la persona que le dio el nombre era judía.
VEREDICTO: Verdadero.
El Caballero Luna fue uno de los primeros superhéroes abiertamente judíos (obviamente, con el tiempo se reveló que Ben Grimm era judío), como se puede ver en Moon Knight #37 (por Alan Zelenetz y Bo Hampton). Sin embargo, el ORIGEN de la herencia judía del Caballero Luna es peculiar. Tal y como explicó hace tiempo, Doug Moench nombró a un grupo de personajes de CL a partir de amigos suyos. Esto incluso llevó a algunas personas a creer, erróneamente, que uno de los alias de CL lleva el nombre del escritor de cómics Steven Grant (no es así; es sabido que se trata de una casualidad). Con esto en mente, veamos una charla entre Doug Moench y su compañero escritor de CL (en ese momento, EL escritor de CLCharlie Huston, donde se entrevistan entre ellos:
MOENCH: Volviendo a cuánto fue accidental e incremental, la otra cosa es que tenía la costumbre de nombrar a personajes en historietas a partir de los nombres de mis amigos, y esto comenzó a extenderse. Pronto había gente que se acercaba a mí y me decía: "¿Cuándo bautizarás a un personaje con mi nombre?". Por aquel entonces, solía ir a la tienda de cómics de Ed Summer, creo que se llamaba Comic Snipe. "Algo" Snipe. Era la mejor tienda de cómics en Manhattan en ese momento. Y uno de los tipos que trabajaban allí se llamaba Marc Spector.
HUSTON: Gran nombre.
MOENCH: Y él me estaba diciendo, "¿Cuándo bautizarás a un personaje con mi nombre?". Entonces, estaba tratando de descubrir a este villano para Werewolf by night. ¿Cómo lo voy a llamar? Lo llamaré Marc Spector. Entonces resultó que Marc Spector era judío. Ah, supongo que este es un nombre judío. Bueno, pues supongo que acabo de inventar el primer héroe judío disfrazado... Entonces tal vez debería investigar algo de judaísmo y cosas sobre el Medio Oriente y el Mossad y todas estas otras cosas... y de ahí provienen todas esas cosas.
HUSTON: Oh, wow.
MOENCH: Fue todo un accidente. No es que dijese: "Me voy a sentar y a crear un personaje judío".».


Superado el ecuador de la cole, en los dos siguientes números tenemos de visita al Duende, tal y como se había vislumbrado en las dos últimas páginas del número anterior. A todo trapo, también anuncian en sendas portadas que dentro sale Spider-Man con la indumentaria negra (el traje simbionte alienígena que obtuvo en las Secret Wars), lo que no deja de tener gracia; parece como cuando en el Interviú anunciaban que tal famosa salía desnuda en el interior... El argumento es de DeMatteis, pero el guion lo terminó escribiendo Mackie. Y siguen a los callos el novato Garney y el curtido Palmer. Gráficamente, en efecto, resulta algo más decente, inteligible y espectacular. Quizá demasiado influido por los Liefeld o McFarlane que partían la pana en la época, demasiados músculos inventados, dientes y orfebrería grotesca. La trama es muy simple: Jason Macendale, el supervillano antes conocido como Jack O'Lantern, que también (como Spector) tuvo un pasado de mercenario a sueldo, fue poseído recientemente por el Hobgoblin, y por algún extraño motivo ha llegado a los alrededores de CL con la intención de asesinar mercenarios. Motivo por el cual primero persigue y ataca a Frenchie, mientras anda de cita con Chloe, y después luchará encarnizadamente contra CL dentro de la mansión de Long Island. Nada demasiado memorable.


El Guantelete del Infinito fue el macro-evento más importante de comienzos de los años 90. Una saga disparatada y gargantuesca de corte cósmico con consecuencias por todos los rincones del UM, obra de la dupla de autores de ciencia-ficción lisérgica y extravagante más reincidentes de la Marvel de la época, el escritor Jim Starlin y el dibujante Ron Lim. Aunque en la miniserie de 6 números que lo inició todo, fue el famoso George Pérez quien acabó dibujando casi todo. Me hizo gracia descubrir, en el maravilloso e importantísimo libro "Marvel Comics: la historia jamás contada" de Sean Howe, que Starlin era un veterano de la Guerra de Vietnam, que a su vuelta a la civilización se había convertido básicamente en un hippie apasionado de las drogas psicodélicas, y que muchas de sus space-operas filosóficas, grandilocuentes y llenas de Primigenios, semidioses, planetas parlantes y extraterrestres loquísimos, son probablemente fruto de la química. Por consecuencia, dos de las cinco películas más taquillera de la Historia de la Humanidad, "Avengers: Infinity war" y su secuela "Avengers: Endgame" (la más taquillera de todos los tiempos), que basan su argumento precisamente en lo sucedido en la saga del Guantelete, tienen su origen en la mente de un devorador de ácido que sufrió fuertes traumas en la guerra y que construyó a partir de eso, y por supuesto su lectura compulsiva de los tebeos más marcianos de Jack Kirby (la relación de Kirby con las drogas lisérgicas era inexistente, pero sus alucinantes escenarios espaciales o interdimensionales tienen una increíble conexión con la experiencia alucinógena, como cuenta Roberto Bartual en su libro "Jack Kirby. Una odisea psicodélica", también imprescindible), una serie de tramas y personajes perennes y que marcan época y revolucionan la editorial (Thanos o Gamora son creaciones suyas; la edificación definitiva de Estela Plateada o Adam Warlock se deben a él; la muerte del Capitán Marvel fue una de sus cimas). Personalmente, esta vertiente cósmica, filosófica y galvanoplástica de Marvel me interesa poco, me abruma, me sofroniza, me genera ansiedad...
Y tampoco es precisamente el hábitat natural de personajes como Caballero Luna. Pero conste que Starlin le citó y George Pérez le dibujó en el nº 3 de la serie limitada original. Y también se dejó ver, de fondo en un par de viñetas, en alguna de sus consecuencias más directas, como por ejemplo en los tie-ins de la serie protagonizada por Quasar. Obra de Mark Gruenwald y un joven y ya vistoso Greg Capullo, la saga "Colisión cósmica" de Quasar es, si cabe, aún más disparatada que lo del Guantelete, y los cameos de personajes invitados son legión. Si en El Guantelete del Infinito asistíamos, básicamente, al empoderamiento de Thanos como el peor enemigo de la Humanidad, y su destrucción de la mitad de la población de Nueva York (en las películas recientes, esto lo extrapolaron al Universo entero), en la serie de Quasar veíamos otra consecuencia en la ciudad, que no sé ni siquiera si voy a saber explicar, y eso que lo acabo de leer: Quasar es el "Salvador de la Tierra", el héroe designado por una entidad cósmica primordial llamada Eón, quien le ha facilitado unas bandas cuánticas, muñequeras que le dan un poder colosal. Ha concluido su principal cometido en nuestro planeta, que consistía en detener a una amenaza llamada Maelstrom. Sin embargo, poco después Thanos asesina a Eón, y encima, durante su sepelio, abre una docena de portales interdimensionales a través de los cuales el cadáver de Eón, que es una especie de potaje orgánico-vegetal, y que ocupa millones de kilómetros cuadrados, sigue creciendo pese a que su mente haya muerto. Uno de esos portales conduce directamente a la Torre de las Cuatro Libertades, el Edificio Baxter en el que viven los 4 Fantásticos. Así que la vegetación alienígena se vierte en pocas horas por toda la ciudad inundándolo y destruyéndolo todo (por si el «¡snap!» de Thanos no hubiese sido suficiente), y en pocos días destruirá el planeta entero. Es aquí cuando atisbamos al Caballero Luna de nuevo, entre muchos otros héroes bizarros de moda en ese verano de 1991 como Darkhawk, Sota de Corazones, el Escuadrón Supremo, Deathlock o el Sonámbulo, tratando de contener el avance de la plasta informe. Esa misma situación, la ciudad de Nueva York sumida en el caos vegetal y héroes de todo pelaje tratando de contenerlo, la vemos también en otro tie-in del Infinity Gauntlet, en las páginas precisamente de la serie del Sonámbulo (Sleepwalker), inédita en España, concretamente en su número 7.


Donde sí tenemos una participación amplia de nuestro Caballero Luna, es el arco titulado "Round Robin: The sidekick's revenge!", que comprendió los números 353 a 358 de The Amazing Spider-Man, la colección principal del personaje más importante de Marvel, publicada por entonces con cadencia quincenal. El número 350 de la serie había sido el último del ilustre Erik Larsen, sustituto natural de la súper-estrella Todd McFarlane; y como ya mencioné hace poco, Mark Bagley llegaba a la cabecera insignia de Marvel como flamante nuevo icono de la editorial (entintado por su compañero habitual, Randy Emberlin; curiosamente, la portada del número 354 tiene tintas del propio Larsen). Tras un número de cierre del ciclo anterior, en el que se enfrentaba al Tricentinela, y un primer encuentro con Nova, el cohete humano de los Nuevos Guerreros (la serie que Bagley acababa de abandonar tras 25 números), a partir del #353 se darán cita un buen puñado de héroes Marvel molones de entonces. Lo harían de manera progresiva, acumulativa y ordenada, más o menos uno en cada número, haciendo gala de esa estructura o algoritmo de planificación round robin ("sobrevolando en círculos") al que hace alusión el título de la saga; pero a nadie se le escapa que dicho título no incluía el término Robin por casualidad, sino como referencia al joven saltimbanqui de la Distinguida Competencia, ya que vamos a asistir a la venganza de otro sidekick, uno que se ha pasado al lado oscuro, concretamente el ex-compañero de Caballero Luna: Medianoche. Estos seis tebeos, pese a publicarse en la cole de Spiderman, y pese a que el Caballero Luna no sea el protagonista total, son la secuela directa de lo acontecido en Marc Spector: Moon Knight 19 a 21: aunque Spector, Parker y Castle creían entonces que el Imperio Secreto había asesinado a Jeff Wilde (Medianoche), en realidad, como ya sabíamos los lectores, y yo mismo conté, la doctora Lynn Church y los cirujanos del Imperio Secreto le habían transformado en un poderoso cyborg.

Interludio: de hecho, en España, este arco argumental se publicó al margen de la colección de Spider-Man, dentro de una serie genérica de grapa de la época titulada Colección Series Limitadas, nºs 21 a 26. Y en Forum fueron más explícitos con los títulos, y ya que se perdía el juego de palabras a costa del ayudante de Batman, a esta saga se la tituló directamente "La venganza de Medianoche".
El sempiterno guionista de Spiderman, David Michelinie, se tomaba un descanso, y el autor de narrar lo acontecido con el paso de Jeff Wilde al lado oscuro fue, una vez más, ese honroso fan del Caballero Luna conocido como Al Milgrom. Son seis episodios en los que casi, casi regresamos al trepidante mamarrachismo pop de Los Nuevos Vengadores de Englehart y Milgrom, ese es más o menos el espíritu. El Imperio Secreto encomienda a su ahora pupilo robótico Medianoche sacar de la cárcel al brillante físico afroamericano Elliot Franklin, también conocido como el supervillano Bola de Trueno, de la Brigada de Demolición. En la comisaría que asalta Medianoche se encuentra de visita, por casualidad, un chavalín con una camiseta de Faith No More llamado Chris Powell, alias Darkhawk. Pasaba por allí también Spiderman, que se une a la refriega, pero Franklin y Wilde consiguen huir y ocultarse en el cuartel general del Imperio Secreto. Spiderman le había lanzado un rastreador arácnido antes de irse, así que será cuestión de tiempo que le derroten en su casa. Antes, Medianoche tiene una segunda misión de sus encapuchados líderes: reclutar también a Nova (que siempre muestra dudas y ganas de irse de los Nuevos Guerreros porque el líder, Trillador Nocturno, es muy bruto y se lo trajo lo bestia en la primera página del primer número de la serie) haciéndole creer que el Imperio Secreto es bueno, y no malo. Mientras Nova y Medianoche vuelven en plan colegas a su escondrijo, aparece Spiderman para impedirlo, y también el Caballero Luna, ya que Parker prometió avisar al Lunoso si Medianoche aparecía (esto es cierto, no uno de esos quiebros inventados por Milgrom sobre la marcha), así que Spector, aunque sale casi desde el principio, se une a la aventura en el nº 355, tercera parte de la saga, episodio titulado "Total eclipse of the Moon... Knight".


El Imperio Secreto discute en su cuartel general, oculto bajo una sastrería en la zona pobre de Manhattan, como si el tebeo fuese una telecomedia cutre. Mientras tanto, Night Thrasher (qué mal sonaba lo de Trillador Nocturno; en los Nuevos Guerreros dejaron de usarlo a los cuatro números), el Castigador, el Caballero Luna y el Hombre Araña viajan en el Lunacóptero de Frenchie hacia allí. Un Lunacóptero, por cierto, que ha pasado misteriosamente de ser un biplaza a un trolebús. Cuando descubren la cueva del Imperio, son asaltados por un trío de matones con armadura, Los Buscadores (Cadena, Garra y Sónico), personajes de quinta regional creados por el propio Milgrom tiempo atrás en la cole de Iron Man. El Castigador queda gravemente herido por una sanguijuela robótica que le lanza Sónico. En la refriega, los de la secta consiguen huir a otro piso franco por ahí en una nave, pero Punisher se sube a la nave, escondido y se interna en el grupo disfrazado de Número III. De momento, los héroes se retiran. Vemos cómo Peter Parker regresa con su moza, y deciden descansar pasándolo bomba en la cama. Lo mismo hace Marc Spector, al que también espera Marlene en casa con ganas de mambo. Por su parte, Dwayne Turner, la identidad secreta de Thrasher, prefiere entrenar en el gimnasio, aunque su novieta, Silueta, le haga pucheritos.


Castle consigue desatar a Nova, que estaba retenido por los malos en el nuevo cuartel secreto, en un almacén abandonado de Queens. Es curioso, pero por más que huyan y quepan todos en una nave, allá donde vayan tienen salas llenas de botones, el quirófano a punto en el que añaden nuevos gadgets a Medianoche (a lo largo de la aventura cambia de traje, y obtiene mejoras como vuelo, garras o miembros elásticos) o la sala en la que está escondido Nova. Al final todos los héroes descubren el nuevo escondrijo, y se vuelven a juntar todos los personajes de la aventura (Spiderman, CL, Night Thrasher, Darkhawk, Nova, el Castigador, Medianoche, los diez líderes del culto maníaco, montones de sus masillas armados, Bola de Trueno, Los Buscadores, Lynn Church, que revela que ha ido siendo transformada también en una especie de Miss Medianoche cibernética... Todos, vamos). para la refriega final. En la que ganan los buenos, claro. Y poco más. Una aventura simpática, que en lo que atañe a nuestro héroe da carpetazo al asunto de Medianoche, y que lo ha tenido también peleando con Night Thrasher, pero que acaban como amigos. Ha sido una (re)lectura refrescante, a ratos muy divertida, pero definitivamente estos tebeos estaban hechos para mi yo de 12 años...


Habíamos dejado la serie principal justo antes de su número 34. Se trata de un fill-in independiente, en el que Chuck Dixon regresa para cerrar un fleco que había dejado pendiente, con el infrecuente J. J. Birch a los lápices: la venganza de Frenchie contra quien casi lo mató durante Actos de Venganza, el villano Urraca Asesina (como vimos en el número 10, desde la misma portada). Casi todo el episodio narra la pelea entre Frenchie y Urraca en un centro comercial que el malo pretendía desvalijar, después de que veamos cómo el francés se prepara a fondo, y construye un traje adaptado específicamente para contrarrestar y anular los poderes de Simon Maddicks. El papel de Spector y Marlene es secundario, aunque descubren sus planes y le facilitan el camino de la venganza, a su pesar.


Los siguientes cuatro capítulos (35 a 38) forman el primer arco del nuevo guionista, Terry Kavanagh, quien se quedará al mando ya hasta el final de la serie. Kavanagh fue un nombre habitual en diversas series en los 90, y otro de los que marearon la perdiz del Clon de Spider-Man, pero no soy capaz de asociarle con ningún personaje. No tuvo ningún arco especialmente recordado ni largas estancias en series de renombre, aunque tocó títulos mutantes, vengadores y arácnidos. Probablemente su recorrido más duradero estuvo en esta serie, o en algo de la línea 2099. Y en esta primera historieta decidió poner patas arriba la vida de Marc Spector, sobre todo en lo referido a su base de operaciones. La mansión de Long Island va a volar por los aires, y la nueva sede de SpectorCorp estará a partir de ahora en la zona portuaria de Nueva York. También introduce pequeños cambios en el aspecto del héroe, que ahora va por ahí casi siempre con un , esa pértiga o bastón multiusos que asociamos con los ninjas, como la tortuga parlante Donatello. Un palo, eso sí, trucado, que se puede comprimir en una porra, que contiene un garfio atado a una cuerda para trepar edificios y que también se puede partir y utilizar como nunchakus (básicamente, le copia el armamento a Daredevil). También utilizará habitualmente el hilarante Lunacóptero con alas picudas inventado por DeMatteis, al que llama Ángel Alado. Y ahora, por alguna exótica razón, los dardos-luna los dispara con un resorte en la muñeca. El nuevo estatus se debe a que en esta historia, "Blood Brothers", reaparece Randall Spector, el hermano asesino muerto, y lo primero que hace es hacer volar por los aires la mansión, amén de amenazar con asesinar a todos sus conocidos. Se revisa su biografía, y se nos cuenta la milonga de que había un falso Randall, que fue el que murió enmascarado (en Hulk! 17-20), y que el real ha estado siguiendo a su hermano durante mucho tiempo, y de hecho estaba presente cuando Marc fue poseído por Khonshu allá en Sudán. Se narra en los tres primeros números de este arco, mientras que en el cuarto damos un salto de seis meses, tiempo necesario para que la nueva base de operaciones capitalina esté perfectamente construida, y se reanuda la persecución de Randall, que está otra vez asesinando enfermeras y viviendo en las cloacas. También regresa el misterioso culto a Khonshu que se había apropiado de las pintas de CL, que vimos en el especial nº 25. Son los Nepthys. Spector se enfrenta a ellos y se apropia de unos pergaminos que supuestamente le pertenecen y ofrecen explicaciones a la posesión que le acometió en la tumba de Sudán... pero nadie parece capaz de descifrarlos.


Como el primer volumen de Moon Knight llegó hasta el número 38, superada esa cifra en su volumen 2 la colección lo celebra remodelándose, cambiando su cabecera así como la logoforma. Esto se mantendrá ya hasta el número 60 y último. Los números 39 y 40 son una pequeña historia escrita por Kavanagh pero con argumento de Ron Garney, que también se despide para siempre. El nuevo dibujante será el mediocre Gary Kwapisz, especializado en dibujar gente fea y enfadada, armas gigantes, musculatura atrofiada, muchísimas rayitas, páginas con fondo negro y todo lo que la recién nacida editorial Image estaba imponiendo entre los gustos de los adolescentes. En esta historieta se nos presentan unos nuevos villanos, biónicos, cibernéticos, absurdos y punk: el Escuadrón Sensor (Metalslash, Bloodhound, Deadeye, Impact y Soundbyte), que perfectamente podrían haber nacido en las páginas de Youngblood. Son un equipo contratado por el Dr. Muerte, en esta historia en la que el malvado Von Doom, encerrado en la seguridad de su embajada de Latveria en NY, pretende robar unas baratijas y destruir a Spector por el camino. Como nuevo elemento supuestamente cool, CL estrena también una flamante súper-armadura-de-la-leche para enfrentarse al poderoso villano.


Por otra parte, nuevos personajes se han unido a la cruzada de Spector: el Gabinete de las Sombras. Un equipo formado por personajes bobalicones como Dedos, Sigmund, Stash, Scout, Penny Annie, Don GSheriff o la pizpireta Cover Girl, algo así como un consejo de asesores de SpectorCorp, cada uno especializado en una materia diferente, a los que llama de vez en cuando para que le ayuden con algún asunto o mantiene con ellos reuniones vía holográfica desde la nueva sede lunera. Todo es futurista, hipertecnologizado, ultraviolento y pretendidamente cool, talmente como si fuese una serie nueva de Image. Al final del número 40, CL ha salvado el medallón (o el mcguffin que fuese), pero Doom, al freir a Spector dentro de su armadura, le ha dejado la piel hecha una hamburguesa a la barbacoa, como un Al Simmons o un Wade Wilson cualquiera. Lo que justificará, más adelante, que tenga que dejarse la armadura puesta para sobrevivir cuando su cuerpo empiece a descomponerse cada vez más...


Ya veremos cómo se resuelve todo esto tan "interesante", pero por suerte vamos a aparcar la nueva dirección de la serie regular para acometer unos cuantos tebeos al margen y cameos de esta época, Primavera/Verano de 1992. Comenzando por Moon Knight Special Edition nº 1, primer ánual en toda la historia de la serie, y totalmente inédito en España. Su principal aliciente es que estuvo escrito por el mismísimo ¡Doug Moench! Moench parecía echar de menos a su creación (y volverá dentro de unos pocos años), y decidió escribir esta simpática aventura en la que juntó a su otro héroe más popular: Shang-Chi, Master of Kung-Fu. También es un gusto el regreso al tebeo visualmente más clásico, obra del veteranísimo Art Nichols, entintado por Chris Ivy. Era cuestión de tiempo que los dos personajes más característicos de Moench se conociesen. Y curiosamente, lo hacen en una historia que resulta absolutamente refrescante y de cachondeo, casi una parodia, titulada "Explosion at the center of a mad man's crown". Los dos carismáticos luchadores coincidirán en una trama que les lleva hasta una isla misteriosa al sur de China. Spector busca a un ex-empleado de SpectorCorp que ha robado documentación importante, mientras que Chi irá tras los espíritus de unos niños que también han sido robados.
Durante la historia, los dos personajes colaboran en su misión común, pero sus bocadillos de pensamiento muestran una mezcla de admiración y burla hacia su adláter. De hecho, Spector se burla abiertamente del carácter silencioso, flemático y estereotípico del ninja amarillo. La misión de infiltración comienza a través de una pequeña pirámide (de la que salen las docenas de momias-robot de la portada), que da acceso a una gruta gigantesca, repleta de trampas, gadgets, androides voladores, asesinos ridículos (como los Hermanos Aguja que salen de espaldas en la portada), un cerebro gigantesco y letreros de cachondeo que les guían. Parece una mezcla de uno de esos montajes letales de Arcade con cualquier asunto en los que se suele meter Deadpool. El tono es humorístico todo el tiempo, y el villano final resulta ser Brynocki, un androide con aspecto de niño de dibujos animados, creado por Mordillo, uno de los enemigos recurrentes de Shang-Chi.
Por si no fuese suficiente cachondeo, el especial se completó con un par de contenidos más, que bien podrían haber formado parte de un número de What the--?!: primero una colección de portadas ficticias de Moon Knight, que parodian distintas épocas de la historia del tebeo de superhéroes. Y finalmente, una historieta de 6 páginas, por Michael Higgins y Marie Severin, "Moon Blight: The motion picture" ("Deterioro Luna, la película"), llena de juegos de palabras al estilo de MAD Magazine, y caricaturas de actores reales, en la que un excéntrico director de cine juega a elegir el elenco de un posible film del personaje.

Interludio: la galería de portadas falsas contenidas en este número es estupenda, una de esas chorradas que se suelen hacer en los números especiales de superhéroes mucho más conocidos. Me encantan estos detalles, y se agradece especialemente debido al cariz noventero en el que estaba empantanada la serie original. Un auténtico soplo de aire fresco, y un juego de esos de "adivina la portada original parodiada", al que he decidido jugar para mostrar de paso esas ilustraciones, que continúan inéditas en España:

Por Ty Templeton y Darren Auck. Inspirada en Batman #83 (1954)

Por Don Heck. Inspirada en Tales of Suspense 39 (1963), de donde saca
los logos y que era del propio Heck (aunque también recuerda a Daredevil #1,
de 1964)

Por Gene Colan y Chris Ivy. Inspirada libremente en los tebeos de
Daredevil de la Edad de Plata, por ejemplo el número 4 o el 65 (aunque
la referencia a Amazing Fantasy #15, de 1962, es obvia).

Por Ron Frenz y Joe Sinnott. Los logos y el concepto se basan en uno
de esos ataques de monstruos gigantes de Jack Kirby para Journey into
Mystery (como el del número 68 o el 59, de 1961), aunque el paralelismo
con Daredevil 145 (1977) no puede ser casual.

Por John Romita. Claro homenaje al Amazing Spider-Man de la Silver Age.
Sus modelos originales podrían ser las portadas del 17 (1964) o el 23 (1965),
ambas de Steve Ditko, o bien la del 39 (1966) o la del Marvel Tales #12 (1968),
del propio Romita.

Un homenaje visual estupendo, que imagina a nuestro héroe como un personaje de larguísima trayectoria, y una ocasión única para verlo dibujado por un puñado de nuevos y flamantes artistas.



Moon Knight: Divided we fall, de Bruce Jones, Denys Cowan y Tom Palmer/Mike Manley, es otro apreciable descanso del guerrero, y otro retorno al estilo clásico y moderado. De hecho, es una historia ambientada en el pasado, durante una visita de Mijaíl Gorbachov a la USA de George Bush, en algún momento indeterminado de los años 80. Spector discute en la mansión, primero con Frenchie y luego con Marlene, y ambos deciden tomarse un descanso. Es entonces cuando se pone en marcha un plan del malvado Bushman: por separado, somete a los dos amigos de CL a un experimento de control mental MK-Ultra, implantándoles unos resortes mentales que se activarán cuando vean la imagen de una paloma de la paz asociada a la canción Just in time de Frank Sinatra. El objetivo es que asesinen a Gorbachov durante su charla de la concordia ante las Naciones Unidas ("Zoolander" es una chanza barata de este tebeo...). Al mismo tiempo, Bushman se asegura de que Spector sea contratado por la (supuesta) CIA para ejercer de seguridad en dicho evento; no se explica muy bien cómo encaja esto en la venganza de Bushman, ya que la presencia de CL allí lo único que hace es desbaratar los planes, claro. Curioso tebeo de 50 páginas de intrigas y acción durante la Guerra Fría.


Hablando de todo un poco, en el número 11 de What the--?! vuelve a aparecer Moon Knight (¿o es Goon Knight?), pero solamente en una viñeta, un gag visual que forma parte de una historieta titulada "Los riesgos de ser un superhéroe", por Roger Brown y Rurik Tyler...


...y en el número 15 encontraremos otra referencia menor, en un trabajo de 4 páginas de Barry Dutter y el mismo Tyler. En este caso la historieta se llama "Sabes que has leído demasiados tebeos cuando..." y a continuación muestra 15 escenas en las que chavales normales se han flipado demasiado con los cómics, como este de arriba que se ha creído que es tan bueno sobre las azoteas como Moon Nut.



Tras la breve epopeya lisérgica introductoria Thanos Quest, en la que el Coloso Loco encontraba las Gemas del Infinito, y la ya mencionada y no menos alucinógena El Guantelete del Infinito, donde el Gigante Violeta se hacía con la manopla con la que controlarlas y destruir medio Universo, Jim Starlin, Ron Lim y Al Milgrom acometían a partir de junio de 1992 la siguiente entrega de su odisea cósmica, esta vez titulada La Guerra del Infinito. Duró 12 largas entregas, y consistió en la enésima melée de héroes Marvel tratando de evitar la destrucción total del Espacio-Tiempo, la Continuidad Cuántica y la Realidad Toda. Una apoteosis total en la que, una vez más, se darían cita entidades abstractas, seres omnipotentes, bichos raros, organismos de naturaleza insoslayable, caracteres tipo Galactus, Adam Warlock, Magus, el Tribunal VivienteEternidad, Infinito, la Muerte en sí... Nuestro Caballero Luna no es que sea precisamente uno de los supertipos más poderosos ni afines a lo cósmico, así que mientras que los Machos Alfa y Omega eran trasladados a un lugar indeterminado a batirse el cobre con el Abismo Eterno de la Destrucción Del Universo, los más normalitos se quedaban en la Torre de las Cuatro Libertades, donde habían sido convocados de pronto, y ante la sospecha de traidores entre sus filas, comenzaban a darse de leches. Primero entre sí, y luego, al descubrir que efectivamente un par de los líderes del grupo habían sido suplantados por versiones oscuras y negativas de sí mismos (Iron Man y Reed Richards, nada menos), empiezan a aparecer superseres demoníacos, torcidos, dentudos y capullos de cada uno de los presentes, por todas partes. En la larga (y espesa) maxiserie original, el Caballero apenas aparece en cuatro o cinco viñetas de grupo, sin frase, en un rincón, apenas una manchita plateada y negra entre la multitud pijamera.


Así que lo que sucede en la Tierra, mientras los Mejores De Entre Los Buenos salvan Todo y preservan el Discurrir y la Existencia, se dirimirá en los crossovers con esta saga que tendrían lugar por todas las colecciones. Las docenas de tie-ins que se pusieron en los kioskos aquellos meses tendrían a todos los héroes de la casa, por tanto, dándose de tortas contra sus propios reversos tenebrosos. Y en lo que atañe a Marc Spector, nos sería narrado en los cuatro números subsiguientes de su serie regular: del 41 al 44. En principio, estos tres ejemplares se adivinaban tan mediocres y "flipados" como los anteriores de la serie... pero esta pequeña saga está llena de sorpresas realmente satisfactorias. Ciertamente, Kavanagh supo remover el material que se le había legado para desconcertar, impresionar e incluso sobrecoger al lector... Y no es broma. Pero vamos por partes, porque suceden un montón de cosas aquí.
El primer número de cruce con la macrosaga ("The dark doppelgangers descend") es el más simplón y procedimental: en las primeras páginas se nos relatan otra vez los acontecimientos de Infinity War nº 1, cuando docenas de superhéroes están en el Edificio Baxter, todo huele a que hay un infiltrado, y Daredevil es quien precipita las cosas atacando a Reed, ante las sospechas que expone Lobezno. Medio tebeo es pura acción y acrobacia absurda, con los héroes peleándose entre sí, desde el punto de vista de Spector. Todo es terriblemente maniqueo; aunque mola ver al Caballero interactuar con el resto de superseres, casi a uno por viñeta, de esta manera resulta casi irritante. En un momento dado, Mariposa Mental se mete en la cabeza de Spector, y no solo descubre sus secretos merceniariales más oscuros, sino, de paso... que se está muriendo. Así que aquí se abre una subtrama: lo de la piel frita de Marc que vimos al final de su pelea con Dr. Muerte, parece que va a ser realmente grave. Durante toda la pelea, Gambito intenta advertir a Spector de que se está muriendo, pero éste le hace caso omiso (porque parece que... ya lo sabe), y sigue a lo suyo: se escapa de la pelea, y con ayuda de Alicia Masters que se ha quedado a cargo del hogar fantástico, pretende contactar con su Guarida de las Sombras y su Gabinete de Sombras (conocemos a nuevos miembros: Psicópata o Junior Birdman). Es en ese momento cuando aparecen los dobles cabronías, y CL persigue al suyo, que se llama Sombra Lunar (Moon Shade) y que pretende secuestrar al pequeño Franklin Richards, junto con el doble maligno de este. Aunque CL consigue salvar su vida, Sombra Lunar ha conseguido chupar del niño suficiente poder como para acometer su misión: seguir obteniendo energía de todos los Caballeros Lunas de todas las dimensiones paralelas que pueda, para erigirse como el más poderoso del Multiverso.
Así que el siguiente número, el 42, es un viaje multi-dimensional en busca de versiones del Caballero Luna de otros universos a través de tierras infinitas. Y no tiene desperdicio. Es una exégesis de "Spider-Man: Into the Spider-verse" (¿la mejor película de la historia?), pero protagonizada por el Caballero Luna. Un viaje disparatado que nos va a llevar a conocer a Dark Moon, una parodia de la versión hardboiled de Batman, vigilante de Skyline City; Moon-Fang (una especie de Spawn lunero y atormentado; en el Manhatticano, donde está teniendo lugar una especie de "guerra santa", conocemos a Crescent Moon, heroína que lucha contra el Mal encarnado en Grey Wing; Mr. Spector y su pupilo Ivory son la encarnación de CL en un universo demasiado similar al Spirit de Will Eisner; Moon Ghost habita en el reino pop de otra realidad paralela, en la que no existe Space Ghost; igual que hay un Dino-Knight prehistórico o una Moon-Maid, vigilante sirénida en la sumergida Atlanhattan; y durante varias páginas nos quedamos en la materialidad cuya versión del Caballero Luna es Moon Man, que tiene un sidekick llamado Moon Boy, y son una estupenda parodia de los Batman y Robin de la Edad de Oro. Lo de los doppelgangers de otros universos paralelos al nuestro, mostrados como iteraciones, variaciones y conmutaciones de un personaje, no es invento de Kavanagh (además del "Spiderverso", leyendo esto me venían a la cabeza los escarceos del Capitán Britania con todo tipo de bizarros doppelgangers interdimensionales en el Excalibur de Chris ClaremontAlan Davis, por ejemplo), pero la ensalada de caballerolunas surtidos es de lo más ingeniosa y divertida. No solo se agradece y se digiere con pasión el disparate, sino que además hubo un montón de dibujantes invitados en el episodio, que acompañaron a los sosainas de Gary Kwapisz y Tom Palmer en este "Multiverse madness", a saber: Kelley Jones, Norm Breyfogle, James Fry, Klaus Janson, John Beatty, Karl Kesel y Ty Templeton. Un acierto.
El siguiente episodio se titula "Multiple maniacs" (como la peli de John Waters), de regreso a nuestra dimensión (bueno, la de Marvel), se va resolviendo el fregado de los doppelgangers malos en Nueva York, con montones de cameos invitados, mientras avanzamos en el triste descubrimiento de la enfermedad que está matando a Spector (en la Guarida de las Sombras, a Frenchie hasta se le caen las lágrimas), y de paso una nueva subtrama se cierne, cuando asistimos en algún recóndito lugar de Escocia a la reunión de unos misteriosos herederos de la Orden del Temple, que al parecer planean asesinar precisamente a nuestro Jean-Paul Duchamp, por alguna razón inexplicada. También sabemos que la estúpida armadura es debida a que Spector es más vulnerable que nunca, pero al mismo tiempo ese lo que sea que le está matando le ha conferido una fuerza especial.


No figuraban con el membrete en la esquina de arriba a la derecha, pero los números 93 y 94 de Web of Spider-Man (Howard Mackie, Alex Saviuk y Bob McLeod/Don Hudson) son consecuencia directa también de Infinity War, y por las páginas se ve acechar al doppelganger de Peter Parker, que por supuesto era una versión aún más grotesca del Spiderman de seis brazos parido en el histórico The Amazing Spider-Man nº 100. El asunto se resolvería en las otras colecciones de Spidey. En este arco, "Hobgoblin reborn", tenemos un cruce con Caballero Luna a cosa del Duende, que más o menos continúa de los números 32 y 33 de MK que vimos hace un rato, aunque en realidad tiene que ver con que Jason Macendale, ya separado del demonio que lo había poseído (y convertido temporalmente en el Demoduende), ha sido contratado para eliminar a dos tipos: el fotógrafo obeso e inmoral del Daily Bugle que odia a Parker, Nick Katzemberg (que creo recordar que finalmente es asesinado, poco después), y el propio Caballero Luna. Así que Macendale simplemente está de servicio, aunque aún disfrazado de Duende. Asistimos a una múltiple persecución por los tejados, a un accidente del Álgel Alado (que si se ha descuajeringado para siempre no seré yo el que proteste), una breve aparición de Veneno, liberado de un furgón policial por Troll y Bruja, y a mucho tiroteo, capas, redes y bōs llenando las páginas. Estos dos números tienen lugar entre el 43 y el 44 de MS:MK, justo en el momento en que se resuelven los acontecimientos de Infinity War y los héroes son devueltos místicamente a donde estaban antes de empezar la crisis, en el trayecto de Spector de vuelta hacia el Edificio Baxter para hablar con los 4 Fantásticos.


Porque definitivamente, necesita ayuda para saber qué le está pasando. En este cuarto episodio relacionado con La Guerra del Infinito, Spector está hecho un auténtico cisco. Tiene algo degenerativo que parece ser un virus, contraído cuando combatió al Demoduende (motivo añadido por el que se paseaba por las páginas de la serie de Spidey, para obtener una muestra de tejido que entregar a Reed Richards para su análisis). Pero ni toda la maquinaria de los 4-F, ni siquiera toda la parafernalia mágica del Dr. Extraño que es invocado inmediatamente, parecen ayudar a ralentizar el avance de lo que quiera que está devorando el cuerpo de Marc Spector, que poco más puede hacer que encomendarse a Khonshu (se plantea incluso entregar su capa a un sucesor), al tiempo que el Gabinete de Sombras sigue buscando una solución desesperadamente. Por otra parte, unos tipos raros llamados Basilisco y Agonía interrumpen la reunión de los misteriosos Templarios en Escocia, y perpetran una masacre.

Interludio: una de las mejores cosas que le ha pasado a Marvel durante 2019 (y en mi opinión, de lo más hermoso que ha hecho en lo que va de siglo XXI) ha sido la publicación de History of the Marvel Universe, una miniserie de 6 episodios que echa la vista atrás y repasa lo más destacado de estos 80 años de historia editorial. En orden cronológico, se nos narra la historia de todo lo acontecido en este cubículo de la ficción, de manera sencilla, completista, entusiasta y sobre todo espectacular, gracias al trabajo conjunto de Mark Waid y los españoles Javier Rodríguez y Álvaro López. No es ni mucho menos la primera vez que se hace recuento, y ahí están para testificarlo multitud de proyectos como Marvel Saga (y el resto de productos con la palabra "Saga" en el título), Marvels (y demás combinaciones y permutaciones del concepto), las cuantiosísima información incluida en el Official Handbook y otros proyectos de fichas...
La moda reciente por el revisionismo en Marvel probablemente la instauró alguien ajeno, un amante y especialista en el tebeo mainstream, pero que venía del underground más recalcitrante: Joe Piskor, quien abrió la veda con su hexalogía X-Men: Grand Design, que hasta el momento ha pasado el testigo a su amigo (y también artista indie) Tom Scioli para que haga lo propio en Fantastic Four: Grand Desing. En este 80º aniversario ya hubo otras celebraciones como el ya citado Marvel 1000History of the Marvel Universe era solo cuestión de tiempo. Pero es que HotMU es un hito, aunque solo sea por tener esa estructura de cuento ilustrado mascadito y acumulativo, con esos impresionantes, preciosistas dibujos de Javier, que cualquier página al azar puede servir para decorar el comedor de un salón de bodas, y que por sí solas desvelan cientos de detalles de manera acaparadora y exhaustiva. Por supuesto, en el número 4 de la serie se hace referencia a la llegada a Marvel de nuestro Caballero:
Pero HotMU no es solo ejercicio hagiográfico o nostálgico, y no se hizo solo por las ventas; sino también para poner orden, reescribir ciertas incongruencias o adaptar la retrocontinuidad al interés de los actuales responsables de la Casa (uno de los detalles más llamativos, por ejemplo, es la eliminación retroactiva de toda mención a la Guerra de Vietnam, que a partir de ahora pasa a ser el ficticio Conflicto Sin-Cong) y construir un trampolín de cara al futuro. Y es que HotMU también ofrece pistas sobre lo que nos depara el futuro. Y esta doble página del nº 6, vaticina sucesos muy importantes en torno al Caballero Luna de 2020 en adelante, de cara, probablemente, a su implicación en el cine y la televisión...:

Actualización de finales de enero: parece ser que La Era de Khonshu no se va a hacer esperar, y Jason Aaron confirma que la saga comienza en abril, con el Caballero Luna enfrentándose a los Vengadores (portada de Matteo Scalera):


Pero sigamos avanzando en la biografía, que ya habrá tiempo para alcanzar la actualidad. La etapa de Kavanagh chuta a buen ritmo. Se agradece lo de los argumentos múltiples y el planteamiento a medio y largo plazo, así como la nueva situación moribunda del héroe, que hasta consigue conmover en algún momento. No puedo quitarme de encima la sensación de que todo ha descabalgado, que estas no son las historias que me gustarían leer sobre el Caballero Luna que conocí en los setenta, pero a paciencia nadie me gana.


Y con la entrega número 45 tenemos nuevo dibujante, James Fry (entintado por Chris Ivy), que ofrece más personalidad y menos agresividad que su predecesor (aunque todo sigue siendo un poco feúcho) y su narrativa es muy ligera y original, sin grandes alharacas. El Fry de esta época, en algunos trazos me recuerda a lo peor de la Escuela Image, pero en otros a Mike Mignola, y en otros a Ian Gibson... así que miel sobre hojuelas. Y se pueden criticar varios elementos de esta etapa, pero lo que es innegable es que pasan muchas, muchísimas cosas, in crescendo hasta desembocar en el número 50. Al extremo contrario de la parsimónica prosopopeya de DeMatteis, Kavanagh tiene siempre tres o cuatro focos de acción diferentes que se van relevando, y tramas abiertas a corto, medio y largo plazo. Todo resulta un poco extraño, es una etapa claramente (e intencionadamente) diferente de la anterior, pero es que el mundo era diferente de los setenta y de los ochenta en los noventa, y los tebeos también... Lo que más extraño me resulta, es la incorporación de ese Gabinete de las Sombras, una docena de tipos que en todos los números vemos que se reúnen con CL vía holográfica (ya que él no puede quitarse la armadura, es decir, no puede ser Marc Spector, no se deja ver por ellos), cada uno de ellos infiltrado en un estrato o instancia diferente de la sociedad: uno en la mafia, otro en la política, otro en la policía, en el ejército, en el sistema sanitario... Serían la versión 3.0 de lo que representaba Crawley al principio; y no está mal tirado, lo que desorienta es que, de pronto, haya tantísimos personajes por ahí, salidos de la nada, en los que prácticamente no se profundiza. Y el "hipertecnologicismo" también rechina un poco con ese aspecto romántico y huraño que tenía la serie en sus comienzos.


Tenemos varios frentes abiertos: por un lado, la enfermedad degenerativa, que acabará con la vida de Spector en dos o tres días si no lo remedia. Para eso su búsqueda del ADN del Demoduende, y su enfrentamiento con él, lo que provocará, primero, que la infección se acelere, le provoque horribles pesadillas (en las que renace el recuerdo de Lockley y Grant, de Rand Spector, de Scarlett...) y sea poseído él mismo por un demonio... del que se exorciza finalmente en un estrafalario, pero simpático, guiño a "Alien: el octavo pasajero". De paso, el enfrentamiento tiene lugar en una prisión de alta seguridad (Brinkstone) en la que está encerrado el villano. Al atacarle, Cl provoca un pifostio eléctrico justo en el momento en el que era ajusticiado en la silla eléctrica un asesino en serie (que habíamos conocido un par de números atrás), y el incidente le transforma en un villano con un látigo que mata provocando placer, llamado Deadzone. Creo que esto también encajaría en un episodio de Moench y Sienkiewicz. Su condición de semi-cadáver ambulante, lleva a que Frenchie y Spector pongan en marcha el protocolo Legado: la búsqueda del siguiente portador del Espíritu de Khonshu. En ello se centra el número 47, una especie de casting por la ciudad de tipos atléticos y de moral impecable; tiene su gracia que el elegido finalmente sea el aguerrido fotógrafo de prensa Peter Parker... que por supuesto rechaza la oferta. Por supuesto, con ayuda de Mr. Fantástico, el Dr. Extraño y Frenchie, terminará totalmente curado.


El enfrentamiento con Deadzone es quizá lo que se hace más pesado, porque es un personaje que no consigue despertar mucho interés, más allá de considerarse así mismo, a la vez, deudor y enemigo número uno de CL. También aparece en este tramo el villano Lápida, que siempre me ha gustado, y que además introduce a CL tangencialmente en una trama de mafiosos que se estaba gestando en una saga titulada "Juego mortal", que está muy bien, y que fue un crossover entre Daredevil, el Castigador y Nómada en Las Vegas. CL no aparece allí directamente, pero Lápida convierte esto casi en un tie-in. En el ínterin, es asesinado el contacto de CL en la mafia, el miembro del Gabinete Don G.
Por otra parte, teníamos también a esos misteriosos tipos que iban por Escocia matando a la estirpe de los Templarios, y que andaban buscando a Frenchie para darle también matarile. Esto se resolverá ya en el número 50, y quizá Kavanagh fue un poco lejos: resultará que Jean-Paul Duschamp (que lleva varios números en silla de ruedas), de entre 7,4 mil millones de personas que somos, es El Descendiente, y posee, en estado latente, la capacidad de heredar todo el conocimiento, habilidades y recuerdos de todos los miembros del árbol genealógico de la Orden del Temple. Y aún hay más: Chloe Tran, esa muchachita tan mona que había llegado en el primer número de Dixon a fregar las escaleras de la mansión, resulta ser ni más ni menos que una guerrera templaria, de hecho llamada Templaria (y que Kavanagh utilizó también en algún tebeo de su carrera en Spiderman), cuyo cometido real era proteger al francés. Agonía y Basilisco tratarán de cargársele justo en el momento en que surge la primera manifestación de sus poderes latentes, y es "poseído" por un viejo filibustero espadachín que gana la contienda.


El número que supone el medio centenar de entregas, y que es un especial de 40 páginas con portada troquelada (o die-cut), cierra todos estos asuntos de manera aparentemente definitiva, y nos ofrece una visión del futuro cercano: como que Marlene Alraune ha fichado por la empresa de la competencia, PhalkonCorp, liderada por el demonio Seth, quien está reclutando a una serie de villanos demoníacos para seguir lanzándoselos a Frenchie (quien, por cierto, en plena epifanía templaria, está muy serio y ahora detesta que su amigo le llame "Francesito" todo el rato, y le corrige para que le llame por su nombre real; lo que tiene muchísimo sentido); o que el Hombre-Lobo de Noche Russell y Gambito andan merodeando por la mansión abandonada de Spector en Long Island. Pero sobre todo, tal y como muestra la portada, suponía algo bastante inesperado: que el Caballero Luna renunciase a su condición de Vengador. La última vez que el CL se cruzó con el Capitán América, durante la saga de la Guerra del Infinito (nº 41), éste le advirtió que tenían que hablar seriamente. Este número 50 se abre con el mismísimo Thor persiguiendo a Spector por la ciudad, quien tras algo de resistencia (que bastante liado iba con sus cosas) finalmente se somete a una especie de juicio disciplinario ante Thor, la Viuda Negra, Ojo de Halcón, la Visión y el U.S.Agente (en ese momento, el Capi América no existía, y Rogers era el apátrida Nómada). Le acusan principalmente de utilizar su afiliación a los Vengadores para engañar a Reed Richards y que éste le ayude a colarse ilegalmente en la Embajada de Latveria (nº 39) y provocar un incidente internacional; pero también de colaborar con el Castigador o Lápida, de la reciente fuga del asesino en serie, de su pasado como mercenario... Total, que en mitad de la charleta que le están pegando, decide prender fuego literalmente al carnet, y largarse a la francesa. Y la verdad es que es un gesto que pega muchísimo más con el carácter retraído y misántropo del personaje, que el hecho de, por ejemplo, unirse a los Nuevos Vengadores... que me lo pasé muy bien leyendo esa etapa, pero estaba metido ahí con calzador. Creo que la decisión de Kavanagh es de lo más correcta, además de sorprendente e inesperada.

Interludio: pin-up de Fry y Ivy en el número 50.

Después del número doble, tocaba un descanso para el equipo artístico, así que tenemos un fill-in en toda regla. De esos rellenos que no hacen ninguna alusión a la continuidad y, por si acaso la pifian, utilizan muy pocos personajes. Por Kavanagh, Dave Hoover (lápiz y portada) y Keith Williams. Se titula "Silverbird", y tiene 32 páginas, así que es probable que fuese otro annual en potencia reciclado. Cuenta cómo CL, con ayuda de Frenchie (que se supone que no podía pilotar, pero...), derrota a un tirano homónimo del título, que desde su isla privada con forma de pájaro y llena de trampas está destruyendo satélites a punta de pala, que caen todos sobre ciudades pobladas (ya es casualidad) directamente en la cabecita de ancianas y niños indefensos.


Regresando a la actualidad, tenemos la pelea contra Gambito y Jack Russell, que se habían colado en la vieja mansión abandonada. Spector no lo había detectado antes, porque hay un extraño gremlin merodeando por la Guarida de las Sombras, mordisqueando cables y provocando caos informático selectivo y problemas de comunicación entre los miembros del Gabinete (esta era otra subtrama aún pendiente que lleva muchos, muchos números mostrándose; a lo mejor todo era para llegar a este punto, ya veremos cómo acaba). El cajun y el licántropo buscan a CL por motivos peregrinos (Remy para avisarle de su enfermedad mortal, como ya habíamos visto, pero ya es tarde; y Jack porque ha detectado al demonio en su interior, que ya tampoco está), y primero se zurran entre ellos y luego ya hacen comandita los tres para dirigirse a Central Park, donde están produciéndose unos ataques masivos: se trata de los Infernitas (Hellbend), los freaks que está reclutando Seth para acabar con el neo-Templario ex-Frenchie, y que son una panda que ni salida de unos descartes de los X-Tatics de Peter Milligan o de lo más bizarro de Superman's Girlfriend, Lois Lane. Aparte de Agonía (que atacaba con su pelo picudo) y Basilisco (de mirada mortal, claro), ahora conocemos a Glaseado (Glaze), cuyo poder es echarte una montaña de un polvo que se solidifica; Cubista, que parece el cuarto músico de Picasso, y altera la percepción de la realidad; Gnash, un monstruito que tiene dos bocas dentadas en lugar de brazos; Fizzure, humanoide intocable y como hecho de claymation, que le salen agujeros por el cuerpo cuando es atacado; Lowdown, engendrillo acondroplásico forzudo que da muy mal rollo; Tailspin, monstruito con cola letal; Triplex, bizarra masa pigópaga de tres tipos en uno; y T.K.O., suerte de mimo satánico cuyos puños aletean sin cesar. Ni que decir tiene que entre los tres héroes se los cepillan en tres páginas, pero el intento de Kavanagh de generar material para los top-ten de villanos estúpidos de internet, es encomiable y bastante cachondo. Paralelamente, continúa el ingreso involuntario de Marlene en las huestes enemigas, las investigaciones del Gabinete de las Sombras y un simpático intento de Spector de retomar su vida civil y su trabajo como jefe de una multinacional, bajando a saludar a la plebe oficinista. James Fry lo da todo dibujando al Hombre-Lobo, es muy espectacular y trepidante todo el episodio. ¿Un poco tonto? Pues quizá...

Interludio: el mítico artista underground Mort Todd, acaba de colgar hace unos minutos esta preciosa ilustración de aquí arriba en su cuenta de Facebook, obra del no menos legendario Steven Butler, coloreada por él. «Un Caballero Luna salvaje y Kirby-esco de Steven Butler. Creo que Jack Kirby solo dibujó a MK una vez para una portada de Marvel Spotlight, ¡pero ni siquiera eso no fue tan loco!», dice.



El número 54 es el último dibujado por Fry, y básicamente nos presenta un elemento nuevo (que también se venía gestando despacito hacía varios números, en los ratos muertos en el taller de Frenchie), que quién sabe si calará: por si había pocos motivos para comparar a Marc Spector con Bruce Wayne, a estas alturas de la vida el dueño de Spectorcorp se ha encaprichado con tener su propio Lunamóvil.


La construcción del vehículo, de hecho, la inició Frenc... Jean Paul a partir de unos viejos pergaminos que al parecer contenían información sobre tecnología de la Antigüedad, que encontró Spector allá por el número 37, cuando se enfrentó a la secta de adoradores de Khonshu liderada por Plasma. Unido a esta extraña fabricación esotérica, está el hecho de que, repentinamente, el gremlin que se ocultaba entre el cableado de la Guarida, se introduce en el vehículo. La alimaña se llama Pang, y esa es la única palabra que utiliza. Parece que los sueños del Lunamóvil se van a desvanecer muy rápido, y también la posibilidad de que el lector quede decepcionado con el nuevo transporte terrestre, ya que el episodio es básicamente una batalla entre el Puño de Khonshu y el coche que, poseído por el diablillo, ha perdido el control, y está en medio de Times Square transformándose en Tanquemóvil o en un mecha gigante. Un disparate estupendo de capítulo, este "Mechamorfosis". Mientras tanto, seguimos avanzando en la relación entre el Descendiente Duchamp y la Templaria, así como en la OPA hostil lanzada por PhalkonCorp, justo cuando una empleada de Spector descubre su larga relación con Marlene.


Y entonces, llegó Stephen Platt. El aterrizaje de este joven talento no salvaría la serie, que solamente duró 6 números más, pero fue todo un acontecimiento en la industria. Y no estoy exagerando. Como ya decía hace un rato, los años noventa fueron muy agitados en el mundo del tebeo de superhéroes, con el nacimiento del sello Image. Fue la era por excelencia del "culto a la personalidad". Y la mayoría de los dibujantes molones de Marvel se habían largado de sopetón a la nueva editorial, que hacía tebeos objetivamente malos pero muy, muy, muy espectaculares. Marvel se había quedado huérfana de este tipo de lápices histriónicos, posmodernos y que volvían locos a los jóvenes. Apenas conservaba a Joe Quesada, que poco a poco iría ascendiendo en la editorial como si hubiese hecho un pacto con el Diablo... Pero no estoy negando su talento, solo bromeo con el hecho de que realmente fue el único hot artist que no cedió a los cantos de sirena de McFarlane, Liefeld, Larsen y compañía. Stephen Platt pareció salir de la nada. Pero su aterrizaje en la serie del Caballero Luna, en octubre de 1993, fue un auténtico milagro. De repente, ese tebeo de Marvel marginal al que ya casi nadie prestaba atención, tenía unas portadas que se parecían mucho a las del astro Todd McFarlane, y los ojos de todos los chavales se volvieron hacia la colección.

Interludio: la revista Wizard, durante esos loquísimos meses, testimonió el fulgurante ascenso a la fama de la serie, durante lo poco que duró hasta que Stephen fue también engullido por la maquinaria de Image, y se marchó allí para dibujar primero la serie de Prophet, y más tarde un proyecto propio del que ya nadie se acuerda, antes de pasar a dedicarse a otros menesteres dentro del diseño artístico:





En algún momento, llegó a haber hasta tres números de Moon Knight en el top 10, y en enero de 1994 el número 56 alcanzó el número 1. El propio Platt, tú y yo lo sabíamos, escalaba puestos en la lista de los "40 principales" dibujantes fetén del momento:



Pero, tan pronto como vino, Platt se marchó, y la serie se canceló definitivamente. Fueron 6 números (en realidad 5; uno fue un fill-in en el que solo la portada era de Platt) repletos de las pintorescas viñetas de este indisimulado clon de McFarlane (que también se las ha apañado para asumir lo peor de Rob Liefeld), chirriantes, dastescas y escandalosas, tiparracos de músculos hipertrofiados en posturas imposibles con rostros caricaturescos y retorcidos, mujeres de anatomía monstruosa, dientes, ceños fruncidos, rayas, rayitas y rayajos por todas partes. El trabajo de Stephen Platt hay que contextualizarlo en su momento, porque es muy fácil despellejarlo desde la distancia; mis dos ojos de 15 años cada uno repasaron esto de arriba abajo con total fascinación, y yo al menos, y aunque sea solo por el infinito cariño hacia el personaje, me voy a abstener en adelante de tirarme de los pelos desde mi atalaya de adulto condescendiente. Las tintas corrieron a cargo de Chris Ivy, Al Vey y Scott Koblish, y vamos a ver si Kavanagh cerró el asunto de los Infernitas contra los Templarios, al tiempo que se veía envuelto en La Cruzada del Infinito y sus consecuencias, que también nos va a tocar repasar en esta recta final de la etapa, que culmina con la (tercera) muerte del Caballero Luna.


Los episodios que nos quedan en su etapa, Kavanagh los dedicará básicamente a cerrar todo el asunto del conflicto entre los Infernitas y los Templarios, así como al desarrollo de la trama en la que PhalkonCorp, la empresa del malvado Seth el Inmortal, abanderada por Marlene, absorbe SpectorCorp. Asímismo, descubriremos que, oh serendipia, oh sincronía cósmica, Spector es descendiente de los Templarios (de hecho, Seth Phalkon es su antepasado) mientras que Duchamp, como ya sabíamos, es la Estirpe, el último descendiente del conocimiento y las habilidades templarias. Que ya habíamos visto también que se le manifiestan físicamente, convirtiéndose en algún antepasado cruzado de postín, como el pirata al que ya conocíamos o el psicópata forzudo Pierre Latrec. Son seis últimos episodios repletos de acción, persecuciones, posesiones místicas, sangre y gente muy fea y deforme.


Pero en estas estábamos, cuando Marc Spector fue nuevamente reclutado por el evento cósmico transversal de aquel 1993: La Cruzada del Infinito. Tercera y última serie de la "Trilogía del Infinito" de Jim Starlin, de nuevo con Ron Lim y Al Milgrom a la mesa de dibujo. En esta ocasión, el detonador de la trama es la manifestación de otra de las "personalidades" de Adam Warlock, su lado femenino y bondadoso, Diosa. Resumiendo brevemente las 6 entregas de la historia, la cosa va de que Diosa se le aparece a una quincena de Héroes Marvel, para que le ayuden a llevar a cabo una especie de Cruzada Santa, que consiste en mantener el orden, el bien, el amor en el Universo. En un instante, la violencia, el odio, la inquina, el mal turrón se esfuman de la faz de todas las tierras, pero esto, lejos de ser la solución definitiva a todos los problemas, no hace sino desencadenar un horror aún peor, que terminará haciendo implosionar el universo entero; puesto que si no existe el mal, el bien carece de sentido y razón de ser. Pongamos que es algo más o menos así. De nuevo intervendrán en el arreglo todas las entidades galácticas, primordiales, feéricas, alucinógenas y esenciales que habíamos visto en las entregas anteriores. Adam Warlock había formado todo este tiempo su propio grupo de protectores de las Gemas, la Guardia del Infinito, que tendrá un papel preferente en la serie (de hecho, La Cruzada se leía en paralelo con la cole del grupo y con la complementaria Warlock Chronicles, todo ello escrito por Starlin y con jóvenes promesas como Tom Raney y Ángel Medina al dibujo, y en España fue publicada en 11 nuevos tomos prestigio muy cotizados por los adolescentes de entonces); pero, como es tradición en este tipo de macroeventos, también se reúne el resto del Universo Marvel en el Edificio Baxter, para buscar una solución a la desaparición de los Elegidos por Diosa.


A diferencia de Contienda de Campeones o las dos primeras entregas de la trilogía de Starlin, en esta ocasión el Caballero Luna sí será uno de los elegidos por Diosa para ayudarla a completar sus planes desde el Paraíso Omega, en lugar de quedarse a hacer posturitas entre los que hacen tiempo en la Tierra. Y es que el criterio que sigue Diosa a la hora de hacer su grupo, es la Fe de los postulantes. De los cuarteles generales de los Vengadores, Nuevos Guerreros, Patrulla-X, Alpha Flight, X-Force, etc., empiezan a ser teletransportados los sujetos con más fervor religioso, hacia cualquier deidad, ya sea Josecristo, Buda, Yahweh, Manitou, Shiva, Agamotto o Khonshu. Así que asistimos al momento en el que Spector es abducido, y le veremos participando en varios momentos cruciales de la trama, pero... en estos pocos cientos de páginas, no dice ni una sola palabra jamás.


Así que será en los tie-ins correspondientes donde le veamos interactuar un poco más con los otros superhéroes reunidos. Asomará, de adorno, en las versiones del rapto mostradas en las páginas de Thor #463, Doctor Strange, Sorcerer Supreme #55 o Web Of Spiderman #104-106 (escrito también por Kavanagh, y donde tendrá un poquito más que hacer), y todo un episodio de su serie propia, el 57, dedicado a los hechos acaecidos en Paraíso Omega, que básicamente fue una pelea con Spider-Man de 20 páginas, para atraer a los que echaban de menos a McFarlane, aunque fuese obra de un imitador que dibujaba como lo haría Todd con el lápiz en los pies. Las docenas de cruces que hubo con el evento en las otras series eran meras peleítas entre héroes, ya que los Elegidos, embobados, se daban de tortas entre sí para halagar a la Diosa.



Al final de La Cruzada, los participantes eran teletransportados desde Paraíso Omega hasta su lugar de origen. Spector aparecía en el nº 58 (dibujado por un tal Fred Haynes, ¡imitador de Platt!) rodeado de Infernitas, en un escenario infernal en mitad de la jungla de Brasil, descubriendo así su conexión esotérica con esa extraña raza. Los acontecimientos se precipitan con poquísimos diálogos y sin tramas adicionales, cosa rarísima en Kavanagh (el final ya se ve que era inevitable y no iba a dejar nuevos argumentos abiertos), hasta desembocar en la lucha de Spector y Seth, que con ayuda del artista antes conocido como Frenchie, Templaria y sus aliados de Cadre (unos héroes con pinta de monstruitos que me resultan familiares porque salían en la mítica colección de trading cards de Marvel de aquel año, pese a no aparecer más que en dos o tres tebeos) vencían a los malos y regresaban a la Guarida de las Sombras... solo para descubrir que Marlene es la nueva dueña de SpectorCorp (lo cual a Marc no le importa, al contrario: siempre prefirió estar al lado de Marlene por encima de su fortuna, y Marlene había salvado el emporio con el dinero de PhalkonCorp), y que Seth, pese a haber quedado atrapado en otra dimensión, había colocado un mecanismo de autodestrucción en las instalaciones, una especie de virus llamado Hora Zero, que no solo se va a llevar todo por los aires, sino que además (por un motivo que se explica un poco mal y apresuradamente) resulta ser una especie de tecno-cáncer informático que afecta también al propio Spector. Así que, aunque ha conseguido recuperar el amor de Marlene y que los Templarios derroten a los envidiosos Infernitas, Spector muere al final.


Interludio: como ya vimos, la edición española de la serie del Caballero Luna quedó truncada por escasez de lectores en el número 7 de su segundo intento de cole regular, llegando a cubrir hasta el nº 21. Del 22 al 54 nunca han visto la luz en España, pero en 1995 Forum lanzó un tomo especial, titulado "Muerte en la familia", que recopilaba los números 55 a 60, a rebufo de la Plattmanía que había arrasado entre los adolescentes americanos. Mucho debió de venderse también aquí, porque es omnipresente en el mercado de segunda mano... Destaca el artículo de apertura escrito por Paco Reina, que ejercía más de traductor que de redactor, pero que demuestra conocer muy bien los intríngulis del héroe.


Pero cabe destacar algo más de estos últimos números. En el tomo español no se recogieron, pero en los números 57 y 58 USA se incluyeron, al final de cada grapa, tres ilustraciones a toda página, con textos de Kavanagh, representando a algunos de los personajes recientes del universo del Lunero. Una especie de pin-ups que hacían también las veces de "fichas de personajes", y que venían ilustrados por el auténtico talismán del personaje, su verdadero creador estético, el llorado (en este momento más que nunca) Bill Sienkiewicz en persona.


Prometí que no iba a hacer más leña del árbol caído: que no iba a burlarme del dibujo de Stephen Platt. Que algo tendría este jovencísimo dibujante cuando a los adolescentes se nos caía la baba con sus trazos, de forma similar a lo que sucedía con los primeros trabajos de Liefeld. Parafraseando aquel famoso artículo en el New York Times anunciando la visita de Lola Flores al Madison Square Garden en 1979: «no dibuja bien, no narra bien, no entiende de perspectiva, es un aficionado con ínfulas, todo tipo de malformaciones, cachas con microcefalia y piernas de hipopótamo, mujeres con la boca siempre abierta y el estómago más largo que las piernas, todos enfadados, todos gritando, no se sabe qué son la mitad de los objetos, no sabe dibujar pies, no sabe dibujar manos, no sabe dibujar fondos... ¡no se lo pierda!».

Esto es Marlene :_(

Algo así debimos pensar los chavales de entonces, o nos cegaría el hype o las portadas engañosas o qué sé yo, para que esto fuese un best-seller; porque en esta relectura la mitad de las ilustraciones me resultaban profundamente ofensivas. Y mirar las viñetas, con los ojos tapados y los dedos entreabiertos como quien mira un accidente de tráfico, me distraía continuamente de la trama. Aquí el que salió peor parado fue Kavanagh (aunque también me compadezco de los entintadores y coloristas), y este final de la serie produce una sensación de profunda desolación. Y lo de menos es que el personaje muera. No sé si porque da tanta rabia verlo que uno lo está deseando, o porque sabíamos que resucitaría tarde o temprano, porque en el Universo Marvel las muertes son tan definitivas como las de Kenny McCormick o las del gato Rasca. Con la distancia, además, sabemos que lo iba a resucitar su propio creador, Doug Moench, en una miniserie de 4 episodios conocida como Resurrection War, en el aún lejano 1998. No puedo adelantarme a las circunstancias de tal resurrección, pero en estos casi cinco años en los que se supone que Marc Spector está bien muerto y hemos visto cómo le lloran, por esas cosas de los guionistas que alteran o ignoran la continuidad, lo vimos aparecer como si nada en algunos tebeos. Que conste:


La serie The sensational She-Hulk fue ese trabajo "de autor" de John Byrne, recordado con tanto cariño por los lectores de la época, sobre todo por el cachondeo que se traía, por romper la cuarta pared e interactuar con el lector cada dos por tres; fue un proyecto desenfadado, que convirtió a la prima de Hulk en uno de los personajes más interesantes de los 90. La marcha de Byrne en el número 50 (por cierto, otro número lleno de versiones alternativas y caricaturescas de personajes conocidos llegados del Multiverso, como fue el nº 42 de MS:MK) precipitó el final de la serie, que apenas resistiría 10 números más la lucha contra su ausencia y el baile de autores. El antepenúltimo número, el 58 (diciembre de 1993; por Sholly Fisch, Dennis Jensen y Barb Kaalberg), en el que, entre otras cosas, Jennifer Walters vencía a un villano leyendo sus puntos débiles en un ejemplar del Official Handbook, hay una breve escena en la que la protagonista se baja de un taxi conducido por Jake Lockley. «Qué tío más raro, pero al menos hablaba mi idioma», piensa, cuando él le manda saludos para los Vengadores.


Starblast (enero-abril de 1994; publicada en España como Desafío estelar) fue otra miniserie-evento de corte cósmico-galáctico-trascendental, en la que se reunía a docenas de superhéroes Marvel a colación de que a Quasar le han robado la Marca, un valioso objeto místico. La gracia adicional de esta serie, más allá de los fanáticos de la vertiente espacial de Marvel, era que por primera vez aparecían junto a los personajes cotidianos de Marvel algunos provinentes del vecino Nuevo Universo, esa línea editoria creada a capricho de Jim Shooter, con la particularidad de que los artistas conservaban los derechos de sus héroes. Tipos exóticos como Justice, Eclipse, el Americano, Psi-Halcón, Cromo o el Capitán Manhattan daban el salto de una realidad a otra. Y como si la etapa de Platt solo hubiese sido una pesadilla, ahí estaba el Caballero Luna protagonizando dos páginas, reaccionando a un raro efecto en el satélite natural de la Tierra que lo bautiza, mientras derribaba a un supervillano idiota, rubio y de rostro porcino llamado... Trump. Fue una especie de continuación de la serie de Quasar, obra de su autor más celebrado, Mark Gruenwald, y con dibujos de John Heebink, aunque el primer número, en el que sale CL, fue dibujado por el legendario Herb Trimpe con tintas de Ralph Cabrera (portada de Claudio Castellin).


Por las mismas fechas se publicó la única historieta del Caballero Luna incluida en los 175 números de existencia de la cabecera antológica Marvel Comics Presents (al menos, en su volumen original; ha habido una iteración reciente de la serie entre 2019 y 2020 donde Spector vuelve a aparecer). Se tituló "Hung jury" ("Jurado disuelto"), y se ve que Chuck Dixon echaba de menos al personaje y quería hacer borrar de nuestra memoria la patética muerte de Spector. En esta treintena de páginas, dibujadas de nuevo por J.J. Birch, asistimos a una historia sencilla y clásica, armónica por completo con su etapa en la serie regular (y quién sabe si quedó colgada entonces o se rehizo para la ocasión, pero resulta extraño pues el personaje había muerto...), en la que Marc, con muchísima ayuda de Marlene, intervienen cuando los Pretorianos, esos salvajes supremacistas, y su líder Motosierra, que tampoco había muerto sino que estaba de parranda, han secuestrado a un niño para coaccionar al miembro de un jurado, para que absuelvan a uno de los suyos, juzgado por asesinato. ¡Hasta Crawley reaparece por allí! El tríptico de la portada es de Tom Grindberg y Fred Harper.


Fuera ya de la anacrónica continuidad, tenemos que hacer acuse de lectura de un one-shot muy especial, enmarcado dentro de un proyecto que disfruté muy especialmente en su día: Amalgam Comics. Las dos grandes empresas de tebeos de superhéroes de siempre, Marvel y DC, la Coca-Cola y la Pepsi del negocio (o más fielmente, la Disney y la Warner), más allá de zancadillas, homenajes y guiños ocultos para los lectores atentos, han hecho varias colaboraciones históricas a lo largo de las décadas; unas cuantas historietas con crossovers en las que los más poderosos de uno y otro Cosmos se han dejado de zarandajas editoriales y han compartido página. Por lo general, son historias muy queridas por los lectores, hitos además muy complejos de reeditar debido a los zipizapes legales. En 1996 tuvo lugar uno de estos acontecimientos, y lo que decidieron hacer fue crear un universo conceptual completamente nuevo, en el que los personajes eran cruces de ambos universos, como si estos se hubiesen fusionado mágicamente.


Así que aquí no podemos hablar propiamente de un tebeo en el que aparece el Caballero Luna, sino de un cameo de Moonwing, una amalgama entre el Caballero Luna y Robin. Su única aparición (aunque uno de los encantos de estos tebeos es que estaban llenos de referencias a colecciones del pasado... que por supuesto no existían) tuvo lugar en el nº 1 de Bruce Wayne, agente de S.H.I.E.L.D., un magnífico tebeo en el que Bruce encabezaba la avanzadilla de la agencia de espionaje en su enésimo enfrentamiento contra los terroristas de Hydra, liderados por Lex Luthor, alias Cráneo Verde, y su hija Selina Luthor, Madame Cat. Por supuesto, el tebeo sabe a muy, muy poco, y apenas esboza el comienzo de una batalla mientras presenta por el camino a docenas de personajes amalgamados. La elección del Caballero Luna como uno de los elementos a conjugar no fue azarosa, ya que fue Chuck Dixon el encargado de dar vida a este rinconcito concreto de esta realidad paralela, imaginada junto al extraordinario Cary Nord, con tintas de Mark Pennington.


Otra aparición curiosa de Moon Knight, fuera del cánon y de la continuidad, se produjo en en el one-shot titulado Manifest Destiny, inédito en España, y pondría punto y final a la aventura editorial de la línea Marvel 2099, que había comenzado en 1992 con el nº1 1 de Spider-Man 2,099. Fue un intento de Marvel por especular sobre cómo sería este mundo de superhéroes mil años en el futuro, en un entorno steampunk y donde los superhéroes ya no eran exactamente tales, sino que los pocos que había tenían que estar relegados a las sombras. De todo lo narrado en esos cientos de tebeos, los números de Peter David y Rick Leonardi son una maravilla, y también lo que he leído del Ghost Rider 2099 de Len Kaminski y Chris Bachalo, una delicia que cualquier amante de la ucronías futuristas y de los tebeos del Juez Dredd, debería leer. Es Chris Bachalo en sus impresionantes comienzos despuntando en Marvel...


Yo no he leído mucho más del universo 2099, y creo que tampoco se publicaron demasiadas cosas en España. Aquí perdió fuelle antes que en su país de origen, donde decidieron darle la puntilla con este tomo, cuando apenas había intentado sacar adelanta colecciones nuevas como los Fantastic Four 2099, que solo alcanzaron la octava entrega. Todo terminó de repente. Aquellos personajes sí se han vuelto a dejar caer por la continuidad normal, al menos el Spiderman Miguel O'Hara, y es que tenía un diseño y un trasfondo realmente atractivos. Pero en general, aquello está completamente soterrado. Y me tocó leer este tomo de despedida, ya que en él aparecía, de manera póstuma, la versión 2099 del Caballero Luna: concretamente, la hija de Marc Spector, una MK femenina con un traje de alguna tela brillante, que vive en la Luna, donde comienza esta historia. Solo aparece en las primeras páginas, pero tiene un papel importante.


Es una historia cósmica, muy ambiciosa, en la que el propio Len Kaminski quiso dejar las cosas en alto, con un lenguaje literario y rimbombante y montón de acontecimientos trascendentales. Páginas con mucho texto, y una trama que empieza en el detalle, pero que acabará narrando lo que pasa en el año 3099. Un remedo comprimido de una de esas sagas cósmicas de Jim Starlin, con guiños directos en algunos detalles. Resumiendo mucho, todo consiste en que Miguel O'Hara está ahora al frente de la todopoderosa corporación Alchemax, y tiene el deber de descubrir qué pasó entre 1999 y mediados del siglo XXI, para que desaparecieran todos los héroes de la Tierra. Consigue traer a su presente al mismísmo Capitán América, que estaba criogenizado una vez más, es capaz de aferrar el mjolnir y levanta un culto mesiánico a su alrededor. Reúnen a docenas de héroes de los aparecidos por las páginas de todas las coles (que no he leído), y con ayuda de Uatu el Vigilante, salvan el universo y lo preparan para años venideros. Con dibujos de Mike McKone y Mark McKenna, todo es demasiado cósmico y desorbitado como para que interese, y demasiado confuso al no haber podido leer muchos de los tebeos anteriores, pero se entiende y está conseguido el espíritu emotivo y epilógico.


Y seguimos con cameos ajenos al deceso, y camino de la resurrección, ya que nuestro ídolo aparecería también en todo su esplendor en otra curiosa miniserie, pero esta vez en modo retrospectiva. Porque uno de los grandes acontecimientos de toda la década de los 90 fue ese proyecto que consistió en revisar la historia del Universo Marvel desde el punto de vista de los peatones que asistían impotentes a las escaramuzas, que se inventó el guionista Kurt Busiek, y que pintó maravillosamente Alex Ross: Marvels.


Marvels fue un brillante y multipremiado hito, que acabó convertido casi en un "estilo" dentro de la casa, ya que tuvo y seguirá teniendo numerosas reimaginaciones. Esa combinación de revisionismo, cotidianeidad y viñetas "pintadas al óleo" fue todo un soplo de aire fresco, y una manera original y única de acercarse a estas historietas para cualquier lector casual. La primera aparición del Caballero Luna en aquel histórico Werewelf by night nº 32, persiguiendo al Hombre Lobo de Noche por los tejados, se revivió en una de esas secuelas de Marvels. Si la serie original estaba protagonizada por un foto-reportero, en esta ocasión la "vida diaria entre superfulanos" nos la contaban a través de un policía novato llamado Jeffrey Piper. Y si allá se narraban principalmente los eventos seminales de la editorial y el nacimiento de los héroes de los sesenta, aquí avanzaremos hacia los setenta-ochenta, y sobre todo desfilarán vigilantes urbanos; con un especial hincapié en la relación de la pasma con el Castigador. La miniserie de cuatro números (enero-mayo de 1997) se tituló Código de honor, y una vez más salió de la cabeza del atareado Chuck Dixon. Cada número lo dibujó un equipo diferente de artistas de tono "hiperrealista". El primero, que nos ocupa, fue obra de Brad Parker y Tristan Shane. Asistiremos al duro trabajo de Piper en Harlem, a su vida familiar, su boda, su madurez y su paternidad, mientras patrulla las calles en una ciudad en la que, por culpa de esos tipos con poderes que lo destrozan todo sin miramientos, el trabajo policial casi pasa desapercibido (detalle este que ponía de los nervios a Steve Ditko; seguro que le entusiasmó esta serie).

 
 
Interludio: «Esta es una historia de 8 páginas del Caballero Luna nunca antes vista, que habría sido publicada en Marvel Comics Presents si el título no se hubiese cancelado justo antes. Y algo más importante: fue el primer trabajo profesional de Platt para Marvel Comics, y fue utilizado como prueba de lo que podía llegar a hacer como nuevo dibujante a lápiz de Mark Spector: Moon Knight. Realmente, una gran adquisición para cualquier coleccionista serio del trabajo de Platt. Aunque se venden por separado, yo preferiría (y estoy dispuesto a hacer un buen descuento) que las 8 páginas se mantuviesen juntas como un set. Siéntete libre de contactarme con cualquier pregunta que tengas.». Texto que acompañaba una subasta en la tienda online ComicArtFans de 2008 (estatus: todo vendido).
Si bien no trato de redimirme, creo que resulta interesante incluir estas ocho páginas inéditas, que hubieran aparecido en MCP y que finalmente catapultaron a Platt a la serie principal, ya que son absolutamente inéditas. Y ver por primera vez cualquier página inédita de Marvel siempre produce ese cosquilleo... Las tintas eran también de Chris Ivy. Venga, he decidido que voy a despedir el capítulo tratando, de hecho, de redimirme, afirmando que las siguientes comissions de 2014 de Platt no son tan, tan horribles como era su trabajo de los 90:




4. 'Resurrección' y 'Extraños' (1998-1999)


Técnicamente, de cara a los bibliotecarios, esta siguiente fase abarca los volúmenes 2 y 3 de la serie con el título sencillo del héroe: Moon Knight (aunque en algunas bases de datos figuran como vol. 3 y 4, ya que contabilizan la serie frustrada de Zelenetz, subtitulada Fist of Khonshu, como el vol. 2). El retorno de Doug Moench para poner orden a la desfachatez del tramo final de Marc Spector: Moon Knight, empero, se limitaría a dos series de cuatro números cada una, que a la larga se conocen por el título de las historias, ya que así serán conocidas también en sus futuras recopilaciones en paperback: Resurrection war y High strangeness. Moench retoma al personaje como si nada hubiese pasado. Su resurrección, literalmente emergiendo de la tumba, es confusa y no queda muy claro si se trata de una intervención divina de Khonshu, de algún tipo de alucinación o de un sueño producido por Morfeo... ¿Incluso su muerte pudo haber sido tan solo una ilusión? ¿Quizá toda la larga etapa de Zelenetz/Dixon/DeMatteis/Kavanagh fue una pesadilla de Resines...?


No se sugiere tal cosa de forma directa (como sí hizo por ejemplo Alan Davis cuando retomó las riendas en Excalibur tras el desastre de sus predecesores), pero sí que se ventila todo de un plumazo, y es lo suficientemente confuso como para hacerse cada uno su propia reconstrucción. Lo importante es que CL regresa con todo el carisma original, con el traje original, el Lunacóptero original, el armamento original, el rostro negro y no blanco (o sea, el original), y consigue derrotar aquí a algunos villanos de la serie original, Morfeo, Bushman y el Espectro Negro, que están tratando de llevar a cabo un ataque contra toda la Humanidad, al transportar hasta el edificio de la ONU una estatua esotérica de Set, el dios de la guerra (que acaba de ser encontrada, por un arqueólogo llamado Simón Darkover, durante una exploración en una cámara de tesoros oculta en su tumba; sí, aquella en la que el propio CL nació, y cuyos tesoros ocultos también conocíamos).


La historia, así, tiene como trasfondo una lucha entre la luz y la oscuridad, simbolizadas por Khonshu y Set, y estos a su vez encarnados en CL y sus más odiados enemigos. CL no lo habría logrado sin la salvaje intervención de Scarlet o el Hombre Lobo de Noche, ni tampoco sin la ayuda de Marlene, Frenchie (que mágicamente ya ni usa silla de ruedas ni sufre ridículas posesiones genéticas), el teniente FlintCrawley, Gena y sus sobrinos Ricky y Ray. ¡Incluso vuelven a aparecer por la recién reconstruida mansión de Long Island Nedda y Samuels! El regreso a los orígenes no podía ser más rotundo y absoluto. En una sola viñeta, CL termina con SpectorCorp, trasfiriendo todo su crédito a Industrias Grant. Porque, en efecto, la personalidad del millonario Steven Grant vuelve a ser quien ocupa la mansión Grant, desapareciendo Marc Spector de la vida pública. Y también volvemos a tener en acción al taxista Jake Lockley, husmeando por la ciudad con su bigotito y su ropa de hace dos décadas. El único cambio que podemos advertir, y quizá sea solo una licencia de estos autores puntuales, es que ahora el Caballero Luna tiene los ojos rojos sobre la máscara negra. El pequeño detalle resulta realmente inquietante y molón.


El puñetazo en la mesa de Moench es tan recio que todo da un giro de 360º, y volvemos al punto de partida. Este trabajo es un soplo de aire fresco, sin duda, una especie de riguroso "dejad de hacer el tonto, que aquí estoy yo", encauzando de nuevo todo hacia donde no debía de haberse desviado nunca... según Moench. Pero al mismo tiempo resulta demasiado forzado, demasiado evidente lo de ciscarse en todo el trabajo previo de tanta gente, dando la sensación de que tanto su esfuerzo como el del propio lector haya sido en balde. ¡No se menciona absolutamente nada de lo acontecido entre 1984 y 1994! Nada cuenta. También es de rigor mencionar el gran aspecto gráfico, oscuro pero excitante, obra de Tommy Lee Jones (con una pequeña ayuda de Jean Paul Leon en cinco páginas del último número, por las fechas de entrega, supongo) y Robert Campanella. Ni que decir tiene que el estilo "sucio" y expresionista favorece al personaje.

Interludio: Forum publicó esta miniserie en un tomo titulado "Resurrección", un año después que en USA, en febrero de 1999. Destacan sendos artículos al principio y el final, uno de Tomás Pardo ("De cuarto menguante a luna nueva") repasando toda la carrera del personaje (con un par de errores y olvidos menores) y otro de Jaume Vaquer explicando su forma de publicación en España (""Caballero Luna: revisitación"), pero ignorando la etapa en Vértice/Surco.

Para la segunda miniserie que escribió "Papá" Moench, una vez establecido que todo vuelve a estar exactamente como lo había dejado en 1983, sobran las explicaciones. Y tenemos una aventura completa absolutamente delirante y sobresaliente. Es un cuento fabuloso que perfectamente podría haber aparecido en la época de aquellos complementos de The Hulk! seminales, en los que se estrenó el equipo formado por Bill Sienkiewicz al dibujo, con colores directos del portentoso Steve Oliff. Solo que Sienki debía andar demasiado ocupado, y Oliff coloreó el arte magistral de otro portento de estilo inconfundible, que destacó en su día por un estilo propio, expresionista y no lejano a esa época de evolución de Bill: el ya curtido Mark Texeira. Pero estamos en 1999, y termina una década que para el fandom había estado especialmente espoleada por una larga serie de televisión llamada Expediente-X, que devoraba y regurgitaba fenómenos forteanos, avistamientos extraños, encuentros en la tercera fase y todo tipo de material conspiranoico, y los adaptaba a la realidad cotidiana de la investigación encubierta.


"Alta extrañeza" es un arco de otros 4 episodios (unas 100 páginas) en el que Moench quiso introducir al recién resucitado Caballero Luna en ese marco de referencia. Todo empieza con CL investigando en un viejo escondrijo de Marc Spector en su época de mercenario. Alguien ha dejado un mensaje en el bar de Gena para Spector, que se supone que está muerto y enterrado. CL decide enfrentar a quienes le buscan hurgando un poco en su pasado, y es atacado por unos asesinos misteriosos, que cuando son reducidos por el héroe se auto-inmolan, mordiendo la clásica cápsula de veneno oculta en un molar. Lo único que tienen en común es un enorme tatuaje en el pecho, que representa un dragón rojo. Para avanzar en sus pesquisas, Marc se pone en contacto con una antigua novia, también mercenaria, llamada Candy Calder.


Y es entonces, en el segundo episodio, cuando Candy le pone a Grant al corriente de una trama gubernamental secreta que está teniendo lugar en las sombras. Y que consiste, básicamente, en que todas las conspiraciones imaginables salidas de los círculos de creyentes, son ciertas. Que existen los alienígenas grises y están entre nosotros; que el proyecto MK-Ultra, los implantes cerebrales que funcionan como gatillos post-hipnóticos para crear zombis asesinos como los que asesinaron a JFK o a Jack Ruby fueron reales; que el Bigfoot, el Monstruo del Lago Ness o el Mothman llegaron a través de un vórtice abierto por un ocultista llamado Aleister Ravenna, líder del Culto del Dragón Rojo; pruebas secretas de armamento disfrazadas de autopsias a aliens; guerras clandestinas, platillos volantes, el Proceso de Babilonia, cráneos de humanos de hace diez millones de años con grabados microscópicos de símbolos esotéricos que coinciden con los círculos en los cultivos y con unas pintadas hechas con sangre por los seguidores de Ravenna en sus múltiples asesinatos rituales... La trama jamesbondesca, de pronto, se convierte en un batiburrillo de referencias conspiranoicas, fenómenos paranormales e inexplicados, implantes de memoria y visiones inducidas en estado de trance, que empiezan a afectar tanto a Spector como a Candy, a Marlene y a todo lo que les rodea.


Es una historia deliciosa, en la que quien vuelca todo su interés en estos temas, con una pasión y una atención al detalle sublimes, es Doug Moench, y lo hace sin perder en ningún momento el espíritu trágico y el carácter intrínseco del héroe; pero que podrían haberla guionizado perfectamente John A. KeelRobert Anton WilsonVince Gillian o Chris Carter. Moench, además, la narra con una curiosa estructura, dividida en cuatro "libros" cada uno de ellos lleno de capítulos breves, a veces de menos de una página cada uno, llegando cada tebeo hasta los 14 ó 16 capitululitos (cada uno con su título y su pequeña ilustración de CL posando en pequeñito). Un experimento realmente insólito, que convierte la lectura en un verdadero trajín. Texeira está desbordante (quizá demasiado "entusiasmado" con el volumen pectoral de Marlene y sus escotes, que distraen de la lectura al más pintado), y convierte a esta miniserie en una de mis lecturas preferidas de toda la biografía del personaje. Recuerdo que de chaval me daba un poco de rabia encontrarme con tebeos dibujados por Tex. Porque su anatomía, sus fondos y sus retratos son prodigiosos, pero cuando dibujaba naves, mesas de mandos y tecnología en general, no era precisamente Jack Kirby o George Pérez; recuerdo cómo me fastidió aquello en alguna lectura concreta. Por ejemplo, el Lunacóptero que sale en esta historia es ni más ni menos que una medialuna voladora, sin carlinga ni detalle alguno. Lo cual, según se mire, o al menos me ha parecido así en este caso, es un poderoso acierto estético. El color de Oliff multiplica el valor de sus trazos. Y en general no puedo hacer más que aplaudir este arco delicioso.


Interludio: A mí me pasó totalmente desapercibida, pero igual que la miniserie anterior, Forum publicó esta miniserie en un solo tomo, titulado simplemente "Extraños", en mayo de 2000. Aparte de las cuatro portadas originales USA, como material adicional solo trae un artículo, impreso en el interior de portada y contraportada, que es un resumen del texto de Tomás Pardo del tomo anterior.

Quizá sea porque estoy en estos momentos envuelto laboralmente en un trabajo relacionado con la ufología clásica, leyendo y trabajando con el material y las teorías de John Keel, y sobre-expuesto a lo forteano; o quizá porque justo me fui a la cama a leer este tebeo justo después de ver la reciente adaptación de "Doctor Sueño", la novela de Stephen King que continuaba narrándonos la vida de Dan Torrance y el destino de muchos otros portadores del "resplandor"... pero creo que sin ese background también hubiera sido capaz de valorar esta historia del Caballero Luna como una de las más interesantes y brillantes de sus casi tres décadas de vida.

5. Apariciones menores (1999-2006)

Tras las miniseries de Moench, el próximo peregrinaje del Caballero Luna en solitario, como estrella de su propia cabecera, no llegará hasta mediados de 2006. Su próxima serie (volumen 5) se extenderá durante 30 números más, y ya entraremos de lleno, en mi estructura de lecturas, en la "era moderna". Desde ese momento, y hasta la actualidad, ya prácticamente tendremos aventuras constantes de Marc Spector como protagonista de sus colecciones homónimas, miniseries, arcos o "temporadas", como se tiende a denominar ahora a este berenjenal de comic-books que nacen ya con fecha de caducidad, cada una de ellas con un equipo creativo diferente al servicio de historias autoconclusivas pensadas para ser recopiladas en libro. El siglo XXI en Marvel es así. Desde este momento, por tanto, el futuro a medio plazo del Caballero Luna es prometedor y entusiasmante, y quedan muchísimas historias por leer. Pero nos habíamos quedado en 1999, y entramos en un apartado en el que nuestro ídolo estará dando palos de ciego por aquí y por allá, apareciendo en un montón de series diferentes de manera puntual, sin que nada de ello le aporte grandes avances en su biografía ficticia. De hecho, la presencia o los cameos del personaje en series de todo pelaje, va a ser constante a partir de ahora. Algunas tendrán más importancia que otras, pero voy a tratar de hacerme eco de todo ello.
Por ejemplo, el guionista Kurt Busiek y el dibujante George Pérez se acordaron de la (dudosa) condición de Vengador de Spector, cuando decidieron reestructurar la colección de los Héroes Más Poderoso del Mundo. La serie regular The Avengers, nacida en 1963, se extendió durante 402 números, hasta septiembre de 1996. Pocos años antes, ya lo hemos visto, todo el Universo Marvel fue víctima del seísmo producido por el nacimiento de la editorial posmo Image, la fuga de artistas, el desplome de las ventas y el cambio de zeitgeist. Quizá fue aquí cuando tuvo lugar la primera renovación realmente drástica de las colecciones principales, el primer "reseteo" completo. Para 1996, de hecho, los jerifaltes de Marvel optaron por tirar la casa por la ventana, y volver a contratar a los astros desertores. La saga de Onslaught había dado un puñetazo en el tablero, que serviría para darles prácticamente libertad total a Jim Lee y Rob Liefeld para hacer lo que quisieran con el Capitán América, Iron Man, los 4 Fantásticos y los Vengadores. La operación se llamó Heroes Reborn. Y resultó que no fue el éxito esperado, que los satélites alrededor de los famosos astros eran dibujantes mediocres, que los guiones eran pobres, y que la idea apenas duró un año. Así se que se volvió a pasar el mocho, y se optó por una nueva revolución, Heroes Return. Y ahora la idea era la contraria: retorno al clasicismo más absoluto. Y ahí es donde entraron, en lo que respecta a los Vengadores, Busiek y George Pérez (con Al Vey a las tintas). Fue un reboot mucho más sólido y de mayor calidad. Y tendría la continuidad deseada, a lo largo de casi toda la década venidera.
Pero vamos de una vez con el papel de CL en esta nueva era. El primer arco de Busiek se tituló "Once an Avenger...", y se suponía que regresarían todos los héroes que alguna vez habían sido Vengadores. Pero el caso del Caballero Luna, entre otros, no era precisamente ordinario, y así lo supo ver Busiek. No solo por su carácter solitario y misántropo. También porque él mismo había quemado su carnet de los Vengadores... Durante la búsqueda de compañeros llevada a cabo por el Capitán América, ni siquiera se le tiene en cuenta. No se presenta a la reunión de docenas de supertipos en la mansión de la 5ª Avenida. En las pantallas de los ordenadores, donde se muestra el estatus de los posibles fichajes (algunos han muerto, otros no están disponibles, de otros no se sabe...), ni siquiera podemos leer en qué estado se le considera (porque el corpachón de Thor lo tapa). Simplemente, no está. Pocas páginas después, una vez terminada la reunión (el reclutamiento es debido a una gigantesca amenaza que está destruyendo Asgard), Busiek tiene el precioso detalle de acordarse de Spector, y contarnos que ha estado espiando la reunión desde un tejado cercano, pero que aquello no es para él.


Un poquito antes de que se nos confirmase esta importante negativa de Spector a unirse a "la colección más importante del mundo del cómic" (con permiso de Batman y Spider-Man, ok), CL ya se había paseado brevemente por otro título, aunque fue un cameo absurdo, apenas un gag. En uno de esos periplos de Masacre entre la vida y la muerte, visita un lugar en el que un puñado de héroes están jugando a las cartas; es una especie de ensoñación del Infierno, y se supone que en ese momento esos personajes de dudosa moral están muertos, y en un par de viñetas aparece CL (Deadpool nº 34, "Chapter X, Verse 1: Sending in the Clowns", noviembre de 1999. Por Christopher Priest, Paco Díaz y Rod Ramos).


Ya como personaje vivo y resucitado, sin explicación alguna, vuelve a hacer un pequeño cameo en una serie ajena. Esta vez, en la serie en solitario de Lobezno (nº 134, febrero de 1999). Hacía poco que Larry Hama había culminado su apoteósica presencia en la serie, y en el baile de guionistas siguientes participaron nombres como Chris Claremont, primero (con una etapa poco memorable), y ya que estábamos en pleno Heroes Reborn, se contrató a otra rutilante estrella de Image para escribir unos cuantos episodios: Erik Larsen. Su primer arco, de 6 números, se tituló "The great escape", y en él Lobezno era poseído por una entidad alienígena que tomaba el control contra su voluntad, y antes de llevarle a su planeta le puso a prueba enfrentándole contra algunos de sus amigos en la Tierra. Entre ellos, en una página o dos, nuestro Caballero Luna, que era vencido por el mutante salvaje sin apenas esfuerzo. En su día esperé con muchas ganas esta etapa de Larsen, porque el equipo artístico (Jeff Matsuda y Jonathan Sibal) también habían sorprendido a mi yo adolescente en sus series abisales de Image. Pero releído años después, me ha parecido bastante infumable.


En estos tiempos, Pantera Negra tenía una colección regular, que alcanzó los 62 números. Sin desmerecer, era una época muy loca de saturación del mercado. Su guionista más recordado fue, de nuevo, el afroamericano Christopher Priest; recordemos que Priest era el escritor antes conocido como Jim Owsley, que ya había escrito una historieta de CL, la última de la etapa de Zelenetz. Y el dibujante también era un artista largamente ligado a Spector: Sal Velluto (entintado por Bob Almond). En los números 20, 21 y 22, el papel del Caballero Luna sí que fue más que testimonial, y de hecho salvó la vida a T'Challa, tras ser llevado al coma por Erik Killmonger en un combate ritual que le obligó a cederle el cetro de Wakanda. Tras la pelea, es el Hermano Vudú quien va a buscar a Spector, que estaba pasando el rato en un casino de Río de Janeiro con Marlene. La presencia del Puño de Khonshu es en el plano espiritual, y se introduce allí para interceder entre deidades y combatir a Pesadilla, que es quien tiene preso a T'Challa entre la vida y la muerte. Todo demasiado onírico y extraño... aunque sin llegar al nivel de DeMatteis...


Cabe mencionar aquí dos apariciones contemporáneas del Caballero Luna, pero que no son exactamente canónicas, sino que nos mostraron una versión alternativa, de otro universo paralelo, del personaje. Tierra-X había sido la gran opus magna del artista Alex Ross de la segunda mitad de los 90. Una historia transversal, con ecos de Watchmen, que repasaba la historia del UM, pero en una ucronía en la que todo había cambiado. Su continuación, Universo-X, ahondaba en esa versión suecada de nuestro mundo, en el que todos los superhéroes habían cambiado de aspecto (el propio Ross diseñó a todos los personajes), Cráneo Rojo había ganado la II Guerra Mundial, el futuro de los mutantes había sido literalmente un Apocalipsis... Y el Marc Spector de Tierra-9997 nunca había salido de Egipto, era una especie de momia rediviva, y lideraba un ejército para liberar a la población de la esclavitud, como se contó en los números 1 y 6. Alex Ross era el showrunner, demiurgo, diseñador, portadista y responsable de los argumentos troncales, pero la obra fue hermosamente realizada por Jim Krueger, Doug Braithwaite y Bill Reinhold. El papel de Spector allí no es baladí, y es una lectura muy estimulante pero definitivamente algo densa.


Y ya en 2001, concretamente en el annual de Mutant-X de aquel año, conoceríamos a otra encarnación extra-dimensional de Spector: en Tierra-1298, Moon Boy es una especie de simio (o quién sabe si un hombre-lobo de noche) con capa, y forma parte del grupo de villanos La Legión Letal. Mutante-X es otra serie derivada de la anterior, ambientada en un elseworld cualquiera, en la que los mutantes eran igualmente una variación y permutación de la realidad contemporánea, y nada es ni medio normal. Quienes volvieron a tener en cuenta a Spector fueron autores que ya habían trabajado con él: Howard Mackie, James Fry y Andrew Pepoy.


Ese mismo año, nuestro héroe se unió a otro grupo: los Marvel Knights, la alianza de los vigilantes urbanos por excelencia para el nuevo siglo. Por aquellos tiempos de revolución editorial, uno de los acontecimientos más sonados fue el fichaje del cineasta Kevin Smith al frente de la serie de Daredevil, renumerada en 1998 y potenciada con la labor al dibujo del espectacular Joe Quesada, poco antes de convertirse en jefazo de Marvel Comics. No hace mucho que releí esta etapa de Daredevil, que creo que ha ganado con el tiempo. Para darle aún más empaque, se puso a Quesada al frente de un nuevo subsello, Marvel Knights, tebeos algo más adultos (básicamente, más violentos), que quedaba fuera de la autocensura del tinglado general de Marvel; aunque en realidad, esta ya no era efectiva, y el sello del Comics Code Authority en las colecciones normales se abandonaría para siempre a partir de 2001. Pero Marvel Knights era un proyecto de Quesada y sus socios de Event Comics, subcontratados por Marvel, que prometía temátcas complejas y para lectores curtidos. Comenzó auspiciando bajo su manto, además de la cole de Daredevil que el propio Quesada dibujaría (con tintas de su colega Jimmy Palmiotti), las de Pantera Negra, The Punisher y Los Inhumanos. Y a finales de 2000 se dedicó esta colección homónima en la que unirían fuerzas Daredevil, la Viuda Negra, Puñal, el Castigador y Shang-Chi.


Spector llegaría en la última página del número 4, y se quedaría en el equipo hasta el final de la serie, que solo alcanzó 15 números. ¿Y quién se acordó de Spector para traerlo de vuelta a la genuina Marvel oficial, como si tal cosa? Pues, una vez más, Chuck Dixon. A lo lápices estaba el correcto Ed Barreto, entintado por Klaus Janson primero, y más adelante Nelson DeCastro. Las portadas de las 9 primeras entregas fueron del propio Quesada, y las 6 restantes de Trent Kaniuga. Fue una serie interesante para su época. Una nueva ocasión de ver juntos a los héroes que patrullan a pie por Manhattan de noche, los más terrenales y de métodos más estrictos contra el crimen. Una extensión de la cole de DD, en idénticos escenarios trémulos, iglesias, rascacielos, etc., enfrentándose a mafiosos, a mercenarios como Zaran, a las almas de criminales encerradas en la dimensión oscura de un enloquecido Capa (allí habita también Pesadilla, con quien el Lunero había coincidido hace poco) o a los conflictos derivados del habitual carácter indomable de Frank Castle. La llegada del Caballero Luna traería principalmente dos elementos al grupo: una sede de operaciones fija, financiada por el millonario Spector (quien también pagaría un sueldo a algunos de los "héroes del alquiler" que lo solicitaron, como Luke Cage, incorporado en el número 11), y sus peleas constante con Matt Murdock tortazos incluidos.


También pasaron por ahí los Cuatro Fantásticos, Nick Fury, ninjas de La Mano y otros villanos menores. Como el equipo formado por Lápida, Bala, Bing Ben y Bengala; este último es un personaje que me impactó mucho la primera vez que me lo encontré, en la serie de los New Warriors de Fabian Nicieza y Mark Bagley: ese vietnamita que clamaba venganza en el país de los charlies, buscando al asesino de su familia durante la Guerra de Vietnam al grito de «¡¿Respiraba la jungla?!». En el número 13, se nos cuenta que el mercenario Zaran había coincidido con Spector en el pasado, y ambos tienen un combate que deja a Spector malherido, terminando en cama tras un esfuerzo extra a los mandos del Lunacóptero en el número siguiente. En el 15 ni siquiera aparece, ya que se le supone convalenciente (y al cuidado de Marlene, que aparece un par de veces), y sería la última entrega de la colección.


La colección de los Vengadores siguió avanzando a buen ritmo, y a Kurt Busiek le sustituirían Geoff Johns o Chuck Austen, camino del nº 500, momento en el que tocaría recuperar la numeración original, en octubre de 2004. Y momento en el que se daría vía libre a nuevo guionista para continuar el buen sabor de boca con que los poderosos Avengers estaban retomando su lugar en Marvel, tras años y años de hegemonía mutante: Brian Michael Bendis. Su primer trabajo profesional fue con la serie de Sam & Twitch, dos investigadores del universo de Spawn, en Image, antes de crear su gran serie indie, Powers, antes de saltar a Marvel para desarrollar durante más de 120 números las aventuras de Ultimate Spider-Man. Desde entonces, Bendis ha sido uno de los escritores más interesantes de Marvel, saltando de un lado para otro con largas etapas gloriosas con todo tipo de personajes. Desde que DC se lo llevó para renovar las series de Superman, siento cierta sensación de horfandad entre mis personajes favoritos. Bendis tendrá ocasión de escribir al propio Moon Knight en el futuro, pero por el momento tiraría de él, sin mayor repercusión, durante un par de números en los que, una vez más, se volverían a juntar docenas de Vengadores de todos los tiempos ante la amenaza de Ultrón, que acaba de destruir la mansión y enviado al hospital a algunos de los héroes míticos del grupo. Con los lápices del cotizadísimo David Finch (pronto también flamante autor de la futura serie regular de MK), "Vengadores: Desunidos" ("Avengers finale" en la versión original) es una saga súper épica en la que la presencia de Spector no va a ser demasiado relevante tampoco (no dice ni una palabra), pero que ha terminado siendo icónica en la historia reciente del grupo, y también troncal en la andadura cinematográfica de los héroes. En muy pocos números, Bendis trae de vuelta a Ultrón, pero también un ataque de los Kree y planta la semilla de la fragmentación mental de la Bruja Escarlata que pondrá patas arriba a los mutantes para siempre en la continuación natural de esta (ya de por sí triste) aventura, la devastadora ucronía "Dinastía de M".

Interludio: Os habéis dado cuenta de un detalle de la viñeta multitudinaria anterior, ¿no? ¿Habéis visto qué dos personajes, que salen en primera fila, tuvieron un sonado romance hace algún tiempo, y no han vuelto a coincidir en las páginas de un tebeo, hasta ahora? ¿Esa relación que nunca fue cerrada, que se produjo a espaldas de Marlene, y de la que parece que nadie (por el momento) quiere hablar?

Quién sabe si en la elipsis entre viñetas, Tigra y Spector intercambiarían alguna que otra palabra. Pero por el momento, para poder fantasear con algo más que palabras entre ambos personajes, hay que bucear por las catacumbas de internet. Esta ilustración de arriba es obra de LeandroComics, uno de esos muchos artistas que se dedican a la ilustración apócrifa y erótica, trasladando a personajes de cómic y dibujos animados al limbo del erotismo y los tabúes pisoteados (creo que el nombre real del artista es Leandro Oliveira... que podría ser o no ser el mismo Leandro Oliveira que empezó en Image en el estudio de Ed Benes, o tal vez solo es una casualidad, pese a la fijación de ambos por las chicas en pose sensual). El Caballero Luna no es precisamente una de las mayores estrellas de la historia del cómic, así que me resultó realmente curioso descubrir que existen unos cuantos fans que han utilizado su imagen para sus labores de fanfiction porno; y especialmente, que Tigra siga siendo su compañera ideal en estas lides. Si es que es un clamor, Marvel, que a Marlene se le tiene cariño, pero ¡lo que hubo entre el Caballero Luna y Tigra tiene que resolverse de una vez! Ah, Tigra es un personaje de Marvel habitual en este tipo de divertimentos porno alegales, por aquello del fetichismo furry; el Caballero Luna no tanto, claro, pero sí hay hasta quien fantasea con cierta Caballera Luna... 


Estos años de periplo a la deriva del personaje tiene momentos trágicos. Como su aparición en la miniserie de cuatro números protagonizada por los Vengadores de los Grandes Lagos (GLA: MissassembledDan Slott / Paul Pelletier / Rick Magyar; julio de 2005). Un cameo/gag sin más, en el número 2, en el que los miembros que quedan de este equipo de outsiders atolondrados (Big Bertha, Mr. Immortal y el Hombre Puerta) andan buscando nuevos miembros, tras la baja del Hombre Plano. Se les acabaría uniendo, por ejemplo, la Imbatible Chica Ardilla, tan famosa en la última década, pero lo intentaron con un puñado de personajes de primera fila. Spector fue uno de ellos, pero ni siquiera aparecía entre los muchos héroes famosos que rechazaban la oferta en la portada. Dan Slott es otro de los guionistas más queridos de la Marvel del siglo XXI, responsable, por ejemplo, de toda una década al frente de las colecciones de Spider-Man. Es curioso echar la vista atrás, y ver cómo anduvo tanto tiempo curtiéndose en los tebeos menores de franquicias de Marvel y DC en los noventa, como Scooby Doo, Las Supernenas, Batman Adventures o Ren y Stimpy. Si no me equivoco, su primer trabajo para Marvel fue una historia protagonizada por Peter Porker, Spider-Ham. Quién le diría a ese jovencito que acabaría llevando al auténtico Spiderman a las más altas cotas de popularidad de su historia.


Bendis, Slott, y ahora Robert Kirkman. Otro de los guionistas más significativos de la Marvel moderna, también quiso escribir al Caballero Luna en los inicios de su carrera en la empresa. Lo hizo recuperando una cabecera clásica olvidada asociada con Spiderman: Marvel Team-Up. En su tercera iteración histórica, esta colección nacida en 1972 volvía a las andadas con la misma premisa: aventurillas de Spider-Man sin apenas intromisión de su alter ego y los allegados de éste, y con un héroe invitado en cada número. Solo que esta vez Kirkman hizo que la historia se continuase de un número al siguiente, como un serial. Y aunque los personajes principales eran siempre Spider-Man y el otro resaltado en portada, por los dos primeros arcos se dejó caer en varias ocasiones Marc Spector desde el número 3, y tendría el honor de ser el sidekick oficial en la cabecera y portada del número 7.


Kirkman, con Scott Kolins de dibujante, armó una historia en 10 partes, con dos arcos principales: "El Chico de Oro" (1-6) y "Jefe de pista" (7-10). La serie continuaría hasta el número 25 con el mismo ritmo frenético, mucho sentido del humor y docenas de cameos, y casi puede leerse como un todo, aunque la amenaza de cancelación hizo que Kirkman cerrara todos los flecos hacia el número 13... para tener que volver a abrir otros a continuación; pero a nosotros nos toca quedarnos con los dos primeros arcos. La trama gira en torno a un muchacho perdido en la ciudad que parece adivinar secretos de los superhéroes, y que le dice a Spiderman que es un mutante. Primero Lobezno, luego Nova, los Cuatro Fantásticos, el Dr. Extraño, Hulk, Iron Man... Docenas de personajes, y también varios villanos clásicos, van apareciendo por las viñetas con mucha frescura y como si esto que se ha vuelto tan complejo en tiempos recientes, fuese otra vez la mera diversión colorida que era en los años setenta. Una saga muy recomendable y refrescante. Y en lo que a MK respecta, tenemos ocasión de verle enfrentarse con otro de los villanos que más marcaron mi niñez, Constrictor, y asistir a otro de esos desencuentros con Spiderman que pronto se harán habituales en ambos héroes; que acaban haciendo equipo contra los malos, pero siempre a su pesar, por el carácter solitario de ambos.

Interludio: a riesgo de desvelar acontecimientos que están por venir, al hilo de lo que acabo de comentar, respecto a la tirante relación entre Marc Spector y Peter Parker, hace unos días me encontré con la siguiente sucesión de viñetas sueltas de distintas épocas (empezando por una del tebeo que acabamos de ver), en un grupo de Facebook dedicado al Puño de Khonshu que sigo, que me pareció muy bonito:






De hecho, la segunda viñeta de esta serie descontextualizada, supuso el siguiente encuentro del Caballero Luna con Spiderman. Pero una vez más nos vamos a una "realidad paralela", a otra dimensión fuera de la continuidad habitual de Marvel. Concretamente, al universo Ultimate, que fue la gran aportación de Marvel de la primera década del siglo XIX: la reescritura de sus series principales en clave millennial, ciscándose en todo lo que sabíamos, actualizadas a los tiempos modernos, como si el Universo Marvel acabase de nacer en el año 2000. Así que toca conocer nada más y nada menos que a la versión Ultimate del Caballero Luna, salida de la cabeza del también recién mencionado Brian Michael Bendis.


Apareció por primera vez en el número 79 de esta serie, que como mencionaba hace un rato estuvo escrita y dibujada por Bendis, Mark Bagley y Scott Hanna desde su número 1 hasta el 111, la etapa más larga llevada a cabo por los mismos artistas en la historia del tebeo americano. Seguí con pasión esta serie hace muchos años, y ocupa un lugar importante en mi corazoncito, pese a que al principio me dio tanta rabia como al que más que nos ignorasen a los lectores fieles de la continuidad normal. «¡Eh! ¡No nos hagáis esto, que estamos aquí!», pensábamos, algo decepcionados, al ver cómo a Peter Parker le picaba otra vez la araña dichosa, en la excursión al museo de ciencias, en aquel autobús escolar conducido por Otto el de Los Simpson (un simpático cameo transmedia), pero esta vez mientras consultaba su móvil de última generación, vestía como un rapero cualquiera y trabajaba para una página web. Todo era un poco extraño al principio y no me di por aludido hasta que mis adorados Bendis y Bagley llevaban ya bastante tiempo en curso, y me reenganché en alguna reedición del material desde el principio. No puedo estar más contento de haberlo hecho, porque este proyecto, como el anterior, es puro entretenimiento Marvel a la vieja usanza, fresco y sin complicaciones, aunque no se dejaran de lado ninguna de las serias preocupaciones contemporáneas de los adolescentes.


Las circunstancias que rodearon la aparición de Ultimate Marc Spector, de hecho, fueron algo trágicas. Su existencia en esta realidad paralela se limitó a los números 79 a 85 (julio de 2005-enero de 2006). Un arco en 7 partes titulado "Warriors", en el que Parker y Mary Jane Watson habían cortado, y la segunda hasta conoce a un chico nuevo con el que empieza un romance mientras Parker se enrolla con la Gata Negra. Su reconciliación, no obstante, será absolutamente preciosa e icónica, y es uno de los alicientes del final de esta historia. Que por otro lado unirá a Spiderman con las versiones de Iron Fist y Shang-Chi de Tierra 1610 contra las exégesis correspondientes de Kingpin, Cabello de Plata, Cabeza de Martillo, Elektra y los Forzadores (esos tipos de ropa de calle, menos uno que iba de vaquero y otro con máscara metálica, que se presentaron en el clásico número 10 de la serie regular de Spidey). Y decía que fue algo trágica, no porque al principio los dos héroes se peleen entre sí antes de reconciliarse al ver que están del mismo lado (recurso tan manido como entrañable y ansiado), sino porque "El Repartidor de Lunas", como es apodado por Daily Bugle, sino porque nuestro héroe plateado... muere a manos de Elektra, en una escena que recuerda mucho, muchísimo, en todo, a uno de los momentos más icónicos de la historia de Marvel:


Bah, pero ya sabemos que en los tebeos de Marvel, como en los dibujos animados de Tom y Jerry, nadie muere del todo. De hecho, unas viñetas más adelante vemos cómo los sanitarios se llevan el cuerpo en una camilla. Así que damos por hecho que se lo llevaron a algún hospital, le hicieron chis, chis en las tripas, y Ultimate Caballero Luna volvió a ponerse en pie. A día de hoy, el Universo Ultimate entero ha desaparecido, y aunque el Peter Parker de allí murió (parece ser que esta vez sí), hubo un nuevo héroe bajo la máscara, el Ultimate Spider-Man II, el "Spiderman Negro no, sino negrito" (con perdón), Miles Morales... que ahora reside en el Universon Marvel normal, el 616. Ahora se llama solo Spiderman (lo del "II" es solo en nuestra mente), y es un personaje que mola muchísimo, pero eso todo el mundo lo sabe ya por las películas, ¿verdad? ¿O queda algún infeliz que aún no haya visto "Spider-Man: un nuevo universo"? Pues cómo le envidio, en realidad...


Como fuere, Bendis y Bagley aún tenían reservado un papel muy especial para Marc Spector en el Universo Ultimate. Y lo desarrollaron en otra saga de 5 episodios, que nos llevaría hasta la despedida de nuestro querido Mark Bagley de la serie (nºs 106-110, entre abril y septiembre de 2007). Es un arco titulado acertadamente "Ultimate Knights". Con el añadido de Daredevil y el Dr. Extraño, volvíamos a tener reunidos, una vez más, a los vigilantes urbanos habituales de la Gran Manzana y la Cocina del Infierno. Esos con los que Parker tiene tanto buen como mal rollo, debido a que utilizan artes de combate poco sofisticadas; son los superhéroes "rudos" de Marvel, esos que, sin pasarse, hacen uso de la violencia para detener a los criminales u obtener información. Spector en esta dimensión, de hecho, es verdaderamente violento. Y los problemas de personalidad múltiple que (en mayor o menor medida) tiene en Tierra 616, aquí han derivado en una especie de esquizofrenia, que no solo le hace bastante sangriento en sus encuentros con los raterillos, sino que acaba transformándole en un personaje diferente en esta saga, que se volverá contra el propio Spidey: Ronin.


Un ronin (...como aprendí con los tebeos de Usagi Yojimbo...) es un samurai sin señor. Un guerrero del Japón feudal, que había sido instruido en el Arte de la Guerra, pero que no pertenecía a ningún ejército, pues su jefe había fallecido, o había sido proscrito. En el cine es una figura también conocida, por películas de Akira Kurosawa como "Los siete samurais" o "Yojimbo" (basada en el "guardaespaldas" mítico de la vida real, Miyamoto Musashi), o Robert DeNiro en la propia "Ronin". También en varios animes hemos conocido muchas historias de samurais que se ganan la vida como mercenarios vagabundos expertos en artes marciales. Pero en los tebeos de Marvel el título de Ronin tiene un cariz especial, ya que así se ha denominado a sí mismo Lobezno en algunas etapas de su larga carrera, pero sobre todo porque Bendis ya había utilizado a este personaje en su etapa en los Nuevos Vengadores, en la continuidad canónica, que se acababa de publicar casi de forma paralela a esta historia. Allí, Ojo de Halcón, tras los sucesos de la seminal historia Civil War y Dinastía de M, de la que hablaremos en breve (he querido ubicar aquí estos episodios de Ultimate Spider-Man porque entroncan con los anteriores, pero nos hemos adelantado un poquito en el tiempo y en este momento el Caballero Luna ya tenía colección propia y habían pasado algunas cosas importantes), el personaje de Ojo de Halcón había adoptado el nombre de Ronin para huir de su pasado, tras ser resucitado de la muerte provocada por la enloquecida Bruja Escarlata y salvar la vida de Maya López, el personaje nacido en las páginas de Daredevil con el nombre de Echo (en la etapa del histriónico dibujante David Mack, de la que echaba pestes brevemente muuucho más arriba), y que estaba escondida en Japón actuando con el nombre de Ronin. Así, la transformación de Spector en Ronin, un asesino a sueldo de Kingpin, derivada del propio trastorno esquizotípico del personaje, es a su vez un guiño desde el Universo Ultimate al Ojo de Halcón del Universo Marvel moliente.


Bendis construye aquí a un Caballero Luna realmente interesante. En algún segmento de la narración, nos introduce dentro de la mente de Spector, representada por sus distintas personalidades, a las que vemos discutiendo delante de una estatua de Khonshu. Por desgracia, no vamos a volver a tener noticias de esta versión de Spector, pero ahora sabemos que su personalidad se debate interiormente entre la de Spector, Steven Grant, el Caballero Luna y una niña pequeña, cuyo nombre desconocemos. También se nos cuenta que en el pasado, cuando era mercenario en campañas del ejército en el extranjero, utilizaba el nombre de Paladín (otra referencia a un personaje aledaño de los Vengadores). Y durante esta historia, sus distintas personalidades se ponen de acuerdo en adoptar una nueva, la del asesino Ronin, para que se ponga al servicio de Kingpin y secuestre a Spiderman. Sin embargo, el plan conlleva que una vez que esto suceda, se vuelva a imponer el Caballero Luna, y libere al Trepamuros para llevar al villano ante la justicia. El plan sale regular, y Spector y sus otras personalidades reciben una paliza morrocotuda. No obstante, su declaración será crucial para que Kingpin sea detenido.

Así, con la crucial intervención de Spector en el número 110, se daba paso al 111º número de la serie de Ultimate Spider-Man, último dibujado por Bagley. De hecho, compartiría la parte gráfica con quien iba a ser su sustituto hasta el final de la cabecera (el precioso 133, sin texto alguno, narraría la muerte de Peter Parker del Universo Ultimate), el portentoso Stuart Immonen. En este número 111 ya no aparecía Spector, pero es un número tan bonito que he aprovechado para volver a leerlo y recomendarlo. La charla de Parker con su Tía May, al enfrentar que ambos saben que Spiderman forma parte de sus vidas, escrita por Bendis y dibujada por Bagley e Immonen, es uno de mis momentos favoritos del tebeo de las últimas décadas.


Y terminamos extre extraño bloque de avistamientos surtidos y de muy distinto pelaje. Pero que, aunque fuese de forma testimonial, hizo desfilar al Spector Sin Colección (como un ronin) por algunos de los acontecimientos más importantes del momento. Porque también se dejaría ver, de nuevo en una versión remozada y ajena a la continuidad, en esa otra extraña dimensión creada por la Bruja Escarlata supuestamente para satisfacer a su Magnus y de paso a toda la humanidad (en realidad, enloquecida tras descubrir que su maternidad era fruto de su mente trastornada), en la que nada es como era antes. Me estoy refiriendo a otra saga mítica que los primeros dos mil: Dinastía de M (House of M). Repentinamente, todo el mundo ha cambiado, y se ha convertido en una utopía futurista. Solo una niña pequeña y Lobezno parecen recordar qué ha pasado. Y muchísimos personajes se han convertido en algo así como una proyección de lo que en la mente de Wanda Maximoff significan para ella. Nuestro Spector tiene un papel muy pequeñito y (oh, sorpresa) sin frase, como uno de los renegados que en principio protegen a Wanda, pero que acaban uniéndose a la causa rebelde. Logan reconoce al Caballero Luna, pese a que en ese universo paralelo ni siquiera lleva traje, sino que solo es un Marc Spector en traje de calle y armado (por Brian Michael Bendis, Olivier Coipel y Tim Townsend).


6. Volumen 3 (2006-2009)


Por fin, en junio de 2006 apareció en los kioskos (es un decir) el número 1 del volumen 3 de Moon Knight. Breve recordatorio de que realmente es la quinta serie con este título, y en los créditos aparecía como vol. 5. Marvel eligió como nuevo escritor a un novelista llamado Charlie Huston, y al dibujante estrella David Finch. Uno más de esos intentos de traer al gremio a autores de libros, en este caso Huston había publicado media docena de novelas pulp, sobre un policía violento de técnicas rudas, puro hardboiled contemporáneo. La serie fue su primera intromisión en el cómic, y tras sus 12 números en el Caballero Luna apenas realizó un par de especiales más para Marvel (un ánual de los Ultimates, una historieta del Castigador y otra del Hombre-Cosa) así como otra estupenda maxiserie de 12 episodios protagonizada por Lobezno en 2011, dibujada por el español Juan José Ryp, probablemente lo más despendolado y gore que se haya publicado con Logan como protagonista, que ya es decir: Wolverine: The best there is. Por su parte, David Finch se encargó de dibujar los primeros ocho ejemplares, y era ya para entonces una gran estrella con mucho bagaje a sus espaldas tanto en Marvel como en DC; es un autor que a mí me llamó la atención desde el principio, ya que su estreno fue como digno sustituto de Marc Silvestri en CyberForce para Image. Una pequeña curiosidad al respecto: uno de los primeros trabajos del propio Silvestri fue, como ya vimos, un tebeo del Caballero Luna; cuando Silvestri se hizo inmensamente popular fue dibujando una larga y gloriosa etapa en la serie de Lobezno, junto al guionista Larry Hama; años después de su marcha, una nueva pareja retomó el mismo espíritu de Hama y Silvestri, tras muchos pasos en falso: Jason Aaron y Ron Garney. Aquellos tebeos me hicieron rememorar mis mejores años como lector de tebeos, y Ron Garney se convirtió en uno de mis dibujantes favoritos, sobre todo por lo mucho que me recordaba a Silvestri. Y a David Finch desde que empezó en Image siempre se le consideró un alumno aventajado de Silvestri. Silvestri, Garney y Finch son tres autores que me gustan mucho, y a los que tengo asociados en mi cabeza: tres dibujantes de estilos similares, y que de alguna manera siguen una "línea sucesoria". Y encontrarme con los tres a lo largo de esta larga lectura del Caballero Luna, resulta refrescante y le da un toque de familiaridad.


Sin embargo, pese al prestigio de los autores; pese a las ganas y la buena noticia de una nueva serie del Caballero Luna; pese a las buenas críticas en general; y pese a contar con un dibujante apreciado y al que da gusto volver a recibir en la que uno considera ya casi su propia casa... esta nueva "temporada" de MK me ha parecido bastante decepcionante. El dibujo de Finch, tan recargado y barroco, al servicio de unas historias tan adultas, oscuras, nocturnas, reflexivas y retorcidas, hace que esto me haya parecido, en casi todo momento, básicamente una etapa del Spawn de Todd McFarlane de los 90: un revolcón en la tragedia, el dolor, los demonios tormentosos de la mente y el cansinismo, en interminables, sangrientas y tétricas escenas de acción ambientadas en los callejones más asquerosos de la ciudad. Y la deriva del personaje en los últimos años no es excusa, porque Moench había devuelto a su héroe por el camino correcto en unas pocas páginas, y Huston decide ignorarlo y retomar la cosa donde la habían dejado Terry Kavanagh y Stephen Platt: con el personaje deshecho, su alter ego vigilante abandonado, su novia fuera de la mansión, y Marc Spector lloriqueando por los rincones, incapacitado prácticamente para moverse y enloqueciendo a pasos de gigante. Una vez más, el trabajo de Doug Moench es pisoteado vilmente... en parte.


Porque, al menos, desde el primer momento sabemos que tiene intención de recuperar las glorias pasadas, y que esto va a ser otro (¡¡OTRO!!) renacimiento para volver a las raíces. Pero es que se hace mucho de rogar, y los autores (con levísimas pinceladas de humor y, eso sí, guiños a prácticamente todo lo que le ha pasado al personaje, ¡incluido un recuerdo fugaz a su relación con Tigra!, que luego comentaré) se regodean en el sufrimiento y el drama humano, hasta el punto de que le recomendaría esta etapa a Ana Rosa y Susana Griso. La historia en el número uno comienza con CL haciendo la ronda por la ciudad, pero enseguida sabemos que es un flashback, y que ahora está convaleciente en silla de ruedas, enganchado a los analgésicos y el alcohol, tras su último enfrentamiento con Bushman. Cuando este estaba a punto de matarle, tras lanzarle desde lo alto de un edificio, Spector se revolvió y mató a su némesis, y de paso le arrancó la cara. Ahora, el chiflado de Spector utiliza esa cara como un fetiche, se la calzará a la estatua de Khonshu después de destrozarla con un pico cuando toque fondo, y el Bushman sin rostro se le aparece continuamente como un amigo imaginario con el que habla en voz alta: Spector se ha convertido en el avatar de un nuevo ídolo, chiflado y salvaje, al que ha de rendir culto. La esquizofrenia paranoide y las alucinaciones lo están devorando.


No obstante, el autor también es valiente a la hora de incorporar algunos cambios: recupera al vagabundo Crawley, que es de hecho quien primero le espabila para que deje de lamentarse y retome la acción. También Samuels y Nedda, el viejo mayordomo y el ama de llaves, intentan animarle y se lo acaban llevando a la vieja mansión original (que ahora es más que nunca la Batcueva de Batman, pero en tonos plateados y con motivos lunescos). La novedad más sorprendente se refiere a Frenchie: resulta que es homosexual, y toda la vida estuvo enamorado de Spector en secreto. Ahora vive con un muchacho (Rob Silverman), con quien ha montado un restaurante, y está cansado de luchar por la cordura de su ex amigo; pero va a seguir siendo un secundario crucial, igual que el propio Rob, que ejercerá de entrenador personal durante su lenta recuperación. Otro cambio curioso es la actualización del pasado del personaje: igual que en Los Simpson, ha pasado tanto tiempo dentro de la ficción, que si ahora sus años de mercenario los siguiésemos situando en los sesenta, el tipo sería un vejestorio; así que se argumenta ahora que aquella época comenzó en 1985, y se extendió hasta la Guerra del Golfo. Toda la puesta a punto del pasado del personaje la conocemos a través de una nueva pieza en el puzle, un investigador contratado por El Comité, llamado El Perfil, que tiene una capacidad de análisis del entorno superhumana, que en el tebeo se nos muestra con una especie de rótulos escritos a mano, símbolos y esquemas alrededor de todas las cosas y personas que mira (como se muestra en la portada del número 3). Marlene tarda cuatro números en aparecer, pero poco a poco, muy poco a poco y con dolor (y a través de muchos y muy largos textos, como suele suceder con los guionistas que también escriben novelas), todo va volviendo a la normalidad. El Supervisor es enviado por el nuevo Comité, hijos de los originales, para cargarse a Spector justo cuando aparece Marlene, y será la puntilla para que Spector despierte y se tome la venganza. Y además de El Perfil y el Supervisor, un tercer enemigo se unirá a la batallita, contratado por el Comité: Medianoche.


Si la serie me estaba resultando excesivamente espesa y dramática, en el siguiente arco, además, el personaje se ve afectado por los eventos que surgieron para preparar el camino hacia la macrosaga Civil War: "Víctimas de Guerra" y "La Iniciativa"; y siempre que pasan este tipo de cosas se resienten las series más individualistas de Marvel. Con la participación de CL hubo ocasión de verle tomando partido, o de volver a juntarle con Spiderman. Su reacción ante la Iniciativa, que obligaba a todos los héroes enmascarados a desvelar su identidad y afiliarse al Acta de Registro de Superhumanos, también fue resuelta de manera interesante por Huston: un héroe solitario, salvaje, más cercano al Castigador que a cualquier otro, y al que le da igual que sus antiguos compañeros Vengadores le consideren un asesino. Básicamente, no quiere saber nada, solo que le dejen en paz, que bastante tiene con recuperarse de las heridas y que su novia no le ajunte como antes (tanto Steve Rogers como Tony Stark le visitan por separado, pero no quiere ser reclutado por ninguno). Además, Jeffrey Wilde, el Medianoche hijo del original (Anton Mogart), está vivo pese a lo visto en La venganza de Medianoche, ha vuelto a ser reconstruido por su novia Lynn Church y aprovecha la situación para inculpar a Spector de todo tipo de delitos que comete desde las alcantarillas. También está de vuelta el detective Flint, para aplicarle aún más capas de hardboiled a las tramas de vigilantismo salvaje.


A partir del número 8, y hasta casi el final de la etapa de Huston, tenemos un sustituto de Finch, igual de churrigueresco y recargado pero algo más feísta: Mico Suayan, un joven filipino que se ha prodigado poco más en Marvel después de esto, antes de pasar a Valiant. Continúa la batalla interna de Spector contra sus fantasmas y su locura (el pesado avatar de Bushman sin cara aparece en casi todas las páginas, desde la imaginación de CL), y su nueva batalla contra Medianoche, más sangrienta y terrible que nunca. Estos primeros doce números de la nueva etapa, definitivamente me resultaron algo cargantes, pese a recuperar aproximadamente todos los secundarios habituales en los primeros años; sustituida la "personalidad múltiple selectiva" por esa esquizofrenia oscura y desasosegante.


Interludio: A partir de este nuevo volumen, en España se han venido publicando todos los cómics de Caballero Luna puntualmente, pero no en grapa sino directamente en tomos recopilatorios de unos 6 números y tapa blanda, en la colección conocida como "100% Marvel". Desde este momento (2007) hasta hoy, Panini lleva publicados nada menos que 18 tomos del personaje, que no ha dejado de tener presencia. Y además se va a diversificar esa presencia, volviendo a aparecer en un montón de tebeos y uniéndose a otro grupo en 2010 (los Vengadores Secretos). Por el momento, hemos alcanzado los dos primeros tomos de la primera serie en 100% Marvel del personaje (la de lomo verde oscuro, que tendrá 5 números, alcanzando la grapa número 30 de la edición original).

También es una época en la que se van a empezar a multiplicar exponencialmente las portadas alternativas, en cantidad delirante. Por el momento, la única realmente diferente y ligeramente interesante fue esta del número 6, en la que, fiel al tono y el contenido del interior, se ofrecía "sin censura", con el añadido de los restos sanguinolentos.

Charlie Huston fue dando paso lenta y disimuladamente al guionista Mike Benson, a partir del número 14, en el que ambos figurarían como argumentistas unos pocos números, Benson como guionista, y Huston dejó de salir en los créditos sin previo aviso. La etapa de Huston ya digo que me estaba pareciendo algo espesa. Aunque con una enorme atención a todo lo transcurrido en las décadas previas, guiños de todo tipo y cambios valientes... pero algo en los diálogos, en los personajes nuevos, en el tono general, se me había atravesado. Especialmente, la presencia de ese nuevo ídolo encarnado por Bushman sin cara, con quien habla Spector continuamente y que es bastante insoportable (recuerda poderosamente al tipo de locura de Masacre, con el tipo bizarro y grotesco, que solo está en su cabeza, soltando chistes gruesos, animando a Spector a ser más violento, etc. Un poco lamentable). Este último número firmado por Huston en solitario, estuvo dibujado por el gran Tomm Coker, y en él por fin veíamos a Spector aceptando las condiciones de Tony Stark, y yendo a una oficina para ser analizado y poder recibir el "permiso de vigilantismo" correspondiente para ejercer. Durante la prueba psicológica, y ante el influjo de la luna llena, Spector parece recuperar sus viejas personalidades, y el examinador le considera completamente loco, pero le aprueba la licencia, al parecer, porque todo era una farsa y Khonshu (a través de Spector) le ha estado comiendo el coco.


Y en el número 15 comienza un nuevo arco en seis partes, titulado "Dios y patria", ya con Benson como guionista principal y con un viejo equipo de conocidos en la parte artística: ¡Mark Texeira / Javier Saltares!. Continúa el tono salvaje y grotesco, y ahí sigue estando el brasas de Bushman como espíritu al que solo el Spector chiflado puede ver. El haber recibido la bendición de S.H.I.E.L.D., no va a traer más que problemas, ya que Spector sigue haciendo sus rondas como vigilante de manera salvaje. Y empiezan a aparecer cadáveres de delincuentes asesinados, y con una media luna trinchada en la frente. Las malas artes y la violencia desencadenada por Spector es uno de los temas de las páginas de sucesos y los telediarios. Y reaparecen más personajes clásicos de la era Moench / Sienkiewicz: Hurraca Asesina (Simon Maddicks) y el Espectro Negro (Carson Knowles).


Interludio: En uno de sus soliloquios que solo Spector puede escuchar y ver, el cadáver de Bushman al que sirve como avatar en esta saga (y que tan poquito me gusta) se disfraza de una turgente Tigra gracias a la magia de Texeira; es la primera referencia a la mágica relación entre Tigra y el Caballero Luna, que nunca se cerró del todo, que se hace en muchos, muchos años. Un detalle refrescante para el "lector constante" del personaje, en este MK vol. 5 #14.

El 15 llevaba estupenda portada del artista que llegó a cubrir ese espacio desde el número anterior: Arthur Suydam, con un preciosista homenaje a Normal Rockwell. La saga "Dios y patria" sigue avanzando a partir del salvajismo de un Spector enloquecido: no solo S.H.I.E.L.D. (en este momento liderado por Stark) está tras sus huellas, porque sigue asesinando criminales a sangre fría por las calles, sino que, por ejemplo, cuando parece que poco a poco va recuperando su relación sentimental con Marlene, esta le pilla probándose ante el espejo el rostro que le había arrancado a Bushman al comienzo del volumen, en plan Albert Fish. Pero resulta que la sangría no la está provocando siempre Spector, que parece no cruzar ciertas líneas, sino que es el Espectro Negro quien, como hiciera en el pasado, está persiguiendo sus pasos y dejando la mayoría de los cadáveres con la media luna en la frente. Al propio Maddicks le pega una paliza que le deja en coma sin miramientos, también a su agente de la condicional... y a la fiesta sangrienta se une inesperadamente Ray Landers, el sobrino que le queda a Gena, que desoyendo los consejos de todo el mundo está ahora trabajando como técnico de reparaciones en la cueva de Spector. Al muchacho resulta que hasta le parecen flojas las actividades del Caballero Luna, y se toma la justicia por su cuenta y se carga a algunos de los enemigos de Spector durante una pelea, pilotando el Lunacóptero y tiroteándoles.


En un homenaje diáfano esta vez a "La naranja mecánica", los tipos a los que asesina Ray son unos pandilleros neonazis con tirantes y bombín, que se hacen llamar Los Whyos. Las subtramas también siguen a el-mercenario-antes-conocido-como-Frenchie, y los problemas de tener una relación homosexual con su novio Rob (casi reciben una paliza por las calles... pero sale a relucir el Frenchie envalentonado de antaño), así como los celos hacia Spector porque Rob es ahora su entrenador personal.


La primera saga de Benson continúa todos los planteamientos abiertos por Huston, y se cierra con el enfrentamiento épico entre Spector y el Espectro Negro. Un enfrentamiento que dialoga con aquel de su inolvidable primer encuentro (volumen 1, nº 25), cuando Carson Knowles era un chiflado obsesionado con imitar a MK pero desde su reverso negativo, mientras que en su identidad civil se presentaba a alcalde de Nueva York, y no ganaba de milagro. Delante de toda la ciudad, era lanzado desde una azotea, y todo el público comprobaba que el de la armadura era el propio Knowles. En este episodio, Benson tenía también la tarea de atravesar la saga de "La Iniciativa de los 50 Estados". Ya vimos que el Caballero Luna recibe licencia para ejercer de superhéroe, pero que después S.H.I.E.L.D. se la quita y hasta le incauta el traje, tras la oleada de salvajismo urbano. El plan del Espectro Negro era que toda la ciudad le adore, vertiendo en el aire unos nanobots receptores que están sintonizados con un emisor en su traje, para controlar la voluntad del pueblo y recibir amor (prácticamente, la misma teoría de la conspiración que manejan los magufos de las 5G respecto a la CoViD-19). Spector está recibiendo una buena paliza del Espectro, pero gracias a Crawley, que ya había aparecido un par de veces por la saga, recupera su confianza, pilla un traje nuevo que había en el falso fondo de un armario, y vuelve a lanzar al Espectro desde una azotea delante de todo el mundo, en plena ceremonia de "desenmascaramiento" de los Vengadores, mostrando al mundo sus identidades secretas. Si la situación legal de Spector ya tenía a Stark y sus chicos de S.H.I.E.L.D. un tanto mosqueados, por lo brutal de sus formas, ahora la cosa toca fondo: y de la mansión de Spector los paramilitares se llevan hasta la estatua de Khonshu... que encima, mientras la están requisando, tropiezan, se les cae, y se descabeza. La historia, en definitiva, es correcta, lastrada por los mega-acontecimientos previos a la Civil War, pero resuelta con interés. La presencia de Spector en todo el asunto del "Acta de Registro de Superhéroes", la revelación de identidades (de la que pasa olímpicamente, y solo pretendía que le dejasen hacer la ronda en paz), etc., es interesante y en parte necesaria, para no dejar al personaje tan aislado del resto del Universo Marvel. Al parecer, la intención de Benson sería entrecruzarle aún más con estos eventos, hacerle partícipe de la Historia de Marvel. Veremos por dónde evoluciona la cosa. Pero de estos tres primeros tomos españoles de 100% Marvel, lo mejor es el dibujo, con un David Finch que a mucha gente le parece demasiado recargado y barroco pero que a mí me estimula mucho; con ese delicioso fill-in de Tomm Coker; y sobre todo, con media docena más de números de Texeira, el mejor dibujante habitual que ha tenido el personaje después de Sienkiewicz, y que aquí se luce especialmente en las "poses", con ese CL o Espectro Negro a toda página, realmente portentosos, en las caderas de Marlene, y por supuesto en una narración sobresaliente, aunque visiblemente apresurada en la ausencia de detalles.


Interludio: Estos siete números (14-19) conformaban el Tomo 3 del primer volumen de 100% Marvel: Caballero Luna de tapa blanda en Panini.


Aparcamos temporalmente la cole de Spector, para conocer unos pocos más de sus cameos por distintas colecciones. Comenzando por un What if sin mucha enjundia. El inicio de la colección regular de Lobezno me pilló justo cuando me inicié como coleccionista habitual de tebeos, afición que he conservado hasta el día de hoy. Siempre me gustaron más los tebeos (...y las series de televisión...) con un único protagonista solitario, frente a las historias corales o los tebeos de grupos. Lobezno es un verdadero arquetipo, y todo el mundo conoce más o menos al personaje, aunque no haya leído muchos tebeos suyos, o ninguno, o solo como "el indomable de la Patrulla-X". Como lector fiel de su colección en solitario, hay docenas de episodios y sagas, realizadas por montones de equipos gráficos distintos, que atesoro en el recuerdo; y quizá es por eso que le tengo un poco de manía a las poquitas que han trascendido, y que se han convertido en "imprescindibles", que se reeditan continuamente, que los entendidos no paran de recomendar, y que a mí me parecen muy inferiores a pequeñas historias clásicas del personaje. Me parecen sagas tremendamente sobrevaloradas. Y las dos sagas de Lobezno más sobrevaloradas de las últimas décadas, son aquellas que se auparon al Olimpo de lo cool por el simple hecho de que llevaban la firma del "niño prodigio" Mark Millar. Personalmente, ni Old Man Logan ni Enemigo del Estado me parecen gran cosa. En la primera, Millar lo único que hizo fue llevar al personaje al universo de 2000AD que tan bien conocía (las Tierras Baldías son exactamente lo mismo que la Tierra Maldita que se presentó en las historietas de Dredd en los años 70; por no decir que toma prestado del audiovisual de ciencia-ficción post-nuclear más manido de la historia); y en "Enemigo del Estado", Logan es reclutado y controlado mediante hipnosis por Hydra y La Mano, para enfrentarse con todos los buenos, y darles para el pelo. ¡Brillante! Es algo que solo habíamos visto unas cuarenta y cinco veces antes, y que de hecho ha sucedido con todos los personajes de la ficción universal. No niego que las historias estén bien escritas y dialogadas, solo insisto en que están increíblemente sobrevaloradas. Y encima, se siguen explotando ambos conceptos eternamente, y me temo que seguirá sucediendo. En enero de 2007, se ve que el mundo necesitaba una versión alternativa de "Enemigo del Estado", en forma de un tebeo escrito por un tal James Morrison y de dos de esos artistas italianos que empezaron a aterrizar en Marvel como plaga de langosta Carmine Di Giandomenico y Robert Campanella (Di Giandomenico ha acabado siendo un artista resultón, pero en estos primeros trabajos se limitaba a copiar de una manera escandalosa). Es una historia en la que regresamos a ese momento en el que "Lobezno destruye el Universo Marvel" (que habíamos visto ya hasta la saciedad, insisto), con la libertad de poder matar de verdad a los personajes, como en todo buen What if?, y el primero de los personajes a los que trincha es al Caballero Luna. Finalmente Kitty Pryde, verdadero protagonista de este pequeño cuento en "realidad alternativa", le hace entrar en fase y funde la carne de su mano con la de su cara. En España, el tebeo (de solo 24 páginas) se publicó como complemento de Lobezno vol. 4 nº 21 (que llevaba en la historieta, por ejemplo, una saga que sin ir más lejos a mí me gustó mucho más que las pomposadas de Millar, con Marc Guggenheim y Humberto Ramos narrando el terrible papel de Logan en Civil War).


Siguiendo con la idea original de convertir este repaso a fondo en un acercamiento a series completamente desconocidas (y a las que no me hubiese acercado de otra manera, ni con un palo de dos metros de largo), la "guía de lectura" me indicaba un nuevo avistamiento de nuestro héroe en una miniserie publicado a partir de junio de 2007, llamada The Loners. Fueron solo seis números, tras los cuales me parece que nunca más se volvió a saber, escritos por el que hoy es uno de los burócratas en la cima del imperio Marvel, C.B. Cebulski, y dibujados por un completo desconocido, bastante decente, Karl Moline. Con portadas del atractivo Jason Pearson. Una muesca más en esa costumbre en Marvel de tener siempre una cole protagonizada por unos "Nuevos Titanes", unos Vengadores adolescentes, en este caso el germen de Los Solitarios estaba en la recién desaparecida serie de los Runaways (allí se llamaban Excelsior), y entre el equipo de muchachos había varios que habían pasado por una alineación tardía de mis queridos New Warriors, así que le tenía ganas a esta miniserie. El equipo completo: Phil Urich (Green Goblin), Julie Power (Lightspeed), Mickey Musashi (Turbo), Johnny Gallo (Ricochet), Mattie Franklyn (la tercera Spider-Woman, la adolescente creada por John Byrne) y Chris Powell (Darkhawk; también tiene un papel predominante Penitencia, de los Generación X, que es un personaje que me encanta, pero que no se acaba uniendo al grupo). Juntos forman un equipo de mindundis un poco lloricas, que viven una pequeña aventura en torno al descubrimiento de un secreto que sólo ellos conocen, que comienza exactamente igual que el clásico nº 1 de los New Warriors (con Julie Power saltando de un rascacielos para ver si recupera sus poderes, como le pasaba en aquella otra serie adolescente a Rich Rider, Kid Nova... aunque entonces le "ayudasen" a tirarse) y que entre otros escenarios visitan los Marvel Studios de Hollywood donde se está rodando la peli de Civil War (en esto Cebulski fue un poco adivino). Nada especialmente reseñable. Y encima, como me temía, el Caballero Luna solo aparece de fondo en las noticias de un televisor encendido. Un poco petardo, pero que no se diga que no lo intenté.


Donde sí encontramos una aparición legítima de nuestro ídolo, y una verdaderamente gloriosa, es en un pequeño arco de la colección regular de Hulk. Recién renumerada desde que se hiciesen cargo nada menos que las estrellas Jeff Loeb, Arthur Adams y Frank Cho. Una etapa que nació de las cenizas de la macro-saga "Planet Hulk", y con la entrada en escena de un (aún) misterioso Hulk Rojo. Tener de vuelta a Arthur Adams a los lápices del interior de un tebeo, era todo un acontecimiento. Pero, supongo que para asegurar cierta continuidad a un dibujante tan perfeccionista y prolijo en detalles, se optó por dividir el cómic en dos partes: en la primera mitad, seguíamos las aventuras de Bruce Banner, con arte de Adams y tintas de Walden Wong; y la segunda mitad al también portentoso pero lento Cho, que nos contaba las evoluciones del Hulk Rojo y cómo era perseguido por un puñado de Vengadoras. El Caballero Luna aparece en la primera parte, en tres números seguidos: Hulk vol. 4 nº 7 a 9 (2008). Una pequeña historia titulada "Lo que pasa en Las Vegas...", que se abre con unos resplandecientes Stephen (sic) Grant y Marlene llegando a un hotel de temática grecorromana en un descapotable rojo. Allí dentro está Banner, y repentinamente, en semejante entorno repleto de detalles churriguerescos y ornamentación histórica, tipos vestidos de centuriones o de Elvis por todas las viñetas, se produce un ataque de una manada de Wendigos. En las historias previas, el Hulk Rojo se había cargado a un puñado de wendigos en Canadá, y el Verde va tras sus pasos, recorriendo distintos estados del país hasta haber aterrizado en la Ciudad del Juego. Al estar en Las Vegas, y además contar con Art Adams como dibujante, Loeb decide resucitar esa otra personalidad de Hulk que se había inventado Peter David en los 80, Mr. Arréglalo, el Hulk Gris listillo, que trabajaba como segurata en un casino (Adams lo dibujó durante una etapa no menos gloriosa: la de los Nuevos 4 Fantásticos). Así que Banner primero se transforma en Hulk Gris, y enseguida en Hulk Verde, mientras que medio grupo de Vengadores persigue al Hulk Rojo en la segunda mitad del tebeo, y el Vigía y Ms. Marvel al Verde; pero todo se interrumpe y unen fuerzas con la avalancha de Wendigos. Da gusto ver a Spector dibujado por Adams, y reencontrándose muchos años después con el Goliat Verde, en cuya cabecera le vimos nacer. Lo que pasa es que ni sus shurikens con forma de luna ni sus aplausos en las orejas de la Masa le hacen mucho daño... Al final, el entuerto se resuelve con la aparición de otro viejo conocido de Spector, el Hermano Vudú, que deshace el embrujo que había convertido a muchos visitantes del casino (¡y al propio Hulk!) en Wendigos. Una delicia de historieta, tan divertida de leer como comerse una bolsa de gominolas... aunque muy cortita. Y con un giro final que no termino de entender: el Vigía y el Caballero Luna charlan brevemente sobre algún encuentro en el pasado, y se preguntan respectivamente por sus psiquiatras, porque se supone que Bob Roberts y Marc Spector comparten loquero... Supongo que solo es un guiño de Loeb a las respectivas personalidades cucucucu de ambos héroes, porque no me suena que se hayan encontrado en el pasado, ni que a Marc le veamos mucho ir al psiquiatra. Licencia humorística, supongo.


El número 20 de la "temporada" en curso, es un estupendo episodio de transición entre sagas, un fill-in en el que Mike Benson sigue al mando, y que cuenta con el atractivo de otro artista espectacular y siempre interesante, que pronto retomará al personaje cuando este se una a los Vengadores Secretos: el brasileño Mike Deodato, Jr, también a cargo de las tintas y de la portada. Me gustan estas historias sencillas y autoconclusivas, y esta tiene un tono y un argumento notables. En este caso sus autores recuperan otro viejo fleco del pasado, el Hombre Lobo de Noche Jack Russell, el personaje en cuyas páginas nació el Caballero Luna, y es bonito que sigan colaborando de vez en cuando. Habíamos dejado a Spector huyendo de S.H.I.E.L.D. y siendo odiado por la opinión pública, herido tras su pelea contra el Espectro Negro. Y ahora nos le encontramos oculto en las alcantarillas, atendido por su siempre fiel amigo Crawley (que sigue llamándole Jake, lo cual es otro detalle hermoso). De forma paralela, se nos cuenta que Russell también está herido y abandonado. Concretamente, está en una celda, donde unos malandrines le tienen encadenado para sacarle sangre periódicamente, que inyectan a otros desgraciados para que se conviertan temporalmente en hombres-lobo salvajes, y participen en peleas clandestinas. Todo esto sucede en unas instalaciones ocultas en la trastienda de una discoteca de moda, un lugar llamado Lu'Pine, a la que acuden Spector y Marlene, y CL acabará peleando contra una jauría de licántropos para liberar a su viejo colega, justo antes de ser rescatado por Frenchie a los mandos del Lunacóptero (esto es un pequeño detalle anacrónico, uno de esos fallos que se producen en los números de relleno, probablemente escritos con antelación para cubrir plazos; porque Frenchie lleva mucho tiempo sin pilotar el cacharro, y la relación con Spector es tirante, aunque cada vez un poco más estrecha, otra vez).


Y a continuación entramos de lleno en el arco titulado pomposamente "La muerte de Marc Spector", en la que se supone que se cerrarán de una dichosa vez los acontecimientos de las macrosagas transversales "La Iniciativa" y "El Acta de Registro". Volvemos a tener como dibujantes a los regulares Mark Texeira y Carlos Saltares, lo cual es todo un jolgorio... aunque algunos números son más abocetados y apresurados que otros. Texeira es así: en los rostros, las dinámicas, la acción, la anatomía, la narrativa etc. es soberbio, cautivador (...ay, esa Marlene...), pero cuando dibuja viñetas con mucha gente, fondos con muchos detalles o (especialmente) maquinaria y tecnología, parece que lo hace con los pies, o que simplemente no le apetecía. El conjunto funciona, porque sus personajes tienen vida, y abunda el trazo fino en todas las páginas, pero hay viñetas que realmente parecen echas por Ivá. Es parte de su encanto. Los cinco capítulos que dura la saga son básicamente un "todos contra Spector". La gente le odia y la prensa pide su cabeza, S.H.I.E.L.D. quiere atraparle y que sea juzgado (aunque Stark descubre enseguida que si no hubiese detenido al Espectro, sus nanobots hubiesen acabado con toda la vida en la ciudad; así como que él no es responsable de todas las muertes), y encima se van a unir enseguida a la fiesta los Thunderbolts, ese estupendo grupo de villanos redimidos y con traje de cordero que revolucionaron (al menos un poquito) la Marvel allá por 1997, obra y gracia de Kurt Busiek y Mark Bagley (sí, él otra vez). Si en principio era aparentemente un nuevo grupo de héroes que venían a cubrir el hueco dejado temporalmente por los Vengadores, con el tiempo se descubrió el pastel y el grupo fue variando de miembros, y ahora eran más o menos lo contrario: todo el mundo sabe que eran malosos, pero que ahora están al servicio del bien... pero en realidad no: ahora son liderados por Norman Osborn, y sus planes siempre, SIEMPRE son egoístas. Siguen algunos de los personajes originales, como Songbird y Piedra Lunar, y se han incorporado otros supervillanos cutres como el Hombre Radioactivo, el Espadachín o el odioso Veneno (en serio, ¿a quién que tenga más de 10 años le puede gustar este personaje, que no tiene más registros que enseñar dientes y lengua y decir bravuconadas? Yo no lo aguanto...).


Al margen de la persecución y las peleítas, seguimos también las evoluciones de los secundarios. Las cosas entre Marlene y Spector a veces van bien y otras fatal, por algún motivo que no llego a entender. Funcionan de maravilla juntos, ningún fan del personaje está pidiendo que sea soltero o algo así, por comparaciones con Batman: queremos a Marlene, es su mano derecha, es ella la que le salva en la mitad de las misiones, pero hacen una pareja magnífica. Es así como funciona su relación. Su conflicto se lleva arrastrando demasiado tiempo, y da la sensación de que hasta molesta a los propios guionistas porque, como digo, en una viñeta Marlene se ofende mucho por los ataques de locura transitoria de Marc, pero en la siguiente están otra vez cada uno en su rol, porque funciona perfectamente. Los momentos Pimpinela, en mi opinión, no aportan nada. Marlene es un arma, es más fuerte que Marc, nadie necesita verles llorar. En cuanto a Ray Landers, cada vez se involucra más como técnico del equipo, es un gran sustituto de Frenchie. Lo que pasa es que Frenchie (que ahora lleva piernas biónicas; es decir, que de un día para otro deja de ser un tullido para ser tan atlético y fuerte como el que más) también regresa a su papel clásico al final de la saga, porque Los Whyos (ese cruce entre The Warriors y los drugos de "La naranja mecánica") vuelven a aparecer, al ser contratados por Osborn para ir a destruir el restaurante de Frenchie y Rob, y así hacer salir a Spector de las sombras, sediento de sangre. Rob acaba en el hospital, y a Jean-Paul Duchamp se le hincha la vena y decide volver a colaborar con Spector, como en los mejores tiempos, para derrotar a los Thunderbolts. Otro de los Thunderbolts, por cierto, que se une a la fiesta, es el gran Bullseye, un personaje que me chifla (aparecía en uno de los primeros tebeos que leí de niño, luchando contra su eterno rival Daredevil), y que me encanta verle enfrentarse a otros personajes. Su pelea dura dos números enteros, es tan épica como requería un enfrentamiento entre ambos personajes, y el villano aparece en las dos portadas (que siguen a cargo de Arthur Suydam; y que, por cierto, la del número 23 dialoga perfectamente, y supongo que no es casualidad sino otro homenaje, con la del número 19 del primer volumen de la serie: aquella portada de Sienkiewicz que por algún motivo fue corregida en las oficinas de Marvel y tapada con un póster del Arsenal, en idéntica composición a esta). El Caballero Luna es consciente de que no tiene ninguna posibilidad contra los Thunderbolts, que es bastante probable que lo vayan a matar, y por más que lo intenta tampoco Stark parece poder detener a los de Osborn, que no pretenden en ningún momento capturarle. Así que Spector decide que ya que no puede salvarse, se va a llevar a Bullseye y compañía por delante: lleva la pelea hasta un almacén abandonado, y lo vuela por los aires. De ahí el título de la saga: ahora todo el mundo creerá que Spector ha muerto, y dejarán de perseguirle. En el último número, que sirve de epílogo, se nos explica que lo tenía preparado, y que en realidad no ha muerto, sino que huyó por un túnel que tenía preparado (oh, qué sorpresa), y se ha marchado del país, huyendo a lo que parece ser México. Pero como bien sabe Frenchie, en su charla consoladora con Marlene, es posible que Marc Spector haya muerto de verdad... pero Jake Lockley seguro que sigue vivo.



Interludio: sobre estas líneas, la portada variante (y sin grafismos) del número 21, obra de Jason Pearson, enmarcada en el evento bizarro Marvel Apes. Una idea de los más sesentera y lisérgica, que consistía simplemente en mostrar versiones monicacas de los personajes, como si fuese una celebración discordiana del Día del Traje de Gorila. No veríamos más apariciones del Spector Simiesco en ninguno de los tebeos del evento, solo esta variant. A su lado, el tomo 4 del volumen 5 español de 100% Marvel, que contenía las 6 grapas anteriores.


Toca ahora hacernos hacernos eco de un tebeo especial protagonizado por MK, un bonito número especial de Navidad de 32 páginas, otra de esas historietas autoconclusivas que a menudo aportan más capas al personaje que tres años de diálogos filosóficos llenos de discusiones, reflexiones y conflictos. Moon Knight Silent Night cuenta la típica fábula en la que nuestro héroe tiene que pasar la Nochebuena dando de hostias a unos delincuentes, al tiempo que aguantando la chapa del "espíritu de las Navidades pasadas" encarnado por el cadáver de Bushman disfrazado de duende de Santa Claus (por suerte, el recurso ya fue enterrado en la serie regular, y este número se escribió antes de eso), mientras deja sola y triste a Marlene en la mansión emborrachándose y con el pavo relleno enfriándose sobre la mesa. Cuando Spector regresa a casa, tarde y ensangrentado, pues se reconcilian como hacen las parejas que discuten pero se quieren (hasta hay recatada viñeta de cama), y Santas Pascuas. Pura acción, en esta historieta oscura en la que todo el tiempo nieva, con portada de un joven Clayton Crain, artista con un prometedor futuro; que recuperaba para los nostálgicos al guionista de antaño Peter Milligan y con estupendas viñetas de Laurence Campbell. Repasando, descubro que los paralelismos que encontraba no eran infundados: fue el mismo artista que dibujó un número navideño de Lobezno que me encanta, del año anterior (Wolverine vol. 3 nº 49, enero de 2007; escrito en aquella ocasión por Rob Williams): en un tono similar, teníamos a Logan perdiéndose la Nochebuena por culpa de unos terroristas disfrazados de elfos ayudantes de Santa, que pretendían hacer volar un centro comercial. Insisto: me encantan estas historias sueltas, creo que este tipo de aventuras pulp de pura acción en contexto ajeno y fuera de continuidad, engrandecen más a los personajes que cuando se embrollan con largas tramas deprimentes, catárticas y ambiciosas en sus propias series.


Superado el trámite de colocar la pieza del Caballero en el lugar del tablero previo a Civil War que le correspondía, y librado el guionista Mike Benson de ataduras, comienza una nueva saga en 5 partes en la que todo es nuevo, todo es fascinante (al menos para mí), todo es original y está lleno de ecos del cine de Robert Rodriguez, o series como la excelsa Breaking bad: "Down South" ("Rumbo al sur" en la edición española) retoma los hechos un tiempo indeterminado más tarde de lo acontecido hasta ahora. Spector ha fingido su muerte, y ya en las últimas viñetas del número 25 le veíamos armando gresca en una taberna de lo que parecía ser territorio al sur de la frontera estadounidense. En efecto, como nos adelantaba Frenchie, Spector ha muerto, pero Jake Lockley sigue vivo. Y es la identidad del viejo taxista lumpen la que ha adoptado nuestro héroe, para reconstruirse una vida lejos del alcance de S.H.I.E.L.D., de los Thunderbolts y supuestamente de todo el que quiere arrancarle la máscara y la cabellera. Cambiamos los callejones putrefactos por escenarios polvorientos, abiertos y calurosos (la localidad mexicana ¿ficticia? de Lampazos), y vamos a conocer a un puñado de nuevos personajes. Como cuando Jake, que se está ganando la vida en combates clandestinos de lucha libre, llama la atención de un terrateniente mafioso, Gilberto Alcántara, cabecilla del Cártel de Culiacán, quien le contrata para liberar a su hija, que ha sido secuestrada por una banda rival. Lockley sigue en plena batalla interior contra sus demonios, representados ahora por un gusano con el rostro de Bushman, que sobrevive y le habla desde el fondo de la botella de mezcal a la que está enganchado, transformado en rata o en araña por el entorno. Lockley vuelve a ser un mero buscavidas, un mercenario, en un entorno que personalmente me chifla: México rural, atestado de narcos, luchadores enmascarados y pendejos de la pradera. Por Benson, el español Jefte Palo, con un estilo perfecto para esta historia (con trazos algo más rectos, encaja perfectamente dentro de ese pequeño círculo imaginario que yo trazaba hace unas páginas, en el centro del cual estaría Marc Silvestri, y Larry Stroman o William Simonson muy cerca), y portadas pictóricas de Gabriele Dell'Otto.


Si algo se le puede reprochar a este entretenido y exótico arco, es que es una historieta intercambiable con cualquiera del Castigador. Sobre todo, porque en los primeros números Jake Lockley no lleva ningún disfraz, y es un civil común el que reparte tortazos por los rincones. Aunque no utiliza armas, y expresa literalmente su intención de que no haya bajas, Frank Castle podría ser el protagonista de esta aventura mexicana. Lo cual queda aún más evidenciado en el hecho de que en la última página del primer número... Aparece el Castigador. El Cártel de Culiacán está en plena fusión con unos mafiosos rusos. Y cuando Lockley libera a Carmen Alcántara, la hija del narco, descubre que los soldados de Alcántara que le acompañaban tenían orden de matarle para eludir la enorme recompensa que Gilberto le había prometido. Y también resulta que Carmen se lleva fatal con su padre, y que éste solo la quería de vuelta para matarla con sus propias manos.


Aparecen en escena entonces dos sicarios más que van detrás de Lockley y su tutelada: los Hermanos Zapata, Gustavo y Rigo, dos luchadores enmascarados simétricos que no paran de hablar de sus cosas mientras fríen a tiros a los del Cártel de Sinaloa rival, o a cualquiera que se cruza en su camino en busca del Caballero Luna (esos que protagonizan la portada del número 29, con el logo en los colores de la bandera de la república mexicana y todo, que de buen grado me la tatuaría en la espalda). La historia avanza a base de escenas de acción, chicas con poca ropa en mansiones de mafiosos, o diálogos sobre comida y nimiedades al estilo de "Pulp fiction", otra referencia ineludible. Por un lado, Gus (el Hermano de verde) se enamora locamente de Carmen, así que no tardan en aliarse con CL; y por otro lado, los enemigos de Alcántara tienen también un arma poderosísima, al que llaman El Tolteca, que es una especie de avatar de alguna divinidad precolombina, y lleva una enorme representación del sol tolteca en el pecho, entre otros motivos. Aunque no se profundiza mucho en el personaje, simplemente se le presenta como un ser invencible que elimina a todos sus enemigos con un hacha, no hace falta pensar mucho para descubrir una versión de nuestro CL adaptada a la cultura ancestral mexicana. El Tolteca se encarga por sí solo de irrumpir en la mansión de Alcántara y destripar a todo su ejército, así que ni Lockley, ni Castle ni los Hermanos Zapata, ahora guardaespaldas de Carmen, tienen demasiado que hacer. Simplemente repartirse el botín. Mirando las noticias, Lockley se entera de que en su ausencia ha tenido lugar la "Invasión Secreta" de los Skrulls, o que ahora Norman Osborn está al frente de toda la seguridad norteamericana, incluidos los Vengadores, e incluso inicia carrera a la presidencia de Estados Unidos. Ahora que ha añadido a su equipaje dos sacos de dinero del tamaño de sendos adolescentes, y que ha sacado fuerza para vaciar en el retrete su botella de mezcal con gusano y todo, el regreso parece inminente.


Ese año se publicó también un ánual de CL. Dibujado también por Palo, y guionizado por Duane Swierczynski, otro escritor proveniente de la novela negra, que se estrenó en 2008 con esta historia de CL y desde entonces se ha encargado de docenas de arcos y números especiales de todo tipo de personajes (durante un tiempo trabajaba en exclusiva para Marvel, pero también es el autor de los primeros 30 números de la serie del Juez Dredd para IDW, por ejemplo). La portada es de otro joven artista, el afroamericano Dave Wilkins, que también ha ido metiendo poco a poco la cabeza en trabajos menores de distintas editoriales. Esta es una historia muy cruda, narrada desde el punto de vista de unas chicas que asisten a una terapia de grupo, y descubren que todas han sido víctimas del mismo criminal: un tipo que después de ligar con ellas las droga, y mientras están inconscientes las viola y apaliza. Parece que les ha juntado a todas la misma y misteriosa persona. Vemos las distintas versiones de la historia de las chicas y sus conexiones, y cómo el Caballero Luna pone fin a esos ataques.


Interludio: Los números 25 al 30, últimos de este volumen, así como el annual anterior, se recopilaron en el tomo 5 de 100% Marvel: Caballero Luna. Bajo el título de "Rumbo al sur", es un tomo que llevo años buscando desesperadamente por todas partes, y es lo único que me falta para tener todo lo publicado en español del personaje :(
 
No hubo portadas variantes en estos últimos números de la etapa de Huston y Benson, salvo en el número 29, que contó con una de Juan Doe, que formaba parte de las 17 alternativas del evento portadístico "Wolverine art appreciation" (junio de 2009), que mostraban a Lobezno protagonizando 17 cuadros clásicos de Munch, Gorey, Dalí, Kirby, Klimt, Van Gogh, los perros jugando al póker, una tira de prensa vintage... o Pablo Picasso, como en nuestro caso. Un coleccionable curioso y lleno de bonitos pósters. Tenía por el disco duro también la portada japonesa del número 28, que pongo también aquí encima. Resulta curioso confirmar cómo el título del tebeo es (lógicamente) igualito que el del viejo y misterioso manga del Caballero Luna del que hablábamos mucho más arriba.

 

Muestra de cómo Marvel estaba dispuesta en el siglo XXI a reconvertir al Caballero Luna en uno de sus personajes importantes, terminada la etapa de Benson / Texeira se publicó otro número especial protagonizado por Marc, con fecha de noviembre de 2009. Como su propio nombre indica, Moon Knight Saga no es en realidad un tebeo, sino un montaje a partir de viejas viñetas recopilando toda la historia editorial del héroe. Algo parecido al objetivo de este largo artículo, pero reducido a 30 páginas escritas por los redactores John Rhett Thomas y Dugan Trodglen, resumiendo las historias de todas las épocas previas y con casi todos los dibujantes regulares de los 35 años anteriores. Eso de los tebeos "Saga", si no me equivoco, se hizo por primera vez en aquella mítica miniserie, The Wolverine Saga, que se lanzó para poner al día a los lectores coincidiendo con el estreno de la serie regular en solitario de Lobezno, allá por el verano de 1988. Por aquel entonces era el redactor Peter Sanderson quien estaba al frente de los tebeos de fichas, el Official handbook of the Marvel Universe, y otros proyectos recopilatorios y nostálgicos de este tipo. La Marvel de hoy sigue haciendo este tipo de cosas de vez en cuando, supuestamente para aclarar conceptos a los lectores recién incorporados, pero que yo creo que a quienes nos vuelven locos es a los coleccionistas de siempre, como ya mencionaba hace unos cuantos interludios al hablar de History of the Marvel Universe, X-Men: Grand Design y demás maravillas contemporáneas. Me encantan estos objetos-resumen de universos, sagas o biografías ficticias de personajes. Y el que decidieron fabricar para hacer que el Caballero Luna diese un paso adelante, y por el camino organizar su turbulento historial de publicación, tiene un aliciente adicional: la portada es obra de dos de los artistas más majestuosos de todos los tiempos: Alan Davis y Mark Farmer.

El tebeíto sirve además de aperitivo para la siguiente etapa, una nueva serie de 10 capítulos, que estaba a punto de comenzar: Vengeance of the Moon Knight.

Interludio: en verano de 2003 se emitió en Nickelodeon un especial de la serie de animación familiar Los Padrinos Mágicos. Fue el décimo episodio de la tercera temporada, tenía una hora de duración y se distribuyó posteriormente en VHS y DVD. Se considera la primera película de la serie de Butch Hartman. Con el título de "Abra-Catastrophe (The movie)" ("Los padrinos mágicos: ¡Abra catástrofe!"), es una historia en la que el niño Timmy Turner y sus "hados madrinos" Cosmo y Wanda se enfrentan a uno de sus villanos habituales, su profesor el Señor Croker, que ha obtenido poderes a través de uno de los regalos del cumpleaños de Timmy, un muffin mágico. El episodio está colgado entero en el canal de YouTube oficial de la serie.
En definitiva, ¡Abra Catástrofe! basa todo su encanto en la acción épica exagerada, y en la parodia incesante de personajes de la cultura popular. Desde las primeras escenas, que forman parte de un sueño de Timmy la noche previa a los hechos, ya aparecen homenajes paródicos diversos a productos como Star Wars o "Parque Jurásico". Pero es en la larga escena final en la que el profesor Croker se transforma en un remedo de Galactus, el Devorador de Planetas de Marvel, y Timmy tiene que derrotarle a su vez utilizando los poderes de varios personajes igualmente basados en superhéroes. También se parodia la trama de "King Kong", y la familia de Timmy se transforma en algo muy similar a los Cuatro Fantásticos. Y durante una larga escena, Timmy Turner se transforma en un héroe muy, muy parecido a nuestro Caballero Luna. La referencia es clara para cualquier conocedor del personaje, y aunque sea de forma extraoficial es quizá la primera ocasión en la que CL saltó al mundo audiovisual...


7. La Venganza del Caballero Luna (2009-2010)


Esta nueva etapa o "temporada" del personaje cuenta con un nuevo guionista, Gregg Hurwitz, otro novelista especializado en acción policíaca, que a diferencia de Huston escribe muy pocos diálogos y centra todo en la acción. La lectura es ligerísima y veloz, y el dibujante, del que creo que no había leído nada extenso, me ha parecido portentoso, enorme: Jerome Opeña. De haber nacido dos décadas antes, podría figurar entre los fan favourites más elogiados de su generación. Entramos en la rutina de las portadas variantes: el portadista oficial será Leinil Francis Yu (antes de que, en mi opinión, se echase a perder, como les sucede a otros dibujantes que parecen haber perdido la magia con el paso de los años), pero en este primer número, por ejemplo, también había otro modelo estupendo del "fotorrealista" Alex Ross, y otro de David Finch. Volvemos a las aventuras directas, dejamos de lado la amargura y la introspección, y tenemos por delante 10 números simplemente correctos, que no son nada extraordinario pero sí entretenidos. Jake Lockley sigue siendo la identidad actual, y en algunos momentos sigue manteniendo diálogos esquizoides con un icono imaginario al que sirve de avatar: Khonshu vuelve a guiar al héroe. Pero ahora está representado mediante un varón con el propio traje de CL, con un cráneo de pájaro, diseño que se va a utilizar mucho en adelante en la serie*.

*Nota: no he hurgado mucho en todo este texto acerca de la representación del dios Khonshu "real" de la mitología egipcia. Hasta ahora, y desde el inicio del personaje, a Khonshu en este tebeo se le ha venido representando siempre con aspecto humano y el cetro con la media luna, lo que parece que fue una licencia absoluta de Moench y/o Sienkiewicz. No entiendo mucho (más bien nada) sobre deidades egipcias, pero al parecer se le ha encontrado representado de distintas maneras en jeroglíficos, papiros, estatuillas o lo que sea, pero generalmente con un cetro con una luna llena. Según distintos sitios en los que consulto, se acepta que fue un varón adulto, un niño, o una diosa femenina. Lo que sí parece admitido es que otra de sus representaciones es la de la cabeza de halcón. En esta nueva etapa, Hurwitz incorpora la idea del Caballero Luna en miniatura con cráneo de ave, como "amigo imaginario", aunque en ocasiones (cuando le domina la parte más desquiciada de su personalidad) se lo imagina con un kaiju gigantesco.

En la última viñeta del número 6, final del primer arco, nos muestra al Perfil visitando la cueva en la que Spector se convirtió en el Puño de Khonshu, y junto a esa estatua hay otra, que parece ser otra deidad diferente, con cabeza en forma de cráneo de pájaro; lo que termina por liarme del todo. No sé si alguien se aclara con las deidades del Antiguo Egipcio, para mí son indistinguibles unas de otras, como las hindúes o las vírgenes hiperlocales católicas...

Dicho esto, "La Venganza del Caballero Luna" es más bien "La Redención" del personaje. El primer arco abarca seis números, en los que (guiados por ese nuevo icono de cráneo de ave; aunque ni mucho menos sale tanto ni da tanto la tabarra como en la etapa anterior) Lockley regresa a Nueva York y quiere demostrarle al mundo que no es ningún psicópata, sino que quiere hacer el bien y ponerse inequívocamente del lado de los buenos, ahora que un villano de la talla de Norman Osborn domina el mundo. Enseguida se vuelve a cruzar en su camino El Vigía, otro héroe de mentalidad inestable, para ponerle a prueba. También se cruzará en este periplo de vuelta con Spider-Man, que enseguida le da su voto de confianza y mantienen una conversación ética que parece que está preparando el terreno para que CL se incorpore a los Vengadores.



Por otra parte, el gran villano de este arco será... Raoul Bushman. Sí, el villano es resucitado por el Perfil y La Capucha (un personaje de cuño reciente que posee poderes comparables a los de Mephisto). A sueldo de Osborn, estos dos junto con el Espantapájaros (un viejo villano de Marvel creado en los sesenta, enfrentado tradicionalmente al Motorista Fantasma; sale poco porque los espantapájaros de DC y de "El Mago de Oz" le hacen demasiada sombra...) serán los enemigos principales de CL, y el final boss, una vez más, el Bushman emergido de la tumba. También provocan una huida en masa del manicomio Ravencroft, o un ataque de bandadas de pájaros por la ciudad... lo que hace que esto se parezca aún más a un tebeo de Batman, sobre todo si añadimos que sigue apareciendo la Lunacueva y que ahora el traje de CL vuelve a parecerse más a una armadura de kevlar.


Pasada esta media docena de entregas, los cuatro números que quedan hasta el final de la etapa de Hurwitz son un poco erráticos, e influidos por el habitual baile de dibujantes y afectados por un nuevo evento: "The Heroic Age". Más que nada, fue una etiqueta para relanzar la franquicia de los Vengadores, divididos en nuevos grupos (AvengersNew Avengers, Secret Avengers, Avengers Academy, Thunderbolts...), con nuevos equipos creativos, y proscritos en un mundo dominado por Norman Osborn. En uno de esos grupos de Avengers acabará recalando nuestro personaje, así que estos cuatro episodios son apenas los estertores de sus aventuras en solitario, por el momento. Los dos primeros, el 7 y 8, forman una insulsa historieta en la que se cruza por primera vez con Deadpool, y se dan de tortas (todo se hace un poco más absurdo cuando CL, de repente, lleva escondidas una espada y un arco). El mercenario Wade Wilson ha sido contratado para asesinar a un anciano moribundo atado a una cama de hospital, y Lockley evita su ejecución para darse cuenta, poco después, de que era un criminal de guerra, extorsionador y secuestrador de niños, entre otras cosas. El dibujo es bastante mediocre, de un tal Tan Eng Huat. Algo más destacables serán las cuatro portadas principales, encargadas a cuatro artistas de renombre, ocasión de ver al personaje dibujado por artistas cool: Mike Choi, Bryan Hitch, J. Scott Campbell y Francesco Mattina.


Los números 9 y 10 están dibujados casualmente por un español al que mencionaba hace solo unas pocas líneas: Juan José Ryp. Su nivel de detalle es casi obsesivo, en la línea de Art Adams o Geoff Darrow aunque algo más feísta y grotesco. Sus viñetas suelen ir asociadas al derramamiento de sangre o los descuartizamientos. Esta no es la excepción. El primer episodio comienza cuando CL y Spider-Man se chocan mientras hacen la ronda por la ciudad, y deciden unirse para derrotar (con ayuda también de Frenchie) al Hombre de Arena, que está generando el caos indiscriminadamente. Al final del episodio aparece el Capitán América, que le pregunta a Lockley que si quiere unírsele en una misión. El número 10, por tanto, formaría parte ya del siguiente epígrafe, con CL formando parte de los Vengadores Secretos, y de hecho es una historieta colectiva, desde el punto de vista de nuestro héroe, que se pregunta cuál es exactamente su papel en un equipo, y encima en uno que desconfía de él por sus brutales tácticas del pasado. Se enfrentan a un villano con parche (Capitán Barracuda) que ha robado un guantelete cósmico que estaba resguardado por el Proyecto Pegasus, ahora desmantelado por Osborn, y que tiene un ventilador que gira a la velocidad de la luz, lo que reduce a papilla la carne que recibe su brisa (ahí es donde se esmera especialmente J. J. Ryp). Hasta nuevo aviso, desde este momento (febrero de 2011) y hasta el número 1 del siguiente volumen en solitario (junio de 2011), CL entra a formar parte de los Vengadores Secretos, y participará también en un buen puñado de eventos y series ajenas, que conformarán el siguiente capítulo.


Interludio: en España, esta etapa se publicó en dos tomos de 100% Marvel: "Ataque intimidatorio" (1-6) y "La Edad Heroica" (7-10). Como decía antes, del número 1 hubo dos estupendas portadas variantes, obra de Alex Ross y de David Finch (con distintos tratamientos de color, versión a lápiz, versiones sin rótulos, etc.); en el número 2, una variante con CL "zombie", de Francesco Mattina; del 7 se hizo una protagonizada por Iron Man de Andy Granov; y del 8 una muy fea, como todas las del evento Heroic Age, en las que los Vengadores aparecían transformados en estatuas, obra de Josh Medors.



8. Vengadores Secretos (2010-2012)


A pesar de sus malas experiencias colectivas en el pasado (como miembro de los Defensores, los Vengadores Costa Oeste y los Marvel Knights), tras los dramáticos acontecimientos de Reinado Oscuro se inició una nueva "Era Heroica" dentro de la franquicia de los Vengadores, durante la cual se decidió contar con el Caballero Luna como miembro de uno de sus renovados equipos. Concretamente, y durante los próximos 21 números, será parte activa de una nueva facción "secreta", una avanzadilla de defensores de la Humanidad que trabajan desde las sombras, en operaciones encubiertas, algo así como un escuadrón superheroico de S.H.I.E.L.D. Para quien no lo sepa, Civil War fue un evento transversal que sacudió los cimientos de todo el Universo Marvel, tratando de proporcionar a todas sus historias y personajes una pátina de verosimilitud social y política, al plantearse cuál sería el papel en la vida real de una raza superior con poderes destructivos. El detonante fue un incidente que tuvo lugar en la ciudad de Stamford (Connecticut), en el que los Nuevos Guerreros provocaron la muerte de 600 civiles. Esta historia, cuyos cimientos ya venían siendo plantados desde sagas anteriores como las citadas "Vengadores: Desunidos" o "House of M", detonó una profunda crisis, que haría que todos los personajes se viesen obligados a decidir "de qué lado están": si decidían desenmascararse y ponerse al servicio de la ley en adelante, o continuar sus actividades como "armas" rebeldes y proscritas, al margen de que estas fuesen bienintencionadas o no. A grandes rasgos, se exponía una división ideológica y aparentemente irreconciliable entre los grandes héroes de la Casa de las Ideas, que daría como resultado las también citadas "Iniciativa de los 50 estados" y el "Acta de Registro Superheroico"; y una de las principales consecuencias de este cisma fue el ascenso de Normal Osborn al poder total de los Estados Unidos, tras provocar otra crisis total, la "Invasión Secreta"; al tiempo que los Vengadores más importantes se organizaban clandestinamente en reuniones estratégicas bajo el nombre de Los Illuminati. Osborn se puso al frente de los Vengadores Oscuros, e inició un Asedio a Asgard antes de que el mismísimo Barack Obama tuviese que tomar partido, y reiniciar la reestructuración de los Héroes más Poderosos del Mundo. Más o menos, este sería el apresurado e inexacto resumen de cinco o seis años de historias en la franquicia, que culminaría, hasta el momento, con este renacimiento total.

  

Los Vengadores Secretos es un equipo liderado por el Capitán Steve Rogers (la identidad de Capitán América en estos momentos la tiene Sam Wilson, el Halcón), con Valkiria, la Viuda Negra, la Bestia, el actual Hombre-Hormiga (Eric O'Grady), Máquina de Guerra (Jim Rhodes; Tony Stark está temporalmente inactivo) y el Caballero Luna, aunque se deja claro desde el principio que será requerido solo puntualmente, mientras que se supone que continúa su carrera en solitario (en nuestro mundo, no tuvo colección en solitario desde el final de Vengeance of the Moon Knight, julio de 2010, hasta el inicio del volumen 6, en julio de 2011). El primer arco de la serie, escrita por Ed Brubaker y dibujada por Mike Deodato Jr., con portadas de Marko Djurdjevic, ocupa cuatro números, y presenta a un equipo bien coordinado por Rogers, que es requerido para hacer frente a una amenaza contra el mundo que está en una base secreta en Marte. Todo tiene que ver con la Roxxon Corp. y la Corona Serpiente, ese viejo objeto de poder creado en los años sesenta (e inspirado conceptualmente en todo el asunto del Ejército Simbiótico de Liberación del mundo real...), y con el Nova clásico (Rich Rider), que parece que ha sido poseído por él. Todo el carácter y las habilidades urbanas de Spector se difuminan, aunque tiene bastante papel en la serie. Durante el periplo espacial viste su traje habitual, pero sin capa/capucha, y con una escafandra ligera. Al resto del equipo les vemos también casi todo el rato con un traje espacial ajustado en tonos patriotas. Esta primera historia apenas presenta a los personajes y sus primeras relaciones entre ellos, su contacto constante con el gobierno o S.H.I.E.L.D., las menciones a la situación post-Reinado Oscuro y esta especie de "Nuevo Orden Mundial" camino de recuperar la normalidad del Viejo. Se abre con la Viuda Negra y Valkiria en una misión jamesbondiana, seduciendo a un alto de Roxxon que culminará en la aventura marciana. Otro elemento interesante que se ofrece, es el regreso de Nick Fury, ahora al frente de un misterioso grupo de (aparentemente) terroristas llamados Concilio de las Sombras. Es un primer acercamiento en el que no suceden demasiadas cosas, pero se prepara de manera brillante (y preciosa, gracias a Deodato) el tablero de juego.



Interludio: algunas portadas variantes de este primer arco (solo aquellas en las que aparece CL). Respectivamente, las dos primeras son de Deodato y las dos últimas de Djurdjevic.

Precisamente es en la serie de los New Warriors en la que asomó un primer cameo de CL. Su volumen 4 abarcó 20 números, y los cinco últimos formaban un arco, "Blood and iron", en el que este equipo de jóvenes guerreros con poderes (cuyo único miembro original es Night Thrasher) se enfrenta a una conspiración y un ejército de Iron Men, tras una trama en la que es Dwayne Taylor quien se viste con la armadura rojigualda, y que se resuelve en el último momento gracias a la aparición de los Vengadores. Sin demasiada enjundia, obra de Kevin Grevioux, Casey Jones y Juan Vlasco (portadas pintadas de Nic Klein), si acaso podemos considerarlo toda una curiosidad, ya que tiene fecha de enero de 2009 y volvíamos a tener a Spector en compañía, antes de que esto se hiciese oficial en su propia serie y luego en los Vengadores Secretos.

(continuará...)