jueves, 7 de febrero de 2019

"El Ligre y la bomba de triones" (Scari Wó, 2018) y otras lecturas de 2018


El año pasado reseñé pocas lecturas literarias. Además de que leo muchos más tebeos que libros últimamente, tampoco termino de centrarme y escribir sobre algunas cosas que leo y quiero recomendaros. Así que sirva esta entrada rápida para mencionar algunas de las cosas que añadí a mi biblioteca en las últimas semanas del año pasado. Aunque no me gusta despachar muchas obras de golpe, y hubiera preferido darle a algunos de los siguientes objetos la enjundia que requieren, el toc no me deja pensar bien y llevo semanas obligándome a reseñar todo esto y no me pongo nunca, así que no me levanto de la silla hasta que despache este primer lote de mamotretos que me han estado acompañando recientemente:

 Para empezar, mi amigo y vecino Scari Wó, del equipo del fanzine Dramáticas Aventuras Trimestrales Ilustradas (que tenemos que darle un apretón pero ya), y que me ha hecho varias portadas de Libritos Jenkins (por ejemplo, del álbum Otros Grupos, cuya ilustración de portada y montaje de contraportada, por un error de imprenta, quedó sin acreditar), escribió y publicó hace unos meses una preciosa novela interactiva, primera de la serie "Decide tu propio destino", que encaja perfectamente entre la colección original de Timun Mas de los 80 a la que homenajea, pero destinada a un público adulto y ambientada en el universo de personajes del fanzine DATI: "El Ligre y la bomba de triones" está además fenomenalmente escrita, y es una montaña rusa de referencias y guiños a la cultura pop. Un experimento de post-pulp en el que podemos llevar a nuestro luchador enmascarado favorito a viajar por el tiempo y el espacio a morir de mil y una maneras diferentes, o a salvar el mundo si elegimos los epígrafes correctos. La estructura es una filigrana, el tono va de lo épico a lo festivo, y como objeto de poder no tiene precio.

☛ Tambiés es una filigrana la novelita autoeditada "Abracadabra", de Asier Barro, y otro precioso ejercicio de mimetismo con la literatura añeja. En forma bolsilibro y con tipografía retro, la breve lectura de esta historia es sorprendente. Un ejercicio de metalenguaje florido y exquisito, a partir de la premisa de la mera necesidad y el diáfano placer de narrar y jugar con las palabras. Muy bonito y muy recomendable.

☛ "El método Gémini" (por Magius; ed. Autsaider Cómics; vale, ya se me ha colado un tebeo) es una de las novelagráficas más laureadas del año pasado, y espero que suponga el salto definitivo a la primera línea del tebeo, si es que esto existe, del murciano Magius. Responsable de FOG Comics y autor de varios de los fanzines más fascinantes de mi colección, como Murcia, Porno catalán, WitchcraftLa Philosophie dans le Boudoir o el precioso tomo recopilatorio con las imprescindibles aventuras de los black-metaleros satánicos y nazional-socialistas más simpáticos del Planeta Murcia (Black Metal Cómix). Se ha pasado al equipo de los amigos de Autsaider, y ha pergeñado la epopeya de mafiosos que Scorsese jamás se atrevió a contar: cómo el origen de las distintas familias de la mafia siciliana, secretamente, pasó por la Murcia medieval. Divertidísimo, enfermo y con más acción que siete temporadas de Los Soprano, y al mismo tiempo puro tebeo underground feísta y agitador. Le ha gustado a todo el mundo y no faltaba en ninguna lista de lo mejor de 2018.

☛ Otro de los objetos literarios más laureados del pasado año fue el regreso, por fin, del Maestro Jordi Costa al ensayismo erudito: "Cómo acabar con la Contracultura (Una historia subterránea de España)" (Taurus). Niño prodigio de la crítica visionaria, periodista de referencia para toda una generación y autor de al menos dos de mis libros favoritos de todos los tiempos ("Mondo bulldog" y "Vida mostrenca"), en esta obra se ha dedicado a hurgar en el lado torcido de la cultura basura española, esa que efervescía y se revolvía por salir del útero ya desde que al enano del Ferrol le empezaban a dar  los primeros achaques, y que ha ido conformando silenciosamente todo un estilo de vida para muchos de los creadores más interesantes del siglo XX y XXI. Un recorrido repleto de descubrimientos, vasos comunicantes y joyas enterradas bajo las montañas de caspa y la estéril cultura institucional. Por supuesto, asistí a la presentación y la firma, en primera fila, y aquello fue un vórtice de energía underground y una especie de entierro de Big Fish en el que aparecieron algunos de los propios supervivientes del libro; y lo devoré en los siguientes dos días, lo que me hizo mejor persona.

☛ Stephen King está un poco brasas últimamente con las anodinas peripecias reiterativas del Señor Mercedes, que me importan un carajo, así que me conformé el año pasado (aparte de con alguna relectura o lectura menor vía Kindle que me va a faltar en las oocc comentadas que pretendía haber glosado en este blog; o mirar algunas de las miles de adaptaciones audiovisuales recientes) con la última recopilación de relatos del maestro. "El bazar de los malos sueños" reúne escalofríos como "Niño malo" y "Área 81", bellas fábulas como "La moral", ejercicios chabonianos como "Batman y Robin tienen un altercado", pequeñas obras maestras carverianas como "Premium harmony", clásicos modernos como "Blockade Billy", "Ur" y "Tommy"... y el habitual anecdotario, consejos y susurros de King mientras nos arropa con la mantita, tras cada cuento, a los lectores constantes. Estupenda colección, a la espera de su siguiente McCatedral literaria, que me acompañó el pasado verano.

☛ Tom Petty fue uno de los primeros músicos a los que amé de manera furibunda en la adolescencia. Fue a los 12 años o así cuando tomé mi primera sobredosis, durante un especial que le dedicaron en la VH1, pasando vídeos suyos todo el fin de semana. Esos videoclips maravillosos en los que el sofronizante Petty se disfrazaba de cuentacuentos y te sumergía desde la pantalla en el mundo de Alicia en el País de las Pesadillas, o te pasaba peliculitas de rebeldía juvenil. Fue de los primeros músicos a los que empecé a coleccionar y escuchar consciente y compulsivamente. Su muerte me afectó, me dejó helado por lo inesperada, y porque mantenía la esperanza de que alguna vez viniese a tocar(me) a España. Creo que nunca vino aquí ni a hacerse fotos con una paella. Esta maravillosa biografía, "Petty" (Warren ZanesAlfaomega/Neo Person), desvela además a una persona sencilla, humilde y formidable, que hubiera pasado desapercibida en el marasmo de bandas de garage sesentero de Florida de no ser por ese don intransferible e imposible de explicar, y que acabó haciendo rock, bebiendo cerveza y persiguiendo a las chavalas porque no sabía hacer otra cosa. Tan exhaustiva y envolvente como se espera de estos trabajos, y repleta de ternura y melancolía.

☛ Durante parte del año pasado también tuve mis varias rachas obsesionado con la literatura retro-ufológica, como media España últimamente, gracias a la encomiable labor que está realizando Reediciones Anómalas y a que su máximo responsable, Pablo Vergel, se ha convertido merecidamente en el tertuliano de moda en el programa de Iker Jiménez. Su último lanzamiento hasta la fecha, el sexto, y a la espera de que rescaten este año más obras canónicas descatalogadas como "Las profecías del Mothman" o "El libro de los condenados", es "Comunión", la insólita narración en primera persona del encuentro cercano del tercer tipo experimentado por el escritor fanta-científico Whitley Strieber con los grises, que cambió el mundo de la ufología para siempre.

☛ Además de quedarme absolutamente anonadado con lo allí narrado, y empaparme de paso con la película o mi propia "investigación" online sobre el asunto, con "Comunión" tuve una relación especial, ya que Pablo me pasó las galeradas antes de hacerlo realidad, para que lo leyese y de paso yo mismo me uniese al staff y pergeñase el fanzine Nuestra primera comunión, reuniendo declaraciones de periodistas y de víctimas de su lectura; aunque, ahora que me acuerdo, lo conté ya aquí y también narré cuando "mi" fanzine salió en la tele, aquí. Como fuere, "Communion" fue una de mis lecturas más absorbentes del año pasado, así como otros de los lanzamientos de RA.

☛ Otra de mis editoriales amigas de cabecera es Antipersona, y aprovecho para traerles por aquí siempre que cae en mis manos alguna de sus preciosas obras. Lo último en lo que se han metido es una revista de música trimestral, Dolly Records (ya han salido dos números) que recoge artículos que envían los fans y ellos seleccionan. "Big Mama" Thornton, The Redskins, Poly Styrene, Berri Txarrak, Arrested Development, bakalao, música industrial, canciones sobre la lucha de clases, anecdotario, críticas, crónicas de conciertos y cosas así es lo que han incluido por el momento. Es baratísimo, tiene páginas a color, un diseño estupendo y todo fenomenal.

☛ Y por último voy a citar el libro en el que estoy más inmerso ahora mismo: "La plaga de los comics (Cuando los tebeos eran peligrosos)", de David Hajdou (Espop). Aunque no lo he terminado, y reseñar algo a medias está feo; es que yo soy así de feo y esto no es Babelia, y precisamente quería dar mis sensaciones del progreso de lectura, porque, ay. "La plaga..." es el ensayo cultural de moda. La gran apuesta de Espop para la temporada. ¡La historia oral de la era pre-code! ¡La hagiografía definitiva de la Edad Dorada! El diseño es precioso y con desopilante portada de Ata, e incluye un encarte central a todo color con algunas portadas e ilustraciones mencionadas en el texto. Veo que "La plaga..." está gustando muchísimo, algunos en mis tl's de las rrss están bastante a tope... pero debo ser sincero y reconocer que yo estoy bastante perdido, a punto de alcanzar el ecuador. El principal problema es la falta de material gráfico, que solventaron en la edición especial limitada de 42 euros; más ilustraciones en blanco y negro a lo largo del texto creo que no hubiese hecho daño a nadie, en lugar de las largas, densas y obstrusas descripciones de  pequeños detalles de viñetas concretas. Sé lo que es un puto libro, no es que tenga el cerebro ablandado por el Yutú, o que crea que el fanzine o el ensayo de los 90 sean la respuesta, pero en un ensayo de estas características, en múltiples pasajes concretos eché de menos un monito escuchimizado en una esquina, y de más una engorrosa parrafada tratando de generar en tu cerebro la imagen exacta de una portada de Charles Biro o una foto concreta en un editorial de prensa, que al fin y al cabo en la separata viene en blanco y negro... Dejo el libro panza arriba y me voy a buscarla a internet cada dos por tres, ya, si tampoco pasa nada... Pero es que además me está resultando todo bastante caótico y confuso. Sigo tratando de encontrar el hilo conductor, la esencia de los capítulos, la intención del autor tras su empeño por ir saltando constantemente de un rincón a otro de la historia, dejando la narración a medias tras cada punto y aparte y regresando a la infancia de un distribuidor o un censor, de repente, cuando estaba uno disfrutando de las declaraciones de Will Eisner o Bill Gaines. Es indiscutiblemente una joya,  y me imagino que todo cobrará sentido, pero me da que está abordado el tinglado desde recodos, en forma de "hilos de Twitter" superpuestos, todo me está resultando condenadamente sinuoso y deslavazado. O es que estoy yo muy nervioso y muy tonto, que también puede ser. Ya veremos.

sábado, 19 de enero de 2019

Vengadores Costa Oeste


Me paso el día y la noche leyendo tebeos, me gasto bastante dinero en tebeos últimamente, y hace tiempo que no escribo sobre tebeos. Así que voy a celebrar aquí la aparición de esta nueva colección de grapa, antes de que pestañeemos y desaparezca o se haya transformado en otra cosa completamente diferente después de siete números 1 y cinco spin-offs. Solo he leído los dos primeros números, ya que solo compro ahora mismo tebeos en español, y solo de grapa, con muy contadas excepciones. Soy fiel a la vieja escuela Forum, y no sé por qué, no me gustan los tomos, no me interesan. No es algo discutible; sé que es absurdo, pero compro casi todas las grapas de Marvel y casi ningún tomo nunca, de ningún tipo. Muy pocos. Y me hace mucha ilusión empezar una nueva serie desde el principio y verla crecer, asistir en directo al serial. En este caso, curiosamente parece que va a ser publicada aquí de forma bimensual, en grapas de dos números cada una. La historia está bien, es muy fresca, me gusta mucho cómo escribe los diálogos Kelly Thompson en boca de los personajes más jóvenes, me gusta mucho el plantel elegido, y en esta serie han hecho confluir a varios personajes nacidos en tiempos recientes, a quienes venía siguiendo desde el principio, lo cual es bonito. El dibujo de Stefano Caselli es impresionante, y la paleta de colores, con tanto rosita y violeta bajo el sol californiano, le da a todo un tono fascinante. Siempre que empiezo una nueva colección de un grupo nuevo de superhéroes, sobre todo si es tan desenfadada como ésta, me siento reconfortado y alegre, como cuando era niño y empezaba algo que nunca sabías cuándo iba a terminar. Por desgracia, sabemos que la industria del cómic americano actual está al servicio de la reedición en tomo y del capricho de los hacedores de películas, y que esto en cualquier momento da un volantazo. Es triste lamentarse cuando algo acaba de empezar... Pero bueno, mientras dure, bienvenido sea. No daba nada por los Campeones, y ahí siguen, y me siguen gustando pese a los cambios.


Pero como decía, no venía a hablar exactamente de los West Coast Avengers, sino del camino que nos ha traído hasta aquí. El título de la serie es importante, un guiño para el lector de Marvel de cierta edad, ya que la franquicia de los Vengadores en la Costa Oeste nació en 1984, como una escisión de algunos de los héroes más rebeldes de los Avengers clásicos afincados en Manhattan. La Visión y sus arrebatos (además de su novia Bruja Escarlata, hija del malísimo Magneto), la salvaje Tigra, el ex ladrón Ojo de Halcón, la ex villana Pájaro Burlón o el falso Iron Man James Rhodes, junto al actor macarra Wonder Man que estaba mucho más a gusto cerca de Hollywood, fundan este grupo bizarro, colorista y anti-clásico de héroes, en el estado de las playas y el surf, hartos del estricto liderazgo del Capitán América y Tony Stark (no es exactamente así; es más bien cómo funciona resumido en mi cabeza), porque también al otro lado de América había malosos y amenazas intergalácticas. Un equipo difícil de relacionar con la Marvel clásica e icónica, pero en el fondo con muchísima enjundia y carisma. Y que dejaba a los autores profundizar y experimentar con estos personajes menos endiosados en el imaginario colectivo. De hecho, con el paso del tiempo (sobre todo tras la llegada de John Byrne en 1989), se fueron convirtiendo en un cómic humorístico y completamente desenfadado, hasta el punto de dar lugar a los Vengadores de los Grandes Lagos, un auténtico disparate en la línea de esos tebeos de superhéroes bobalicones y bufos que lleva de Howard el Pato o la Chica Ardilla al universo idiota de Masacre. El experimento duró 124 números, creo, entre la miniserie original, la serie abierta (con dos etapas diferenciadas: West Coast Avengers y Avengers West Coast) y 18 annuals. Honestamente, no he leído demasiado de aquello, apenas cayeron en mis manos por aquella época el álbum original de la colección Extra Superhéroes y unos pocos retapados de los Nuevos Vengadores (que es como se llamaron siempre por aquí) de la etapa Byrne.


Pero Ojo de Halcón siempre fue un personaje que me encantaba, mi Vengador favorito, o más bien el único que me ha gustado de verdad. Siempre he sido lector mucho más fiel del universo mutante, de Spiderman, de Daredevil y de grupos minoritarios. Los grandes titanes de Marvel, los protagonistas de las películas, la verdad es que más bien me la traen floja más allá de las sagas más conocidas. De él sí que he leído casi todo. Los Thunderbolts de Busiek y Bagley me fliparon muchísimo, y allí Clint Barton tuvo un papel importante tras el derrocamiento del Barón Zemo. En la serie Marvel's Agents of S.H.I.E.L.D., que para mí también es un hito importante del trasbase del MU del papel al audiovisual, apenas sobrevolaba como concepto de vez en cuando, como ex-novio de la poderosa Bobbi Morse, que sí que se convirtió en uno de los personajes centrales. También se ha paseado de vez en cuando por las series de Lobezno o Spider-Man, que son las que leo desde niño sin pausa. Pero cuando ha cobrado verdadera fuerza ha sido en los últimos años, con esa labor de Marvel de darle background y remozar a todos los héroes que la mayoría del público está descubriendo a través del cine. En el caso de Hawkeye, se le ha puesto en el ojo del huracán y entre lo más cool del cómic americano en varios proyectos recientes: en la mediocre y ya casi olvidada Civil War II (2016), Barton fue el encargado de meterle una flecha entre las cejas al mismísimo Bruce Banner. Entonces, se le puso al frente de una especie de Nuevos Vengadores raros y oscuros, en la serie Occupy Avengers (Los Vengadores Perroflautas), que duró un suspiro. Fue el coprotagonista de Old Man Logan, uno de los eventos más importantes y más guays de la Marvel reciente, y ahora mismo se está publicando Old Man Hawkeye, con él ya de prota total. Pero es que desde hace ya media década Ojo es el protagonista de su propia serie, escrita inicialmente por Matt Fraction y David Aja a partir de 2012, de la que se han publicado más de 40 números, por supuesto de una manera guadianesca y confusa, con esa manía de ponerlo patas arriba todo cada pocas entregas. En realidad, ya había habido otras tres miniseries de Ojo de Halcón en el pasado (en 1983, 1994 y 2003), pero ni me acordaba de aquello. El lavado de cara definitivo, la verdadera joya protagonizada por Clint Barton y que todo fan de Marvel debería leer, llegó de la mano de Fraction y Aja.


En España, las sucesivas series limitadas contemporáneas se han publicado con mucho más orden que en USA, en esos tomos 100% Marvel que tan poco me gustan, numerados, con sus annuals en su lugar, información adicional, etc. Fraction y Aja se inventaron la vida de Clint Barton cuando no estaba salvando los EE.UU. de invasiones marcianas o matando a Hulk de un flechazo: en el corazón de Nueva York, es bastante aficionado al alcohol, habita un apartamento bastante cochambroso, y le encanta pasar las horas con sus vecinos haciendo barbacoas en la azotea. Pero el edificio en el que vive, es objetivo de una banda de mafiosos con chándal que se dedican a echar a los pobres y ancianos para especular con las manzanas y gentrificar el casco viejo de la ciudad. Así, el tiempo libre de Barton es como una peli de Tarantino o un episodio de Los Soprano, lleno de chistes malos y tardes de sofá. Narrado por Fraction y el español David Aja de una manera soberbia y experimental que se llevó montañas de premios.


Esta pequeña obra maestra contemporánea, además, supuso el encuentro definitivo y maravilloso entre Clint Barton Ojo de Halcón y Kate Bishop Ojo de Halcón. Porque resulta que durante una breve etapa anterior de los Vengadores clásicos, el Ojo de Halcón original se había transformado en un villano llamado Ronin, ocasión perfecta para que en Marvel se sacaran de la manga la versión millennial feminista del personaje. Mientras que en el MCU Nick Fury o Ben Urich de pronto eran negros, o los Cuatro Fantásticos eran una puta mierda, jodiendo toda la continuidad de los cómics, en el papel esta adaptación a lo políticamente correcto de casi todos los personajes se hizo con mucho más estilo y sentido. Poco a poco, en el siglo XXI nos hemos acostumbrado a normalizar que tengamos una Lobezna, una Thor, una Capitana Marvel a la que se está dotando de tanta enjundia como a Wonder Woman, un Hulk vegano, cool y oriental, un Spiderman afroamericano, una Ms. Marvel musulmana, jóvenes feministas empoderadas que protagonizan las únicas series regulares Marvel con números altos, a pesar de las ventas mediocres, destinadas para un público muy concreto (Unbeatable Squirrel GirlPatsy Walker: Hellcat o la citada Ms. Marvel), ¡una Chapulina Colorada! (por cierto, yo mismo cabreé un poco a su creador, Humberto Ramos, al ponerle al corriente por Twitter de la traducción literal que habían hecho en Panini, y mi inocente twit hizo rectificar al propio editor Marvel, que lo contó en un tebeo de Campeones; ¡yo fui éditor Marvel por un día, sin querer!), una Deadpool rosa o una especie de Capitana América chicana (ahora volveré con estas dos últimas), entre muchos otros personajes progres por todas partes, también en otras editoriales. Igual que ha sucedido en el cine, en la televisión, en la política y en la vida misma, el mundo del cómic ha sufrido una adaptación a los nuevos tiempos que ha derivado en fenómenos como el Comicsgate, lectores ofendiditos, respuesta airada en forma de tebeos überfachas, etc. Por si a alguien le importase mi opinión (en realidad, no creo que nadie nunca lea esto), yo llevo más de 30 años leyendo tebeos de Marvel y todo esto me parece maravilloso, muy positivo, significativo, y sobre todo, que se ha hecho de forma impecable y que esas historias que están narrando los guionistos, las guionistas y les guionistes, tienen un nivel altísimo. Lo que sí me jode de verdad es cuando en el cine se cargan la continuidad sin ningún motivo. Nick Fury y Johnny Storm son blancos, me cago en Dios. A tope con la peli de "Spider-Man homecoming" o el videojuego "Spider-Man" de PS4 y sus argumentos y personajes invent; a tope con el empoderamiento de Capitana Marvel o la Chica Ardilla; a tope con la Hulka o la Gata Infernal con curvas; a tope con Jessica Jones, mi serie favorita del Netflix Marvel Universe; a topísimo con Miles Morales, Amadeus Cho, Kamala Khan, Viv Vision y Iron Heart (soy fan ciego de los Campeones aún sin Mark Waid ni Ramos); a tope con Kitty Pryde y Jean Grey liderando y comiéndose a todos los personajes masculinos en X-Men; a tope con la peli de Pantera Negra (bueno, esta no la he visto)... pero hay cosas que hasta a mí me dan rabia.


Y a tope con Kate Bishop, por supuesto. La Ojo de Halcón millennial, torpona, preocupada por su dieta, que no sé ni si tiene tetas, arruinada e investigando crímenes vulgares en Santa Monica, es un personaje absolutamente increible. Y también me he leído casi todos los tebeos en los que aparece, que forman parte de este tortuoso camino hasta llegar a los West Coast Avengers que han salido este mes, que es de lo que venía a hablar en realidad. Su primera aparición fue en el número 1 de Young Avengers (2005), uno de los primeros experimentos Marvel dentro de esta (como diría un facha conspiranoico) "agenda progre-Illuminati disfrazada de cultura pop que pretende lavarnos el cerebro a todos y convertirnos en hermafroditas sometidos bajo el yugo de la dictadura feminazi de lo políticamente correcto": un grupo de chavales, formados por una especie de Capitán América nigger (Patriot), un Hulk soplanucas (Hulkling), un brujo escarlata muerdealmohadas (Wiccan), una Capitana América chicana (America), y esta Oja de Halcona, entre otros. Nacidos tras la primera y maravillosa Civil War, la serie tuvo tres etapas largas (entre otras miniseries, especiales, spinoffs y toda la pesca capitalista e insufrible de siempre): las dos primeras, escritas por Allan Heinberg y dibujadas por Jim Cheung (2005-2008), son una obra maestra absoluta, que seguí con fervor y que es altamente recomendable. La tercera (2013-2014) se la encargaron a un equipo creativo indie, Kieron Gillen / Jamie McKelvie, responsables de The Wicked + The Divine para Image, que por lo visto gustó mucho a la juventud pero yo la dejé a medias porque no me interesaba nada. Es en estos tebeos donde se desarrollaron más los personajes de Kate Bishop y America, BFFs desde entonces.


El siguiente personaje raruno que han incorporado a la alineación de West Coast Avengers, es Kid Omega, un joven mutante nivel Omega (es decir, con una capacidad destructiva realmente, pero realmente tocha) de mal carácter y muy rebelde. Empezó a salir en algún momento de la etapa de Grant Morrison y Frank Quitely en X-Men, que es precisamente cuando yo dejé de comprarlo en grapa después de décadas, no sé muy bien por qué. Pronto se convirtió en personaje fijo en la serie Wolverine & The X-Men (2011-2014), la versión para los dosmildieces de la Academia Xavier, es decir, la continuación natural de los Nuevos Mutantes / X-Force / Generación-X. Los jabatos, los benjamines, la cantera, la Masía que algún día llegará a liderar la Patrulla-X si tienen el carisma suficiente. Quire es un gamberro, se escaquea de las clases, y amenaza con destruir el mundo con tal de chinchar a Lobezno, pero acabaron haciendo una buena pareja y de hecho Quire siempre acaba haciendo el bien pese a las tentaciones del Club Fuego Infernal. También pasó por la serie nueva de Generación-X, pero era una mierda y no duró nada, así que debido a su potencial ahora se le han llevado a la Costa Oeste, aunque ya digo que tiemblo solo de pensar en su futuro.


Y por último, el otro gran fichaje progre de West Coast Avengers, y que ha hecho que se convierta en mi serie favorita del momento pese a que acaba de empezar, es Gwenpool. Otro personaje moderno, surgido de un lavado de cara millennial, pero que si nos olvidamos del trazo grueso y la aparente normalización desvirtuada, descubriremos que los prejuicios hacia el personaje son una imbecilidad, que Gwenpool mola infinitamente más que Deadpool y que tenemos una joya en bruto que ojalá dure para siempre. El origen de este personaje de breve trayectoria es uno de los más curiosos de la historia de Marvel. El puto pesado de Deadpool, del que ya hablé (mal) hace poco en una reseñita de su segunda peli, tiene siempre una serie regular o dos y docenas de miniseries en los anaqueles, y una cualquiera de ellas se llamaba Deadpool's Secret Secret Wars (2015), una vueltita de tuerca jacarandosa de esas suyas al hilo del mega-acontecimiento Marvel de 2017, en la que visitaba y se ciscaba en las Secret Wars originales de los 80. A lo largo del siglo XXI, otra cosa a la que nos hemos acostumbrado, igual que a los cambios de sexo o de raza, y exactamente por los mismos motivos (es el mercado, amigo), es a que en USA un mismo tebeo salga con distintas portadas; a veces dos o tres versiones diferentes, y a veces 52 u 800, dependiendo del milestone al que nos enfrentemos. Para el número 2 de Deadpool's Secret Secret Wars, le encargaron una commission a Chris Bachalo, uno de mis dibujantes favoritos de siempre, y como ese mes se encargaban muchas portadas alternativas dedicadas a promocionar a SpiderGwen (una versión de Spider-Man de un universo alternativo en la que la araña le había mordido a Gwen Stacy; más imaginativa progresía), a Bachalo se le ocurrió dibujar cómo sería Masacre si bajo la máscara estuviese Gwen Stacy, una loca del coño mercenaria asesina vestida de rosita, tranquilamente tomando un algo en una piscina.


La portada rosita se viralizó entre el fandom y gustó muchísimo, tanto que muchos fans pedían merchandising a Marvel, o se disfrazaban con cosplays del personaje en las convenciones, imágenes que también se viralizaban. Así que Marvel tuvo la idea de convertir en personaje a la tía de esa ilustración. Primero apareció en algún annual, creo, o en algún número de alguna serie moderna de Howard el Pato, es decir, surgió medio de tapadillo. Pero al final le dieron colección abierta, escrita por Christopher Hastings y dibujada por Guri Hiru (alias de dos artistas japonesas de dulce estilo amerimanga), y contra todo pronóstico llegó hasta los 25 números, cosa insólita en la actual Marvel. Un día decidí darle una oportunidad, y resulta que me encantó. Me temía que aquello iba a ser una versión aún más cretina de Masacre, como un tebeo de Pafman sin gracia, pero para nada: lo que más claro tenía el autor, era que había que huir de eso. De hecho, Gwenpool no tiene nada que ver con Deadpool, ni tampoco con Gwen Stacy (más allá de su diseño conceptual, que eso ya no tiene remedio), sino que es una chica que se llama Gwen Poole, que llegó de un mundo real en el que el Universo Marvel solo son tebeos y pelis (aún no se ha explicado exactamente cómo), y que para evitar convertirse en un extra cualquiera en un rincón de una viñeta se fue corriendo a una tienda de ropa para superhéroes, para que le hicieran un disfraz que la convirtiese en un personaje con profundidad. Así que lo del traje, las katanas y el nick, fueron solo producto de una confusión de la tendera. Me parece una manera muy simpática de romper con el referente más obvio y empezar de cero con un personaje completamente nuevo, cuyo único "superpoder" es que se sabe todos los secretos de los villanos porque se ha leído los tebeos y visto las pelis, y que poco a poco se entrenará para saber usar todas esas armas de fuego y espadas que tiene. El tebeo juega continuamente con el metalenguaje, pero de una manera inteligente y sofisticada. Tiene mucho más de "El último gran héroe" que de "Masacre mata el Universo Marvel", y aquellos 25 números fueron una simpática labor de rescate de personajes olvidados, y eso a mí me gusta mucho. Gwen se convierte en mercenaria y heroína sin querer, utilizando esas habilidades mundanas, y es reclutada por M.O.D.O.K., entrenada por Batroc (siempre me ha encantado Batroc) y desface una serie de entuertos antes de incorporarse a los West Coast Avengers de manera natural, porque la Hawkeye Kate Bishop también aparecía por la colección de Gwenpool.


La confluencia de Ojo de Halcón / Oja de Halcón / America / Gwenpool tiene por lo tanto mucho sentido, se ha ido realizando a lo largo de un lustro de una forma muy guay (con Kelly Thompson como voz principal), yo lo había leído todo y es por esto que la llegada de Vengadores Costa Oeste me ha hecho bastante ilusión y la añadí enseguida a mis compras regulares. Lo de Quentin Quire es un poco más forzado, se produce por casualidad, y se lía con Gwen Poole en el primer número (lo que sí encaja perfectamente). El otro tío que sale en la moto en la portada del nº 1, es el novio de Kate, y adopta el nombre de Fuse. Otro miembro del grupo por derecho es "Lucky", el perrito amante de la pizza de Kate, que en realidad era de Clint, que se lo robó a los mafiosos del edificio de Nueva York (los mafiosos en chándal le llamaban precisamente "Flecha"... pero Clint le puso el primer cualquier otro nombre que le vino a la cabeza). Por allí aparece B.R.O.D.O.K., una versión humanizada, surfera y megaloencefálico de M.O.D.O.K., que en la serie de Gwenpool había sido mandado al espacio. Y también sale Tigra, como guiño a los Nuevos Vengadores de los ochenta, pero aquí convertida en una gigantesca y peligrosa mujer de 50 pies que ataca Los Angeles desde el mar. Y seguramente se unan nuevos miembros en breve, aunque huyo de spoilers de la edición USA. A ver qué tal avanza todo esto, que solo acaba de empezar, y cuándo nos lo matan.

jueves, 3 de enero de 2019

CICLO: Teatro de la Ciencia Misteriosa 30000 (2ª parte)


1ª PARTE


LA MALDICIÓN DE KAZUO UMEZU
["Umezu Kazuo no Noroi", Naoko Omi, 1990]
Curioso mediometraje para la televisión japonesa, que recogía dos historias del mangaka Kazuo Umezu sin relación alguna, salvo por una especie de horror host que aparece al principio y al final sobre un columpio. Sendas historias de mal rollo creadas por uno de los pioneros del ero guro animado, creo, junto con piezas similares y contemporáneas como "Midori" (Hiroshi Harada1992), a partir del cómic de Suehiro Maruo, con la que hace un programa doble perfecto. Este año se ha desarrollado un animé a partir de historias cortas de Junji Ito (Junji Ito collection), y estuve viendo un par de episodios esta tarde, así como todos los cortos de Shintaro Kago, el otro chinorris del dream team loco del terror en el manga moderno, y aquellas me llevaron a ver ésta, que la tenía hace tiempo en el disco duro. Ha sido una tarde sesteando con el gato en el regazo a pocos palmos de la tele, verdaderamente extraña.
Ambas historias están protagonizadas por niñas escolares de ojos enormes. La primera de ellas trata sobre una maldición que sobreviene a una niñita en el cole al recibir un mal de ojo de una nueva y carismática compañera de clase, y que comienza con un extraño forúnculo sangrante en el cuello. En la segunda historia, unas colegialas se internan en una mansión encantada, y acaban cortadas a trozos como salchichones, pero todo parece ser un sueño. ¿O no?

POLYBIUS: THE VIDEO GAME THAT DOESN'T EXIST
[RetroAhoy, 2017]
Encontré un canal de Youtube que hace extraordinarios documentales sobre videojuegos. De larga duración, con una dicción y un montaje soberbios, y barbaridad de imágenes de archivo. Todo montado en casa por un youtuber. Es para echarse a llorar de la emoción. De este tipo de canales de cultura pop, que ofrece vídeos informativos más que decentes, creo que ya he recomendado alguna vez en este blog a BlameitonJorge, que creía que era único en el mundo, y ahora he descubierto este otro, especializado en videojuegos. Yo no soy muy fan de los videojuegos, hasta el punto de que me interesa infinitamente más ver gameplays que jugarlos, pero sí me acerco al asunto de vez en cuando, como fenómeno cultural. Y la leyenda urbana de Polybius es un hito cultural fascinante. Francisco Jota-Pérez hizo una especie de post-novela a su costa, y conocía bastante bien el asunto y lo que le rodea; pero este documental casero de más de una hora, que busca y rebusca en toda la mitología, es probablemente el acercamiento definitivo.

CHUECATOWN
[Juan Flahn, 2007]
A Juan Flahn le conocía como novelista, a través del entorno de Cineshock, me parece, o de alguna revista de tendencias... No había visto nada suyo (tiene solo dos largos, tres cortos y un par de webseries, tras una larga trayectoria como guionista en la tele mainstream), y en alguna cadena del Plus echaron esta simpática comedia negra, ambientada en Chueca y llena de caras conocidas. Es sobre un vendedor inmobiliario que decide aportarle unos cuantos asesinatos de viejas a la gentrificación de Chueca, para convertir el barrio en un paraíso para mariquitas (y si acaso, alguna pareja de heteros modernos). Abslutamente predecible, como un episodio alargado de alguna sitcom, no obstante un amable entretenimiento.

HELL BENTO!! UNCOVERING THE JAPANESE UNDERGROUND
[Anna Broinowski, Andrew Sully, 1995]
Sumido en un arrebato de eroguromanía, llegué hasta este documental sobre subculturas japonesas de mediados de los noventa. Con una curiosa y sencillísima estructura en seis partes, analogía de un un bento japonés, cada capítulo es asociado con un tipo de sushi y un viejo proverbio. Así, a través de entrevistas e imágenes de archivo, repasa aspectos tradicionales del estilo de vida urbano, pero hurgando en su lado más alternativo y bizarre. En "Gender", conocemos a un par de trans y unas "profesionales del sexo" que hacen performances extremas (a medio camino entre la Macnamara de los 80 y Annie Sprinkle); en "Family" el epicentro es el hogar de la cantante de las 5, 6, 7, 8's, que cuenta cómo el tradicionalismo choca con las nuevas tendencias musicales (también aparecen Guitar Wolf o los desnudistas The Jet Boys); el capítulo "Art" apenas escarba en las tendencias de la época, encabezadas por el fetichismo de una ex niña prodigio transformada en geisha extrema (Hanayo), o las propuestas de Tetra y Merzbow (nada que ver con la locura de las décadas posteriores); "Speed" se apoya en una curiosa entrevista a un par de miembros de la yakuza pixelados, que no solo hablan sobre el éxito de esta droga en todas las clases sociales, sino también del gusto nipón por la violencia y las armas de fuego (también entrevistan a un historiador japo llamado Robert Harris, y a un miembro de un remedo de los Hell's Angels); el capítulo "Money" indaga en los indigentes y habitantes del subsuelo, que ya entonces se habían multiplicado hasta ser casi una tribu urbana mayoritaria; y "Nation", una especie de corolario, ahonda en la premisa general que sobrevuela todo el documental: cómo tras la IIGM una gran parte de la población japonesa se siente tan atraída por la cultura norteamericana como en cualquier otra parte del mundo, y se han ido perdiendo las fuertes ataduras culturales con unas tradiciones milenarias que parecían inquebrantables. Rockers, moteros, chicas cheesecake y nostálgicos de todo tipo adoran la cultura yanqui, y habitan en la isla asiática como si ésta fuese un estado más de los USA. Un desarraigo que se ha ido escurriendo a través del cine y la tele en las últimas décadas, y ha dado lugar a todo tipo de subculturas híbridas, pero eminentemente americanas. Tal vez por la fecha de la cinta, apenas se escarba un poco en todo esto, y pese a ser un documento extraordinario y muy curioso, resulta demasiado poco estimulante en 2019.

DOÑA MACABRA
[Roberto Gavaldón, 1972]
Con todo dispuesto para la siesta, resultó que esta pequeña peliculita mexicana se impuso y me entretuvo muchísimo. En España tengo entendido que solo hay tres o cuatro películas de terror anteriores a la muerte de Franco, debido al páramo cultural que habitamos aquí durante la dictadura. En México, sin embargo, tienen miles y miles de películas de fanta-terror de todas las épocas, tonalidades y estilos, y que además pretendían ser un entretenimiento pulp sin mayor ambición artística, sin ningún interés por el morbo, la sangre, el giallo, el slasher, el epatar en definitiva. Miles de historias sencillas de fantasmas, aparecidos, leyendas macabras, superhéroes, luchadores, monstruos, cuentos clásicos sobrenaturales y tradiciones, para entretener a toda la familia en las butacas o ante el televisor. Por su cercanía a Hollywood y su idiosincrático culto a la muerte, el cine de terror mexicano es inabarcable, y lleno de sorpresas a descubrir por el aficionado al cine de género.
Esta curiosísima comedia negra fue la actualización a colores de una telenovela de 1963 protagonizada por Amparo Rivelles, recordada como la primera de humor negro. Contaba la historia de una pareja de ancianitas (Armida y Demetria), a la sazón brujas pirujas, temidas en su vecindario, que reciben la visita del matrimonio formado por el sobrino de Armida, alias Doña Macabra. Resulta que los nuevos inquilinos, lejos de ir a pasar unas tranquilas vacaciones en la mansión, se han llevado un artefacto mecánico detector de tesoros, y pretenden saquear las catacumbas del lugar. Un tétrico caserón repleto de misterios, gimmicks, fieras, figuras de cera, tipos en traje de gorila y monstruitos, una sucesión de enredos cómicos, un tanto de slapstick (donde el sobrino siempre se lleva los golpes orquestados por las viejas) y un par de números musicales conforman esta historia en la que nada es lo que parece. Divertida, de ritmo adiabolado y a vivos colores, el pasatiempo perfecto para un día lluvioso.

DÚPLEX
[Danny DeVito, 2003]
Ya de pleno en 2019 (escribo esto a 18 de enero), llevo unos días sin ver tanto cine de género, me calmé un poco, comenzó la programación habitual del Plus o los programas de radio y podcasts que escucho y recuperé esas rutinas, aparcando lo de ver tres pelis diarias con la mente en blanco, como hice durante la Navidad, que vi unas 40 películas entre el 20 de diciembre y Reyes, una locura... En esta semana que llevo sin actualizar esto, he visto unas cuantas pelis, pero no de fanta-terror, y por lo tanto no tienen cabida en este breviario de visionados cienciamisteriosos; pero me pillaron en jornadas especialmente sensibles, y aunque algunas eran porquerías llenas de agujeros de guión, predecibles, flemáticas, en cierto modo las disfruté y me dejaron poso. Aunque fuese por los protagonistas, como la fallida fábula para amas de casa pijas "Como la vida misma" (Peter Hedges, 2007), con un Steve Carell pusilánime y recién divorciado, que se enamora de una pava nada más verla (Juliette Binoche) durante un retiro familiar, y se comporta como un adolescente porque ella le pertenece a él porque lo dice la ley de Hollywood; o "Dime con cuántos" (Mark Mylod, 2011), una comedia cafre y farrelliana de Anna Faris y Chris Evans, increíblemente estúpida (como queriendo simular ser una franquicia del papel de la Faris en "Scary movie"), pero que me tuvo atrapado por la fotografía y escenografía de fantasía, bien bonitas, con esos apartamentos horror vacui en el casco viejo irlandés de Boston. Y alguna otra bobadeta que echaran en el Plus. Ah, me he visto las tres temporadas de Angie Tribeca, que la tenía olvidada y me río mucho, la segunda de Verguenza, terminé de ver Kidding y no sé qué más.
Y un día busqué "Dúplex" en el fondo de armario del Canal Plus, y ahí estaba. Es una comedia física que me encantó cuando la vi por primera vez en su estreno (hace ya 15 años), de la que nadie se acuerda pero que tiene para mí un encanto muy particular. Danny DeVito, tan encasillado como actor con ese físico peculiar de enano gamberro (aunque muy querido, al menos en esta casa), pasa muy desapercibido como director, pero tiene una filmografía más que decente desde 1973 (a destacar obras de culto como "Smoochy"). Esta "Dúplex" me gusta tanto, tanto, que había asumido erróneamente que era de Frank Oz... El argumento no es nada original, de hecho la premisa es básicamente la misma que la de "El quinteto de la muerte" (y su secuela macarra de los Coen); y de hecho buscaron una viejecita practicamente clónica de la del referente original (una anciana de físico fascinante, fallecida en 2015, y que debutó en el cine a los 79 años). El tema del vecino insufrible al que se intenta eliminar y todo se vuelve en contra es también un cliché en todos los rincones del audiovisual, desde los dibujos de Will E. Coyote hasta "Mis locos vecinos", y también hay docenas de comedias de desastres sobre recién casados que se van a vivir a una casa con truco ("Esta casa es una ruina" es solo la más famosa). Pero en ésta, aparte de la química entre Ben Stiller y Drew Barrymore (te tienen que gustar estos actores, claro, y a mí me chiflan ambos), todo funciona como un reloj, y DeVito lleva el negrismo hasta sus consecuencias más extremas, con momentos de auténtico mal rollo y casi de apartar la mirada antes de que todo explote. Aunque una vez más, entre lo que más me gusta de estas comedias de alto presupuesto, es mirar esa casa y ese vecindario y fantasear con quedarme a vivir.

LA MUERTE OS SIENTA TAN BIEN
["Death becomes her", Robert Zemeckis, 1992]
En otro rato muerto en la tele echaban esta otra comedia negra, ya clásica, que mira por dónde nunca había visto entera. Recuerdo haberla empezado alguna vez hace tiempo y quitarla, y esta vez comprendí por qué la abandoné, por qué tiene algo pegado a su matriz que hace que provoque rechazo, por qué parece que tiene tan poco sentido que Zemeckis, después de toda la saga de "Regreso al futuro" o "¿Quién engañó a Roger Rabbit?", realizase esta comedia tan negra y tan desasosegante; pero más chocante aún resulta que se prestasen Meryl Streep y Goldie Hawn a interpretar esos papeles tan contrahechos. Me ha vuelto a parecer una comedia fallida y un poco incómoda. No hace mucha gracia, el guión no daba para tanto (siempre se ha dicho que es como un episodio alargado de The twilight zone, y creo que esta afirmación le sienta tan bien...), y no termina de cuajar como homenaje al cine fantástico clásico. Desborda por todas partes el derroche de talento y efectos especiales, al servicio de un producto alargado y algo mediocre. Esto hubiera tenido más sentido, creo yo, como una serie Z macarra, gore y purulenta de Peter Jackson, Stuart Gordon o hasta Henenlotter, que disfrazada el episodio de Halloween de Luz de luna. O tal vez, se me ocurre ahora, que el "problema" es solo Meryl Streep, que estaba llamada a otro tipo de papeles y es la que hace que todo sea tan raro.

ADJUST YOUR TRACKING
[Dan M. Kinem, Levi Peretic, 2013]
No conocía este extraodinario documental sobre coleccionistas de VHS, un homenaje diáfano y maravilloso a los putos locos que acumulan la basura de otros en su apartamento, en el lugar donde debería ir la cocina o el cuarto de los niños. Más allá de "Rewind this", este se centra en verdaderos chiflados del cine basura, e incide en los aspectos más enfermizos del coleccionistmo de cintas de terror, con declaraciones de Lloyd Kaufman (el único "famoso"), un editor de Fangoria, los responsables de Everything is terrible! y numerosos bloggers, vloggers y redactores de páginas web o fanzines de fanta-terror con pinta de asesinos en serie. Además de los contenidos y las mil y una anécdotas sobre el amor incondicional hacia estos objetos magnéticos, quedadas del fandom, diseños bizarros y fraudulentos de carátulas, las cintas más buscadas y legendarias (un día de estos me veo "Tales from the QuadeaD Zone", que está en Archive.org), etc., lo más chulo del documental es el grafismo y las infografías, con tebeos cutres ilustrando algunos comentarios, viejas y diversas etiquetas de VHS para los rótulos, y un montón de marcas de tracking, ruido blanco y fallos de imagen que surgen todo el rato. De hecho, con dos huevazos, el documental está en formato 4:3, y seguramente se estrenó en VHS en pleno 2013.

LANGOLIERS: UN VIAJE EN EL TIEMPO
["The Langoliers", Tom Holland, 1995]
Estoy escribiendo otro librito nuevo, y este visionado me venía al pelo, por cuestiones "laborales". Pero como fan de Stephen King, siempre es un placer acercarse a sus creaciones. Esta adaptación de King es de las poco conocidas, porque se estrenó en forma de miniserie para televisión, dos películas de hora y media seguidas bastante reposadas, que yo me he visto también en dos días consecutivos. Y porque Tom Holland ya estaba en horas bajas. Bastante aburrida, lo único simpático de toda la trama son la niña ciega y el personaje de Bronson Pinchot, de esos diez personajes planos que toman un vuelo a Boston que repentinamente se queda estancado en algún lugar indeterminado del espacio-tiempo. Aparte de la mala baba del personaje de Pinchot (bastante impresionante en este registro, el único que ha al margen de la comedia), no sucede prácticamente nada durante las dos primeras horas, hasta que se dan cuenta de la situación, y hasta que, por fin, aparecen esos bichejos devoradores del tiempo que prometían casi desde el principio. Una vez más, el cine de ciencia-ficción de los 90 adolece de unos efectos digitales ridículos, que han envejecido fatal. Deberían haber optado por las marionetas para las croquetas esas, en lugar de contratar al responsable de CGI de Hugo, el concurso interactivo de Telecinco.

¡QUÉ RUINA DE FUNCIÓN!
["Noises off!", Peter Bogdanovich, 1992]
Igual que la anterior, volví a ver la otra noche esta estupenda película "por motivos laborales" (si alguien leyera esto, y quisiera, podría tal vez entrever con estas dos pistas sobre qué tengo previsto publicar un librito en breve), pero también porque me apetecía, ya que guardo mucho cariño hacia ella. Uno de los homenajes más tiernos, creo yo, al mundo del teatro, de la screwball comedy clásica, con un reparto delicioso y sin pretensiones. Con ese reparto tan curioso, repleto de caras conocidas de la televisión mainstream, y especialmente actores que estaban tan encasillados en sus roles de telecomedia como Carol Burnett, John Ritter y Mark Lynn-Baker, verles interactuando en esta historia entre bambalinas, o en largos planos secuencia sobre el escenario, genera una sensación realmente curiosa y metalingüística. Con el añadido en la versión doblada de las voces habituales de estos mismos, o la de Carlos Revilla en el papel principal; y más aún cuando otro de los principales es Christopher Reeve, prácticamente en el único papel sin capa en el que se le recuerda (junto al anodino remake de "El pueblo de los malditos"). La explosiva rubia que se pasa media película en ropa interior (Nicollette Sheridan, otra cara conocida de la sitcom para el espectador americano de entonces) también me chocaba mucho de joven, en esta comedia tan blanca, y le aportaba varias dosis de morbo a esa sensación de estar colándonos en un ensayo privado de una compañía, observando algo a lo que no estábamos invitados. Con estos elementos, más los geniales Michael Caine y Denholm Elliott, ese ritmo trepidante pero nada estridente (ya podían aprender algo de esto las telecomedias españolas llenas de gente gritando y un ritmo forzado e incómodo), montones de chistes y slapstick, la convierten en una comedia ligera perfecta. No me explico por qué es tan poco recordada y reivindicada.

DESCONGÉLATE
[Félix Sabroso, Dunia Ayaso, 2003]
Soy bastante agradecido hacia el trabajo audiovisual ajeno, y poco paciente además, así que si me pongo a ver alguna película que en principio no me seduce mucho, es porque el momento lo requiere. A priori, el cine de almodóvarxploitation, que es mi concepto hacia lo que hacen Sabroso y Ayaso o Albacete y Menkes, deduzco que no es para mí, pero el pasado domingo a la sobremesa algo me animó a ver esta comedia negra que está en los sótanos de Netfilx, a ver qué tal, sin mucha expectativa, a ver si se sobreponía a la siesta, y así fue. Me gustan mucho todos los actores que salen, y al que más me apetecía ver era a Óscar Jaenada, que estuvo estupendo (en todos los sentidos) el otro día en La Resistencia, y me cayó debuti. Como fuere, esta es una historia de asesinatos en Lavapiés, que armoniza bastante con "Chuecatown" de la que hablaba hace unos cuantos scrolls, en la que a un desgraciado (Pepón Nieto) que actúa en el bar de mala muerte de su hermano (Rubén Ochandiano) imitando voces, y que vive con su mujer (Candela Peña) al lado de su madre (Loles León), se le acerca un director de cine (Jaenada) para ofrecerle el papel de los sueños de cualquier actorcillo, en una peli de alto presupuesto, que le va a cambiar la vida. Lo que pasa, es que justo antes de firmar el contrato, mientras están discutiendo detalles en casa de Pepón y Candela, el director, que es un bala perdida, (espólier:), se les muere. Así que lo ocultan y tratan de sacar adelante la firma del contrato, pese a todo, para cobrar los millones aunque la peli, claro, se supone que ya no se vaya a hacer. Una comedia muy maja.

DOUG STANHOPE: DEADBEAT HERO
[Shawn Amos, 2004]
Como en este cajón de sastre cabe todo, y sigo aún fielmente enganchado a Phi Beta Lambda, voy a hacer acuse de visionado del cómico americano al que homenajeaban allí al comienzo del último programa, y que no tenía el gusto de conocer, pese a ser uno de los titanes del stand-up chungo. De hecho, aparte de este especial (absolutamente crudo, en un tugurio subterráneo, sin cortes y en blanco y negro), me estuve viendo docenas de cortes de otros shows, entrevistas y varias cosas de él (por ejemplo, su "columna" en un noticiero canallita de la BBC4, Charlie Brooker's weekly wipe, en la que hace de una especie de corresponsal bizarro y borracho opinando sobre fenómenos culturales de la EE.UU. del momento). Básicamente, todo lo que está subtitulado de él en la red. De Stanhope me sonaba el nombre, sabía de su existencia, pero nunca me había puesto a ver un show suyo. Y es que ya digo que Phi Beta Lambda me tiene rastreando y viendo más comedia que nunca, como creo que a mucha gente. Stanhope es el cómico de estilo deadpan más crudo e hijodeputa que yo haya visto. Su herramienta es la comedia observacional, basándose en elementos cotidianos, pero llevándolo al extremo de la grosería y la incorrección. Es un puto borracho, se bebe unas treinta cervezas durante la rutina, y con su voz y su pinta de muerto viviente cuenta cosas como que habría que prohibir la llegada a América de más bebés; que tiene previsto practicar la eutanasia a su madre, que está en las últimas, pero por el método de ponerla un cinturón de explosivos y llevarla a un Subway; que los policías son basura, que todo el mundo es una mierda, que el aborto, que viva la guerra, en fin, en ese plan. Pura Cultura del Apocalipsis, con momentos verdaderamente incómodos. Lo del blanco y negro y el grano, supongo que es para no ver cómo la mitad de la audiencia más confundida se va largando de allí, porque es durísimo y realmente brillante.

JERRY SPRINGER UNCENSORED: WINTER SPRINGERLAND
[Jerry Springer, 2007]
A lo tonto junté más de 430 mixtapes en una carpeta, así que voy a ir dando salida a algunos al azar. Y la lotería de hoy me hizo ver este especial de la televisión, que en realidad no es exactamente un mixtape, ni una recopilación de sobradas del show de Jerry Springer (que nunca faltan en muchos de los zappings habituales del género), sino un programa tal cual, entero. Se ve que el gilipollas de Springer, después de una década de conducir la basura más abyecta de la tele americana, el típico talk-show cuyo principal objetivo es que los invitados se peguen de hostias, terminó pasándose al pay-per-view, para continuar su labor de gilipollas ya sin complejos: pergeñando el programa de entrevistas más chusco, ramplón y miserable jamás imaginado. Si durante su carrera original hubo tanta polémica que se hizo de oro editando VHS y DVDs con esos trozos del programa imposibles de emitir que se perdían en la sala de montaje, tipo too hot for TV, banned from tv, llenos de violencia salvaje, blasfemias, calvos, boob flashing y todo eso, sus últimos días como gilipollas se centraron exclusivamente en programas porno, en los que una audiencia enfervorecida asistía a peleas amañadas entre tías en pelotas, tipos sacándose la polla todo el tiempo y estrellas porno montándoselo en el escenario B. No sé cómo llegó a mí este especial de los cientos que hizo (o hace), pero ya lo he visto casi entero, y ya lo puedo borrar de una vez. No da ni para paja, ni para cinta de Crazy Dave, y no se lo recomiendo ni al más gañán de mi grupo de Whatsapp del cole.

EL UMBRAL DEL JUEGO
["Mazes and monsters", Steven Hilliard Stern, 1982]
Dos años antes de "Despedida de soltero", y doce años antes de los asesinatos del juego de rol de Madrid, Tom Hanks protagonizó este curioso telefilm disuasorio, sobre los peligros de jugar a Dungeons & Dragons, en plena fiebre por este nuevo género de entretenimiento que, como sucede siempre con toda la cultura pop, generó controversia, terrores y presagios apocalípticos por parte de la prensa y los tolis más conservadores. La película se basó en un bestseller de Rona Jaffe, que a su vez era la adaptación de un hecho real: la controvertida desaparición de James Dallas Egbert III, supuestamente relacionada con este juego, pero que en realidad todo fue un curioso invent. La peli es puro telefilm de sobremesa, con música de saxo, actores mediocres y bajo presupuesto, pero con un trasfondo nerd bastante pronunciado, y bastantes referencias friquis: el estreno de "El imperio contraataca", "E.T." y "Creepshow" en una marquesina, conversaciones sobre Star Trek, pósters de pelis como "Blade runner" en la habitación (aún no suficientemente "ochentera") del prota... Aunque la peli es lenta y seca, que solo se deja ver por ser el primero protagónico de Tom Hanks, el argumento es fascinante por lo estúpido, y acaba enganchando: porque jugar a D&D en los ratos libres de la universidad no solo lleva al dungeon master de turno a desarrollar tendencias suicidas, sino sobre todo al personaje de Hanks a perder inmediatamente la cabeza, y abandonar por completo la cordura para convertirse para siempre en el guerrero desfacedor de entuertos y matador de dragones que se inventó en la ficción del juego. Acaba internado en un manicomio después de un episodio dramático en el World Trade Center, al confundir a las dos torres caídas de Nueva York con las de Tolkien... La película está doblada (con algunos fallos en los que se escucha la pista original de fondo), y se estrenó en Antena 3 en 1991.

BIMBOVISION TV
[Bambibimbobarbie, 2016]
Buscando una cosa para el amigo de un amigo en PornHub, me encontré con este video-mixtape que tiene hasta ahora tres secuelas, y que me ha parecido una virguería. La BimboVisión es un concepto postapocalíptico, que consiste en el bombardeo de imágenes pornográficas mezcladas con mensajes de sumisión, hipnotismo, consumismo y música pop, conformando una especie de cinta para el lavado de cerebro femenino. Si esa leyenda sobre chicas Disney sometidas al proyecto MK-Ultra para transformarlas en esclavas sexuales es cierta, estos cuatro montajes serían el método de control mental empleado por la CIA. Son cuatro collages que remezclan con brillantez cientos de atropelladas imágenes de celebrities hipersexualizadas, vídeos de pop naïf y hip-hop basura, montajes con pechos desproporcionados a partir de fotos de famosas, escenas de cine mainstream, stories de influencers sexis de Instagram y por supuesto muchísimo porno hardcore, emitidos en bucle bajo una constante base de gemidos y murmullos susurrantes que invitan al abandono de la conciencia y la asunción de una nueva vida como pornstar rubia y descerebrada. El video-mixtape para adultos que hubiera perpetrado Tyler Durden para el Proyecto Estragos. La cinta de entrenamiento que, en la mente de un conspiranoico extremo, habrían puesto sobre la cuna durante años a Katy Perry, Britney Spears, Taylor Swift, Christina Aguilera, Iggy Azalea, Jessica Alba, Milla Jovovich, Megan Fox, etc., tan protagonistas aquí como las docenas de estrellas porno. Más hipnótico, ideológico y eficaz como pieza de exaltación del absurdo de la cultura audiovisual contemporánea, que como vídeo sicalíptico o compilation porno (que también, por supuesto; de hecho, este puede que fuera su único objetivo, con disfraz irónico), estas cuatro piezas de media hora tienen un toque artie y camp, e inevitablemente hace reflexionar sobre la nueva carne, el post-feminismo y la cultura de la violación. Y en grado creciente de exposición erótica: mientras que las dos primeras entregas son algo más comedidas, la tercera ("Revenge of the bimbo sluts") y la cuarta ("Oral whore (Slideshow special)") fases ya se sumergen en el porno duro y salvaje; pero con una cadencia extraña, desasosegante y culpable, que provoca más incomodidad e introspección que lascivia.

EMISARIOS DE OTRO MUNDO
["Not of this Earth", Roger Corman, 1957]
Curioso programa doble me he metido esta tarde, como si el salón fuese un autocine barato, dos revisiones que tenía bastante olvidadas: la chatarra original de Corman es un clásico del cine de monstruos de bajo presupuesto de los cincuenta. Una historieta pulp de ciencia-ficción, marcianos y vampirismo sin efectos especiales. Un emisario de un planeta al borde de la extinción (Paul Birch) está entre nosotros reclutando sangre y tratando de llevar a cabo una dominación en 6 fases para suministrar hemoglobina a todos los de su mundo. Para ello se ha instalado en una mansión, con un botones macarra (Jonathan Haze) y una enfermera (Beverly Garland) que le proporciona transfusiones. Recolecta sangre de tipos a los que secuestra y somete mentalmente con ayuda de su guardaespaldas sirviente. Pero todo se le va al garete enseguida cuando, al cuarto o quinto de los miles de millones que iba a vampirizar, aparecere otra emisaria del planeta Davanna, una tía con las mismas gafas de sol, y es descubierto. Entretenidísima, pura golosina para los delincuentes juveniles de la época.

VAMPIROS DEL ESPACIO
["Not of this Earth", Jim Wynorski, 1988]
Ese gamberrismo greaser, esos toques de sensualidad que tenía la Garland con su novio, la Garland en la piscina o el ayudante punk, fueron transformados en el erotismo pop habitual de Wynorski en esta exploitation mimética, 31 años después. Por lo visto, se apostó con Corman a que podía hacer un remake de su peli en 12 días, y lo consiguió (en 11 y medio). Claro que el guión ya estaba, y apenas se limitó a suecarla plano a plano, y añadirle unas pocas escenas de relleno en los flashbacks o los títulos de crédito, tirando de viejas monster movies del propio Corman. Puro cachondeo: a la enfermera mona la sustituye directamente por Traci Lords (en uno de sus primeros papeles tras el escándalo de haber rodado 60 pelis porno siendo menor de edad; y sería la última vez que se despelotaba ante la cámara); al vendedor de aspiradoras interpretado por el icónico y eterno Dick Miller (qepd) por otro macarrilla rockabilly (el televisivo Michael DeLano), a la loca del banco por Monique Gabrielle, a los tres borrachos por tres prostitutas neumáticas, la cinta en el pelo que olvida Beverly en el sótano por unas gafas de sol rosas como las de Lolita, los theremines por techno, el cáncer por sida, los coqueteos por tetas bamboleantes... Un curioso y graciosísimo experimento de actualización, de la baratura clásica de Corman a los modismos propios del cine ochentero y el videoclub mugriento, con toda la desfachatez y el respeto que merecía.

POPEYE
[Robert Altman, 1980]
Nunca había visto esta extraña película, porque me daba miedo cuando era pequeño. "Popeye" es un personaje reivindicado últimamente, cuyos tebeos están siendo reeditados y cuyos dibujos animados son tratados por algunos como auténticas obras maestras del audiovisual. Yo siempre fui bastante refractario a este personaje, a Gordito Pilón (que es como le llamaban en el cartoon), a Olivia y a esa colección de tipos grotescos y repelentes, como digo, porque me daban miedo de niño. No sé por qué me dio por ponerme la película ayer a mediodía mientras hacía manualidades, y es tal y como la recordaba: terrorífica, absurda, bizarra, pocha, incomprensible. El diseño de producción es hermoso, y la foto, y la paleta de colores. Los números musicales creo que han ganado mucho con el tiempo, por lo hilarante de la traducción y el doblaje. Y Robin Williams pues es que da gusto verle. Pero todo lo demás es tan fiel a los dibujos animados, que me seguía produciendo cierto rechazo. Casi tan desasosegante como "Hook".

SPIDER-MAN: UN NUEVO UNIVERSO
["Spider-Man: Into the Spider-Verse", Bob Persichetti, Peter Ramsey, Rodney Rothman, 2018]
No puedo evitar sentirme bastante miserable, porque al final no fui a ver "Into the Spider-Verse" al cine. Hace dos meses que se estrenó, y he planificado ir a verla al menos cuatro veces. Es más: fui a verla una vez con mi-amigo-de-ir-al-cine-a-ver-pelis-de-superhéroes, pero por alguna circustancia que no recuerdo exactamente, acabamos viendo "Bohemian rhapsody". Como atenuante, señor juez, debo decir que estoy en una situación bastante crítica, y que hasta el más ridículo y gratificante desembolso se me antoja superfluo desde hace ya demasiado tiempo; no gasto casi nada, como de marcas blancas, no he encendido casi la calefacción este invierno, salgo menos de casa que la alfombra. No fui ni siquiera a ver la exposición de carteles contraculturales, porque cobraban 4 puñeteros euros. Solo me he comprado dos libros desde noviembre, y en plan trueque, por mis propias ventas de libros. Pero ir a ver "Into the Spider-Verse" era un asunto que me obsesionaba. Estoy en un par de procesos en mi búsqueda de empleo, es posible que la situación se solucione la semana que viene, y por fin pueda operar al gato, devolver las deudas, volver a comer de la segunda marca más barata del lineal. Salir de vez en cuando. O puede que la cosa vaya a peor. Por eso estoy tan histérico, no pienso con claridad y no me concentro en nada. Como sea, no me gusta descargar películas de estreno, ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que lo hice, pero con esta no he podido resistirme. Esta sobremesa no he podido evitarlo más. Acerqué el sillón orejero a un par de palmos de la tele. Conecté el equipo a los altavoces gigantes. Preparé café con pastas. Cerré las cortinas. Subí el volumen. Dejé de parpadear. Me fundí con ella y se me quedó cara de tonto desde los primeros segundos, pese a su confusa trama, pese a la poca gracia que me ha hecho siempre Peter Porker (menos aún que Spider-Cerdo de "Los Simpson: La película"), pese a estar en las antípodas de todo lo que representaba el Spiderman clásico al que amo desde niño, y pese a la estética urbana y millennial con la que se supone que no debería contemporizar lo más mínimo: esta es una de las mejores películas que he visto jamás. Ha sido una catarsis, un rapto, una sublimación, ha superado las altas expectativas que había puesto. Me he olvidado de quién era durante un par de horas, y ya solo eso merecía la pena. Ahora sé cómo se sintieron los feligreses al ver "La pasión de Cristo". Ver "Spider-man: Into the Spider-Verse" ha sido  para mí lo que para otros bañarse en el Ganges, cruzar el Rubicón, que te alcen las aguas del Jordán, que te rocíen la cabeza con la sangre de la aorta de un pollo recién descabezado en mitad de un pentáculo mientras recitas un grimorio y violas una cabra. Ha sido como subir al Olimpo, alcanzar el Nirvana, tocar en Nirvana, entrar en los reservados del Roxy, estar sentado a la derecha del padre, autotrepanarse un tercer ojo. Como que Indiana Jones encuentre el Arca, Harry a Sally, la policía a Publio Cordón, Marco a su madre o los padres de Madeleine a su hija. Como comerse un pitufo, al Correcaminos, a Piolín y a Bugs Bunny en la misma merienda. Que Flanders fracase, publicar un artículo en el Chicago Crónicol, que te atienda el Sopero Nazi, vencer al Repatidor 2000, casarse con Kelly Kapowski, con Maddie Hayes, con Topanga, con Valle o con Barney Stinson. Ha sido como si la Montaña de Basura me dijese lo que quería oir. He disfrutado más que si hubiera salvado a Gwen Stacy de aquel Snap!. En el nombre de Spider-Man, y de Miles Morales, y de Stan Lee, Excelsior! Puedo ir en paz.