domingo, 6 de octubre de 2019

Reader's Digestivo (1)


No sé por qué me pasa que no me apetece nada hacer nuevas entradas en el blog, y solo actualizar los posts de tipo conjunto. Esas entradas en las que apelotono visionados audiovisuales, que me parece que nadie va a leer, que no se actualizan en los feeds, que son más discretas y que acaban siendo una especie de sección completa de crítica como las de las revistas, con sus carátulas pequeñitas... Como las del maratón Noche de Lobos o las de Teatro de la Ciencia Misteriosa 30.000. Eso sí que sigo actualizándolo de vez en cuando. Creo que es porque llevo meses intentando hacerme (o más bien, que me hagan...) una página web nueva, que solo tendría entradas cortitas de este tipo. Tengo hecho el diseño, me tiré mucho rato haciendo el diseño (que además creo que es muy bueno y muy original), pero mi colega el informático pasa totalmente de mí. No sé si alguna vez existirá esa web, pero como ya me había hecho a la idea de aquel formato, pues ya paso de posts normales en este blog.
En cualquier caso, voy a empezar otra nueva serie de posts conjuntos, en los que ir anotando lecturas de libros, tebeos, documentos, etiquetas de champú o lo que sea. Lecturas a cholón. Para darle empaque, lo primero que se me ha ocurrido ha sido un homenaje a la decana y bizarra revista (Selecciones del) Reader's Digest, que en realidad no es una revista sobre crítica literaria, sino, como su propio nombre indica literalmente, una especie de "resúmenes para el lector" de artículos extraídos de otras muchas revistas.
El concepto del Reader's Digest me parece maravilloso, tengo tres palmos de RD españoles de los 50s a 80s por ahí tiradas en el suelo del almacén, y de vez en cuando los repaso, escaneo algunos artículos o recorto anuncios viejos (unos pocos decoran las paredes de la cocina) y luego los tiro. Porque me parece un poco enfermo y triste coleccionar RD, es algo que llevo en secreto; me hace mucha gracia la iteración que se le dio aquí con lo de "Selecciones" (...selecciones de los resúmenes...); y aún más gracia me hace el nombre que le dio el titánico Carlos Revilla, en boca de Homer Simpson, en el episodio de Los Simpson en el que descubre la revista y se obsesiona con ella, y quiere que toda su familia, como él, sepa la cantidad de sabiduría que contiene ese volumen que solo cuesta 3,99$: en la versión original, a la revista la llamaron Reading Digest; y al genio de Revilla, quién sabe si medio improvisando o por qué, se le ocurrió denominarla, a lo largo de todo el episodio, el Reader's Digestivo. Y me parece un nombre insuperable, así que ahí se queda.


Faltan 25 días para Halloween, empieza a refrescar poco a poco, y yo estoy en mi casa matando una plácida tarde de domingo, con dos días libres por delante. Me acabo de dar una ducha, y me he disfrazado como mi ídolo Homer en aquel otro episodio inolvidable, uno de mis favoritos, en el que decide no ir a Misa y quedarse en casa viendo la tele: zapatillas de andar por casa con forma de pata de mamífero gigante, con garras y todo, y un albornoz también de estreno.
A partir de ahora, de vez en cuando, si me sale del culo, vendré a este rincón de mi blog de loco a mencionar cosas que haya leído y me hayan gustado y me apetezca contármelo para la posteridad.

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EL VISITANTE
Stephen King, 2018
Celebro que King haya terminado la dichosa trilogía del Señor Mercedes, porque no me gustó demasiado la primera parte, y me da pereza seguir en aquel lugar. Me pareció un denso y lento adoquín al que le sobraban paletadas de tragedia y le faltaba algún elemento paranormal, o algo más de humor, o tal vez es que la cosa mejora. Es precisamente lo que pasa con la larguísima primera parte de "El visitante", que transcurre parsimoniosamente, casi en tiempo real, mientras asistimos a las consecuencias de un suceso terrible y terriblemente terrenal, con niño troceado y violado por palo incluido.. Y además, el desenlace del primer acto y lo que va a pasar con el presunto culpable, se ve venir de lejos. Pero, ya desde el título, sabemos que hay un elemento por ahí que tiene que aparecer aunque no se nos den practicamente pistas, y que queda otra media novela... así que la paciencia resiste. Porque todo lo que acontece en Flint City está bien, pero es, de nuevo, demasiado denso, pesado y reiterativo. Meandros, divagaciones, anecdotario, y demasiados paseítos en círculo de la mano del Maestro en torno al mismo asunto todo el tiempo, demasiado mascado, demasiado redundante. El punto de partida está bien, que sí (un crimen con un culpable clarísimo, con testigos y pruebas de ADN... pero también con una coartada infalible, con testigos y pruebas de ADN, que descartan al presunto culpable), y la destreza del Escritor Constante es tan agradable y fascinante como siempre... Pero es que no tiene mucho sentido ahondar tanto y tanto en ese caso, cuando el lector ya tiene claro lo que ha pasado desde el primer momento, y casi con toda seguridad, lo que va a pasar. Como en tantas otras ocasiones, para mi desgracia, los personajes masculinos principales, americanos medios de mediana edad, me parecen perfectamente intercambiables, tanto física como psicológicamente. Terry Maitland (el entrenador asesino), Ralph Anderson (el poli bueno y principal elemento de la acusación) y Howie Gold (el abogado y gran amigo de Terry), son el mismo Protagonista Constante de siempre. De hecho, intercambian protagonismo "omnisciente" a lo largo de los capítulos, y lo único que hace que yo los distinga es el nombre. En este sentido, la cosa no cambia hasta que el peso protagónico lo obtiene la genial investigadora Holly Gibney, con su colección de tocs, sus observaciones sinestésicas y su poderosa personalidad; y cuando de una maldita vez conocemos al Visitante y toda su idiosincrasia. Mi paciencia fue recompensada, y a partir del tercer acto volví a disfrutar a fondo de la novela, que en el fondo es la misma grandísima novela que ya ha presentado otras veces, esta vez con un "enemigo interior" poderoso, paranormal, atávico y tan creepypástico como al mismo tiempo arraigadísimo en el folklore universal (qué bonito que nos lo pinte a través de una vieja peli mexicana —ficticia— de Las Luchadoras...).


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LA BROMA ASESINA
Alan Moore, Brian Bolland, 1988
Esta oleada de jokermanía que ha despertado el estreno de la película de la que todo el mundo habla, las reacciones tan polarizadas que despierta y su relación (intencionada o mera manipulación de los medios) con el universo incel que tantísimo asco me produce, ha provocado un par de reacciones en mí en apenas 24 horas: 1) que me apeteciese muchísimo ir a verla yo solo a los Ideal una tarde muerta para al poco tiempo decidir que paso, que he sucumbido a la pereza y tengo muchas otras cosas para ver en casa (clásico efecto de psicología inversa que me produce el hype, como a los niños pequeños las regañinas de sus padres); 2) que me haya puesto a leer tebeos de Batman otra vez a lo loco.
Por más que lo intente, no consigo sentir hacia las historietas y los personajes de DC la misma pasión visceral que siento hacia casi cada recoveco del Universo Marvel. Lo intento, persevero, pero al fin y a la postre básicamente me la sudan. No siento ni siquiera un gran regocijo nostálgico al recordar los (pocos, muy pocos) tebeos de DC que leí en mi trepidante adolescencia; si acaso un respeto infinito hacia Watchmen, claro, la etapa de Byrne en Superman, Batman y los Outsiders de Barr, Aparo y Davis, los Nuevos Titanes de los ochenta... Poco más. Reconozco mi ignorancia al enfrentarme a esas obras, y encontrarme casi siempre con un universo que me resulta completamente ajeno. Le tengo cariño a los personajes, claro, y admiro a muchísimos de los autores. Pero DC es un asunto tan distinto de Marvel, que no consigo engancharme por largo tiempo a sus tebeos. Ahora mismo por ejemplo estoy intentando engancharme a los Young Justice, porque Bendis me ha dado infinitas satisfacciones en Marvel, pero después de tres números no me entero de nada; y la sensación que estoy teniendo con El Green Lantern de Morrison, es directamente como sufrir un viaje de ácido. Estos no son mis personajes. Les tengo cariño, son magistrales, DC inventó el género, jugaba con muñecos de Super Powers de pequeño, he leído historias sueltas muy buenas de Superman, de Flash, de Lobo, de Animal Man, de Swamp Thing, pero no me terminaron de enganchar sus personajes, no me importa mucho lo que les pase. No me hacen vibrar. Todo lo que les pasa a Peter Parker, a Logan, a Reed Richards, a Robbie Baldwin, a Kitty Pryde y hasta a Gwen Poole, me importa. Eso sí, DC tiene a muchos de mis dibujanes favoritos, los que me fliparon con la explosión de Image en los 90, por ejemplo, y soy muy consciente de mi ignorancia, de que si la publicación de DC en España hubiese sido otra, probablemente sería tan deceíta como marvelita. Pero así las cosas, el único personaje al que regreso con verdadero interés es Batman. Porque Gotham es un lugar absolutamente maravilloso, y el personaje es imposible que no le enganche a alguien. "La broma asesina" es una obra maestra, y la estuve revisitando porque además se lee enseguida, uno se haría unas 30 camisetas con algunas de sus viñetas y contiene poderosas frases que han cambiado el devenir de la cultura pop. Pero aparte de esta satisfactoria relectura, de que El Payaso Loco no pase jamás de moda, que tenga ese algo atávico que nos vuelva a coger de las solapas a todos cada vez que se acerca Halloween, he vuelto a intentar subirme al carro de Batman, retomando la lectura de la etapa desde que tomó el relevo Tom King. Y de momento, apenas leídos dos o tres arcos, no me está obnubilando tanto como hizo el arranque de Snyder, con ese Tribunal de los Búhos que releo de tanto en cuanto, y que parece mentira que ya hayan pasado 7 años desde entonces; aunque en realidad no sé si me parecen muchos (llevo desde entonces tratando de ponerme al día y no me pongo, no me pongo...) o pocos, de tan icónica y definitoria del personaje como se ha vuelto. Intentaré seguir con ello, espero en unos meses haberme empapado de más Batman de este último lustro y de paso leerme unas cuantas novelagráficas clásicas.


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SAM & TWITCH, vol. 1
Brian Michael Bendis, Ángel Medina / Jamie Tolagson / Alberto Ponticelli / Clayton Crain, 1999-2000
La cole de tebeos de Spawn ha llegado estos días a su número 300. Un hito histórico en el mundo del cómic. Yo la abandoné allá por el número 20, y no he tenido nunca demasiado interés en acercarme a ella, porque solo viendo las portadas da la sensación de que siempre sucede lo mismo. El personaje resulta interesante, siendo más que nada una mezcla aún más oscura de Batman y Spider-Man, esa coartada que se sacó Todd McFarlane de la manga para dibujar esos rallajos, capas, cadenas y ceños fruncidos que tanto le gustaban, justo después de abandonar Marvel, donde estaba haciendo prácticamente un prólogo de esto: historias dramáticas, trágicas, llenas de callejones humeantes, un toque paranormal y otro de religión. Se supone que a Spawn se lo inventó cuando era adolescente, y por qué no vamos a creerle, que tampoco es la panacea del diseño conceptual ni gráfico. Pero está claro que era su excusa perfecta para dibujar poses y seguir narrando sus dramas maniqueos. A Image enseguida se le echó en cara la pobreza argumental, así que contrató a Neil Gaiman y Alan Moore una temporada, después sentó en su trono a un tal Brian Holguin para que siguiese dándole vueltas al (supuesto) tostón, y también supo adiestrar a un ejército de clones de su estilo para ir tirando para alante con los dibujos, con Greg Capullo a la cabeza. La cosa le ha funcionado todos estos años, estos 300 meses, aparentemente con muy pocos cambios, y su control creativo sobrevolando en todo momento, en el tiempo libre que le deja su multimillonaria empresa de muñequitos. Por el camino, un puñado de cambios en el spawn protagonista, una película de Hollywood (de la que algunos recordamos una BSO realmente original y trepidante), una serie de anime más que decente, varias series limitadas, el spin-off Angela (un caso alucinante, que ahora forma parte de Marvel), un par de crossovers... Y desde el primer minuto, desde el número 1, ahí estaban esa pareja de investigadores entre el reparto de secundarios: Sam Burke y Maximilian Steven Percival "Twitch" Williams III. El gordo y el flaco, el bruto y el listo, dos huelebraguetas que actúan conscientes de la existencia de Spawn en la ciudad, e incluso su ayuda al margen de la ley es crucial en algunos momentos. Si su primera aparición tuvo lugar en 1992, en 1999 tuvieron su propia colección. Y si me he puesto a leerla estos días, no es por mera curiosidad o nostalgia (que también; me hice con la serie en su día como hacíamos todos los chavales de mi edad con todo lo que sacara Image), sino porque supuso también el primer trabajo profesional destacado del guionista Brian Michael Bendis. Y en estos tiempos en los que Marvel está dando unos coletazos un poco desesperantes, y que encima Bendis, uno de los propios nombres que era imposible que decepcionaran, se ha ido a DC, no solo he empezado a comprar algunas grapas de DC, sino que lo que he sentido realmente es nostalgia de Bendis. Sentí un impulso extraño por leerle, escuchar su voz... Porque, sin duda ninguna, varias de sus etapas en Marvel, con Daredevil a la cabeza, son los mejores tebeos que he leído en los últimos años. Y junto con Dan Slott, uno de los pocos fan-favourites tras las teclas que quedan. El primer volumen español de S&T comprende los primeros 14 números. La pararon temporalmente e iniciaron con un vol. 2, más que nada por el retraso en la salida del material original. Aunque parece increíble, en los noventa consiguieron que nos pareciese normal que entre un número mensual y el siguiente pasasen a veces 3 o 5 meses. Qué falta de profesionalidad, ¿no? S&T es una serie bastante interesante, y muy fácil de leer, ya que avanza a base de arcos completos de puro hardboiled con elementos sobrenaturales. Una explotación bien simpática de Expediente-X, un procedimental oscuro y malsano a ratos, pero con mucho sentido del humor. Y sobre todo, muy comedido. La parte engorrosa y grotesca se queda en los dibujantes, destacando Angel Medina, ampliamente conocido en Marvel y con un estilo muy definido, pero que aquí estaba limitadísimo por su necesidad de ceñirse al estilo McFarlane, y porque los perfiles de Sam y Twitch son excesivamente caricaturescos y retorcidos, poco adaptables a otros estilos; pese a que la sucesión de dibujantes le dota al tebeo de un aspecto realmente bizarro, da la impresión de que los diálogos (sin bocadillos en sí, sino escritos directamente sobre el dibujo con líneas que indican al interlocutor, lo que dota un extraño aspecto literario a todo) y las tramas van por su cuenta, y son verdaderamente dignos. Comienza, por ejemplo, con el arco de 8 números titulado "Udaku", en el que S y T van investigando y olfateando braguetas por ahí, a partir de una serie de asesinatos rituales y demasiados miembros amputados multiplicados, que no se corresponden con los cuerpos "normales" de cada una de las víctimas. El nº 9 y el 14 son historias autoconclusivas, y el otro arco, de 4 números, "Witchcraft", dibujado por otro clon (Alberto Ponticelli, ahora en DC), que trata sobre otra sociedad secreta de brujas asesinas. En definitiva, es un trabajo más inteligente y comedido de lo que esperaba (o recordaba), con un dibujo atractivo pero cutre, terriblemente marcado por su época y su lugar, y pura novela negra ligera para todos los públicos.
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EL REGRESO DEL HOMBRE PEZ / TAXUS / TAXUS 2
Isaac Sánchez, 2009, 2018-2019
El popular youtuber Loulogio El De La Batamanta, es en mi opinión el tipo más digno de toda la plataforma. Y uno de los más divertidos y sanos. Nada que ver con el resto de niños-rata histéricos dando voces, los challenges, los streamings de Minecraft y todas esas cosas tan horribles e irritantes que nos hacen despreciar a la especie humana a las personas adultas, sino un cómico profesional dicharachero, hablando para adultos y con un buen puñado de vídeos ya míticos de internet. Un meme viviente, que va y, en lugar de seguir haciendo el tonto cada vez más con ello, decide retirarse, porque no solo es un fricazo de tomo y lomo y siente que no pinta mucho entre los chavales gritones y estafadores, sino que encima tiene mucho talento, se siente fuera de lugar como "creador de contenidos" [risas], siempre ha soñado con dedicarse profesionalmente al tebeo. Además, en lugar de lanzarse a una propuesta más comercial, a imitar a Jan o el costumbrismo fibañesco, a hacer un manga para chavalitos o una serie de superhéroes malotes que están de moda... ¿pues no decide inventarse su propio universo de fantasía, explorando la olvidadísima Mitología Cántabra? Ese universo se llama Taxus, y hasta ahora ha entregado al mundo dos álbumes formato europeo que son sensacionales tanto en guión como en dibujo... aunque personalmente no me vuelva loco lo de los "reinos olvidados", la espada y brujería, el peplum o lo que sea esto exactamente. Sin dejar de constatar que es una preciosidad, y desear que esto siga creciendo para poder disfrutar de su magnitud (porque trata de mostrar tanta épica y tal variedad de historias y personajes que la sensación es de quedarse corto, de ser mera introducción), por estar ambientado a este lado del espejo y tirar de lo cotidiano quizá me gustó más su obra previa, El regreso del Hombre Pez, donde ya empezara a juguetear con esa rica mitología localista, inspirándose en la leyenda del monstruito de Liérgana para desarrollar una aventurilla que bien podría haber firmado el citado Jan; pero su estilo es de "narizones" algo más "realistas", en la línea de un Miguel Francisco, un Fresno's, un Óscar Martín... Recoge influencias de estos, pero también de Bruguera, de los superhéroes, sin dejar de lado su humor carpetovetónico, ilustrado, resabiado, característico de sus vídeos (es imposible no leer muchos diálogos recordando la voz de Loulogio). Que un personaje que acaba de llegar a esa "tierra media" que es Taxus, se encuentre una chapa de El Fary con una mancha de sangre a lo Watchmen, pues tiene su aquel. Los diálogos están salpicados de ese humor verbal propio de la parte que ya conocíamos del autor, pero sin cargar, ni tampoco cargarse la épica, sino haciendo del conjunto algo muy particular. Lo dicho: con ganas de más, porque apenas parece una introducción a todo un vasto universo por descubrir.
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LOBEZNO: LA LARGA NOCHE
Benjamin Percy, Marcio Takara, 2018

Soy lector de Lobezno desde sus inicios, desde los primeros tiempos de Claremont y Buscema, y tengo ganas de que pase este largo periplo del personaje por tierra de nadie. Parece que dentro de nada se estrena por fin su nueva colección regular, como anunció el otro día el propio Adam Kubert en Twitter. Él mismo se va a encargar del dibujo de esta etapa, lo que es un hermoso guiño para el lector fiel, ya que suya fue una de las mejores etapas del personaje en solitario, junto a Larry Hama; solo superada por la del propio Hama con Marc Silvestri. No tengo ni idea de quién se encargará de los guiones, pero sospecho que lo hará Chris Soule, quien ha estado detrás de gran parte de estos largos años de ignominia. No sé por qué decidieron matar a Lobezno, pero una teoría dice que Marvel se ha dedicado todo este tiempo a boicotear a toda la franquicia mutante, mientras estuviesen los derechos en manos de Fox. Tiene bastante sentido, y es que no solo se ha desvirtuado por completo casi todo lo que han hecho con ellos en este tiempo (con algunas excepciones), sino que se ha dado a los inhumanos y las nieblas terrígenas de una dimensión realmente absurda, practicamente como sustitutos del concepto "mutante", cuando nadie reclamaba tal cosa. La última etapa del personaje, pese a todo el rollo de Daken y los "Orígenes" (que resultó ser una cole muy entretenida), mantenía una calidad gloriosa. Joder, si Jason Aaron retomó todo lo bueno de Hama; si pasaron por la colección monstruos como Ryan Stegman, Ron Garney, ¡Joe Madureira!, ¡¡Alan Davis!! Y de repente, se les ocurre matarle, y liar todo el asunto de los Lobeznos clónicos, empoderar a X-23, y sobre todo, traer a primera fila a Old Man Logan.
Qué daño hizo Old Man Logan... No entiendo por qué gustó tanto esa dichosa historia original de Mark Millar, y sobre todo, cómo llegaron a tomarla de modelo para el personaje durante 5 ó 6 años... Sí, estaba bien, pero al fin y al cabo lo que hizo Millar fue ni más ni menos que llevarse a Lobezno a un tebeo de 2000AD de esos que tan bien conoce. Si la gente quiere leer historias de un viejales en un mundo post-apocalíptico y punk, pues que se compre tebeos de Dredd. Y como What if...? podía tener algo de gracia, pero lo de traerle como sustituto poochie al Lobezno clásico, no sé si soy el único al que le fastidiaba. Era el mismo, pero no. Era una anomalía. Cuando el guionista de turno quería, se comportaba exactamente igual que Lobezno, y cuando quería nos daba el coñazo con Los Baldíos... Hasta mi adorado Bendis se divirtió contando historias alternativas, sin continuidad y sin demasiado interés, y Jeff Lemire terminó de hacer de aquello un tebeo de Karl Malden. Once años después de la serie limitada de Millar (copiota y sin nada que ver con el espíritu de Marvel), siguen llevándose a personajes a Los Baldíos 2000 AD en versión viejo llorón, ahora Ojo de Halcón, ahora Quill... Yo perdí por completo el interés por aquello. Y además Sorrentino tampoco me gustaba demasiado, ¡yo quería mi dosis del Lobezno de siempre! Pero nada, así nos tuvieron desde 2015 hasta anteayer. Sé que es una actitud un poco conservadora, de fan nazi, pero me molesta que hagan esto con mis personajes más queridos; es como las historias de Ben Reilly, que lo intenté con la miniserie de los grandísimos Peter David y Mark Bagley, y es que me cabreaba muchísimo (vendí el primer tomo de Ben Reilly: Scarlet Spider en el Cash Converters dos días después de comprarlo nuevo). El problema tal vez es mío. Pero yo estaba deseando que volviese Lobezno, y sobre todo que se carguen al viejo ese.
Desde que a Lobi lo mataron, además de un porrón de series anexas, o de usar al Viejo Logan en casi todas las demás colecciones, hubo algún momento, como decía, que sí me gustó algo más. Del propio Old Man Logan, pues sí, hubo arcos entretenidos, entre Bendis, Lemire y Brisson; no era mi Logan, pero eran historias correctas. Me enganché a cosas tan tontas como "Armas de destrucción mutante", con X-Force, (el jovencito geek) Hulk y el nacimiento de Hulkverine / Arma-H (y es que Greg Pak es otro guionista que me sorprende y me gusta mucho, sobre todo por cómo escribe diálogos); en las coles de Patrulla-X también hubo mucho nostalgia y recuerdos del Lobezno Guay en la etapa de las series Oro/Azul; y la Lobezna de Tom Taylor y David López la verdad es que mola todo. Que a mí que a X-23 se la haya "ascendido" a Lobezna me parece maravilloso, fenomenal: es el puto viejo el que me parece un impostor y me descoloca. Total, que le he estado echando bastante de menos, y a medida que se acercaba el momento de su anunciado regreso, más me fui interesando.
Y la saga "La búsqueda de Lobezno" me gustó mucho, mucho, muchísimo. Fue un experimento curioso, con 4 miniseries de 4 episodios cada una, en los que los viejos amigos de Lobi se unían para tratar de encontrarle, al descubrir que al "capullo" de adamántium en el que se suponía que estaba encerrado y cadáver... Kitty Pryde y los Cosechadores lo habían hallado vacío. Siguiendo pistas y rumores, surgen estos 4 equipos de olfateadores: en Arma Perdida (Soule / Matteo Buffagni) Daredevil se une a Misty Knight, un detective-Terminator inhumano llamado Frank McGee, y a Cifra, que ha enloquecido, está hecho un conspiranoico y vive dentro de la Red. Su aventurilla es urbana, oscura y de terrorismo de baja intensidad; la segunda miniserie, Las garras del Asesino (Mariko Tamaki / ¡Butch Guice!), reunió en la búsqueda (egoísta e interesada) a tres de los enemigos más lobeznescos de Lobezno: Daken, Dama Mortal y Dientes de Sable. Las pistas les llevan a un pueblucho de la América Profunda, donde se las verán con una invasión zombi; mi favorita fue Misterio en Madripur (Jim Zub / Thony Silas), ya que aquí fue un grupo de mozas el que se va a la impresionante ciudad del archipiélago indonesio, mozas que han tenido un pasado muy intenso con el héroe: nada menos que Tormenta, Mariposa Mental, Kitty Pryde, Pícara, Júbilo y Dominó. Toma bofetada noventera. Además, en esta serie descubrí a Thony Silas, un brasileño con un estilo muy particular, con figuras alargadas e irreales al estilo del Greco, pero muy atractivo, y que me fascina. Luego dibujó algunas cosas en la(s) serie(s) regular(es) de X-Men, me fui también a leer otros trabajos suyos antiguos (con mi amado Daredevil) y espero que le den una colección regular cuanto antes. No me enfrentaba con tanta ilusión a un dibujante nuevo desde los primeros tiempos de  Scott Campbell o Tony Daniel; y la cuarta miniserie, Proyecto Adamántium (Tom Taylor / R.B. Silva) quizá es la más potente, ya que narra el reencuentro, muchos años después, de los viejos compañeros de Lobezno en los Nuevos Vengadores: Iron Man, Spider-Man, Luke Cage y Jessica Jones. En definitiva, esta saga, "La búsqueda de Lobezno", la disfruté muchísimo y está llena de guiños y pequeñas sorpresas, con todos esos personajes súper clásicos viajando por el mundo. Venía precedida de una intro (Alpha) y de un epílogo (Omega), todo coordinado por Chris Soule, quien le había matado y ya dedicado otra saga similar ("La muerte de Lobezno"), y quien supongo que se encargará de retomar su serie regular ahora. La cuestión, lo triste de todo esto, es que tras una saga estupenda, llena de aventuras, humor y diversión, después de ir regando pistas sobre el paradero del Lobezno de verdad, después de un montón de detalles por todo el Universo Marvel, los protas de las cuatro miniseries fracasaban, y Lobezno seguía sin aparecer. Así que en el epílogo Soule se inventaba a una villana nueva, y todo un entramado de tejemanejes nuevos, sacados de la manga, para justificar dios sabe qué, y para inventarse a partir de entonces todo lo que le diera la gana. Y me llevé un cabreo enorme.
Como fuere, en España (sigo la edición española de todo esto, siempre) aún no se ha cerrado el asunto, y en EEUU la colección regular no llegará hasta 2020. Pero parece que todo va a volver a la normalidad, con Old Man Logan desapareciendo de la primera fila y Lobezno volviendo a la carlinga (en realidad, los porqués se están narrando en "Hombre muerto Logan", serie de 12 números que en España se están publicando bimensualmente de dos en dos, y vamos por el 4; y que yo no quiero leer hasta que termine, en febrero, creo). Y hasta entonces, lo que sí hay casi todos los meses en el kiosko es algún especial o serie limitada protagonizada por Lobezno; el bueno, el guay. Corren tiempos de mierda para el aficionado a Marvel como serial interminable, y pocas son las series que pasan de los 12 números. Muy pocas. Las renumeraciones, los cambios a bombo y platillo, los cambios drásticos, las series nuevas que sabes que van a durar un par de meses... Todo eso está a la orden del día. Como dijo Julián Clemente en un textito, hay que resignarse y tomarse este orden de cosas como si fuesen temporadas, como en las series de televisión. Pero al fin y al cabo, siempre hay cuatro o cinco series de Spider-Man y un par de Lobezno cada mes en el "kiosko", y ahora es el que a mí me gusta.
Así que, por fin, he disfrutado mucho, por ejemplo, de esta "La larga marcha". Tres números bimensuales recogiendo los 5 originales norteamericanos. Porque es una historia de Lobezno puro, que bien podría haberse publicado dentro de la serie regular hace 10 ó 20 años, sin desentonar nada. Lo más curioso es que se trata de una adaptación de un podcast. Sí, un tipo narró esta historia en formato "radiofónico", y tuvo tanto éxito que Marvel le contrató para adaptarla al tebeo, con un dibujante poco conocido (Marcio Takara) pero que me ha parecido ideal, correctísimo y espectacular cuando hace falta. Es una historia ambientada en Burns, un pueblecito de Alaska, protagonizada por dos federales que andan investigando una serie de asesinatos de corte paranormal, con varios tipos sajados por el famoso tridente. Hay por ahí una secta satánica involucrada, y varios sospechosos, además de Logan pasando el rato y encontrando problemas en los bares de mala muerte, cuando lo único que quiere es que le dejen en paz, como siempre. Yo esto es lo que le pido a este tebeo, nada más: frío, nieve, lluvia, entorno rural, cabrones del campo, violencia, buenos diálogos y Lobezno haciendo lo que mejor sabe hacer. Así cada mes, hasta que me muera. ¿Seré el único? ¿Por qué hay que cansarse de esto y cambiarlo, cuando me ha acompañado satisfactoriamente durante más de 20 años? "La larga marcha" tiene tono de documental, por el formato original supongo, y es un pastiche muy bien resuelto con ecos de Expediente-XTrue Detective, y con guiños a viejas etapas del personaje, que apenas funciona como trasfondo épico, como un elemento mitológico en el entorno, ocupando apenas unas pocas escenas cruciales. Estoy seguro de que el guionista, Benjamin Percy, tenía en mente también historietas como "Sediento de sangre" (Alan Davis / Alan Davis). Al ser un producto incialmente ajeno a la continuidad y al propio medio, tiene elementos que no corresponden exactamente a Lobezno, sino a Old Man Logan, y no queda muy claro en qué época está situado (Lobezno parece no tener claros sus recuerdos, y se hace mención al proyecto Arma-X como algo reciente, y sale el Wendigo, y el traje clásico... todo un poco revuelto pero perfecto como fanservice para el lector cuarentón). Pero eso le da un toque interesante. Una historia suelta dignísima y que devuelve al personaje a su esencia más sólida.

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NOSTALGIAS DE MADRID
Ramón Gómez de la Serna, 1956
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PROYECTO MOON KNIGHT
VV.AA., 1975-2019



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LA VIDA A RATOS
(Juan José Millás, 2019)
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ESPAÑA SALVAJE (LOS OTROS EPISODIOS NACIONALES)
VV.AA., 2018
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COSAS QUE IMPORTAN
Mr. Bratto, 2019
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COMIC-BOOK IMPLOSION (AN ORAL HISTORY OF DC COMICS CIRCA 1978)
Keith Dallas, John Wells, 2018
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jueves, 22 de agosto de 2019

CICLO: Teatro de la Ciencia Misteriosa 30000 (5)



4ª PARTE



SHAZAM!
[David F. Sandberg, 2019]
Querido diaro, sigue siendo agosto. Un mes de agosto largo, tedioso y pendenciero, como todos los años. Tengo la sensación de que es agosto desde hace lustros, apenas recuerdo ya casi nada de lo que sucedió antes de que empezase este mes de agosto... Y encima, es que ha habido cambios de verdad, así que esa sensación de que esto está siendo muy largo, tiene incluso una explicación adicional a mi agostofobia natural de todos los años. Como sea, he vuelto al horario escolar, con lo que estoy muy contento, y en mi tiempo libre estoy un tanto impelido al arresto domiciliario, liado con el otro trabajo, casi sin salir ni poder hacer muchos planes... Lo que no está tan mal, porque en resumen, a lo que voy es a que sigo viendo la tele un montón de rato como un tonto.
Por ejemplo, un día vi esta rareza del Universo DC, uno de sus proyectos más valientes. Una comedia sencilla, a partir de un personaje secundario. Porque Shazam fue una de las grandes estrellas del DCU hace muchas décadas, cuando por entonces se llamaba Capitán Marvel, qué cosas. Pero hoy en día, aunque no estoy muy puesto en DC, juraría que estaba muy olvidado. En gran parte, debido a que no se puede llamar Capitán Marvel un personaje de DC, claro, y a que la historia de un niño que al gritar ¡Shazam! se convierte en un cachas todopoderoso, es demasiado "de hace un siglo". Qué curioso que el último producto audiovisual titulado "Capitán Marvel" fuese un serial de 1941 basado en el personaje de DC, y casi 80 años después tengamos un blockbuster con el mismo título... protagonizado por ¡una tía, y de Marvel! Así que me parece un proyecto valiente, hacer una película con todos esos mimbres. Y lo que han hecho está bastante guay, porque lo han convertido en una comedia navideña disparatada, épica, vertiginosa emotiva y gamberra, para todos los públicos: adolescentes y adultos; afines y profanos. Con mucho cachondeo y autoparodia, precisamente, respecto al nombre del superhéroe, e incluso algún guiño al Universo Marvel. Una de las tramas, la centrada en el niño y sus nuevos hermanos en su enésimo hogar de acogida, es estupenda. Porque en lugar de coger a un niño bobo y buenecito, los poderes de Shazam (ampliamente explicados, mezclando mitología, magia, pseudociencia y paganismo con una larguísima introducción que sin embargo no se hace pesada) han recaído en un niño que no tiene nada de "puro de corazón". Es un chaval de 14 años, huérfano, macarra y poco disciplinado, que ha huido de una veintena de otras casas de acogida, el que de repente se transformará en un treintañero guaperas, cachas, macarra y poco disciplinado con un poder inmenso, y por descubrir (genial Zachary Levi). Todo el segundo acto es un largo "viaje del héroe", literal, en el que el joven Billy Batson tiene que ir aprendiendo a usar los poderes, tanto técnica como éticamente, junto a su confidente (su nuevo hermano adoptivo de edad más próxima), y casi todo el rato se les ocurren gamberradas. Una película que muestra a niños de catorce años entrando una y otra vez en casas de putas, robando cerveza en el supermercado y pegándose tiros en la cabeza, es toda una declaración de intenciones que nos viene a recordar que no es DC la que ha sido comprada por Disney, y que también pueden hacer películas que no den vergüenza ajena. Otra de las tramas es la centrada en el supervillano, otro niño que ha recibido poderes épicos pero al mismo tiempo absorbido algo así como el tótem de los siete pecados capitales personificados en bestezuelas demoníacas. Le vemos como niño en la escena inicial, haciéndonos creer que será el héroe, pero pronto le descubriremos ya crecidito (Mark Strong), matando a sangre fría a su hermano y su padre y siendo una verdadera amenaza para el torpe nuevo gran héroe. Por lo demás, la peli es un carrusel de hostias, efectos especiales y superheroicidades varias, con el trasfondo de la ciudad de Philadelphia, que se suele ver poco en el cine de acción (con guiño a "Rocky" incluido) y un constante bombardeo navideño. La niña pequeñita se parece mucho a mi sobrino D., así que fue un aliciente más para mí, que me partía de risa cada vez que se movía o hablaba, como me pasa cada vez que le veo a él. Un soplo de aire fresco entre el descontrol en pantalla grande de la Distinguida Competencia.

EL HIJO
["Brightburn", David Yarovesky, 2019]
Un domingo más de agosto (¡el penúltimo todavía! ¡Esto no acaba nunca!), tarde-noche libre, y a falta de la Misa de doce de Iker me apetecía cine de terror. En sesión continua me puse esta y la siguiente, dos obras de terror posmo que causaron sensación en su momento. "Brightburn" es una peli crudísima sobre un niño superhéroe, que prometía sorpresas y tintes raros. Conseguí no saber nada más antes de verla. Apenas, que venía avalada y escrita por Mark y Brian Gunn, hermanos del mismísimo James Gunn, ese joven prodigio nacido en el seno de la Troma y que, tras una larga carrera en la sombra escribiendo y dirigiendo cine de género y tv rara, se marcó la que para muchos sigue siendo la peli de superhéroes que lo cambió todo: "Super" (2010). Así que yo pensaba que esto sería una especie de puesta al día de "Super"; pero en realidad es una cinta realmente oscura, jodida y sin piedad, que coge elementos de "Superman", pero también de "El buen hijo", "La semilla del Diablo" o "El pueblo de los malditos" (la buena). Incluso me hizo recordar a "Funny games", por el desenlace y la crueldad que transmite hacia el espectador. Sorprendente, original y a ratos escalofriante, pero sobre todo incómoda.

IT FOLLOWS
[David Robert Mitchell, 2014]
Junto con el cine de Ti West y Ari Aster, las burradas griegas, francesas u holandesas e hitos como "Déjame entrar" y "Déjame salir" (por ejemplo), "It follows" es otra de esas películas del "nuevo terror" que parece que gustaron mucho a todo el mundo, o al menos en mis timelines, y que no la había visto antes en parte por ese título tan esquivo y opaco; y que luego, cuando las veo, pues me siento mal. La verdad es que esta tiene también una propuesta original que, pese a lo aparentemente simple y absurdo, le mea en la cara a esas doscientas películas chirriantes y ensordecedoras sobre muñecas viejas y casas encantadas que se hacen como churros y que no le dan miedo ya ni a mi nieta de tres años. Y es que estos tiempos desesperados exigen medidas desesperadas. Así que el argumento es rebuscado y extraño (insisto, pero simple) como solo puede serlo algo sacado de una pesadilla recurrente: gente que te persigue despacito, y que si te pilla, te mata. Ir por la calle y que aparezca una especie de zombie, pero sin explicación alguna, que solo tú puedes ver y que si te toca mueres. Esa es la única premisa, a la que su escritor y director añadió el no menos estrafalario detalle de que si te follas a alguien, los zombis raros le persiguen a él. Quizá no es tan insólito como empalmar intestinos gruesos de tus víctimas unos con otros en la primera cita, pero al menos es una idea, no una puta casa encantada, un payaso y sustos, que para eso ya está el tren de la bruja. Vivimos época de creepypastas, y si el "elemento del miedo" funciona, da lo mismo que sea verosímil o no lo sea, mientras la historia sea buena y contemporizadora. "It follows" está bien narrada, el argumento de los zombis de transmisión sexual entre millennials funciona, y la película me estaba gustando bastante, hasta el momento azaroso en que dejó de hacerlo, porque no había mucho más donde rascar. Al tipo se le ocurrió esa imagen, de tipos monstruosillos diferentes que imponen y acojonan y que se te aperecen de repente, y lo redondeó un poco con lo del sexo, el poliamor y postadolescentes correteando asustados.
—¿Y luego qué, señor David Roberto Miguel?
—Pueeeees... pues no sé, todos a correr más, luego otro poco, un poco de bodycount Instagram-friendly, metemos esta escena que se me ha ocurrido en una piscina (absolutamente patética, de vergüenza ajena y que no resuelve nada), luego todos a correr un poco más, y ya terminará la peli sola, ¿no?
—Mmmm... creo que no...
—¡Pues ya sé! ¡Hacemos un final de mierda y lo ponemos en el minuto 1 y en el tráiler!"
—¡Sapristi!

POKÉMON. DETECTIVE PIKACHU
[Rob Letterman, 2018]
Soy un cuarentón inmaduro, colecciono minifiguras de Lego y muñecos de dos cabezas, y donde más feliz soy es en el sillón de orejas viendo dibujos animados, leyendo tebeos de superhéroes, comiendo bollos y acariciando al gato; pero el fenómeno Pokémon, tal vez porque me pilló en la pubertad mientras descubría a Bukowski y las tetas, o tal vez porque ni los videojuegos ni los bichitos kawaii me revuelven absolutamente nada, me parece una imbecilidad, me da un poco de vergüenza ajena, ¡a mí!, que a alguien de más de 10 años le puedan interesar los Pokémon. Eso sí: mi respeto es absoluto hacia el juego Pokémon Go!, que me parece una experiencia estupenda y comprendo que haya adultos cazando bichos por los parques. Si bien no he jugado a eso ni jugaré nunca (porque no juego a casi nada), ese fenómeno sí que me resultó interesante, lo defendí a capa y espada en las rrss, y las noticias bizarras que surgían a su alrededor me parecían divertidísimas. El estreno de una peli de imagen real de esta franquicia, norteamericana y supuestamente para niños y grandes, sin embargo, despertó en mí cierto interés. Tenía la sensación de que habían querido conducir a esta franquicia más o menos hacia el lugar que ocupan los Looney Tunes, con el estreno de la mitológica "¿Quién engañó a Roger Rabbit?". Y realmente hay algo de eso, en esta peli de personas conviviendo entre dibus, en una ciudad llena de bichos animados y un tono noir. Pero definitivamente es una historia destinada principalmente a incondicionales de los Pokémon. Un homenaje a todas las especies criptozoológicas nacidas en el videojuego y desarrolladas en los dibujos, al Pokémon Go!, llena de chistes privados y detalles que se me escapaban, y que me parecíó bastante tonta, pese al protagonismo de Ryan Reynolds, el tono hardboiled y que Pikachu hable en plan macarra (como el bebé de "Roger Rabbit"; definitivamente, "Detective Pikachu" bebe bastante de aquella). La trama es lo de menos, y nada tiene demasiado interés más allá de la "épica" que rodea a los bichejos cuquis, los combates, la caza y la amenaza de los bichos malos y grandotes. Visualmente interesante, pero un poco aburrida para los no cazadores.

EL HOMBRE QUE MATÓ A HITLER Y DESPUÉS A BIGFOOT
["The man who killed Hitler and then the Bigfoot", Robert D. Krzykowski, 2018]
Bajo un título que prometía psicotronía y cachondeo al estilo Troma o Pedro Temboury, se esconde en cambio una cinta sobria y parsimónica, un drama que narra con circunspección y solemnidad las andanzas de un anciano héroe de acción, al que los servicios secretos buscan para que dé caza al mismísimo Bigfoot, que está llevando a cabo una enorme masacre de montañistas, tras descubrir que es el mismo tipo que asesinó a Hitler en 1945 y que sigue en forma. Una especie de Old Man Logan retirado, que trata de llevar una vida normal, cuyas andanzas de juventud se narran en forma de flashback, se verá ahora inmiscuido en la búsqueda y exterminio del homínido peludo contra su voluntad, compungido y apenado. Una peli curiosa pero algo floja, debido a su tratamiento de semenjante argumento ucrónico y fantástico, que cumple su objetivo de resultar verosímil e interesante, en las antípodas del disparate bizarro, pero su ambición de tomarse demasiado en serio resulta demasiado rara y su ritmo no ayuda. Extrañamente, a la cinta se le pueden sonsacar lecturas filosóficas, histórico-políticas y existencialistas (tiene críticas completamente polarizadas), pero yo soy de los que no entró a fondo en su desarrollo y me resultó simplemente grandilocuente y fallida como ucronía de género. Quizá merezca una revisión más atenta...

THE UH-OH SHOW
[Herschell Gordon Lewis, 2009]
Mi tele escupe esto de manera azarosa durante otra de mis jornadas de arresto domiciliario traduciendo en casa. Uno de los disparates fuera de tono del "Mago del Gore", resucitado cuarenta años después de sus ejercicios carniceros pioneros. Estúpida película que parodia la deshumanización de la sociedad, a través de un concurso de televisión en el que los participantes son desmembrados en vivo si fallan las respuestas (argumento visto mil veces), y que sirve para vehicular una sucesión de sketches lamentables; por un lado una especie de sitcom absurda y gamberra detrás de las cámaras, que apesta a Tromaville (por allí desfilan de hecho sus "fiesteros" jerifaltes todo el rato), y por otro lado las escenas de mero gore salchichero hecho comedia negra que no aportan tampoco absolutamente nada (ni siquiera cuando el concurso se transforma, tratando de llegar incorrectamente a una audiencia infantil dentro de la ficción, en una sucesión de cuentos infantiles de los Grim llevados al gore). Un pasatiempo inocuo y que da un poco de pena ajena.

FUNLAND
[Michael A. Simpson, 1987]
Singular comedia negra ochentera de bajo presupuesto, con cierto encanto kitsch y cierto cachondeo de autocine, pero en la que casi no sucede nada. El parque de atracciones Funland ha cambiado de manos, al ser comprado por un grupo de mafiosos, que quieren dejar fuera a varios trabajadores curtidos allí, entre ellos el payaso Bruce Burger y su muñeco de ventrílocuo (una salchicha parlante con mala baba llamada Jimmy). Desde el primer minuto sabemos que el payasito es una especie de subnormal imprevisible, y que se va a tomar una sangrienta venganza, pero tarda toda la película en llegar, apenas. Todo transcurre sin embargo a base de escenas vertiginosas sueltas y deslabazadas, en las que vemos a los miembros del parque preparando la nueva temporada a ritmo de telecomedia. De hecho, el matrimonio de guionistas de la película crearían unos años más tarde tanto Cosas de Marcianos como Aquellos maravillosos 70.
SCREAM BLOODY MURDER
[Jon Hoffman, 2003]
Encubierta bajo la apariencia del slasher original omónimo de 1973 me llovió del eMule esta peli directa-a-vídeo inspirada en aquella. Rodada recién entrado el XXI, pero con todo el grumo, la puesta en escena y hasta los peinados y vestuario típicos del cine de terror de los ochenta, se trata de un simpático homenaje a todo aquel cine chatarrero de bajísimo presupuesto, scream queens, matarifes cabrones y una colección de muertes violentas e ingeniosas: lo que es un slasher clásico, con tintes de whodunnit (guiño a "Diez negritos" incluido)... pero todo ello llevado a la parodia. Vengo insistiendo en muchas de estas críticas sobre el cine de terror malo, que lo peor que pueden hacer es tomarse demasiado en serio: lo que pedimos quienes queremos matar el rato viendo una película de chicas vestidas de colegialas que se quedan encerradas en un escenario lúgubre y las van matando una tras otra, es despiporre, no filosofía, erudición y metafísica. Y esta versión de "Scream bloody murder" es un spoof disparatado y que me ha gustado un montón. Las muchachas vestidas de Sailor Moon se quedan tiradas en mitad de la carretera, y son remolcadas por un chatarrero que las lleva hasta su desguace. Es allí donde empezarán a caer como moscas, de la manera más idiota y divertida, sin que se vea nunca al asesino, pero quedando claro continuamente que el principal sospechoso, el dueño del desguace, solo es un patán que las asusta sin querer: que si lleva la máscara de hockey puesta porque viene de entrenar, que si se avalanza sobre una chica con un cuchillo con la sana intención de quitarle a esta el ataque de hipo, que si corretea con una motosierra hacia las chicas porque la había perdido y se alegra de haberla encontrado... La peli es un despiporre muy entretenido, entre que están todas todo el tiempo en ropa interior poniendo caliente al espectador pajero, que se hacen lesbianas de repente, los chistes malos y las muertes extravagantes, que rivalizan con las de Rasca y Pica. Y la enésima broma del director es que pese al despliegue de zorrerío, el fornicio y el tono a lo peli de Los Albóndigas, a las chavalas no se les ve ni un milímetro de piel más del que aprobaría Jesús. Recomendable, sobre todo si no has leído estas líneas y no esperas absolutamente nada de esta divertida chorrada; y dependiendo del día que tengas, porque el spoof es un género que o te mata de la risa (como me pasó a mí la primera vez que vi "No es otra estúpida comedia americana" o "Me parece que... sé lo que gritásteis el último viernes 13", por ejemplo, que me meé con ellas) o te cabrea y la odias (como me pasó con casi todas las demás parodias o sagas paródicas de blockbusters), si por el motivo que sea no entras en el juego. En esta, al menos, se nota que expectativas tenían cero, y a mí me han ganado.

BILL MURRAY: CONSEJOS PARA LA VIDA
["The Bill Murray stories: Life lessons learned from a mythical man", Tommy Avallone, 2018]
Bill Murray es uno de los famosos más queridos de todo el firmamento de estrellas. A pesar de su limitada versatilidad, a pesar de su cara de acelga, de que se haya hecho famoso con papeles de tipejos cínicos y soberbios (su chulesco y duermemozas Peter Venkman de "Los cazafantasmas", el aborrecible Phil al que no aguanta ni su sombra en "Atrapado en el tiempo", el abofeteable payaso que se llevará la lección de su vida en "Los fantasmas atacan al jefe", el cabronazo mujeriego que acapara toda la inmerecida fama y destruye al pobre Munson en "Vaya par de idiotas", el masoquista de "La pequeña tienda de los horrores"... en fin, así casi siempre), en la vida real, vete a saber si tal vez por eso mismo, Murray es una de las personas más admiradas por todos nosotros, y tiene una vis cómica incomparable, irrepetible. Desde sus comienzos como actor de improvisación en Second City, recién aterrizado del National Lampoon (ya en sí misma una historia formidable), y a lo largo de una larga carrera actoral y como invitado televisivo, ha demostrado poseer un talento y un carisma fuera de este mundo. Además, Bill Murray es un modelo de conducta. Hasta que ayer me encontré con este documental (lo estrenaban en el canal TCM, y lo encontré por casualidad, al hacer una búsqueda en el Plus, porque me apetecía ver ¡una peli con Bill Murray!) no había atado cabos, pero sí que había escuchado varias veces cómo se pone como ejemplo a Murray de cómo deberían ser todas las estrellas de cine. Conscientes de lo que despiertan a su alrededor cuando acuden a lugares públicos, de los rumores que pueden despertar, de lo incómodo de que te den la tabarra todo el tiempo, la mayoría de las celebridades evitan casi cualquier contacto fuera de contrato con los plebeyos, o bien se comportan como si todos fuesen incómodos paparazzi, desagradables moscones... salvo que haya una cámara delante. La fama debe de ser una condición difícil de manejar. El caso es que Bill Murray, casi desde el comienzo de su carrera, decidió lanzarse de cabeza y disfrutar de la experiencia de pasar el rato con las demás personas, o tal vez darles algo de qué hablar en los días siguientes, quien sabe si incluso cambiarle a alguno la vida, consciente de su cualidad de ser humano completamente normal pero que despierta vivas reacciones a su paso. Y es por eso que tiende a haber un creciente número de leyendas urbanas en torno a "comportamientos extraños" de Bill en sociedad. A que Bill Murray te puede cambiar la vida cuando menos te lo esperas.
Se dice que una vez, sin previo aviso, Bill Murray se presentó en una fiesta privada en un hogar que le era completamente ajeno, charlando con todo el mundo como si tal cosa, y acabó fregando los platos en la cocina antes de irse; otra leyenda dice que a un fan que estaba meando en otro encuentro de amigos, se le acercó por detrás, le tapó los ojos y le susurró al oído: «Cuando cuentes esto, nadie te creerá»; una noche acabó en casa de unos cantando karaoke; otra, apareció de pronto en un bar vació, se puso a charlar con un camarero, se corrió la voz y acabó sirviendo copas en un bar repleto de gente enfervorecida. Apariciones de improviso en fiestas privadas, lectura de poemas a unos obreros durante la reconstrucción de una biblioteca, cameos desinteresados en cortometrajes de instituto, alegres y fortuitos encuentros con fans en los rincones más insospechados del mundo... El responsable de este documental reciente decidió afrontar la cuestión de las "historias sobre Bill Murray", y recorrer los escenarios de los supuestos lugares en los que tuvieron lugar todas esas hipotéticas leyendas de transmisión oral... para descubrir que practicamente todas ellas son ciertas. Para descubrir a los espectadores, que Bill es un tío especial, que no tiene ningún inconveniente en aparecer en tu comunión o acabar navegando contigo en un patín a pedales hacia una puesta de sol en Benalmádena, si resulta que coincidís en un chiringuito en una calita abandonada un martes. Bill es así. No tiene agente, y no hay manera de contactar con él por los cauces oficiales, o eso aseguran varios de los directores con los que ha acabado trabajando: que hasta el mismo día de comienzo de rodaje nunca sabían si aparecería o no.
Viendo este entrañable, hermoso y tremendamente positivo documental, me acordé del videomixtape "Mr. Mike's mondo video", una de las cintas más subterráneas e ignotas imaginables, presentado por Bill Murray paseando por la calle, seguramente debido a la razón más peregrina. Aquello sucedió en 1979, es prácticamente lo primero que hizo, y es tan raro que ni siquiera sale en el documental; pero esa cinta demuestra que Bill lleva, como mínimo, 40 años siendo así: dedicado enteramente a estirar la cuerda, darle a la gente lo que quiere, sumergirse en la normalidad más absoluta y dejarse llevar, improvisar permanentemente en su vida privada, explorar el contacto con los desconocidos siendo uno más entre ellos, sabiendo que no solo, probablemente, es mucho mejor que montar un cirio o ignorar a La Gente De Mierda, sino que además puedes hacer su vida un poquito mejor y proporcionarles una anécdota inolvidable, y de paso pasarlo bien. La filosofía de Bill Murray, o "el Tao" de Bill Murray, ha sido también explorado recientemente en un libro que llevo tiempo con ganas de leer, y que ha sido editado aquí hace poco por (la jodida) Blackie Books. Y tanto su responsable (Gavin Edwards) como un montón de actores, familiares, guionistas y personas anónimas, exploran esta divertida y fascinante faceta del gran gurú Bill Murray. Un documental extraordinario, altamente recomendable pese a que su director se empeña en joderlo al final (tratando de emular torpemente a Michael Moore en busca de Charlton Heston, dando bastante vergüenza ajena; una escena y una subtrama dentro del documental, que sobraba se ponga como se ponga el autor), y en el que no es exagerado tratar de extraer toda una manera de entender la vida, aprendiendo del Evangelio según Bill.


Actualización: Atrapado definitivamente bajo el influjo de Bill Murray transformado en un gurú y en un ejemplo vital para todos nosotros, en cuanto terminé de ver el documental me hice con una copia de "Cómo ser Bill Murray", el libro en el que el documental se basó principalmente, y lo devoré en un par de días, con el ansia de un monaguillo aferrado a su Biblia durante unos ejercicios espirituales. El libro es estupendo, incluso para haber sido editado por los trileros de Blackie Books (que, para empezar, se mean en el título original de la obra de Gavin Edwards, "The Tao of Bill Murray: Real-life stories of joy, enlightenment and party crashing", y aquí nos lo han colado con ese guiño al hipster menos taimado), aunque no se trata de una lectura lineal, sino de una especie de "Guía para la vida" de Bart Simpson (salvando las distancias), al dividir el asunto en montones de epígrafes breves y llenarlo de (pocos, pequeños y bonitos) dibujitos; no es una queja, solo una aclaración. Básicamente, el libro se compone de tres grandes bloques: una introducción general; el largo capítulo mollar de anecdotario de avistamientos y encuentros en la tercera fase de la plebe con el ídolo, que avanza de manera golosa, entretenidísima e intencionadamente desordenada, con saltos continuos adelante y a atrás por las décadas, y agrupadas atendiendo a las supuestas 10 grandes enseñanzas que Bill ha querido transmitirnos con su curioso comportamiento: "Los diez principios de Bill". Una tabla de Mandamientos curiosa, que se entiende que no pretende convertir esto en una secta (ojalá; yo me apunto) sino en un objeto humorístico. También se incluyen otros epígrafes a modo de interludios, como el repaso año a año de las intervenciones bufas de Bill en el torneo de golf Pebble Beach Pro-Am, así como otros "cuadros de texto" que glosan una suerte de "top 10" de frases que dijo en tal o cual ocasión, sus 10 autógrafos de coña a los fans más recordados, 10 insultos que profirió a los conductores aledaños durante un largo atasco según su copiloto aquel día...; y el tercer bloque, aún más largo, es meramente una crítica de cada una de las películas de Bill, absolutamente todas ellas, comentadas brevemente y atendiendo siempre al papel de Bill allí, o añadiendo más jugosas anécdotas sobre su participación, su manía de improvisar o los problemas de los directores para contratar sus servicios. Un bloque realmente largo, ya que repasa toda la lista de IMDb del Maestro Murray, y que puede quedar algo deslucido y decepcionante para el que esperara más sobre su vida privada y no tanta reseña para lectores del Fotogramas. Pero a mí me ha gustado, el gossip es abundante, y el asombro permanece. Era una manera como cualquier otra de acercarse a su historia, y como guía de su filmografía es muy valiosa y da muchas ganas de repasarla... pero es que su filmografía es muy larga...

KUBASA IN A GLASS
[Atelier National Du Manitoba, Matthew Rankin, Walter Forsberg, 2006]
Esta mañana me dio por irme a la carpeta de "mixtapes" del hdd que tengo atado a la tele, y después de un par de vistazos a cosas que no terminaron de engancharme ("Late night bullshit" es una colección de fragmentos de tele nocturna demasiado floja y azarosa; "Random TV" es un curioso ejercicio de zapping de dos horas grabado en VHS por Solo-Dios-Sabe-Quién en algún momento de los 90s, repleto de marcas de tracking y sin créditos de ningún tipo, que me pareció fascinante al princpio, que intenta incluso generar cierto discurso al cambiar intermitentemente de unos contenidos a otros... pero que a lo tonto cuela casi entera la película "13 ghosts" de William Castle que estarían dando en ese momento, y luego otro par de pelis trituradas de ciencia-ficción barata, y me acabó aburriendo), me tragué una curiosísima cinta titulada "Kubasa in a glass", de esas que tanto me gustan, que consiste en piezas de alguna televisión local de Winnipeg grabadas en VHS entre 1975 y 1993. No solo resulta curiosísimo asomarse a aquel rincón de la cultura basura hiperlocal de otro lugar y otro tiempo, sino que sus autores ofrecen información a pie de página de algunos de sus protagonistas. Entre anuncios bizarros de gadgets de cocina, programas de música extraña alucinantes o estudios sobre peinados y bigotazos a la moda de la época y la región, conocemos por ejemplo a lisérgicos personajes de las catacumbas hertzianas de Manitoba como Uncle Bob (aka Robert Swartz, Jr.), un ventrílocuo que junto a su terrorífico muñeco asesino Archie Wood se dirigía a los niños desde un cohete espacial, mientras que se nos narra que el tipo era realmente siniestro, tenía graves problemas para controlar su conducta y fue expulsado tras varias décadas por salir a presentar su programa matinal completamente borracho (uno de los clips, emitido en directo en 1984, muestra a Uncle Bob enseñando sin querer el culo desnudo de una muñequita en primer plano, mientras le busca el botón de encendido, ante el descojono de todo el mundo tras las cámaras y sus posteriores torpes disculpas); algunos anuncios, como el del centro comercial de ropa femenina Clifford's, son hilarantemente troleados, al intercalar una parodia del mimso con tipos pegándose (parece ser que Clifford's era algo así como el Galerías Preciados local, que acabó en bancarrota); con otro anuncio (de no recuerdo qué producto infantil que se promocionaba con un spot lleno de explosiones) van más allá, intercalando imágenes del intento de atentado de Ronald Reagan; en otro bloque (el documental es un "estudio en 10 partes", y de hecho así se subtitula) muestra fragmentos de programas amarillistas disuasorios y de impacto, al estilo de "Bowling for Columbine", en los que se asusta a la gente con terribles crímenes (en una zona con un índice de criminalidad ridículo) como una vieja a la que han robado un bolso o un señor que intenta desesperadamente atracar un parque de atracciones con una pistola de juguete, todo ello reinterpretado con actores; conocemos también a un orondo gritón vendedor de sillones de teletienda con sombrero de cowboy, llamado Nick Hill, que parece totalmente sacado de King of the Hill; o al ya mundialmente famoso (en el infra-mundo del found footage) Winnebago Man, en la que pudo ser la primera aparición de las tomas falsas en VHS de "El hombre más enfadado del mundo"; entre unas cosas y otras el metraje está salpicado de varios fragmentos de una desasosegante y triste entrevista, el primer programa de algo llamado Personalities, dirigido por un tal Ross Doern, que interroga a una madura actriz aspiranta llamada Bea Broda, hablando sobre lo complejo de buscarse la vida en el mundo del espectáculo, pero que ella no tira la toalla. La entrevista se reanuda al final de la cinta, a modo de epílogo: sobreimpresionado, se nos desvela que Bea fracasó estrepitosamente, mientras que Doern se pegó un tiro poco después de esa entrevista. Todo ello, además de un buen montón de anuncios, teletienda abisal, entrevistas locas, bloopers de presentadores apenas semi-profesionales y toda una hora de excelente material del que se fabrican los sueños, digo los video-mixtapes de mayor éxito, pero todo ello inédito, grumoso, bizarrísimo y editado con gran alborozo y destreza.

DOS VECES YO
["All of me", Carl Reiner, 1984]
Sobremesa ligera de entretiempo. Desesperado, sobrepasado por la ansiedad, tengo tantas ganas de que llegue el invierno que, pese a hacer unos 20 grados ahí afuera, me senté ante la tele del salón con todas las ventadas cerradas y las cortinas echadas, con mi pijama de felpa, el albornoz gordo a modo de batín y las pantuflas de pezuña de oso. Apagué todas las luces, acerqué el sillón (y todos sus periféricos) a pocos palmos de la tele, y me puse a ver esta comedia clásica. ¿El resultado? Una placentera siesta seguida de cierto dolor cervical. Steve Martin es un tesoro de la comedia norteamericana, un maestro, cuya persona y su talento improvisando o haciendo música ha sobrepasado a sus personajes. Hace poco vi "Steve Martin and Martin Short: An evening you will forget for the rest of your life", y mira, aún no lo he olvidado, como tampoco la sensación de que está muy mayor y que Martin Short se lleva todo el protagonismo (hablando de estar mayor, el otro día vi el roast de Alec Baldwin, que me entretuvo mucho, y estaba como invitado Robert DeNiro y ese sí que está viejo, pero viejo, el pobre). En realidad, Martin no tiene una carrerra en el cine precisamente meteórica. Sus papeles más recordados son todos de los 80 (mis favoritas: "Mejor solo que mal acompañado" > "La pequeña tienda de los horrores" > "Un par de seductores" > "Un loco anda suelto"), ¿cómo es posible que no haya hecho en treinta años ni una sola película memorable, que le haya colocado en el lugar que merece? Me imagino que su hábitat es la televisión o los escenarios, más que el cine. No sé por qué apareció "Dos veces yo" en mi tele, pero aparte de sus andares y aspavientos semi-manfloritas, tampoco tiene nada especialmente memorable. La recordaba más divertida, y es una bobadeta amable escrita practicamente solo para que tenga esos momentos histriónicos.

IT CAME FROM KUCHAR
[Jennifer M. Kroot, 2009]
Estupendo documental retrospectivo sobre la vida y obra de los gemelos mutantes George y Mike Kuchar, cineastas underground con un lenguaje muy particular, de quienes nunca he visto una peli propia, pero por supuesto me han entrado muchas ganas (ya tengo unas cuantas a la cola). De enorme influencia en artistas como Bill Griffith (Zippy the Pinhead), John Waters o Troma (Kuchar aparecía en "Asesinatos anunciados", de la que hablaba por aquí hace dos entregas), entre otros satélites que participan en el documental, afines al trabajo inclasificable de Mike Diana o Art Spiegelman (que protagonizaron algunos de sus marcianos cortometrajes; tanto Mike como George tuvieron carreras paralelas en el comix y la ilustración), es un trabajo hagiográfico lleno de imágnes de archivo y pedazos de sus cintas, con entrevistas además a los protagonistas, cada uno en su casa hablando de sus cosas locas. El documental es también, sin quererlo, un poema queer, un retablo kitsch, medio episodio de ¿Quién vive ahí? y otro medio de Callejeros, y una hermosa égloga al cine como sustento vital.

AMERICAN MOVIE
[Chris Smith, 1999]
Casualmente, sin pretenderlo, al día siguiente pillo en TCM otro documental sobre un director de cine entusiasta, marginal, diferente: Mark Borchardt, un muchacho de Wisconsin apasionado por el cine gore y de terror, autor de pelis caseras con sus vecinos desde los 12 años, sueña con hacer una película de terror de abuten, pero su epopeya de tres años se constriñe finalmente a dar por acabado un cortometraje ("Coven") que había empezado 7 años atrás, posponiendo su futura película soñada ("Northwestern") hasta que consiga financiarla rápidamente mediante el corto. Han pasado 20 añazos desde que se estrenó este documental, casi treinta desde que empezó a pergeñar "Norwhestern", y el proyecto sigue abierto y en pre-producción desde 2014... En todo este tiempo, gracias al éxito de "American movie (The making of Northwestern)", Mark se ha convertido en una especie de celebridad cinéfaga, asiste a festivales de gore y despendole, a convenciones, ha salido muchas veces en Letterman, y ha hecho cameos en un montón de películas, como una especie de icono del género; pero rodar, lo que se dice rodar, no ha hecho nada interesante fuera de las chorraditas que hacía de adolescente y que muestra el documental. Porque "Coven", a juzgar por lo que se muestra, también es bastante flojita. Así que mientras miraba este curioso docu, ya le había perdido un poco el respeto a Mark, ese supuestamente esforzado amante del cine de terror, al que vemos debatirse entre la pasión más absoluta por el cine casposo y el zanganerío total y sin causa. "American movie" resulta un documento curioso, todo él a base de rodajes reales sobre el proceso creativo frustrado sine die del muchacho. Sus reflexiones como padre divorciado, sus tardes en casa con su moribundo tío Bill, sus paseos recurrentes a ese cementerio o ese desguace de la América Profunda que sirven de potencial plató de ensueño para esos cientos de películas de género imprescindibles que tiene en la cabeza pero que jamás rodará, y sobre todo las interminables charletas del pedante y marisabidillo Mark hablando y hablando y hablando sobre hacer cine, ser cineasta, vivir el Sueño Americano, pero sin dar pie con bola. Lo mejor de esta larguísima sucesión de grabaciones domésticas es Mike Schank, su amigo Mike Schank, otro redneck fumeta y headbanger que solo sabe hacer la "o" con el humo de canutos, pero que mágicamente convierte a esta pareja de amigos en el perfecto dúo cómico involuntario. Unos Laurel y Hardy grunges, talmente Jay y Silent Bob con los roles cambiados. En la vida real se han convertido, y esto sí es un auténtico logro vital, en una especie de cosplay 24/7 de sí mismos, que les inviten a todos los saraos y que tengan su propio podcast de éxito. Porque por separado son dos ceros a la izquierda llenos de sueños pero sobre todo coleccionistas de fracasos, como tú y yo y cualquiera, pero juntos, la cosa mola un poco más. No he sabido ver en esta cinta documental la mágica obra maestra meta-cinéfila alabada por la crítica, y como retrato de la vida en la asfixiante realidad de la Norteamérica rural me ha parecido un poco aburrida. Que cientos y cientos de chavales como estos cogen y se ponen a rodar y punto, y hay por ahí decenas de miles de pelis de terror basuriento, hombre, que no es para tanto.

EL ODIO
["La haine", Mathieu Kassovitz, 1995]
Estos días están siendo terribles para la Democracia. Lo digo sin asomo de ironía. No sé cómo se verá todo esto dentro de algún tiempo, si es que sobrevivimos y no acabamos envueltos en una nueva lucha fratricida, como dicen los cuñaos; pero yo estoy bastante triste ahora mismo con lo que está pasando en el partidillo Cataluña vs. España. Millones de personas allá arriba saliendo a protestar porque no pueden más, y el resto insultándoles, tratándoles como a una secta de zombis. Como si hubiese un ultranacionalismo fetén, normal, el ultranacionalismo que sí, el que dios manda, y un ultranacionalismo terrorista de facto. Todos los medios de comunicación, a todas horas, poniendo el foco unicamente en las pedradas, en los disturbios de los chavales gastando testosterona con la delincuencia, que les ha dado por pasar de todo ya y enfrentarse a los de la porra, hasta la polla ya de los de la porra que mandan los de abajo, como si esto fuese a ser el detonante de algo, como si a partir de ahora es cuando las cosas se van a poner feas... ¿Pero en serio hay gente tan gilipollas que no se ha dado cuenta de lo feas que están las cosas para el 90% de nosotros desde hace décadas? Las imágenes de las pedradas y las palizas son duras, pero es que escuchar en mi entorno el que les den más fuerte, que se vayan ya, que si tanques, que si ETA... Es desesperante. Se ha extinguido la empatía, como le pasara al catoblepas. En estas que me acordé de "El odio", una película que literalmente me revolucionó la adolescencia y que he visto docenas de veces, se la recomendé, ahora sí, irónicamente a los del grupo de whatsapp monopolizado por los cinco o seis de Vox del que no me dejan irme porque se aburren si solo hay cien banderas de España y cien videos guarros diarios, y volví a verla anoche, después de intentar concentrarme, sin éxito, en ver cualquieras otras diez o doce películas. Ver "El odio" es como escuchar una vieja canción de Bad Religion o de Fugazi, que me reconforta, que la voy tarareando al pie de la letra. Mi reproductor no leía mi DVD de edición especial (hacía años y años que no intentaba leer alguno), ni la encontré en Netflix (juraría que estaba) ni en el Plus, así que la busqué en Youtube y me la tragué, creo que por primera o  quizá segunda vez, al menos toda entera, en versión original (mal) subtitulada. Y la disfruté como siempre, aunque echando de menos la voz de Will Smith y las morcillas. Cuando miro esta película, no solo me entretiene por la cantidad de cosas que pasan, y me satisface porque lo que cuenta, las muchas lecturas que tiene, me suponen un cierto desafío intelectual, sino también porque me hace rememorar todas las otras veces que la vi, que la proyecté yo mismo a gente más joven que yo, o que la rememoré. Sucede que hay un par de momentos en mi propia vida, que tengo muy vívidos en la memoria, que tengo dudas de si me pasaron de verdad, porque se repiten fielmente en "El odio". Me acuerdo de mi viaje a París, de muchos veranos en Gamonal, de las carreras por Malasaña en mis años universitarios jugando yo mismo (pero en plan pusilánime, desde la retaguardia y odiando todo), me acuerdo de muchas cosas y de mucha gente todo el tiempo, solapándose en mi cabeza, al tiempo que esta película me vierte su prosa poética visual. Seguro que no pasa mucho tiempo sin que la vuelva a ver. También me ha servido para romper la sequía, que llevo un par de semanas sin ver nada que no sea la mierda de la programación en mis pocos ratos entre trabajar y dormir y mirar fake news en directo.
CAMPAMENTO MÁGICO
["Summer Camp Island", Julia Pott (creadora), 2018-2019]
Hace algunos meses tenía cuerpo para ver alguna serie de animación moderna, y disfruté enormemente de Gravity Falls (lo conté en esta misma "sección"). Pasó el verano, y está empezando a refrescar en Madrid. Tengo la tarde del lunes libre, y entre lecturas, sesteos y zapping, embutido bajo varias capas de mantas con mi pijama de felpa y mis pantuflas peludas, se me ocurrió descubrir alguna otra serie para chavales, ver si, como no soy padre, me estoy perdiendo algo entre los canales infantiles. Y en la interminable alacena de Movistar + me encontré con esta sugerencia. Otra serie para adolescentes que transcurre a lo largo de un verano en un lugar imaginario. Apenas he empezado a verla, impulsado por una extraña curiosidad, y voy a tenerla puesta solo mientras tecleo esta reseña; porque creo que he dado con la serie de dibujos animados más espantosa y dañina imaginable. El perfecto reverso tenebroso de Gravity Falls, un insulto a la inteligencia del niño y del adulto, llamada Summer Camp Island. Es la cosa más presuntuosa, irritante y desagradable que he visto en muchísimo tiempo. De un estilo que mezcla lo peor de la ya de por sí chirrinte y repelente Hora de aventuras, con lo peor de las tazas de Mr. Wonderful y unos garabatos improvisados por Mariscal, lo peor sin embargo no es su estética de papel pintado a la venta en Malasaña, esa pinta de calendario de actividades para niñas idiotas de Blackie Books, ese jaez de cómic alternativo con el que ha triunfado sin darse cuenta una estudiante pija de diseño gráfico de Portland con el talento en el culo, dibujando en una servilleta color pastel; lo peor es que pretende ser la fábula definitiva, un conglomerado de todos los cuentos infantiles, adaptados a la animación pomposa moderna para débiles mentales. Disfrazada de serie infantil, pero que en realidad pretende satisfacer exclusivamente a las madres modernas y aburrir a los pequeños tratándoles como a subnormales. No creo que a las niñas les interese esto, no lo creo. Es imposible. Es demasiado rápido y demasiado "irónico" para las niñas más pequeñas, que son las que podrían disfrutar con esas pupilas grandotas y esos personajitos raritos y coleccionables. Esto está hecho para disfrute exclusivo de un colectivo de fanzineras feministas más cercanas a los 40 que a los 30; pero lo que jode es que lo disfracen de animación infantil. Creo que he dado, insisto, con el producto audiovisual más irritante y espantoso. Si Hora de aventuras se convirtió en el epítome de la animación rácana, hipster, posmo, kawaii y estúpida, pero con la coartada de la fantasía desatada, Summer Camp Island hace de aquella una obra maestra del ingenio y la calidad gráfica. Trata sobre un campamento para animalitos antropomórficos, en el que las monitoras son brujitas instagrammers feas que no les dejan apagar la luz cuando quieran y esconden los emblemas de los talleres. El gilipollas del niño-elefante protagonista (Óscar) tiene un pijama que le habla, una gorra que le habla, juega con una pelota que habla, y por las noches habla con una luna creciente con ojos. Los muebles tienen ojos, tropieza con una silla con ojitos cuquis que hace "¡ay!". Se saludan diciendo "¡holi!", que me imagino que, entre millennials, debe ser muy gracioso o irónico y no da simplemente ganas de matar. Hace 60 años el libro de Maurice Sendak ya debía ser un poco hipster para la gente corriente; aquí, por supuesto, el bosque está repleto de monstruos cuquis por todas partes. Como los yetis que cuando hablan suenan saxofones (increíble, alucinante que no sean ukeleles), o los bichos amorfos rosas y azul cielo. Cuernecitos, monstruos bebés monos, sirenas chiquitinas... Todo es increíeblemente repelente. Si es que basta mirar la canción de la sintonía de apertura para que el ascómetro se dispare: «la magia es real, aquí lejos del hogar todo es posible, las brujas lo harán. Los monstruos son guays, la luna alumbrará contigo en el Campamento Mágico». Ni a Amaral se le hubiese ocurrido una sintonía más pestilente. Puertas con ojitos, estrellitas con ojitos, trozos de tarta que caminan, tostadas con ojos. En serio, voy por el capítulo 5 (que son muy cortitos) y lo voy a quitar, porque me está dando ganas de matar. Quien hiciera esta serie, además de usar gorros de lana, máquina de escribir, post-its rosas, tocar el ukelele, hornear cupcakes y comprar vinilos que no escuchan, son unos hijos de puta y me han arruinado la semana.


FLEABAG (T1, T2)
[Phoebe Waller-Bridge (creadora), 2016-2019]
Otro lunes sabático, que después de descansar dilatadamente, desayunar fuera, pasear, hacer recados y quehaceres domésticos, tengo la tarde tonta y lo único que se me ha ocurrido ha sido venir a escribir aquí; como una suerte de desahogo, de doma, de aligeramiento de la ansiedad. Y también, como una máquina del tiempo. Para matar el rato, vamos.
Me gustó bastante Fleabag, y fue prácticamente lo único que vi la semana pasada, que no escribí nada aquí. Me había encontrado un montón de alabanzas hacia ella en Twitter, y también creo que hablaron de ella en Comedia Perpetua (que es como se llama ahora Phi Beta Lambda). No tengo demasiado que decir, es una serie estupenda, feminista, izquierdosa e incómoda, desarrollada y protagonizada por ese mujerón que ha despuntado como una figura clave de la comedia contemporánea, y que responde a Phoebe Waller-Bridge. Tiene momentos verdaderamente hilarantes, escenas brillantes, y una potencia tremenda. Aparte de recomendarla a todo aquel que no sea imbécil (y acaso, tal vez, que pase de los taytantos), solo quiero decir que yo la recibí como una especie de evolución dramediática de Don't trust the b---- in apartment 23, que tenía una protagonista de similar efluvio (... pero encarnada en Krysten Ritter, que es una diosa), con un humor más de comedia de situación y elementos tontorrones, menos contemporizadora (estos tiempos que corren son espantosos, y las bofetadas a la derechona biempensante son continuas) y menos incorrecta. Fleabag es La Serie Para Chicas del momento, y es una pasada.
Como han pasado unos cuantos días, y me la vi en solo dos jornadas maratonianas, no me viene ahora a la cabeza ningún otro comentario que añadir a lo que cualquiera más indicado haya podido decir ya en otros lugares de esos que la gente lee de verdad; así que voy a contar cuatro cosas raras que me han pasado en este lunes ocioso y lluvioso:
El otoño ha despertado el celo en mi gatito Felipe, que llevaba meses y meses muy tranquilo. Pero está otra vez inquieto y maúlla mucho mientras pasea desesperado por la casa de aquí para allá. Maúlla bajito, pero es lo suficiente exasperante como para desesperarme a mí también. En algunos momentos (pocos) es realmente irritante, y una vez estaba yo tan concentrado trabajando en el ordenador que sus constantes llamadas de atención me hicieron cabrear, me levanté, tiré la silla giratoria y me encerré de un portazo en la cocina. Cuando me calmé y volví a salir, rearmado de paciencia y llamándole cariñosamente, me encontré con que Felipe se había convertido en una auténtica bestia beligerante. Con la cola hinchada, muy estirado y los ojos furiosos, se acercaba a mí poco a poco gruñendo con voz cavernosa y grave. Fue un momento horrible. Así que decidí que tenía que hacer algo. Después de un fin de semana estresante y cansadísimo (trabajando durante todo el día y luego pinchando música en el Horacio hasta las 3.30; durmiendo apenas unas pocas horas, que además eran boicoteadas por mi gato en celo), hoy tenía que solucionar el asunto. Anoche dormí con unos tapones para los oídos que compré en la farmacia, así que dormí bien. Y aquí empieza mi cuádruple anecdotario del día de hoy. Es solo una chorrada, pero bueno, a veces uso este blog de reseñas como un diario de bobadas. Me pasaron estas cuatro situaciones absurdas hoy:
1. Esta mañana cuando me desperté, se había ido la luz en mi casa. Tardé un rato en darme cuenta porque, después de mucho tiempo, desperté ya de día, no tuve que encender ninguna luz, ni me di cuenta de que el frigorífico no hacía ruido cuando bebí un trago de leche de almendra a morro para quitarme el mal sabor de boca. Cuando fui al baño descubrí que la luz no funcionaba, pero la bombilla está algo suelta y le pasa a veces, no le di mayor importancia. Solo cuando me senté al cabo de un rato con un café frío de ayer, y terminó el episodio de La mano contra el sol que estaba escuchando en el móvil, fui a encender la tele y no tiraba, y descubrí que estaban todos los pilotos led de la casa apagados, que estaba sin luz. No barajé la posibilidad de corte de suministro, por suerte no paso una etapa de aquellas de "pobreza energética", que las he pasado. Los plomos habían saltado, y saltaban cuando intentaba volver a conectarlos. Solo tras un largo rato cavilando y probando cosas, descubrí el motivo del cortocircuito que había en algún punto de entre todos mis periféricos del hogar: Felipe había depositado un pequeño charquito de pis encima del enchufe del ordenador. De toda la casa, de todos los lugares en los que podía haber descargado su marca territorial, había ido a soltar el chorrito en la cuarta, y solo en la cuarta posición de la regleta de enchufes que hay bajo mi escritorio. Al apagar la regleta, ya podía subir los plomos y encender la calefacción. Tuve que secar bien esa zona y solo esa para poder volver a utilizar la instalación eléctrica, incluido este ordenador que estoy utilizando ahora. ¿Será cabrón el gato?
2. Salí a la calle, a tenor de lo narrado, dispuesto a comprar algo para calmar a Felipe; mi idea inicial era FeliWay, que es el ungüento feromónico estándar, a expeler por vía eléctrica en el aire o bien en espray. Tras caminar unos pocos metros, primero me paró una señora preguntándome por una tienda, y al cabo de dos manzanas, me encuentro con un anciano en muletas, que me para de nuevo, esta vez para pedirme algo más inquietante: que si le podía atar los cordones de las zapatillas, que él no llegaba. Por supuesto, lo hice sin dudar. Solo cuando terminé me di cuenta de lo insólito de la situación. Pero me pareció hasta bonito y seguí mi camino con la cabeza bien alta.
3. Después de desayunar y de otro par de recados, fui a la triste cadena global de préstamos, usura y compra-venta de quincalla y gadgets domésticos, a pillarme unos cascos inalámbricos. Aparte de intentar calmar al gato, e intentar dormir del tirón por las noches utilizando tapones, también he pensado escuchar música, la tele o las cosas que tenga en el ordenador, con unos cascos puestos, en esos momentos en los que Felipe se pone imposible. Una vez en casa, conecté la base de los auriculares a la tele, que se supone que se sincronizan automáticamente, y puedo escuchar las cosas a distancia, mientras voy a cagar, friego los platos o desde la cama. Sin embargo, en el canal por el que debería sonar la televisión, solo lograba sintonizar todo el tiempo a un señor leyendo la Biblia. En el rato que estuve conectando y desconectando los aparatos, moviendo el cacharro de sitio por si la antena hiciese interferencias, haciendo pruebas en distintos lugares, etc., el tipo leía muy serio e intenso el libro del Levítico, un fragmento en el que se explica a los fieles cómo lavar la ropa de los leprosos. No consigo utilizar los cascos para escuchar la tele. Solo para escuchar emisoras latinas de radio al azar, o el canal desde el que alguien me lee la Biblia a voces.
4. Bueno, estaba improvisando. No recuerdo cuál era la cuarta "rareza" del día que se me ocurrió hace unas horas. Le he pillado al gato una cosa que sabía que existía, pero que nunca me había visto obligado a adquirir, que se llama "catnip". No sé si era eso lo raro. Le he echado un poco sobre un pedazo de cartón grueso entrelazado tamaño skate, y el gato se ha vuelto loco, se ha puesto a arañarlo, a olfatearlo ruidosamente, a chuparlo, se ha echado una siesta encima, y ha estado aparentemente bastante satisfecho todo el resto del día, hasta ahora, que son las ocho y media y ha regresado con su serenata. Justo ahora. Le voy a dar más droga gatuna a ver si se sofroniza, y mañana iré a por el FeliWay, que es que se habían quedado sin stock en mi tienda de confianza (la otra, a la que suelo llevar a los animales cuando se estropean, en realidad no me da mucha confianza). Hoy también he comprado un puñado de cosas bastante idiotas y muy baratas en AliExpress, vi algunos objetos verdaderamente extraños, útiles de cocina, fruslerías innecesarias pero cuquis conectables vía USB, pero creo que no compré nada del otro mundo, ahora mismo no me acuerdo de todo. Sé que he comprado dos girafarigs, uno en Todocolección y otro en AliExpress...

UN DETECTIVE BARATO
["The cheap detective", Robert Moore, 1978]


UN INVESTIGADOR INSÓLITO
["The big fix", Jeremy Paul Kagan, 1978]

Hace unos cuantos días me hice esta doble sesión, de manera fortuita, por una mera cuestión alfabética, pero con sendas historias que conectaron perfectamente, no solo entre sí, sino con la tardenoche lluviosa de otoño que se cernía a mi alrededor. Dos comedias negras de 1978 con detective protagonista, título español sincronizado y un montón de caras conocidas del cine de los setenta.
"Un detective barato" es básicamente un intento de repetir el éxito de "Un cadáver a los postres", aquel icono de la parodia detectivesca que sentó las bases del spoof que dominaría los ochenta, repitiendo guionista (la superestrella de la época, Neil Simon, encumbrado desde su libreto de "La extraña pareja"), director y varios de sus protagonistas. Fue la segunda colaboración de tres (le seguiría "Capítulo dos" en 1979) entre Simon y Moore, y desluce al lado de esa pequeña obra maestra que fue "Un cadáver...", por su tono más disparatado y desprovisto de aquel hermoso tufillo "victoriano", "hammeriano" y teatral. En esta ocasión los diálogos surreales, los juegos de palabras y la comedia física, que ya estaban presentes en la primera parte, se explotan y exageran hasta convertirse casi en una de los ZAZ (que se estrenarían dos años después con "Aterriza como puedas"), lo cual no es ningún reproche, pero sí que se perdería por el camino la ternura, inocencia y vigor clásico de la anterior: aquélla más próxima a la screwball comedy de los 50s y ésta más parecida a una sitcom frenética de los 80s. Curiosa y entretenida pero demasiado modernista.
Por su parte, "Un investigador insólito" es una dramedia olvidada, protagonizada por Richard Dreyfuss, recién ascendido al estrellato a las órdenes de Spielberg ("Tiburón", 1975; "Encuentros en la tercera fase", 1978), que interpreta al típico detective cutre, progre, loser y fan de desayunar cubatas, que se ve empujado a una trama de corruptelas políticas en plena era jipi. Demasiado lenta y demasiado apegada a la Contracultura y la trastienda de la corrupción política que tanto revolucionaron la sociedad de entonces, como para conservar su interés más allá de los gags.

DUMBO
[Tim Burton, 2019]
Malos tiempos para reivindicar a Tim Burton en particular, y en general para expresar admiración abiertamente hacia nadie que no sea un influencer analfabeto o, en el mundo del cine en particular, hacia un director transgresor y ofensivo. Pero yo soy de los que no le encuentran nada malo a Burton y todo lo que acomete y fagocita nos lo devuelve convertido en una ensoñación de autor, que puede ser más o menos pedante, más o menos tramposa, pero que te sobrecoge si te dejas. A "Dumbo" le pasa lo que dice Scorsese del cine de superhéroes: que carece de riesgo y que se parece más a unos dibujos animados que al cine; pero es que todas las películas de Burton son stop-motion con personas, y además es que estamos hablando de "Dumbo". Me pasa, como a mucho cuarentón sin hijos, supongo, que no he vuelto a ver la "Dumbo" original desde que era pequeñito. Ni "Pinocho", ni "Cenicienta", ni casi ninguna. No sé si porque la revolución Pixar dejó deslucidas las obras clásicas de Disney para mi generación o es mero olvido personal, pero yo tengo abandonadísimas todas esas monumentales películas de Disney. Con lo infantil y pusilánime que yo soy... estoy seguro de que podría vivir solo de verlas una y otra vez, en la soledad de mi apartamento, con una caja de clínex al lado, pero luego no me pongo. Es que el cine de Disney tiene también ese hándicap de que da un poco de pereza al adulto, creo yo, por la invasiva omnipresencia de su mercadotecnia y la ñoñez de algunos de sus planteamientos recientes. Pero lo que más me ha sorprendido de ver este remake es lo fresca y asumida que tenía la historia de Dumbo. Esto no está solo completamente libre de riesgo, es que "Dumbo" es un cuento construido milimétricamente para despertarte toda una colección de sensaciones. Esta adaptación burtoniana es ligeramente menos oscura, retorcida y cínica que la mayoría de sus cositas, por aquello de la audiencia, y pasma que ninguno de los artistas del circo de los "hermanos" Medici tenga dos cabezas, que solo sea un tronco parlante o que persista y martillee algún elemento de pesadilla. Es todo hermoso y para todos los públicos, todo el tiempo, incluso el terror que constriñe al pequeño paquidermo resulta menos terrorífico que el que recuerdo que imprecaba la peli original (la escena onírica de los elefantes rosas, pesadillesca en la original, aquí es un vistoso juego de pompas de jabón más inofensiva que la que desarrolla cualquier yonqui en el Retiro). El desasosiego del imaginario grotesco habitual de Burton (que a tanta gente le chirría; a mí no) apenas se asoma, inocuo, en el diseño de la Isla de la Pesadilla, un par de veces en la figura del villano interpretado por Michael Keaton, y acaso repele un tanto la niña protagonista, que parece un monstruito mirada de soslayo (con un influjo repelente en la línea del niño de "James y el melocotón gigante", los de "Parque Jurásico" o Chucky), pero no sé si fue una repulsión intencionada o solo me daba miedo a mí. Todo está poderosamente disneyficado, como no podría ser de otra manera, en favor de la lluvia de millones. Algunas escenas son un poco fallidas por lo apresuradas, por lo comprimido que parece todo y que lo que menos importa son los diálogos y lo que más los revoloteos del elefantito orejotas, pero cumple correctamente en todo momento su función lubricante y conmovedora.