martes, 16 de julio de 2019

CICLO: Teatro de la Ciencia Misteriosa 30000 (4)


3ª PARTE


CHICA SIN BARRERAS
["The swinger", George Sidney, 1966]
Infumable subproducto yeyé de la era de los beatnicks, las chicas cheesecake y los bikinis, empeñado en calentar a los más reprimidos y escandalizar a los más biempensantes, a partir de una Ann-Margret (qué guapa Ann-Margret) paseándose todo el tiempo ligera de ropa, que por alguna razón está obsesionada con entrar a formar parte del staff de una revista para hombres llamada Girl Lure, y que le publiquen un cuentito erótico que ha escrito. Esta es la premisa de la película: esta muchacha, sin ningún motivo aparente, sueña con convertirse en escritora de folletines picantes en una revista cochina de la época, pero a sus responsables (un viejo verde remedo de Hugh Hefner —Robert Coote—, que hace las veces de narrador y nos introduce en el trotón mundo del destape y la sordidez light y jaranera de L.A.; y su editor, un pringao anodino interpretado por Tony Franciosa) la chica no les interesa y sus textos les parecen un fraude. Así que Kelly (pero qué guapa Ann-Margret) decide hacerse pasar por la auténtica protagonista de sus cuentos subidos de tono, y engañar a los de la revista para que crean que realmente es tan descocada como lo que cuenta en sus textos. La película, aunque parece alucinante, va de eso: de Ann-Margret cambiando de vestido y probándose mil y un bikinis en numerosísimas training-scenes musicales, mientras pone calientes a los de la revista, y de paso al espectador postadolescente, para hacerles creer que en lugar de una sosa conservadora, es una golfa. El resultado es inenarrable. Como un primer borrador de una de Mariano Ozores para burlar la censura, repleta de elementos misóginos y empoderamiento femenino mal. Estéticamente es interesante, ya que retrata una época y un sentir muy concreto: los primeros pasos de la fiebre Beatle, las pin-ups, los locales desnudistas que se muestran en la introducción (lupanares y negocios de burlesque y strip-tease, marquesinas de cines en los que se estrenaban bizarras cintas mondo como "Hollywood's world of flesh" o "Nudes of the world"...). E incluso se adelantaron por unos meses a la serie de Batman en la idea de sobreimponer coloridas onomatopeyas. Por lo demás, todo da mucha vergüenza ajena.

ESPAÑA INSÓLITA
[Javier Aguirre, 1965]
Hablando de cine mondo, descubro este curioso documental español, rodado enteramente en tonos sepia, que se sumó velozmente a la moda de mostrar lo menos turístico y más impactante de la sociedad que había inaugurado muy poco antes "Mondo cane" (Gualtiero Jacopetti, 1962). A través de una voz en off (relevándose en esta función actores como Manuel Dicenta, Julia Gutiérrez Caba, Paco Rabal o Fernando Rey), como si fuese cualquier otro de los documentales del régimen, la cámara nos introduce en una serie de tradiciones folklóricas, actividades rurales y supersticiones hiperlocales, que en varios momentos rozan el espanto. De la Rapa das Bestas, las peleas de carneros, costumbres religiosas extremas como el calvario de los Picaos y otros penitentes radicales, pasando por toros, flamenco, procesiones y fiestas populares. En realidad la intención de Aguirre probablemente no era la provocación ni documentar el morbo (a imagen de los pioneros italianos), sino la orgullosa representación de esos bellos modismos de la España Profunda; pero en conjunto, vista con la distancia y sumidos en esta dictadura de lo PC, no está demasiado lejos de ser un documento disuasorio de impacto como aquellos. Llegué a esta pieza buscando información sobre la interesante cinematografía (y anticinematografía) de Aguirre, principal responsable del éxito fílmico de los Parchís, de los que hablaba hace poco, y que de rodar este tipo de megahits pop revientabutacas, se fue zambullendo poco a poco en lo experimental y anticomercial, en el discurso no narrativo o ejercicios bizarros como este.

SPIDERMAN: LEJOS DE CASA
["SPIDER-MAN: FAR FROM HOME", Jon Watts, 2019]
Fui solo a los Ideal el otro día a ver esta, en mi día libre, para combatir el calor y evadirme por un rato de la realidad. Amén de disfrutar de la nueva entrega de la versión definitiva y contemporizadora de mi personaje favorito. Y en efecto, fue apoteósico. En esta ocasión la acción nos lleva de Nueva York a Europa, por alguna razón, mientras Peter Parker participa de un viaje de estudios. Y allá donde va se ciernen peligros terribles, cuando una aparente invasión de monstruos gigantes está destruyendo las ciudades históricas más famosas de Europa, y parece que solo las fuerzas combinadas de Spidey y de un tipo llamado Quentin Beck son las armas de SHIELD para contrarrestarlas. Así, la aventura es trepidante, llena de pirotecnia y maravilla visual... pero al cabo de unos 40 minutos yo estaba bastante mosca, porque ése no era el Mysterio que yo conocía. Mysterio colaborando con SHIELD, tutelando de alguna manera al joven Parker... Y claro, es que cuando tratamos con el malvado Mysterio, nada es lo que parece. No sé cómo coño no lo vi venir, no lo quise ver venir, pero es que todo el caos no era sino una sugestión y un truco de prestidigitador del maldito Mysterio, que el muy cabrito se está haciendo con los mandos de SHIELD por culpa de Spidey... Vive dios que me la colaron, y cuando estaba empezando a cabrearme la película se convirtió en un disfrute genuino, unos fuegos artificiales, una orgía de amor por este personaje. Curiosamente, soterrado entre las toneladas de dólares y de CGI, la presencia de Tom Holland y las caritas de Zendaya protagonizan algunos de los mejores planos de toda la película. Dentro de la epopeya y el ruido, me resultó una película pequeña, de pocos personajes (Nick Fury y Maria Hill tienen un papel importante, y también Happy Hogan, ahora que Tony Stark ha muerto en el MCU; el resto del reparto  lo conforman apenas los chavalillos del Instituto Empire State, con ese Flash que no termina de gustarme, o Ned, el samoano cómico extirpado del mundo del Ultimate Spider-Man de los tebeos como remedo raro de Ned Leeds, que estaba más gracioso en la primera parte; aunque mola su relación con la pequeña Betty Brant, es bonito que mantengan esa llama y esos guiños 50 años después), entrañable, lineal (pasado el embrujo de la liada de Mysterio) y muy, muy entretenida.
A este lado de la pantalla, la experiencia del visionado fue un poco desastrosa, porque olvidé que era domingo (mi día libre habitual suelen ser los lunes, día perfecto para ir al cine), la sala estaba atestada y me tuve que poner en la fila 3. Y encima, justo cuando se apagaban las luces, me flanquearon sendas parejas de chavales, y uno que tenía al lado, jodido hijo de la gran puta, se pasó media película mirando el móvil y hablando en voz alta como si estuviese en su puto piso compartido. Estuve a punto de montar un número como el viejo cascarrabias que soy.
Por otro lado, me pasó algo curiosísimo, que no recuerdo que me hubiese pasado antes: entré en el cine a las 7 de la tarde, en plena canícula de finales de julio, el sol pegando fuerte. Cuando salí, el cielo estaba rojo, empezaba a oscurecer, hacía bastante viento y las calles estaban mojadas. Fue realmente desconcertante. En el rato que duró la película una furiosa tormenta de verano había azotado el centro de Madrid mientras yo andaba en el búnker audiovisual, y la sensación de salir a la superficie me dejó aturdido el resto de la noche.

COCO
[Lee Unkrich, Adrian Molina, 2017]
Qué cosa más preciosa, este homenaje de Pixar al Día De Los Muertos que se me había escurrido hasta hoy. La lotería de Netflix me ha tocado bien, porque me ha alegrado una tarde mustia y resacosa esta preciosa historia del niño que soñaba con ser una estrella de las rancheras, en el seno de una familia que odia la música. El enorme respeto a las tradiciones mexicanas es retorcido de manera maravillosa cuando el pequeño Miguel es transportado al propio mundo en el que que viven los muertos que son rememorados en esta fecha. Una orgía deliciosa de calacas animadas de todo pelaje, en el tono justo (sin ser el esqueletario grotesco pero tampoco idiota ni infantil: es todo precioso y emocionante), con brillantes alebrijes vivientes y una ciudad imaginaria rendida a lo más hermoso de aquella cultura, hecha animación de Pixar. No se olvidan de darle cameos a Frida Kahlo, Jorge Negrete, Pedro Infante, Cantinflas o Santo el Enmascarado de Plata, entre otros personajes que habitan ese Ultramundo de colorines, fiestas y tranvías voladores. No por ligeramente predecible el argumento deja de ser una delicia inmortal.

BOB LAZAR: AREA 51 & FLYING SAUCERS
[Jeremy Kenyon Lockyer Corbell, 2018]
Estoy sumido en un pequeño proyecto secreto relacionado con la ufología. No es que me persigan hombres de negro ni que haya visto cosas extrañas en los cielos, sino que tengo por primera vez un encargo editorial serio, que parece que va a cambiar mi miserable vida laboral aunque sea para lo que queda de verano, y estoy muy contento y un tanto sumido en aquello del I want to believe (por cierto, tengo el póster en el salón casualmente desde hace un par de meses). Leyendo y mirando muchas cosas, hoy me puse este documental de Netflix, obra de un director (que parece un tanto egocéntrico y busca el máximo protagonismo en la película) especializado en documentos sobre contactados, testigos, espaldas mojadas o soplones del fenómeno ovni. En estos días en los que saltó la simpática noticia de que los conspiralocos se están organizando para asaltar el Area 51, el tema está agitando al maguferío en las redes casi tanto como el terraplanismo. Y la historia de Bob Lazar, pieza clave de la ufología de los 80 que cambió el asunto para siempre, y que décadas más tarde decide romper su silencio con perspectiva, es una de esas "historia más grande jamás contadas" que merecía un buen documental. Este está bastante bien, si obviamos al pesado del director hipster chupando plano, y aparte de las muchas declaraciones de Lazar lacónico y más majo que las pesetas, o las revelaciones recientes que fortalecen su testimonio, se agradecen las oleadas de imágenes de archivo y de cultura pop marciana que salpican todo el metraje, y que se complementan con la constante narración épica de Mickey Rourke de fondo.

FALSAS APARIENCIAS
["The whole nine yards", Jonathan Lynn, 1999]
Estoy de vacaciones. En realidad ha sido una huida hacia un lado, y tengo mucho trabajo que hacer en casa durante las vacaciones, pero la inseguridad laboral y la ansiedad por hacer montones de cosas no me está haciendo disfrutar mucho el primer día de vacaciones.
Películas que vi recientemente y que no son de género: una tarde tonta reciente me apetecía ver comedias ligeras, y vi "Falsas apariencias" y luego "Lío embarazoso" (Judd Apatow, 2007), al azar, porque estaban en el catálogo del Plus y las pillé a boleo. Hoy he visto la secuela tardía de la primera, "Más falsas apariencias" (Howard Deutch, 2004), que es un jaleo, mucho más enrevesada, sin carisma y bastante menos graciosa; como un mero reencuentro del reparto, en el que se olvidaron de que habría gente mirando. Pero la original me entretuvo mucho. La eterna historia del tipo cívico y majo (Matthew Perry) que recibe a un nuevo vecino, y este resulta ser un asesino despiadado (Bruce Willis as himself). Rollo "The 'burbs" (Joe Dante, 1989; una de mis películas favoritas de todos los tiempos), "Mis locos vecinos" (John G. Avildsen, 1981)... aquel episodio en el que Homer sospecha que Ned Flanders ha matado a Maude... o aquel otro episodio en el que Chris Peterson tiene sueños premonitorios en los que Larry asesina a Sharon)... En fin, una historia simpática, con la inolvidable escena con Amanda Peet armada y en tetas. Al cabo de un rato vi "Lío embarazoso", como decía, esa especie de sopapo en la cara que les da la vida adulta a los freaks de Freaks & geeks, ya postadolescentes, algo así como una secuela mala de la truncada serie. Y si cuento todo esto, la innecesaria información de que pasé un rato muerto viendo comedietas finiseculares (que no deberían aparecer en este ciclo, porque no es cine de género), es porque en "Lío embarazoso" los fumetas están montando una web de pago para adultos, en la que ofrecen a los suscriptores las escenas exactas en las que aparecen desnudas (tetas o potorro) sus actrices favoritas (aquí en España, se les adelantó Hernán Migoya hace muchos años, con la publicación de su libro "¡Desnudas!" para la colección Serie B de Ed. Midons, que va exactamente de eso); y en una escena de la película, están reunidos ahí en esa casa llena de mierda, y detrás de ellos en la pared hay un folio pegado en el que pone "Top 5 mejores desnudos de actrices canadienses", o algo parecido, y en él aparecen los nombres de Pamela Anderson en primer lugar, no sé cuáles más (puede que Rachel McAddams, o Neve Campbell), y en el top 5, Natasha Henstridge. Me hizo gracia la casualidad, y el recuerdo de esta actriz olvidada. Los freaks no la mencionaban por "Falsas apariencias", sino que donde sale en toples es en "Species" (1995) y en "Species II" (1998). La que sí tenía una escena desnuda, súper sexy y empuñando una pistola, es la otra preciosa coprota, Amanda Peet. Para mí, no hay color entre una y otra, la Peet se merienda a la Henstridge, aunque sí es verdad que la Henstridge estaba guapísima en "Falsas apariencias".



UNA VIDA A LO GRANDE
["Downsizing", Alexander Payne, 2017]
De cuando en cuando hablo en este blog sobre películas de Gente Pequeña, y mi obsesión no para crecer, y sigo detectando películas, series, episodios de series o cómics en los que aparece Gente Pequeña. Todo un temazo. Hoy me encontré con esta película de Netflix que se estrenó hace ya tiempo, y que lleva el asunto de la Gente Pequeña al terreno del melodrama social y lo posmoderno. Me lo temía al poco rato de empezar la película, y efectivamente, acabé perdiendo el interés. Pero el planteamiento es estupendo: en un futuro distópico más o menos cercano, unos científicos noruegos han encontrado una solución para la sobrepoblación del planeta y la explotación de los recursos, que están a punto de acabar con el planeta. La idea es, simplemente, hacer a la gente que lo desee pequeñita, tamaño minifig de Lego, y así no solo ocuparán menos espacio y consumirán infinitamente menos, sino que al mismo tiempo serán multimillonarios, porque por una ínfima parte de lo que gastaban pueden alimentarse todo el año. Un Rolls Royce para Gente Pequeña, por ejemplo, cuesta lo mismo que un Rolls Royce en miniatura, no que uno real. Un anillo de diamante para una Mujer Pequeña, es apenas una astilla de diamante. Y así. La idea es excelente, y se nos muestra de manera verosímil, indie y un poquito intensa (el director es el mismo de "A propósito de Schmidt" o "Entre copas"), cómo un matrimonio decide reducirse para afrontar sus problemas económicos y de espacio. Son Matt Damon y mi musa Kristen Wiig. El segundo acto, así, comienza cuando por fin se someten a la reducción... y tal y como me temía sin lugar a dudas (todo huele a drama todo el rato, como tratando de eludir y arrinconar los aspectos cienciaficcionescos de la historia), al final solo se reduce él, ella se retracta (y desaparece de la peli, me cago en Sebastopol), y el resto de la historia, casi todo, es la vida de Matt Damon compungido en la nueva ciudad de lujo para Gente Pequeña, llamada Ociolandia. Allí se muestran, empero, bastantes nuevas ideas valiosas acerca de la vida social de la Gente Pequeña, el concepto llevado al extremo social, e incluso unos pocos detalles de atrezzo que no desentonarían en Los Diminutos (la rosa amarilla tamaño real que decora el salón de Damon, la tele de plasma que sirve de cine para los pobres de Ociolandia, una canica como ornamento por aquí, un billete de dólar hecho cuadro gigante por allá...). Visualmente tiene momentos brillantes (también hay escenas de Gente Pequeña interactuando en el mundo de tamaño normal, y eso era esencial), y la utopía capitalista de los currifichantes pobres que trabajan fuera de Ociolandia y que no son tan ricos como se suponía que serían todos, da mucho juego. También la transformación de la primera colonia de Gente Pequeña noruega en una secta new-age, es un logro estupendo. El personaje interpretado por Hans Landa es morrocotudo. Pero tal y como me temía, la trama en sí se centra sobre una nueva historia de amor entre Damon y otra Mujer Pequeña, que resulta ser una activista política vietnamita coja, y toda esa parte se me hizo bola.

THOR
[Kenneth Branagh, 2011]
Entre los muchos deberes que me he impuesto para las vacaciones, estaba ver algunas de las pocas pelis del MCU que me faltan. No es que me importe demasiado el MCU, pero el hecho de que sea un universo cohesionado me genera un poquito de ansiedad, y total, ver películas no me supone un gran esfuerzo. De Thor no había visto nada, no fui al cine en su día, y el personaje animado por Chris Hemsworth es de lo más interesante de los Vengadores. Terminé de convencerme después de ver su metamorfosis en "Endgame" a mero secundario cómico, y me apetecía ver la saga tranquilamente, sabiendo ahora que tendrá continuidad. La cuestión es que apenas he leído tebeos de Thor, apenas la sempiterna etapa de Walter Simonson y no entera, y apariciones sueltas; y que el peplum me la repampinfla. Para epopeyas épicas a costa de la mitología griega, me quedo con Harryhausen. Me interesa mucho más el Thor perdido en la gran ciudad, y efectivamente aquí hay mucho de eso, así que esta primera entrega me satisfizo por completo. Lo primero que quería saber era si se acordarían de Donald Blake, y hacen el guiño casi desde el principio. Hasta el Thor convertido en rana se menciona en algún momento. Esta primera entrega es en realidad un episodio más de Marvel: Agents of S.H.I.E.L.D. alargado y con cien veces más presupuesto. Thor es exiliado de Asgard y desterrado a la Tierra (valga el oxímoron). Odín lanza el mjolnir a tomar por saco y cae en el desierto de Nuevo México, así que el agente Coulson ("Hijo de Coul", como le llama Thor Odinson) acordona la zona con toldos blancos y gente con máquinas, como en el final de "E.T.", y arma un zafarrancho de científicos y agentes con superpoderes para protegerlo. Thor despierta y se comporta como el alienígena en la Tierra que es, con algunas coñas al estilo de Gurb, de Balki, de Cortocircuito, del Superhéroe Americano o de E.T., y por un motivo incomprensible, inexplicado, se enamora locamente de Jane Foster (Natalie Portman) hasta el punto de que se olvida de Asgard y le importa un carajo todo, desde entonces la Tierra será su lugar favorito del Universo. Simplemente a los pocos segundos de estar ambos intensitos rozándose, ya son la pareja más inseparable de la historia del cine. Para mí, la química entre ellos es lo que más rechina de todo, y la Portman el elemento que mancha esta saga, no me interesa lo más mínimo; pero bueno, a ver qué pasa ahora que va a agarrar el mjolnir para el verano que viene o así. Porque en estas tres pelis la Portman en la edad del pavo con la boca entreabierta todo el rato, me sobraba bastante. La obsesión de tocar todos los géneros de Marvel Studios. Como sea, "Thor" me parece un correctísima presentación del rincón asgardiano de Marvel, con sus homenajes a Lee y Kirby, sus efectos estupendos y la dosis justa de acción desmedida, y dejando a la Portman a un lado y trayendo adelante a Darcy, Sif o Heimdall, un glorioso elenco de secundarios.

THOR: EL MUNDO OSCURO
["Thor: The Dark World", Alan Taylor, 2013]
Hechas las presentaciones de Asgard y sus habitantes, esta segunda historia ahonda en la batallitas entre los 9 Reinos y su inminente Convergencia, la reconstrucción del Bifröst y demás argumentos de la Marvel jipi y über-épica de los sesenta y setenta. Desde el título, ya advierten que se les ha puesto en las narices que el cine de superhéroes tiene que distanciarse de los tebeos haciendo que todos vayan de negro por las sombras enfurruñados y despreciando el colorín que es lo que adoramos los lectores de todas las épocas. FX emo por todas partes. Elfos oscuros, asgardianos oscuros, la Portman contagiada por el Éter (de entre los millones de millones de habitantes del Multiverso, le toca a la pobre pavisosa), la esposa de Odín muerta, Loki haciendo malvedades... Pocos chistes y poca chispa para este videoclip de Rammstein con aún más protagonismo de la Portman.

THOR: RAGNAROK
[Taika Waititi, 2017]
Esta es la buena, buena. Waititi se deja de oscuridades y de folklore mitológico parafísico, se trae su carretilla de humor absurdo y nos lleva de la mano por una sitcom-opera con Loki y Thor casi paródicos en casi cada momento, con la genial escena en el Sancta Sanctorum y sobre todo con esa película-dentro-de-la-película, Planet Hulk, que se come todo lo demás. Una película de aventuras y cachondeo, con la inevitable épica mágico-abstracta-psicodélica-mitológica inherente al cachitas que a mí menos me interesa, pero vehiculada por una villana (Hela / Cate Blanchett) interesante y asombrosa. Desprovista de drama pese a que acecha la destrucción de Asgard en todo momento, pero es que eso es lo que menos importa y todos sabemos que no va a suceder. La gente parece que se queja de que esta película sea demasiado divertida y entretenida, y echan de menos al Thor circunspecto y aburrido. No es mi caso. El macarrismo de Tony Stark o los chistes continuos de los Guardianes de la Galaxia son para mí elementos imprescindibles en todo esto, y básicamente es lo que ofrece, mientras a su alrededor se queman doscientos millones de dólares en fuegos artificiales y demoliciones. Bravo.

HEREDITARY
[Ari Aster, 2018]
Ahora que todo el mundo habla de "Midsommar", la recién estrenada segunda película de este director incómodo, me dio por ponerme "Hereditary" a las doce y pico de la noche agostina. Craso error que me tuvo en vela y mirando por encima del hombro hasta las cinco de la mañana. Una historia crudísima de terror pagano que podría haber firmado Varg Vikernes, que picotea sin disimulo de "El resplandor", "The wicker man" o "La semilla del Diablo" para introducirnos en el mal rollo más visceral. La Escena de la niña en el coche literalmente me hizo arrastrar la mandíbula por el suelo y llevarme las manos a la cabeza durante veintie minutos. Esa sensación que uno cree que no va a volver a experimentar a los cuarenta. A partir de ahí la cosa se enrarece y al mismo tiempo se racionaliza o trata de explicar demasiado, y hay momentos que costaría tomarse en serio y no mirar con condescendencia... si no fuese por un reparto absolutamente fascinante, un casting acertadísimo, portentoso e importantísimo para sacar adelante esta historia.

GREENBERG
[Noah Baumbach, 2010]
A altas horas de la mañana también, pillé esta vez en TCM esta peli de Ben Stiller que no conocía, y que no es de miedo, aunque sí un poco inquietante. Dirigida por el tal Baumbach, a quien no tenía el gusto, y que por lo visto es colaborador a la máquina de escribir de Wes Anderson (suyo es el guión de "Life aquatic" y de "Fantastic Mr. Fox") y director de otras doce cintas indis que no me suenan de nada (aunque tiene otra con Stiller, "Mientras seamos jóvenes", de 2014), es una historia claustrofóbica y bastante dura sobre un tipo trastornado, maniático y agresivo, cuya principal afición parece que es escribir airadas cartas de protesta a todas las empresas con las que interactúa. Esto es para el cómico Ben Stiller algo así como lo que fue "Punch drunk love" para Adam Sandler, a la que me recordó bastante: una historia de amor extrema entre un inadaptado con una tara mental y una chica mona curiosa y poco convencional. La chica es Greta Gerwig, que interpreta a una joven pizpireta, un poco torpona y desordenada y al parecer adicta al sexo por compasión. Stiller acaba de regresar a su Los Angeles natal, tras salir del manicomio y pasar media vida en Nueva York. Aprovechando que su hermano se va de viaje a Vietnam, Stiller/Greenberg se queda en el chalé de éste, a cuidar al perro. Greta/Florence es algo así como la chica de los recados, amiga de la familia, que pasa por allí a ver cómo van las cosas, y ambos acaban teniendo un crush, un shipeo y un yacer tras otro. Sin la gracia de

EL APÓSTATA
[Federico Veiroj, 2015]
Como estoy encerrado en casa trabajando en mi proyecto editorial secreto, de fondo me estoy poniendo películas a todas horas, a lo loco, cuando no tengo música o la mierda la tele. En rachas como ésta en la que el proceso concreto de mi trabajo es más mecánico que intelectual, prefiero tirar de la tele. Así que estoy viendo más cosas en la tele que Martin Tupper. Cualquier cosa. Al fondo del armario de Netflix, allí donde está la ropa de hace tres inviernos que nadie mira, me encontré con esta película uruguayo-española, indescriptible, más cercana al cine experimental español de arte y ensayo de finales de los setenta que a... que a cualquiera de las demás cosas que hay en Netflix. Es la historia de un incel (que se dice ahora) rarete, infantil, ya cercano a la cuarentena, que lleva toda su vida enamorado de su prima y obsesionado con meterle el pizarrín a su prima, y que tal vez por eso, quemadísimo con el miedo al pecado que nos inculca la iglesia desde que somos pequeños y con la hipocresía de la Iglesia Católica, dedica todos los esfuerzos en se desocupado tiempo a intentar apostatar. Esa es la trama, salpicada de los quehaceres domésticos del tipo (que a veces da clases al niño de la vecina), sus reflexiones y sus sueños, llenos de culpa, demonios y gente desnuda. La verdad es que la película me entretuvo, me sentí muchísimo más identificado con el protagonista de lo que hubiera querido, pero lo más asombroso de todo es que esto tan intelectualoide y desasosegante esté en Netflix, y que te pueda salir sin querer buscando una normal de sexo y violencia palomitera.

DIRECTO A LA FAMA
["The Marc Pease experience", Todd Louiso, 2009]
Pues otra de Ben Stiller que no había visto. Es que a mí me gusta mucho Ben Stiller. Escribiendo y dirigiendo comedias y series de sketches desde que era jovencísimo, con ese aspecto en la bisectriz exacta entre un medio-galán del montón y el tío más gracioso del mundo con solo hacer una mueca, soy de los que no me canso de ver cualquiera de sus muchas comedias de gran presupuesto una y otra vez si las pillo por la tele, o incluso las busco a veces. En esta, por desgracia, el protagonista es el soso de los cojones de Jason Schwartzman, y no hay escenas demasiado graciosas. El protagonista homónimo es un eterno aspirante a actor de éxito, que se gana la vida conduciendo limusinas (un cliché bastante utilizado, por aquello de que es un trabajo de pringao que parece dar lustre y disfrazar de rico a quien lo realiza; aunque ahora no sé exactamente en qué pelis lo he visto), y que vive completamente obsesionado con su idea de triunfar, porque su viejo profesor de teatro, Jon (Stiller) le dijo unas palabras halagadoras hace mil años, y se las creyó. Con el paso de los años sigue sin triunfar, el profesor ahora es un famoso director de musicales (lleva toda la vida haciendo una versión cutre de El mago de Oz), y acabará canalizando toda sus frustraciones en su ex profesor, completamente ajeno al desarrollo, pero que encima parece que se tiró a su novia hace años. Bueno, ni fú ni fa, y con un puñado de números musicales horribles.

LA MUJER EXPLOSIVA
["Weird science", John Hughes, 1985]
Mirando, como decía, cine de reojo en la tele del salón mientras tecleo y le doy al ratón como un chimpancé en celo, me dio por ponerme también, de entre la ridículamente extensa colección de películas en .avi que apelotono en el hdd, alguna vieja comedia clásica. Tengo unas pocas de John Hughes, y creo que, con las pocas que hizo, algunas no las he visto. A esta recurro de vez en cuando, y es que a los gañanes como yo, enamorado de la cultura de hace varias décadas (que no nostálgico, ni mucho menos ochenter), esta película nos revuelve bastante. John Hughes, entre otras cosas, le puso bastante ahínco a lo de educar sexualmente a toda una generación al margen de sus padres y profesores. Aunque "Weird science" no tiene, creo, desnudos explícitos (al menos de frente), todo rezuma sexo, sexo en la intimidad, pajillas, quedar con tu colega para pajearte con revistas, mirar guarrerías en la intimidad de tu cuarto, guarrerías, pajillas, sexo, sexo para adolescentes, sin dejar de ser una peli elegante, icónica, divertida, memorable, disfrutona, que da gusto mirar. Es algo así como el reverso oscuro de "Big" (que se estrenaría tres años después); ante ese realismo mágico aplicado al cine mainstream para fascinar, pero también y sobre todo para disuadir a los adolescentes de los ochenta, que conforma tantísimas pelis para jóvenes... si eres un chaval y te dieran a elegir qué preferirías DE VERDAD, si crecer cuanto antes y así poder hacer cosas de mayor, o poder fabricarte a Brook Shields en el Spectrum y convertirla en tu juguete sexual, ¿qué preferirías? Esos pensamientos sucios, sucísimos que nos vienen a la cabeza desde el minuto 1 a todos, John Hughes los redirige al enseñarnos que la Chica Explosiva, primero, no es ninguna muñeca hinchable, sino que se las sabe todas, y segundo, que lo de crear vida a lo Frankenstein pajero se te puede ir de las manos, por guarro.

ESCÓNDETE Y TIEMBLA
["American Gothic", John Hough, 1987]
Pocas veces un producto de VHS ha sido tan engañosa. La portada y el título español, que tanto promete. Lo que yace en realidad tras este concepto tan guapo de "American Gothic", todo el horror, toda la épica, la referencia al arte moderno y a la vez clásico, a Grant Wood, el miedo que proyecta esa pareja de "cabrones del campo"... pues debajo de eso solo hay una serie B soporífer, sin gracia alguna, que copia solo lo malo de "La matanza de Texas", y que me hizo perder el interés con solo ver el aspecto general de telefilme dramático que tiene todo.

ESCUELA PRIVADA... PARA CHICAS
["Private school", Noel Black, 1983]
Tenía hoy el cuerpo para volver a ver más comedieta chorra de los ochenta. Otro de esos clásicos inolvidables, exploit sinvergüenza de "Porky's" con un poco de "Desmadre a la americana" por aquí y otro poco de "Aquel excitante curso" por allá, un pasito innecesario en la revolución (o revancha) silenciosa de los nerds, que puestos a fracasar en la vida, pues al menos se van a dedicar a ver cómo se lo montan las tías con otros en el insti. Tienen encima el morro de colar una trama romántica entre uno de los gilís protagonistas y nada menos que Phoebe Cates (el otro motivo por el que me puse a ver esto; porque solo lo iba a ver de reojo, que ya digo que estoy trabajando como un lemming toda esta quincena de agosto, y me he puesto el ordenador orientado hacia donde está la tele, para no parecer que estoy castigado contra la pared), que pone morritos porque el chico que le gusta es un perdedor que se disfraza de señora para espiar en el vestuario de las tías, pero no pierde la esperanza de vivir a su lado eternamente. El cénit de la peli es la escena en la que los tres gilís se disfrazan de Doña Croqueta (por si hubiere alguien millennial leyendo esto alguna vez: de Paquita Salas), alcanzando cotas de vergüenza ajena solo logradas anteriormente por Alvaro Vitali o Fernando Esteso, pero por supuesto esto no es más que un muestrario de tetas, tetillas, tetazas y bragas de colegiala, de animadora, a caballo o de milf profe de educación sexual, porque aquí se desnudan todas menos Phoebe Cates, faltaría más. Entre la miríada de conejitas cachondas, según me entero por IMDb, desfilaron también Paula Abdul (coreógrafa además de las animadoras de la peli), Sylvia Kristel y Brinke Stevens, y a quien sí reconocí (tampoco se desnuda) fue a Martin Mull, que no sale acreditado. Muy veraniego todo.


LA LOCA AVENTURA DEL MATRIMONIO
["She's having a baby", John Hughes, 1988]
Hace unos días veía "Lío embarazoso", y hoy me puse el referente de John Hughes el que Judd Apatow se quiso inspirar. Ese gran cronista de los adolescentes de los ochenta que fue Hughes, quiso llevar a sus chicos un pasito más allá, y mostrar qué pasaría si en una de aquellas juergas universitarias tu novia se quedase embarazada. Algo así como una cinta de madurez para ese público que estaba creciendo también, y enfrentando la crisis de la mediana edad. "La loca aventura del matrimonio", sin dejar de tener esa pátina de cine bien hecho, grandilocuente y repleto de buenas ideas, resulta demasiado sobrio y trascendente como el propio hecho de que las cosas dejen de dar risa por un embarazo no deseado. Y acaba siendo demasiado melodramático, a pesar de la estructura de monólogo interior del gran Kevin Bacon. Demasiado moralista y un tanto aburrida, un poco cortarrollos, al menos, como sesión continua detrás de la de las tías en tetas.

THE BOYS (T1)
[Eric Kripke, Evan Goldberg, Seth Rogen (creadores), 2019]
Pues al final este mes de agosto me ha dado, como a todo el fandom, por verme todas esas series de superhéroes raros que se están estrenando en todas las plataformas. Bienvenida sea la moda, a ver si dura porque el filón es inmenso. Además estoy viéndolas a la vez, a ratos. Algunas en versión doblada, mientras trabajo a lo mío, y otras como esta me la he reservado en versión original, para los últimos momentos del día. De dos días, concretamente. Es la única de la que creo recordar que me he leído todos los tebeos. Bueno, no recuerdo si todos, es posible que la abandonase al cabo de 60 o así, pero me empapé bien de esta historia de superhéroes cabrones hiperrealistas. Una mirada retorcida a qué papel podrían jugar los superhéroes, de existir realmente en un "mundo real distópico". Garth Ennis tiró por el lado más incorrecto, constuyendo un grupo de mamarrachos con poderes que aprovechan su idiosincrasia para robar, matar, violar, especular, influir en la política y ponerse como el tito, en una sarcástica mirada crítica a la trastienda del poder y sus subterfugios. El tebeo tenía momentos alucinantes, y muchísima sangre, muertes, violencia, implosiones, escenas muy impactantes, pero me acabaron cansando algunas tramas, que abusaban de las escenas gotescas de impacto. En realidad, me acerqué a esta serie más por su dibujante que por Ennis, que ya me sació en esa faceta con su Preacher, que me resultaba más interesante por el contexto (la América Profunda) y todo el rollo de la pseudorreligión. Por cierto, que a ver si sigo viendo la serie. En realidad, como decía, es que yo le tenía mucho cariño a Darick Robertson, dibujante espectacular y muy limpio, que destacaba por sus rostros peculiares. Me lo encontré por primera vez en un tebeo de Lobezno de hace mil años, y pronto sustituyó a Mark Bagley en mi tebeo favorito de adolescencia, los Nuevos Guerreros; al principio me fastidió mucho el cambio, pero pronto le cogí mucho cariño. The Boys en realidad, aunque esto quede muy esnob, no me impresionaba demasiado cuando lo fui leyendo, es una nueva vuelta de tuerca a ese concepto del "superhéroe verosímil", una vuelta de tuerca aún más "adulta" al ineludible Watchmen, a Marvels, a Astro City, a Top 10 o a tantos pequeños o grandes arcos que han tratado este mismo "problema" de la existencia fáctica de superhéroes, ya sean letales o heroicos, y cómo afectarían a un entorno humano "real" (desde El chico que coleccionaba Spider-Man hasta Civil War).
La cuestión es que estaba bien familiarizado con el contexto y la historia de The Boys, y estaba leyendo muy buenas críticas sobre la serie. Son solo 8 episodios de 1 hora, y la puesta en escena es formidable. La elección de actores, para empezar, es muy acertada, con esos héroes guapetones y chachas (el tipo que hace del Patriota es perfecto; simplemente perfecto, sobre todo cuando mira al infinito sin más), Los Chicos (bueno, en realidad solo destaca ese soberbio Karl "Dredd" Urban, los otros panolis son intercambiables y yo creía que iban a morir a los cinco minutos; el protagonista principal mola, pero me recuerda demasiado a un vecino mío que era un poco raro y me caía mal) y el reparto de secundarios (el mito erótico de los 90 Elisabeth Shue, Simon Pegg por desgracia sale muy poquito, los cameos friquis como el de Haley Joel Osment, Giancarlo Esposito o el propio Seth Rogen)... La dosis de escenas de acción es elevada, y la de sangre, y la de subtramas (de hecho, quedan bastantes flecos, como por ejemplo, se me ocurre ahora, qué es lo que dibuja la pequeña "Lobezna" asiática todo el rato, o quién es la tía que se le aparece a Hughie, que supongo que se ha dejado para las siguientes temporadas... ¿o se ha resuelto y no me he enterado de nada?), no puede haber queja al respecto, es todo muy entretenido, un auténtico carrusel. Tiene algunas inconsistencias de guión, pero eso también pasaba en el tebeo. Curiosamente, entonces daba exactamente igual todo, porque era mero humor negro, pero en carne y hueso queda un poco raro, porque algunas escenas de casquería aquí no son meros chistes negros punk a lo 2000AD. Algo que me dio muchísima rabia, que casi me cabreó, fue la muerte de Translúcido, bastante tramposa. Primero, que estos asesinos expertos tarden DÍAS en caer en la cuenta de que, aunque no puedan traspasar con ningún arma la piel del héroe, podrían acceder a sus órganos internos a través de alguna oquedad o membrana. La gracia es que se les acabe ocurriendo meterle una bomba por el culo, ese toque escatológico/incorrecto que busca Ennis a veces (y que no sé si estaría en el tebeo; creo que ese personaje no sale. Salen docenas de superhéroes más que en la serie pero creo que el pajero invisible de piel de diamante, no). Pero al explotar y matar a Translúcido, no tiene sentido que su piel / carcasa se hiciese añicos, porque ES IRROMPIBLE. Esto me dio bastante rabia. Me tuvo muchas horas abstraído pensando en cómo debería haber sido realmente la muerte de Translúcido, cómo lo hubiera matado yo, o cómo hubiese yo rodado la escena en la que explota. Típicos problemas de nerd. Hay varias pequeñas inconsistencias así. Los clásicos descuidos con las elipsis y la duración incongruente de unas tramas respecto a otras, que hacen que por ejemplo el negrata llegue a casa de Popclaw desde el estadio en menos tiempo de lo que dura la vuelta al estadio de los dos superhéroes más rápidos del mundo; o que en cuestión de minutos sucedan mil y una actividades internacionales de Los Siete, "resolviendo" un secuestro aéreo sobre el Atlántico y luego ayudando al ejército a derrotar a unos terroristas yihadistas, más o menos en lo que dura la primera cita de Hugh y Starlight. El personaje del franchute, para ser un mafioso asesino loco hijo de mil putas, tiene también unos cambios de humor  y unas decisiones piadosas (por lo menos setenta) bastane ridículas y que solo sirven para alargar el episodio media hora más. Tiene bastantes cosas de estas, y en realidad la mayoría solo responden a esa obsesión de que los episodios lleguen a 1 hora de duración. Por lo visto los norteamericanos, con lo acojonantemente bien que hacían las series de acción de 30 o como mucho 45 minutos, se han pasado al estilo europeo de alargar y exprimir el primetime hasta la extenuación con las ideas más peregrinas y escenas de relleno una tras otra, en detrimento de una buena historia. ¡Han copiado lo peor de la ficción española! Pero es por poner pegas, por sacarle punta a lo poco negativo que se me ocurre decir de esta adaptación grandiosa y trepidante de un tebeo y de un concepto que tenía que haber asaltado al mundo hace mucho tiempo. Ah, eso sí: de todo ese sexo explícito y desnudos que prometen al principio de cada episodio, nada de nada. Allí solo salen culos y pollas de tíos. Ni una teta, ni media. Me voy a cabrear yo también, ahora que está de moda, con la conspiración de la dictadura feminazi y con el marxismo cultural, y acabaré votando a Vox...

THE UMBRELLA ACADEMY (T1)
[Jeremy Slater (creador), 2018]
De esta serie de Dark Horse, sin embargo, no sabía nada. De hecho, venía confundiendo a su creador, Gerard Way, con el guionista de Marvel, Daniel Way, que me gustó tanto en Lobezno hace algunos años. Gerard Way es ese cantante indie (el de My Chemical Romance) metido a historietista, y que básicamente es conocido por The Umbrella Academy. Aunque tiene mucho futuro, y acaba de ser fichado para "rebootear" el sello Vertigo en clave millennial, con Young Animal escribiendo precisamente la Doom Patrol, probablemente la colección pionera a la hora de narrar las historias de un grupo de superhéroes inadaptados y antiheroicos; pero pronto hablaré de Doom Patrol, que es la que también se ha convertido en serie de televisión recientemente, y que me tiene también encandilado estos días.
La premisa de The Umbrella Academy es realmente fascinante, y es un pastiche de géneros delicioso: en lugar de un grupo de superhéroes sin más, son una no-familia de tipos con habilidades especiales que tuvieron una infancia repleta de aventuras asombrosas, y años después sus vidas se han transformado en algo bastante más oscuro; una especie de juguetes rotos, que se encuentran ante una encrucijada. Los siete niños protagonistas nacieron el mismo día, entre unas cuantas docenas de niños más que nacieron bajo las mismas circunstancias (de los que de momento no se sabe nada tras los 10 episodios de la primera temporada), y fueron adoptados de distintos lugares del mundo por un extraño mad doctor lemonysnicketiano (Sir Reginald Hargreeves), para habitar una crujiente mansión victoriana llena de secretos, entrenados por el ricachón chiflado con mano dura para enfrentar criminales, y educados por su "madre" robótica (talmente sacada de "Las esposas de Stepford") y su mayordomo chimpancé parlante (a lo Lancelot Link). La vida de los muchachos, ya crecidos, ha perdido toda la magia, como les pasó a los Parchís; de hecho, como yo creía que les había pasado realmente a los Parchís: uno, el chinorris, ha muerto; otro es un yonqui terminal; otra una actriz divorciada en horas bajas y de la que casi nadie se acuerda; otro se ha transformado a base de químicos en un auténtico monstruo peludo; y el otro está trastornado por la violencia y el melodrama. Quedan dos más: la chica más o menos protagonista, que resulta que no tiene poderes y ha estado toda la vida marginada y quemada al no haber participado en las misiones con sus no-hermanos (aunque el espóiler de que sí, y de nivel Omega, y que sus poderes se van a desarrollar a lo largo de la serie, era tan predecible como la salida del armario de Ricky Martin), y el que aparentemente no ha crecido y sigue siendo un nene con uniforme escolar, y es que en realidad lleva décadas viajando en el tiempo. El niño (la viva imagen de Jordi Vilches, tendría que haberle doblado Jordi Vilches y hubiera sido la risa) es mi favorito de la serie, pero es él el que desata la trama de esta historia que estaba molando tanto, al incorporar el asunto de que el fin del mundo se acerca y él ha vuelto del pasado postapocalíptico para salvar la papeleta, lo que convierte esto en una macedonia de saltos espacio-temporales que es lo que más me hizo perder el interés, a la larga.
Igual que a The Boys solo le he sacado pegas, cuando en realidad es un producto que me ha satisfecho bastante, voy a hacer lo mismo con The Umbrella Academy, porque la sorpresa y la estupefacción inicial se han ido desvaneciendo un poco y fui perdiendo el interés. Lo que menos me ha gustado (dejando de lado que, de nuevo, los episodios duran una larguísima hora, y lo que pasa en ellos se contaría con más frescura en media o tres cuartos), es el epatante e irritante vórtice hípster que lo corroe todo, todo el tiempo. La culpa es mía, que soy un viejo cascarrabias conservador en lo cultural, pero con lo que mola todo el efluvio victoriano, las escenas retro-camp en flashback, el planteamiento de esa familia repleta de secretos, mentiras y diretes a lo niños peculiares de Miss Peregrine, se transforma en cuanto te descuidas en un videoclip de... My Chemical Romance o algo aún peor, en un anuncio de IKEA con superhéroes raros. El personaje malasañero cool, el yonqui, por ejemplo, mola las siete u ocho primeras veces por episodio que pone morritos y hace cucamonas, pero al rato no hay quien lo aguante. Ellen "Juno" Page es algo así como la Virgen María Magdalena de Lo Hipster, y yo personalmente no la aguanto. Es lo que más se me atragantó de toda la serie, desde el minuto 1 hasta el último, que solo le faltaba llevar los pantalones justo por encima de los tobillos y coleccionar souvenirs vintage de visores de diapositivas en miniatura con forma de televisor, para dar más rabia aún. Su personaje es vital, y a mí me hubiese gustado mil veces más esta serie si hubiesen escogido a cualquier otra actriz, o a cualquier otra chica que hubiese pasado por la calle. Mil puntos negativos. El cucamonas y la Page me hacían la serie cuesta arriba bastante a menudo, y los dos mata-superhéroes viajeros en el tiempo, Hazel y Cha-Cha, tampoco molan mucho y sus tramas, que ocupan también muchísimo espacio, me dan un poco igual. Pero esto es intencionado, porque son totalmente anti-cool y anti-hipster; debía ser alguna broma privada irónica de Way, como si hubiese escogido a los camareros del Palentino como villanos principales. Cuando, casi en el cénit de la historia, el despiadado multi-asesino psicópata Hazel se enamora de la tendera de la cafetería cool-vintage-kawaii-plató-de-Instagram de donuts  (un sitio del tamaño de siete Starbucks en pleno centro, que lleva ella sola, haciendo ella sola despacito todos los donuts uno por uno cada mañana), y decide dejar de matar y que le da igual el Apocalipsis porque su corazón ahora pertenece a la anciana-que-también-podría-ser-camarera-del-Palentino, no puede resultar más bochornoso y poseer mayor capacidad desintegradora del interés y la credibilidad del espectador. Al margen de los niños dotados en uniforme (a los que el mundo teme y odia), uno de mis personajes favoritos era la agente de policía, clavadita a Alexandria Ocasio-Cortez, y también me sorprendió y cabreó bastante su muerte. Un punto a favor en esta serie es la selección musical. La escena en la que el cucamonas está en la ducha con los cascos puestos escuchando a los Hollies, una de mis canciones favoritas de todos los tiempos (aunque al personaje no le pega una mierda, pero nada de nada y es un poco surreal su reacción), me tenía completamente ganado. Y en casi todos los episodios suenan un par de grandes canciones poco obvias y muy hermosas del pasado, que hacen un contraste muy loco con las escenas de ultraviolencia y balas silbando o las de hípsters haciendo cosas de hípsters. Las escenas de acción, de superheroicidades (pocas) o la puesta en escena en general, es muy agradable y bonita, aunque bastante hípster (¿lo he dicho ya?), y yo creo que compran todo el atrezzo en la Corredera. En conjunto, la serie es altamente recomendable, es entretenida, sencilla, coral, con momentos puntuales de diáfana fascinación e incluso algo de humor refrescante. Pero a la larga, puede provocar en el espectador ataques de wesandersonepsia.

DOOM PATROL (T1)
[Jeremy Carver (creador), 2019]
Pues finalizado este atracón veraniego simultáneo de series de superhéroes raros recién cosechadas, ya puedo decir que Doom Patrol es la que más me ha llegado al corazoncito, y la que esperaré con más ganas. Y es que La Patrulla Condenada es un tebeo al que tengo mucho cariño, y esta adaptación ha sabido recoger su legado de una manera estupenda, divertida y trepidante.
En realidad, siendo sincero, no he leído demasiados tebeos de La Patrulla Condenada, porque (como casi todo el fandom español de tebeos norteamericanos) yo soy mucho más marvelita que deceíta. Pero por supuesto que les tengo presentes desde mi infancia, y he leído lo suficiente de La Patrulla Condenada para conocer su idiosincrasia; lo que pasa es que (aún) no he leído La Patrulla Condenada de Grant Morrison; que es como no haber leído la Cosa del Pantano de Alan Moore, el Daredevil de Frank Miller, el Thor de Walt Simonson o el Capitán América de Steve Englehart. Pero sí conozco su origen, y me interesé hace mucho tiempo por descubrir la maravillosa Doom Patrol original de Arnold Drake y Bob Haney dibujada por el soberbio Bruno Premiani. Mucho, mucho tiempo antes de Morrison, la Patrulla Condenada nació en una de aquellas viejas cabeceras de la Edad de Plata de la DC, concretamente en My greatest adventure, (nº 80, 1963) un tebeo antológico con tres historietas de 8 páginas, chistes de 1 página y otros contenidos de complemento, que en este caso estaba centrado en el mundo de la aventura en general: cazatesoros, deportistas realizando proezas asombrosas y fantasiosas, conquistadores, exploradores y cosas así. Cuando esta colección ya flaqueaba (aunque contaba nada menos que con Alex Raymond como artista habitual), a los citados autores del staff se les ocurrió juntar a un grupo de inadaptados con poderes extraños pero con un aspecto grotesco que les apartaba de la sociedad, que eran reclutados en su mansiónn por un excéntrico millonario en silla de ruedas, para aprender a controlar sus poderes y utilizarlos conjuntamente para el bien. Sí, en efecto, el germen de La Patrulla Condenada se parece mucho al de La Patrulla-X; lo que pasa es que aquellos fueron anteriores. La Doom Patrol fue el primer grupo de superhéroes extraños y marginados que vio la luz, probablemente, en toda la historia del cómic de superhéroes como tal. Y puede ser (o puede que no) que todo el multiverso mutante, toda la poderosa franquicia multimillonaria de los X-Men y sus mil y una ramificaciones, películas, series de animación, videojuegos, novelas, etc. que vendría posteriormente, no sería sino un desarrollo a partir de una idea nacida en este pequeño rincón de la editorial DC. Incluso puede que en España a los X-Men los conozcamos como "La Patrulla-X" desde tiempos de Vértice, por influencia de la Doom Patrol. Pero a saber. Eso forma parte de la rumorología, y tal vez nunca se sepa. Las casualidades existen. Lo importante es que en aquel lejano 1963 vieron la luz por primera vez Robotman (en los dos primeros números se llamaba Automaton): el cerebro del accidentado especialista de cine Cliff Steele, trasplantado al cuerpo de un robot retro, icónico, casi inarticulado pero chulísimo, con la mandíbula como una excavadora; El Hombre Negativo: el segundo accidentado, Larry Trainor, en este caso un experimentado piloto de aviones de combate, obligado a pasar el resto de su vida con todo el cuerpo vendado, y que tiene una especie de "entidad" todopoderosa que sale de su cuerpo, vuela y desface entuertos... mientras Larry se queda en estado vegetativo, y morirá si su Hombre Negativo se pasa de los 60 segundos fuera de su cuerpo; y Elasti Girl: la bonita actriz Rita Farr, que tras otro accidente resulta que adquiere la capacidad de reducir o aumentar su tamaño (en aquellas viejas viñetas de los sesenta, por tanto, había más ejemplos de "Gente Pequeña", esa obsesión mía), pero al principio sin poder controlarlo, lo que destruye completamente su autoestima y hace que se oculte de la sociedad. El aspecto de Rita Farr es normal, y sus poderes realmente útiles, no como sus colegas bizarros el robot patoso y el momio... El misterioso señor en silla de ruedas (con pelo; y con barba) se llama Niles Caulder, y desde su increíble mansión domótica enviará a sus pupilos a salvar al mundo un puñado de veces, tratando de no ser descubiertos o derrotados por multitud de villanos extraños, destacando el viejíiiismo General Immortus, el gorila Monsieur Mallah o el alucinante Hombre Animal-Vegetal-Mineral; y en consonancia con el tono histórico que llevaba la colección antes de ellos, sus primeras historietas son verdaderas aventuras, periplos mundiales, enfrentándoles con dinosaurios, con krákenes y con todo tipo de bestias tan extrañas como ellos por todo el mundo. El concepto es maravilloso, y aquella génesis, aquellos primeros tebeos ilustrados por el portentoso italiano Bruno Premiani, es una verdadera delicia. La serie duró unos cuarenta números, e interactuó en varios crossovers con otros personajes de la época, pero prácticamente cayó en el olvido en 1968. En los años setenta tuvo una breve resurrección irrelevante de manos de Paul Kupperberg, pero fue cuando les retomó el propio Kupperberg, ya en 1987, cuando pusieron de manifiesto todo su potencial en la era MTV, se cruzaron con los Outsiders, el Escuadrón Suicida o los Nuevos Titanes, participaron en las Crisis en Tierras Infinitas... y finalmente llegó Morrison. Como ya he dicho, no he leído (aún) la famosísima etapa de Grant Morrison, pero sí he leído sobre ella. Y para su reconstrucción (y, sospecho transformación en un tebeo punk y surreal), Morrison menciona referencias como Jan Švankmajer, el famoso libro de Hofstadter "Gödel, Escher, Bach: un eterno y grácil bucle", el cine inclasificable de Maya Deren o Kenneth Anger, la autobiografía de Truddi Chase, la alquimia, los propios sueños extraños del extravagante Morrison y su entorno... Quién no querría leer eso.
Pero ya lo leeré en breve. El background que ya tenía en mente era suficiente para tener muchas ganas de ver esta serie, y no me decepcionó en absoluto, aún sin saber cuánto hay de Morrison: esta Doom Patrol, al menos, es más o menos la original, pero mejor. Porque ahí están, faltaría más, Robotman y Negative Man, en todo su esplendor; con las peculiaridades de que el tipo que está dentro de Robotman (aunque solo sale en los flashbacks y en el doblaje original, claro) es ni más ni menos que un rechoncho y casi irreconocible Brendan Fraser, cuyo personaje antes del accidente era un borracho inmoral que se follaba a su asistenta a espaldas de su mujer, por lo que arrastra una buena dosis de culpa; y el Hombre Negativo (Matt Bomer, actor televisivo que ha actuado en muchísimas series que yo no he visto) carga por su parte con el secreto y la "culpa" de ser gay, y al morir arrastró consigo a su amante escondido en la avioneta. El principal cambio que encuentro respecto a aquellos tebeos que yo leí, es que Elasti-Girl no se hace más grande o más pequeñita al más puro estilo Goliath/Ant-Man, sino que, cuando se descontrola, su piel se transforma en un amasijo de carne amorfa que le cae por la cara, se vierte por sus piernas o directamente repta por el suelo convertida toda ella en The Blob. Otro detalle interesante es que el personaje de Caulder está interpretado por Timothy Dalton, lo cual es formidable. Pero así como en los tebeos la alineación de La Patrulla Condenada fue variando con el tiempo (de hecho, tengo entendido que distintos guionistas los mataron a todos para dejar vía libre a sus sucesores, y han pasado por allí docenas de tipos raros, a destacar Crazy Jane, una chiflada con con 64 personalidades distintas en su cabeza (creada por Bill Morrison ya en 1989) y Beast Boy (Garfield Logan, el cambiaformas más tarde conocido como Changeling, que pronto pasaría a engrosar los inolvidables Nuevos Titanes de Marv Wolfman y George Perez; donde, de hecho, conservaría el uniforme rojiblanco original de la Patrulla, hasta los tiempos actuales, en los que Chico Bestia es una auténtica estrella en Cartoon Network). Para la serie, han respetado enormemente a los cuatro personajes principales (con esa excepción en los poderes de Rita Farr), y enseguida añadieron a dos más: la propia y carismática Crazy Jane, y nada menos que a ¡Cyborg! Me imagino que esta maniobra se debe a que las transformaciones de Beast Boy en mil y un animales salvajes color verde fluorescente se les escaparía del presupuesto y sería complicadísimo de rodar... o tal vez porque Gar ya estaba pillado en la serie Titans (es que está DC Universe que no para, transformada no ya en un estudio sino en toda una plataforma en streaming). En cualquier caso, me hizo una ilusión loca la incorporación de Cyborg, que aparece de visita en el primer episodio pero que ya se quedará hasta el final. Dentro de eso poquísimo que he leído de DC, los citados New Teen Titans de Wolfman/Perez donde nació Cyborg son un objeto devocional, que precisamente estoy releyendo también estos días en los que sufro a costa de todo esto cierto arrebato de DeCeísmo (estoy comprando ¡cuatro! grapas de DC ahora mismo... Bendis y el propio Morrison están en DC ahora y no me he resistido). Cyborg es un personaje al que adoro sin saber muy bien por qué hasta hace un minuto, pero que creo que acabo de descubrirlo: porque de pequeño yo jugaba con él, igual que con Batman, Hawkman, Green Lantern y Aquaman, los muñecos que tenía de DC Super Powers (mi vecino tenía a Brainiac, y yo les odiaba a los dos). Los Nuevos Titanes, La Patrulla Condenada y Cyborg en particular, están muy presentes estos últimos días en mi casa; cómo no me iba a molar esta serie...
Igual que las dos de las que hablaba anteriormente, Doom Patrol es otra serie de capítulos (15, en esta T1) de una hora entera; que podrían haberse acortado bastante y creo que harían todo más fluido y fresco. Y forma parte del mismo universo que Titans (ya se han cruzado), Swamp Thing o la serie de Harley Quinn que protagonizará Kaley Cuoco, que se estrena en octubre y le tengo muchas ganas; no así del universo interconectado de The FlashArrowLegends of Tomorrow o Supergirl, que son de The CW y tienen un tono mucho más juvenil y desenfadado a lo Smallville, aunque vi la primera temporada de Flash y me entretuvo mucho. La principal diferencia entre ambos universos audiovisuales es la oscuridad y el tremendismo que envuelve a Doom Patrol, y un tono definitivamente adulto, como dejan claro en la primera escena, que empieza hablando de culos bamboleantes y acaba mostrando a Larry fornicando explícitamente con su asistenta. No hay muchos más desnudos en la serie (solo esa misma situación repetida más adelante), pero marcan distancias de esa manera. Lo importante realmente en la serie, que la hace tan particular y que me atrapó tanto, son dos elementos: el humor constante y los efectos especiales. Estas quince horas me las he visto en castellano (por el motivo que citaba más arriba; la dan en HBO España), y en el simpático doblaje incluso se permiten meter "morcillas" en boca del personaje más carismático, Robotman, que es inevitable asociarlo con el grandísimo Herman Monster, y que dice cosas como "¡La madre que parió a Paneque!", que habrá gente a la que esto le irrite pero a mí me mola un montón. Respecto a los efectos especiales, el lógico problema de presupuesto asociado a una serie repleta de pirotecnia como esta, lo resuelven (aparte de apagando las luces) tirando de CGI sencillo, cutre, barato y entrañable, sin llegar a la macarrada del cine de la Asylum, pero casi. En vez de obsesionarse con evitar que se note que esa piel que le cuelga a Rita (o la propia Rita convertida en blandiblub) está hecha por ordenador, se recrean con monstruosidades salchicheras deliciosas que resultan divertidísimas y fascinan tanto como un tornado de tiburones de píxel gordo. Demasiadas chispas y demasiadas explosiones de pega en el último capítulo, que se hace un poco denso, pero visual y técnicamente es muy refrescante todo.
Los primeros 5 ó 6 capítulos son maravillosos, con tramas sencillas y autoconclusivas, pequeños casos que involucran a los diferentes activos de la Patrulla, en los que les vemos fracasar una y otra vez o triunfando torpemente, de chiripa, tomando malas decisiones siempre. De aquí creo que tomaron bastantes ideas de Morrison (como lo de viajar a otra dimensión a través del culo de un asno; eso es puro Morrison), y la serie va tomando esa forma surreal, lisérgica y discordiana que la hace tan atractiva. Chistes malos, efectos cutres y acción desenfrenada marcan la primera, desenfadada y fresquísima mitad de la serie. El episodio 7 u 8 (no estoy seguro) es una golosina, en el que se nos muestra una misma jornada en la mansión desde el punto de vista de cada uno de ellos, poniendo en evidencia el carácter de inadaptados marginales incluso dentro del propio equipo, de todos ellos, y sirve de punto de inflexión en el momento en el que, por fin, se sientan a hablar y conocerse un poco. Ese episodio es magnífico y acabó de enamorarme por completo. A partir de aquí, la serie empieza a transformarse más en un serial, en un culebrón continuo de un episodio al siguiente, centrándonos en la trama de la búsqueda de Caulder, que ha sido secuestrado por Mister Nobody (villano también sacado de la era Morrison, e interpretado por Alan Tudyk, un actor secundario de rostro simpatiquísimo que ha salido en un montón de series y películas, aunque a mí me suena sobre todo de Suburgatory), y que nos guiará hacia el largo finale. En esta segunda mitad de la serie, desgraciadamente la que toma mayor protagonismo es Crazy Jane, que es el personaje que a mí menos me interesa, aunque realmente es el que más jugo tiene. La Doom Patrol deja de ser esa especie de Familia Munster torpona que funciona a base de slapstick, y se sumerge demasiado en el mundo del inconsciente, de la locura, y tiene algún episodio en el que, de hecho, se olvidan de las risas y todo es demasiado lúgubre y dramático. Pero el disparate regresa pronto, con constantes rupturas de la cuarta pared, metalenguaje, homenajes a los tebeos clásicos, las gañanadas del pobre Robotman Munster, la incorporación de Flex Mentallo (otro personaje de DC moldeado por Morrison, tan disparatado que a mí me cuesta aún entenderlo aunque lo he intentado; es una especie de luchador cachitas subnormal que afecta a la realidad al mover determinados músculos, y no otros...) y una trama central que nos lleva hasta la evitación del Apocalipsis al que estaba toda la humanidad condenada, orquestado por Mr. Nobody, una rata y una cucaracha... y un Niles Caulder que igual no es lo que parecía. Pero ya lo veremos en la segunda temporada, dentro de un montón de tiempo. Por el momento, yo he disfrutado muchísimo de esa mezcla de sitcom pocha, patetismo, surrealismo, tele de acción vintage y superhéroes de la vieja DC.

UN DETECTIVE CON MUCHA VISTA
["Secon sight", Joel Zwick, 1989]
Hoy he pasado un día alucinante, genuinamente feliz. Estuve de viaje unos días, volví para encontrarme todo en orden, con salud, dinero y amor, he vendido un montón de fanzines hoy en internet, tengo un trabajo guay y mañana una entrevista para otra cosa, y por la tarde, para celebrarlo, me he ido a dar un hermoso paseo y a gastar un montón de dinero en tebeos, libros y comida basura. Ya en casa, por la noche, me apetecía ver alguna comedia ligera, y me puse esta cosa bizarra que tenía pendiente de ver para un proyecto que no sé si llevaré a cabo (ya van unas cuantas pelis de este ciclo que forman parte de ese proyecto secreto y que probablemente nunca concluya). En cualquier caso, esta comedia boba y absolutamente blanca, es básicamente un vehículo fallido para el lucimiento de Bronson Pinchot, el genial Balki Bartokomous de Primos lejanos, y John Larroquette, el fiscal mezquino de Juzgado de guardia. Ya, ya sé que han pasado tres décadas, pero Pinchot y Larroquette siempre serán eso para mi generación. De hecho, aunque Pinchot tuviese una carrera tan accidentada y poco normativa, Larroquette ha hecho miles de cosas y se le sigue viendo por aquí y por allá, pero yo le cogí cariño con aquella serie que veía con mis padres de pequeño, y que de hecho para mi padre era "la serie de Larroquete"; ahora mismo, en cambio, me acabo de enterar de que practicamente el primer papel que hizo Larroquette fue el de ¡¡el narrador de La matanza de Texas original!! Pues bien: "Un detective con mucha vista" es una comedieta inocua sobre un detective cínico, un psiquiatra y un médium chiflado y excéntrico; siendo obvio quién hace qué, el psiquiatra tiene tanto protagonismo como los otros dos, y el actor Stuart Pankin tiene más créditos que los otros dos y algún papel conocidillo, pero no su carisma. Si está aquí, es porque era una de las caras visibles de Not necessarily the news, un programa de comedia gamberra que aquí no conocimos. Tras resolver el caso de presentación, y hacernos saber que Bronson Pinchot tiene todo tipo de poderes adivinatorios, clarividencia, telequinesis, psicoquinesia, telepatía y hasta lanza rayos azules por los dedos, a la agencia de Detectives Clarividencia (se llama así) llegan la chica guapa y una monja, que les contratan para encontrar a una persona desaparecida, razón suficiente para tener a Balki haciendo monerías, moviendo cosas y adivinándole el pensamiento a todo el mundo a su alrededor. Un poco repetitiva pero simpática para cualquier enamorado de la televisión norteamericana de los ochenta. Joel Zwick, el director de esta cinta, dirigió también "Mi gran boda griega" (2002), la versión en acción real de "El gordo Alberto" (2004) y pocas pelis más aparte de esta y un par de telefilmes; pero es que a Joel Zwick hay que adorarle, es una leyenda viviente, porque tiene a sus espaldas la dirección de nada menos que (...a ver que sume...) más de 600 episodios de series como Padres forzosos, Cosas de casa, Madres forzosas, Vivir con Mr. Cooper, Cosas de gemelasLaverne y ShirleyMork y Mindy, Paso a paso, Webster y muchas otras sitcoms que no triunfaron o no llegaron aquí, incluyendo 99 episodios (las cinco primeras temporadas menos 1 episodio) de Primos lejanos. Ese currículum convierte a Joel Zwick en un titán, en un semidiós para mí. Y esta película floja, inofensiva e infantil, con un Balki omnipresente haciendo el tonto con mucha gracia todo el tiempo (y doblado por el mismo sempiterno actor que doblaba a Balki, pero sin el acento de Apu), en la que hasta hay un momento que se sienta a ver la tele y aparece durante unos segundos el doble episodio de Primos lejanos en el que se quedan encerrados en la cabaña en la nieve, era lo que más me apetecía ver en este momento y casi casi como ver porno para mí.

RIPLEY, BELIEVE IT OR NOT
[Cathleen O'Connell, 2015]
American Experience es un programa contenedor norteamericano que funciona desde 1988 en la televisión pública, dedicado a la emisión de documentales de producción propia. Algo así como Documentos TV, me imagino. Desde 1995, además, cuelga todo el contenido en internet, y un centenar de esos documentales que producen incluso tienen página web propia, en la que complementan el film con información. No estoy seguro, pero me parece que muchos de ellos están también por el catálogo de Netflix; al menos hay allí muchos documentales de 1 hora de la PBS, no sé si de este programa, o de otros espacios similares como Frontline o American Masters, otros "Documentos TV" o "Informe Semanal" que llevan más de 30 años emitiéndose en la PBS norteamericana. Pero con este en concreto me topé por casualidad en Youtube. Y es una gozada, mucho más entretenido de lo que me esperaba. Ripley's Believe it or not es, por si alguien no lo sabe, una especie de consorcio forteano dedicado a la catalogación de lo más bizarro y extraordinario del mundo; allí donde los premios Guinness inventarían "lo máximo", "lo mejor" y "lo más", el ¡Aunque usted no lo crea de Ripley se centra en lo único, genuino y extraordinario. Donde el Guinness busca al músico más vendido del mundo, al Ripley's le interesa si hay un señor que toca la flauta de pan con la uretra. Donde el Guinness destaca al niño prodigio, el Ripley's aprecia al niño verde de seis cabezas. Lo que empezó siendo una tira cómica sindicada, creada por Robert Ripley en 1918, es hoy una colección de objetos increíbles, una exhibición de atrocidades dividida en museos por todo el mundo, además de una colección de libros, programas de televisión, radio, cine, etc. Este documental cuenta esa historia, y sobre todo ofrece una serie de clips alucinantes de personajes asombrosos con talentos bizarros, que me hizo recordar a uno de mis documentales favoritos de todos los tiempos: "Gizmo!". La tira de Ripley sigue funcionando 100 años después, y también sus libros (yo tengo uno reciente; en Archive.org hay muchos, y también vídeos o programas de radio y tv), y ojalá poder ir algún día a alguno de sus museos. También estuve viendo un documental breve sobre uno de sus principales competidores en esto de la divulgación y conservación de lo extraño: Strange as it seems, que también empezó siendo una tira cómica sindicada (desde 1928). Una simpática tarde forteana y rodeado de freaks.

BEFORE DOOKIE: HOW PUNK BECAME ROCK
[@Trash Theory, 2019]
Descubrí un canal de Youtube que se llama Trash Theory, y en el que suben documentales muy bien hechos principalmente sobre la cultura punk y hardcore, o algunas cosas sobre los 90 en general. En estos días han empezado una serie, que hasta hoy consta de tres partes, ("Before 1976", "1976-87" y "1988-94") que estuve viendo esta tarde. Un carrusel del antes, durante y después de Green Day, NoFX, Bad Religion, Rancid, Poison Ivy y todo aquello que marcó profundamente mi adolescencia. Por aquello de los derechos de autor apenas suenan unas pocas crestomatías, y muchas de ellas en directo, pero la documentación, la narración, el anecdotario y la factura general son estupendos, y estaré muy atento a este canal, que en Youtube hay poquísima cultura pop bien hecha para cuarentones

DEAR ZACHARY: A LETTER TO A SON ABOUT HIS FATHER
[Kurt Kuenne, 2008]
Hacía tiempo que tenía apuntado ver este documental, con el que me topé (en el primer puesto) en una lista de "los mejores documentales de la primera década de los 2000" pergeñada por Robin Bougie para Cinema Sewer, que es como un catecismo para mí. Sin tener ni puñetera idea de qué iba, me puse a verlo esta tarde y ha sido una catarsis. Por si algún lector improbable leyera esto, me voy a callar la boca, porque creo que es mejor afrontarlo desde la ignorancia. Apenas contaré que es un canto a la vida alucinante, emocionantísimo (he llorado al menos en tres pasajes) y un viaje a lo mejor del ser humano, pero que cuando menos te lo esperes te va a soltar una hostia en la cara lo peor del ser humano. Un tránsito, ajeno a la voluntad del director, del Bien al Mal más diáfanos. Todo comienza siendo un regalo, de un director de documentales a un amigo suyo anónimo que falleció, junto con el cual hacía películas caseras de niños, para que sus amigos puedan recordarle eternamente. El director realiza un viaje por todo Estados Unidos entrevistando a un montón de personas que le conocieron y que tienen cosas bonitas que decir sobre él. Una idea maravillosa y hermosísima. Lo que pasa es que el protagonista del documental, Andrew Bagby, no es del todo una persona anónima (y no solo porque existan tantas imágenes en movimiento de él, punto de partida importante para hacer una hagiografía audiovisual, como sucedía con "Capturing the Friedmans", que sería increíble de no haberse filmado todo), sino que durante el proceso de grabación del documental suceden cosas con su familia, cosas (espóiler) terribles, que superan lo racional y que hacen reflexionar sobre muchas asuntos. Y además, esta historia que se podría haber contado de muchas maneras, está hecha de forma muy amena y a un ritmo vibrante. Insisto en que no quiero contar de más, pero vale muchísimo la pena ver esta maravilla, y resulta asombrosa a varios niveles. Sospecho que me va a acompañar mucho tiempo. No recuerdo ningún documental que me haya producido tal marasmo de cambios de humor, risa y llanto intermitente, ni que me haya dado tantas ganas de amar y también de matar, literalmente, sin pensármelo dos veces.

INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL
["Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull", Steven Spielberg, 2008]
Se me pasó comentar esta película (y la siguiente), que las vi en algún momento de los últimos días, pero ya que hago esta memez básicamente por la ansiedad, he de ser exhaustivo o no duermo bien... Es broma. Como sea, quería hablar de "El reino de la Calavera de Cristal", porque es una película entretenidísima, asombrosa, y un manual del cine de aventuras, un tesoro para un siglo en el que ya no existe el cine de aventuras. La vi en su estreno, en el cine Proyecciones, y recuerdo esa misma sensación, la de habérmelo pasado de maravilla, de haber vuelto a la infancia. Esta cuarta entrega de Indiana Jones es dignísima, es una joya, y esa gente que dice que "solo hay tres pelis de Indiana Jones" para quedar de entendidos, no sé qué demonios les pasa, pero tampoco es que me importe. Y encima, es casi casi cine artesano, rodada (casi casi; vale, ya: los marcianos) como si se hubiese rodado en 1990. La escena inicial es canónica. La siguiente también. Me ha venido un montón de veces a la cabeza ese pueblo de cartón piedra abandonado en el desierto de Nevada. La acción no baja de intensidad ningún momento. Luego el misterio forteano, que le da un toque que no solo lo acepto sino que me entusiasma, las ruinas incas, los objetos, los ex-nazis, la larga persecución benhuresca, la aventura pura y dura, los running gags, la auto-parodia... Es pulp en estado puro, es puro Indy, y Spielberg tratando de dar el relevo a su hijo (un personaje que está muy bien construido) porque el espectáculo debe continuar y "Harriford Jones" tendrá que morir en algún momento. Yo, desde luego, sin parecerme la película perfecta, adoro esta cuarta entrega y que vengan muchas más si están a este nivel. Y que los friquis se metan sus funkopós por donde les quepan.

ANNABELLE
[John R. Leonetti, 2014]
Un domingo que volví de viaje daban esta en laSexta. Mitad de agosto, la misma fecha en la que se estrenó hace cinco años. Quería dormir mal, quería miedo, y de paso saber de primera mano por qué esta "Annabelle" se ha convertido en una franquicia del cine de terror de tantísimo éxito, habiendo ya un montón de películas icónicas de muñecos diabólicos, y con lo que huele ya la warrenexploitation. Y lo he entendido perfectamente: la promoción hasta en la sopa, y que se ve que los millennials no ven pelis antiguas y les sorprende cualquier patochada. Esto es infumable. Copia de todo lo sagrado sin miramientos, engaña al espectador, se repite hasta la náusea («otro primer plano de la cara de la muñeca de los cojones y rompo la tele», pensaba cada cinco minutos más o menos) y no aporta absolutamente nada de nada. Es horrible. Una patética colección de intentos de sustos a base de ruidos desagradables. Tengo muchísimas ganas de ver las siguientes, por supuesto.


LE VOYAGE DANS LA LUNE // LE VOYAGE À TRAVERS L'IMPOSSIBLE // EL HOTEL ELÉCTRICO // VIAJE A JÚPITER
[Georges Méliès, 1902 // G.M., 1902 // Segundo de Chomón, 1908 // S.C., 1909]
Hace 18 años y medio asistí a una sesión absolutamente mágica de cine mudo de ciencia-ficción en la Filmoteca de Madrid: hora y media de cortometrajes del maestro Segundo de Chomón de comienzos del siglo XXI, un día post-navideño con la sala grande llena de niños y niñas partidos de la risa y muchos padres (y yo) emocionados ante lo que surgía de la pantalla, y también un poco de las plateas, que nos hizo a todos un poco mejores seres humanos. Todos estos años después, fui a repetir experiencia, esta vez en un pequeño ciclo veraniego de "Ciencia ficción europea" que están proyectando allí. La sala estaba a rebosar, con alguna cara conocida, pero menos niños; al menos solo se manifestó uno a través de la oscuridad. En esta ocasión, además, la proyección de cuatro de los más icónicos cortos de Méliès y Chomón estuvo acompañada por música de piano en directo. Excepto en el primero de ellos, una copia restaurada y coloreada a mano que contó con música de Jeff Mills. Casi una hora de cine mágico (que pasó volando, hubiera jurado no haber estado allí dentro más de 15 minutos) que, aunque ya he visto muchas veces, siempre es una experiencia emocionante, casi te imbuye de cierta responsabilidad, es un impelimento a saber contextualizar y comprender todo aquella en la medida oportuna. "Viaje a la luna" es una de las piezas más reverenciadas, seminales e influyentes de la edad de piedra del cine, y en esos vivos colores exhudaba un poderoso influjo camp con el que no cuenta en sobrios grises. Los selenitas saltimbanquis de piel verde o las coristas vestidas de azul le aportan un influjo aún más extraño a todo lo que acontece. "Le voyage à travers l'impossible" es una pieza hermanada con la primera, y que no había visto en pantalla grande. Tras el indecible éxito que debió de tener la primera, Méliès repitió la experiencia, esta vez armando un loquísimo viaje en tren volador, primero a través de bosques y montañas, hasta por fin alzar el vuelo y enfilar hacia... el sol. El convoy lleno de profesores chiflados y un par de valerosas pioneras, esta vez es disparado hacia los cielos para, tras atravesar varias capas de estrellas, meteoros y planetas, meterse en la boca del sol, y allí pasar bastante calor, tener que refugiarse en una cámara frigorífica, y regresar a la Tierra de un salto para bucear un rato bajo el mar, alrededor de pececitos reales. "El hotel eléctrico" de nuestro turolense más universal, sí es una pieza que he visto un montón de veces, cinta pionera de la pixilation (vale, ya sé que se limitó a copiar y mejorar "The haunted hotel" de James Stuart Blackton, del año anterior...), pero siempre revuelve y es un placer mirarla en pantalla grande y remasterizada. La sesión la cerró otra de las exploitations de la pionera obra de Méliès, el "Viaje a Júpiter" de Chomón, que es otra belleza con todo tipo de trucajes de cámara, saltimbanquis y onirismo hecho realidad. Mi acompañante y yo lo pasamos estupendamente, el pianista era excelente, después nos fuimos a cenar a una terraza tranquilamente y volví a casa de día hecho un munson.