jueves, 26 de junio de 2014

domingo, 22 de junio de 2014

Santos y Demonios (Sobre la pista de baile) (Libritos Jenkins, 2014)

Este pasado sábado tuvo lugar, en el descampau ocupado junto al mercado de la Cebada, el primer Hostia Un Libro, un encuentro de fanzines, pequeñas editoriales y pequeñísimas editoriales (y tres librerías familiares del barrio), que tenía como reclamo una velada de lucha libre de la WWW. La cosa fue tan sencilla como efectiva y exitosa. Tan simple (sobre todo para el espectador ajeno al follón organizativo...) como montar un ring de lucha a un lado, una caseta informativa en medio y un puñado de cenadores de Ikea cobijando hasta a 78 humildes stands en los que cada participante exponía su material. Por allí estaban los incombustibles de Rantifuso o The Rocketman Project ocupando el mismo espacio que encantadores aficionados que se acabababan de autoeditar su primer libro de ilustraciones (yo hice migas con @ladecadente y @soydelhambre), todos a la misma altura, ya fueran ¡Caramba!, La Felguera, Hoja de lata, Libros del K.O., Jot Down, Fata Libelli vendiendo descargas digitales de sus relatos de fanta-terror o microeditores que encapsulan o enlatan al vacío poesía posmo. El encuentro fue estupendo, y todo el mundo estaba muy contento. Esto no suele ser siempre así, y el fanzinerío y las editoriales no comerciales suelen prender fuego a las redes sociales durante los salones del cómic y eventos similares; y en general, ante cualquier empresario que supuestamente pretenda dar salida a iniciativas artísticas minoritarias e independientes, porque los organizadores o locales de exposición solo quieren hacer negocio a lo bestia en poco tiempo (sin ir más lejos, en este asunto el último Expocómic fue escandaloso). Es importante dejar claro que en Hostia Un Libro se notaba que había mucho cariño y se conocía bien el material y el personal con que se trabajaba. Estaban muy pendientes de los stands y nuestras necesidades, todo fue rodado y debido al lugar elegido, un espacio público en pleno centro de Madrid (aunque algo oculto por la tapia de las miradas de los paseantes), la afluencia de público fue constante y daba gusto. Y encima, encima del ring organizaron varios eventos, entre ellos, por supuesto, peleas de wrestling "profesional".

Yo estuve allí vendiendo Santos y Demonios, un fanzine sobre lucha libre que hice durante la semana pasada a toda leche, trabajando casi en trance para la ocasión; y de paso ofreciendo números atrasados de los trabajos de fanzineros colegas que nos juntamos siempre que podemos para este tipo de cosas: Dramáticas Aventuras, Jo, tía!, Todos Somos Peter Parker, el extraordinario ensayo doctoral de Roberto Bartual "Narraciones gráficas", el 2º número (sacado del horno casualmente el mismo día) de Puppets & Clay (su primera entrega fue el tercer post de este blog, y para cuando el 2º ha salido nos hemos conocido y hecho migas; lo reseñaré en breve, espero), y alguna cosa más. Nuestro stand era de los más coloridos y repletos, teníamos máscaras de lucha mexicana y regalábamos unos feísimos muñecos de luchadores sin personalidad que compré hace mucho tiempo en un badulaque y que guardaba en una bolsa al fondo de un armario. Nosotros vendimos lo mismo o más que en Expocómic (que dura cuatro días y sale en todos los medios de comunicación del Universo...), y me consta que tanto las librerías como las editoriales canis o las iniciativas minúsculas estaban bastante contentos. Y lo mejor es que en estos encuentros se conoce gente y se llega a acuerdos, y en esas estuvimos también.

Aunque está feo que sea yo quien lo diga, el fanzine que acabo de publicar creo que es bastante digno... para lo minoritario y absurdo que es: un vehículo de expresión que diera una imagen sui generis sobre la relación entre la lucha libre y la cultura popular. Y sobre todo me enorgullece que (tras rumiarlo durante un tiempo) escribiera o juntara todo el material (56 páginas) en solo tres días. Tres días en los que apenas me moví de delante del ordenador, eso sí. Maquetando casi al mismo tiempo que escribía, hice dos textos informativos (uno sobre la relación entre la música y la lucha libre y otro sobre películas poco obvias protagonizadas por luchadores enmascarados), una fotonovela de 7 páginas de cachondeo (a partir de viñetas de unas 20 fotonovelas mexicanas de los 50 y 60), traduje una historieta de terror de la era dorada (sobre un gorila entrenado por telepatía para destruir a un luchador profesional de gran éxito) y lo adorné todo con historietas e ilustraciones salpicadas sobre lucha libre desde 1905 hasta este mismo mes de 2014. Pedro Villarejo y Luis Olmedo me regalaron sendas ilustraciones para la ocasión, y también incluí 4 ensayitos sobre lucha (el proto-catch en España, en Perú, en Euskadi y en los tebeos de Bruguera de los 50) de 4 escritores a los que admiro, y que me cedieron sus textos. Scari Wó me ayudó también mucho durante estos días para confeccionar la portada, la contra, una página informativa de relleno y la cubierta del CD que viene de regalo (con Southern Culture On The Skids, Botellita De Jerez, Roddy Piper, Sr. Bikini, Los Straitjackets, Lightnin' Beat-Man...). En general es una cosa curiosa, totalmente innecesaria pero creo que suficientemente completa y entretenida para cumplir el objetivo de celebrar el evento. Espero recuperar el dinero invertido, si la gente me lo sigue pidiendo por correo a mi e-mail... (5€ el pack).

miércoles, 4 de junio de 2014

Elliot Rodger - "My twisted world" (2014)

El pasado viernes 23 de mayo, un chaval de 22 años de Los Angeles llamado Elliot Rodger cogió su coche, se dirigió a las zonas comunes del instituto Isla Vista de Santa Barbara y se lió a tiros indiscriminadamente; una de esas masacres rutinarias que suceden en Estados Unidos, que se llevó la vida de tres post-adolescentes y dejó una docena larga de heridos. A continuación la policía cercó a Elliot, quien se estrelló con el coche de papá al tiempo que se disparaba a sí mismo con dos pistolas semiautomáticas a la vez. Posteriormente se descubrió que también había asesinado, a cuchilladas, a sus más recientes compañeros de piso en el apartamento donde vivía en Isla Vista. Poco antes de proceder con su momento berserker (lo que él bautizó como Day of the Retribution), había enviado un mail a unas 30 personas, adjuntando un documento de 107.000 palabras (140 folios de apretada letra), en el que contaba su insatisfactoria vida y anunciaba su venganza contra la humanidad. Un "manifiesto" titulado "My twisted world". Me fascinan, de toda la vida, este tipo de personajes extremos y delirantes, y estos fenómenos de blitzkrieg unipersonal que suceden en Amerrika. Leyendo la noticia el lunes siguiente a los hechos (fue el fin de semana de la final de Champions y las elecciones europeas, así que pasó bastante desapercibido en las noticias), me enteré de que "My twisted world" daba vueltas por la red (sin ir más lejos, está colgado entero en la web del NY Times), y la semana pasada lo estuve leyendo atenta y pasmosamente en el tablet.

El motivo por el cual Elliot hizo aquello, y se sentía tan miserable y solito en el mundo, es exactamente el que se comenta: que con 22 años era virgen, no se había morreado nunca con ninguna cheerleader, y otros tíos más feos y pobres que él, sí. Eso había ido minando poco a poco su cordura, hasta convencerle por completo de que debía vengarse de la especie humana por su soledad y su desgracia. "My twisted world" es un ejercicio memorístico increíble. El chico, supuestamente, se acordaba de detalles minuciosos de su infancia, y de todas las etapas de su vida desde los 0 a los 22 años. Durante la narración de toda su existencia, detalla primorosamente sus quehaceres: su feliz infancia y juventud rodeado de lujo y pijerío angelino, sus habituales viajes por Europa, sus maravillosos avances tras años enteros de soledad a los mandos de sus personajes de World of Warcraft, el divorcio de sus padres, el nacimiento de su hermanita, su pase VIP para estrenos y conciertos exclusivos de pop idiota, los regalos y fiestas de cumpleaños, sus vecinos y amigos... Y todo iba bien, hasta que descubre que tiene un pene, y para qué sirve. Desde ese momento (narra la primera vez que vio una página web guarra y su primera de infinitas poluciones), comienza a sentir deseo por las mujeres. Concretamente, por las rubias WASP californianas al estilo de las que salen en las películas de Andy Sidaris. El resto de gente le da lo mismo, y de hecho es un estúpido clasista xenófobo (mola que, después de lo que hizo el otro día, es muy políticamente correcto insultarle, ¡Elliot, pringao! ¡Manflorita!). Su obsesión son las blonditas populares estereotipadas, y su desesperación la incomprensible realidad de que no quieren sexo con él. Jamás se ha acercado a hablar con nadie en su vida, todo el mundo le parece un obnoxious prick slob, pero su cerebro podrido no concibe por qué no se le acercan las tías buenas del instituto a hacerle esas cosas que ve en las películas porno.

El padre de Elliot resulta que es un adinerado productor y director de cine, que recientemente ejerció de director de segunda unidad en "Los juegos del hambre"; algunos tabloides, de hecho, han llamado a este caso el de El asesino de los juegos del hambre (simpático juego de palabras además... por la hambruna que pasó el chico en vida). La única amiga de sexo femenino que tuvo, la única chica de su edad con la que habló jamás, Maddie, con quien se encuentra en varios momentos de su vida, es la hija del líder de Orchestral Manoeuvres In The Dark; en una ocasión desfiló por la alfombra roja en un estreno, así como acudía a montones de prestrenos porque su madre era íntima amiga de George Lucas. Este tipo de elementos, sus viajes por España o su legado en forma de videos en youtube, convierten a este sujeto en una fuente de morbo inagotable. De alguna manera, durante esta narración de sus memorias consiguió que me metiera facilmente en su cabeza, y de alguna manera me enganchara su verborrea. El libro está bastante bien escrito, aunque el lenguaje es terriblemente infantil y limitado (aunque tengo facilidad, yo no leo mucho en inglés y esto no fue ningún obstáculo), y sobre todo muy repetitivo. No solamente por su patología y su obsesión, que también, sino por su abuso de términos como playdate o sleepover (contabilizando las veces que quedaba con alguien para jugar o se quedaba en su casa a dormir... con veinte añazos) y el limitado lenguaje. En realidad, sus pataletas, su incesante quejío en contra de la humanidad por no querer follársele, resultan divertidas de puro absurdo, y alguna vez se me escapó alguna carcajada siguiendo sus constantes razonamientos, del tipo "voy por la calle y me cruzo con una rubia que besa a otro » el otro es más bajito que yo, o un sucio hispano, y no soy yo » hay que exterminar a las mujeres, encerrarlas en campos de concentración y prohibir el sexo" (esto último no es una exageración: es literalmente su manifiesto final).

El ejercicio de narrar toda una vida, muy estructurada y dinámicamente, ya digo que está bastante logrado. Supongo que sería más sencillo al haber llevado escrito desde siempre un diario, y a tener tanto tiempo libre y ningún hobby. Resulta especialmente desasosegante que Elliot no parezca ser consciente de por qué sus amigos y familiares le daban la espalda (uno de los principales elementos de conflicto es la nueva esposa de su padre, que llega a echarle de casa un par de veces), cuando él mismo lo está explicando muy claramente. Es pasmoso que no comprenda cómo su único amigo, definitivamente le suplica que no le hable más a los 20 años, después de que Elliot le cuente sus teorías sobre cómo debería funcionar el mundo, y su intención de cobrarse la venganza. A partir de su 20º cumpleaños, Elliot de hecho fantasea efectivamente con matar, con matar y arrancar la piel de sus enemigos. Incluso, en varias ocasiones, antes de pergeñar el Día del Apaleamiento la Retribución, cuenta cómo conducía por los alrededores de Isla Vista haciendo las pisolitas, o hasta en tres ocasiones llegó a verter su Starbucks latte ardiendo sobre algunas rubias que se estaban morreando en la parada del autobús. Para un pijo psicópata tan intenso y desesperado, entre lanzarle a la gente un latte venti o liarse a tiros no debe haber demasiada diferencia. Hay muchos momentos escalofriantes en la vida de este pobre psycho, sobre todo aquellos en los que, pletórico, está convencido de ser un ente superior, un auténtico dios en la tierra. Proclama su increíble sabiduría, insulta y desprecia a todo el mundo (especialmente a las cheerleaders rubiacas populares, pero no exclusivamente), y disfruta de la opulencia y el dineral que le envían continuamente su padre, su madre y su abuela para que pague los estudios, cosa que no está haciendo. Durante los últimos años de su vida, ese fervor por el lujo (choni y de bajísima intensidad) le llevan también a obsesionarse enfermizamente por ganar la megalotería. Y continuamente, cuando debería estar en clase, se dedica a viajar hasta Florida para comprar billetes de un tipo de lotería que no se vende en su ciudad. Los episodios en los que Elliot cuenta cómo está convencido de que, esta vez sí, uno de los cinco o seis boletos de lotería que ha comprado en Florida y que lleva tres días, encerrado en casa mirándolos entre sudores fríos sin atreverse a combrobar en la web de la megalotería, tienen que estar premiados con los 200 millones de dólares. Porque sí, porque es el destino, porque ya que es invisible para las titis, está predestinado a ganar muchísimo dinero. Elliot sueña con la megalotería a todas horas durante sus últimos años de vida, porque está convencido de que la opulencia es lo único que le hará atractivo y le permitirá conseguir titis; no hablar con ellas, claro que no, eso es de obnoxious slobs.

Si "My twisted world" fuese una obra de ficción, sería una novela magnífica, mucho más certera y entretenida que "American psycho" o "Menos que cero". Por su (involuntario) candor, surrealismo y humorismo, "My twisted world" podría estar escrita por el Palahniuk de "Pigmeo" o ser una oscura fábula disuasoria posmo-naïf de algún nocillo; lo terrible es que cada letra que leía de esta historia sabía yo que estaba escrita por alguien que cumplió su deseo de pasar a la historia como asesino de masas. Tenía clara la fecha ya a finales de 2013, e incluso le visitó la policía sospechando que tramaba algo y que deseaba muchísimo matar a gente, a partir de los videos que colgaba en youtube o lo que contaba a sus loqueros; pero el engranaje de esa máquina de engendrar monstruos postmodernos que es la Sociedad Norteamericana no se detuvo esta vez, y ahí está blanco sobre negro el sufrimiento de un desequilibrado expuesto a lo que ésta nos vende. Con sus entretenidas andanzas, su epitafio y su videojuego de one-person shooter viviente. Una lectura verdaderamente extraña y sin moraleja posible.