viernes, 30 de noviembre de 2018

Otros Grupos (1)


(En la cuenta de Facebook de Reunión de Majorettes comencé a subir hace tiempo pequeños textos sobre grupos musicales diferentes, outsiders, fake bands y conjuntos famosos por ir vestidas de mamarrachos. Hace tiempo que tengo en la cabeza este proyecto, que además de un ensayo misceláneo para dar a conocer renglones torcidos de la industria musical, pretende ser un homenaje al álbum de cromos de los 80, Otros mundos. Solo colgué en su día unos pocos textos, de los cientos de grupos que tengo ya preparados. Y recientemente he ido reciclando esta idea, que pretendo convertir en algo para Libritos Jenkins en lo que estoy trabajando. Se me ha ocurrido colgar aquí los 8 cromos que ya tenía redactados, para que no se pierdan los textos, porque no creo que vuelva a usar esos textos.).

19. The Ladybirds


Cuando pensamos en grupos musicales atendiendo a su puesta en escena, a su aspecto, a sus pintas, a veces olvidamos centrarnos en aquellos conjuntos que abanderaron, precisamente, la ausencia total de ‘gimmick’ y de ropa alguna: las bandas en topless. Porque, sí, existieron bandas nudistas, grupos musicales que actuaban en porretas, e incluso podemos hablar de una pequeña escena musical durante los años 60s. El quinteto The Ladybirds estaba formado por Robin Sherwood (voz, guitarra), Barbara “Bobbi” Branch (guitarra), Lisa Lynn (bajo), Deborah Dayan (organ) y Rosita Quintana (batería), y surgieron en 1966 en torno al circuito de clubs nocturnos para adultos de San Francisco. Por supuesto, se trataba de un espectáculo picante, en el que la música era lo de menos, y de hecho no ha trascendido casi ninguna de sus canciones, aunque sí sabemos que inicialmente hacían playback pero acabaron aprendiendo a tocar sus instrumentos. Las Ladybirds fueron las primeras, pero no las únicas: hubo otra franquicia de las Ladybirds en Dinamarca (que llegaron a grabar un álbum), donde también surgieron The Sweethearts. Para el cartel de un hipotético festival veraniego para nudistas y viejos verdes, deberíamos fichar también a The Hummingbirds (la banda de la reina del ‘burlesque’ Angel Walker), a The Naughty Ladies (Massachusetts), The Bare Ones, Eight Of A Kind (ambas de Canadá), The Go Nakeds! o The Swedish Topless Band, por citar algunas. Todas ellas mucho más elegantes y pizpiretas que las satánicas Rockbitch o que el bajista de Los Jacobos…


22. The Residents


El 1974 salió a la venta “Meet The Residents”, un misterioso álbum cuya portada era una bastardización del segundo de los Beatles, sobre los que habían pintarrajeado cuernos y colmillos. La leyenda cuenta que solo vendieron 40 copias de aquella primera edición, cuyo extraño sonido parecía estar basado en las oscuras teorías de N. Senada, un supuesto teórico y compositor californiano que abogaba por la música asonante, incómoda y anti-comercial. Sus componentes, The Residents, eran cuatro sujetos que ocultaban sus identidades bajo máscaras de globos oculares. Entre sus siguientes discos habría también un homenaje a la Edad de Oro del rock and roll en un mundo distópico en el que los nazis habían ganado la II Guerra Mundial; o una colección de canciones pop ñoñas de 1 minuto… que debían ser repetidas tres veces seguidas cada vez que se emitieran en la radiofórmula, para así construir el jingle perfecto. Durante muchos años, los Residents fueron el Gran Misterio indescifrable del Rock. Una banda anónima y a contracorriente, fruto de la Contracultura más reaccionaria, llena de histrionismo, simbología y talento, que se ciscaba en todo lo establecido y dejaba a su paso todo tipo de leyendas urbanas. Una pataleta contra todo lo que la Industria Musical (esa fábrica de ídolos de barro de imagen aséptica y sonido intercambiable) estaba imponiendo en la Cultura mundial.


24. The Dapper Dans


“Dapper Dan”, o “Dani el elegante”, es un viejo concepto o frase hecha que aludía a una persona que le da demasiada importancia a su aspecto físico. Durante la Ley Seca hubo en Minnesota un famoso gánster con ese apodo, y también eran así conocidos un carismático jugador de béisbol, o una loción para el afeitado. Estos sofisticados arquetipos masculinos, junto con un conocido juguete del mismo nombre lanzado en 1955, acabaron bautizando a esta banda, clásico cuarteto de ‘doo wop a capela’, de esos que vestían trajes conjuntados a rallas de colorines y que hace muchas décadas actuaban en espacios públicos (lo que se conoce como “barbershop quartets”, porque sus trajes recuerdan a los rótulos giratorios de las peluquerías antiguas). Lo curioso de los Dapper Dans es que, más que un grupo de música, son una auténtica franquicia, o una especie de equipo que va cambiando de miembros con los años, como los Harlem Globetrotters o la Patrulla-X: desde 1959, y aún en activo, son el cuarteto que actúa en las calles de Disneylandia. Entre otros hitos de la cultura pop, la formación de 1993 puso la voz cantante a Homer Simpson, Barney, Apu y Skinner en el episodio de Los Solfamidas, y en la primera entrega de “La mansión encantada” de Disney (2003) eran los bustos de goma que canturreaban en el cementerio. Son el epítome del conjunto músico-vocal sonriente, correcto y ‘white trash’, y el “cuarteto de barbería” más famoso de todos.


51. Reynols


Reynols (1993-2004) fueron una banda experimental argentina, formada por los hermanos Roberto y Patricio Conlazo (guitarra y percusión), Alan Courtis (guitarra) y el carismático batería Miguel Tomasín. Miguel era el alma de la banda, portavoz, compositor de los temas, autor conceptual de la imagen de todas las carpetas y voz principal, llevando la base rítmica y canturreando sobre el ruido y la distorsión generados por sus acólitos. Tomasín tiene síndrome de Down, y generaba alrededor de la banda, además de una enorme y absurda polémica (por aquello de dar “demasiada” visibilidad a su discapacidad ante una audiencia bienpensante y condescendientemente molesta), todo un universo particular de “ruidismo surrealista”, con su propio sentido del ritmo y el mensaje. Su primer disco, “Gordura vegetal hidrogenada” (1994) era una caja vacía que contenía un no-CD que se había desmaterializado. Otro de sus éxitos, “Symphony for 10.000 chickens”, consistía en el sonido ambiente de una granja de pollos. Casi todo el resto de su producción se basa en improvisaciones vocales vanguardistas y de difícil acceso para el oyente medio, pero dotadas de un aura muy particular. Reivindicados por músicos como Sonic Youth, Damo Suzuki o la recientemente fallecida Pauline Oliveros, Reynols fueron uno de los últimos bastiones de la autenticidad en el rock, completamente desprovistos de la farsa y el postureo del rock y poseedores, involuntariamente, de ese “pasotismo” trágico y de esa naturalidad musical de la que todas las bandas “indies” presumen pero de la que carecen.


76. Prussian Blue


En los comienzos de la popularización de internet, se viralizaron unas fotos de una pareja de hermanas gemelas rubitas, que vestían camisetas con el emoticono de un “Hitler cuqui”. Indagando un poco, uno descubría que no era ningún montaje o broma posmoderna, sino que las doceañeras Lamb y Lynx Gaede (n. 1992), oriundas de Bakersfield, California, eran realmente miembros de un movimiento nacionalsocialista extremo, negacionistas del Holocausto y defensoras del supremacismo ario. De hecho, ambas habían formado en 2003 el dúo de pop-folk Prussian Blue, un vehículo para extender su ideología a través de delicadas tonadillas. Con el tiempo aprendieron a tocar instrumentos burdamente (guitarra y violín), y grabaron dos LPs. Si en los años setenta Bowie, Keith Moon o Brian Jones frivolizaban su fascinación por el imaginario Nazi disfrazándose de miembros de la Wehrmacht, aquí teníamos a dos auténticas neonazis, con una imagen impecable, haciendo himnos acaramelados y terribles con esas vocecitas dulces, quebradizas e inarmónicas, que estaban cargados de una sensibilidad y una crudeza que ya quisieran alcanzar muchas bandas de tontipop indie. Hacia 2011 se supo que ambas renegaban de su pasado, abrazaron la marihuana terapéutica y echaban la culpa a su madre de haberlas manipulado cuando eran adolescentes.


79. Orion


El mito de Elvis Presley es tan inmenso, que podemos hablar casi de un género musical en sí mismo, de tanta leyenda, tantas canciones y tantos artistas generados a su alrededor. Existen concursos por todo el mundo de imitadores de Elvis, muchas canciones, películas y documentales en torno al concepto, y algunos ‘impersonators’ curiosos que han alcanzado cierta fama bizarra: como el marciano Eilert Pilarm, El Vez, Elvis Herselvis, Kjell Elvis o el salvaje y marrano de Extreme Elvis, entre muchos otros. El caso de Jimmy “Orion” Ellis es significativo, ya que su timbre de voz y su manera de cantar eran tan similares a los del propio Elvis, que tras el fallecimiento del Rey del Rock la mismísima Sun Records comenzó a publicar los discos de Jimmy Ellis bajo el alias de Orion, y con un interrogante junto a su nombre en la portada; e incluso le publicó un sonado disco de duetos junto a Jerry Lee Lewis, jugando al despiste. La decisión de Orion de comenzar a utilizar ese antifaz característico (como si fuese un superhéroe de incógnito) mientras imitaba al difunto a la perfección, dieron alas a esa teoría conspirativa que asegura que “Elvis está vivo”. La carrera de Orion estaría para siempre unida a la de Elvis y la pantomima hasta su muerte (asesinado durante un atraco en 1998), pero al margen de las versiones y las bromas hay que considerar a Jimmy un talento genuino dentro del rockabilly.


101. Little Tibia & The Fibias


En 1967 tuvo lugar una fiesta en el castillo del Barón Boris Von Frankenstein en el Caribe, a la que fueron invitados el Conde Drácula, la Momia, el Hombre Lobo, el Hombre Invisible, el Jorobado de Notre Dame, el Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, la Criatura de la Laguna Negra, y por supuesto el monstruo de Frankenstein y su novia. Durante aquella fiesta, la banda que tuvo el honor de amenizar la velada fueron Little Tibia & The Fibias, un cuarteto de esqueletos con pelucas a lo Beatle. Sucedió en “Mad monster party?”, una película de culto de Jules Bass rodada con muñequitos animados mediante la técnica ‘stop-motion’, homenaje a todos los monstruitos clásicos de la cultura popular, y antecedente conceptual de otras tan famosas como “Pesadilla antes de Navidad” de Tim Burton. Little Tibia y compañía son una banda de ficción memorable y carismática (detrás de ellos, al parecer, estaban Dyke & The Blazers, pero ese es un dato irrelevante), a pesar de su breve carrera, y una cima de la música americana relacionada con la fiesta de Halloween.


133. The Adivina-Quién-Gana-Esta-Noche Ensemble


Como todos sabemos, la cultura ha sido totalmente exterminada de la televisión comercial; cuanto menos se eduque a la población, mejor le irá a los gobernantes. En cuanto a la música en TV, el asunto alcanza ya niveles fascinantes. Al margen de endogámicos programas de karaoke que fabrican ídolos clónicos para seguir perpetuando el Gran Timo de la Industria del Pop, en la televisión podemos ver videoclips y actuaciones en directo, en todos los canales, exclusivamente entre las 3 y las 6 de la madrugada; y aún entonces, solo se emiten extraños videos de grupos que nadie conoce, y que forman parte de un fraude manifiesto en el que están compinchados tanto los grandes magnates audiovisuales como la sociedad gestora de los derechos de autor y el propio Gobierno: la música que emite la tele de madrugada, y que nadie ve, genera derechos de emisión, cubre el canon cultural que exige (y paga) el Estado, y engrosa las millonarias facturas que las cadenas pagan a la SGAE, y que les vuelve a repercutir a través de sus propias empresas editoriales. Un negocio perfecto, legal y clandestino, pero que tiene lugar ante nuestras propias narices a diario. En el origen de este sofisticado tinglado, allá por 2006, y como riéndose de todos nosotros, algunos concursos telefónicos fraudulentos tenían a unos supuestos músicos haciendo el tonto con instrumentos clásicos, mientras que lo que sonaba a todo trapo era ‘techno-house’. Maravilloso. The Adivina Quién Gana Esta Noche Ensemble (de la que formaba parte, entre otros, el ex-líder de Coz), son mi banda-de-mierda imaginaria favorita.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Creencias extremas (Crimen+Investigación TV)


Un canal abisal del Plus ha estado emitiendo esta última semana montones de documentales fascinantes sobre sectas, asesinos de corte aleluyo y consecuencias del fanatismo. Lo de "canal abisal" es una apreciación personal, claro, ya que apenas acabo de descubrir Crimen+Investigación, por casualidad, sondeando en un bloque de cadenas de documentales al que no me había asomado antes, pero esta franquicia del emporio bizarro The History Channel, dedicada a la criminología, lleva emitiendo en español cerca de una década. Desde que la descubrí, es el único canal cuya numeración me sé de memoria, y que tengo puesto bastante a menudo de fondo ahora que estoy sin trabajo. Su imagen es muy guay, tiene un montón de documentales a todas horas sobre asesinos en serie legendarios, hijos de puta mezquinos o sucesos sin resolver, bastante producción española y maratones como ésta de la semana pasada, que a partir de las 8 de la tarde ha sido un carrusel de información sobre pseudorreligión y muerte, con motivo del 40º aniversario de la masacre de Jonestown. De alguna manera sigo obsesionado con esto (no he perdido interés desde que tomé contacto con el Terraplanismo), y me he tragado practicamente todo lo que han emitido, entusiasmado.

El cuerpo central, la principal excusa para armar esta semana temática, fue el estreno (simultáneo en 30 países) de la serie documental Creencias extremas, presentada por una pazguata un tanto chupasangres, llamada Elizabeth Vargas, que en cada episodio diario entrevistó a distintas víctimas de sectas, así como psicólogos o especialistas en el tema. Aparte de dos especiales finales en los que hizo una mesa-camilla con los distintos invitados (que aún no he visto), los 7 programas estuvieron dedicados a "asociaciones" de "autoayuda" y "crecimiento personal", mucho ánimo de lucro, abusos sexuales y destrucción de la voluntad como NXIVM, los Testigos de Jehová, los Niños de Dios, la Nación Unida del Islam, el Refugio de la Unificación y la Paz Mundial, Las Doce Tribus (de esta secta, así como del Movimiento de Raíces Hebreas, el Makuya o la extravagante, cómica y casi discordiana Creciendo En Gracia —que parece una secta sacada de un tebeo de Mortadelo y Filemón—, hay mucho chiflado yahshuhshiahlieber en las redes terraplanistas) y la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Un detallito: yo no soy conspiranoico, pero... el segundo episodio, el dedicado a los Testigos de Jehová, no se emitió o al menos no lo pude encontrar ni entre la opción "últimos 7 días" ni en el buscador, ni en la parcelita dedicada a la serie en la plataforma, ni en ninguna parte. Aparentemente, se emitió dos días seguidos el capítulo 1.

Por supuesto, todas estas sectas tienen un montón de puntos en común, testimonios casi idénticos de las adláteres sometidas a abusos niñófilos y/o torturas, y curiosamente todas, o casi todas, siguen existiendo a día de hoy a pesar de los terribles escándalos narrados y/o condenados. Además, al final de cada capítulo sobreimpresionan textos tipo "qué pasó con", explicando dónde están ahora los implicados, y en la edición española han añadido detalles localistas, y casi todas estas sectas operan también a día de hoy en España, disfrazadas de asociaciones benéficas. Después de dos años nadando entre terraplanistas, yo mismo he comprobado que estas sectas están increíblemente activas en Facebook. Uno de los últimos programas de Salvados también se centró en una secta española alucinante donde se producen linchamientos y abusos continuos en 2018, todo porque lo dice el amado líder. El canal C+I tiene un blog que actualiza bastante, y estos días también ha estado escribiendo sobre el tema, como en esta entrada sobre la actualidad de las sectas aquí. Es tremendo esto, y sí, estoy bastante enganchado.

Aparte de Creencias extremas, he estado viendo casi toda la programación temática. Estupendos y largos documentales actuales centrados en los casos más sonados y sangrientos de la segunda mitad del siglo XX, protagonizados por las pop stars del fanatismo radical como David Koresh, el Reverendo Jim Jones, el hijo de la gran puta de Warren Jeffs (al que no conocía), los Seguidores de Cristo o, por supuesto, Charlie Manson. De paso, me enganché a ratos a una serie abierta que llevan emitiendo 3 temporadas, y que gira en torno a las simpáticas tradiciones matrimoniales mormonas, llamada Escapando de la poligamia, cada episodio dedicado a testimonios inenarrables de mujeres de Utah educadas en una sociedad en la que solo salvarán su alma si comparten a su marido con otras diez o treinta adolescentes. También hay en el canal otra serie regular en curso, llamada Leah Remini y la Cienciología, que no controlo. Aparte de los propios contenidos, la continuidad de la cadena, y esa imagen de la que hablaba al principio, se disfrazó para la ocasión en una especie de homenaje a "The wicker man", y en los cortes a publicidad incluían también breves ráfagas de información sobre crímenes relacionados con sectas en España, o bien mini-videoclips con infografías de frases lapidarias de los líderes de cultos más locos de la Tierra. Muy edificante todo. Me he pegado unas buenas maratones estos días como espectador de la sinrazón más absoluta y la miseria humana, y C+I es ahora el único canal que tengo en los "favoritos".

miércoles, 21 de noviembre de 2018

La radio que me crió

(Publicado originalmente en el fanzine promocional de mi programa de radio "Reunión de Majorettes".
Marzo de 2017)
Reunión de Majorettes está siendo para mí un desahogo maravilloso, un proyecto que no sabía hasta qué punto necesitaba hacer. Es una actividad semanal que hago con la pasión del coleccionista de sellos que expone sus archivadores a las sufridas visitas, o el cuñao que, a traición, te cuela el video de las vacaciones durante una merienda. Y disfruto enormemente al descubrir que poco a poco los curiosos se van acercando al programa, me escriben cosas bonitas o comparten los enlaces a los podcasts. Todavía no tengo claro qué necesidad hay de hacer estricta radio musical en 2017, tantísimos años después de que la Televisión matara a la estrella de la Radio, y en unos tiempos en los que la capitalización de Internet ha conseguido acabar con cualquier posibilidad de supervivencia de la libre divulgación cultural a favor de la avalancha de “me gusta” y el redireccionamiento constante del navegante a los mismos rediles “informativos” monetizados en los que se estila exclusivamente la propaganda y el elogio de lo que da dinero. Tengo la sensación, por tanto, de que he llegado muy tarde a este medio que tanto me apasiona desde niño, pero lo hago como si no estuviésemos en una época tan cruel, en la que todo el mundo es DJ pero nadie escucha música, la mezquina radiofórmula la presentan caras bonitas de la tele y los programas de radio se hacen para competir con los Youtubers. Reunión de Majorettes trata de homenajear a la radio musical con la que he crecido, y a todos esos locutores y DJs que están en mi panteón privado, esas personas a las que verdaderamente admiro.

Yo comencé escuchando radio musical a finales de los 80s y primeros 90s, una época en la que ésta ya cohabitaba con la televisión. Por tanto, no conocí aquellos años gloriosos, los “días de radio” en los que la familia se arremolinaba en torno al transistor para escuchar los noticieros, las radionovelas y los estrenos musicales pero, como todo el mundo, la sintonía de Radio Nacional o de la SER es un reconfortante sonido que me acompaña desde niño. Tengo que confesar que no he sido nunca un gran aficionado a las emisoras libres, las radios locales o las radios universitarias (si es que en España ha habido tal cosa), y que toda mi educación radiofónica proviene de la escucha compulsiva de Radio Clásica y Radio 3, principalmente. Pertenezco a esa generación que creció adorando a Maestros como Diego Manrique (el Gran Difusor de la música en España), José María Rey (su Bulevar diario era indispensable), Juan de Pablos (que no falte nunca), Paco Pérez-Bryan (qué tardes aquellas, las del De 4 a 3), Jesús Ordovás, José Luis Moreno-Ruiz, Luis de Benito, José Miguel López, Ramón Trecet, Cifu, Pilar Arzak, Lara López… No me imagino mi vida sin Radio 3. Yo mismo salí varias veces en antena, concursando en los magazines. También escuchaba otras emisoras de radio, claro, y de vez en cuando me dejaba arrastrar por la radiofórmula, lo confieso: recuerdo perfectamente la época en la que Radio Minuto y Radio 80 Serie Oro se fusionaron en M80; por aquella época la radio era un electrodoméstico importantísimo, y sonaba al menos un par de horas o tres cada tarde mientras hacía los deberes. Pero siempre me ha parecido absurda la dichosa radiofórmula, esa manía de escuchar en bucle las mismas 50 ó 40 ó 20 canciones a todas horas. Durante una época trabajé en un local comercial en el que sonaba Europa FM, y escuchar las mismas canciones 2 ó 3 veces al día, estuvo a punto de volverme loco. La radiofórmula, la payola, la mafia de la FM es el lado maléfico de la radio. Pero también en las emisoras comerciales encontraba uno programas musicales estimulantes, como el añorado Déjate besar, el inconcebible Viaje a los sueños polares en ¡los 40 Principales!, la selección musical de la ruidosa La Jungla de José Antonio Abellán, la labor incansable de DJs como Rafael Abitbol o Santiago Alcanda en diferentes emisoras y programas comerciales, el Plásticos y decibelios, el sugerente Vuelo 605, la sección Surtido de Ibéricos en el No somos nadie post-Motos… Máximo respeto también a los momentos de lucidez e independencia de Joaquín Luqui, que también me acompañaron en muchos momentos. Pero nada como Radio 3. Ya sabemos que es injusto comparar la radio española con la norteamerica-na, pero Radio 3, en algunas épocas de las que yo conocí, era un auténtico lujo comparable al espíritu de las college radios estadounidenses, y sus locutores no tenían nada que envidiar a la radio musical especializada de allí, que poco a poco hemos ido descubriendo los aficionados sobre todo con la llegada de internet.

Porque, a nivel mundial, la radio musical de los países anglosajones es otro mundo. Los Tiny Desk Concerts de la NPR pública americana, las sesiones de la BBC de John Peel o los conciertos de la KEXP distan mucho de las GATOs de Julio Ruiz; y nunca hemos tenido aquí a alguna de esas personalidades, locutores-de-radio-barra-estrellas-del-rock como Fred Allen, Rodney Bingenheimer, Howard Stern, Jack Benny, Eddie Cantor... Ni mucho menos figuras del carisma de mi adorado Dr. Demento, que encarna el espíritu de la pasión por la música outsider, o emisoras como la WFMU.

WFMU es una cadena de radio libre que emite desde New Jersey desde 1958, se mantiene gracias a donaciones y eventos, y es el epítome de la radio musical temática organizada por géneros; lo que vendría a ser una Radio 3 disparatada, en la que en lugar de programas sobre rock, world music y jazz casi exclusivamente, tuvieran cabida también espacios especializados en músicas extrañas y remotas; cualquier cosa que suene es susceptible de ser radiada. En la actual WFMU operan locutores como el gurú Irwin Chusid, una enciclopedia viva de la Música Increíblemente Extraña, y programas que recomiendo poderosamente y que me acompañan semanalmente como The Antique Phonograph Music Program (aunque aquí tengo que admitir que son superados fácilmente por los entrañables Hermanos Pizarro, en Radio 3), Vocal fry, Morricone Island, Bitslap, Nazario Scenario, Three chord Monte y otros rincones que invito al lector a descubrir, y que exponen a nuestras orejas a la Música tal y como ésta debería ser concebida: un arte inabarcable, infinito, sin ataduras, y que nadie debería vender ni comprar.

Ya que he mencionado al maravilloso espacio Melodías Pizarras, cabe preguntarse qué significa Radio 3 a día de hoy. Que “ya no es lo que era” es un clamor, pero lo único cierto es que el mundo entero ha cambiado, y que el mismo acto de escuchar la radio ya no es lo que era; pero en mi opinión, Radio 3 sigue siendo un oasis en un desierto de radiofórmula para débiles mentales y electro-latino surgido de las más profundas cavidades del Infierno. Sigue siendo un lujo que exista Radio 3. Por mera supervivencia en tiempos de crisis cultural, es verdad que se han unido a la parrilla programas simplones y flojitos, que serían impensables en los buenos tiempos de la radio nacional y que prefiero ni nombrar, pero otros experimentos y sólidos programas de la parrilla reciente (El Sótano, Bandera Negra, En Radio 3, Sonideros, La curiosidad mató al gato...) mantienen bien alto el nivel, y la labor de Ángel Carmona o Marta Echeverría a la hora de abordar la actualidad es admirable; y en los 90s media programación la okupaba la brasa de la UNED, y aquello era más doloroso todavía, no lo olvidemos. Y es que, además, la Radio parece que no estaba muerta, sino que estaba adaptándose al futuro en forma de podcasts para llevar; y muchos, casi todos los locutores citados, están diciendo cosas muy interesantes aquí, y crecen o se mantienen espacios libres de la talla de Radio Círculo, Radio Carcoma, Gladys Palmera, El Estado Mental… A lo mejor no todo está tan mal. Tengo la sensación, además, de que la televisión que se hace hoy en día, con esos eternos maratones de debates sin guión mañana, tarde y noche, es prácticamente radio filmada: que la televisión se escucha, más que verse, ahora que estamos demasiado ocupados con la pantalla del ordenador, y que la tele solo se tiene puesta de fondo mientras la tuiteamos. Así pues, puede que la radio esté más presente que nunca.

Escuchar tanta música a todas horas que salía del pequeño radiocasete y se perdía para siempre rebotando por las paredes de mi habitación, me agobiaba bastante, me daba un poco de vértigo pensar que aquel disfrute radiofónico tan efímero; así que yo era mucho de grabar las canciones y los conciertos que emitía la radio. Llenaba cintas, cintas y más cintas con la música de Radio 3, creando mis propios recopilatorios, a razón de 2 ó 3 al mes, que comencé a organizar y catalogar en mi rudimentario ordenador de entonces, en una hoja Excel que ha ido creciendo sin cesar durante los últimos 20 y pico años, y que actualmente ronda las 150.000 canciones. Sé que esto suena a locura, pero esta ha sido mi principal afición y pasatiempo en la soledad del hogar: una labor entomológica, obsesiva, la de hacer listas con las cosas que tengo, y el coleccionismo compulsivo de canciones en rodajas digitales, me ha llevado a llevarme al ordenador todos los discos, cintas y LPs que han pasado por mis manos en la vida; y por supuesto, junto con la música descargada directamente de la Red, conforman una colección monstruosa, enfermiza, en mis estanterías. Aquí es cuando vuelvo a la primera frase de este texto: Reunión de Majorettes es mi desahogo, mi pase privado de diapositivas a los colegas.

Haciendo un poco de memoria personal, el concepto de “Reunión de Majorettes” surgió antes que el programa de radio en sí. Por supuesto, el nombre lo tomé de un episodio de Los Simpsons, otra de mis obsesiones vitales. Varias veces, en la prensa especializada, leí que algunas bandas, al no ponerse de acuerdo a la hora de bautizar a su proyecto, se ponían a ver la tele y elegían una frase al azar. Eso fue lo que hice hace unos diez años, cuando quise ponerle título a un blog que me abrí de manera privada para expresar mis diatribas personales. Posteriormente, una de las veces que me invitaron a pinchar música en un bar (el lamentablemente clausurado templo de culto Pub Henry Chinaski de Guadalajara), en 2011, y ya que me pidieron que le pusiera un título a la sesión, decidí promocionarlo haciendo un rudimentario cartel, para el que utilicé la portada de un bolsilibro de Bruguera que mostraba a un monstruo de dos cabezas. Volví a utilizar el nombre para otro blog hace algo más de un año, que finalmente reutilicé y transformé en el actual blog de apoyo a Reunión de Majorettes, el programa de radio / podcast digital que, de hecho, surgió de manera casual: durante una entrevista en directo que me hizo Otis, el presentador del programa San Onofre desde hace 18 años en Radio Arrebato, me sugirió en el aire la posibilidad de ocupar una franja horaria que se había quedado huérfana… y acepté sin pensármelo demasiado. Era de rigor que, ahora que el concepto tiene formato audible, la breve escena de Los Simpsons sea la cuña principal, en crudo, del programa.

Paralelamente, en mi labor doméstica, apasionada y de perfil bajo, como divulgador amateur de la Cultura Pop desde varios blogs de escasa repercusión (Frunobuland, Frunoflickr, Frunosimpsons, Breviario para dipsómanos…), hace algunos años creé la (no-)editorial Libritos Jenkins, desde la que publicar, cuando siento esa necesidad de expresarme, fanzines temáticos. Este objeto que tienes entre manos es fruto de la colisión de ambos mundos: mi modesto programa de radio amateur, y mi pasión por los fanzines. Y me gusta pensar que Reunión de Majorettes es algo así como un fanzine radiofónico, que continúa algunas de las cosas que exponía en mis blogs y en mis fanzines. Concretamente, hubo una vez un fanzine que escribí para Libritos Jenkins, el segundo de ellos, que me hizo sentir que podría haber gente interesada en lo que tenía que aportar al mundo de la divulgación musical: “La música más rara del mundo”. Un ensayo que escribí allá por 2008 en mis ratos libres, y que finalmente se materializó en un fanzine de 124 páginas, que vendía junto a un CD de 166 canciones. Música extraña, curiosa, poco conocida, prohibida, con capítulos dedicados a la relación entre la música y los animales, la música y las discapacidades físicas, la música y el Demonio, la música y los robots, y otra serie de cosas que me obsesionaban bastante. Que yo sepa, no existía en el mercado, y sigue sin existir, una historia de la música marginal, outsider y que abordara estos temas. Sí que hubo revistas (en EEUU, claro) como Incredibly strange music o el maravilloso ensayo del citado Irwin Chusid “Songs in the key of Z”, pero a los que no teníamos acceso desde aquí; y fanzines como Mondo Brutto o Ruta 66 se ocupaban de vez en cuando de asuntos y personajes como estos, pero no entendía por qué nadie se había puesto a hacer un compendio en torno a esa música. Yo lo intenté, y mi ensayito tuvo relativo éxito. De hecho, llegué a presentarlo y a poner música durante una hora entera en el programa Carne Cruda de Radio 3 en diciembre de 2010, por lo que de alguna manera se cerraba el círculo.

Mi necesidad de hacer un programa de radio musical, aglutinando músicas dispares en torno a un mismo concepto, estaba ahí por lo tanto desde hace mucho tiempo, pero no me había dado cuenta. Y al final Reunión de Majorettes se ha convertido en una necesidad para mí, y cada programa que hago se lo dedico inconscientemente a la WFMU, a los funcionarios de Radio 3 y Radio Clásica, al Dr. Demento, a Diego Manrique, a Spike Jones, a Gomaespuma, a Frank Zappa, a las radionovelas de monstruos y superhéroes, a los recopilatorios en casette de fragmentos de radio pintarrajeados a mano, a los fanzineros, a la respetable audiencia y también a usted.

Sheena's Jungle Room


Desde hace unos días hay un canal nuevo dentro de la emisora nodriza WFMU, y es lo que más escucho últimamente: Sheena's Jungle Room. Me pongo mucho esta radio americana, de fondo, desde su aplicación en mi móvil conectada a la cadena. La tengo puesta ahora mismo, está sonando Sheik of Araby / Put your arms around me, honey, de Don y John Lampien, un single de música novelty de los años 50. Ahora una balada con sorna de un tal T. Tommy Cutrer, otra cachondada, un tema que mezcla country con spoken word y un coro de niños cantando Deck the halls. Me acabo de dar cuenta de que justamente lo he pillado a mitad del programa "The World’s Worst Records Radio Show", presentado por Darryl W. Bullock, el autor de un blog que sigo desde hace muchísimo, y el único de la parrilla del canal que conocía de antemano. Como fuere, es un canal especializado en música novelty, que viene a sumarse a la oferta habitual de la emisora, que ya contaba con el canal principal (compuesto por casi 70 programas especializados en música temática y extraordinaria), Rock 'n' Soul Ichiban (que solo emite garage-punk-rock solo interrumpido por anuncios japoneses o trailers de cine psicotrónico), UBU Radio (música de ascensor y vanguardias armónicas) y Give The Drummer Radio (dedicada al folk y la world music, no lo he escuchado casi nunca). Por lo que veo, Sheena's Jungle Room, esta oleada ininterrumpida de novelty, free jazz, crooners viejunos y divas torcidas del bel canto ha sustituido al otro canal que me ponía a veces para leer, Boredom Radio, que radiaba desde 2012 el mismo playlist de 744 horas de canciones pochas, minimalistas y, como el propio nombre del canal aventuraba, increíblemente aburridas e insufribles. La emisora WFMU me acompaña muchas horas a la semana desde hace muchos años, al menos en los ratos largos que tengo en casa, que últimamente no eran muchos. El viernes pasado mandé a tomar por el culo mi último trabajo, y ya veré qué hago. De momento estaba en casa leyendo y escuchando música.

Ahora que me he acordado de esto, voy a subir al blog, en el siguiente post, un texto personal sobre mi relación con la radio, que hice para el fanzine en papel "Reunión de majorettes", un panfleto que hice para moverlo (sin ningún éxito) por emisoras de radio reales. Aparte de una introducción sobre el proyecto, a la que di mil vueltas creyendo que alguien lo leería alguna vez, añadí un montón de playlists y textos del blog de mi propio programa, bastantes ilustraciones, y ese texto central: "La radio que me crió". Me corté mucho con el espacio para que me entrara en tres paginitas del 'zine, es una especie de narración curricular y el tono me parece un poco forzado, para llamar la atención, pero en él creo que mencioné bastantes de mis programas de radio favoritos de siempre, incluidos varios de esta WFMU. Desde que la descubrí hace una semana o así (existe desde hace dos), Sheena's Jungle Room es de lo que más escucho todo el tiempo.

jueves, 1 de noviembre de 2018

La muerte de los Simpson en papel: el fin de Bongo Cómics

He publicado este artículo para la revista digital Espinof...




...y repasar los tebeos de los Simpson para hacerlo, me ha dado ganas de retomar otra vez mi blog de Tebeos de los Simpson. Sí: es una amenaza.