Martes, Mayo 31, 2016

"Starfighter: La aventura comienza" (Nick Castle, 1984)


Tengo este blog bastante abandonado, y hoy por fin he encontrado un rato para actualizarlo con montones de cosas hasta que se me pasen las ganas, apuntes que tengo por ahí desde hace bastante tiempo. El ritmo de entradas ha decaído sobre todo desde que tengo un programita de radio, ya que los ratos que dedico al ordenador son escasos, y suelo necesitar unas cuantas horas semanales a preparar el guión, la promo y sobre todo la selección y búsqueda de canciones; no sé si se nota, pero cada programa está bastante elaborado. Además, he sacado unos cuantos fanzines últimamente, y eso también me ha absorbido el tiempo libre. Poco, últimamente tengo muy poco tiempo libre, tengo la agenda repleta de cosas. Pero como digo, tengo un buen puñado de cosas por reseñar y recomendar.
Empezando, por ejemplo, por este clásico del cine 80ero, una de esas películas que marcó a los de mi edad, y que creo que no había visto desde su estreno en cines cuando era pequeñito. Tenía bien marcados en el recuerdo los elementos principales de la historia: la gasolinera suburbial, el sufrido protagonista atado a ella, la recreativa de marcianitos que transporta al usuario a una guerra real para salvar el universo... Vista en la distancia, todas las escenas de ciencia-ficción resultan terriblemente infantiles, todo es un vehículo bastante idiota para promocionar el videojuego, aunque el objetivo de convertir a la máquina en un objeto mágico y de culto generacional no me extraña que funcionara. La fotografía en las escenas de La Tierra son deliciosas, pero lo demás una bobada para los manipulables adolescentes de la época.
Pero en realidad no quería rajar de la película en sí. De lo que sí quería dejar constancia es de la fuente. Ya he dicho algunas veces por aquí el fantástico momento que atraviesa la plataforma YouTube, para los cazadores de rarezas cinematográficas. Como nuevo "videoclub" social, un espacio a la carta en el que verse películas de baja estofa, cine bis extraño cuyos derechos nadie va a reclamar. Y también le dediqué uno de estos fanzines que me saqué de dentro hace poco a los nuevos hábitos audiovisuales que han entrado en todos los hogares, en los que someterse a largas jornadas de YouTube ha sustituido al visionado normal de series o películas. Al menos, en mi casa las horas muertas ante el televisor (mi legendario y gigantesco Roxy C) ya no son lo mismo desde hace mucho. Ya no hago zapping por los canales normales, sino que cojo el mando de la XBOX y me voy directamente a la aplicación de este nuevo Ente Público. Al repasar las suscripciones, tampoco he ocultado hasta qué punto me dejo llevar a veces por la estupidez millennial e incomprensible más asombrosa, que hasta he matado a veces jornadas enteras viendo a un chaval jugando al Sims 4, al GTA V o al Fallout 3, fascinado, embobado, sin ningún interés en jugar yo mismo. Me gustaría que alguien me explicara por qué me pasa esto, a mi edad... No sigo a ningún youtuber en especial, no me importan, aunque sí a algunos vloggers de esos que se graban viajando o adentrándose en lugares abandonados, como a Josh, que hace un rato colgaba su visita a una casa funeraria abandonada, o a otros de su cuerda. Y también en alguna ocasión mi tele empieza a escupir estúpidas ristras de "top 10" de bizarradas y me siento incapaz de ponerle fin. La programación normal de la televisión sí que ha dejado casi por completo de interesarme, salvo algún rato que me pongo de fondo el politiqueo mientras plancho o me desparasito por casa, pero hasta en eso hay muchas cuentas de rojazos cabreados que hacen el viewer's digest de lo mejor de cada jornada, con risas enlatadas que es aún más gracioso. También me pongo a veces a ver viejos dibujos animados juveniles que parece que se hayan inventado para Youtube, y sin darme cuenta me he zampado todas las temporadas, y me pongo al día de las cosas de Movistar+ o videoclips musicales del momento, como todo dios. Prefiero el zapping por las charlas del TED, los Tiny Desk Concerts de la NPR, los conciertos de KEXP o de The A.V. Club o las entrevistas de los talk-shows norteamericanos... Nos pasa a todos, ¿no? ¿Alguién de más de 20 años, aparte de las estrellitas del humor de Twitter todavía ve la tele?
Pues otros de los usuarios que me atrapan son los exploiters de la Nostalgia. De estos hay muchos, montañas. Tengo marcados algunos tipos norteamericanos que van goteando poco a poco extractos de sus VHS de tonterías de las teles locales americanas (de esto también hablaba en el fanzine "Homer-Visión", y me encanta), y algunas cosas asombrosas como The Museum of Classic Chicago Television, que todo lo (mucho) que cuelgan no tiene desperdicio. Pero en cuanto a la tele añeja española, entre los miles de tipos que quieren visitas y suscriptores y no sé qué gaitas quieren, destacan algunos como Nostalgia Televisión Javier Luis, un titán que casi todos los días cuelga programas de entretenimiento enteros en alta definición que no sé de dónde los saca, y me descubro de pronto viendo un parte al azar del año catapún, un debate de La Clave, asombrado viendo un concurso de Eurovisión de los 60s, cosa que pensaba que no podría interesarme menos, un capítulo de Pippi Calzaslargas o del Trueno Azul, un Estudio 1, un Sabadabadá, un Un, dos, tres responda otra vez... Zapping anacrónico. Pero es que también cuelga un montón de películas enteras, (precedidas de una entrañable cortinilla de Sábado cine o Cine club), y ahí es donde vi, en definitiva, la peli del post, en una sobremesa un día.

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