Lunes, Setyembre 8, 2014

"El hombre de la cuarta dimensión" (Irvin S. Yeaworth Jr, 1959)

Esta tarde me acerqué dando un paseo al videoclub churretoso de la esquina, y alquilé una copia restaurada en aviHS de esta cinta de terror disuasorio de la era atómica. Existe también una copia en precioso 3D de los cincuenta (no esa estupidez para débiles mentales de los multicines de ahora, que no he usado nunca jamás...; me siento a veces, hablando de estas cosas, como El Abuelito Maníaco), pero al final me decanté por la peli con subtítulos, porque no encontraba mis gafas bicolor de cartón del Fantastic Magazine...

"4D man" es una bonita historia de desamor y venganza, sobre dos mad doctors hermanos (Scott y Tony Nelson) que aman a la misma mujer (la secretaria del laboratorio, hechizante Lee "Catwoman" Meriwether). Scott trabaja en el desarrollo de un potente material nuevo, la carlgonita, que pronto sustituirá al resto de metales en la fabricación de armamento y seguridad. Por su parte, el brillante pero caótico Tony está experimentando con electrodos la manera de que dos materiales se fusionen a nivel subatómico, de tal forma que un lapicero pueda atravesar el acero. Tony acaba de prender fuego accidentalmente a su propio laboratorio, de tanto juguetear con la máquina, entra a trabajar en el laboratorio de su hermano y se lo empieza a montar con la secretaria. Los celos de Scott le llevarán hasta el extremo de probar en sus propias carnes el experimento de Tony, y después de una hora de líos de faldas, picnics y aburridas citas dobles, Scott adquiere por fin la capacidad para entrar en fase como Kitty Pride, y atravesar todo tipo de objetos y también personas. Al hacer esto último, les chupa la energía a sus víctimas, que en cuestión de segundos envejecen y mueren, mientras que su cuerpo se perpetúa.

La peli es simpática y terriblemente geek, pero no pasa nada interesante ni fantástico hasta que ya casi se me agotaba la paciencia. Los decorados son muy coloridos y todo es bastante camp. Los efectos cuando el protagonista "entra en fase", así como los maquillajes de las víctimas envejeciendo en stop-motion o mismamente las maquinitas de corchopán con las que juguetean los científicos, son deliciosamente cutres, y todo en general tiene una pinta amateur y lastimosa, pero se deja ver y tiene algún momento delirante.

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