martes, 22 de julio de 2014

"Horrible bosses" (Seth Gordon, 2011)

Una tarde tonta que tuve durante estas vacaciones me puse a ver esta comedia reciente, que no me sonaba de nada aunque está llena de actores que me gustan (normalmente, estoy tan al día de la actualidad cinematográfica como de la taurina). Narra las vidas paralelas que llevan tres colegas cuyos jefes les hacen la vida imposible, a base de mobbing, hasta el punto de que deciden conspirar para asesinarles alevosamente aprovechando que estos no conocen a los colegas de cada uno. Al estilo de "El quinteto de la muerte", los jefes primero se resisten a morir y todas las argucias fallan, pero luego todo empieza a rodar sin que se den cuenta, a golpe de slapstick y de reacciones en cadena. Y el último jefe resulta ser un hijo de perra psicópata (ya lo destripa la carátula, no yo) y todo se complica. Lo que prometía una comedia negra oculta en realidad una comedieta blandita y de humor blanquísimo para toda la familia. Como una galleta Oreo.

"Black super power" (Daniel Ausente, 2012)

En los últimos meses he actualizado poquísimo este blog; pero aquí lo tengo, siempre a mano, como esas libretas que llevan los críticos de cine pedantes a las salas, para tomar notas con un boli-con-linternita cada vez que algo de lo que ven les irrita. Hoy es el último día de mis vacaciones de verano. Está a punto de anochecer. Y en esta prórroga he decidido que voy a hacer 20 entradas seguidas de este blog (ya lo tengo preparado con todas las caratulitas preparadas, que es lo que más me cuesta hacer), con algunas de las cosas que recuerde haber visto, leído o escuchado durante mis tres semanas de vacaciones. En orden aleatorio, según me he ido acordando de las cosas. Empiezo por este post, y avisaré cuando haya terminado con el veloz repaso en un post... dentro de unas horas. Tengo puesto de fondo un recopilatorio de Clarence "Frogman" Henry, seguido de Brenda Lee, Ted Taylor, King Salami, Axel Zwingenberger, Louis Prima, Cherry Casino y así una ristra de LP's digitales en cola para acompañarme en la tarea. Tenía otras cosas que hacer, pero bueno. Le tengo cariño a este espacio.

Tengo encargada la caja Black pulp box de Aristas Martínez en mi librería de confianza. Se trata de un cofre que contiene unos cuantos libelos y fanzines, de ficción y de no, que giran en torno a la negritud cutánea de los seres humanos, y su idiosincrasia. El cofre es caro, y nunca encuentro el momento ni la billetera suficientemente llena como para ir a la tienda a por él, aunque me avisaron hace ya algunos meses. De todas maneras, lo que más me apetecía leer era este ensayo de Daniel absence, maestro y amigo, experto en cultura pop y cine de derribo, y ya a estas alturas una leyenda viva del escribir, del rajar y del presentar eventos sobre tebeos, cine y subcultura. La última vez que lo vi en el lineal de una librería no pude resistirme y me lo traje a casa, y cuando me haga con el cofrazo, pues bueno, lo regalo o forro un bargueño.

"Black super power" es un ensayo, entretenidísimo, acumulativo, muy explicativo, exhaustivo, sobre el papel de los personajes negros en la cultura popular, la norteamericana sobre todo, y principalmente en los tebeos de superhéroes de los setenta y el cine blaxploitation de la misma época. Un periodo, el de la guerra de Vietnam y la explosión de la(s) contracultura(s), que me interesa muchísimo y me fascina. Sin demasiados ornamentos, directo y ordenado, el repaso no se olvida de la época de los esclavos, ni de los bluesmen ni del KKK ni de la segregación ni de Rosa Parks ni de los Panteras Negras, pero enseguida entra en materia y nos lleva de la mano por montones de cabeceras de la Marvel de los setenta, aquellas (pocas) sagas en los tebeos de superhéroes (los del grandísimo Englehart, los Claremont, Goodwin, etc.) que se inspiraban en el zeitgeist y en los periódicos para situar a los superhéroes en contextos verosímiles y controvertidos, para dar su versión y actuar ante fenómenos como el Apartheid o las guerrillas urbanas de California o Detroit. Personajes como Pantera Negra, Luke Cage, Tormenta, Jim Rhodes, Trillador Nocturno o los héroes del sello Milestone hicieron historia del cómic y de la cultura popular, tanto como los actores y directores (de serie A, B y Z) que pusieron al ghetto a protagonizar historias en la gran pantalla.

Los capítulos dedicados al cine son más escuetos y huecos, pero al fin y al cabo a mí lo que me interesaban son los tebeos; y además sobre lo otro, y sobre la cultura negra en general, hay mucha más bibliografía. En lo que respecta al goloso repaso a los superhéroes de las viñetas, probablemente este sea el estudio más completo y escrito con más amor que existe, y además salpicado de ilustraciones y nutritivas notas a pie. Si de algo cojea el estudio (por decir algo), y como ya anuncia el autor, es del lenguaje demasiado "cínico" y resabiado a ratos, al provenir el grueso del texto de un largo artículo publicado en dos entregas del outsider fanzine Mondo Brutto, que extraña un poco en un libro independiente y para todos los públicos (dentro del Sistema) como es éste, pero a pesar de ello es una lectura deliciosa y entusiasmante, especialmente indicado para el Marvel Zombie y el fandom curtido de toda la vida. Imprescindible.

"Los invisibles" (Grant Morrison, varios, 1994-2000)

"Mi amigo Dahmer" (Derf Backderf, 2014)

Hace unos meses compré y leí esta novelagráfica, una asfixiante historia de adolescencia y descubrimiento en la América Profunda, narrada por un tipo (Derf Backderf) que en los años setenta compartió pupitre con otro chaval llamado Jeffrey Dahmer; joven extraño, introvertido y algo borderline éste, que crecería para pasar a la historia como "El Carnicero de Milwaukee". Como aficionado a este tipo de personajes, esta obra me interesaba mucho y la devoré durante un par de noches. El dibujo de Backderf es algo sucio, aparentemente apresurado, pero correcto y efectivo, en la línea de Joe Matt o Chester Brown. El tono es lúgubre y nostálgico, y la historia se ciñe a la cotidianeidad de un instituto de provincias y a un geek solitario e incomprendido y que hacía cosas raras. Sin moralina de ningún tipo, el autor reflexiona sobre el sistema educativo, la culpa, el bullying, la amistad y los demonios interiores. Una historia magnífica, adictiva y desasosegante como pocas.

"Oldboy" (Spike Lee, 2013)

Como todo hijo de vecino, no entiendo muy bien ni acepto de buena gana la costumbre de actualizar o "traducir" películas al lenguaje hollywoodiense moderno; sobre todo cuando se trata de películas recientes y tan perfectas y comprensibles como la versión original koreana de "Oldboy" (Park Chan-Wook, 2003). Más incomprensible aún que esta versión suecada la firme alguien como Spike Lee, el rey de la blaxploitation finisecular y gangsta, del cine del ghetto para todos los públicos (aunque mi favorita de Lee es la impactante "Summer of Sam"). Porque la única razón que encuentro para este tipo de remakes de películas mainstream de gran éxito es el oportunismo más diáfano y pusilánime. La cinta original, además, lineal y nítida, no requería ningún tipo de occidentalización. No había excusa posible. Esta versión americana es entretenida, y Josh Brolin es absolutamente sensacional, pero creo que era innecesaria, más aún cuando se libera de los momentos más efectistas y brillantes de la original (el histórico y brutal plano secuencia del martillo, la fuerza del propio objeto en otros momentos, la del pulpo, toda la escena final contra el final boss) dulcificándolos y tamizándolos para una generación tibia y aborregada, haciendo hincapié en la necesidad de venganza y redención del protagonista, y exagerando hasta el ridículo la reacción final. No puedo decir que esta versión sea mala, pero sí innecesaria y de ninguna manera anula la anterior, sino que la hace más imprescindible a las nuevas generaciones. Hablando de la historia surcoreana, yo con el manga no pude y me pareció bastante lleno de paja.

"Men in black" (Barry Sonnenfeld, 1997) / "Men in black 2" (Barry Sonnenfeld, 2002) / "Men in black 3" (Barry Sonnenfeld, 2012)

Hace un par de meses echaban en alguna cadena privada la primera de "MIB". Me acababa de preparar la cena y estaba haciendo zapping justo cuando iba a empezar. Era una noche agradable, yo estaba de vacaciones, era una noche fresca de verano y todo me era propicio. Nunca había visto esta película, nunca antes me había interesado esta saga, porque visualmente no me atraía nada y pensaba que era un producto muy infantil y muy tonto. Lo ignoraba todo sobre este asunto, y ni siquiera estaba seguro de que fuera una trilogía. El visionado de la primera parte de la saga, aquella agradable noche en mitad de mis vacaciones, me entusiasmó. Me gustó mucho, mucho, y guardaré un gran recuerdo. No tenía ni idea del gran homenaje que habían hecho aquí al cine 8enter, y que el espíritu de los clásicos de género para todos los públicos de mi generación ("Cazafantasmas", "Regreso al futuro", "Exploradores"...) estuviera aquí intacto. También es cierto que el estreno de la primera entrega tiene ya cerca de 20 años, y que si bien estaba lejos ya en el tiempo de sus antecesoras, por entonces sus referentes no eran tan lejanos. Es obvia también la cercanía a Expediente-X, una de las cosas más grandes que ha dado la cultura popular; pero nunca antes, que yo sepa (bueno, supongo que en los cómics en los que se basa esta saga), se había dado vida tan a fondo al hermoso concepto de los Hombres de Negro, esos insobornables y misteriosos tipos sin pasado que supuestamente se aparecen en los graneros de la América Profunda y disuaden a los rednecks de contar sus experiencias con seres del más allá, y de una forma caricaturesca tan alejada a la verosimilitud dramática de los casos de Mulder y Scully. La pareja formada por Will Smith y Tommy Lee Jones funciona como un reloj, y la historia de la incorporación del policía incorruptible y atlético al misterioso y secreto MIB, después de su primer encontronazo con un alien, es muy guay. Lo que menos me gusta de toda la saga es la convivencia de los MIB con los marcianitos de toda clase, esas escenas en las que vemos los hq del equipo y se pasean bichos inconcebibles, payasos y supuestamente graciosos. Esas son las escenas que me parecían más infantiles y bobas. Aunque la coexistencia de alienígenas en nuestra sociedad, en tiendas ignotas y puestos de trabajo (o comentarios de los protagonistas sobre famosos que son en realidad aliens), tiene cierta gracia y es parte importante de la ambientación de la saga. Como digo, a mi edad he descubierto esta saga, le pongo pocos peros y creo que es merecidamente uno de los iconos de su época. Con altibajos y algún momento verdaderamente pueril, las tres entregas son dignas, divertidas y llenas de detalles deliciosos. Soy fan.

Sweet Tooth #1-22 (Jeff Lemire, 2009-2011)

Con bastante retraso, hago acuse de lectura de más o menos la primera mitad de esta reciente historia del sello Vertigo, una obra completa de Jeff Lemire ambientada en una distopía post-apocalíptica en la que un extraño virus ha mutado a los niños en híbridos mutantes niño-animal, y en la que el joven Gus, inocente y tembloroso chaval-cervatillo, parece ser la clave para frenar la epidemia. El joven Gus vive en una cabaña en el bosque, apartado por su padre de la sociedad y criado a las faldas del fanatismo religioso. Por aquel bosque habita también una milicia que caza y vende a los híbridos, así como un extraño laboratorio oculto en el que se experimenta con niños, y un puñado de niños mutados que tratan de sobrevivir a su propia condición. En la línea de The walking dead, el grupo de supervivientes pulula por los bosques buscando cobijo y enfrentándose a milicianos y mad doctors, mientras afluyen recuerdos, pistas sobre el origen de la pandemia y fuertes diferencias entre los protagonistas (entre quienes destaca Jepperd, un cazarrecompensas que recuerda a Frank Castle y que lidera la expedición). El estilo de Lemire es bastante amateur al comienzo de la serie (esos fondos de viñeta pochos o inexistentes), pero va mejorando mucho conforme avanzan los arcos. El concepto de la historia es interesante, y el tono adulto y fantástico engancha enseguida... pero la cosa poco a poco va haciéndose lenta, densa y claustrofóbica. Sirva esto como punto de lectura, aunque no sé si tendré fuerzas o interés por conocer el final de la historia, con tantas cosas por leer.

"Tiempo de canicas" (Beto Hernandez, 2014)

Desconozco casi por completo la producción de los 3 Hernandez Bros. Mi colega JF, que es muy fan, me prestó este tomo hace algún tiempo, y lo disfruté un montón, en cuanto a que es un catálogo de anécdotas de infancia e iniciación en la cultura popular norteamericana perfectamente intercambiable. Creo que la infancia y adolescencia de casi todos los occidentales de todo el siglo XX, hasta la invasiva llegada de los PCs e internet a todos los hogares, es bastante similar. Me consta que mis padres jugaban en la calle, como yo, y más o menos a las mismas cosas y manejaban la misma idiosincrasia; y sus padres, y los padres de aquellos. Aquí es cuando me pongo cascarrabias y afirmo que la generación siguiente a la mía se pasa las tardes en casa jugando a las maquinitas y comunicándose por chat, y siento lástima. Mi infancia sí que fue plena y satisfactoria y mejor y todo eso. Beto Hernandez realiza aquí una memoria de sus juegos de infancia, sus primeros tebeos, cromos y relaciones con el otro sexo, sin más ambición ni intención que la de retener y envasar ese candor y esa actividad inocente que sobrevuela nuestra nostalgia. Una lectura dulce y purificadora.

miércoles, 2 de julio de 2014

jueves, 26 de junio de 2014

domingo, 22 de junio de 2014

"Santos y Demonios (Sobre la pista de baile)" (Libritos Jenkins, 2014)

Este pasado sábado tuvo lugar, en el descampau ocupado junto al mercado de la Cebada, el primer Hostia Un Libro, un encuentro de fanzines, pequeñas editoriales y pequeñísimas editoriales (y tres librerías familiares del barrio), que tenía como reclamo una velada de lucha libre de la WWW. La cosa fue tan sencilla como efectiva y exitosa. Tan simple (sobre todo para el espectador ajeno al follón organizativo...) como montar un ring de lucha a un lado, una caseta informativa en medio y un puñado de cenadores de Ikea cobijando hasta a 78 humildes stands en los que cada participante exponía su material. Por allí estaban los incombustibles de Rantifuso o The Rocketman Project ocupando el mismo espacio que encantadores aficionados que se acabababan de autoeditar su primer libro de ilustraciones (yo hice migas con @ladecadente y @soydelhambre), todos a la misma altura, ya fueran ¡Caramba!, La Felguera, Hoja de lata, Libros del K.O., Jot Down, Fata Libelli vendiendo descargas digitales de sus relatos de fanta-terror o microeditores que encapsulan o enlatan al vacío poesía posmo. El encuentro fue estupendo, y todo el mundo estaba muy contento. Esto no suele ser siempre así, y el fanzinerío y las editoriales no comerciales suelen prender fuego a las redes sociales durante los salones del cómic y eventos similares; y en general, ante cualquier empresario que supuestamente pretenda dar salida a iniciativas artísticas minoritarias e independientes, porque los organizadores o locales de exposición solo quieren hacer negocio a lo bestia en poco tiempo (sin ir más lejos, en este asunto el último Expocómic fue escandaloso). Es importante dejar claro que en Hostia Un Libro se notaba que había mucho cariño y se conocía bien el material y el personal con que se trabajaba. Estaban muy pendientes de los stands y nuestras necesidades, todo fue rodado y debido al lugar elegido, un espacio público en pleno centro de Madrid (aunque algo oculto por la tapia de las miradas de los paseantes), la afluencia de público fue constante y daba gusto. Y encima, encima del ring organizaron varios eventos, entre ellos, por supuesto, peleas de wrestling "profesional". Yo estuve allí vendiendo Santos y Demonios, un fanzine sobre lucha libre que hice durante la semana pasada a toda leche, trabajando casi en trance para la ocasión; y de paso ofreciendo números atrasados de los trabajos de fanzineros colegas que nos juntamos siempre que podemos para este tipo de cosas: Dramáticas Aventuras, Jo, tía!, Todos Somos Peter Parker, el extraordinario ensayo doctoral de Roberto Bartual "Narraciones gráficas", el 2º número (sacado del horno casualmente el mismo día) de Puppets & Clay (su primera entrega fue el tercer post de este blog, y para cuando el 2º ha salido nos hemos conocido y hecho migas; lo reseñaré en breve, espero), y alguna cosa más. Nuestro stand era de los más coloridos y repletos, teníamos máscaras de lucha mexicana y regalábamos unos feísimos muñecos de luchadores sin personalidad que compré hace mucho tiempo en un badulaque y que guardaba en una bolsa al fondo de un armario. Nosotros vendimos lo mismo o más que en Expocómic (que dura cuatro días y sale en todos los medios de comunicación del Universo...), y me consta que tanto las librerías como las editoriales canis o las iniciativas minúsculas estaban bastante contentos. Y lo mejor es que en estos encuentros se conoce gente y se llega a acuerdos, y en esas estuvimos también. Aunque está feo que sea yo quien lo diga, el fanzine que acabo de publicar creo que es bastante digno... para lo minoritario y absurdo que es: un vehículo de expresión que diera una imagen sui generis sobre la relación entre la lucha libre y la cultura popular. Y sobre todo me enorgullece que (tras rumiarlo durante un tiempo) escribiera o juntara todo el material (56 páginas) en solo tres días. Tres días en los que apenas me moví de delante del ordenador, eso sí. Maquetando casi al mismo tiempo que escribía, hice dos textos informativos (uno sobre la relación entre la música y la lucha libre y otro sobre películas poco obvias protagonizadas por luchadores enmascarados), una fotonovela de 7 páginas de cachondeo (a partir de viñetas de unas 20 fotonovelas mexicanas de los 50 y 60), traduje una historieta de terror de la era dorada (sobre un gorila entrenado por telepatía para destruir a un luchador profesional de gran éxito) y lo adorné todo con historietas e ilustraciones salpicadas sobre lucha libre desde 1905 hasta este mismo mes de 2014. Pedro Villarejo y Luis Olmedo me regalaron sendas ilustraciones para la ocasión, y también incluí 4 ensayitos sobre lucha (el proto-catch en España, en Perú, en Euskadi y en los tebeos de Bruguera de los 50) de 4 escritores a los que admiro, y que me cedieron sus textos. Scari Wó me ayudó también mucho durante estos días para confeccionar la portada, la contra, una página informativa de relleno y la cubierta del CD que viene de regalo (con Southern Culture On The Skids, Botellita De Jerez, Roddy Piper, Sr. Bikini, Los Straitjackets, Lightnin' Beat-Man...). En general es una cosa curiosa, totalmente innecesaria pero creo que suficientemente completa y entretenida para cumplir el objetivo de celebrar el evento. Espero recuperar el dinero invertido, si la gente me lo sigue pidiendo por correo a mi e-mail... (5€ el pack).

martes, 13 de mayo de 2014

Los libros de El Butano Popular

Recomiendo, aunque sea tan tarde, los cuatro primeros libros que se autoeditaron El Butano Popular, un espacio de refocile literario con pretensión de hacer gremio en torno a algo concreto, por parte de un grupo de amigos de Barcelona que se conocen (nos conocemos) desde hace ya demasiados años como para no echarse de una vez el petate encima y ponerse a escribir juntos, a montar la liga de la justicia literaria, a ver qué salía. Alrededor de este grupo de colegas ya prácticamente de toda la vida haciendo calçotadas, afición, tragos y audiocomentarios (Lardín, absence, Hijo Tonto, C. Rancio, Minchinela, Lindyhomer, Mike Ibáñez, Pérez Andújar, Eunice, etc.) se fueron asentando otros talentos afines (Ripollès, Padial, Pere Montaner, Sergi Puertas, Trashorras, e incluso no barceloneses como John Tones, Santiago Lorenzo, Borja Crespo, Grace Morales, Miguel Noguera, Vigalondo, Jorge de Cascante, Jimina Sabadú, Julián Hernández y también algunos a los que no conozco de nada), y ya son más de tres años y medio los que llevan ofreciendo (alguno solo de forma testimonial) algo que podría definirse como columnas de prensa aisladas sobre cualquier cosa que no sea la actualidad periodística (de mierda). Un barco de colegas, una verdadera cofradía de gente más o menos de la misma generación y amamantados por los mismos productos culturales, arrejuntados y disparando en la misma dirección.

De momento, tras unos cuantos altibajos, incorporaciones, reuniones, el Butano Popular sigue siendo un lugar de opinión para lectores con formación, paciencia y sensatez, estricto negro sobre blanco con una bombonita naranja torcida encima, que ha cristalizado y se ha ennoblecido con la publicación de una avanzadilla de 4 libros como dios manda, encolados, para poner en una estantería o llevarlos en el Metro. El diseño es precioso, bellísimo ese hueso gotelé con esas tipografías, pero conste que yo ya tengo dos con manchas de chocolate, y no son lavables. Los tengo leídos desde hace tiempo, pero me he dado cuenta de que no había hablado aquí de ellos.

"Creaciones Madrid" de Grace Morales, lo leía ya quincenalmente online, con mucho gusto, porque no conocía yo otra columna periódica sobre la ciudad de Madrid escrita desde la trinchera desde los buenos tiempos de Moncho Alpuente, y en internet sí que no hay quien te calle y tampoco hace falta dar palos siempre a los gobernantes para satisfacer al que ha pagado su euro y pico por el diario. Estas crónicas de Grace me gustan mucho, el libro es estupendo y ya lo había dicho alguna vez, aunque no las tenga todas conmigo con la autora.

"Mentiré si es necesario" traslada a formato noble los hermosos y nostálgicos cuentos de autobiografía-ficción que lleva todo este tiempo desgranando el entrañable agitador cultural Daniel Ausente en "El corro de la patata", su rincón en el Butano. Un coladero de recuerdos de infancia y adolescencia asilvestrada entre tebeos, niñas, drogas, conciertos de punk ochentero, sesiones continuas en festivales de serie B y una familia que parece de la Editorial Bruguera. Un ejercicio de honestidad calibrada y maquillada por la distancia y el ingenio que se devora con placer y que se apropia de uno sin darse cuenta.

"Corazón conejo" y "Detrás de ti en el museo del traje", de Rubén Lardín y Jorge de Cascante, son las dos piezas inéditas del lote, no rescatadas del ciberespacio sino escritas para la ocasión, un detalle para con el fan de su RSS. Lardín se recrea igualmente en la introspección y aflora recuerdos de su iniciación sentimental y marcial a través de la exposición a, y la asunción de Hitchcock, Mario Bava, Conan el bárbaro, Rambo, Black Sabbath, Polanski, Morricone o Sergio Leone como padres adoptivos, en un menjurge literario-periodístico que se lee del tirón y que continúa y noveliza las cápsulas de tiempo que el escritor y amigo Lardín lleva décadas enviando al espacio, hacia la misma galaxia inhabitada en la que flotan "El misterio de los intervalos de silencio" e "Imbécil y desnudo".

Jorge de Cascante es el diletante más joven, florido y contemporizador de esta talentosa generación innombrada de post-fanzineros y bruttos mecánicos (con perdón), y su libro es una colección de post-cuentos divertidos y refrigerantes, pero que se regocijan más en la forma y en el flow que en el contenido y, desde luego, en la reflexión personal. Una lectura interesante y complementaria para hacer escalera de color.

miércoles, 7 de mayo de 2014

VVAA - Mississippi Records Tape Series #28: Classical music for & by the people

Tengo un concuñado (creo que se dice así; en cualquier caso, un familiar político lejano) aficionado al noise y la música industrial, que de hecho tuvo un programa de radio de cobertura nacional hace muchos años, en la época en que las bandas de vanguardia española eran la élite mundial, y conoce a toda esta gente. He coincidido con él en varias comidas familiares, y en concreto en una de ellas nos apartamos del resto de la gente y nos encerramos a charlar varias horas sobre música. Me jacto de haber dado a conocer a semejante eminencia un par de bandas de ruidistas subnormales (mi especialidad) como Pertti Kurikan Nimipäivät o Reynols. El caso es que me sorprendió muchísimo que, entrado el siglo XXI, su gran afición por la música le ha llevado a cavernosos lugares de Soulseek, donde cuarentones nostálgicos del mundo entero digitalizan casetes ignominiosas, las comparten a través de la Red, y luego cada uno en su casa se las baja... y se las vuelve a grabar en casete. Mi con-colega éste colecciona casetes, tiene cientos de casetes recién comprados y sobre todo grabados a partir de archivos informáticos. Esto me lo contaba hará dos o tres años.

El casete ha vuelto oficialmente. La nostalgia por el VHS es notable, y quién más quién menos conoce a un colega que se aventura semanalmente buscando cintas de video grumosas en mercadillos, y se piden precios astronómicos por algunas cosas en e-Bay, pero cuando ya parece que casi nadie se acordaba del casete, se reivindica a lo loco. Durante el pasado Día de las Tiendas de Discos (una cosa de los ingleses y americanos, que están chiflados y aún tienen de esto) se pusieron a la venta novedades en K7 de bandas de la talla de Green Day; el gigantesco emporio japonés Sony va a comercializar un K7 con capacidad para 80 millones canciones; en el chino de la esquina (lugares ideales para medir tendencias) venden como churros los adaptadores de CD y USB a K7 para el coche (un invento maravilloso), el boli Bic se vende más que nunca... y en fin, que ahora que se acaba la gilipollez de reivindicar el casete como objeto de culto ochentero asqueroso, para hacer lámparas kitsch y comprarse una funda de móvil guachi en el Popland, volvemos a lo serio y en las pocas tiendas especializadas que quedan (o que reabren y/o se reinventan) vuelve a haber un espacio para casetes cerquita del de los vinilos.

Y viene a cuento esto de que he descubierto hace poco el sello Mississippi Records. Un sello de Portland especializado en reediciones de material ignoto. No exento de polémica (por aquello de los derechos de autor), su responsable, Eric Isaacson, se dedica a rescatar de la oscuridad viejos vinilos de todo el mundo y venderlos por correo. Bandas de rembetika asentadas en Nueva York en los años cuarenta, música vocal hindustaní 30-50's, grupettes de chicas yeyés vietnamitas, calypso y ska primordial... Un catálogo irresistible para el melómano sin complejos, y envuelto todo en una atractiva estética DIY de corta y pega. Descubrí toda esta historia en un fanzine del año pasado (el nº 7 y último hasta ahora de Chilena Comando), donde entrevistaban a Isaacson, quien (además de contar que tuvo una banda punk local con un cantante de 10 añitos en los noventa, The Illegal Guardians; con lo que me gustan estos experimentos niñófilos) me ponía sobre la pista de la deliciosa Tape Series de Mississippi Records, de la cual me he acordado estos días. Una colección de cintas magnéticas que venden por correo bajo suscripción, y que ya va por más de la centena. En la entrevista contaba, humildemente, que practicamente vive de eso, de grabar recopilatorios en cinta de material que se encuentra (libre de derechos, o cuyos beneficios trata de hacer llegar a los herederos cuando esto es posible) a unos 300 suscriptores. Sería bonito, eso de que tu mayor fuente de ingresos venga de grabar cintas a los colegas.

En un polvoriento cajón virtual me he encontrado unas treinta de esas cintas que graba Isaacson, pero en forma de emepetreses, con sus cutres portadas DIY escaneadas. Y llevo un par de días escuchándolas. No solo contienen material exótico (samba, músicos callejeros de Yogyakarta, Irán, Turquía, Marruecos, flamenco, dub de Oregón) sino también caras B de llenapistas de Northern Soul y viejo rock americano, canciones desconocidas de one-hit-wonders como Bunker Hill, Maurice Williams & The Zodiacs, Carl Perkins, Hasil Adkins y demás rock primitivo (en esto se centraban las primeras entregas de la serie). Estoy muy inmerso últimamente en este cajón de sastre magnético pergeñado por el melómano portlandés, esta especie de huevos sorpresa llenos de música hermosa e inaccesible. Como botón de muestra, he dado buena cuenta, al azar, del volumen 28, "Classical music for & by the people", un mixtape centrado en la música sinfónica que no puede ser más heterodoxo: una brass band de iglesia, Clara Rockmore reinventando clásicos al theremin, vasos musicales, Moondog, Erik Satie o el Ave Maria de Schubert en versión gospel africano.

lunes, 21 de abril de 2014

"Marvel Comics: La historia jamás contada" (Sean Howe, 2013)

He tardado mucho en retomar este blog; en retomar cualquiera de mis rutinas, de hecho. Es porque mi vida ha dado un vuelco en las últimas semanas, y anduve muy ocupado: me he casado con una famosa actriz y cantante, me he mudado a un ático junto a Central Park y en general he estado muy liado. Por eso, casi he olvidado el placer que experimenté durante el par de semanas, a comienzo de año, que pasé enfrascado en la lectura de esta colosal obra maestra de Sean Howe, un libro gordísimo, entretenidísimo, brillante, sobre la intrahistoria de Marvel Comics, esa gran pieza de la cultura popular del siglo XX y uno de los motores del entretenimiento colectivo universal.

Ya digo que se me ha pasado un poco el influjo de estar absorto en su lectura, pero con pocas cosas he disfrutado más últimamente que con esto: el via crucis de los genios que crearon a los grandes Superhéroes de Ficción (el odio confeso entre Stan Lee/Jack Kirby/Steve Ditko, sin ir más lejos), el gossip (despidos, peleas, bromazos, mal rollo, sexo, drogas y rock n' roll en las oficinas de Madison Avenue), las mil y una anécdotas que Sean Howe ha ido recopilando durante años, quién sabe cómo, convierten este ensayo en una jugosísima, apretada y sorprendente lectura. La historia de Marvel que se narra en el libro termina más o menos con la aparición en salas de las primeras películas de Spider-Man o la Patrulla-X. Posteriormente, es bien sabido que Disney compró Marvel, y que Marvel Studios es ahora mismo el verdadero gran emporio cinematográfico. Marvel es un gigante al que no hay quien le tosa; pero durante los últimos 60 años, desde que Stan Lee era el tontín de los recados en la oficina, ha pasado de todo, y en el Bullpen acontecieron todo tipo de desgracias, terremotos, crisis y desbarajustes. La gente ajena a los tebeos, y especialmente a los de superhéroes, suele tener una imagen bastante pocha de estos. Que si un subproducto infantil, imperialista, sexista y bobalicón. Quienes hemos amado este género en concreto, y nos hemos aferrado a él fielmente desde críos, además de las historias y los personajes hemos crecido admirando a una serie de tipos solitarios esclavos de la narrativa gráfica, que dieron sus primeros pasos en grises oficinas llenas de goteras trabajando a destajo, sucumbiendo al alcohol y a la mala vida. A algunos fans de Marvel nos fascinan tanto los guaperas cachas y las mujeres explosivas que dan puñetazos en ropa apretada, como el calvario del estereotipado judío emigrado a la Gran Manzana huyendo de los nazis (como tan maravillosamente narraba la importantísima novela de Chabon, "Las asombrosas aventuras de Kavalier y Klay") que se pone a fantasear con gólems en espándex; o las historias de esos veteranos de Vietnam que volvieron a la ciudad medio chiflados, y empezaron a inventarse personajes lisérgicos, razas alienígenas, argumentos inverosímiles, tras haber visto el horror de la jungla ardiendo de primera mano. Sean Howe nos lleva de la mano por el origen de los Cuatro Fantásticos, Spider-Man y Thor, sí, pero sobre todo se adentra en las alcobas de estos titanes que tantísimas historias nos han susurrado a lo largo de los años, y que han marcado nuestra educación sentimental. Mark Gruenwald, Herb Trimpe, Jim Shooter, Don Heck, Larry Hama, Sol Brodsky, Roy Thomas, Neal Adams, Jim Steranko, Archie Goodwin, Marv Wolfman, Denny O'Neil, Steve Englehart, Chris Claremont, Dave Cockrum, John Byrne... Todos estos señores feos, gordos, barbudos, divorciados e inadaptados forman parte de mi vida en la misma medida que Peter Parker o Steve Rogers. Y alguien tenía que rendir homenaje a su figura y su legado.

miércoles, 2 de abril de 2014