viernes, 4 de noviembre de 2011

Dramáticas Aventuras Trimestrales Ilustradas nº 1 y 2


Dramáticas Aventuras Trimestrales Ilustradas es un fanzine de pequeño formato, a imagen de las viejos artefactos pulp de kiosko ("formato Novaro", podríamos decir) que venía sobrevolando sobre las cabezas de Scari Wó, unos cuantos colegas y yo mismo desde hace ahora más o menos dos años. En realidad todo tomó forma cuando se gestaba un proyecto diferente, un fanzine barcelonés de literatura pulp que no llegó a ver la luz, en el que se nos propuso colaborar, y para hacer algo diferente del relato hard-boiled que le vino a la cabeza enseguida a todos los colaboradores, se nos ocurrió hacer una fotonovela de 12 páginas. Quedamos unas pocas veces para hacer un script muy disparatado, en el que aparecía un luchador mexicano enmascarado como protagonista, El Ligre, sumergido en una aventura que le llevaría de Madrid al Vaticano, y donde sería acosado por nazis, robots gigantes (y de estatura mediana), mad doctors y otros enmascarados chingones. El principal referente de la fotonovela, que Scari supo mimetizar de manera más que profesional, fueron las revistas de El Santo.
Como decía, aquel proyecto pulp con epicentro en Barcelona nunca llegó a salir (en el cajón se quedaron unos cuantos cuentos), así que no tardamos mucho en decidirnos a publicarlo por nuestra cuenta. Y D.A.T.I. es el resultado. Un fanzine pequeño, barato y que huele a fandom que apesta, donde se dan cita portadas inspiradas por clásicos de la editorial Marvel, tiras cómicas ("Cuartel general para tres"), tebeos, relatos, entrevistas ficticias, cartas robadas a Hitler, fichas de personajes, anuncios de tinte para el pelo y tonterías surtidas. La idea es que poco a poco el invento vaya tomando forma, y que cada una de las páginas de los primeros números, que al principio pueden parecer un relleno sin pies ni cabeza, vayan cobrando sentido. En este aspecto, me gusta pensar en lo que hicieron Albert Monteys y el resto de La Penya a comienzos de los noventa con el fanzine Mondo Lirondo, donde un puñado de personajes que protagonizaban sus propias tiras y páginas autoconclusivas "Joso-style", acabarían moldeando una aventura deliciosa. Dentro de unos años habremos puesto en la calle veinte o treinta ejemplares de D.A.T.I., y empezaremos a distribuir retapados. Tendremos una pequeña oficina decorada con muñecos articulados del Profesor Mendoza, Comisario Mono, Tequila Vásquez, la Virgen de la Santa Mama o la Mujer que Compra Mucho en los Supermercados. De momento esto está siendo un divertimento muy guay y una excusa perfecta para quedar de vez en cuando en las casas de unos y otros para charlar y prestarnos tebeos y novelitas de bolsillo. Yo estoy inmensamente feliz colaborando con esto, aunque sea siempre el que entrega más tarde y al que tiene que perseguir el éditor todos los trimestres con una vara. El resultado final me maravilla, la edición es cuidadísima, las tipografías, la calidad del papel y de las impresiones, los dibujantes, los textos... En fin, a mí esto me encanta. No puedo opinar desde fuera, obviamente, pero supongo que los primeros lectores de Detective Comics también se extrañarían por los cabos sueltos y tardarían en coger cariño a los personajes. En esas estamos.

lunes, 24 de octubre de 2011

The Simpsons' Treehouse of Horror #17 (2011)


Así como la serie regular de Los Simpson en los tebeos de Bongo es bastante floja, o al menos suficientemente plana y acomodada como para que entre por los ojos al público generalista (como todos los tebeos de franquicias audiovisuales, la verdad), es en los especiales donde está el riesgo, los chicos de Bongo se despendolan y hacen lo que les da la gana. En la serie anual de terror de los Simpson (a imagen de los episódicos de la serie de televisión, para quien no lo sepa, todos los años por estas fechas, y desde hace 17, Bongo publica un especial "casa del árbol"), además, la directriz es poner a los personajes amarillos en manos de genios del cómic norteamericano de todo pelaje, con especial atención al tebeo independiente. Es ésta una colección imprescindible, por la que ya han desfilado, con total libertad, artistas ajenos a la franquicia como Mike Allred (Madman), James Robinson (Grendel), Jeff Smith (Bone), Paul Dini (Batman animated series), Peter Bagge (desgraciadamente, sólo como guionista), Scott Gimple (Disney), Chuck Dixon (Punisher, Batman), Sergio Aragonés (antes de convertirse en lápiz habitual indisoluble de la serie de Groening), Peter Kuper (MAD), Dan DeCarlo (leyenda de Archie Comics), Jim Mahfood (Gen13, Clerks), Scott Morse (Ancient Joe), Mark Hamill (sí, ése), Garth Ennis (en efecto), Stan Sakai (¡Usagi!), Alice Cooper, Gene Simmons, Rob Zombie Lemmy "Mötorhead" Kilmister y Pat Boone (lo juro), Mark Schultz (Xenozoic Tales), Terry Moore (Strangers in Paradise), Kyle Baker (Plastic Man), Patton Oswalt (el cómico stand-up), Terry Austin (leyenda viva), Gilbert Hernandez (de los Hernandez de toda la vida), Glenn Fabry (Predicador), Steve Niles (Vertigo en general), Jeffrey Brown (¡mostro!) o Evan Dorkin (Milk and cheese).
No está nada mal, vamos. Esta colección me encanta, y siempre me acuerdo de ella cuando se acercan estas fechas, como debería hacer todo aficionado al tebeo y a los Simpson, porque es un complemento estupendo a los clásicos de Halloween de la serie de televisión. Además, la colección está repleta de guiños de todo pelaje al cine de terror clásico y a los inolvidables del cómic gótico y de terror. La colección de referencias a la cultura popular americana, a los tebeos de la EC, los cromos de marcianos, el gore, la Universal, la Hammer, la ciencia-ficción de toda clase, etc., es inabarcable, y su lectura siempre depara sorpresas.
Pues en este caso, la gente de Bongo ha puesto el invento en manos de cinco reconocidos artistas que se marcan las tres historietas de rigor, cada uno en su estilo, con total libertad y con un resultado notable.
En primer lugar, Zander Cannon y Gene Ha (autores, junto al Maestro Alan Moore, de la serie Top 10) recrean el clásico "Nosferatu" en Springfield, a través de una historia muda (con cuadros de texto intercalados entre las viñetas preciosamente pintadas; botón de muestra).
"Marge of the dead" es una historia visualmente más comedida, escrita por la cantante de The Go-Go's Jane Wiedlin y dibujada por Tom Hodges, ilustrador habitual de los tebeos de Star Wars. En ella Marge se convierte en zombie y está obsesionada con comerse los cerebros de su familia, durante la noche de Halloween, en la que los Simpson están precisamente disfrazados de personajes de Star Wars.
Jim Woodring es el autor de un personaje de cómic independiente antropomórfico llamado Frank, y se encarga de la tercera historieta, en la que Bart Simpson está leyendo un viejo tebeo de terror al estilo EC, titulado "Harvest of fear". La gracia está en que entre la historia de Bart leyendo se intercalan las páginas del tebeo que está leyendo (donde los personajes no son amarillos, sino de carne y hueso, pero se parecen bastante a los Simpson, como se ve en esta página), en un simpático juego metalingüístico en el que además a Bart le empiezan a pasar las cosas que está leyendo en el tebeo. Todo muy bien. Me encanta ver a los Simpson sacados de su línea habitual, vistos por otros autores tan diferentes, y si es en situaciones fanta-terroríficas, más bonito todavía.

La ciudad de cristal (Paul Auster / Paul Karasik / David Mazzucchelli, 1997)


Acuse rápido de la lectura de "La ciudad de cristal" en versión tebeo. Tenía pendiente de leer esto, atención, desde que los compré mensualmente en la versión de La Cúpula, hace 14 años. El otro día me los encontré, me los llevé al retrete, y hala. El motivo del retraso, si es que lo hubiere, es que no he leído nunca nada de Paul Auster (o no lo recuerdo), y no sé si me estoy perdiendo algo interesante o no, pero me da un poco de pereza; supongo que quería leer antes la novela que el tebeo, y ya si acaso después la película y el videojuego. Mis papás me educaron para respetar ese orden. No tengo mucho que comentar, no sé cuánto hay de fidelidad al original literario, pero el tebeo éste es bonito, negrito, entretenido, lo justo de filosófico y surreal, humanista y muy agradable de leer. David Mazzucchelli es un genio, que a ver si Asterios Polyp le pone en su sitio, porque debería estar ya en los altares tras todo lo que hizo junto a Frank Miller por Marvel. Un virtuoso del lápiz y la plumilla, que aquí se muestra caricaturesto, indie y pletórico, al servicio del costumbrismo mágico éste que se marca Auster (adaptado a las viñetas por el tal Karasik), que bueno, pues está bonito. Sin más. Muy fan muy fan de esta historia, pues tampoco.

La venganza de Wolverine (Wolverine vol. 4, 9-15; 2011)


El arco anterior, y el anterior, de la colección regular de Lobezno, dejaron el listón muy alto. El trabajo de Jason Aaron entonces me dejó obnubilado, arrodillado. Después de bajar a los infiernos y luchar contra sí mismo y contra todos los amigos a los que había conocido, quedaba pendiente saber quién estaba detrás de todas esas maquinaciones, quién le había puteado tanto y por qué. Todas estas respuestas las hallamos en la siguiente saga del héroe, que nos presenta a una misteriosa sociedad secreta llamada Red Right Hand, que no es otra cosa sino una especie de Asociación de Víctimas del Lobeznismo, formada hace casi un siglo por un joven sureño que vio cómo Lobezno asesinaba a su padre y a su hija. Ahora el tipo es un anciano, que ha dedicado toda su vida a localizar a otras víctimas, y maquinar una venganza terrible, que supuestamente va a poner el universo de Logan patas arriba... aunque ya veremos en qué queda la cosa. Porque la resolución me ha dejado con el morro torcido, y no me ha convencido demasiado por dónde han ido los tiros. Jason Aaron se ha puesto épico y trascendental, ha querido poner la cabeza de Lobezno patas arriba, y para ello ha meneado y se ha inventado demasiados aspectos oscuros alrededor de su pasado, en una artimaña un poco inverosímil y tramposilla. Sé que esto no lo lee ni Cristo, pero por si acaso advierto (hasta ahora nunca lo había hecho pero de vez en cuando me cruzo con gente que me dice que me lee) que esto son solo apuntes personales, y que desvelo, como siempre, el final de la trama y todo lo que se me ocurra. Aquí pienso en voz alta, y me traen sin cuidado los spoilers.
El arco en realidad comienza en el número 9, con un autoconclusivo titulado "Atrapar a Mística", que me ha parecido lo mejor del conjunto. Remite indudablemente a los primeros trabajos de Aaron con el mutante canadiense, aquella extraordinaria saga de mediados de 2008 en cuatro partes, con dibujos de Ron Garney, y que se tituló, precisamente, "Atrapar a Mística" (Wolverine vol. 3, 62-65; justo antes de "Old man Logan"). Aaron tenía pendiente cerrar aquel asunto, y el tebeo, con dibujos de nuevo de nuestro correctísimo Daniel Acuña, consiste en una persecución a tres bandas Lobezno / Mística / un mercenario con máscara kabuki, por las calles de Buenos Aires, que culmina en el cruel asesinato de la mutante de piel azul. Españoles, Mística ha muerto. Y en sus estertores, le explica por qué envió a Lobi al Infierno, así como el nombre de la organización que está tocándole las narices desde hace ya demasiados meses: la Red Right Hand.
Lo que pasa a continuación (números 10 al 14) es que a Lobezno se lo ponen muy fácil para rastrear el cuartel general de la RRH. Y a las puertas, tendrá que enfrentarse, y matar con bastante facilidad, a varios villanos ridículos creados por Aaron sobre la marcha exclusivamente para morir: Cannon Foot (un gaucho con botas de punta que dispara pedruscos con ellas (?)), Shadowstalker, Fire Knives, Saw Fist y Gunhawk. Lobezno avanza a través de los cadáveres de los ridículos matones durante toda la trama, y paralelamente se nos va contando, a golpe de flashback, qué es la RRH y en qué consiste su venganza. Liderados por el citado vejestorio, nos encontramos ante una decena de damnificados. Personas que vieron cómo Lobezno, en sus viejas reencarnaciones como agente de la CIA, empleado de Landau, Luckman y Lake, marioneta de Arma-X o lo que fuera, quitó la vida a determinados inocentes, cuya descendencia se ha reunido ahora para orquestar una cruel venganza. Lobezno va matando a los cinco estúpidos asesinos, y cada vez que uno de ellos muere, parece que la Red Right Hand se da más por satisfecha. Al final del todo, Lobezno por fin llega hasta la habitación donde están reunidos los de la secta secreta dichosa, viendo el espectáculo a través de un circuito cerrado de televisión. Y aquí viene la conclusión (ojo, insisto, si alguien pretende leerse esto, porque no me callo nada): resulta que la Red Right Hand, sabedores de que es imposible matar a Lobezno, que ha salido indemne de mil y una "maneras de morir", e incluso liquidado al mismísimo Diablo en el Infierno, lo que han hecho ha sido buscar hijos bastardos del héroe. Tipos que, igual que el dichoso Daken, que ya lleva un par de años campando por el universo Marvel, proceden de la simiente del canadiense enano, sin él saberlo. Una vez que Logan llega al redil de la Red Right Hand, estos se beben unas copas de veneno, y mueren felices, culminada su venganza: Lobezno ha matado a su propia estirpe, como antes él había matado a los suyos.
Como digo, todo esto me ha tocado un poco las narices. Hasta hace unos años, y desde hace muchísimos años, Lobezno era un tipo misterioso y no sabíamos, ni queríamos saber, nada de su pasado. Llegó Barry Windsor-Smith y se inventó aquella maravilla de Arma-X, y arrojó colorido, background, gracia y un puñado de preguntas sin respuesta, que a otros guionistas como Larry Hama les tocó contestar, con orgullo e inteligencia. Después a Quesada se le metió entre ceja y ceja inventarse su origen, en qué hora; pero vale, lo hicieron muy bonito, ahora sabemos que Logan nació a finales del siglo XIX en el Yukón, que se llama James Howlett y que su viejo era un ioputa borracho. Se van colocando piezas, y todo encaja, se contenta a los ávidos de historias añejas, orígenes y continuidades, aceptamos barco, y vale. Pero que en el último par de años nos hayan vendido, así de repente, que Zorra Plateada está viva, que Lobezno se había casado en las elipsis con Viper o con Itsu, y que ahora resulta que tiene más hijos bastardos que Julio Iglesias, que tiene una versión femenil e hija adoptiva (X-23), ¡que se ha echado una novia insulsa no-mutante (Melita Garner) de la que está enamorado perdido!... empieza a cansarme, y esto puede acabar peor que la Saga del Clon, o que Agujetas de color de rosa. El último número hasta la fecha, el 15, nos cuenta las consecuencias de todo lo que de pronto se le ha venido encima a Logan, asesino de sus propios hijos: su primera reacción es hacerse todo el daño posible, suicidándose una y otra vez desde lo alto de una montaña de Alberta, tratando de emborracharse con todo y entrerrando a sus repentinos hijitos allá donde quiera que nacieron. Y encima aparece por ahí Daken, y los espíritus de Dientes de Sable y John Howlett para atormentarle. Asistimos al enésimo final del personaje, en una historia enervante que se titula "Wolverine no more" (toma cliché marvelita), y que a ver cómo lo arregla, porque a mí este Lobezno no me gusta nada. Aaron, déjate de tonterías, haz el favor, que estabas contando unas historias de Lobezno magistrales y aquí me parece a mí que te has columpiado. Darle a Lobezno un hijo que apedrea a la gente con sus botas de cestapunta... anda que...

sábado, 22 de octubre de 2011

365 samuráis y varios tazones de arroz (J. P. Kalonji, 2009)


"365 samuráis" es un tebeo de casi 400 páginas sobre un samurai solitario que realiza un viaje durante cuatro estaciones, asesinando a todo samurai que se le cruza o se le enfrenta, para cumplir la promesa de acabar con 365. Temas clásicos de la literatura sobre el Japón feudal como el honor, el sacrificio, la naturaleza, las artes marciales, etc. centran la novela, cuya estructura es de una viñeta por página, practicamente sin diálogos. El estilo de Kalonji es extraño pero muy atractivo: a caballo entre el manga (desconozco todo respecto al manga, así que perdón por generalizar), el graffiti, Usagi Yojimbo e incluso Franquin, y con unos pocos rasgos los personajes realmente parece que se mueven en la página. Kalonji es un dibujante suizo, y este es su primer trabajo en el cómic, después de curtirse como ilustrador para revistas de moda y marcas de snowboard. Muy bonito, pero es de esos libros de 400 páginas que se leen en 400 segundos.

lunes, 10 de octubre de 2011

La “tournée” de Dios (Enrique Jardiel Poncela, 1932)


Obra maestra indiscutible de nuestra literatura, “La “tournée” de Dios” va más allá del glosario de ocurrencias y disparates geniales habituales de Jardiel, y al finalizar su lectura (esta novela la había empezado un par de veces pero la tenía pendiente) un escalofrío me recorrió de arriba a abajo, y su influjo está lejos de haberme abandonado. Durante las primeras 250 páginas (grosso modo) constantemente tenía que interrumpir la lectura por ataques de risa terribles; hasta llegar al último tramo de la II parte, en la que Dios se dirige a los madrileños, y de paso al mundo entero. Lo que Jardiel le cuenta al mundo a través de la voz de Dios, y cómo remata todo lo sucedido desde la página uno, me dejó boquiabierto, anonadado, incluso un poco aterrorizado.
Esta historia comienza con la presentación de Perico Espasa y Federico Orellana, respectivamente el director de La Razón (un periódico cuyo nombre coincide con otro que también da mucha risa en el mundo real) y una de sus mejores plumas así como novelista de enorme éxito. Perico es un mariquita recalcitrante, mientras que Federico está enamoradísimo de la primera actriz Natalia Lorzain, a quien el primero termina presentando. Federico y Natalia comienzan un idilio, ella abandona su carrera y queda embarazada. Mientras tanto, Dios se le ha aparecido al Papa en el Vaticano, y le ha dicho que tiene previsto volver a la Tierra en forma humana. Al principio nadie cree la palabra del Papa, que se convierte en objeto de burlas, hasta que Dios se le vuelve a aparecer y le ofrece más pruebas de su inminente llegada (fecha, hora, lugar) así como destruye y vuelve a construir la Torre de Pisa ante miles de ojos, para que a nadie le quepa duda de su palabra. Poco a poco, la trama de Natalia y Federico se va aparcando, con el nacimiento de su hijo y su posterior sucumbir a una terrible enfermedad, y la narración se centra en la “tournée” de Dios, que comienza en el Cerro de los Ángeles y continúa por todo Madrid. Por supuesto, semejante acontecimiento se convierte en el centro de atención del mundo entero: la aparición de Dios en forma humana, para la que el mundo no parece estar preparado. A cada paso que da el Señor, la gente se apelotona a su alrededor, los ejércitos tienen que abrir fuego para contener semejante marasmo, las personas se vuelven idiotas, la delincuencia crece de forma insostenible... Mientras tanto, a Dios le pasean de aquí para allá, ora a los toros, ora al fútbol, ora al Jardín Botánico, rezándole padrenuestros y narrando cada minuto de su estancia entre los mortales. Y parece completamente ajeno e inmunizado a las desgracias que entre los españoles está provocando su presencia.
Leer esta novela (escrita hace casi 80 años) en pleno 2011, y pocas semanas después del desembarco en Madrid del Papa contemporáneo y sus centenas de millares de fieles, que lo abarrotaron todo, ocuparon las calles y los parques y generaron todo tipo de noticias patéticas y situaciones altamente ridículas, resulta si cabe más hilarante y significativo. Y la manera como Jardiel, en plena República (aún antes de la Guerra Civil que definitivamente horadó la diferencia entre las “dos Españas”), dividía a la población española en “blancos” y “negros” (católicos, conservadores, acomodados, fascistas, etcétera, etc. / frente a comunistas, pobres, idealistas, agnósticos, indignados, etcétera, etc.), definitivamente desespera y desmoraliza. Además de dar mucha, muchísima risa.
No recordaba haberme reído tanto ni haber disfrutado tanto con una novela. Pero, como decía al principio, detrás de la payasada y el esperpento, el mensaje de Jardiel es devastador. Ya desde el prólogo Jardiel se ve obligado a aclarar que no es un libro anti-religioso, y que acaso está escrito como burla a la Humanidad entera y sus disparates. Y el largo mensaje que dirige Dios a todas las personas resulta escalofriante, y la sonrisa se te hiela en la cara al tiempo que se convierte en mueca de disgusto; el final de la novela contiene un mensaje incómodo, tremendo, brillante e intemporal, lanzado después de cientos de páginas de carcajadas, que se encaja como una bofetada a mano abierta.

viernes, 7 de octubre de 2011

Camille Jourdy - Rosalie Blum (2011)


Con un dibujo y una tipografía naïves, despejados e infantiles, asisto a una trilogía que narra la sencilla historia de Vincent Machot, y cómo fortuitamente escapa de la rutina (la rutina de la peluquería familiar, la esclavitud de toda una vida solitaria como asistente de su madre anciana y desquiciada) al conocer a Rosalie Blum, una cuarentona feúcha y tan solitaria como él. Sencillamente, una buena mañana Vincent se cruza con Rosalie al salir de una tienda, y decide seguirla a escondidas hasta su casa. Pronto comenzará a hurgar en su basura, y a perseguirla por todas partes, asistir a sus ensayos con el coro de la iglesia o a sus habituales borracheras en soledad en un bar de espectáculos picantes. Vincent se obsesiona con Rosalie, y perseguirla por todas partes se convierte en una suerte de sucedáneo de la compañía. Al final de la primera parte, repentinamente Vincent recibe una llamada de la desconocida, Rosalie, que pide cita para una sesión en la peluquería. En la segunda parte de esta historia, el peso protagónico lo asume Aude, la sobrina de Rosalie, que comparte piso con un punk vividor y dos treintañeras estrafalarias, y ayudará a Rosalie a descubrir, como ésta sospecha, que alguien está vigilando cada uno de sus pasos. La acción dará un vuelco, y descubriremos unos cuantos secretos inconfesables de los personajes, en torno a una historia de seres desarraigados, aburridos, surmanescos y depresivos que encuentran en el stalkeo un motivo para existir y una salida a su desesperación. Camille Jourdy, a quien no conocía de nada, me ha atrapado con esta historia maravillosa en tres partes, repleta de detalles pictóricos deliciosos, diálogos brillantes y acontecimientos cotidianos de esos que deslumbran sólo si uno se detiene a contemplarlos.

Otra dimensión (Grace Morales, 2011)


La esperada novela de Grace Morales llegó al escaparate de Madrid Comics, casualmente, la misma tarde que yo pasé por delante por primera vez en casi dos años, y me dije que venga, que para qué esperar, que entraría en ese lugar sólo un momento, lo justo, y volvería a salir despacito como si nada hubiera pasado y ya está. La prosa de Grace me resulta familiar, tras tantos y tantos años leyéndola en el MB, y al mismo tiempo fue una lectura incómoda, sabiendo que soy uno de esos fans a los que desprecia, uno de esos sobre los que, sé de buena tinta, aplica el “pero qué público más tonto tengo”. Fueron tres días raros leyendo esto, todo este mamotreto de páginas en los que Grace ha volcado tanto trabajo, supongo. La disfruté por tanto a medias, y además no me ha dejado ningún poso. Esperaba que hubiera aquí más de Jardiel y menos de la sociología y la mala baba que destila en sus (por otro lado, casi siempre, estupendos) artículos. Tuve todo el tiempo la sensación de que Grace se inventa un grupo de personajes bastante planos, por más que abunde en sus desventuras, que le sirven apenas como una herramienta sobre la que verter verdades y tópicos y desentrañar sus tópicas e insulsas vidas. A lo largo de la novela tiene la destreza, exclusiva hasta donde yo sé, de describir detalladísimamente el sentir particular de toda una generación entre la que más o menos me cuento, que hemos vivido un cambio social apabullante, doloroso, terrorífico, desde el instante de la caída de las Torres y a través de la invasión silenciosa de Internet primero en nuestras oficinas y luego en nuestras casas. Un viaje generacional sin retorno, deprimente y sostenido apenas (en el caso de algunos personajes y del mío propio) en la nostalgia de un tiempo pre-11S que era más mejor y más normal. Un viaje que nos lleva a través del IRC, los primeros “emilios”, los pps idiotas, el furor del eMule, los chats de ligue, el atentado de Atocha, la gilipollez del homo-oficinista en general, la evolución de la radiofórmula o la teletienda, la depresión de la vida virtual o lo efímero de las relaciones conyugales en el siglo XXI. Un largo análisis, un largo artículo brutto en formato novela, narrado a través de saltos espacio-temporales y protagonizado por un puñado de personajes estereotipados cuyas vidas se cruzan y se alejan constantemente, y están salpicadas sin excepción de vicio virtual, e-cuernos, filias pornográficas, locales de intercambio y, en definitiva, la intimidad sexual de cada uno y el sobresalto dimensional con que las nuevas tecnologías la han impregnado. “Otra dimensión” está repleto de imágenes brillantes y comentarios incisivos, de angst existencial y de realismo filosófico, de descripciones exhaustivas y una disección grandiosa casi obsesiva de casi todos los aspectos comunes de estos tiempos que nos han tocado, pero como novela se me ha quedado un poco coja: a los insustanciales personajes no les suceda nada más que la propia vida en este escenario dantesco tan real; nada interesante ni susceptible de ser novelado.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Jan - Superlópez nº 56: El virus Frankenstein (2010) / 57: El mundo de al lado (2010)


A estas alturas de la película, no sé quién es el potencial comprador y lector de Superlópez, pero intuyo que somos principalmente mi generación (y si acaso nuestros hijos): una caterva de treintañeros nostálgicos que sentimos hacia Jan un apego, una deuda, una ilusión y una fidelidad casi paternofilial. Seguimos acordándonos a menudo de las tramas y los diálogos que escribía Efepé y que Jan dibujaba, e incluso habrá quien aborrezca de alguna etapa del personaje. Yo sigo pensando que todos los álbumes de Superlópez son interesantes, y de una calidad extraordinaria, pese a sus tics, a su creciente y creciente afán pedagógico y su obsesión con el medioambiente. En unos álbumes resulta más pesimista, cínico, vitalista o esperanzado que en otros, pero el mensaje ya siempre está ahí, y siempre lo estará. Probablemente ya no veremos a Superlópez pegándose de tortas contra otros superhéroes surrealistas, ni enfrentándose a seres mitológicos, sino que cada nueva amenaza estará invariablemente relacionada con el daño que el progreso y la estupidez humana causan a nuestro planeta. Un mensaje ecologista, trascendentalista y enmarcado en el realismo filosófico, que a quienes tenemos los codos pelados de tanto leer y releer historietas de la vieja y entrañable Bruguera, se nos atragantan un poco. Pero el personaje de Superlópez tiene casi 40 años, no hay que olvidarlo, y es normal que el autor evolucione, y que quiera darle un sentido a su obra que la perpetúe, la adapte a los gustos de los jóvenes contemporáneos, y la dote de sentido, que sea una herencia útil que legar al mundo.
En el siglo XXI, algunas de estas obras de corte "social" de Jan se me han hecho realmente cuesta arriba. "Hipotecarión", "Politono Hamelín", "La feria de la muerte" o "El gran botellón" abusan de ese tufillo ecologista, condenatorio, disuasorio casi. Pero que nadie se lleve a engaño, porque su etapa "Pikágoras" está más que superada, y gráficamente estamos ante el esplendor del Jan artista, y sus viñetas no tienen nada que envidiar a la Era Dorada del barroquismo jacovittiano de "El Señor de los Chupetes" o "Laszivia". Y además, Jan sigue contando historias repletas de fantasía, que nos transportan a lugares imaginarios de una estética impecable. Incalculables son ya la cantidad de razas, especies, ciudades, planetas, sociedades, grupos sociales, estilos arquitectónicos, pictóricos, etc. que se ha inventado Jan, cada uno con su particular idiosincrasia, su estética, sus vestimentas, personajes, incluso lenguaje propio. Jan sigue siendo ese demiurgo que rompe fronteras y sigue sorprendiendo formalmente en cada nueva entrega. Y las aventuras de Superlópez siguen siendo un derroche de imaginación difícil de igualar, destacando, para quien no esté al día de sus historietas, obras maestras como "El patio de tu casa es particular" (donde Jaime y Superlópez atraviesan un vórtice en mitad de la Costa Brava que les transporta a la Catalunya carlista más bizarra), "La casa amarilla" (asombroso, hermosísimo homenaje a Van Gogh), "En busca del templo perdido" (puro folletín de aventuras ambientado en Madrid), "La biblioteca inexistente" (un álbum que podría haber publicado perfectamente en tiempos de "Al centro de la tierra")...
En el caso de "El virus Frankenstein", estamos ante una historia costumbrista, sin salir de Bilbao y "Parchelona", en la que tenemos una conspiración urdida al alimón por un extraterrestre (el Dr. Mengelele, rescatado de "Tras la persiana..."), Refuller D'Abastos y el Profesor Escariano Avieso, para enriquecerse a costa del cuento chino de la OMS y la gripe A de los cojones. Aprovechando la Patraña que se ha gestado a nivel mundial, inventan una cura que les sale por la culata, y convierte a quien la consume en un monstruito verde con la boca enorme. Es una de esas historietas más infantiles, didácticas y moralistas, cuyo principal acierto es el diseño de los afectados por el virus, que atiborran los bordes de las viñetas marcando las elipsis, un recurso que hacía años que no utilizaba. Visualmente la historieta es correcta (aunque todos los elementos sorprendentes están en la portada...), y el argumento se podría haber reducido a diez o doce páginas.
"El mundo de al lado", sin embargo, es una de las de cal. En pleno picnic por Banyoles, Juan López se despista y se encuentra un monumento en mitad de una rotonda, con forma de puerta. Gracias a sus superpoderes la abre, y aparece en una dimensión paralela a la nuestra, donde los recursos se han agotado del todo y toda la humanidad lucha por la supervivencia, en busca de un pórtico espaciotemporal que les lleve a nuestra propia dimensión, donde se supone que aún quedan recursos para algunas semanas. Una vez expuesto el mensaje ecologista, Jan despliega todo un universo inspirado en "Mad Max", con punkies marginales parásitos que ni trabajan ni buscan comida (nininis), magistrados crueles que se atiborran y tienen sometida a toda la población, soldados futuristas, sabios que habitan las estaciones de Metro abandonadas, paisajes desolados, decadencia social... Superlópez recorrerá el universo paralelo, presentando a un puñado de personajes inéditos y tratando de poner orden al caos post-apocalíptico de ese mundo vecino mimético en que se refleja nuestro presente.
Uno de los elementos que más llaman la atención del Jan del siglo XXI, es su costumbre de colorear los fondos con tramas, en lugar de colores planos, y añadir fotografías en las viñetas donde aparecen televisores, pósters, marquesinas, pintadas en las paredes, etc. Una vez acostumbrados al el extraño efecto que provoca esto entre sus narizones y decorados de siempre, el invento permite una relectura de los quince o veinte últimos tebeos de Superlópez que se convierte en una búsqueda no sólo de petisos carambanales, sino de referencias y detalles que pasan desapercibidos a primera vista. En "El virus Frankenstein", por ejemplo, sale el Capitán Hispania, 30 años después. Qué bonito...

Gente Pez (Jorge Iglesias, 2001)


No había visto hasta ahora este intento de muestrario generacional malasañero, y qué falta me hacía. Sobre el guión probablemente esto tenía cierto sentido, y gracia, e incluso se plantearía como un retrato necesario de ese periodo de entreguerras que sufrió el barrio. Pero la puesta en escena es floja, idiota y ha envejecido dos décadas en estos años. Lo peor de todo es el protagonista, un miniyó del cantante de Revólver que me la juego a que no había actuado nunca ni lo volvió a hacer. Luego la cosa va de unos coleguitas que comparten piso en la calle del Pez y hacen cosas muy de abuten, no pagan sus deudas, montan aburridísimas fiestas, se la juegan a sus inquilinos y acaban quemando el piso de su abuela. Hablan del Tupper, sale el barrio, suena pop noventero y casi follan. Pues vale. No es la peor de esta traza que he visto, supongo que estas españoladas contemporizadoras de bajo presupuesto tendrán su público y le entretendrán a alguien más que a sus artífices, pero a mí no.

La máquina de follar (Charles Bukowski, 1974)


No leía una línea de Bukowski desde BUP. Convertido en arma arrojadiza, casi en un insulto, un nombre con el que compulsar a otro escritor con desprecio y mofa a poco que éste escriba "polla" dos veces o cuente que se ha pillado un pedo por ahí; Bukowski, al menos en España, es un meme, un superventas que se sigue leyendo en secreto. Epítome del viejo verde, borracho, salido y pendenciero, confieso que yo mismo lo tenía por lectura de adolescencia. Me regaló esta edición tan mona Sara hace tiempo, un día que estuve saqueando su casa, y el otro día lo cogí y me lo leí del tirón, y me descojoné de la risa. Que conste. Qué fácil es menospreciar a este gran hombre desde la wifi, qué juventud tan desagradecida y acomplejada la nuestra, con lo que Bukowski se desnudó y se vació para nosotros, sin esperar nada a cambio. Cuánta pureza, cuántas risas, qué mal huele lo que cuenta en estos cuentos y qué poco le importaba todo. Qué estoicidad. Qué ejemplo para las nuevas generaciones. Y qué gusto da leerle, y decirlo abiertamente. Me voy a leer otro pronto, os jodéis.

El club de los suicidas (Roberto Santiago, 2007)


Me encantó esta película cuando la vi en su día, y una tarde de estas tontas me la puse otra vez a ver si es que estaba enamorado o drogado la primera vez; y sin embargo, confirmo que esta película me gusta. Que "para ser española, no está mal", y que de hecho es entretenida, redondita, misteriosa, intensa. Lo que menos me gusta es los golpes visuales que le robaron a "El club del suicidio" (2002), que es como se tituló aquí el tremendo, impactante gore de Sion Sono, esa silueta humana pintada en la acera como presagio y símbolo de la locura que atenaza a la sociedad toda en la japonesa, y que aquí sirve para desencadenar los créditos de apertura. Las similitudes con la versión japonesa, claro, no son muchas más. Ésta es una comedia española (pero en serio que se deja ver, lo juro), dirigida además por el recién consagrado autor de "El penalty más largo del mundo" (una estupidez mainstream a mayor gloria de todas y cada una de las estrellas televisivas del momento), que inspirada en la novela homónima de R.L. Stevenson (que además tienen el detalle de citar y mostrar) recrea cómo un grupo de desesperados incapaces de quitarse la vida por sí mismos, que se conocen en una terapia y deciden formar el club de marras y jugarse a suertes quién mata a quién cada semana, para irse quitando de enmedio poco a poco. Y poco a poco la comedieta se va oscureciendo hasta apagarse y tornarse una tragedia negrísima, visualmente hermosa y plagada de actuaciones asombrosas. Lo juro, que así es como la percibo. Es una de esas películas españolas, una cada dos o tres años, que de alguna manera me seducen y me atrapan. El portero de Aquí no hay quien viva está estupendo, y Luis Calleja y Juamna Cifuentes impresionantes, igual que Lucía Jiménez, Clara Lago y Cristina Alcázar, que además están muy buenas y no enseñan teta ni falta que hace (también aparece por ahí Manuela Velasco, qué más queremos). El triángulo amoroso de rigor en el cine español pasa desapercibido, es algo circunstancial y apenas se utiliza para el chiste final, cuando la trama se endereza y (no destripo nada) los personajes principales sobreviven, faltaba más. Algo tiene esta película que me turba, me emociona y me enternece, y me parece un espejismo en la comedia española de los cojones, que generalmente me saca de mis casillas. La archivaría en algún lugar entre el cine de Santiago Lorenzo y Álex de la Iglesia, ahí en medio entre el costumbrismo bizarro, el absurdo, el genio y la acción pura y dura de espíritu yanqui.
Después de ésta, Roberto Santiago rodó "Al final del camino", que dejo constancia de que me la vi también el otro día a ver si había algo, y menuda decepción. Pese a contar con casi el mismo reparto (sumando a Malena Alterio) y un mensaje esperanzador similar, ésta es una chorrada que no hay por dónde cogerla, que da vergüenza ajena y se basa en un guión ridículo y deslabazado, donde todo da igual mientras se haga camino hacia Santiago al andar.

lunes, 26 de septiembre de 2011

El jardinero nocturno (George Pelecanos, 2009)


El folletín sarcástico Público traía hace unas semanas, por 2,50 euros más, la novela más famosa de Pelecanos, uno de los escritores de novela negra y hardboiled contemporáneos más conocidos, y a la sazón famoso por ser "el de The Wire", uno de los guionistas estrella de la dichosa serie (y también guionista estrella de The Pacific, de Treme y seguramente también de los próximos mil pelotazos supra-testosterónicos de HBO). Alguien me la recomendó vivamente, y me tuvo atrapado exactamente durante dos días, dos días con la novelita como accesorio estético de aquí para allá, bien atento al negro sobre blanco, tratando de ayudar a Gus Ramone y el resto de ioputas del Departamento de Homicidios de la policía de Washington D.C. a desentrañar el misterio del "jardinero nocturno". Éste no es otro que un asesino serial que sodomizó, dio muerte y a continuación arrastró hasta un jardín de zona residencial a tres adolescentes en 1985, adolescentes cuyo único crimen había sido ser bautizados con nombres palíndromos y vivir entre negratas. La novela arranca y termina en 1985, pues. Allá conocemos a Gus Ramone, el protagonista, un madero casado con una negra y con un hijo que ahora, veintialgo años después, es un adolescente negrata aunque no palíndromo; a Dan Holiday, que por entonces era su compañero de patrulla (ahora Gus hace la ronda con una mujer llamada Rhonda [risas]; y Holiday conduce limusinas y se pone fino a vino), ambos recién llegados a las calles; y al legendario detective Cook, quien se encargó del caso irresuelto en los ochenta, y que a día de hoy, por supuesto, está obsesionado con el asunto, al hilo de dos nuevos asesinatos en D.C. con similar modus operandi. Holiday y Cook, ya retirados retomarán su relación dos décadas más tarde al margen de la ley, mientras que a Ramone le asignan el caso. Alrededor de los tres personajes irán apareciendo otro buen montón de maderos, profesores de institito, adolescentes, compañeros de barra de Dan Holiday, sospechosos, gentuza... Un incesante namedropping que es lo que me pone más nervioso de Ellroy y de la novela negra norteamericana en general. También me cargaron un poco las descripciones someras y aleatorias de todos los escenarios, donde Pelecanos hace uso de una especie de "sandwichera automática de descripciones vagas y directas" (supongo que un gaje de su labor como guionista de televisión). Pero como decía al principio, estuve absorto en la lectura durante esos días días libres míos, abierta a un palmo de mi cara sin soltarla allá donde fuera como si fuese Eddie Murphy fiel al vaso de agua hacia la daga de Ajanti, así que conseguí no perderme ante el despliegue de nombres de jodidos policías y otros ciudadanos sin personalidad ninguna, y que de paso no se me hiciera pesada la novela, sino estimulante y entretenida. Como curiosidad, diré que en la última página, encima, se hace referencia a "Evil live", palíndromo él, uno de los discos favoritos del asesino, y también de mí.

martes, 13 de septiembre de 2011

La boda de mi mejor amiga (Paul Feig, 2011)


Otra comedia gamberra con el sello de Judd Apatow, dirigida por Paul Feig (director de series de televisión como Freaks & geeks —Jake Kasdan, director de "Bad teacher", estuvo al frente del rodaje durante casi toda la serie; Feig se encargó sólo del último y decepcionante episodio—, Arrested development, Sabrina, etc.) e injustamente encasillada como divertimento exclusivo para amas de casa, que me ha gustado bastante. El principal motivo, por supuesto, es Kristen Wiig. Resplandeciente, sin fisuras, comedida, guapérrima. Ella es la protagonista central, aunque luego aparezcan las otras mariliendres del cartel, el grupo de damas de honor dispuestas a ofrecerle a Maya Rudolph la peor pre-boda imaginable. Kristen Wiig es una loser de campeonato, la mejor amiga de Maya, y aquí la cosa va de celos, en el momento que entra en escena Helen (la escultural Rose Byrne), una pija atolondrada que puja por el puesto de mejor amiga. A Kristen Wiig le va todo fatal, y la envidia y los celos la corroen. Como en toda comediarromántica que se precie, tiene un pretendiente encantador, que mataría por ella, el magnánimo agente de policía interpretado por Chris O'Dowd. La presencia de Chris O'Dowd o del maestro Matt Lucas aportan a la película una buena dosis de cachondeo y negrura british, y dejan bien claro que esto no es un remedo, ni siquiera una parodia de "Sexo en Nueva York", sino un desfile de incorrección, slapstick, desastre y humor grueso. No es un Apatow corriente, es cierto que el espectador al que va dirigido esto es femenino, con sus chistes sobre vestidos de boda y los tejemanejes de la jodida comandita con la machorra gordita (lo siento, pero digo no a Melissa McCarthy, que me ha resultado cargante de principio a fin) y las otras mujeres-florero, pero probablemente espantará a las manadas de ancianas y amas de casa que se acerquen a verla. Es una buddy movie extraña, larguísima, pausada, que yo me tuve que ver en dos días, pero Wiig lo vale. Sorprendente y entretenida, con sus dosis de nostalgia, romanticismo, loserismo y superación, para la aficionada media al SNL pero también para sus parejas.

Bad teacher (Jake Kasdan, 2011)


Elizabeth Halsey (Cameron Díaz) es un pibón que nadie sabe cómo ha llegado a maestra de una escuela de secundaria de Illinois, y pasa un año sin pena ni gloria, haciendo del trabajo en el colegio un simple pasatiempo mientras seduce y se casa con un millonario. En ese momento abandona las clases, y se dedica enteramente a despilfarrar la fortuna de su marido y fumar marihuana a escondidas. Pero ese mismo verano, el marido se entera de que sólo le quiere por su dinero (obvio), la manda a tomar por saco y Elizabeth no tendrá más remedio que volver a las clases. Su segundo año en la escuela JAMS es un quebradero de cabeza. Cameron odia dar clase, y se limita a poner películas a los alumnos durante todas las horas lectivas, mientras se duerme o se atiborra con las botellitas de whisky que esconde en el doble fondo de un cajón del escritorio. Ni siquiera se sabe el nombre de ninguno de sus colegas del claustro, ni mucho menos de los alumnos con quienes compartió todo el curso anterior. Ni le importa lo más mínimo. Ahora su único objetivo es ponerse unas tetas más grandes, y es que es verdad que Cameron Diaz está un poco plana. Necesita 9000 dólares como sea, y su sueldo es una miseria.
Hay un nuevo profesor en la escuela, un adinerado, atractivo y bastante imbécil Justin Timberlake, a quien pronto Cameron tratará de encandilar. Tarea difícil, porque el apuesto maestro se está quedando prendado de Amy Squirrel (Lucy Punch, "Hot fuzz" o "Conocerás al hombre de tus sueños", que aquí está increíble), la profesora perfecta, agradable, eficiente, cariñosa, divertida y tonta de capirote. Y por ahí anda también Jason "Marshmellow" Segel, el profesor de gimnasia, un encanto, que está enamorado de Cameron pero por supuesto ésta no sabe ni que existe. La troupe de profesores es un despropósito fenomenal. Ahí está la gordita acomplejada, el hippie cachondo (Dave Allen, el director del instituto de Freaks & geeks, genial, en un papel parecido pero más comedido y puntual), la ardilla insufrible Amy, el director estúpido amante de los delfines... Y la pandilla de chavales que intentarán acercarse a la macarra de la profesora cañón, que sólo piensa en sus nuevas tetas. Estupenda, incorrectísima y gamberra, comedia de desastres, palabrotas, apología del consumo y el poder de las tetas gordas, sorprendete Cameron Diaz a quien creía haber perdido para siempre en su mejor papel desde "Algo pasa con Mary", me lo pasé pipa.