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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Doce niños sin piedad



Ayer mismo hablábamos en este blog de un homenaje de los Simpsons a Sidney Lumet, que es uno de mis directores de cine favoritos. Y hoy mismo me he encontrado con otro. Acaba de caer en mis manos, calentito, el último número de Bart Simpson comics (gracias, Matt), el nº 49, último antes de la llegada al timón de Sergio Aragonés (como ya conté). En él se incluyen dos historias largas, y de complemento unas tiras de Li'l Krusty.

La primera de las historietas gira en torno a la llegada a la Escuela Secundaria de Springfield de un nuevo alumno llamado Ethan All (que no sé si parodia a algún personaje real, o es una coña de algún tipo), con mucho carácter, madera de líder y oscuras intenciones. Y la segunda historieta es una versión infantil y simpsoniana de otra de las grandes obras maestras de Lumet: "Doce hombres sin piedad" (1957; "12 angry men" en el original).



En este caso, en lugar de un extraño asesinato, y la necesidad del jurado popular de decidir si mandan o no a la silla eléctrica a un pobre muchacho negro, aquí lo que ha pasado es que ha desaparecido la colección de medallas de guerra de Skinner.



El principal sospechoso, sin apenas pruebas, es el macarra desarraigado oficial, Nelson Muntz. La señorita Carapápel le declara culpable, y será el jurado popular quien se encierre a deliberar acerca de tal decisión. A partir de aquí y durante las siguientes 12 páginas, como vemos en la selección de viñetas, se sucede una serie de escenas clavadas a lo que vemos en el film de Lumet.



El jurado unánime, salvo por la juiciosa y paciente Lisa...



El resto del jurado que se lo toma a pitorreo, se distrae o tiene prisa por irse, sin importarle el futuro de Nelson...



El progresivo cambio de opinión de los miembros del jurado, a medida que la "duda razonable" va quedando en evidencia...



Y sólo los otros "matones" oficiales que siguen en sus trece, sacando a relucir prejuicios o mera cabezonería.



La historieta está guionizada por James W. Bates, curtido en series infantiles de televisión, y dibujada por Mike Kazaleh (no confundir con John Cazale*, actor fetiche de Lumet precisamente), habitual de los tebeos de Futurama o de la franquicias en papel de Cartoon Network. Ya a la venta en USA, y quien sabe si algún día en nuestras librerías.


* En la serie de animación de los Simpsons ya hubo un homenaje a "Tarde de perros", otra obra cumbre de Sidney Lumet, como ya conté hace tiempo en mi otro blog.


martes, 8 de septiembre de 2009

Parodias y referencias (30)




El homenaje que vemos hoy se sale ligeramente de la tónica habitual. El Kent Brockman iracundo de abajo no lo he extraído de ningún tebeo, sino que fue una de las ilustraciones (la de marzo) del calendario de pared oficial de los Simpson de 2002. El cual, al estilo de lo que vimos hace poco con el calendario de Futurama, parodiaba diferentes fotogramas inolvidables de películas clásicas.

La película original, cuyo fotograma más similar al de la parodia he colgado encima, es por supuesto "Network" (1976), una obra maestra de Sidney Lumet, uno de los mejores directores de cine de todos los tiempos, con una extensa cinematografía intachable, entre las que se cuentan algunas de mis pelis favoritas de siempre ("Tarde de perros", "Serpico", "12 hombres sin piedad" o la homenajeada). Supuso el Oscar (recibido de forma póstuma, puesto que falleció en 1977) para el actor principal, Peter Finch, que no sólo es el protagonista del fotograma, sino que no me cabe ninguna duda de que el personaje que interpretó en "Network", el periodista Howard Beale, es la inspiración del propio personaje de Kent Brockman.

"Network" (que fue estrenada en español como "Network: un mundo implacable") es una película de una grandeza difícil de describir, y no me canso de verla al menos una vez al año. En ella asistimos poco menos que al retrato de la debacle televisada de la sociedad contemporánea. Beale es un presentador de telediarios de una cadena de televisión de mediana audiencia, que está a punto de leer las noticias de su último telediario, el día previo a su jubilación, cuando repentinamente, tras una reveladora velada previa, decide saltarse el guión e improvisar un discurso de liderazgo, televisado a todo el país, absolutamente inolvidable. Al límite de su cordura, Beale se revela contra su propia condición, hastiado de habitar un "mundo implacable" repleto de injusticias, podredumbre y gilipollas que nos tratan como a títeres, y pronto se convierte en un ídolo generacional, en un símbolo de libertad y rebeldía contra el sistema. Y la película todavía tiene carrete para muchos más mensajes, y sacudir algunos cimientos más de cuanto sucede dentro y fuera del mundo televisivo.



Lo de aquí encima es sólo una pildorita breve (me parece que extraído del documental "Zeitgeist"). No he querido buscar otro fragmento más largo, pero conste que aquí Howard sólo estaba calentando.

En un mundo ideal, Howard Beale hubiese conducido a esta sociedad a un estadio superior de libertad, justicia y fiereza intelectual. En nuestra miserable y podrida realidad, lo más parecido que tenemos a un agitador televisivo es a Belén Esteban, y así nos van las cosas. Yo también estoy más que harto, y no quiero seguir soportándolo.