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lunes, 22 de marzo de 2010

Mauro Entrialgo y los Simpsons (5)



Hacía tiempo que no veíamos unos Simpsons de Mauro por aquí. En este caso, son muñequitos de los Simpson mal dimensionados, Homer y Lisa del mismo tamaño. Una de esas cosas en las que sólo se fija Drugos el acumulador. Visto en la tira de Plétora de piñatas del pasado 11 de marzo.

lunes, 20 de julio de 2009

Mauro Entrialgo y los Simpsons (4)



Otra de las muchas cosas que Mauro hace (y le hacen), quizá la más conocida, es la tira cómica diaria para el diario Público, "Plétora de piñatas". La tira que he subido hoy forma parte de la serie "Como su propio nombre indica", una de las secciones temáticas de las que se nutre "Plétora de piñatas", y que consiste en destacar personas famosas, cuyos nombres propios tengan alguna relación con su vida laboral. Un glosario de hilaridades y curiosidades lingüísticas y heráldicas realmente simpático.

El recientemente fallecido Pedro Sempson, legendario actor y actor de doblaje español, que ponía voz al Sr. Burns en las primeras temporadas de la serie, cumplía los requisitos para estar en la sección (donde apareció en noviembre de 2008). Aquí la tira completa:

jueves, 9 de abril de 2009

Mauro Entrialgo y los Simpsons (3)



En el Extra de verano 2000 de la tristemente desaparecida revista de comix El Vibora, Mauro Entrialgo dibujaba una historieta de dos páginas de su personaje Drugos el Acumulador, un entrañable coleccionista de memorabilia. En esta ocasión el episodio se titulaba "Apología del coleccionismo de imitaciones", y entre sus viñetas encontramos a Matt Groening comprando un muñeco mexicano de Bart, o una escobilla de WC con la cabeza de Homer Simpson. A continuación, y pulsando sobre cada página, la historieta completa:

viernes, 27 de febrero de 2009

Mauro Entrialgo y los Simpsons (2)



La portada del catálogo de la editorial Astiberri para este año 2009 (que se puede descargar en .pdf pulsando aquí) está realizada por Mauro Entrialgo, y en ella Mauro dibujó a varios personajes de los que actualmente publica la editorial. En la parte superior, cabeza abajo, distinguimos a la encantadora y neurótica pareja gay formada por Ackbar y Jeff, dos de los protagonistas de la tira semanal de Matt Groening, Life in Hell (los personajes de Groening que más tengo abandonados en este blog, aunque no los olvido).

Espero que Mauro no se enfade (en caso de que lea esto), pero voy a contar un detalle personal, a raíz de esta portada: hace unas semanas coincidí con Mauro en una cosa, y después de esa cosa fuimos unos cuantos de los presentes a tomar unas cañas. Y uno de los presentes (concretamente, éste) llevaba en la mano dicho catálogo, y escuché comentar a Mauro, ojeando su propio dibujo impreso (y espero que la memoria no me falle) que no le gusta mucho dibujar personajes conocidos de cómic de autores que tengan un trazo muy defenido (como el caso de Groening, por ejemplo), ya que no puede aplicar su estilo propio; lo mismo sucede, por ejemplo, con el personaje de Bone, aunque yo creo que ahí sí que se nota que es de Mauro. Y que prefiere dar su versión de personajes más realistas (como por ejemplo el Zot! de Scott McCloud, que tiene el inconfundible estilo de Mauro). En el caso de Ackbar y Jeff, sí que es verdad que podría decirse que los ha dibujado cualquiera, porque fuera del contexto de la imagen completa no se diría que son de Mauro.

Como digo, si Mauro lee esto algún día espero que no se moleste: no pude evitar escuchar la conversación; y aunque no me lo dijera personalmente a mí, ni con intención de que saliera de aquel petit comité, me pareció un detalle interesante y que venía a cuento, ahora que comentaba la portada. En cualquier caso, la intimidad de aquella conversación está bien salvaguardada en este blog, que sólo lo leen dos o tres (maravillosos, eso sí) internautas.

Aquí, la portada completa, con su contraportada:

viernes, 23 de enero de 2009

Mauro Entrialgo y Los Simpsons (1)

Gracias a la colaboración desinteresada (aunque demandada) del dibujante de cómics Mauro Entrialgo, hoy tengo el honor de ofreceros un dibujo y un excelente texto por encargo sobre Homer Simpson, que le fueron solicitados para la revista GQ en 2000, y que por lo visto quedaron inéditos. Mauro lo explicó mejor en su blog Lo que hago y lo que me hacen, donde colgó dicho artículo; pero probablemente ésta es la primera vez que podéis ver la ilustración que debía acompañar al texto. Mauro me la ha facilitado para el blog, y quedo eternamente agradecido. En otro momento veremos más versiones simpsónicas salidas de la pluma de Mauro, que tengo guardadas.


ELOGIO DE HOMER

Pulsa para verlo más grande


Si algo tienen en común la gran mayoría de las películas y series de televisión producidas desde principios de los cuarenta hasta mediados de los setenta es la celebración del hedonismo en general y de la priba en particular. ¿Reuniones de trabajo?: bien regadas con ginebra. ¿Un amigo de la infancia llega al hogar del protagonista?: preparando dos martinis que es gerundio. ¿Visita de sus padres?: whisky sour para el viejo, bloody mary para la vieja. Cualquier ocasión era buena para remojar el gaznate o dar cualquier otro gusto al cuerpo sin remordimiento alguno ni moralejas cortarrollos. En “El guateque”, justo en el momento en que Peter Sellers decide por fin probar el alcohol, deja de ser un patoso gafe y la alegría irrumpe en su vida. En “La chica de la tele”, Lou Grant podía ser muy aficionado al escocés sin dejar de ser por ello una persona entrañable y un profesional de la hostia. Incluso hasta el pequeño Dumbo se agarra bajo las carpas una divertida melopea para regocijo de pequeños y grandes en el inolvidable largometraje de 1941.

Pero, de pronto, el pasárselo bien sin molestar al prójimo empezó a estar mal considerado y las pantallas de todos los tamaños se apresuraron a sumarse a esta persecución sistemática de la libertad de costumbres en que se ha convertido nuestra sociedad democrática occidental.

A finales de la década de los ochenta, sólo los Simpsons emergieron de entre tanta mierda defendiendo nuestro derecho a no ser gilipollas. Porque Homer, bajo su disfraz de fantozzi, de trabajador adocenado de clase media aborregada, es un activista del placer. Homer trabaja por obligación, pero jamás entregará voluntariamente una hora extra, un minuto más de curro alienante, siquiera un segundo de vida al poder, a cambio de la difusa promesa de una economía mejor. Homer ya es feliz con su familia, su tele, la bolera, los donuts del badulaque y una docena de Dufs heladas en el bar de Moe. Que le den por el culo a Flanders y a su casita abarrotada de inútiles bienes de consumo.