lunes, 13 de febrero de 2012

Fables 11-18: Una historia de amor (Willingham, Buckingham, Medina, Bryan Talbot, Linda Medley, 2003)


Sigo avanzando en la lectura de Fables, el penúltimo gran éxito de Vertigo. Destaco en la parte gráfica la soberbia imaginación e iconoclasta narración, una vez más, del monstruoso Mark Buckingham, frente a las decepcionantes páginas de Bryan "Nunca debí salir de 2000AD" Talbot y los horribles caricatos de la tal Linda Medley.
En cuanto a la historia: gloria bendita: al cabrón con ínfulas de Barbazul se le han hinchado las pelotas, y quiere hacerse con el control de Villa Fábula. Para ello, recurre a la proscrita Ricitos de Oro (principal acusada del feo asunto de la "Rebelión en la Granja", que se encontraba en paradero desconocido). Barbazul droga mediante un conjuro a la Encargada de Villa Fábula y al sheriff (Blancanieves y el Lobo Feroz), que provoca que se vayan lejos de la ciudad y acampen en mitad del campo, y contrata a Ricitos como asesina, para que los fría a balazos lejos de la mirada del resto de fábulas y mundanos. El grueso de la historia es una trepidante persecución de alta montaña que quita el hipo, con Ricitos motorizada y armada hasta los dientes, Blancanieves herida y enamorándose poco a poco del Lobo Feroz, y éste haciendo uso de algunos de sus superpoderes, como el de "soplaré y soplaré, y la casa derribaré" (en serio, el pastiche de coger los cuentos clásicos —supuestamente— infantiles y llevarlos al terreno del cómic adulto, en mis palabras, puede sonar una idiotez como un campanario, pero Willingham lo hace con enorme destreza, y verdaderamente funciona, lo juro). Mientras tanto, en Villa Fábula, un estúpido mono alado se ha quedado al cargo de todo, y el Príncipe Encantado sospecha de Barbazul y le compra la parcelita, después de una batalla de esgrima. Se nos presenta también a los policías liliputienses, que Azulejo está utilizando en secreto para espiar a los conspiradores de Villa Fábula.
Otra de las impresionantes tramas contenidas en esta historia, es la que nos cuenta cómo un periodista mundano cree saber el secreto de la inmortalidad de las fábulas: ¡vampiros! La élite de las fábulas decide tomar cartas en el asunto, y acojonar al periodista para que desista en su idea de dar a conocer su historia. Para ello, llevan a la Bella Durmiente al edificio donde vive el periodista. Al dormirse, provoca que crezcan enredaderas por todas partes, y también que se duerman todos los que están cerca. Una vez dormidos todos, secuestran al periodista, le sacan fotos comprometidas de alto cariz sexual acompañado de un menor (el pobre Pinocho, que anda jodido porque la puta hada se tomó demasiado en serio aquello de "quiero ser un niño de verdad", y nunca crece, con las ganas de follar que tiene...), le disuaden de sus planes... y finalmente le taladran el entrecejo con una bala. Así se las gastan en Villa Fábula.

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