Slapstick fue una de esas loquísimas colecciones de tebeos de superhéroes que nació a comienzos de los noventa en Marvel Comics. Uno de tantísimos personajes que aparecieron en el seno de la editorial por aquellos tiempos de hiperactividad creativa, cuando la editorial se había convertido en una verdadera montaña rusa de acontecimientos, personajes, referencias y disparates varios. Uno de sus periodos más fértiles e interesantes, sin duda, le pese a quien le pese.
Yo soy un defensor de la Marvel de los noventa. Son unos años oscuros, en los que la Marvel llegó a mínimos de ventas históricos y estuvo próxima a su desaparición. Pero en mi opinión, no fue la calidad de las series lo que produjo este desbarajuste (nacieron series como Lobezno, Excalibur, X-Force, New Warriors, el New Universe, mientras que Spider-Man, Hulk, la Patrulla-X, el Capitán América o Daredevil pasaban por algunos de sus mejores momentos, se revitalizaban viejas cabeceras como What if?, y tuvieron lugar algunos de los mejores crossovers de la historia de la editorial), sino que el volumen de publicaciones, el continuo goteo de referencias a ejemplares antiguos (que perdían al lector habitual, y desanimaban al novato) y fenómenos como el nacimiento de Image y la consiguiente estampida de dibujantes molones, hicieron mella en Marvel.
Pero siempre defenderé que durante toda la década de los noventa se produjeron algunas de las cumbres de la empresa, y significó la muerte del tebeo de aventuras en favor del tebeo de explosiones y disgresiones morales que tenemos ahora. Y sobre todo, que juzgar los noventa de Marvel, en su totalidad, como unos años perdidos, es una estupidez tan grande como reivindicar los ochenta, los setenta o los sesenta por pura nostalgia. Y quien sólo disfrute de la Marvel de ahora y le parezca que todo es maravilloso, no tiene perspectiva, y desde luego no está imbuido de ninguna manera por el espíritu de Marvel, por lo que de verdad han sido los tebeos de superhéroes desde su nacimiento. A mí la Marvel de ahora me da un poco de lástima en qué se ha convertido (básicamente, un medio al servicio del cine familiar de acción más ramplón, y un agujero negro de política y correción política; con honrosas excepciones). Y quien difama acerca de la Marvel de los noventa es, sin excepción, quien dejó de leer tebeos en aquella época, o quien era demasiado joven para leerlos, y repite de oídas lo que ha escuchado en a saber dónde.
Perdón por la reflexión gratuita; yo venía a hablar de Slapstick, que no es un gran ejemplo, precisamente, de la calidad de Marvel entonces, pero sí de sus ganas de experimentar y llegar a nuevos públicos. Un curioso superhéroe cuyos poderes eran, por decirlo así, los de las creaciones de Tex Avery: tener la misma estabilidad que un dibujo animado. Slapstick, en este caso, sí que fue un personaje a olvidar, y de hecho sólo existió durante los cuatro números de su serie limitada del año 1992 (obra de Len Kaminsky y James W. Fry III), y no volvió a vérsele hasta 2007, cuando apareció tangencialmente en algún número de La Iniciativa y llegó a unirse a los New Warriors contemporáneos, que son un disparate en sí mismos.