martes, 22 de julio de 2014

Sweet Tooth #1-22 (Jeff Lemire, 2009-2011)

Con bastante retraso, hago acuse de lectura de más o menos la primera mitad de esta reciente historia del sello Vertigo, una obra completa de Jeff Lemire ambientada en una distopía post-apocalíptica en la que un extraño virus ha mutado a los niños en híbridos mutantes niño-animal, y en la que el joven Gus, inocente y tembloroso chaval-cervatillo, parece ser la clave para frenar la epidemia. El joven Gus vive en una cabaña en el bosque, apartado por su padre de la sociedad y criado a las faldas del fanatismo religioso. Por aquel bosque habita también una milicia que caza y vende a los híbridos, así como un extraño laboratorio oculto en el que se experimenta con niños, y un puñado de niños mutados que tratan de sobrevivir a su propia condición. En la línea de The walking dead, el grupo de supervivientes pulula por los bosques buscando cobijo y enfrentándose a milicianos y mad doctors, mientras afluyen recuerdos, pistas sobre el origen de la pandemia y fuertes diferencias entre los protagonistas (entre quienes destaca Jepperd, un cazarrecompensas que recuerda a Frank Castle y que lidera la expedición). El estilo de Lemire es bastante amateur al comienzo de la serie (esos fondos de viñeta pochos o inexistentes), pero va mejorando mucho conforme avanzan los arcos. El concepto de la historia es interesante, y el tono adulto y fantástico engancha enseguida... pero la cosa poco a poco va haciéndose lenta, densa y claustrofóbica. Sirva esto como punto de lectura, aunque no sé si tendré fuerzas o interés por conocer el final de la historia, con tantas cosas por leer.

"Tiempo de canicas" (Beto Hernandez, 2014)

Desconozco casi por completo la producción de los 3 Hernandez Bros. Mi colega JF, que es muy fan, me prestó este tomo hace algún tiempo, y lo disfruté un montón, en cuanto a que es un catálogo de anécdotas de infancia e iniciación en la cultura popular norteamericana perfectamente intercambiable. Creo que la infancia y adolescencia de casi todos los occidentales de todo el siglo XX, hasta la invasiva llegada de los PCs e internet a todos los hogares, es bastante similar. Me consta que mis padres jugaban en la calle, como yo, y más o menos a las mismas cosas y manejaban la misma idiosincrasia; y sus padres, y los padres de aquellos. Aquí es cuando me pongo cascarrabias y afirmo que la generación siguiente a la mía se pasa las tardes en casa jugando a las maquinitas y comunicándose por chat, y siento lástima. Mi infancia sí que fue plena y satisfactoria y mejor y todo eso. Beto Hernandez realiza aquí una memoria de sus juegos de infancia, sus primeros tebeos, cromos y relaciones con el otro sexo, sin más ambición ni intención que la de retener y envasar ese candor y esa actividad inocente que sobrevuela nuestra nostalgia. Una lectura dulce y purificadora.

miércoles, 2 de julio de 2014

jueves, 26 de junio de 2014

domingo, 22 de junio de 2014

"Santos y Demonios (Sobre la pista de baile)" (Libritos Jenkins, 2014)

Este pasado sábado tuvo lugar, en el descampau ocupado junto al mercado de la Cebada, el primer Hostia Un Libro, un encuentro de fanzines, pequeñas editoriales y pequeñísimas editoriales (y tres librerías familiares del barrio), que tenía como reclamo una velada de lucha libre de la WWW. La cosa fue tan sencilla como efectiva y exitosa. Tan simple (sobre todo para el espectador ajeno al follón organizativo...) como montar un ring de lucha a un lado, una caseta informativa en medio y un puñado de cenadores de Ikea cobijando hasta a 78 humildes stands en los que cada participante exponía su material. Por allí estaban los incombustibles de Rantifuso o The Rocketman Project ocupando el mismo espacio que encantadores aficionados que se acabababan de autoeditar su primer libro de ilustraciones (yo hice migas con @ladecadente y @soydelhambre), todos a la misma altura, ya fueran ¡Caramba!, La Felguera, Hoja de lata, Libros del K.O., Jot Down, Fata Libelli vendiendo descargas digitales de sus relatos de fanta-terror o microeditores que encapsulan o enlatan al vacío poesía posmo. El encuentro fue estupendo, y todo el mundo estaba muy contento. Esto no suele ser siempre así, y el fanzinerío y las editoriales no comerciales suelen prender fuego a las redes sociales durante los salones del cómic y eventos similares; y en general, ante cualquier empresario que supuestamente pretenda dar salida a iniciativas artísticas minoritarias e independientes, porque los organizadores o locales de exposición solo quieren hacer negocio a lo bestia en poco tiempo (sin ir más lejos, en este asunto el último Expocómic fue escandaloso). Es importante dejar claro que en Hostia Un Libro se notaba que había mucho cariño y se conocía bien el material y el personal con que se trabajaba. Estaban muy pendientes de los stands y nuestras necesidades, todo fue rodado y debido al lugar elegido, un espacio público en pleno centro de Madrid (aunque algo oculto por la tapia de las miradas de los paseantes), la afluencia de público fue constante y daba gusto. Y encima, encima del ring organizaron varios eventos, entre ellos, por supuesto, peleas de wrestling "profesional". Yo estuve allí vendiendo Santos y Demonios, un fanzine sobre lucha libre que hice durante la semana pasada a toda leche, trabajando casi en trance para la ocasión; y de paso ofreciendo números atrasados de los trabajos de fanzineros colegas que nos juntamos siempre que podemos para este tipo de cosas: Dramáticas Aventuras, Jo, tía!, Todos Somos Peter Parker, el extraordinario ensayo doctoral de Roberto Bartual "Narraciones gráficas", el 2º número (sacado del horno casualmente el mismo día) de Puppets & Clay (su primera entrega fue el tercer post de este blog, y para cuando el 2º ha salido nos hemos conocido y hecho migas; lo reseñaré en breve, espero), y alguna cosa más. Nuestro stand era de los más coloridos y repletos, teníamos máscaras de lucha mexicana y regalábamos unos feísimos muñecos de luchadores sin personalidad que compré hace mucho tiempo en un badulaque y que guardaba en una bolsa al fondo de un armario. Nosotros vendimos lo mismo o más que en Expocómic (que dura cuatro días y sale en todos los medios de comunicación del Universo...), y me consta que tanto las librerías como las editoriales canis o las iniciativas minúsculas estaban bastante contentos. Y lo mejor es que en estos encuentros se conoce gente y se llega a acuerdos, y en esas estuvimos también. Aunque está feo que sea yo quien lo diga, el fanzine que acabo de publicar creo que es bastante digno... para lo minoritario y absurdo que es: un vehículo de expresión que diera una imagen sui generis sobre la relación entre la lucha libre y la cultura popular. Y sobre todo me enorgullece que (tras rumiarlo durante un tiempo) escribiera o juntara todo el material (56 páginas) en solo tres días. Tres días en los que apenas me moví de delante del ordenador, eso sí. Maquetando casi al mismo tiempo que escribía, hice dos textos informativos (uno sobre la relación entre la música y la lucha libre y otro sobre películas poco obvias protagonizadas por luchadores enmascarados), una fotonovela de 7 páginas de cachondeo (a partir de viñetas de unas 20 fotonovelas mexicanas de los 50 y 60), traduje una historieta de terror de la era dorada (sobre un gorila entrenado por telepatía para destruir a un luchador profesional de gran éxito) y lo adorné todo con historietas e ilustraciones salpicadas sobre lucha libre desde 1905 hasta este mismo mes de 2014. Pedro Villarejo y Luis Olmedo me regalaron sendas ilustraciones para la ocasión, y también incluí 4 ensayitos sobre lucha (el proto-catch en España, en Perú, en Euskadi y en los tebeos de Bruguera de los 50) de 4 escritores a los que admiro, y que me cedieron sus textos. Scari Wó me ayudó también mucho durante estos días para confeccionar la portada, la contra, una página informativa de relleno y la cubierta del CD que viene de regalo (con Southern Culture On The Skids, Botellita De Jerez, Roddy Piper, Sr. Bikini, Los Straitjackets, Lightnin' Beat-Man...). En general es una cosa curiosa, totalmente innecesaria pero creo que suficientemente completa y entretenida para cumplir el objetivo de celebrar el evento. Espero recuperar el dinero invertido, si la gente me lo sigue pidiendo por correo a mi e-mail... (5€ el pack).

martes, 13 de mayo de 2014

Los libros de El Butano Popular

Recomiendo, aunque sea tan tarde, los cuatro primeros libros que se autoeditaron El Butano Popular, un espacio de refocile literario con pretensión de hacer gremio en torno a algo concreto, por parte de un grupo de amigos de Barcelona que se conocen (nos conocemos) desde hace ya demasiados años como para no echarse de una vez el petate encima y ponerse a escribir juntos, a montar la liga de la justicia literaria, a ver qué salía. Alrededor de este grupo de colegas ya prácticamente de toda la vida haciendo calçotadas, afición, tragos y audiocomentarios (Lardín, absence, Hijo Tonto, C. Rancio, Minchinela, Lindyhomer, Mike Ibáñez, Pérez Andújar, Eunice, etc.) se fueron asentando otros talentos afines (Ripollès, Padial, Pere Montaner, Sergi Puertas, Trashorras, e incluso no barceloneses como John Tones, Santiago Lorenzo, Borja Crespo, Grace Morales, Miguel Noguera, Vigalondo, Jorge de Cascante, Jimina Sabadú, Julián Hernández y también algunos a los que no conozco de nada), y ya son más de tres años y medio los que llevan ofreciendo (alguno solo de forma testimonial) algo que podría definirse como columnas de prensa aisladas sobre cualquier cosa que no sea la actualidad periodística (de mierda). Un barco de colegas, una verdadera cofradía de gente más o menos de la misma generación y amamantados por los mismos productos culturales, arrejuntados y disparando en la misma dirección.

De momento, tras unos cuantos altibajos, incorporaciones, reuniones, el Butano Popular sigue siendo un lugar de opinión para lectores con formación, paciencia y sensatez, estricto negro sobre blanco con una bombonita naranja torcida encima, que ha cristalizado y se ha ennoblecido con la publicación de una avanzadilla de 4 libros como dios manda, encolados, para poner en una estantería o llevarlos en el Metro. El diseño es precioso, bellísimo ese hueso gotelé con esas tipografías, pero conste que yo ya tengo dos con manchas de chocolate, y no son lavables. Los tengo leídos desde hace tiempo, pero me he dado cuenta de que no había hablado aquí de ellos.

"Creaciones Madrid" de Grace Morales, lo leía ya quincenalmente online, con mucho gusto, porque no conocía yo otra columna periódica sobre la ciudad de Madrid escrita desde la trinchera desde los buenos tiempos de Moncho Alpuente, y en internet sí que no hay quien te calle y tampoco hace falta dar palos siempre a los gobernantes para satisfacer al que ha pagado su euro y pico por el diario. Estas crónicas de Grace me gustan mucho, el libro es estupendo y ya lo había dicho alguna vez, aunque no las tenga todas conmigo con la autora.

"Mentiré si es necesario" traslada a formato noble los hermosos y nostálgicos cuentos de autobiografía-ficción que lleva todo este tiempo desgranando el entrañable agitador cultural Daniel Ausente en "El corro de la patata", su rincón en el Butano. Un coladero de recuerdos de infancia y adolescencia asilvestrada entre tebeos, niñas, drogas, conciertos de punk ochentero, sesiones continuas en festivales de serie B y una familia que parece de la Editorial Bruguera. Un ejercicio de honestidad calibrada y maquillada por la distancia y el ingenio que se devora con placer y que se apropia de uno sin darse cuenta.

"Corazón conejo" y "Detrás de ti en el museo del traje", de Rubén Lardín y Jorge de Cascante, son las dos piezas inéditas del lote, no rescatadas del ciberespacio sino escritas para la ocasión, un detalle para con el fan de su RSS. Lardín se recrea igualmente en la introspección y aflora recuerdos de su iniciación sentimental y marcial a través de la exposición a, y la asunción de Hitchcock, Mario Bava, Conan el bárbaro, Rambo, Black Sabbath, Polanski, Morricone o Sergio Leone como padres adoptivos, en un menjurge literario-periodístico que se lee del tirón y que continúa y noveliza las cápsulas de tiempo que el escritor y amigo Lardín lleva décadas enviando al espacio, hacia la misma galaxia inhabitada en la que flotan "El misterio de los intervalos de silencio" e "Imbécil y desnudo".

Jorge de Cascante es el diletante más joven, florido y contemporizador de esta talentosa generación innombrada de post-fanzineros y bruttos mecánicos (con perdón), y su libro es una colección de post-cuentos divertidos y refrigerantes, pero que se regocijan más en la forma y en el flow que en el contenido y, desde luego, en la reflexión personal. Una lectura interesante y complementaria para hacer escalera de color.

miércoles, 7 de mayo de 2014

VVAA - Mississippi Records Tape Series #28: Classical music for & by the people

Tengo un concuñado (creo que se dice así; en cualquier caso, un familiar político lejano) aficionado al noise y la música industrial, que de hecho tuvo un programa de radio de cobertura nacional hace muchos años, en la época en que las bandas de vanguardia española eran la élite mundial, y conoce a toda esta gente. He coincidido con él en varias comidas familiares, y en concreto en una de ellas nos apartamos del resto de la gente y nos encerramos a charlar varias horas sobre música. Me jacto de haber dado a conocer a semejante eminencia un par de bandas de ruidistas subnormales (mi especialidad) como Pertti Kurikan Nimipäivät o Reynols. El caso es que me sorprendió muchísimo que, entrado el siglo XXI, su gran afición por la música le ha llevado a cavernosos lugares de Soulseek, donde cuarentones nostálgicos del mundo entero digitalizan casetes ignominiosas, las comparten a través de la Red, y luego cada uno en su casa se las baja... y se las vuelve a grabar en casete. Mi con-colega éste colecciona casetes, tiene cientos de casetes recién comprados y sobre todo grabados a partir de archivos informáticos. Esto me lo contaba hará dos o tres años.

El casete ha vuelto oficialmente. La nostalgia por el VHS es notable, y quién más quién menos conoce a un colega que se aventura semanalmente buscando cintas de video grumosas en mercadillos, y se piden precios astronómicos por algunas cosas en e-Bay, pero cuando ya parece que casi nadie se acordaba del casete, se reivindica a lo loco. Durante el pasado Día de las Tiendas de Discos (una cosa de los ingleses y americanos, que están chiflados y aún tienen de esto) se pusieron a la venta novedades en K7 de bandas de la talla de Green Day; el gigantesco emporio japonés Sony va a comercializar un K7 con capacidad para 80 millones canciones; en el chino de la esquina (lugares ideales para medir tendencias) venden como churros los adaptadores de CD y USB a K7 para el coche (un invento maravilloso), el boli Bic se vende más que nunca... y en fin, que ahora que se acaba la gilipollez de reivindicar el casete como objeto de culto ochentero asqueroso, para hacer lámparas kitsch y comprarse una funda de móvil guachi en el Popland, volvemos a lo serio y en las pocas tiendas especializadas que quedan (o que reabren y/o se reinventan) vuelve a haber un espacio para casetes cerquita del de los vinilos.

Y viene a cuento esto de que he descubierto hace poco el sello Mississippi Records. Un sello de Portland especializado en reediciones de material ignoto. No exento de polémica (por aquello de los derechos de autor), su responsable, Eric Isaacson, se dedica a rescatar de la oscuridad viejos vinilos de todo el mundo y venderlos por correo. Bandas de rembetika asentadas en Nueva York en los años cuarenta, música vocal hindustaní 30-50's, grupettes de chicas yeyés vietnamitas, calypso y ska primordial... Un catálogo irresistible para el melómano sin complejos, y envuelto todo en una atractiva estética DIY de corta y pega. Descubrí toda esta historia en un fanzine del año pasado (el nº 7 y último hasta ahora de Chilena Comando), donde entrevistaban a Isaacson, quien (además de contar que tuvo una banda punk local con un cantante de 10 añitos en los noventa, The Illegal Guardians; con lo que me gustan estos experimentos niñófilos) me ponía sobre la pista de la deliciosa Tape Series de Mississippi Records, de la cual me he acordado estos días. Una colección de cintas magnéticas que venden por correo bajo suscripción, y que ya va por más de la centena. En la entrevista contaba, humildemente, que practicamente vive de eso, de grabar recopilatorios en cinta de material que se encuentra (libre de derechos, o cuyos beneficios trata de hacer llegar a los herederos cuando esto es posible) a unos 300 suscriptores. Sería bonito, eso de que tu mayor fuente de ingresos venga de grabar cintas a los colegas.

En un polvoriento cajón virtual me he encontrado unas treinta de esas cintas que graba Isaacson, pero en forma de emepetreses, con sus cutres portadas DIY escaneadas. Y llevo un par de días escuchándolas. No solo contienen material exótico (samba, músicos callejeros de Yogyakarta, Irán, Turquía, Marruecos, flamenco, dub de Oregón) sino también caras B de llenapistas de Northern Soul y viejo rock americano, canciones desconocidas de one-hit-wonders como Bunker Hill, Maurice Williams & The Zodiacs, Carl Perkins, Hasil Adkins y demás rock primitivo (en esto se centraban las primeras entregas de la serie). Estoy muy inmerso últimamente en este cajón de sastre magnético pergeñado por el melómano portlandés, esta especie de huevos sorpresa llenos de música hermosa e inaccesible. Como botón de muestra, he dado buena cuenta, al azar, del volumen 28, "Classical music for & by the people", un mixtape centrado en la música sinfónica que no puede ser más heterodoxo: una brass band de iglesia, Clara Rockmore reinventando clásicos al theremin, vasos musicales, Moondog, Erik Satie o el Ave Maria de Schubert en versión gospel africano.

lunes, 21 de abril de 2014

"Marvel Comics: La historia jamás contada" (Sean Howe, 2013)

He tardado mucho en retomar este blog; en retomar cualquiera de mis rutinas, de hecho. Es porque mi vida ha dado un vuelco en las últimas semanas, y anduve muy ocupado: me he casado con una famosa actriz y cantante, me he mudado a un ático junto a Central Park y en general he estado muy liado. Por eso, casi he olvidado el placer que experimenté durante el par de semanas, a comienzo de año, que pasé enfrascado en la lectura de esta colosal obra maestra de Sean Howe, un libro gordísimo, entretenidísimo, brillante, sobre la intrahistoria de Marvel Comics, esa gran pieza de la cultura popular del siglo XX y uno de los motores del entretenimiento colectivo universal.

Ya digo que se me ha pasado un poco el influjo de estar absorto en su lectura, pero con pocas cosas he disfrutado más últimamente que con esto: el via crucis de los genios que crearon a los grandes Superhéroes de Ficción (el odio confeso entre Stan Lee/Jack Kirby/Steve Ditko, sin ir más lejos), el gossip (despidos, peleas, bromazos, mal rollo, sexo, drogas y rock n' roll en las oficinas de Madison Avenue), las mil y una anécdotas que Sean Howe ha ido recopilando durante años, quién sabe cómo, convierten este ensayo en una jugosísima, apretada y sorprendente lectura. La historia de Marvel que se narra en el libro termina más o menos con la aparición en salas de las primeras películas de Spider-Man o la Patrulla-X. Posteriormente, es bien sabido que Disney compró Marvel, y que Marvel Studios es ahora mismo el verdadero gran emporio cinematográfico. Marvel es un gigante al que no hay quien le tosa; pero durante los últimos 60 años, desde que Stan Lee era el tontín de los recados en la oficina, ha pasado de todo, y en el Bullpen acontecieron todo tipo de desgracias, terremotos, crisis y desbarajustes. La gente ajena a los tebeos, y especialmente a los de superhéroes, suele tener una imagen bastante pocha de estos. Que si un subproducto infantil, imperialista, sexista y bobalicón. Quienes hemos amado este género en concreto, y nos hemos aferrado a él fielmente desde críos, además de las historias y los personajes hemos crecido admirando a una serie de tipos solitarios esclavos de la narrativa gráfica, que dieron sus primeros pasos en grises oficinas llenas de goteras trabajando a destajo, sucumbiendo al alcohol y a la mala vida. A algunos fans de Marvel nos fascinan tanto los guaperas cachas y las mujeres explosivas que dan puñetazos en ropa apretada, como el calvario del estereotipado judío emigrado a la Gran Manzana huyendo de los nazis (como tan maravillosamente narraba la importantísima novela de Chabon, "Las asombrosas aventuras de Kavalier y Klay") que se pone a fantasear con gólems en espándex; o las historias de esos veteranos de Vietnam que volvieron a la ciudad medio chiflados, y empezaron a inventarse personajes lisérgicos, razas alienígenas, argumentos inverosímiles, tras haber visto el horror de la jungla ardiendo de primera mano. Sean Howe nos lleva de la mano por el origen de los Cuatro Fantásticos, Spider-Man y Thor, sí, pero sobre todo se adentra en las alcobas de estos titanes que tantísimas historias nos han susurrado a lo largo de los años, y que han marcado nuestra educación sentimental. Mark Gruenwald, Herb Trimpe, Jim Shooter, Don Heck, Larry Hama, Sol Brodsky, Roy Thomas, Neal Adams, Jim Steranko, Archie Goodwin, Marv Wolfman, Denny O'Neil, Steve Englehart, Chris Claremont, Dave Cockrum, John Byrne... Todos estos señores feos, gordos, barbudos, divorciados e inadaptados forman parte de mi vida en la misma medida que Peter Parker o Steve Rogers. Y alguien tenía que rendir homenaje a su figura y su legado.

miércoles, 2 de abril de 2014

miércoles, 12 de marzo de 2014

lunes, 10 de marzo de 2014

domingo, 9 de marzo de 2014

"La vida después de Dios" (Douglas Coupland, 1994)

Pasé un par de semanas muy oscuras. Muy negativas y terribles. Una noche reciente me sucedió algo terrorífico, con lo que cargaré el resto de mi vida, y que me llevaré a la tumba. Creo que ya estoy bien, llevo doce días cuatro horas trece minutos diecisiete interminables segundos sin probar una sola gota de alcohol y además ha salido el sol, la primavera se nos ha echado encima de golpe como un oso grizzly que acechaba tras un abeto Douglas, y los pajaritos cantan. Precisamente por esos días una persona cercana me dijo que si le prestaba algunos libros. Ambos somos bastante parecidos y quiero casarme con ella y tener hijos guapos y sonrosados, pero ella no quiere de momento, pero todo se andará, porque estamos hechos el uno para el otro y si hace falta comenzaré a acosarla psicóticamente y a enviarla cartas de amor escritas con mi sangre. Como sea, pensé en prepararle un lote de cuatro o cinco libros sencillos de leer, todos con entradas breves o narraciones sueltas, para leer durante la acometida de cada ciclo biológico o poder dejarlo en cualquier punto. Hasta había pensado prestarla un marcapáginas troquelado de una foto de mi pene a tamaño real, pero deseché la idea.

Uno de mis libros favoritos en este sentido, bastante mainstream, sensiblero, entretenidísimo y que le podría gustar a cualquiera, es "Creía que mi padre era Dios", una antología de historias de la vida real de pocos párrafos cada una, narradas en primera persona por varias docenas de personas anónimas de todos los Estados Unidos. Es una edición confeccionada por el dichoso Paul Auster, a la sazón colaborador de un programa literario de la radio pública americana en aquel entonces. Son historias sensacionales casi todas ellas. El concepto era "que cada uno escriba lo más impresionante que le ha pasado en la vida", y eso dio mucho juego. Ojalá Auster hiciese otro libro recopilando las cartas de chiflados, asesinos comeniños y amenazas que también le llegaron en carretillas desde todos los rincones de la América Profunda; a mí ese libro sí que me encantaría leerlo, ese Reader's Digest del renglón torcido de Amerrika. De todas maneras, "Creía que mi padre era Dios" es un libro magnífico y poco obvio que estoy seguro de que puedo prestar a cualquier persona.

Como a ambos nos gustan muchísimo los gatos, metí en el lote "Gato encerrado" de William Burroughs, una recopilación de reflexiones tiernas y apuntes fugaces sobre la relación del yonqui marica con un montón de felinos testigos pacientes de su vida. Contiene algunas frases hermosísimas y es un glosario muy agridulce sobre ser una especie de hombre-gato; y se lee a toda leche, que casi podría formar parte de la Serie Blanca de Barco de Vapor, y esa era la idea.

Por puro proselitismo añadí un libro de cuentos de Michael Chabon, "Jóvenes hombres lobo", que me maravilla. Este libro no tiene nada que envidiar a las mejores narraciones norteamericanas de Carver, Cheever y hasta Fitzgerald. O al menos a mí me encanta y me fascina y creo que a ésta le pasaría igual.

Y finalmente, escogí "La vida después de Dios", que es lo más parecido que he leído yo nunca a un libro de autoayuda de los cojones. El canadiense Douglas Coupland pasará a la historia de la literatura universal por su descripción del zeitgeist posmoderno y la vida mundana de los nerds de Silicon Valley (en sus imprescindibles "Generación X" y "Microsiervos"), pero también publicó este inencontrable libro pequeñito, también bastante posmo pero increíblemente importante en mi vida. Es una novela con estructura principitesca (por Saint-Exupéry), que avanza en forma de brevísimos capítulos inaugurados por una ilustración sencillita de su propio puño y que narra un viaje existencial plagado de sentimientos, sensaciones y reflexiones importantísimas, casi un dietario de la vida del joven soltero contemporáneo de esta generación nuestra, la primera educada al margen de la vara de la religión católica. En primera persona, el protagonista trata de sobreponerse a la vuelta a la vida desangelada tras un doloroso divorcio, y partir de cero sin ayuda de drogas, alcohol ni ningún Dios, que no existen o si existen son bastante beligerantes y cabronías. Este apartado, grueso de la historia, es un viaje iniciático y post-existencialista a la altura de la experiencia de Homer Simpson tras su atracón de chili visitando a las deidades metafísicas exploradas por Carlos Castaneda. Una guía de supervivencia absurda y posmoderna que de alguna manera se entroncó en mi alma en mi adolescencia y al que acudo de vez en cuando buscando respuestas. El bloque de narraciones post-mortem, que narra la experiencia de una serie de personajes que fallecieron brutalmente durante una hecatombe nuclear, es una maravilla desazonadora y futurista, y la moraleja del cuento, que desgraciadamente la tiene y me sobraba, yo me la invento. "La vida después de Dios" es mi Quijote, mi "Libro rojo de la publicidad", mi Bhagavad-guitá, mi "El caballero de la armadura oxidada", y Coupland no solo me parece uno de los escritores vivos más importantes e influyentes, sino que también es mi Paulo Coelho.

Tenía también algunos tebeos guays para dejarle a esta chica. Preparé el lote y lo dejé en el estante que tengo al lado de la puerta, junto al vaciabolsillos. Una tarde que teníamos ociosa le dije que si me podía pasar a pedirle perejil cinco segundos, y de paso le prestaba eso que me había pedido para leer bajo la lámpara que le acababa de regalar, junto a la mesa de centro pintada a mano que le regalé hace unos meses (efectivamente, soy un calzonazos de manual); y me contestó que estaba muy liada. Y no nos hemos vuelto a ver ni a escribir desde entonces, ni le he pagado las fantas ni nada, y así no hay manera de que formemos un matrimonio estable y tengamos descendencia de ojos claros. Desde entonces, desde la última vez que releí "La vida después de Dios" y que Ella me plantó calabazas, sucumbí a la peor noche de mi vida y a esos acontecimientos terroríficos que decía al principio, que no puedo contar a nadie y con los que he tenido pesadillas gordísimas, literalmente, y repletas de carga simbólica. Un tormento todo esto, ya digo. La relectura del de Coupland, esta vez, no me ha servido de autoayuda sino de autocastigo infernal. Y Ésta verás como me llama un día de estos para quedar, que ya me la conozco, y la voy a decir que no bueno que sí.

"Los alucinantes viajes en el tiempo de los EEUU" (Rafferty Z. Jackson, 2014)

El lunes pasado me llegó al buzón la nueva novela de Mi Cabeza Editorial, el mini-emporio de Rafael Fernández "Ezcritor". Su segunda exploración en el ámbito de la ficción después de la salvaje "Un bebé". Emulando a los grandes autores de pulp de género castellanos de kiosko de toda la vida (Curtis Garland, Silver Kane, Clark Carrados, A. Thorkent, Ralph Barby, Joseph Berna, etc.), Rafael ha optado por el seudónimo sonoro y la norteamericanofilia, ambientando este cuento esta vez lejos de Madrid o Lanzarote como debe ser (todo esto sucede en U S A) y rindiendo homenaje al maravilloso mundo de las conspiraciones más clásicas y entrañables. "Los alucinantes bla bla bla" hila una historia que atraviesa los más grandes tesoros de la conspiranoia clásica, a través de la figura de un misterioso y confuso tipo que nunca aparece realmente o del todo pero cuya presencia es inmarcesible y crucial (en la línea de El Fumador de Expediente-X, el Dr. Gang de El inspector Gadget, Zodiac, la mujer de Niles Crane, El Señor X de La Democracia Española...) llamado El Sr. Tarareador. El Sr. Tarareador ha sido un tipo imprescindible en el desarrollo de toda la cultura de los Estados Unidos, gracias a que tenía un [espoiler] de origen extraterrestre, y se dedicó a nutrir de información a gañanes como Elvis Presley, Michael Jackson, los Beatles, George Bush Jr., Marilyn Monroe, JFK y muchos otros personajes para ayudarles a entrar a formar parte de la historia. Burda pero cachondamente hilado, la influencia del [espoiler] cambió el mundo para dejarlo tal y como lo conocemos, y existen por ahí otras realidades temporales en las que Bush es Jesucristo y Jesucristo se pelea contra Hitler (y pierde, y es violado analmente por Hitler) a lo mandingo show para alborozo general de la burguesía. Sin el Sr. Tarareador, Elvis se habría pasado la vida trabajando en un túnel de lavado y los Reyes del Rock serían solo los negros Chuck Berry, Little Richard y Reynoldo Doforno. Sin el Sr. Tarareador y el trabajo del torpe agente de la CIA Mark Celdrik el mundo sería otro; sería tal y como nos enseña esta fantasía especulativa en tono pulp y de risión a través del tiempo y el espacio, ilustrada con algunas de las fotos más chulas y oscuras de la conspiración mundial. Extraterrestres, locos, [espoiler], pibones, agentes secretos, [espoiler] y [espoiler] se pasean por esta novela simpática, cachonda y directa, un objeto muy bonito (qué pena que no tenga texto en el lomo: desluce en mi ezcritorteca) y otro gran producto salido de la mente de Ezcritor.

Fanzine Sickfun #1-4 + especiales

Presté mi colección del fanzine Sickfun hace mucho, quizá dos años, a un colega que los vio en mi casa. Se los reclamé hace bastante también, para prestárselos ahora a otra amiga que estaba interesada en leer material de este tipo, y que también ha tardado lo suyo en devolvérmelos. Cuando por fin he recuperado el lote (que incluía los dos volúmenes de "Cultura del Apocalipsis" edición Valdemar, otros fanzines como el Mundo Depravados, los Espanis Sico o el boletín DEPR4V4DöS E-dikto completo), me entraron muchas ganas de releer todo esto, que no revisaba desde principios de siglo. Atesoro con mucho amor esta colección del fanzine Sickfun, una de las poquísimas publicaciones dedicadas a lo extremo y apocalíptico en castellano.

La colección completa, que yo sepa, se compone de tres números de hermosas fotocopias en blanco y negro grapadas, más un cuarto número fuera de numeración, noblemente encuadernado y con lomo (casi todo de material nuevo; no fue exactamente una recopilación), y los seis cuadernillos extra que salen arriba en la imagen, que redactaron a toda leche para las respectivas ediciones de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de Donosti. Creo que no hubo nada más, aparte de algunas cositas sueltas en su desaparecida web. Sickfun fue un panfleto salchichero que destacó en la "edad de plata" de los fanzines de mi generación (el número 1 es de mayo de 2000), esa época en la que casi cada semana aparecía en los anaqueles de Madrid Comics, Metrópolis, Crisis, la tienda de pelis de Costa y Zinéfilo de c/ Madera o la entrañable Librería Sexológica de la calle Hortaleza (un paraíso del cine porno, con zonas freak de VHS gore, extraños y montones de fanzines) un nuevo número de Jo, Tía!, Mudhoney, Le Bon Vivant, Mondo Brutto, El fanzine de las Hermanas Clarisas, 2000 Maníacos, Zineshock, Tiempos Bizarros, Mimo 2000, etc. etc. En aquella época era habitual darse un paseo por las cinco o seis tiendas especializadas y volver a casa con un paquete sospechoso de tebeos y fanzines en los que sumergirse durante horas y descubrir nuevos directores, pintores o asesinos en serie de culto; aquellas publicaciones underground fueron una parte importante de muchos de nosotros, y echo bastante de menos aquella época.

En cuanto a los contenidos, supongo que Sickfun se nutría de material americano al que pocos tenían acceso. Apenas empezaban a echar a andar los primeros foros de la web 1.0, y estábamos todos ávidos de material salvaje y exótico que nos sacara del tedio. Sickfun rendía culto, medio en serio y medio de cachondeo, a los asesinos en serie más importantes de todos los tiempos. Las andanzas y legado para la posteridad de Albert Fish, Henry Lee Lucas y Otis Toole, Ted Bundy, Ed Gein, John Wayne Gacy y otros locatis superstar eran glosadas con todo detalle. Otra de sus obsesiones habituales eran los artistas extremos y provocativos, de los que apenas tampoco entraba mucha información aquí todavía: Trevor Brown, Mike Diana, Romain Slocombe, Peter Sotos, Suehiro Maruo (yo creo que la primera vez que leí sobre él fue aquí), SS-Sunda, Joe Coleman, Crazy White Sean y directores de cortos y cine gore repulsivo e incómodo. Miguel Ángel Martín, Borja Crespo y Paco Alcázar colaboraron en exclusiva con el fanzine, así como otros que daban sus primeros pasos como Jorge Monlongo. También hablaban de sectas maravillosas de chiflados, conspiraciones insólitas (al terrorífico asunto de los Teletubbies o a Mr. T le dedicaron espacio en varios números). La Iglesia de la Eutanasia, el suicidio, la pederastia, la televisión española abisal, los performancers más cafres y reseñas de cintas de video enfermas eran contenidos habituales. Entrevistaban a autores y chalados diversos, traducían material de fanzines americanos inaccesibles y en general se lo curraban bastante. A pesar del plantel, era un fanzine modesto y con una redacción, presentación y ortografía mejorables; pero esto también le aportaba bastante encanto. Por suerte, se les pasó enseguida la tontería que tenían con la serie Al salir de clase, que desentonaba bastante entre el resto de contenidos (o al menos yo no le vi la gracia), y los mini-fanzines especiales para el Festival de Donosti adolecían de incluir contenidos mucho más populares, centrados en los temas centrales de cada festival. Así, los artículos sobre el cine de ciencia-ficción de los 50, las pelis de cachondeo playero, el artículo de Bo y la Sarli, las chicas de calendario cheesecake etc., no digo yo que no estuviera bien, pero se salía también bastante de lo que los lectores buscábamos, y había muchísimo más material donde leer sobre aquello, y mucho más a fondo. Muy bonitos quedaban también los tebeos, no solo traducidos, sino los propios, de pixel y trazo vasto. De Los niños del Apocalipsis incluso hicieron un especial (el de portada roja de arriba a la derecha, el último que sacaron), y algunas historietas quedaron muy majas. Y el cuarto número, el aséptico tomo de ciento y la madre de páginas, es ya un objeto bastante serio que he visto yo que lo venden por ahí en webs extranjeras por más de cien euros (aunque que lo vendan no quiere decir que se compre, ya lo sabemos todos). Y en fin, que en estas he estado estos días, paseando la cole de Sickfun del casa al curro y vuelta y algunas personas me miraban raro.

viernes, 7 de marzo de 2014