lunes, 14 de agosto de 2006

366. Spike Jones

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3ª Reflexión idiota sobre la música y los estados de ánimo

En esta tercera fase voy a dedicar un rato que tengo libre a investigar y tratar de sacar alguna conclusión al respecto de la "música positiva", a partir de un experimento online. Supongo que todos conocéis a estas alturas el proyecto musical interactivo PANDORA. Por si acaso, lo explico. Ellos lo llaman "Music genome project", y vamos a decir, para entendernos, que es algo así como un robot que pincha música para nosotros, seleccionando de una enorme biblioteca de canciones aquellas que coincidan con tus gustos o tus apetencias. El sistema es tan sencillo como decirle al programa un cantante o un título, y él irá desgranando, uno tras otro ("analizando las cualidades de la canción", como ellos dicen) temas de similar tesitura, basándose tanto en (supuestas) similitudes estilísticas como en la tonalidad o el "estado de ánimo" que sugieren esas canciones.

Para crear mi "radio station" particular, voy a intentar buscar canciones alegres, felices o felicísimas, poniendo a prueba al robot de Pandora. La premisa de partida que he seleccionado es la música de Spike Jones & His City Slickers, creador de algunas de las canciones indudablemente menos serias de la primera mitad del siglo XX. Un cliflado que hacía swing desenfadado golpeando sartenes y pulsando timbres, cuyas canciones son fáciles de encontrar tanto en programas de música bufa (tipo Dr. Demento) como en descacharrantes persecuciones animadas de Walt Disney, por ejemplo. Es el primero que se me ha ocurrido.

Después de registrarme (es necesario para que mi emisora de buenri no se corte de repente), y de pedirle al robot canciones de Spike Jones, me sugiere el tema "Mama's boy" de Biff Rose, un tipo a descubrir. Me vale. Es alegre, simpática, bailable. A continuación me ofrece canciones de Scott Walker (folk contemporáneo) o de Mark Lindsay (garage setentero de buenri).

En cualquier momento, le puedes decir al robot si eso era lo que pedías para que suene en tu emisora o no, o si estás cansado de oír la canción y no quieres que suene durante un mes. En cualquier momento puedes añadir otros ingredientes (en forma de estilos o artistas) a la ensalada musical, o preguntarle que por qué ha elegido este tema.

Esto último es lo que hago. El robot de Pandora.com me explica que para hacer su selección se basa en cualidades musicales como "tonalidad mayor / menor", "armonía cromática", "vamping" (que explica que es un término que se refiere a la repetida improvisación musical sobre una melodía concreta, elemento habitual del jazz o, como ellos mismos ejemplifican, de la interminable "Free bird" de Lynyrd Skynyrd, la famosa canción que "parece que va a terminar" hasta ocho veces), y por supuesto en la instrumentación y el tempo de la canción.

Cada vez que una melodía me sugiere ese buen rollo que andamos buscando, la califico positivamente, para que siga buscando por esa tesitura. Pero después de otras simpáticas tonadillas ligeras y alegres de Lou Monte o Beef Rose (again), de repente suena un tostón de Blood, Sweat & Tears, e inmediatamente le digo que no quiero eso. Me pide disculpas y todo, y sigue buscando. Le regañaré cada vez que ponga cualquier melodía tristona, y le premiaré cuando me dé lo que yo quiero. Voy a explotar a este cacharro al máximo.

Volvemos a la senda correcta con una cachondada del entertainer Danny Kaye. De nuevo swing añejo, acompañado además de scat, onomatopeyas y risotadas del público. Ahora me pone a Tom Waits, que me gusta mucho, y con una canción simpática: "Diamonds on my windshield" (esto es lo que yo quiero). El experimento está funcionando: The Bonzo Dog Band, el Spike Jones más cómico y novelty, José Feliciano cantando entre risas y en versión lounge el "Satisfaction" de los Rolling... Pero la cosa se tuerce otra vez: una balada de Barbra Streisand, otra de Judy Garland... ¡El horror! le digo que por ahí no, y me sale con el chiflado de William Shatner, música infantil de Randy Newman, payasadas de Allan Sherman (un cómico que cantaba con big band, creador de aquello de "Hello muddah, hello fadduh!"), y yo encantado.

El aparato se repite demasiado, pero cumple perfectamente su objetivo. Creo que sería aburridísimo seguir enumerando artistas, pero realmente creo que Pandora.com me ha ayudado a crear una emisora cachonda y feliz, de la que ahora sólo salen carcajadas, cacerolas chocando, bocinas y tipos con la voz engolada diciendo paridas.

Creo que la máquina ha sabido entender lo que quiero; y creo que la selección musical hecha por una máquina es bastante objetiva, así que el experimento ha sido relativamente útil en mi investigación (sobre todo, para descubrir música, que es en realidad para lo que sirve esta reflexión privada en voz alta...). Aunque hay que ponerle a Pandora.com dos grandes pegas, en lo que a este experimento respecta: a) Su (obviamente) limitada discoteca; b) Que se repite más que las natillas; y c) Que no discrimine entre música instrumental y música vocal, ya que la búsqueda de una canción sin voz que haga reír, sigue siendo una de los objetivos de este estudio.

Seguiré investigando.

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