lunes, 18 de marzo de 2019

CICLO: Teatro de la Ciencia Misteriosa 30000 (3)


2ª PARTE


UZUMAKI
[Higuchinsky, 2000]
Probablemente la más famosa adaptación de Junji Ito, y basada en su historieta más famosa, "Uzumaki" es una marcianada de culto bastante simpática. En realidad es un poco fallida, porque no da mucho miedo ni demasiado mal rollo, simplemente se queda en el limbo de lo bizarro y ligeramente desasosegante, pero visualmente es un relato interesante y se deja ver muy bien. E igual que pasaba con el cómic, es difícil enterarse realmente de qué está pasando, al margen de la obsesión viral con las espirales que corroe a toda una pequeña aldea japonesa llamada Kurouzu, poblada por bastante gente rara, y en la que pasan bastantes cosas raras a vueltas con las dichosas espirales. El tono verde-moho le queda muy bien, y los efectos especiales artesanos dejan también momentos deliciosos.

THE MERMAID
["Mei ren yu", Stephen Chow, 2016]
Sentía curiosidad por la nueva de Stephen Chow, responsable de comedias histriónicas y marcianas como "Kung Fu sion" y "Shaolin Soccer", y quinta película más vista de la historia de China. Y me ha gustado lo mismo que aquellas: poco. Muchos efectos visuales y ritmo adiabolado, pero con un argumento idiota y un humor infantil y de vergüenza ajena. Sus historietas me dejan el mismo poso que una de Alvaro Vitali. Con un mensaje ecologista y moñas, tiene algunas escenas fascinantes y otras soporíferas.

SERIAL EXPERIMENTS LAIN
["Shiriaru Ekusuperimentsu Rein", Ryūtarō Nakamura, 1998]
Mis ancestros provienen de Burgos, y mi apellido es el topónimo de una minúscula aldea burgalesa. Cuando yo era niño pasaba los dos meses y pico de verano, enteros, en la ciudad de Burgos, y también visitando varios de los pueblos originarios de mi familia. Dejé de ir regularmente hace unos 25 años, salvo para un par de entierros, y desde entonces no he vuelto a pisar aquella provincia que recuerdo con tanto cariño. Estos días me he estado acordando bastante de todo aquello, y estoy un poco obsesionado con irme a pasar unos días a Burgos. Me asalta continuamente la idea de ir para allá en cuanto pueda, por dos motivos:
1. Participé en un pequeño concurso literario, en el que tengo depositadas demasiadas esperanzas (sí, me dio por ahí, y escribí varios cuentos para varios concursos, el mes pasado). Estoy nervioso y excitado pensando en la propia gloria de poder ganarlo, ver mi cuentecillo de mierda publicado en un libro y disfrutar del más que decente premio en metálico, claro... pero es que además el premio lo organiza una empresa afincada en pleno centro de Burgos, en el mismísimo Espolón, y es requisito indispensable para recibirlo, en caso de resultar destacado, el ir a la entrega de premios. Así que estoy fantaseando todo el rato con esa escapada y que sería para mí doble o triplemente feliz. Hace más de mes y medio que cerraron la convocatoria, y están tardando muchísimo en anunciarlo. En realidad, es casi mejor así, porque debería ser realista y asumir que no voy a ganarlo. Pero es la esperanza, del dinero pero sobre todo del viaje fugaz, lo que me alimenta y me tiene obnubilado con Burgos en estos días tan sosos y monótonos.
2. Me acuerdo especialmente de la casa de mi abuela R. Todos aquellos veranos los pasaba en el barrio de Gamonal, del que podría contar cientos de anéctotas y recuerdos. Pero mi abuela R. vivía en pleno centro de la ciudad, a dos minutos de la Catedral, en ese casco viejo repleto de bares, calles adoquinadas, fachadas medievales, estatuas, escudos, etc. Era una casa laberíntica y siempre muy oscura, que olía a linimento, con escalones crujientes, y estaba situada en una de las calles más céntricas de todas: una calle llamada Laín Calvo. «El nombre de Laín —dice la Wikipedia—, Laynus o Flaginus, de cuño acaso ibérico, era bastante común en la primitiva Castilla de la margen superior del Ebro. Pero también pueda serlo del gótico, pues es conocido en las crónicas romanas entre algunos Godos en contra o en el servicio Bizantino. No sucede lo mismo con el nombre completo Flaynus Calvus, aunque hay un Flaginus, abuelo del Cid, que parece haber vivido en la cuenta del Úrbel en la segunda mitad del siglo X, pero según Fray Justo este debió ser posiblemente un nieto suyo.». "Laín" es un nombre suficientemente exótico como para bautizar a la protagonista de uno de los animes de culto más extraños y fascinantes que se recuerdan; pero para mí ese nombre siempre estará asociado con mis veranos, la casa de mi abuelita que me daba bastante miedo, las historias que nos contaba sobre la Guerra Civil, los cientos de novelitas que allí había, las cajas con miles de chapas que nos guardaba el del bar de Tinín que estaba al lado... Así que esta asociación de ideas, tan obvia, me ha tenido también obsesionado con viajar unos días a Burgos, esta última semana. Ya que me la he pasado viendo, en los poquísimos ratos libres que tengo ahora de jueves a domingo, la serie Serial Experiments Lain.
Tenía que contar todo esto antes de hablar de Serial Experiments Lain. Sí, qué pasa, esto es mi blog, no el puto Fotogramas. En mi cabeza, Serial Experiments Lain no transcurre en un barrio suburbial de Tokio, sino en el centro de Burgos.
SEL fue una serie de 13 episodios de unos 20 minutos cada uno, emitida en Japón por primera vez durante el verano de 1998. Se adelantó por lo tanto a "Matrix" en la construcción de un discurso mesiánico, filosófico y teológico en torno al terror finisecular hacia la tecnología virtual; lo que pasa es que al ser menos conocida, más larga, mucho más compleja, menos maniquea, no tener patadas voladoras de kung-fú y estar protagonizada por una niña pequeña en lugar de por un guapito de cara con gafas de sol, los conspiranoicos de los cojones no dan tanto la tabarra con SEL como con "Matrix". Pero SEL es una impresionante, sobrecogedora y visionaria colección de lugares comunes en torno a la Aldea Global interconectada, la sobreexposición a la Red, la soledad del internauta, los Nuevos Dioses virtuales, las ciber-sectas, los Hombres de Negro, las drogas de síntesis, la ultraviolencia, etc., creada en plena era pre-Internet y pre-11-S. Una compleja historia de tres horas y media sobre el culto a la no-vida virtual, que lanza a tu cerebro docenas de mensajes por minuto, a través de la pequeña historia de Lain, una niña que no es lo que parece. La niñita representa la candidez más genuina, al mismo tiempo que la maldad más intrínseca y es una Santísima Trinidad en sí misma... pero todo esto se irá descubriendo lentamente. Lain es, en principio, solo una niña cuyo padre es muy aficionado a los ordenadores, y que progresivamente empieza a mejorar su equipo de navegación y a obsesionarse con la Red, una "internet" simbólica llamada Wired en la versión original. Lain está muy sola, apenas tiene una amiga, pero que se avergüenza un poco de ella y nunca la llama para ir a la discoteca (un bar-de-ficción llamado Cyberia) con sus otras amigas. Y parece que allá donde va Lain se producen actos violentos, como suicidios o tiroteos. Poco a poco, Lain irá perdiendo el interés por el mundo real (como todo hijo de vecino), hasta el punto de plantearse para qué cojones sirve nuestro cuerpo...
SEL es una de las obras audiovisuales más complejas, interesantes y extrañas que he visto, y uno de mis animés favoritos desde ya mismo (sigo sumido en esta obsesión por la cultura japonesa y voy a tratar de devorar mucho, mucho retro-anime). Es mejor enfrentarla sin saber demasiado, y creo que necesitaré verla alguna otra vez para asumir la cantidad de reflexiones existencialistas que contiene. Cada episodio es una granada de fragmentación cargada de ideas filosóficas, apoyada además en una animación realmente sencilla (y algo repetitiva; este es su aspecto más flojo) y un ritmo muy particular, que ondula entre la parsimonia emo y el ametrallamiento de ideas (aunque mucha acción, no hay; algo sí, ¿eh?). Una pequeña obra maestra.

BUBBLEGUM CRISIS
["Baburugamu kuraishisu", Katsuhito Akiyama, 1987-1991]
Nueva semana sumido en este nuevo orden de cosas, que me deja el tiempo justo en casa; y pienso pasarlo viendo la tele, que es lo que más me gusta en el mundo. Y sigo sumido también en este repaso personal a clásicos del anime japonés. He decidido revisar algunos de esos súper-clásicos de la Era Dorada del género, aquellos hitos del cyberpunk japonés que llegaron a España en su día (lo estoy viendo todo en versión doblada), que me encontraba con sus anuncios, pósters y VHS por todas partes, pero me resultaban completamente ajenos. Concretamente, la serie Bubblegum Crisis (compuesta de 8 episodios de tres cuartos de hora) me resulta un poco más cercana, ya que sí llegué a comprarme algunos de los tebeos; concretamente, la saga escrita y dibujada por el gran Adam Warren. Me pillé y disfruté en su día sus aproximaciones amerimanga a Bubblegum Crisis y Dirty Pair (como conté aquí), pero no terminaron de invitarme a sumergirme en el mundo del manganime, hasta ahora. Como fuere, BC es una historia realmente simpática e icónica, protagonizada por cuatro muchachas, chiripitifláuticas de día pero motorizadas y con armaduras de combate de noche, que combaten a sueldo el crimen de un Tokyo futurista (año 2032). Cada episodio se centra en un caso diferente, normalmente relacionado con una malvada corporación (Genom) y sus robots polimorfos de destrucción masiva (bumas), pero todo es una excusa para mostrar curvas, chicas monas ochenteras, explosiones y persecuciones por las autopistas. Con un tono muy occidentalizado y continuas referencias a "Blade Runner" (desde el comienzo de la serie, con ese videoclip de la prota principal, Priscilla, líder de Priss & The Repricants), música sintética, pelos cardados, romanticismo y humor familiar. Estupenda.

APPLESEED
["Appurushîdo", Kazuyoshi Katayama, 1988]
Tanto éste como el siguiente, fueron otros grandes hitos del manganime de finales de los 80, basados en las creaciones de Masamune Shirow, figura clave del cyberpunk, cuyo Ghost in the shell, a estas alturas de la vida, aún tengo pendiente. Igual que en el caso anterior, de estas series y pelis ("Appleseed" es una peli, de poco más de una hora) he leído un montón y había visto montones de veces sus VHS y anuncios en los tebeos de Forum de los primeros 90. Pero hasta hoy no me había puesto a mirarla. "Appleseed" es una historia sencilla, un simple caso policial que comienza con una crisis de rehenes frustrada por un equipo del SWAT, de la que escapa uno de los terroristas y se convierte en el enemigo público número 1. El argumento es el propio de una peliculilla procedimental de sobremesa. La gracia es que está ambientada en un futuro lejano, 2131, posterior a una devastadora III Guerra Mundial, tras la cual se ha recluido a la población superviviente en una post-ciudad llamada Olimpo, donde conviven los seres humanos y unos organismos mitad humanos y mitad androides  (lo que es un cyborg de toda la vida) llamados bioroides. Los protagonistas principales son el equipo de élite policial, liderado por la aguerrida Deunan, y ese enorme bioroide con cabeza robótica y alerones que parecen orejotas de conejo (que me llamaba tanto la atención al ver imágenes de este manga en la adolescencia), que tiene el simpático nombre de Briareos Hecatonchires, y es el ex-novio de Deunan, reclicado en roboide. Bastantes similitudes con "Robocop" (y también hay bastante de "Matrix"), pero por supuesto el mangaka lo hizo antes. Un mediometraje realmente interesante, serio y repleto de acción e ideas (políticas, filosóficas, existencialistas), que se agradece que no caiga en el humor tontaina y el chibi insufrible, que proliferan tanto en la ciencia-ficción animada japonesa.

DOMINION TANK POLICE
["Dominion", Kōichi Mashimo, 1988-1989]
Curiosamente, este tercer producto ochentero cyberpunk japonés que me zampo esta semana, tiene también como protagonista a una mujer empoderada; igual que lo tiene Ghost in the shell, o Serial Experiments Lain, y seguro que muchas otras obras maestras del manganime de finales de los ochenta, que desconozco o no se me ocurren ahora. Heroínas, además, que no destacan por estar hipersexualizadas ni venderse como objetos de culto netamente masculino (bueno, en Bubblegum Crisis, un poco sí), sino auténticas heroínas. Claro que, desde el cartel, sí es verdad que esta serie, de nuevo basada en los personajes de Masamune Shirow, tenía a las gemelas semielfas Annapuma y Unipuma como principal reclamo erótico. Curiosamente también, algunas de esas poderosas heroínas (probablemente, su género se debiera más que nada a intereses comerciales, para atraer a los tíos pero que también se identificaran con ellas las tías) del anime, estaban al servicio de la ley. El caso más obvio es la estupenda serie para chicas ¡Estás arrestado!, que hace algún tiempo estuve viendo aunque no lo conté por aquí. En Dominion Tank Police, la principa protagonista es Leona, una joven agente de la división acorazada de la policía de élite que, por orden ministerial, utilizan tanques para combatir el crimen. Dicha patrulla del SWAT está liderada por un capullo integral llamado Britain, Captain Britain (para evitar conflictos con Marvel Comics, se ve que le cambiaron el nombre a "Teniente Britain" o "Capitán Brenten" en la versión internacional), obsesionado por los tanques. Otros de los aliados policiales de esta especie de C.O.P.S. japos (y mira por dónde, contemporáneos de los C.O.P.S. de Hasbro) son el poli con cresta de mohicano llamado Mohican, Al ("versión masculina" de Leona), el bigutudo Megane, un negro o El Doctor, jefe de un hospital dedicado a "personas sanas", en esta ciudad futurista (Newport City) cubierta por una nube de humo tóxico que ha hecho que casi todos los habitantes tengan anticuerpos de las bacterias contaminantes excepto una pequeña porción de la población. La trama principal, al comienzo de esta serie (que consta de cuatro OVAs de algo más de media hora), es que los malosos pretenden robar las muestras de orina que se encuentran custodiadas en el hospital, para hacerse con la cura de la contaminación, y la policía blindada de Leona y compañía, tendrá que evitarlo. Estos malosos están liderados por otro capullo gritón (perfectamente intercambiable con el líder del equipo policial), llamado Buaku, y sus acólitas, que son esas gemelas pechugonas con orejas de punta que son marca de la casa de la serie, y cuyo principal arma contra la policía es ponerles burros. En definitiva, esta serie va de una batallita constante, futurista y ecológica, en una megalópolis contaminada, entre unos criminales de poca monta y un cuerpo de los SWAT. Con la excusa de mostrar muchos tanques futuristas, explosiones y súper bazukas, que se ve que le molaban a Masamune Shirow. Entre lo más llamativo de la estética de Dominion, está el diseño de la propia ciudad de Newport. La comisaría central de la Policía Con Tanques, así como todas las cordilleras de edificios y los vehículos, tienen un diseño curvilíneo de lo más fascinante. La arquitectura es redondeada, sin aristas, como si todos los edificios fuesen enormes risketos, chorongos, setas puestas una encima de la otra. Como si la ciudad estuviese diseñada a base de dejar gotear churros de arena mojada de primera línea de la playa, algo que me resultó muy llamativo, que personalmente siempre me ha atraído mucho (lo de la arquitectura "hinchada", redondeada), y que me imagino que si a Shirow le influyó algún artista concreto fue más el Moebius de los rascacielos futuristas oníricos de El garaje hermético, que los Astrosniks... Lo que menos me gustó, que en este caso sí que la serie está repleta de humor infantil e histriónico, que hace un contraste raro con el tono postapocalíptico y ultraviolento.

COMIC BOOK WORLD 1: LOVE
[Chadman / Commodore Gilgamesh, 2011]
Hace unas cuantas semanas que me bajé una centena de mixtapes, supercuts y video-collages de un usuario de Soulseek, al que chupé hasta el tuétano. Sigo poniéndome algunos en ratos tontos como esta mañana, y hoy le tocó el turno a esta cinta de casi dos horas de acción desenfrenada, peleas, números musicales, petting y fanfarronería de risa, protagonizada por extraños personajes de tebeo con poderes. No he encontrado casi información sobre este montaje (la portadilla de aquí al lado la he hecho yo en un periquete), y parece totalmente desaparecido de la red. No está a la venta ni mencionado en su web, pero tiene toda la pinta de que fue realizado por miembros de Everything Is Terrible! para su fantástico festival de 2011 en el Cinefamily de Los Angeles. Es posible que allí sí que vendieran copias digitales, o que alguno de los propios autores lo subiera a Vimeo una temporada, o quizá directamente al P2P; pero ahora mismo no hay ni rastro en ningún lado. Solo encontré esta entrada, donde aseguraban que un montaje final de vídeos de esta temática tendría ¡4 horas!. Sin embargo este vídeo de 110 minutos está completo, con una intro retro-televisiva y créditos al final (los de "Alyas Batman en Robin"); así que creo que hay una segunda parte... y me parece que también la tengo por el disco duro y la veré y comentaré en breve.
Al grano. Es un montaje excelente, a base de escenas de toda clase de audiovisual protagonizado por superhéroes y superheroínas, pero siempre en las antípodas del mainstream, en la línea de todo lo que suelen mostrar los maestros de EIT! Todo vale, mientras sea viejo, haya grano, capas, antifaces, colorín (bueno, también hay bastante blanco y negro) y presupuesto paupérrimo: tipos en espándex del Lejano Oriente, turcos, filipinos, hong-koneses, mexicanos, eurohéroes de los sesenta y setenta, viejos seriales, mucha serie b norteamericana, unos pocos dibujos animados o escenas de anuncios y bastante material NSFW. Una edición espídica, profesional y ordenadita, que se sucede a base de planos de pocos segundos intercalados entre escenas de un par de minutos como mucho, o los inevitables números musicales turcos e hindis. Como buen nerd fan del género, ya conocía casi todo lo que sale, apenas hay unas pocas cosas que no tenía ni idea de lo que eran, pero el último fotograma del .avi es una pequeña lista de contenidos, así que todo controlado. Un visionado fantástico, infinitamente más interesante que verse las tropecientas pelis. Amazing, astounding y spectacular.

COMIC BOOK WORLD 2: MOTORCYCLES
[Chadman / Commodore Gilgamesh, 2011]
Pues tal y como sospechaba cuando escribía la reseña justamente anterior, existió una segunda parte de este maravilloso mixtape de EIT!, alcanzando entre ambos practicamente las 4 horas de gozoso metraje bizarro. Y también lo tenía por el disco duro, pero con un título confuso. Son otros 111 minutos de collage indomable y a ritmo adiabolado de escenas atropelladas de cine y televisión protagonizada por superhéroes. Y esos protagonistas, son los mismos que en el montaje anterior: unas 80-100 películas, series, seriales, anuncios y episodios de dibujos animados vintage con tipos en pijama. La diferencia más llamativa respecto a la primera entrega, es la ausencia total de material para adultos (de la que tampoco se abusaba en exceso entonces, pero que lógicamente destacaba). Sigue habiendo un poco de metraje de "Bat Pussy", "Ms. Magnificent", "Supergirl: Tits of steel", "Souperman""Miss Ballista" o la parodia que sea, pero siempre sin desnudos, sino centrándose en las peleas, la escena de transformación "mágica" en heroínas, los saltos, los efectos especiales, explosiones, muertes violentas, caídas, etc. Porque aquí el montaje es aún más brillante y perfecto que en la otra, y todo está ordenado en bloques non-stop, donde asistimos a ese conglomerado delicioso a base de breves segundos de animación de los 80, seguida de breves segundos de acción real japonesa, luego de un anuncio de la tele añeja, de una peli turca en blanco y negro, de un serial de la Republic o la Warner, de un episodio de Mr. Bean... Uno de esos bloques, quizá el más largo, al cabo de media hora o así, es el que da sentido al subtítulo de esta entrega, ya que vemos docenas de ejemplos de superhéroes motorizados en escenas de acción (del Capitán América de Albert Pyun en moto o parapente a la Bat Pussy en bola saltarina, el Batman filipino en bici, batmóviles de dos caballos, el Wonderbug, todos los fantasticares imaginables...). La edición es aún más trepidante y dinámica que antes, y la organización temática hace de esto un supercut perfecto, que además les serviría, supongo, para poder distribuir los bloques de manera independiente en las redes en su día, libres, de paso, de posible censura. Absolutamente genial, absorbente e imprescindible para cualquier aficionado al género pijamero.

SUPERLÓPEZ
[Javier Ruiz Caldera, 2018]
Soy fan de Superlópez desde niño. Uno de esos lectores incombustibles de cómic que llegaron al medio a través de Bruguera, pero que no le veíamos la gracia ni le cogimos demasiado cariño a Mortadelo y Filemón, sino que nos vimos arrastrados para siempre a ese universo alternativo maravilloso creado por Jan, habitado por narizones de fantasía paródica, bien definidos y desarrollados, de profundo calado literario, una sensibilidad fascinante y conviviendo en escenarios verosímiles y reconocibles (a menudo, trasladados desde la realidad), frente al slapstick plano, costumbrista, cafre e intercambiable que proponía Ibáñez. Me jacto de haber seguido leyendo Superlópez sin descanso desde niño, poseer las primeras ediciones de Olé (eso sí: destrozadas), y en definitiva, de no haber salido de esa Parchelona gótica de la mente, desde entonces. Y desde que se anunció la película de "Superlópez", estaba muy ilusionado, porque confiaba en que sus responsables supieran manejar el material de Jan, porque es terriblemente honesto y accesible, repleto de tics, de un humor social blanco fácil de trasladar a otros medios. Era difícil que la cagaran. El director iba a ser el mismo que llevó al cine "Anacleto", que a mí me pareció una adaptación estupenda. Y el reparto también me parecía impecable. Entiendo que todas esas personas que odian a Dani Rovira se les estomague verle representando a semejante icono carpetovetónico, pero a mí no se me ocurre un Clark Juan López mejor, para trasladarlo al mundo de carne y hueso. Lo mismo para el resto del reparto: Julián López es perfecto para Jaime (solo faltaba rizarle el pelo, y así se hizo, y hasta se le retocó la nariz un poco), Alexandra Jiménez se parece muchísimo en su cosplay de Luisa Lanas (solo hacía falta ponerle el bolso pequeño, el flequillo de lado y un lunarcito), y por ahí también salen Maribel Verdú o Gonzalo de Castro, un actor por el que siento debilidad. ¿Qué podía fallar? Tenía muchas ganas de ver esta película, de apoyarla, perfectamente consciente de que no me iba a gustar tanto como "El señor de los chupetes", "La semana más larga" o "La caja de Pandora". Ninguna película de Marvel me ha gustado tanto como cualquier tebeo de Marvel en el que me sumergiera de niño, y ya se ha demostrado unas cuantas veces (con Makinavaja, Zipi y Zape, Mortadelo, Anacleto o el mismísimo By Vázquez) que tratar de trasladar un tebeo español clásico al cine, puede dar resultados curiosos, simpáticos, incluso dignísimos, pero que siempre van a salir perdiendo en la comparación. Decenas de miles de supuestos fans acérrimos de Mortadelo y Filemón quedaron decepcionados con la primera película de Fesser, porque tiene un tono un poco rancio, chistes malos, personajes estereotípicos, todo chirría bastante... ¿Pues qué coño esperaban? La película es extraordinaria, es prácticamente un tebeo de Mortadelo y Filemón llevado a la vida mágicamente, como si lo hubieran hecho los chavales de "La chica explosiva"; pero claro, es que si a un tebeo de Mortadelo y Filemón se le presta un poquito más atención de la necesaria, resulta que es una bobadeta sobre dos tíos cutres que pisan rastrillos, que se persiguen, se dan tortazos y dicen chorradas viejunas. Pero el trabajo de Fesser a mí me parece extraordinario en todos los sentidos. Un derroche de medios, porque nadie necesitaba adaptar ese referente al cine (y además, ya lo había hecho, mucho mejor, con "El milagro de P. Tinto", que es puro Bruguera redivivo), pero es una golosina en cuanto a técnica, tono y ritmo. Como fuere, yo ya sabía que "Superlópez" iba a quedar completamente deslucida al lado del tebeo. Si un fan de Superlópez quiere ver a su ídolo en movimiento, que se limite a los flip books que sacó Jan en los ochenta, o que se traslade en una máquina escarolitrópica gmnésica hasta esa realidad paralela en la que Tadeo Jones no existe, y Enrique Gato consiguió convertir a Superlópez en una exitosa franquicia de pelis de animación millonarias. Por mi parte, tenía clarísimo que "Superlópez" me iba a gustar, a poco que fuese respetuosa con el original, y hubiese suficientes guiños y fanservice. Sin embargo, la catarata de críticas indignadas, por parte del fandom supuestamente lector del tebeo, fue tal, que consiguió disuadirme de pasar por taquilla (con lo fácil que es hacer que me quede yo en casa y me vaya al torrent en lugar de caminar hasta los Ideal). Leí críticas tremendas, dolorosísimas, destructivas. Fans de Superlópez que querían arrancarse los ojos, que ponían precio a la vida de Rovira, Caldera, Verdú, Cobeaga y San José. Y perdí toda la ilusión, hasta el punto de no querer saber nada hasta que llegara a Netflix o al eMule, para poder yo también unirme a la procesión de antorchas y gritar airadamente en mi Twitter que todas esas personas que habían mancillado la memoria de mi gran ídolo Superlópez eran unas supermedianías y unos julais. Y sin embargo, me la vi, con bastantes prejuicios, por fin, la semana pasada.
Y me da un poco de vergüenza, tal y como está el patio, decir que me gustó mucho. Que es una película bastante buena. Dignísima, entretenida y recomendable. La principal pega que le pondría, es que es una parodia de Superman. Que ya ves tú qué tontería, si es que Superlópez es todo una parodia de Superman... Ya empiezo yo mismo con los mimimimis estúpidos. Pero es lo que me pareció más tonto, pensando en un posible espectador extranjero y ajeno al tebeo español, que se pusiera a ver la peli: toda la escena del origen del superhéroe originario de Chitón, parece un cutre sketch parodiando al clásico origen planteado por Richard Donner con el mismísimo Marlon Brando, cuando en realidad era inevitable; porque se estaba rindiendo homenaje y poniendo las bases del propio Superlópez, claro, y es normal que quede un poco anacrónico. Pero es que además está bien traído, porque introducen un personaje nuevo, que es el otro enviado de Chitón que nunca salió en los tebeos (la malvada némesis encarnada por Maribel Verdú), que cae en los EE.UU., como nos ha enseñado mil y una veces la ciencia-ficción norteamericana, y cuyo objetivo será destruir al héroe y conquistar el mundo, a través de esta tecnología chitoniana. Así, a mí me pareció una opción excelente inventar un argumento completamente original, al mismo tiempo que una historia de origen. Ni una sola pega al guión, que creo que está muy cuidado, hecho con muchísimo cariño, y que tiene muchísima carga emocional en la línea de lo que impregnaban Jan y Efepé al principio. En cuanto a los personajes, también he dicho que me pareció una opción perfecta. No se me ocurre ningún Superlópez mejor que Dani Rovira. Ninguno. Bueno, si acaso un José Luis López Vázquez traído por Escariano Avieso desde los años 50, pero ninguno más. El tono de la película, está bien. Está claro que no es la Parchelona churrigueresca, onírica, disparatada, colorida, con autobuses de la Cochinchina al Masnou apretados entre la multitud (casi todos, señores calvos y con gafas enfurruñados). No aparecen algunos de los secundarios más queridos (cada uno tendrá los suyos), y salen otros inventados, que ¡son personas reales, y no dibujadas! Esto parece que es lo que más ha indignado a la gente, y a mí me parece que, una vez más, se debe a que infravaloran el poder del cómic. Que es un medio, en mi opinión, infinitamente más atractivo y hermoso que el cine. Es imposible hacer una película sobre un tebeo que sea mejor que el tebeo, salvo que sea una película de animación, o bien que el tebeo original sea una patochada sin carisma, sin demasiado interés o de bajísima intensidad, como puedan ser Masacre o La Máscara, que no pierden absolutamente nada al ser llevados a la comedieta de alto presupuesto. En Superlópez hay muchos más chistes, claro. Pero me reí bastante en un par de escenas. Superlópez es más complejo, tiene una ternura muy particular, una insoslayable carga emocional, y era imposible trasladar eso a una peli, pero creo que el trabajo es dignísimo. Es entretenida, tiene muy buena factura, mucha valentía. No se apropia a lo loco de los elementos más obvios del tebeo, de aquí y allá tirando de los gags favoritos de las historietas clásicas, lo que sería más fácil pero creo que hubiera funcionado mucho peor, sino que se inventa sus propios elementos de fantasía brugueriana, adaptados a los tiempos, como los platillos volantes que se "enchufan" en la Torre Agbar, los clones del Chikilicuatre, la tecnología bizarra de Chit (unos roombas cutres y ya desfasados en 2019, son convertidos en maquinaria futurista de espionaje asesino; a mí me parece todo un acierto) o el mecha. ¡Sí, sale un mecha! ¡Un gigantesco bruto mecánico ibérico, transformado a partir de la silla de ruedas del malo! Es el cénit de la peli, un homenaje diáfano y precioso a Chiclón (el segundo supervillano de la historia moderna de Superlópez, nada menos que del primer número de Olé), pero también, no sé si intencionadamente, en el único y modesto intento anterior de dar vida animada a Superlópez (el cortometraje de Gato)... y que además se parece mucho a Plus Ultra.
Las más feroces críticas que he leído sobre la película, se basan en que "no es igual" que el tebeo. Pues claro que no es igual. Nada es igual que los tebeos. Adaptar un buen tebeo al cine, es una tarea tan fútil como adaptar una canción a la escultura. No es lo mismo. Ya. No estás leyendo las letras perfectas de Jan, ni estás rememorando tus historias favoritas cada vez que Juan López se desgarra la ropa, ni estás babeando al mirar los escenarios redondeados de Jan, ni andas buscando referencias culturales o petisos carambanales por las esquinas. Que, por cierto, sí que salen petisos carambanales en la película, al menos en dos escenas; y muchos más guiños para el lector constante de Superlópez que algunos han echado de menos. Si es que la gente, además de criticar, no está ni pendiente. ¿Qué esperaba la gente? ¿Una película de acción real, que se pareciese a los dibujos de Jan? Una adaptación fiel de su historieta favorita de Superlópez? (para estos, salvo que la taquilla haya destruido esta posibilidad, en la escena post-créditos tienen una pista. Spoiler: si se estrena dentro de tres o cuatro años, tampoco vayáis a verla, porque tampoco os va a gustar; a mí seguramente, sí). El arte secuencial es lo que tiene, ya nos lo dejó muy claro Will Eisner hace ochenta años. Un buen tebeo, además de ser la combinación de Literatura y Arte, tiene lo mejor de la Literatura y el Arte. Y es en la elipsis entre las viñetas donde tu cerebro reconstruye y magnifica lo que está pasando, le da forma, lo adapta a su propia idiosincrasia, le aporta una voz, un tono, un ritmo, una épica propia, al tiempo que disfruta del texto y el dibujo, sobre todo si es que estos merecen la pena. Y no hay mejor "director" de una película que te montas en la cabeza, que tú mismo. Por eso es tan difícil que una película sobre un libro que te gusta, que has leído, construido tú mismo a tu manera en tu cabeza, y sobre el que has reflexionado en la intimidad, sea superado por la adaptación que haga cualquier otro menda que no seas tú, grabando a actores (señores de carne y hueso, reales, en cosplay y que están fingiendo) y con todas las limitaciones que tiene una industria tan complicada, tan jodida y tan a menudo rastrera como es la del cine. Y con el cómic pasa lo mismo que con la literatura, pero es que encima este cómic está dibujado por Jan, que es un semidiós. Es por eso que quien se haya sentido decepcionado por la película, y se ha visto impelido a contárnoslo y decepcionarnos tanto en las redes sociales, se podía haber quedado en casa, o a ver si aprende para la próxima, y se queda en su casa cuando estrenen otra peli sobre un personaje de tebeo por el que siente un apego especial, como han hecho varios amigos míos, que no iban a ser capaces de disfrutar "Superlópez" como si fuese una película, sino como una herejía. "Superlópez" es una película muy buena, lo que pasa es que no es más que una vulgar y puñetera película.

WILSON
[Craig Johnson, 2017]
Llevo un par de semanas de mierda, y mimetizándome con personajes como Wilson o, peor aún, como el Melvin de "Mejor... imposible". En sus pelis, al menos, la cosa termina bien para ellos. Tengo dudas de que a mí me suceda lo mismo. Sospecho que es más fácil que termine como un personaje de "Como un guante de seda forjado en hierro". Como fuere, siempre me he identificado con Wilson, uno de los personajes creados por Daniel Clowes. Un tipo cínico, neurótico, inadaptado, misántropo y completamente anodino. Invisible, casi. Así me he sentido casi siempre, y así me están haciendo sentir en mi trabajo en las últimas semanas. Todo mal. Pero me pagan, al menos de momento, y eso no está tan mal. A ver lo que aguanto. Soy una persona tóxica, de esas que definen las frasecitas de los cojones de Instagram. También Wilson es algo así. Tengo una viñeta de "Wilson" (D. Clowes, 2010), concretametne la primera, enmarcada en el salón. Soy muy fan de Wilson. Y el otro día vino Daniel Clowes a Madrid. Fue mi único día libre de los últimos 14, y pude ir a verle, saludarle, y que me firmara mi ejemplar de "Wilson". Fue un gran, gran día. Mientras estaba en la cola, charlando con un colega, nos dio por mirar en la Wikipedia la relación entre Clowes y el cine, por si era esto lo que había dado a Clowes un estatus de estrella de culto dentro del gremio, por encima de tantísimos profesionales. Pero ni Todd Solondz ni "Ghost world" son precisamente productos de consumo masivo, así que llegamos a la conclusión de que es su propio trabajo lo que le ha llevado a ser una figura destacada e influyente de la intelectualidad norteamericana. El caso es que fue entonces, en la cola esperando el momento de mi firma, cuando descubrí, descubrimos ambos, que existe una película sobre "Wilson", que a mí se me había pasado completamente desapercibida. Está protagonizada, además, por caras tan conocidas como Woody Harrelson, Laura Dern, Cheryl Hines o Judy Greer. No es una adaptación realmente de la novelagráfica, ya que esta es una virguería experimental, narrada a base de sketches de una sola página, cada una de ellas dibujada con un estilo diferente. Sino que es el zeitgeist, los personajes y algunas de las cosas que le pasan o que dice Wilson en el tebeo, lo que ha sido adaptado a una historia lineal y autoconclusiva. Adaptado, además, por el propio Clowes, y dirigido por el autor de "The Skeleton twins". Todo rezuma a indie epatante, y el ritmo y el tono descienden bastante a medida que avanza, desde la genial presentación del personaje (hasta zambullirse en puro Solondz), pero aún así es una historia muy interesante y curiosa. Recuerda demasiado (por eso la mencionaba) a un "Mejor... imposible" de auteur, y se desdibuja a base de tragicomedia, pero todo bien.

CANTANDO BAJO LA LLUVIA
["Singin' in the rain", Gene Kelly, Stanley Donen, 1952]

LA DALIA NEGRA
["The Black Dahlia", Brian De Palma, 2006]
  
He puesto estas dos pelis juntas porque me las vi más o menos seguidas en mini-maratón durante las pasadas vacaciones de Semana Santa; pero sobre todo porque me dan un poco igual las pelis, y quería hablar del libro (bueno, los dos) que estuve leyendo mientras tanto, y que hizo que la una me llevara a la otra, aunque a primera vista, supongo, pudiera parecer que no tienen nada que ver entre sí. Me explico.
Contra todo pronóstico, tuve cuatro días libres en Semana Santa este año. Cuatro días tormentosos y desagradables, que me pillaron en mitad de una época igualmente desapacible en el curro, y en la que me hicieron trabajar horas extras como a una res, para compensar. Fueron cuatro jornadas absolutamente maravillosas, que transcurrieron lentamente. Me propuse una serie de tareas, sobre todo de limpieza y ocio, y las cumplí practicamente todas. Comí fuera, solo, los cuatro días, y cené con un par de amigos otros dos días. Estuve ordenando, limpiando, organizando discos duros, escuchando música, paseando, leyendo y poco más. Me bebí una botella de ron miel, también lentamente. Y uno de estos días, creo que fue el Viernes Santo, después de dar un paseo por el barrio y cenar en un oriental con un colega, me senté en mi sillón del Capitán Kirk a ver alguna película. Estaba en tal estado de de devoción espiritual, terminado mi via crucis de la semana previa, que me apetecía ver "Espartaco" o "Los diez mandamientos". Pero pillé un clásico laico, "Cantando bajo la lluvia", en TCM, creo, y me pareció una elección excelente. Me gustaba mucho esta película de pequeño, y volver a verla veinticinco o treinta años después, fue una experiencia curiosa. Sobre todo, porque sobre Gene Kelly, que fue un ídolo hollywoodiense de la infancia de influjo solo superado por Dick Van Dyke, tenía ahora una impresión horrible. Se había instalado en mi subconsciente que aquel tipo era un tirano, un ser despreciable, y todo me resultaba hipócrita y artificioso. No recordaba dónde había leído historias o comentarios negativos sobre él, pero estaba seguro de que había sido masacrado por sus compañeros de profesión. Tal vez fuera alguien despechado tras su muerte. Y también sé ahora que esa historia tan edulcorada y pizpireta sobre cómo la profesión afrontó el paso del cine silente al sonoro, fue en realidad un auténtico calvario para muchos de aquellos actores y actrices de los roaring 20s. No sabía dónde había leído sobre ello... pero casi como un acto reflejo, en cuanto terminó la película me fui a la cama con mi ejemplar de "Hollywood Babilonia" (1959), de Kenneth Anger; edición de Tusquets (Fábula), que tenía criando polvo desde que lo compré hace, igual, quince años.


Así que el Sábado Santo y el Domingo de Resurrección me los pasé, entre lavanderías, comidas en el Slow Mex y jugueteos con el gato, con las narices metidas dentro de este polémico panfleto y su continuación (1984), en los que el misterioso thelemo y escritor mondo se despachó a gusto sacándole las tripas al establishment de Hollywood. El mismo sábado me dio por ver "La Dalia Negra",  la de Scarlett Johanson, también por mera asociación de ideas extraña, sin saber en realidad que hablaría, de hecho, Anger de ella en la segunda parte (y que comienza con un plano del exterior de un cine Pantages; probablemente ese mismo dentro del cual se supone que violó a la menor de edad Eunice Alice Pringle, como también leería horas después en "Hollywood Babilonia 2", entre otras historias interrelacionadas; la peli ni fu ni fa).
Anger me ha alegrado la Semana Santa, la verdad, y me ha recordado los tiempos de leer truculencias o gossip enfurecido en el No me Judas, Satanás, el Mondo Brutto o el Sickfun. Aunque algunas de las cosas que contó es probable que se las inventase. Parece que así fue con las más escandalosas del primer tomo, como que a Marie Prevost (una "Lina Lamont" de la vida real, caída en desgracia con la llegada del sonido como en la peli de Gene Kelly) se la medio comió su perro salchicha tras morir alcoholizada en su apartamento; que Clara Bow se pinchó en una noche a todo un equipo de fútbol, entre cuyos miembros estaba un joven que pronto sería conocido como John Wayne; o que Lupe Velez murió abrazada al retrete, conduciendo el camión de porcelana. Estupendas leyendas urbanas que se inventó el chiflado de Anger, por algún motivo, increíblemente airado y enfrentado a algunas de las más grandes actrices, directores y productores de la Industria. La obsesión de Kenneth por derribar cualquier atisbo de indulgencia o fascinación hacia "la fábrica de los sueños" es irrefrenable, y su verbo viperino no para de soltar sandeces, improperios, braguetazos, líos de faldas, airear adicciones, accidentes, palizas, escándalos sexuales y toda clase de barbaridades. Sí, lo de "Fatty" Arbuckle y la botella es de lo más recordado, pero a medida que el libro avanza, el cronista cabrón va cogiendo carrerilla y más y más trapos salen a relucir. El formato del libro, a dos columnas y repleto de fotos con pies sarcásticos, y el retintín hijoputa que utiliza, lo acerca más a un fanzine o un tabloide de antaño, que a un libro de cine o curiosidades. Es pura charlatanería salvaje... con la particularidad de que la gran mayoría de los personajes mencionados con tanto aspaviento, no nos suenan de nada a casi nadie que no sea un avezado fan del cine de principios del XX. Bueno, en realidad no deja a nadie vivo, así que también pone a parir a Charlot, a Hitchcock y a todo cristo. La segunda parte, publicada décadas después, la verdad es que no es lo mismo. En el tono parece más impostado, y aún mucho más cabreado, con tintes homófobos y antisemitas mal disimulados, y repite algunas de las historias de la primera parte, como principal reclamo. Los escándalos de los años 40, 50 o 60, quizá por ser más fáciles de comprobar por el lector, no son ahora tan ruidosos, las cosas que cuenta parecen más mundanas... hasta que empiezan a desfilar asuntos que probablemente solo sacaría la prensa más deleznable. Sin ir más lejos, hay tres o cuatro imágenes a doble página, con pies de foto de cachondeo, con el cuerpo de La Dalia Negra hecho un puzle. A James Dean le deja como el tipo más tonto de la Creación, se adentra en crímenes extra-cinematográficos y esta segunda parte es excesivamente explícita en lo gráfico, o quizá sea que queda raro o menos romántico cuando hace alusión a artistas de los ochenta, pero creo que pierde al lado del original, cuando se despachaba como un Spider Jerusalem de carne y hueso poniendo a caldo a Rodolfo Valentino o las chicas flapper del cine de tartazos.
Como sea, qué Semana Santa más guapa. Ojalá toda la vida así, en el sillón orejero, viendo llover, oliendo a limpio, escuchando Radio Clásica con el gato en el regazo hasta el fin de mis días. Qué Calvario tan extraordinario he pasado.


EL PROBLEMA CON APU
["The problem with Apu", Michael Melamedoff, 2018]
Han estrenado en #0 este documental, que ya desde su mismo planteamiento da tanta rabia a cualquier amante de Los Simpson, y que conllevó tanto trajín que entre el fandom se estuvo hablando durante semanas, meses, sobre el supuesto "despido" del personaje de Apu Nahasapeemapetilon de la serie, para siempre, para no ofender a la comunidad paqui, por culpa del puto gilipollas cómico amerindio Hari Kondabolu. Resulta que a este muchacho le hicieron bastante bullying en el colegio, por ser de origen indio, pero en lugar de burlarse de él comparando su alma, su bonhomía y su exquisita moral con la de Mahatma Ghandi o el Dalai Lama, todos le imitaban poniendo la estereotípica voz de Apu. Así que hizo este documental, que entró en las redes sociales como un elefante de la India en un badulaque y no dejó a nadie indiferente. El vehículo perfecto para la polémica, en tiempos de ofendiditos y la extrema derecha imponiendo sus putas mierdas nazis aprovechando la oleada de buenismo y corrección política. El problema con "El problema con Apu" es múltiple, y sus carencias y lo estúpido de su planteamiento es perfectamente obvio desde mucho antes de ver el documental, y uno puede hacerse una idea bastante clara de sus errores con solo leer un titular sobre el asunto y pensarlo más de medio segundo. Primero: ¡¡ES HUMOR, SUBNORMAL!! Segundo: TODOS LOS PERSONAJES DE LOS SIMPSON SON ESTEREOTIPOS, Y ESO ES LO QUE CRITICAN, PAYASO. Tercero: EL ACENTO DE APU NO LO INVENTARON LOS SIMPSON, CARAPOLLA. El propio Hari reflexiona sobre el papel que ocupan los indios asentados en EEUU en otros rincones de la cultura popular, y cómo, efectivamente, el blackfacing se puede considerar, depende de cuál sea tu discurso, tus intenciones o el momento socio-cultural en el que se utilizara, como una forma de racismo, de condescendencia supremacista hacia una minoría racial. Que sí. Pero el de Los Simpson no es el caso, en absoluto. Y es que ni siquiera el documental va exactamente de eso, sino que utiliza la parte que le interesa de la peliaguda cuestión de forma maquiavélica. El problema de "El problema con Apu", es que es retorcido, sensacionalista, una mera promoción personal del protagonista, insustancial e increíblemente estúpido. Ya, sé que no puedo ser objetivo. Resulta muy interesante que haya dado voz a un montón de ameripaquis famosos, que dicen bastantes cosas interesantes e inteligentes. También interviene Whoopi Goldberg (y pocos más; unas 10 personas en total). Pero todo está construido en la forma de una pataleta, de un supuesto trauma infantil, una cruzada chiflada como la que pueda entablar un militar retirado de 85 años contra el gobierno de Carmena porque una paloma le ha cagado en la cabeza. El documental no se centra, en absoluto, en el problema del acoso, ni del racismo, ni reflexiona apenas sobre nada más que la figura estereotípica del hindú en la cultura pop, queridísima por todos los espectadores y, creo, bastante positiva, como ese Peter Sellers blanco brownfaceando en "El guateque", que es básicamente el otro ejemplo que se pone. Se olvida de que Apu es un personaje absolutamente adorable, un ejemplo para miles de inmigrantes, pese a que es mostrado como un estereotipo plano, como sucede con todas las caricaturas de humor. Podría haberse centrado en que en miles de películas y series aparecen tenderos hindúes, o haberse dado cuenta de que en Los Simpson (como en todas partes) todos los personajes son graciosísimos estereotipos adorables, y con quien más se ceban, con enorme diferencia, es con el norteamericano medio, borracho, egoísta, obeso y teleadicto. Pero no. Hari quiere construir su propio "Bowling for Columbine", y se pasa todo el metraje tratando de entrevistar al objetivo, al villano público número 1, que él visualiza en la figura del grandísimo Hank Azaria. Todo el tiempo juega al despiste, anunciando un encuentro con él, charlando con su mánager, escribiendo a los portavoces de la serie, y al final del todo lee una carta preciosa, maravillosa, llena de razón, buenas intenciones e incluso disculpas innecesarias, por parte del actor que cometió el crimen de improvisar un acento indio exagerado en lugar de hablar con su propia voz al doblar a Apu, la primera vez que le dobló. Y tras recibir la carta, en la que básicamente le expresa su intención de charlar con él públicamente una vez que vea el documental, ya que no quiere representar a toda la serie ofreciendo su opinión en él, al "cómico" Hari Kondabolu solo se le ocurre insultarle, llamarle cobarde, acusarle de que no quiere ser manipulado en un producto audiovisual en el que no participa, como si estuviese comparándose con toda una etnia. De hecho, Azaria no quiso aparecer, y declinó amable y entusiasmadamente, pero sí podemos ver a Dana Gould, por ejemplo, representando a la serie, y se lo come en dos frases. Este documental es cutre, innecesario, maniqueo, patético, egocéntrico y completamente absurdo. Lo único positivo es que cuela entre medias algunos clips de escenas de Apu en Los Simpson, con los que te partes de risa, además de otro par de ejemplos de productos que sí son abiertamente racistas y estereotípicos, pero protagonizados por actores indios (incluso el propio Hari hizo de eso una carrera), con lo cual a Hari sí le parecen fenomenal. Un despropósito, una pataleta sin pies ni cabeza, una vergüenza, en mi opinión, que podría haberse hecho de una forma mucho más honesta e inteligente.
P.D. Si algún espectador indignado con el documental quiere desquitarse, lo que tiene que ver a continuación es el episodio de South Park "The problem with a poo", protagonizado por el Señor Mojón, de la temporada en curso. Brillante, como siempre.

8 MAN AFTER
["Eitoman", Kogawa Yoriyasu, 1993]
Eitoman es un supersentai robótico clásico del manganime japonés, creado por un tal Kazumasa Hirai en 1963, y dibujado por Jirô Kuwata (sí, el mismo del Batmanga de 1966 que se ha recuperado recientemente). Como espectador bastante cásual del audiovisual japo, el personaje no me sonaba gran cosa, aunque sí es verdad que el androide grandote con el 8 en el pecho sí me resultaba ligeramente familiar. 8 Man es, pese a haber sido un poco olvidado por el gran público, no solo el primer superhéroe cyborg japonés (adelantándose por poco a Kamen Rider, que es el que se lleva la fama como abuelito del tokusatsu), sino que se le considera un claro antecedente de Robocop (parece que no solo copió de "Appleseed"), ya que el humano que hay bajo el traje (en realidad fue un transplante de cerebro) es un prestigioso policía muerto en acto de servicio en esta ciudad cyberpunk. Se llama "8 Man", ya que el experimento falló las 7 veces anteriores.
La cosa es que el manga se llevó a la televisión por primera vez en el mismo 1963, a través de una serie de 56 episodios, primero en blanco y negro y después en color. En Latinoamérica se emitió en los años 80 bajo el título de El Octavo Hombre, y la franquicia resucitó décadas después, con sendas películas de acción real que se prometen un poco pochas (el telefilm "Eitoman has returned" [Akinori Kikuchi, 1987] y "Eitoman. Subete no sabishii yoru no tame ni" [Yasuhiro Horiuchi, 1992]; esta última está en inglés entera en YouTube), y en 1993 en forma de una serie de 4 OVAs, recopiladas posteriormente para VHS en una sola peli de más de 100 minutos, con el subtítulo de "Perfect collection", que es lo que yo he visto este mediodía, con doblaje español. Éste no es en realidad un reboot, sino una secuela con personajes diferentes.
El nuevo policía bajo el superhéroe de lata se llama Detective Hazama en su identidad profesional (aunque el cyborg conserva fragmentos de la personalidad de su identidad anterior, el original Hachiro Azuma), y es un tío rudo y violento (el comienzo de la historia es puro hardboiled). Tras su muerte es transferido al cuerpo cibernético en el momento preciso, ya que la ciudad está repleta de cyborgs asesinos y punkis (cuyo diseño me recuerda a los Cosechadores de Claremont y Silvestri, que son anteriores), y todo el mundo echa de menos al legendario 8 Man. Al tratarse de un conglomerado de cuatro OVAs, como me ha parecido comprobar otras veces, el argumento no es del todo lineal sino que avanza en distintos bloques, siendo el episodio de la pelea en el cambo de fútbol americano uno de los puntos álgidos, así como la conclusión contra el malvado villano líder de los cyborgs contrabandistas, y sus protagonistas principales (el niño secundario cómico, hijo de uno de los jugadores de football, la ex novia del poli o el final boss). Sin ser una historia que deje mucho poso, la animación es realmente una golosina y todo expele ese olorcillo épico de los dibujos animados ochenteros del sábado por la mañana.

CINCO CENTÍMETROS POR SEGUNDO
["Byōsoku Go Senchimētoru", Makoto Shinkai, 2007]
Cinco centímetros por segundo es la velocidad de desplazamiento de las hojas de cerezo, al caer al suelo. Tal poética especie de haiku es el nexo de unión entre las tres historias que componen este trabajo, que armoniza perfectamente con los otros proyectos posteriores del estudio CoMix Wave Films, la titánica película "Your name" y la también antología poética "Flavors of youth" (que comenté al final de la anterior entrega de este ciclo de visionados). Y es el título en concreto de la tercera de ellas, mientras que la primera se titula "Extracto de flor de cerezo". La historia de una pareja de adolescentes a los que separan miles de kilómetros a medida que crecen y se ven obligados a tomar decisiones estudiantiles que les alejan. Colegiales de unos 13-15 años son también los protagonistas de las dos siguientes historias, "Cosmonauta" y la epónima, en la primera de ellas separados por el muchísimo mayor interés de él hacia los misterios del universo que hacia lo mundano, y por el hecho de que ni siquiera llegan a conocerse, en la tercera historia. Tres cuentecitos de amor platónico, de insoportable sufrimiento romántico juvenil, bastante majos de ver aunque no seas una otaku nipona, con los que empezó a despuntar este estudio destinado a tomar el relevo de Miyazaki. Una vez más, destaca esa suerte de rotoscopiado y esa paleta con la que colorean los impresionantes fondos, que emparenta esos animes con la pintura hiperrealista o con el mundo de los salvapantallas cuquis.

MEMORIAS DE UN HOMBRE EN PIJAMA
[Carlos FerFer, 2018]
Estuve viendo ésta esta semana, y todo bien. Leí el tebeo hace mucho, y le pasa lo que a todas las pelis basadas en tebeos: pues que peor. Pero da gusto que se haga cine de animación español y todo eso, Paco Roca es un tipo brillante, y fue una sobremesa estupenda. Una historia amable que trata sobre que vaya cómo que es la vida, oyes, y nadie nos había preparado para ello. Pero yo en realidad venía a desahogarme, porque tengo un día intensito y normalmente escribir sobre ello en vez de que me estén dando vueltas fantasmas por dentro de la cabeza todo el rato, me funciona. Anoche tuve una pesadilla espantosa, que me despertó entre sudores y lágrimas. No había motivo para ello, no cené fuerte, ni sufro trastornos del sueño, ni esta vez puedo echarle la culpa al gato, pobre, que aún no le he esterilizado y sigue maullándole a veces a la luna. Simplemente estaba soñando con algo agradable que de repente empezó a retorcerse de manera grotesca, y al argumento absurdo se fueron incorporando elementos dolorosos. Malos recuerdos, culpabilidad, añoranza, desesperanza, nostalgia, complejos, vergüenza, soledad, ganas de morir. Y terror puro y duro en cimenascope, con efectos especiales espeluznantes y sonido envolvente. Tardé un poco en volver a dormirme, y creía que ya estaría, pero esa especie de vómito cerebral nocturno, tras una larga temporada sintiéndome bastante infeliz, esa especie de colapso y la desazón nocturna, me han estado acompañando durante el día. Hasta el punto de que en el trabajo (de mierda) me lo han notado, me han preguntado y me he venido un poco abajo. con lo hacha que soy yo en pasar desapercibido y hacerme el tonto y que no se me noten los sentimientos. Me he ido un rato y ya estoy mejor, pero la tristeza ha sido profunda. Me he vuelto a casa escuchando canciones de las de la lista emocional secreta. Me he comprado una botella de licor de crema catalana y ya llevo dos vasos y ya un poco mejor. También me han escrito dos personas, separadas, con las que hacía mucho que no hablaba. Si no fuera porque no creo en esas imbecilidades, y porque no me ha escrito la persona que podría haber paliado el dolor, diría que existe la telepatía, o que tengo algún trastorno cerebral tipo el de "La zona muerta".

SPRINGFIELD OF DREAMS. THE LEGEND OF HOMER SIMPSON
[Morgan Spurlock, 2017]
Descubro gozoso que existe un documental sobre Los Simpson que no había visto; y mi gozo se expande cuando hallo una copia en las profundidades del Soulseek. Se trata de un reportaje que se emitió hace un par de años en Fox Sports, una hagiografía sobre una proeza deportiva histórica, al más puro estilo de lo que hacen en Movistar + desde hace años en Informe Robinson (algo así como un Salvados centrado en el deporte), llena de imágenes de archivo, declaraciones de testigos y una voz en off narrando todo lo acontecido con un tono épico y nostálgico. Lo curioso es que aquella semana dedicaron el reportaje a aquella vez que Homer Simpson, el personaje de ficción de dibujos animados, se convirtió, por accidente, en el héroe de la plantilla del equipo de softball de la Planta Nuclear de Springfield. Un equipo que, por capricho de su multimillonario propietario, se plagó de estrellas del baseball de primerísima clase: José Canseco, Wade Boggs, Steve Sax, Darryl Strawberry, Ozzie Smith o Roger Clemens fueron reclutados de distintos rincones de la geografía americana, pero fue finalmente el desplazado Homer al que no le quedó más remedio que participar en la salida definitiva, llevándose todo el mérito gracias al bate construido a partir de un árbol destruido por un rayo. A través de testimonios de jugadores, historiadores, locutores deportivos y un buen montón de personajes amarillos de Springfield, en escenas animadas creadas ex profeso, y salpicado de curiosísimas imágenes del pasado (no solo de béisbol, sino de todo tipo de acontecimientos que van aportando trasfondo a los protagonistas y sucesos), el prestigioso Morgan Spurlock (quien ya encargara del documental definitivo del 20 aniversario de la serie) fabrica aquí un tierno mockumentary de 45 minutos, parodiando la épica serie Baseball de Ken Burns, realmente curioso incluso aunque a uno se la repampinfle el béisbol. Probablemente, el primer documental que gira en torno a un único episodio de una serie de ficción: el clásico imperecedero "Homer, the bat", emitido el 20 de febrero de 1992.

Recientemente estuve viendo, como puse ahí arriba, "The problem with Apu", otro documental inspirado por los Simpsons (aunque, en este caso, erróneo e irritante), y estos días me ha dado por organizar todo el audiovisual que tengo de, o acerca de, la serie. Por fin he recuperado, después de perderlos varias veces, los 661 episodios que se llevan emitidos hasta el momento (a falta de 1 para que termine la 30ª temporada), y los tengo en un HDD enchufado a la tele. Creo que voy a repasar bastantes momentos de las temporadas más recientes a lo largo de los próximos días. Pero en esa misma carpeta, tengo también una serie de "extras" de todo tipo de procedencia: baterías de anuncios protagonizados por los Simpson (los mejores, los viejos y entrañables sketches de la chocolatina Butterfinger; pero hurgando en Youtube he ido juntando más de media hora de este tipo de material, con mucha animación oficial inédita), gameplays de los videojuegos viejos, que me fascina mirar, o las escenas cinemáticas de los juegos modernos, que son casi episodios de canon, fanfiction cutre salchichera (pero jamás entrará en mi disco duro la repugnante Da Suisa), los dos viejos videoclips oficiales para la MTV (Do the Bartman y Deep, deep trouble), los episodios de Family Guy y South Park homenajeando a su "papá" (10x01 - "The Simpsons guy" y 6x07 - "Simpsons already did it"), los gags de Robot Chicken, los cortos gore de Lee Hardcastle, entrevistas a los responsables (sobre todo a Groening) en talk shows de los últimos 30 años, las piezas oficiales inéditas que sube el canal Fox Animation, algún recorte de noticieros viejunos, pequeños reportajes y "tops" de Youtube (los mejores, los de WatchMojo y Átomo Network), y sobre todo documentales de media-larga duración. Todo esto y mucho más, está ahora ordenado en mi disco duro (y también, por cierto, todo Futurama, The Critic y Disenchantment, muy cerca). Pero ahora que estoy ocioso, voy a recomendar otra serie de vídeos que tengo por aquí. Nadie que quiera entender a fondo Los Simpson debería perderse  mi viejo blog de la serie, ni momentos televisivos como:

- The Simpsons behind the scenes (WUHF, 1992), reportaje de 5 minutillos rodado en la sala original de animación, guión y doblaje, apenas recién emancipados desde el Tracey Ulman Show.

- Oprah behind the scenes: The Simpsons (Fox, 1992), 12 minutos de la suripanta Oprah igualmente visitando y entrevistando a los creadores de la serie, que incluye ¡un fragmento de animación inédito y exclusivo!

- Springfield's most wanted (Fox, 1995), otro mockumentary imprescindible, parodiando el clásico genuino de la reality-tv sensacionalista, America's most wanted (y presentado por el mismo equipo del original), con la forma de un programa de sucesos, búsqueda de desaparecidos y sospechosos, al estilo de lo que hizo famoso aquí Paco Lobatón. Lo importante de esta pieza de 21 minutos, llena de imágenes loquísimas, es que se emitió en el verano de 1995, entre las temporadas 6 y 7; es decir, en pleno cliffhanger entre los episodios "¿Quién disparó al Sr. Burns? parte 1" y "¿Quién disparó al Sr. Burns? parte 2", y casi, casi, debería considerarse material canónico.

- America's first family (BBC2, 2000). Ya con el cambio de siglo, y celebrando el cambio de zeitgeist, el repaso a los naughties y la primera década de la serie, la tele británica estrenó esta preciosa pieza retrospectiva llena de testimonios y trozos de episodios: el primer gran documental sobre los Simpson, de 50 minutos.

- Matt Groening. My wasted life (BBC, 2000), otro por el que siento predilección. Una entrevista a Matt de media hora, salpicando toda la conversación de imágenes de archivo, no ya de la serie (que también, claro), sino de sus referentes, los productos que veía y leía en su infancia, aportando cientos de detalles poco conocidos sobre el diseño conceptual de los Simpson y muchos de sus personajes (a los 30 segundos de emisión ya sabemos que Springfield está copiado de la ciudad en la que transcurría Father knows best, o que a Matt le resultaban tan frustrantes y pacatas Leave it to Beaver o Daniel el Travieso, que quiso desquitarse con ellas a través del tono gamberro de Los Simpson). El documental, además, se hizo recién estrenada Futurama, y también se analiza esta.

- Inside the Actors Studio. The Simpsons voice actors (Bravo, 2003). Para muy cafeteros, sabed que en 2003 acudieron los señores detrás de las voces de Los Simpson a la flemática tertulia de exaltación hollywoodiense de James Lipton. Es realmente interesante conocer sus carreras actorales, y también salen escenas de la serie y miles de curiosidades.

- The world according to The Simpsons (2004). Este estupendo documental de cerca de una hora no sé muy bien de dónde procede (puede que fuera el extra de algún DVD), aunque el narrador tiene claramente acento británico. Y además no es fácil encontrar información sobre él, y sí sobre el libro del mismo título. Un impecable clip show cronológico aderezado con entrevistas a cómicos británicos de todo tipo hablando de cómo la serie les ha marcado.

- The Culture Show: The Simpsons (2007) nos dejó 10 minutillos de Ricky Gervais hablando sobre la serie. La verdad es que la mayoría de los mejores reportajes televisivos sobre Los Simpson son de procedencia británica.

The Simpsons 20th anniversary special: in 3-D! On ice! (Morgan Spurlock, 2010) es el documental "oficial", el más famoso, el que se hizo para el 20º aniversario contando con todas las facilidades, de larga duración. El "Bowling for Columbine" de los Simpson, realizado por el tío que lo acababa de petar con "Supersize me".

- España según Los Simpsons (Antena 3, 2010). Para la celebración del aniversario, Antena 3 hizo el más espantoso de los ridículos con una patética nota amable de mesa camilla para amas de casa. Un "falso documental" presentado por Carlos Sobera, y con la omnipresente voz de Carlos Ysbert, donde hicieron leer frases guionizadas a cientos de famosos del estilo de Mariano Rajoy (comparando a Lisa con "la niña de Rajoy"), Pepiño Blanco, Zerolo, Boris Izaguirre, Bisbal, Ferrán Adriá, Ana Obregón o Federico Trillo, diciendo gilipolleces supuestamente inspiradas por su pasión irrefrenable hacia la serie, y cómo esta ha ido modelando la sociedad española. Algo menos repugnante, al menos, fue el especial de hora y media Los Simpsons especial 20 años, donde emitieron los tres episodios más votados por la audiencia separados de bloques con gags temáticos.

Access all areas / Mischief & mayhem / Celebrity friends (Sky One, 2010). Pero aquel mismo año, además de la peli de Spurlock, se volvió a llevar la palma la tele británica, con 3 documentales 3 presentados de nuevo por Ricky Gervais, cada uno de ellos analizando el legado amarillo desde un punto de vista distinto. Más imprescindibles para el simpsonólogo avanzado.

- The fall of The Simpsons: how it happened (@Super Eyepatch Wolf, 2017). Y mientras muchos seguimos aferrados a la idea de que "es mejor que los Simpson sigan existiendo, que no", es un clamor popular que "la serie no es lo que era". Yo tengo una opinión algo más compleja sobre esto, y sigo encontrando grandeza en algunos de los episodios modernos. En muchos de ellos. Claro que no es lo que era. Porque NADA es lo que era. Como sea, este somero listado a través de mis documentales y reportajes de cabecera, más o menos oficiales sobre la serie, de manera cronológica, llega hasta la temporada 30ª y la superación del episodio 600º sin que se hayan hecho grandes piezas audiovisuales al respecto... al margen del nuevo mockumental de Spurlock de 2017 o la cagarruta anti-Apu. Pero sería injusto no recordar este vídeo de Youtube hecho por un particular, con muchísimo cariño y respeto, en el que analiza la supuesta decadencia de la serie de forma magistral (no en vano lleva cerca de 5 millones de visitas). Se pueden encontrar docenas de vídeos de chavales que le copiaron, y que consideran que el punto de inflexión está en el episodio "El director y el pillo" de la 9ª temporada, uno de los peor valorados de toda la historia. El reportaje está muy bien, el uso de imágenes de archivo y referencias es apabullante, la locución semi-profesional, y el argumento es también bastante válido, aunque uno no esté de acuerdo del todo. En una línea similar, el otro gran vídeo dedicado a la decadencia-Simpson es D'Oh! How The Simpsons' success in the '90s led to modern-day failure (@Screen Rant, 2018), con muchas menos visitas pero de incluso mejor factura, que considera que la serie debería haberse quedado en la burbuja de los 90, o tal vez haber sido rebooteado por otra gente tiempo después, en lugar de haberse hundido en el fango de la autoparodia y la sobreabundancia de productos mucho más contemporizadores. Ambos también me parecen visionados imprescindibles, y que no les falta razón. E insisto en que hay piezas de WatchMojo y de Átomo Network (y alguna mención menor en BlameItOnJorge, mi canal sobre cultura pop audiovisual favorito) altamente recomendables para todo fan.

A la espera de nuevos ensayos audiovisuales de interés, o de descubrir algo nuevo y tal vez nunca antes contado (en unos pocos días se publica en España el "Springfield Confidential" de Mike Reiss; también tendré que hacerme, por cierto, con "Futurama y la filosofía" tarde o temprano), estos han sido mis apuntes de campo de las piezas de no-ficción que ha de ver todo apasionado defensor, estudioso, divulgador o simplemente fan de la serie.

VENGADORES: ENDGAME
["Avengers: Endgame", Anthony y Joe Russo, 2019]
Vi unas cuantas películas en los últimos días, que no he traido a la sección; bien porque no eran cine de género, bien porque no tuve ganas de hacerlo, o bien porque se me ha olvidado cuáles eran. Pero sí quiero dejar constancia de que en las últimas semanas he visto un par de películas clásicas de ciencia-ficción por primera vez. Sendas obras maestras del cine que, por el motivo que fuera, se me habían resistido hasta ahora, y sobre las cuales tampoco estoy ahora mismo muy animado para escribir, pero conste que las vi, en la primavera de 2019, atentamente, por primera vez: "Alien, el octavo pasajero" y "Blade runner". Sí, qué pasa. Eh. Qué dices. Que te meto.
Y hace un par de lunes fui al cine, con mi-amigo-de-ir-al-cine-a-ver-pelis-Marvel, a ver la continuación de "Avengers: Infinity War". El colofón de la rehostia de la traslación de la historia de Marvel al cine explosivo. Lo disfruté como quien se monta en una montaña rusa, con el morro un poco torcido cuando a algunos efectos se les veía el cartón (se nota un poco el corta-y-pega de caras de actores en cuerpos pijameros, sin duda, interpretados por otros mindundis o directamente dibujados), y un poco apabullado por la épica, la pompa y la fanfarria algo exagerada, en escenas como la hiper-mega batalla que, la verdad, me daba un poco igual, ya lo habíamos visto antes, y no es precisamente lo que caracteriza a los superhéroes de Marvel, eso de los ejércitos infinitos enfrentados. Eso le pega más a "El Señor de los Anillos" o a "300", y en Marvel resulta mucho más interesante el cara a cara, o las pequeñas historias domésticas. Pero en fin, es lo que tiene el überblockbuster. Y me pareció, el argumento, bastante más flojo que en la entrega anterior. La primera parte me pareció impresionante, todo muy sobresaliente y sobrecogedor (el hecho de que medio mundo desaparezca al final, te deja inevitablemente marcado), mientras que en esta no es más que una resolución cuántica al problema, alargada durante 3 horas. Pero bien. Es de rigor que los Russo estos manejan correctamente un reparto de tropocientos personajes, cada uno haciendo una cosa diferente para salvar el mundo, eso es muy difícil. Es alucinante cómo incorporan pequeños detalles de todas las películas anteriores, y cómo siguen también añadiendo guiños nuevos al lector de tebeos Marvel (maravilloso el Hulk hecho un Mr. Arréglalo, el Capi empuñando el Mjolnir, ¡Kate Bishop!...), creando verdaderamente un universo propio a través de todas las películas. Esto es un sueño hecho realidad, y jamás había pasado antes (sin contar el tarantinoverso...). El humor es otra de las constantes que yo más agradezco. Si todo esto fuese serio, solo épica, solo dientes, solo mamporros, no sería lo mismo. Y el visionado está salpicado de carcajadas, de ternura, de emociones muy diversas. Esto es muy importante. Esto no son pelis de Chuck Norris en pijama, ni es Star Wars (que, la verdad, no las he visto más allá de la trilogía original, que la vi en los años 80... a lo mejor sí que te ríes). Es que es muy, muy divertido. Increible que haya gente a la que le moleste... A destacar, respecto al cachondeo, el papel de Thor a lo Lebowski, con toda la panza, y durante toda la peli. Impagable.
En fin. A tope con el cine de Marvel. Y encima, parece que ¡por fin! está atrayendo a nuevos lectores de tebeos en EE.UU.

ASESINATOS ANUNCIADOS
["Screamplay", Rufus Butler Seder, 1985]
Estuve volviendo a ver esta peli pequeñita de Troma, una de las mejores de su catálogo al margen de los despiporres oficiales con mutantes en Tromaville. Más allá del Vengador Tóxico y Sgt. Kabukiman NYPD, la Troma fue (sigue siendo, pero ya no hacen pelis, creo) un excitante rincón del lado torcido de la industria cinematográfica, que aparte de producir las cachondadas de superhéroes bufos, chistes malos y tetas de Lloyd Kaufman, también ejerció como distribuidora de material curioso, dando cobijo a pequeñas producciones de autor destacables, como "Cannibal! The Musical", "Killer condom", "Rabid Grannies"... "Screamplay" es una de sus pequeñas producciones más interesantes. Una película en mugriento blanco y negro, de estética expresionista, puro homenaje a "El gabinete del Doctor Caligari", "Nosferatu" y ese rollo, pero de espíritu punk. Cuenta la historia de un guionista aficionado al terror clásico, (no por casualidad llamado Edgar Allan, interpretado por el propio director, que se encarga de casi todo), que llega a Hollywood con su maleta cargada de sueños, y empieza a matar a todo aquel con el que se encuentra sin querer, mientras él cree que escribe esas fantasías en su máquina portátil. Casi cada plano es un bonito homenaje al cine de género de comienzos del XX, y la atmósfera (y, de hecho, un poco el argumento) es una especie de "Mirindas asesinas", a la que me recordó bastante todo el rato. Con escena en bar incluida. Curiosa serendipia. Me hizo gracia revisarla, porque la vi por primera vez cuando la echaron en el ciclo Tromatízate del cochambroso Canal 7, cuando José Frade debió comprar todo el lote tromático a cholón y emitieron semanalmente casi toda su producción. Fue allí cuando aprendí a respetar a Troma, que por otro lado siempre me han dado un poco de rabia. Pero esta, bien.

GRAVITY FALLS (TV series)
[Alex Hirsch (creador), 2012-2016]
Retomo, varias semanas después, este sombrío cuaderno de campo, para dejar constancia de visionados recientes. Como tengo menos tiempo libre que un alto ejecutivo, pero con la condición socio-laboral de un trabajado pobre del sector servicios, los pocos ratos que estuve en casa ante la puta tele decidí probar a dedicarlos, en lugar de a mirar alguna peli que otra de cuando en cuando, a tratar de engancharme a alguna serie, y verme algunas series completas a las que le tenía muchas ganas. He logrado mi objetivo, y este mes de junio de 2019 conseguí zambullirme alegremente, hasta el fondo, por ejemplo, en las dos temporadas de Gravity Falls, la serie de animación de culto para adultolescentes de Alex Hirsch.
Había visto y leído unas cuantas cosas sobre Gravity Falls, y cada vez que me acercaba a ella me atraía más y más. Y por fin, al final de esta primavera, a punto de empezar el verano, he pasado unas pequeñas vacaciones en el misterioso pueblo de Gravity Falls (Oregon), junto a los gemelos Pines, y sucumbiendo a su encanto hasta el punto de comprarme una gorra de Dipper por AliExpress para cuando esté calvo del todo; hasta el punto de que me la voy a volver a ver de un momento a otro.
Tal y como ya sabía, se trata de una serie de Disney de línea clara, protagonizada por un par de niños de 12 años (cumplen 13 durante estas vacaciones veraniegas), Dipper y Mabel Pines, que se quedan a cargo de su tío-abuelo Stan en un recóndito pueblo de leñadores, que resulta ser el lugar más paranormal del mundo. La historia se contó a lo largo de 40 episodios (más 17 cortos emitidos entre ambas temporadas de 20 y 20), que forman una historia cerrada. A grandes rasgos, Gravity Falls es la versión animada y pizpireta de Twin Peaks. La técnica de animación no es para tirar cohetes, simplemente correcta, con un diseño de personajes bastante intercambiable con los de la mitad de los dibujos animados actuales (la maldición de CalArts), pero con un excepcional cuidado, a menudo, del detalle de los fondos: estanterías repletas de libros, estatuillas, calaveras con velas y horror vacui, carteles, mensajes ocultos, personajes en segundo plano y objetos de poder por las esquinas, que no solo cautivan sino que cuentan una segunda historia a base de huevos de Pascua (como desvela el propio Hirsch en el documental "One crazy Summer: A look back at Gravity Falls", imprescindible para todo fan). Las vacaciones de Mabel y Dipper avanzan, y los personajes y muchos elementos que van llegando en cada nuevo episodio se van incorporando a la trama conjunta, que consiste en desvelar, poco a poco, el misterio de Gravity Falls. Este matiz de "serial épico" se acelera sobre todo al final de la primera temporada, con el tremendo cliffhanger intermedio, y se convierte en un festival in crescendo durante la segunda. Pero cada episodio, al estilo de Expediente-X (o cualquier otra ficción procedimental de suspense y ciencia-ficción), se centra en un caso, en una rareza local, ya sea un ser criptozoológico, unos gnomos cabrones, un museo de cera redivivo, el ataque de los clones, una conspiración en torno a una boyband estúpida, zombis, sociedades secretas, etc. Un jolgorio forteano.
Algunas de estas tramas me parecieron verdaderamente fabulosas, como la existencia en lo profundo del bosque de animales a escala, en miniatura, debido a la acción de los rayos solares reflejados en un extraño mineral (episodio que degenera en una "aventura en miniatura" con Gente Pequeña, de esas que tanto me fascinan), todo lo que acontece con La Sociedad del Ojo Cegado, o los seres que habitan en el minigolf. Otros episodios son algo más bobos e infantiles, a medida que se alejan de lo forteano y se limitan a la idiosincrasia y relación de los personajes. El juego de las referencias es extenso, a clásicos de la ci-fi y el misterio pero también a chorradas popculturales del audiovisual actual, denotando la libertad creativa de Hirsch y compañía. Hay un episodio loquísimo y experimental en cada temporada, "demasiado" inspirado en "La cabaña del terror" de Los Simpson, que también le aporta frescura. En ocasiones suceden cosas bastante truculentas, e incluso sangrientas, en contra de la estética general y de estar bajo el ala de la conservadora Disney. Al amor platónico de Dipper (Wendy Corduroy) le dobla Linda Cardellini. Y en general todo es fantástico en GF, casi todo me fascinó y me atrapó en la medida que me imaginaba y deseaba... con la excepción de algunos episodios anodinos; por desgracia, entre ellos, el triple episodio final (Weirdmageddon / Anormalgedón), una historia de una hora que regurgita todo lo sucedido volcándolo en una GF alternativa (incluida la cabecera) y extraña, restando protagonismo, en realidad, al resto de la serie. Aunque la escena final, en sí, es una despedida conveniente y bonita. Cerrada, totalmente cerrada, aunque Hirsch va a hacer algo con Netflix que nadie sabe qué será. Una trampa para turistas altamente recomendable, para visitar por cualquier curioso en plena canícula.

BARRY (TV series)
[Alec Berg, Bill Hader (creadores), 2018-2019]
La siguiente semana me centré en Barry, la comedia negra protagonizada por el sosainas de Bill Hader, que me ha parecido extraordinaria, y seguirá su curso tras 2 temporadas de 8 episodios de media hora. Alimento ligero. Es la historia de un sangriento sicario, sin escrúpulos ni demasiadas dotes sociales, que por accidente se mete en el mundo del teatro amateur y descubre su verdadera vocación: ser actor. Cruce mutante entre comedia posmo collegehumoriana y thriller con asesinatos múltiples (Dexter o Santa Clarita Diet son los primeros referentes que me vienen a la cabeza; aunque la obvia dicotomía del protagonista, así como muchos detalles técnicos que utilizan, la aproximan a Breaking bad, y a ver quién no quiere eso), casi todo el cebo de casi todas las tramas se basa en ese contraste, plasmado en la doble vida del protagonista. Con diálogos sensacionales y momentos dramáticos realmente apabullantes, además de que todo es bastante bonito y amable.

COMEDY SONGS: THE POP YEARS
[Chris Hall, Celia Wormley, 2008]
El día que vi este documental sobre música, a continuación me vine a este lugar de mi blog y dejé la carátula y la ficha preparadas para hacer la reseñita en algún momento, pero ha pasado un montón de tiempo, y ahora practicamente no lo recuerdo. Me parece que había pasado la sobremesa viendo videoclips de la Bonzo Band, y Youtube me sugirió ver esto otro, sobre artistas cómicos británicos principalmente, muy educativo. Pero mi memoria es escurridiza.

RECORDS COLLECTING DUST
[Jason Blackmore, 2015]
El día que vi este documental sobre música (el mismo día que vi el anterior), a continuación me vine a este lugar de mi blog y dejé la carátula y la ficha preparadas para hacer la reseñita (de los cojones) en algún momento, pero ha pasado un montón de tiempo, y ahora practicamente no lo recuerdo. Era visualmente hermoso, un complemento perfecto para ese otro documental vintage, impostadamente grumoso y cool sobre coleccionistas de VHS descerebrados, "Adjust your tracking", del que ya hablé en esta misma sección del blog. De idéntica estructura, un puñado de chiflados con la casa llena de polvo y plástico, hablan de los discos a los que más cariño tienen, enseñan las joyas de su discoteca o aquellas piezas que les transformaron en artistas para siempre, hacen un montón de apología de tiendas de viejo, y de paso, dado el plantel, bastante apología del punk combativo de Detroit o Los Angeles. Una ocasión maravillosa y única de recibir una lección de primera mano de leyendas vivas como Jello Biafra y Mike Watt.

BLACK MIRROR T5 (TV series)
[Charlie Brooker (creador), 2019]
Pendiente de ver la 4ª y "Black Mirror: Bandersnatch", he disfrutado mucho los tres episodios de esta entrega del The Twilight Zone moderno más digno que tenemos. Parece un clamor que esta última entrega ha decepcionado a casi todo el mundo, y yo soy de los que la han disfrutado. El primer capítulo es que es un tanto incómodo, pero es magnífico, y las escenas de lucha virtual están entre los mayores aciertos visuales de la tele reciente. El segundo capi es un poco maniqueo, una fabulita moralista social al hilo de las rrss, con ese Mark Zuckerberg de palo. Pero es que está muy bien hecho, es trepidante, y los actores principales son soberbios (el pardillo de Topher Grace con kimono y coleta, carne ya de meme, es el pijoprogre de Silicon Valley perfecto; y lo de Andrew "Moriarty" Scott es asombroso, supongo que especialmente para el fan de Sherlock). El episodio protagonizado por Miley Cyrus, aunque es premeditadamente ingenuo en su planteamiento y tiene un desenlace entre "Ted" y la Full Moon, me pareció sin embargo un hito pop, un escupitajo discordiano a la conspiranoia muy divertido, de la mano de la mismísima Eris, y es de mis favoritos de cuanto he visto de la serie. Aunque se haya dejado por el camino esa crudeza inicial, esa sordidez y oscuridad de las primeras entregas, y se haya hollywoodizado un tanto, me interesa todo lo que cuenta Brooker en esta antología de cortos posmo, y seguiré pendiente.

LA CASA DE LOS 1000 CADÁVERES
["House of 1000 corpses", Rob Zombie, 2003]
He pasado un día estupendo de verano. Día libre. Día de piscina, con mis niños. Vuelvo a casa bastante pronto, sin prisa, todo es estupendo. Voy a comprar algo para cenar en casa, cosa que hago poquísimo, casi nunca, y compro un montón de cosas: refrescos, aperitivos, fungibles para hacerme unos sandwiches de fantasía, postres. Y cuando salgo del supermercado, se pone a llover. Una preciosa tormenta de verano, con rayos, relámpagos y agua en abundancia. Subo a mi casa con cara de bobo, contento, me siento ante la tele medio en pelotas y busco alguna película para ver durante la tormenta, pensando de pronto, al mirar por la ventana, que solo quedan 115 días para Halloween. Y mirando en el VOD del Plus, entre las primeras cosas que me salen es esta, el debut de Rob Zombie, que fue, si no recuerdo mal, una de las últimas películas que alquilé en un videoclub de aquellos. Han pasado 16 años, joder... La he visto doblada, y un poco bajita, al principio mientras preparaba la cena y jugaba con el gato, un poco feliz y todo, y ahora está acabando mientras me he sentado al ordenador un rato, otra cosa que he perdido la costumbre de hacer. Me gusta un montón esta película, que se nota que es el fruto de una cabezonería, una obra de pura necesidad, desesperación de Rob por narrar lo que sentía cuando veía cine de terror ochentero, una transubstanciación filmada de lo que le pasó a su cerebro la primera vez que vio "La matanza de Texas". Lo que nos pasó a tantos... Doblada, pues suena bastante idiota, aunque decir esto sea tan esnob. Visualmente, es un video-mixtape de retales de videoclips metaleros, atrocidades, altares con objetos, guiños a montañas de películas y montones de cosas guays. Un flipe noventero tardío. Feliz Halloween desde el 8 de julio a mí mismo, si sigo por aquí.
P.D. He ido a IMDb a mirar qué pelis de Rob Zombie me faltan por ver, ahora que se estrena una nueva, y descubro que en 2011 rodó un anuncio de Woolite malrollero que me ha hecho mucha gracia. Y me he acordado de un tío al que conocí en mi adolescencia, al que llamábamos Woolite, no sé por qué, quizá por el pelo largo rubio casi blanco, y ahora que lo pienso se parecía un montón al Otis (Bill Moseley) de "House of 1000 corpses", y seguro que ha acabado de asesino en serie.
P.D.2. Durante la escena en la que sale por primera vez el freak desgarbado interpretado por Matthew McGrory, justo estaba mirando en IG una imagen de un conocido que se había hecho una foto con Javier Botet en la Plaza Luna, y por un momento fue bastante desconcertante. Un poco serendípico. Y de paso, me he acordado de que hace 15 años hablé en uno de mis blogs sobre McGrory, que me tuvo obsesionado una temporada. El post (así como gran parte de todo lo que he escrito jamás en distintos blogs) lo he recuperado recientemente en este mismo lugar, aquí.
P.D.3. Mientras escribía el nombre "Javier Botet", hace unos segundos, me he confundido al teclear, porque en ese mismo momento, otra serendipia, tenía la tele puesta, y estaban mencionando a Juanra Bonet, el presentador de un concurso que no he visto jamás; están echando el momento (histórico, en términos televisivos, y de altísima audiencia, sospecho) en el que ese grupo de concursantes conocidos como Los Lobos ganan casi 6,7 millones de euros en un concurso de la tele.

SUPER MARIO BROS.
[Annabel Jankel, Rocky Morton, 1993]
En un arrebato me sumergí esta semana en esta cinta bizarra que nunca había tenido el gusto de mirar, y además en un hermoso vhsrip bastante quemado. Y mirándolo de fondo, mientras barría y fregaba, de reojo, sin prestar demasiada atención, no me pareció tan mala como me imaginaba. La fama que precede al propio metraje es terriblemente disuasoria, siendo denostada por sus propios protagonistas principales, que no pintaban nada allí (Bob Hoskins, John Leguizamo, ¡Dennis Hopper!), siendo un fracaso millonario en taquilla, una astracanada impropia de un Roland Joffé que venía de hacer "La misión" o "La ciudad de la alegría", un insulto al alegre videojuego favorito de millones de niños o un producto que relegó al olvido para siempre a sus directores. La verdad es que estos no hicieron mucho más, pero tampoco venían de hacer casi nada fuera del terreno del videoclip. Y es cierto que es todo muy bobo (los niños de los 90 eran tratados como idiotas por casi todos los responsables de producciones de Hollywood), y muy diferente del videojuego; pero es precisamente esta parte la que me pareció más interesante. El colorín y el regocijo del juego de NES (para ser la historia de un secuestro nobiliario) imagino que no sería fácil de llevar a la pantalla, y mucho menos el argumento: recorrer plataformas dando cabezazos a ladrillos. Se optó por tomar unos pocos elementos del original (los hermanos Mario, fontaneros italianos; el secuestro de una princesa; villanos reptiloides con pinchos, muchos pinchos... y poco más) y armar una historia original, un background completo, que pasa por llevarnos, a través de las tuberías, a una dimensión paralela en la que los dinosaurios no se han extinguido, sino que evolucionaron en humanoides (como en la serie de Dinosaurios póstuma de Jim Henson). Las escenas en el Nueva York pre-Giuliani tienen cierta gracia, esa la crudeza de la ciudad podrida no muy distinta de la de Travis Bickle pero a la luz del día, con punkis de palo y demás gente con pintas que chocan para un film infantil (como en "Cortocircuito" o en "Cocodrilo Dundee"), y el reino subterráneo del Rey Koopa, sus koopas troopas y sus paratroopas es un lugar tan rhinestone como si lo hubiese diseñado Terry Gilliam. El argumento no solo es bobo, sino bastante incoherente, pero qué más da, ningún chaval espera que "Las Tortugas Ninja" o "Howard... un nuevo héroe" le cambien la vida, sino ver tortazos, gomaespuma, tropiezos y chistes. Lo más terrible de la adaptación es la paleta de colores, y esa oscuridad omnipresente en todo el cine de efectos especiales durante las pasadas tres o cuatro décadas. La banda sonora tiene pasajes bastante divertidos, y a lo largo de la peli yo creo que suenan absolutamente todos los soniditos del videojuego. Un tropiezo bufonesco correcto para hacer las labores del hogar un martes.

DAREDEVIL
[Mark Steven Johnson, 2003]
A continuación, ya comiendo, me puse otra película que creía que odiaba sin haberla visto. Daredevil es uno de mis personajes favoritos de siempre, y así como Netflix hizo intemporal al personaje de Frank Miller con la dignísima serie, es verdad que lo que hicieron con esta primitiva pelidesuperhéroes fue bastante pocho. Sobre todo, por el cásting. Con el tiempo, comparar el cásting de ambos productos te hace entender muchas cosas. Las escenas de Ben Affleck haciendo coreografías de vale-tudo son fascinantes de puro patético, y cuando lo retoma su doble el efecto cómico es propio de un sketch de Benny Hill. Jon Favreau se parece más a Elektra que a "Foggy" Nelson; y además es que debería haber una ley que impidiera a Favreau ponerse delante de la cámara. Jennifer Garner está todo el metraje con la boca abierta y a punto de llorar. Kingpin es Kingpin, no Marsellus Wallace. Y a ese Bullseye parece que lo han sacado de un Mortadelo. Pero la historia de Daredevil, ese cóctel de Hell's Kitchen, artes marciales, balanceos entre gárgolas, tragedia, sentidos agudizados, fervor religioso, boxeo, abogacía, flirteo, etc., es demasiado valioso y excitante para mí, como para que no tuviera cierto interés. La historia está bien contada y los guiños al lector del cómic son constantes (incluso demasiados, en la primera escena, en la que todo el rato citan nombres de personajes figurantes como Romita, Miller, Quesada, Mack...). En definitiva, es otro error cinematográfico, consecuencia de adaptar a lo loco, pero que abrió camino al MCU, que produce mucha risa involuntaria y que al menos es bonito de mirar. Podría ser peor: podría ser el "Asombroso" Spider-Man de Marc Webb...
P.D.: casualmente, hoy mismo (día siguiente de verla) mientras tenía Youtube en bucle y hacía otra cosa, me ha salido la crítica de Loulogio a esta peli, y es devastadora y muy graciosa.

PARCHÍS: EL DOCUMENTAL
[Daniel Arasanz, 2019]
Estos días se anuncia por todo lo alto el primer documental español realizado para Netflix, basado en la historia del grupo infantil Parchís. Lo miré con curiosidad y mucho morbo, porque yo creía que los mocosos de Parchís, tras ser explotados musical y sexualmente por representantes malvados durante toda su infancia, habrían acabado en el arroyo: la ficha roja, asesino en serie, la ficha amarilla en el Palmar de Troya, la ficha verde prostituyéndose en un descampado a cambio de comida... Por lo visto no fue así, y al margen de que se odiaban un poco, que tiraron sillas por la ventana de un hotel (anécdota que cuentan unas 38 veces) que el líder había yacido ya más con 12 años que yo a los 40 o que sus giras por Sudamérica fueron un descontrol, no hay demasiadas revelaciones de altura; se queda en una especie de denuncia a toro pasado de lo brutos que éramos en los ochenta y cómo no sabíamos qué hacer con los niños. El dinero desaparecido por algún agujero de Belter, la niñofilia que les rodeaba, los traumas, el jugueterrotismo, son temas que se tocan superficialmente, ya que todo está contado en primera persona por sus protagonistas, cuarenta años después. Es que ni se ahonda en El Fenómeno. Entusiasta, pero de factura un poco cutre, apenas como un programa de esos de tomar el té el sábado tarde que ponen en Telecinco, salpicado de entrevistas medio artísticas como las de Jordi Évole, a poquísimas personas (entre ellas, el gran Viruete; eso me moló). Todo el rato desfilan por la pantalla fotos desempolvadas por los protagonistas, como si no fuese un documental sino un powerpoint. Las imágenes en movimiento de archivo apenas son de las pelis del grupo ("La guerra de los niños" la vemos casi entera) o alguna aparición muy breve en la tele, pocas curiosidades o ambientación de la época, nada que transporte o explique aquella época, todo está construido a partir de unos señores contando batallas, ilustradas con imágenes de un par de pelis. Es la sensación que me dio, bastante flojo todo, con la de material gráfico que debe haber en las cloacas del Ente, o la de gente adulta de entonces que podría haber contado otras cosas. Pero de lo que menos se habla, sin duda, nada o practicamente nada, es de la música en sí, y no es que no suenen canciones, es que por no haber ni siquiera hay crestomatías que valgan.

EL NIÑO DE LA LUNA
[Agustí Villaronga, 1989]
Extraña y densa película, ligeramente basada en la novela de Crowley, sobre un niño huérfano que es adoptado por un misterioso grupo de pseudocientíficos debido a que tiene poderes telequinéticos. Los mad doctors habitan un extraño templo, que resultará ser la sede de una secta que trata de traer a la vida un engendro lunático; es un grupo liderado por un calvo en silla de ruedas y una suripanta con muy mal café (Lucía Bosé). Lo que parece el argumento de una estupenda cinta pulp llena de conspiraciones, un cruce bizarro entre la Patrulla-X con el "El Resplandor" y Harry Potter (por aquello del huérfano mago), o una fantasía de ciencia-ficción insólita en nuestra filmografía patria, es en realidad un ejercicio de estilo un tanto confuso y simbólico, con un niño viviendo aventuras y también escenas de sexo explícito, todo un poco revuelto y demasiado oscuro, aunque bastante bonito de mirar, con escenas hipnóticas y retruécanos de cámara estéticamente hermosos. Resulta que el niño se pasa casi toda la película tratando de escapar de sus chiflados adoptivos, y llegar hasta África, donde él sabe que debe nacer el auténtico Niño de la Luna... que en realidad él está convencido de que es él, que debe nacer dos veces... o algo así. Todo resulta demasiado críptico y demasiado sedante. Estrenada en Sitges en el lejano 1989, cuenta con música de Dead Can Dance, y curiosamente uno de los principales roles protagonistas lo interpreta la líder de aquella banda, Lisa Gerrard, compositora cinematográfica de prestigio, en el único papel actoral de su carrera. Una cosa peculiar, sin más.

SANTO VS LA INVASIÓN DE LOS MARCIANOS
[Alfredo B. Crevenna, 1967]
A estas alturas del tinglado cultural, resulta bastante patético reivindicar las películas de Santo, Blue Demon y compañía. Hace doscientos años, uno quedaba de enterado si decía que leía a Bukowski, escuchaba a Fugazi y apreciaba los primeros cortos de Tim Burton o el cine de luchadores mexicanos; a día de hoy todo esto está más quemado que la bragueta de Johnny Storm... pero también lo está tener un blog y contarle al abismo digital las películas que uno ve, así que... ¡Si ahora lo que se lleva es ver estoris de las grandes figuras del trap! (O seguramente, ya no). Pero la realidad es que a mí me sigue pareciendo un plan perfecto para una tarde-noche libre, regresar de vez en cuando a este tipo de películas tan entusiastas, tan honestas, tan torpemente trepidantes y repletas de ideas formidables, llevadas a cabo con artesanía y mimo. El universo de Santo no es precisamente el de Marvel; y medio siglo después, el cine de superhéroes es a esto, lo que una canción de Die Antwoord a una de Jorge Negrete. Pero el cine de género mexicano es un lugar maravilloso al que de vez en cuando me apetece volver. Y he comprobado que mi pasión es genuina, que se puede disfrutar de una aventurita del gran ídolo de la lucha una y otra vez, en la intimidad, no solo como un gesto completamente desprovisto de frivolidad y postureo, ni como un placer culpable, sino como un ejercicio de legítimo regocijo. Es lo que tiene el pulp, que te transporta a una zona de confort hermosa, irrepetible, exclusiva y que se resiste a crecer.
Hay películas de Santo malas, muy malas. También las hay extraordinarias, auténticas geodas y juguetes atemporales, que estoy seguro de que pueden seguir manteniendo atados al tablet a los niños del siglo XXI. Esta de los marcianos es probablemente la más famosa, por su argumento estratosférico, y un buen comienzo para otear en este rincón de la serie b, y está llena de detalles desopilantes. Es la gran respuesta del humilde pueblo charro al cine de invasiones extraterrestres yanqui. Practicamente es una réplica a "Ultimátum a la Tierra" (Robert Wise, 1951), pero con guacamole y rancheras. Que por qué carajo tienen que ir siempre a atacar la Casa Blanca y ser enfrentados por el Presidente de los Estados Unidos y su ejército, su servicio secreto, sus ninjas o sus superhombres fascistas. En esta ocasión, los marcianos se dan cuenta de que la ciudad de México es el lugar ideal para comenzar a aniquilar el planeta Tierra, y sus gentes los más importantes de someter primeramente, en caso de que no cejemos en el desarrollo nuclear y de matarnos unos a otros. Los marcianos no son verdes, terroríficos y con antenas, sino que adoptan  el aspecto de unos seductores adanes y jamonas (impresionante, como siempre, Maura Monti), para engañar a sus víctimas con flirteos y control mental. La conquista de la Tierra está chupada, hasta que se topan con el hombre más inteligente sobre su faz, el Profesor Ordorica (Manuel Zozaya), y sobre todo con el ídolo de masas Santo el Enmascarado de Plata, que es mucho más fuerte y sagaz que cualquiera de los apolíneos marcianos. Los efectos (poco) especiales, la nave de cartón piedra, las marcianas sexis y el argumento intergaláctico son, como siempre, nada más que el hilo conductor para dar paso a los tres o cuatro números musicales (incluidos un par de números de swing-jazz, una actuación rockera del Quinteto Maravilla y a las marcianas bailando un calypso) y a las diversas y eternas escenas de lucha libre, que volvían loco al público autóctono, y que son los ratos en que los aficionados foráneos aprovechamos para ir a hacer pis o a hacernos un sándwich. Por supuesto, los alienígenas (Wolf Ruvinskis, el Nazi o Beny Galán entre ellos) caerán derrotados en el ring, y para ello serán completamente necesarias patadas voladoras, tapatías, quebradoras y martinetes para evitar la destrucción de nuestro planeta.


4ª PARTE