sábado, 19 de enero de 2019

Vengadores Costa Oeste


Me paso el día y la noche leyendo tebeos, me gasto bastante dinero en tebeos últimamente, y hace tiempo que no escribo sobre tebeos. Así que voy a celebrar aquí la aparición de esta nueva colección de grapa, antes de que pestañeemos y desaparezca o se haya transformado en otra cosa completamente diferente después de siete números 1 y cinco spin-offs. Solo he leído los dos primeros números, ya que solo compro ahora mismo tebeos en español, y solo de grapa, con muy contadas excepciones. Soy fiel a la vieja escuela Forum, y no sé por qué, no me gustan los tomos, no me interesan. No es algo discutible; sé que es absurdo, pero compro casi todas las grapas de Marvel y casi ningún tomo nunca, de ningún tipo. Muy pocos. Y me hace mucha ilusión empezar una nueva serie desde el principio y verla crecer, asistir en directo al serial. En este caso, curiosamente parece que va a ser publicada aquí de forma bimensual, en grapas de dos números cada una. La historia está bien, es muy fresca, me gusta mucho cómo escribe los diálogos Kelly Thompson en boca de los personajes más jóvenes, me gusta mucho el plantel elegido, y en esta serie han hecho confluir a varios personajes nacidos en tiempos recientes, a quienes venía siguiendo desde el principio, lo cual es bonito. El dibujo de Stefano Caselli es impresionante, y la paleta de colores, con tanto rosita y violeta bajo el sol californiano, le da a todo un tono fascinante. Siempre que empiezo una nueva colección de un grupo nuevo de superhéroes, sobre todo si es tan desenfadada como ésta, me siento reconfortado y alegre, como cuando era niño y empezaba algo que nunca sabías cuándo iba a terminar. Por desgracia, sabemos que la industria del cómic americano actual está al servicio de la reedición en tomo y del capricho de los hacedores de películas, y que esto en cualquier momento da un volantazo. Es triste lamentarse cuando algo acaba de empezar... Pero bueno, mientras dure, bienvenido sea. No daba nada por los Campeones, y ahí siguen, y me siguen gustando pese a los cambios.


Pero como decía, no venía a hablar exactamente de los West Coast Avengers, sino del camino que nos ha traído hasta aquí. El título de la serie es importante, un guiño para el lector de Marvel de cierta edad, ya que la franquicia de los Vengadores en la Costa Oeste nació en 1984, como una escisión de algunos de los héroes más rebeldes de los Avengers clásicos afincados en Manhattan. La Visión y sus arrebatos (además de su novia Bruja Escarlata, hija del malísimo Magneto), la salvaje Tigra, el ex ladrón Ojo de Halcón, la ex villana Pájaro Burlón o el falso Iron Man James Rhodes, junto al actor macarra Wonder Man que estaba mucho más a gusto cerca de Hollywood, fundan este grupo bizarro, colorista y anti-clásico de héroes, en el estado de las playas y el surf, hartos del estricto liderazgo del Capitán América y Tony Stark (no es exactamente así; es más bien cómo funciona resumido en mi cabeza), porque también al otro lado de América había malosos y amenazas intergalácticas. Un equipo difícil de relacionar con la Marvel clásica e icónica, pero en el fondo con muchísima enjundia y carisma. Y que dejaba a los autores profundizar y experimentar con estos personajes menos endiosados en el imaginario colectivo. De hecho, con el paso del tiempo (sobre todo tras la llegada de John Byrne en 1989), se fueron convirtiendo en un cómic humorístico y completamente desenfadado, hasta el punto de dar lugar a los Vengadores de los Grandes Lagos, un auténtico disparate en la línea de esos tebeos de superhéroes bobalicones y bufos que lleva de Howard el Pato o la Chica Ardilla al universo idiota de Masacre. El experimento duró 124 números, creo, entre la miniserie original, la serie abierta (con dos etapas diferenciadas: West Coast Avengers y Avengers West Coast) y 18 annuals. Honestamente, no he leído demasiado de aquello, apenas cayeron en mis manos por aquella época el álbum original de la colección Extra Superhéroes y unos pocos retapados de los Nuevos Vengadores (que es como se llamaron siempre por aquí) de la etapa Byrne.


Pero Ojo de Halcón siempre fue un personaje que me encantaba, mi Vengador favorito, o más bien el único que me ha gustado de verdad. Siempre he sido lector mucho más fiel del universo mutante, de Spiderman, de Daredevil y de grupos minoritarios. Los grandes titanes de Marvel, los protagonistas de las películas, la verdad es que más bien me la traen floja más allá de las sagas más conocidas. De él sí que he leído casi todo. Los Thunderbolts de Busiek y Bagley me fliparon muchísimo, y allí Clint Barton tuvo un papel importante tras el derrocamiento del Barón Zemo. En la serie Marvel's Agents of S.H.I.E.L.D., que para mí también es un hito importante del trasbase del MU del papel al audiovisual, apenas sobrevolaba como concepto de vez en cuando, como ex-novio de la poderosa Bobbi Morse, que sí que se convirtió en uno de los personajes centrales. También se ha paseado de vez en cuando por las series de Lobezno o Spider-Man, que son las que leo desde niño sin pausa. Pero cuando ha cobrado verdadera fuerza ha sido en los últimos años, con esa labor de Marvel de darle background y remozar a todos los héroes que la mayoría del público está descubriendo a través del cine. En el caso de Hawkeye, se le ha puesto en el ojo del huracán y entre lo más cool del cómic americano en varios proyectos recientes: en la mediocre y ya casi olvidada Civil War II (2016), Barton fue el encargado de meterle una flecha entre las cejas al mismísimo Bruce Banner. Entonces, se le puso al frente de una especie de Nuevos Vengadores raros y oscuros, en la serie Occupy Avengers (Los Vengadores Perroflautas), que duró un suspiro. Fue el coprotagonista de Old Man Logan, uno de los eventos más importantes y más guays de la Marvel reciente, y ahora mismo se está publicando Old Man Hawkeye, con él ya de prota total. Pero es que desde hace ya media década Ojo es el protagonista de su propia serie, escrita inicialmente por Matt Fraction y David Aja a partir de 2012, de la que se han publicado más de 40 números, por supuesto de una manera guadianesca y confusa, con esa manía de ponerlo patas arriba todo cada pocas entregas. En realidad, ya había habido otras tres miniseries de Ojo de Halcón en el pasado (en 1983, 1994 y 2003), pero ni me acordaba de aquello. El lavado de cara definitivo, la verdadera joya protagonizada por Clint Barton y que todo fan de Marvel debería leer, llegó de la mano de Fraction y Aja.


En España, las sucesivas series limitadas contemporáneas se han publicado con mucho más orden que en USA, en esos tomos 100% Marvel que tan poco me gustan, numerados, con sus annuals en su lugar, información adicional, etc. Fraction y Aja se inventaron la vida de Clint Barton cuando no estaba salvando los EE.UU. de invasiones marcianas o matando a Hulk de un flechazo: en el corazón de Nueva York, es bastante aficionado al alcohol, habita un apartamento bastante cochambroso, y le encanta pasar las horas con sus vecinos haciendo barbacoas en la azotea. Pero el edificio en el que vive, es objetivo de una banda de mafiosos con chándal que se dedican a echar a los pobres y ancianos para especular con las manzanas y gentrificar el casco viejo de la ciudad. Así, el tiempo libre de Barton es como una peli de Tarantino o un episodio de Los Soprano, lleno de chistes malos y tardes de sofá. Narrado por Fraction y el español David Aja de una manera soberbia y experimental que se llevó montañas de premios.


Esta pequeña obra maestra contemporánea, además, supuso el encuentro definitivo y maravilloso entre Clint Barton Ojo de Halcón y Kate Bishop Ojo de Halcón. Porque resulta que durante una breve etapa anterior de los Vengadores clásicos, el Ojo de Halcón original se había transformado en un villano llamado Ronin, ocasión perfecta para que en Marvel se sacaran de la manga la versión millennial feminista del personaje. Mientras que en el MCU Nick Fury o Ben Urich de pronto eran negros, o los Cuatro Fantásticos eran una puta mierda, jodiendo toda la continuidad de los cómics, en el papel esta adaptación a lo políticamente correcto de casi todos los personajes se hizo con mucho más estilo y sentido. Poco a poco, en el siglo XXI nos hemos acostumbrado a normalizar que tengamos una Lobezna, una Thor, una Capitana Marvel a la que se está dotando de tanta enjundia como a Wonder Woman, un Hulk vegano, cool y oriental, un Spiderman afroamericano, una Ms. Marvel musulmana, jóvenes feministas empoderadas que protagonizan las únicas series regulares Marvel con números altos, a pesar de las ventas mediocres, destinadas para un público muy concreto (Unbeatable Squirrel GirlPatsy Walker: Hellcat o la citada Ms. Marvel), ¡una Chapulina Colorada! (por cierto, yo mismo cabreé un poco a su creador, Humberto Ramos, al ponerle al corriente por Twitter de la traducción literal que habían hecho en Panini, y mi inocente twit hizo rectificar al propio editor Marvel, que lo contó en un tebeo de Campeones; ¡yo fui éditor Marvel por un día, sin querer!), una Deadpool rosa o una especie de Capitana América chicana (ahora volveré con estas dos últimas), entre muchos otros personajes progres por todas partes, también en otras editoriales. Igual que ha sucedido en el cine, en la televisión, en la política y en la vida misma, el mundo del cómic ha sufrido una adaptación a los nuevos tiempos que ha derivado en fenómenos como el Comicsgate, lectores ofendiditos, respuesta airada en forma de tebeos überfachas, etc. Por si a alguien le importase mi opinión (en realidad, no creo que nadie nunca lea esto), yo llevo más de 30 años leyendo tebeos de Marvel y todo esto me parece maravilloso, muy positivo, significativo, y sobre todo, que se ha hecho de forma impecable y que esas historias que están narrando los guionistos, las guionistas y les guionistes, tienen un nivel altísimo. Lo que sí me jode de verdad es cuando en el cine se cargan la continuidad sin ningún motivo. Nick Fury y Johnny Storm son blancos, me cago en Dios. A tope con la peli de "Spider-Man homecoming" o el videojuego "Spider-Man" de PS4 y sus argumentos y personajes invent; a tope con el empoderamiento de Capitana Marvel o la Chica Ardilla; a tope con la Hulka o la Gata Infernal con curvas; a tope con Jessica Jones, mi serie favorita del Netflix Marvel Universe; a topísimo con Miles Morales, Amadeus Cho, Kamala Khan, Viv Vision y Iron Heart (soy fan ciego de los Campeones aún sin Mark Waid ni Ramos); a tope con Kitty Pryde y Jean Grey liderando y comiéndose a todos los personajes masculinos en X-Men; a tope con la peli de Pantera Negra (bueno, esta no la he visto)... pero hay cosas que hasta a mí me dan rabia.


Y a tope con Kate Bishop, por supuesto. La Ojo de Halcón millennial, torpona, preocupada por su dieta, que no sé ni si tiene tetas, arruinada e investigando crímenes vulgares en Santa Monica, es un personaje absolutamente increible. Y también me he leído casi todos los tebeos en los que aparece, que forman parte de este tortuoso camino hasta llegar a los West Coast Avengers que han salido este mes, que es de lo que venía a hablar en realidad. Su primera aparición fue en el número 1 de Young Avengers (2005), uno de los primeros experimentos Marvel dentro de esta (como diría un facha conspiranoico) "agenda progre-Illuminati disfrazada de cultura pop que pretende lavarnos el cerebro a todos y convertirnos en hermafroditas sometidos bajo el yugo de la dictadura feminazi de lo políticamente correcto": un grupo de chavales, formados por una especie de Capitán América nigger (Patriot), un Hulk soplanucas (Hulkling), un brujo escarlata muerdealmohadas (Wiccan), una Capitana América chicana (America), y esta Oja de Halcona, entre otros. Nacidos tras la primera y maravillosa Civil War, la serie tuvo tres etapas largas (entre otras miniseries, especiales, spinoffs y toda la pesca capitalista e insufrible de siempre): las dos primeras, escritas por Allan Heinberg y dibujadas por Jim Cheung (2005-2008), son una obra maestra absoluta, que seguí con fervor y que es altamente recomendable. La tercera (2013-2014) se la encargaron a un equipo creativo indie, Kieron Gillen / Jamie McKelvie, responsables de The Wicked + The Divine para Image, que por lo visto gustó mucho a la juventud pero yo la dejé a medias porque no me interesaba nada. Es en estos tebeos donde se desarrollaron más los personajes de Kate Bishop y America, BFFs desde entonces.


El siguiente personaje raruno que han incorporado a la alineación de West Coast Avengers, es Kid Omega, un joven mutante nivel Omega (es decir, con una capacidad destructiva realmente, pero realmente tocha) de mal carácter y muy rebelde. Empezó a salir en algún momento de la etapa de Grant Morrison y Frank Quitely en X-Men, que es precisamente cuando yo dejé de comprarlo en grapa después de décadas, no sé muy bien por qué. Pronto se convirtió en personaje fijo en la serie Wolverine & The X-Men (2011-2014), la versión para los dosmildieces de la Academia Xavier, es decir, la continuación natural de los Nuevos Mutantes / X-Force / Generación-X. Los jabatos, los benjamines, la cantera, la Masía que algún día llegará a liderar la Patrulla-X si tienen el carisma suficiente. Quire es un gamberro, se escaquea de las clases, y amenaza con destruir el mundo con tal de chinchar a Lobezno, pero acabaron haciendo una buena pareja y de hecho Quire siempre acaba haciendo el bien pese a las tentaciones del Club Fuego Infernal. También pasó por la serie nueva de Generación-X, pero era una mierda y no duró nada, así que debido a su potencial ahora se le han llevado a la Costa Oeste, aunque ya digo que tiemblo solo de pensar en su futuro.


Y por último, el otro gran fichaje progre de West Coast Avengers, y que ha hecho que se convierta en mi serie favorita del momento pese a que acaba de empezar, es Gwenpool. Otro personaje moderno, surgido de un lavado de cara millennial, pero que si nos olvidamos del trazo grueso y la aparente normalización desvirtuada, descubriremos que los prejuicios hacia el personaje son una imbecilidad, que Gwenpool mola infinitamente más que Deadpool y que tenemos una joya en bruto que ojalá dure para siempre. El origen de este personaje de breve trayectoria es uno de los más curiosos de la historia de Marvel. El puto pesado de Deadpool, del que ya hablé (mal) hace poco en una reseñita de su segunda peli, tiene siempre una serie regular o dos y docenas de miniseries en los anaqueles, y una cualquiera de ellas se llamaba Deadpool's Secret Secret Wars (2015), una vueltita de tuerca jacarandosa de esas suyas al hilo del mega-acontecimiento Marvel de 2017, en la que visitaba y se ciscaba en las Secret Wars originales de los 80. A lo largo del siglo XXI, otra cosa a la que nos hemos acostumbrado, igual que a los cambios de sexo o de raza, y exactamente por los mismos motivos (es el mercado, amigo), es a que en USA un mismo tebeo salga con distintas portadas; a veces dos o tres versiones diferentes, y a veces 52 u 800, dependiendo del milestone al que nos enfrentemos. Para el número 2 de Deadpool's Secret Secret Wars, le encargaron una commission a Chris Bachalo, uno de mis dibujantes favoritos de siempre, y como ese mes se encargaban muchas portadas alternativas dedicadas a promocionar a SpiderGwen (una versión de Spider-Man de un universo alternativo en la que la araña le había mordido a Gwen Stacy; más imaginativa progresía), a Bachalo se le ocurrió dibujar cómo sería Masacre si bajo la máscara estuviese Gwen Stacy, una loca del coño mercenaria asesina vestida de rosita, tranquilamente tomando un algo en una piscina.


La portada rosita se viralizó entre el fandom y gustó muchísimo, tanto que muchos fans pedían merchandising a Marvel, o se disfrazaban con cosplays del personaje en las convenciones, imágenes que también se viralizaban. Así que Marvel tuvo la idea de convertir en personaje a la tía de esa ilustración. Primero apareció en algún annual, creo, o en algún número de alguna serie moderna de Howard el Pato, es decir, surgió medio de tapadillo. Pero al final le dieron colección abierta, escrita por Christopher Hastings y dibujada por Guri Hiru (alias de dos artistas japonesas de dulce estilo amerimanga), y contra todo pronóstico llegó hasta los 25 números, cosa insólita en la actual Marvel. Un día decidí darle una oportunidad, y resulta que me encantó. Me temía que aquello iba a ser una versión aún más cretina de Masacre, como un tebeo de Pafman sin gracia, pero para nada: lo que más claro tenía el autor, era que había que huir de eso. De hecho, Gwenpool no tiene nada que ver con Deadpool, ni tampoco con Gwen Stacy (más allá de su diseño conceptual, que eso ya no tiene remedio), sino que es una chica que se llama Gwen Poole, que llegó de un mundo real en el que el Universo Marvel solo son tebeos y pelis (aún no se ha explicado exactamente cómo), y que para evitar convertirse en un extra cualquiera en un rincón de una viñeta se fue corriendo a una tienda de ropa para superhéroes, para que le hicieran un disfraz que la convirtiese en un personaje con profundidad. Así que lo del traje, las katanas y el nick, fueron solo producto de una confusión de la tendera. Me parece una manera muy simpática de romper con el referente más obvio y empezar de cero con un personaje completamente nuevo, cuyo único "superpoder" es que se sabe todos los secretos de los villanos porque se ha leído los tebeos y visto las pelis, y que poco a poco se entrenará para saber usar todas esas armas de fuego y espadas que tiene. El tebeo juega continuamente con el metalenguaje, pero de una manera inteligente y sofisticada. Tiene mucho más de "El último gran héroe" que de "Masacre mata el Universo Marvel", y aquellos 25 números fueron una simpática labor de rescate de personajes olvidados, y eso a mí me gusta mucho. Gwen se convierte en mercenaria y heroína sin querer, utilizando esas habilidades mundanas, y es reclutada por M.O.D.O.K., entrenada por Batroc (siempre me ha encantado Batroc) y desface una serie de entuertos antes de incorporarse a los West Coast Avengers de manera natural, porque la Hawkeye Kate Bishop también aparecía por la colección de Gwenpool.


La confluencia de Ojo de Halcón / Oja de Halcón / America / Gwenpool tiene por lo tanto mucho sentido, se ha ido realizando a lo largo de un lustro de una forma muy guay (con Kelly Thompson como voz principal), yo lo había leído todo y es por esto que la llegada de Vengadores Costa Oeste me ha hecho bastante ilusión y la añadí enseguida a mis compras regulares. Lo de Quentin Quire es un poco más forzado, se produce por casualidad, y se lía con Gwen Poole en el primer número (lo que sí encaja perfectamente). El otro tío que sale en la moto en la portada del nº 1, es el novio de Kate, y adopta el nombre de Fuse. Otro miembro del grupo por derecho es "Lucky", el perrito amante de la pizza de Kate, que en realidad era de Clint, que se lo robó a los mafiosos del edificio de Nueva York (los mafiosos en chándal le llamaban precisamente "Flecha"... pero Clint le puso el primer cualquier otro nombre que le vino a la cabeza). Por allí aparece B.R.O.D.O.K., una versión humanizada, surfera y megaloencefálico de M.O.D.O.K., que en la serie de Gwenpool había sido mandado al espacio. Y también sale Tigra, como guiño a los Nuevos Vengadores de los ochenta, pero aquí convertida en una gigantesca y peligrosa mujer de 50 pies que ataca Los Angeles desde el mar. Y seguramente se unan nuevos miembros en breve, aunque huyo de spoilers de la edición USA. A ver qué tal avanza todo esto, que solo acaba de empezar, y cuándo nos lo matan.

1 comentario:

  1. Quieres ir de tolerante y reivindicativo y no eres más que un Homófobo y un faltón que quieres ir de gracioso. Lo que tienes que hacer es aprender a redactar y dejar de escribir todas las tonterías comprimidas que se pasan por la cabeza.

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