viernes, 7 de diciembre de 2018

"Bienvenidos al bizarro" (Orciny Press, 2017)


Ya he glosado por estas páginas virtuales las dos primeras novelas de Orciny Press que tuve el placer de leer. Concretamente, de su colección Midian, que ávidamente está traduciendo a algunos de los primeras espadas de bizarro, ese género de difícil e inestable definición, que a mí me tiene aún bastante interesado. Aunque después de leer esta antología, empiezo a dudar de la capacidad de asombrarme y deleitarme de estos posmo-escritores norteamericanos. Tenía muchas ganas de leerla y tardé más de un año y medio, y me la llevé de una de mis librerías de cabecera, sin desembolso directo, aprovechando que fui a hacer cuentas de mis otros libros; en plan trueque, que andaba (como siempre) sin un chavo. La antología reúne 11 relatos breves de 11 de estos escritores y escritoras que andan tratando de revolucionar, o al menos desconcertar, la literatura de género desde Eraserhead Press, Afterbirth Books o Raw Dog Screaming Press. Y de algunos de estos relatos, en mi opinión, su mejor acierto es su brevedad... Es indudable que son cuentos que no dejan indiferente, ya que parten de premisas rimbombantes, estrafalarias e imposibles, narradas con una naturalidad pasmosa, y en realidad riman perfectamente con lo más repulsivo de la sociedad moderna. Quizá precisamente por eso, algunos cuentos resultan especialmente repulsivos y peripatéticos: porque parecen sacados de las noticias, y dan demasiado mal rollo. Otro elemento que parece empezar a explicar el género, es el sexo; o mejor dicho, el post-sexo. La nueva carne, el porno raro, las orgías sin causa, las bailarinas de strip-tease que se quitan demasiadas cosas de encima, la modificación y escarificación extremas, la venta de dildos a domicilio o las post-enfermedades de post-transmisión post-sexual de post-fantasía, colman demasiadas de estas historias de demasiado grumo y fluidos, que tampoco es lo que más apetece leer todo el rato. Por ejemplo, uno de los cuentos básicamente narra cómo un tipo se masturba y eyacula una especie de albañiles diminutos que alicatan su cuerpo completo, sin moraleja ni retruécano alguno; y otro se centra en los concursos de belleza protagonizados por fetos endiosados y retocados mediante técnicas futuristas; que acaso puede tener algo más de crítica social y sátira, pero que no deja de ser una lectura que no produce otra sensación que el desagrado per se. El bizarro es mucho más que esto, es un caleidoscopio poliédrico y lleno de posibilidades, como explica muy bien en la introducción, "Claves del género e invocación a la resistencia", Hugo Camacho, responsable máximo y de paso también traductor de Orciny (de lo mejor del libro). Pero al menos esta selección en concreto, que pese a todo sigo valorando y atesoraré con fruición a medida que aumente mi bizarroteca, me ha decepcionado parcialmente.

Porque sí salvo lo que más disfruté de la exhibición de atrocidades. Entre lo que mejor recuerdo (lo leí hace tiempo; estoy en pleno blitzkrieg de entradas a matacaballo, a costa del fin del año), el relato de Tamara Romero (española que forma parte de este mismo circuito de editoriales citadas, y de la que ya había leído alguna cosa muy chula, y lo conté en una entrada en la que soñaba con que alguien me tradujese todo este nuevo universo, y ya lo ha hecho Hugo), que se sale de la norma y trata sobre la moda de utilizar gigantes y gigantas en forma de islotes como reclamos turísticos visitables. El cuento de Carlton Mellick III es portentoso, aunque es de los que más sexualidad bizarra destilan, al mostrar una sociedad en las que las enfermedades venéreas se han convertido en una especie de añadidos mutagénicos, muy deseados por una subcultura de swingers a los que les encanta coleccionarlas. Absurdo y repulsivo, pero fenomenalmente escrito, divertido y con un final hermoso. El cuento no solo me remitía continuamente a algunos de los últimos libros de Palahniuk (uno de los proto-bizarros más citados) de post-porno desatado, como "Snuff" o "Eres hermosa", sino también a los tebeos de la Patrulla-X de Claremont... También el cuento de Garrett Cook, "Señor Felpa, detective", tenía bastante gracia, o "Pastel de terciopelo azul" de Laura Lee Bahr me gustaron bastante, por salirse del  Son las historias que mejor recuerdo y que más me gustaron, al salirse del citado mal gusto empalagoso. Sigo entusiasmado con todo esto pese a que otros de los textos me parecieron una fantochada, y el tomo, además de una introducción imprescindible para todo curioso, tiene algunas perlas, valiosa información sobre este rincón post-literario, e innegable valentía y cachondeo.

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