Huwebes, Agosto 25, 2016

Don't trust the b---- in apartment 23 (2012-2013)


El domingo pasado, desayunando cereales de colores en un sitio horrible, me habló un colega de esta serie, un producto enterrado en la maraña del Netflix del que nunca había oído hablar. Me contó por encima el argumento, que le estaba gustando, el tono, que tenía muchos cameos de sitcoms porque salía Dawson Crece haciendo de sí mismo, no sé qué... yo desconecté en el instante en que me dijo que la protagonizaba Krysten Ritter, nada menos que Jessica Jones (y la yonqui novia de Jesse Pinkman). Era todo lo que necesitaba. Esa tarde me vi tropecientos episodios, y en estos días siguientes, aunque practicamente no he pasado por casa, me las he apañado para zampármela entera. Son 26 episodios (7 + 19 en dos temporadas; curiosamente algunos de la segunda están desordenados, y se cruzan elementos de tramas anteriores y es un poco extraño), en formato sitcom clásica de 20 minutos. El argumento es un poco manido. Una rubia botarate del Medio Oeste (Dreama Walker) llega a Nueva York a buscarse la vida, y acaba naufragando y viéndose obligada a sobrevivir en medio de los horrores de la Gran Ciudad. La gracia, todo el interés, radica en que de rebote se va a compartir piso con Chloe (la Ritter) una auténtica zorra, party girl y bon vivant devoradora de farra y de energía ajena. Como Charlie Sheen y Barney Stinson encerrados juntos en el cuerpazo de una neoyorkina parasitaria y estafadora, que desayuna cócteles y destruye y vampiriza todo lo que le rodea. El argumento se parece bastante al de 2 broke girls, pero con todos los elementos exagerados y llevados un paso más allá... y con muchísima más clase. La serie es bastante entretenida, con un ritmo endiablado y diálogos fantásticos, con mucho guiño al espectador por aquello del co-protagonismo de Dawson Crece (efectivamente, hay bastantes cameos, del tío de Smallville o el tío de Salvados por la campana, aunque a mí a quien más ilusión me hizo ver fue a la maravillosa Busy Phillips) y momentos realmente brillantes: el episodio de Halloween, el de los cuartos de baño, el de Mira quién baila, el playbook de Chloe y las continuas trampas que le pone a la vida... Pero también tiene bastantes asuntos mediocres o farragosos. La vecina stalker asiática y el vecino stalker pervertido no me gustaron nada y no aportan nada al conjunto; la continua promoción del estilo de vida fresco y salvaje del neoyorkino contemporáneo de los cojones lo hemos visto miles de veces, y se recrean bastante en lugar de parodiarlo; la protagonista, la rubita paleta, es un poco exasperante y no consigue tampoco captar mi interés casi en ningún momento; y en general creo que es una serie para chicas y para el público de Modern family, y no me reí de verdad salvo en unos pocos momentos. Pero es que Chloe lo eclipsa todo, resta importancia a todo, y hace que todo dé lo mismo, lo bueno y lo malo, porque la gracia está en mirar a Chloe, sus ocurrencias, sus disparates, sus frases, su caída de ojos, sus movimientos, y disfruté cada momento con pasión científica. La relación con Dawson Crece sí que funciona, y no hay que restarle méritos, esta parte también es magnífica. Y el asistente de Dawson Crece, Luther, es absolutamente maravilloso, aunque solo se trate de un cliché intercambiable: aquí es absolutamente necesario. La serie está bien, sin más, pero permite contemplar a Krysten Ritter en un papel inolvidable y mirarla una y otra vez desde la ventana de enfrente y merece la pena cada minuto.

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