Sabado, Agosto 15, 2015

Robo-Hunter: Metrobolis (2000AD progs 904-911; 1994)

El siguiente episodio de Robo-Hunter corre a cargo, de nuevo, de Peter Hogan y Rian Hughes. Esta vez, es una historieta de 48 páginas (todo un álbum), en la que desarrollan más extensamente sus ideas, y en la que Hughes entra muchísimo más en detalle y cuida mucho más los fondos y las escenas de multitudes (tal y como ya me temía, porque conocía su trabajo en Tales from Beyond Science, otra serie contemporánea de 2000ad, y el dibujo era mucho más interesante que en la anterior aventura). Sigue siendo un trazo demasiado limpio e infantil, pero es otra cosa. Y la historia, siendo demasiado naïf también, encaja mejor con el tono de Wagner y Grant. Todo gira en torno a un robot obrero, One Ton Silver, que después de un accidente laboral se da cuenta de que es un esclavo de los humanos, y decide organizar una rebelión robótica en Manhattan, para el 4 de julio (día de la Independencia americana). De hecho, el plan consiste en aturdir a todos los humanos, envenenando el agua con unos nanobots que convierten en zombie a todo el que la consume, y aprovechar la ausencia de personas para, literalmente, llevarse la isla de Manhattan hacia el Caribe y desde allí continuar con la invasión robot. Con guiños a "Viaje alucinante" (en las escenas de los nanobots dentro del cuerpo de Slade) o a "La rebelión de las máquinas" (cuando todos los cacharros domésticos atacan a sus dueños), una enorme dosis de humor autorreferencial (incluso hilan el desenlace de ésta con la anterior historieta de este equipo creativo, "Winnegan's fake"), y un ritmo ágil y entretenido, "MetROBOlis" es una historieta muy digna de Robo-Hunter (...aunque no termino de quitarme de la cabeza las pacatas aventuras de fantasía de Robín el Robot...). Además, olvidé decir que en la anterior entrega de Hogan y Hughes, "Winnegan's fake", el rotulado de los bocadillos lo hacía el propio dibujante, con un estilo espantoso e ilegible, y aquí han contado con uno de los profesionales habituales. Uno no piensa en estas cosas, ni valora el trabajo de los rotulistas, hasta que se topa con catástrofes como aquella...

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