sábado, 15 de agosto de 2015

Robo-Hunter: Ace of Slades (2000AD progs 813-816; 1992)

En su origen, en todas las historietas de Robo Hunter de los 70s y 80s, el Sam Slade de Alan Grant, John Wagner y Ian Gibson era una chisporroteante mezcla de novela barata de detectives y cachondeo futurista. Sam Slade resolvía casos que involucraban a robots chalados, a base de mandíbula, paciencia, la justa dosis de ingenio y una pequeña ayuda de sus amigos (los sidekicks de broma que acompañaban a todos los personajes clásicos de 2000ad, en este caso su cigarro Stogie, su pistola Cutie o su robot ayudante Hoagy). Por alguna razón, cuando Mark Millar decidió resucitar al personaje (sin ninguna aparición en la revista 2000ad entre 1984 y 1990), desactivó aquellos elementos clásicos, y de hecho decidió convertirle en un tipo sin personalidad que ni siquiera protagonizaba sus historias, sino que estaba por allí de paso. Actualmente, Mark Millar es uno de los guionistas más respetados del cómic norteamericano, por su millonario Kick-Ass y su trabajo en la revolucionaria Civil War, la gran saga contemporizadora de Marvel de hace unos años. Ninguno de ambos trabajos me gustan demasiado, y Millar siempre me ha parecido un escritor de cómics sobrevalorado. No he leído suficientes de sus historias en 2000ad para saber dónde quisieron ver su revolucionario talento los que le encumbraron en USA, pero sí puedo decir que lo que hizo el escocés en los noventa con Robo Hunter, uno de mis personajes favoritos del tebeo de todos los tiempos, no tiene nombre. Es definitivamente mediocre y carente de alma. No lo digo yo solo, tan solo me uno al clamor de lo que decían los férreos aficionados en los numerosos blogs de la revista. Incluso el propio John Wagner pidió que dejasen de publicar a Robo Hunter tras ver el poco cariñoso y absurdo trabajo de Millar, y Alan Grant llegó a decir lo siguiente: “My objection arose when I saw the abomination produced. It was early in Mark’s career, so I guess he should get the benefit of the doubt – but that doesn’t stop it being a pile of crap” (declaraciones recogidas en el libro "Thrill-power overload. Thirty years of 2000AD"). Definitivamente, muchos fans de 2000ad están encantados con el triunfo de Millar en EEUU... pero por el bien de sus queridos personajes.

Ah, sí, continuando con la cronología de historietas, llegamos a "Ace of Slades", una historia en la que, de nuevo, los robots, los casos a resolver, el humor y la inigualable personalidad de Sam Slade: Robo Hunter, brillan por su ausencia: Slade regresa de Verdus a su nuevo apartamento de Nueva York, que esta vez está situado en el moflete izquierdo del edificio Andy Warhol. Allí se encuentra con una especie de parodia de Uatu, el Vigilante de Marvel (es decir, un tipo calvo con túnicas que puede ver lo que sucede en todas partes y todas las dimensiones, y que solo actúa para alertar en caso de que haya que evitar una catástrofe trascendental), llamado el Voyeur, que se ha desplazado hasta allí junto con 5 versiones de Sam Slade de universos alternativos. Entre ellos, Saddam Slade, un integrista islámico (ja), o Samantha Slade, la versión femenina del protagonista, que curiosamente hace aquí su primera aparición (será asesinada en la antepenúltima página, como los otros Slades interdimensionales) y que años más tarde, cuando retomen al personaje Wagner, Grant y Gibson, será la protagonista total (qué ganas tengo de llegar a ese momento; pero aún faltan 5 historietas cortas). Todo es debido a que un sexto Sam Slade alternativo, un androide salvaje (no apunté el nombre, pero algo así como Sssaam Slayyyd), va a aparecer en cualquier momento para destruir el Universo. El Slade el original, después de mucho ruido y mucha violencia, lo resuelve en la última página de forma simplona. Una historieta de 25 páginas, de nuevo, olvidable, sosa y a años luz del personaje que conocíamos, y esta vez dibujada por Anthony Williams (otro que pronto daría el salto a Marvel y DC), caricaturesco y correcto, que encaja bien con el estilo del personaje, a medio camino entre Ian Gibson y Carlos Ezquerra.

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