Huwebes, Hulyo 30, 2015

John Zorn - "The Song Project live at Le Poisson Rouge" (2015) / Erik Friedlander - Nighthawks (2014) / Klezmerson - Book of angels, vol. 24: Amon (2015)

El eterno adolescente John Zorn cumplió 60 hace dos años, y cada vez parece más joven... Inquieto, con el espíritu punk y rebelde intacto desde sus primeros años en Naked City o God Is My Copilot, este gurú de la música judía y elefante del jazz mundial no se toma ningún descanso. En lo que va de año, si no se me escapa algo, ha publicado al menos 12 discos a su nombre. Entre ellos, "Pellucidar", el delicado regreso de The Dreamers tras su extraño disco navideño de 2011 (reseñado aquí); "Simulacrum", una nueva incursión experimental en el caos y el post-hardcore; o la grabación oficial, por primera vez, de The Song Project, es decir, la adaptación del cancionero de Zorn para un instrumento no demasiado explorado por él: la voz humana. "The Song Project live at Le Poisson Rouge" es otro de mis discos favoritos de lo que va de año, un concierto bellísimo en el que el bruto de Mike Patton (Faith No More, Mr. Bungle, Fantômas, Mondo Cane...), el cantautor folk Jesse Harris y la delicada intérprete argentina Sofia Rei se repartieron distintos momentos del repertorio de toda la trayectoria de Zorn, formando una colección extraña y emocionante, intercalando jazzcore (Flying blind o Burn con Patton desgañitándose) con dulces melodías hebreas del repertorio de Bar Kokhba o Masada. Mi favorita, Perfect crime, que es la versión vocal de Dalquiel, segundo corte de "Lucifer", uno de mi discos favoritos de todos los tiempos (lo reseñé hace casi cuatro años aquí).

[Sin querer pasarme con la crítica sentimental (aunque es de lo que va este blog en definitiva), tengo que decir que las primeras escuchas del cancionero de Masada para The Song Project (en las actuaciones disponibles en la red desde hace dos o tres años, precisamente desde los fastos del 60º aniversario de Zorn), con Patton, Rei o el otro tipo poniendo voz a esas melodías que tantas veces había escuchado, me sorprendieron muchísimo, ya que yo mismo, en cierta ocasión (...me da vergüenza, pero es que tengo que contar esto...) compuse una letra para uno de los temas de Zorn que más me obsesionan, Mahshav (hay muchas versiones, pero la que me pone los pelos de punta y he escuchado millones de veces es ésta, para piano y clarinete), que hablaba sobre un tipo al que su vecino le cae fatal, pero que se ve obligado a ir a su casa para ver los partidos de fútbol en el Canal+. En la ducha yo la cantaba con esa letra.].

Erik Friedlander era precisamente el chelista del sexteto Bar Kokhba, esa super banda increíble e irrepetible. Además de ser un músico portentoso, un superdotado, es un tío que me cae especialmente bien (aunque, obviamente, no le conozco de nada) porque hace algunos años empezó a colgar un podcast semanal en su web oficial, en el que se grababa a sí mismo ensayando o improvisando. Lo colgaba todos los sábados por la mañana, llegó a hacer 88 ejercicios semanales, y es una pena que haya desaparecido, por/que era muy entrañable. Pero a lo que iba es a que a finales de 2014 publicó otro de mis discos favoritos del entorno Zorn de los últimos meses, cómo no para el sello Tzadik: "Nighthawks", acompañado por Doug Wamble a la guitarra, Michael Sarin a la batería y el contrabajista de Bar Kokhba (y Mr. Bungle, Melvins, Fantômas, etc.), otro de mis músicos fetiche, Trevor Dunn. En este trío de cuerda + percusión, "Nighthawks" es un precioso ejercicio de soft jazz contemporáneo que también quería recomendar en este terceto de hoy, porque no he parado de escucharlo todo lo que va de año.

Y para acabar este menú de "álbumes del inabarcable entorno de John Zorn que me han gustado mucho estos meses", no quiero olvidarme del episodio 24 de la serie "Book of angels", es decir, de la colección abierta de adaptaciones del cancionero de Masada para ser interpretadas libremente por otros músicos. En este caso, el turno le llegó a la banda Klezmerson, un supergrupo de klezmer (claro) de México D.F. que magnifica las sencillas melodías judías compuestas por Zorn al estirarlas, llenarlas de instrumentos (violines, vientos, cuerdas, palmas, percusión de todo tipo) y convertirlas en una fiesta gitana que roza en algunos momentos la algarabía de Goran Bregovic o Gogol Bordello.

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