miércoles, 29 de julio de 2015

Faith No More - 2015 - Sol Invictus

Cuando yo era adolescente, en mi entorno Faith No More era un grupo que molaba mucho, era muy aceptado en todos los corrillos. Llevaban sus camisetas (yo tenía hasta un pantalón corto negro de FNM que me compré en Discoplay, para la hora de gimnasia) tanto los obstinados lectores de la Kerrang! como el público más indie, los grunges, los freaks, y hasta alguna animadora y el quarterback de mi clase. Quiero decir que a unos les flipaban los punteos de Martin o Spruance (y luego del freak Dean Menta), a otros la voz cavernosa y terrorífica de Patton, a otros la imagen viscosa, más desenfadada y pop de su merchandising, en contraste con la oscuridad y el Mal que vendían los grupos de metal estándar. Muchos fans de Faith No More llegaron a ellos a partir de Metallica o Dream Theater, y otros desde el funk-metal saltimbanqui y colrista de Red Hot Chili Peppers, Primus o Ugly Kid Joe, pero también gustaban a los fans de Sonic Youth o de Nirvana; eran bien vistos por los fans del hip-hop y los del punk. Tenían ese aura, ese rollo colorista que les hacía interesantes, digeribles y reivindicables (incluso al margen de su música), y todo esto era muy importante en el patio de mi colegio. FNM eran una banda enorme, entre mis compañeros de patio vendieron más camisetas que Butragueño.

Pero yo siempre fui mucho más fan de Mr. Bungle, el proyecto paralelo de Patton, Trey Spruance, Trevor Dunn y compañía. Recuerdo la primera vez que escuché a Mr. Bungle, en casa de un vecino, como quien atesora el recuerdo del primer bofetón que te dan en la cara. Cuando era adolescente, una de las cosas que más tiempo libre me ocupaba era ir a casa de mis amigos a escuchar música (yo no era de los del fútbol, no). Uno de los compañeros de clase de mi vecino, era un tipo legendario, mitológico, a quien no llegué a conocer nunca, cuyo padre se dedicaba a algo relacionado con la distribución musical, y que gran parte del año se lo pasaba yendo a conciertos y festivales (incluso salió retratado, por casualidad, en una de las fotos del libreto del DVD de "Woodstock '94"). Sin él saberlo, actuó de dealer musical para todos mis amigos aficionados a la música del barrio, y muchísimos casettes eran grabaciones de segunda o tercera mano de su colección doméstica (que según cuenta la leyenda, era como un par de secciones de Madrid Rock, con anaqueles y todo, en su habitación). Pasé muchas horas en casa de mi vecino, o él en la mía, descubriendo nuevas ramificaciones del rock, y pronto pasamos de Korn, Primus o Faith No More a Mr. Bungle, Secret Chiefs 3, Melvins y a indagar por caminos secundarios tortuosos y resbaladizos que nos llevaron a descubrir a Sun Ra, Frank Zappa o John Zorn a una edad muy temprana. Los discos antiguos de Faith No More dejaron de sonar en mi casa enseguida (y por cierto, que yo siempre fui más fan de "King for a day... fool for a lifetime" o "Album of the year" que de "Angel dust" o "The real thing"), pero todo lo que toca Mike Patton despierta mi curiosidad. Y por supuesto, un nuevo disco de Faith No More después de más de 15 años, era un acontecimiento que esperaba con ganas.

Por desgracia, las primeras escuchas me dejaron frío, y me olvidé de él enseguida. Creo que es porque la primera canción es probablemente la más sosa. Pero después de darle otra oportunidad, estos días "Sol invictus" se está postulando bien, y ando entusiasmado. Sin grandes hits, ni falta que hace, pero rebosante de lo que Faith No More mejor saben hacer. Ese metal "alternativo" e inclasificable, que va construyendo una colección de canciones absolutamente diferentes entre sí, pero conformando un conglomerado compacto. Uno de esos pocos casos en los que el dichoso retorno de todas las bandas que alguna vez existieron, está justificado. El adelanto Motherfucker probablemente fue demasiado descabellado y wtf. Aquello no representaba a este conjunto de ideas y mensajes, que el bagaje de estos músicos y ese increíble front-man y máquina de ruidos humana que es Mike Patton, ya mayores, ha sabido llenar de sorpresas. El conjunto, en una primera escucha, me recordaron demasiado a Tomahawk, el proyecto paralelo de Patton con el que menos conecté, pero deteniéndome más ahora por fin encontré ese crisol de locura, ausencia de vergüenza y prejuicios envueltos en metal que rodea a esta gente, y ahí está la frescura, la creatividad sin frenos, la valentía de Mr. Bungle o Fantômas, en cortes como Black Friday, en los susurros y ambiente morriconiano de Matador, en la psychedelia del final de Cone of shame o en la bizarra Rise of the fall (trash metal con castañuelas), pero sin dejar de ser puro FNM en ningún momento. Ahora sabemos que hemos encontrado el resto de piezas del puzzle en el que encajaba Motherfucker, lo hemos entendido todo. Además, lo explica la portada, nos lo está diciendo ese joven Superhero. Esto es una maravilla.

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