Linggo, Mayo 17, 2015

Primos lejanos (1986-1993)

Pasé las últimas cuatro o cinco semanas inmerso en el universo de Primos lejanos, y por fin he visto la serie completa, en orden cronológico. Son 150 episodios en total, aunque hay 1 que sólo está en versión original y otro del que no encuentro ni rastro en la Red, que es de donde he ido descargando esto. De hecho, desaparecida alguna de esas enormes webs ilegales, delincuentes y lucrativas de intercambio de series en descarga directa, la única manera de conseguir copia de los capítulos, en glorioso ripeado de Canal + de los 90 o de la reposición en los primeros años de Cuatroº (ni siquiera en EEUU se han editado digitalmente más que la 1, 2 y 4, de las 8 totales), es en el viejo e infalible eMule. Pues a razón de entre 1 y 10 episodios diarios, he pasado unas cuantas semanas estupendas, volviendo una vez más al pequeño apartamento que comparten Larry Appleton y Balki Bartokomus en las afueras de Chicago.

Alejado de la mundanal cochambre, del dichoso hype, de las ruidosas series de acción modernas y de la pretendida incorrección del post-humor "inteligente" contemporáneo, me he refugiado en esta pequeña y humilde sitcom clásica de la que guardaba un grato recuerdo, para descubrir que el poso inequívocamente dulce que evocaba de aquellas tardes de adolescencia no era mera nostalgia, sino que efectivamente esta comedia sigue dejándome un sabor de boca agradable, hermoso, y me sigo riendo como entonces con muchos de sus elementos. Porque Primos lejanos es un icono de la televisión familiar norteamericana tierno, entrañable, honesto, simple, repleto de guiños a la edad de oro de la cultura popular, con un humor blanco y un mensaje terriblemente positivo. Diametralmente opuesto al humor negro que tanto gusta a las nuevas generaciones, que no entienden una serie sin bufa ironía, incorrección o palabras malsonantes, aquí estamos ante la comedia física y de slapstick de toda la vida, heredera de Abbott y Costello, Ozzie y Harriet, Mork y Mindy, I love Lucy, La familia Monsters o Luz de luna, en la que abundan las escenas coreografiadas, el ritmo teatral, los argumentos repetitivos, los running gags, las catchphrases... y también la sensiblería y la moralina de esa televisión añeja, pacata y responsable. Porque, efectivamente, PL es tan moralista, ortodoxa, paradigmática e infantil que se puede encontrar en ella prácticamente una fábula de Esopo por píldoras, un auténtico Evangelio apócrifo en el que Balki, el candoroso e inocente extranjero en busca del Sueño Americano, básicamente regurgita la figura de Jesucristo y nos la devuelve disfrazada de caricatura cosmopolita y jasp. Pero aunque siempre haya renegado de ese adoctrinamiento "MK-ultra" de la ficción norteamericana, tal y como están las cosas, con lo que ha llovido y a mi edad, resulta refrescante enfrentarse para variar a un producto tan diametralmente sano y reconfortante en medio del monopolio cultural que ejercen la zafiedad, lo malsonante, el afán por la incorrección, por epatar, por improvisar y por creerse más listo que nadie. Frente a la dictadura de los chistes de Falete y Jordi Hurtado constantes, el post-humor post-Seinfeld sin post-gracia y los nuevos modelos de conducta que suponen los tronistas analfabetos, los youtubers deslenguados y los monologuistas perspicaces, yo prefiero el baile de la alegría.

Consciente de la obvia simpleza, pacatería y adoctrinamiento moral, es importante aclarar que el mensaje de PL no atraganta, y la moraleja y las enseñanzas de Balki, desde mi punto de vista, no tienen nada que ver con otros productos similares de la época como Padres forzosos, Los problemas crecen, Bill Cosby o Cosas de casa, cuyos guiones parecen diseñados directamente por la Conferencia Episcopal. En aquella era anterior a la telerrealidad y a internet, los canales de televisión generalistas norteamericanos tenían aún cierta sensación de responsabilidad frente al espectador, algo totalmente desaparecido en favor del capital y de la rentable analfabetización que gobierna actualmente a los tiburones corporativos en esta merienda de negros que tenemos ahora. Pero la moraleja más habitual en PL (básicamente, respetar al prójimo y conformarse con las cosas bellas de la vida, por el mero hecho de disfrutar de ésta) dista mucho del maniqueo mensaje cristiano de aquellas otras series, en las que el miedo al pecado, al Infierno, a la droga, al Mal que puja por salirnos de dentro era casi el macguffin de todas las tramas, y el respeto a los valores tradiciones más conservadores: Familia, Patria, Dios y Dinero, su razón de ser y casi un personaje más. En este sentido, el mensaje positivo de PL está más cerca del de los Munster y, en el fondo, del de los Simpsons o Matrimonio con hijos: "disfrutar de la vida", por encima de "temer al pecado". Lo que más llama la atención en esta serie, por terminar con el aspecto evangelizante, es la eterna castidad de los protagonistas, que ya desde la segunda temporada tienen novia formal pero nunca hacen uso ni siquiera mención del fornicio hasta que llega el momento de procrear, que es el cénit de la serie. Aunque hasta eso lo convierten en un gag recurrente, y sabemos que Balki y Mary Anne no follan porque son como una pareja de novios de 10 años que se pasan todo el recreo cogidos de la mano, y Larry y Jennifer porque nunca tienen intimidad. Supongo que subvertir esto era algo demasiado salvaje para el prime time de la época, y la audiencia demasiado joven, y se lo perdono. Además, como digo, lo resuelven con guiños simpáticos para el espectador adulto. Y además, me molesta muchísimo más la moralina disfrazada de buen rollo de Friends o el catecismo envuelto en conspiranoia de Lost, que resultan insultantes.

Al margen de la trama de cada episodio, todos autoconclusivos (salvo los seis episodios dobles, "de continuará", que marcan los finales de temporada y/o acontecimientos importantes), vemos la evolución de los personajes como si se tratara de un serial. Al principio, aunque no lo aparentan, ambos tienen 24 años, y tienen un trabajo alimenticio, mal pagado y desagradable, en la tienda de segunda mano del Señor Twinkacetti. Pero ya desde el primer episodio Larry quiere ser periodista, y Balki convertirse en un verdadero estadounidense, e iremos asistiendo al progreso de cada uno. En la segunda temporada, después de un par de episodios en los que intentan ligar en garitos de encuentros, conoceremos a sus respectivas novias, Jennifer y Mary Anne, que viven en el mismo edificio durante las primeras seis temporadas y media, y en la 7ª se mudan a un dúplex mucho más lujoso (y hermosamente decorado en un estilo mypiota-barroco muy sugerente)... compartiendo piso entre los cuatro. Vemos cómo sus características relaciones avanzan, cómo estrechan relaciones, superan alguna crisis, se comprometen, y finalmente se casan (en el season finale de la 6ª y 7ª temporada respectivamente) y tienen niños (en el series finale). Los guionistas saben que el aspecto sentimental es necesario, pero es bastante coñazo, y hay muchos episodios (los más divertidos) en los que las chicas no aparecen, o sólo testimonialmente. El grueso de la serie son las peripecias de Larry y Balki, y lo mejor los enredos y disparates en los que les sumergen la ambición, la mentalidad práctica y los "consejos vendo y pa' mí no tengo" de Larry. Especialmente memorables son los episodios como el del concurso de tv "Arriésgalo todo", cuando ganan el premio al "cliente un millón" del supermercado, el finde en la montaña, el día en las carreras, el tesoro escondido en el apartamento, las clases de conducir, el episodio en el futuro, el episodio de acción rodado en exteriores, el de los babastiki, el episodio en blanco y negro en el que homenajean a Laurel y Hardy, el que van a la fiesta de gala, el que está ambientado en los años cincuenta, el que trabajan en la cafetería, el genial viaje de Larry a Mypos, en el que se hacen dibujantes de la tira cómica de Dimitri la oveja, el de la subasta, el doble episodio en el que se quedan encerrados en el sótano (que me recordó bastante al episodio del cometa de los Simpsons)... Y las bodas, bautizos y comuniones son más tostón. Muchos de estos argumentos probablemente fueron tomados de otras series previas (de esas que nunca se emitieron durante la dictadura española, en la que la cultura extranjera y extranjerizante no estaba permitida), pero la mayoría se usaron por primera vez en ésta y se han explotado multitud de veces. También es reseñable la consciencia que tienen los personajes de formar parte de una serie, y las menciones a otras series (las clásicas citadas, la afición de Balki por la tele de la época) u homenajes a series en emisión como Luz de luna o Corrupción en Miami. Sus últimas temporadas coincidieron de hecho con el fenómeno de los Simpsons, y hay un episodio en el que Larry reconoce que a los jóvenes de ahora le gustan los modelos agresivos y gamberros como Bart Simpson... Hablando de PL y otras series, es bastante conocido el hecho de que Cosas de casa, la insufrible y racista (más racista que Sensación de vivir, más racista que Cops, más racista que El príncipe de Bel-Air...) serie protagonizada por Steve Urkel (que, además, al principio de la serie no salía, sino que todo se centraba en la familia de negros más aburrida posible), es una especie de spin-off de PL, en el que nos nos cuentan cómo es la vida de la ascensorista del Chicago Chronicle, el personaje de Harriette Winslow. De hecho, en un episodio de la temporada 4 asistimos a un verdadero crossover, cuando el propio marido, el policía Carl Winslow (Reginald VelJohnson, también conocido por su papel de policía negro en La jungla de cristal 1 y 2) se lleva de patrulla a Larry y Balki. Pero es curioso que, mientras que Harriette es el único personaje negro que sale en PL (salvo un par de extras en el episodio en que donan a la mascota a otra familia o en la parodia de 12 hombres sin piedad), en Cosas de casa ocurre todo lo contrario, y solo hay personajes blancos de extras e interpretando a tipos tontos y mezquinos; sin embargo, ambas series comparten gran parte del staff técnico (con el titán Joel Zwick a la cabeza, famoso por dirigir "Mi gran boda griega", que se hizo él solo 99 episodios de PL y 32 de la de Urkel, además de cientos y cientos de episodios de otras series, de Webster a Padres forzosos; ¡de los 21 pilotos que dirigió, 21 se convirtieron en exitosas telecomedias semanales!), e incluso Mark Linn-Baker (Larry Appleton) dirigió un par de episodios de Cosas de casa y apareció en otro. Otro detalle curioso es que el Señor Twinkacetti, el dueño de la tienda de muebles de segunda mano, interpreta también al dueño de la tienda de relojes en la que trabaja Peg, en uno de los primeros episodios de Matrimonio con hijos, cerrando el círculo de las telecomedias ambientadas en Chicago (el actor Tony Sabella también participó en Salvados por la campana, en Seinfeld —en el episodio 3x13, es el hombre que va desnudo en el metro— y hasta en Canción triste de Hill Street). Padres forzosos sucede en California, y en ella apareció Webster una vez, quien también salió en Malcolm & Eddie, y algunos protagonistas de Padres forzosos aparecieron en un episodio de Vivir con Mr. Cooper dirigidos Joel Zwick, quien también es responsable del grueso de la horripilante serie actual de Disney Channel Riley y el mundo (Girl meets world) que continúa las aventuras de Ben Savage en la noventera Yo y el mundo (Boy meets world), hermano pequeño de Fred Savage, protagonista de Aquellos maravillosos años... Y en fin, que el mundo de la telecomedia norteamericana es un organismo endogámico en el que podemos sumergirnos e ir cruzándolo de serie en serie sin tocar el suelo, hasta los mil y un cameos autorreferenciales que encontramos en series como Friends, Seinfeld, Frasier o Cómo conocí a vuestra madre, que tanto se nutre de Freaks & geeks o recupera personajes olvidados como el maravilloso Chris Peterson...

Primos lejanos es injustamente confundida con la espantosa Padres forzosos y relacionada a la fuerza con la deplorable Cosas de casa, pero como estamos viendo, es una pequeña joya atemporal que tiene que ver más con Luz de luna, Sigue soñando o Matrimonio con hijos. Su público no es el mismo que ve Antena 3, ese infra-canal abisal que es como el Canal 7 pero con los Simpsons (serie que, encima, históricamente ha destruido y despreciado), y aquí sólo pudimos disfrutarla en Canal +, vehículo en el que solo transitaron las series buenas de los noventa, las que no estaban hechas para todos los paladares. Es innegable que los gags más conocidos, inolvidables y fagocitados por la cultura popular: el baile de la alegría, el "pues calaro que sí, no seas eridículo", el "¡pero cómo puedo ser tan ingenioso!" y los diálogos manipuladores y condescendientes de Larry ("Balaki, Balaki, Balaki...", "¿Cuántos coches de segunda mano has comprado tú en América? ¿Eh? ¿Cuántos?"), son lo que más se recuerda de la serie, pero recién vistos los 150 episodios (menos uno) puedo concluir que nunca se quemaron, fueron suficientemente dosificados como para incluso echarlos de menos, y que el leitmotiv de la serie no era tan sencillo y estúpido como para limitarse a eso. Me atrevo a decir que la relación entre Appleton y Bartokomus es tan completa y sólida, o más, como la de "Maddie" Hayes y David Addison, como la de Félix Unger y Óscar Madison o la de Walter White y Jesse Pinkman, e iba mucho más allá que la reiteración y antagonismo entre el Gordo y el Flaco o el payaso triste y el payaso tonto; y los recodos a los que les llevaban sus características personalidades (egoísta y altruista; sabelotodo y aprendelotodo; rural y urbanita; ambicioso y conformista; etc.) enfrentados a cada situación concreta, ya fuera la inauguración de una galería de arte, un atraco o la ingestión de una raíz alucinógena mypiota, resultaban brillantes e intransferibles. Por supuesto, la serie tiene altibajos, y solo un tercio de la serie es diáfanamente hilarante y sorprendente, pero todos ellos terriblemente honestos y nunca cayeron en la sensiblería, el drama fácil o el aburrimiento. Pero el desgaste es lógico, y quizá un par de temporadas menos les hubieran sentado mejor, aunque odie este tipo de frases que dice la Gente en estos tiempos

El doblaje. Mucho se puede decir del doblaje, el maravilloso, impresionante trabajo de los actores españoles que doblaron la serie, con Miguel Ayones al frente de la dirección (que también doblaba, con tantísima gracia y tantos matices, al personaje de Appleton, y es la voz habitual de Bryan Cranston precisamente). Todo el mundo se acuerda de la voz de Bronson Pinchot, el actor que interpretaba al visitante de Mypos Balki Bartokomus, y que efectivamente también se encargó de la voz de Apu Nahasapeemapetilon durante las primeras temporadas. En la versión original, la voz de Bronson Pinchot no tiene ni mucho menos tanta gracia ni tantos matices, ni expresa tanto cachondeo. Pero yo creo que es la voz de Appleton, dubitativa, cómica, ridícula hasta el exceso cuando el personaje sobreactúa, lo que dota de tantísima fuerza a la serie, y el trabajo en la dirección y traducción de chistes intraducibles, de forma tan magistral, lo que hace que esta serie se disfrute tanto en castellano. Igualmente, creo que es Mark Linn-Baker, el actor detrás de Larry Appleton, quien lleva todo el peso cómico y todo el poderío físico de las escenas más memorables, pese a que quien resalta es el exótico extranjero, sus frases hechas o esos recordados episodios en los que interpreta a su doppelganger occidentalizado a su mamá de Mypos o a Elvis Presley. Qué voy a decir a estas alturas sobre cómo ha cambiado el doblaje en España... Además esto es algo muy objetivo, y respeto a quien siga prefiriendo ver las series en español, la pizza con frutas calientes o dormir sobre clavos, cada uno es libre. Pero creo que es en estas series de televisión de los ochenta y noventa donde el doblaje nacional alcanzó sus cima más alta. Y además, aunque no lo pone en la ficha de eldoblaje.com, el propio Carlos Revilla, el mismísimo Homer Simpson español que en paz descanse, también puso la voz a un puñado de secundarios. Primos lejanos también comparte con los Simpsons otros pesos pesados de nuestro doblaje como Pedro Sempson, Eva Díez, Luis Marín o Javier Franquelo.

En definitiva, con la de series que hay para ver, y con esa máxima ridícula que dice que "se hace mejor televisión que nunca", no creo que a nadie en su sano juicio se le ocurra reivindicar esta serie, pero yo la tengo en un pedestal, es uno de mis productos favoritos de siempre, nunca me canso de hablar de sus bondades, y por fin me he dado el atracón que merecía para disfrutarla en la intimidad, cronológica y tranquilamente, en uno de esos ejercicios de soledad reconfortantes que sólo la tele añeja y las tardes ociosas nos proporcionan. Ahí os quedáis con vuestros maratones de 24, de Dexter, de The walking dead y Juego de tronos, que a mí no me interesan, y volveré de vez en cuando a ese pequeño apartamento de soltero, al Ritz Discount, al sótano del Crónicol y a ese Mypos de la mente del que me gustaría no salir nunca.

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