martes, 24 de marzo de 2015

Simbad viajó a las estrellas (Col. Espacio, nº 268; Johnny Garland, 1962)

Como El Quijote, esta novelita no está escrita por el autor que la firma, Johnny Garland (ni por Curtis Garland ni por Juan Gallardo), sino por un morito: el mismísimo Simbad el marino relata su más fantástico viaje, a los turistas Ethel y Todd, durante sus vacaciones en Bagdad. Es 1995, y un viejo borracho amorrado en la barra de una anacrónica taberna asegura ser descendiente directo del mítico Simbad de Las mil y una noches, y haber regresado desde un lejanísimo y hermoso astro en la galaxia de Andrómeda, a través del tiempo y el espacio, llamado Algax. Simbad se embarcó en semejante hazaña cien años más tarde, cuando la Sociedad Mundial de Navegación Marítima y Espacial concede permiso al sabio hindú Ahmed Khan para embarcarse en la exploración de Andrómeda, y éste contrata a Simbad para acompañarle. Sin embargo, el ayudante Abdul Gamel quiere llevarse todos los honores, así que asesina a Ahmed y a punto está de hacer lo mismo con Simbad. Pero nuestro héroe le reduce, llega a Algax y se encuentra un planeta que, confirmando las ideas de Otto Struve, es muy similar a la Tierra y lo habitan seres humanos. Allí conocerá a la bella Myzar y la malvada Altair, y evitará, sentenciado en el circo de los centicornios, la victoria del villano Abdul.

(Publicada originalmente en Microcritic en junio de 2010)

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