martes, 24 de marzo de 2015

Robopol (Col. Espacio, nº 343; Louis G. Milk, 1965)

La risa. Louis G. Milk (el seudónimo más habitual de Luis García Lecha) se inventó en 1965 varias aventuras de un investigador de la policía llamado Ferdy Kastell, ambientadas en un siglo XXIII plagado de edificios kilométricos, monoplazas voladores, armas fotónicas, robots y marcianos conviviendo en armonía. Kastell, como muchos de los ciudadanos del futuro, tiene un simpático autómata sirviente de aspecto humano (el narrador de la historia) de nombre RR-07-TS-401, familiarmente conocido como Rocky Robot. Un policía robot, un Robopol, incapaz (debido a las leyes de la robótica) de dañar a los seres humanos, y dotado de todo tipo de artilugios y detectores de pistas. Y que dice cosas como “Te lo juro por Edison” o “¡Tuercas y tornillos!” cuando hace algún descubrimiento. En esta primera entrega de la serie (tuvo continuación, como mínimo, en el número 358 de esta colección), se verá inmerso en un misterioso caso de asesinato con varios sospechosos, una herencia de por medio y una rubia platino fatal de la que se enamorará locamente. Extraterrestres con una pantalla al pecho, como los Teletubbies. Helidiscos, hipnopedias y copitas de Jerez. Humor, acción, romance, suspense, robotitos y marcianos para dar y tomar. Un entrañable abuelito de Robo-Hunter, de Bender y de Robocop.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

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