martes, 24 de marzo de 2015

Napo, el robot (Col. La Conquista del Espacio, nº 674; Joseph Lewis, 1983)

Tuve la sensación durante toda la lectura de que Joseph Lewis (José Luis Bragulat Hernández) era un seudónimo, en realidad, de Corín Tellado, de tan meloso, edulcorado, sentimental que resulta este relato. Por un lado, tenemos el conflicto de un astronauta, Peter Miller, cuya máxima aspiración es formar parte de una inminente expedición al planeta PT-1.001 , del que ha sido rechazado… por estar enamorado de una oficial llamada Mary Pinter. Toda la lectura está atestada de escenas de amor, de celos, de fornicio y de rotura, desde que Peter decide confesar su amor a Mary, para que ésta le ayude, a través de la cópula rápida, a desenamorarse y así ser aceptado en la expedición; una excusa de lo más peregrina para follar, que funciona perfectamente. Lo que pasa es que Peter no se desenamora. Por otro lado, tenemos a Napoleón, el fiel robot oficial de Peter. En esta época, los robots han sido programados, además de para servir al hombre (“Napo es, sencillamente, un robot, lo mismo que en el pasado los negros del sur de Estados Unidos no eran otra cosa que negros, por encima de cualquier otra consideración”, nos explican), para aplacar su estress, dejándose golpear y de hecho animando a sus amos a golpearles cada dos por tres. Veinte polvos después, Peter, Mary y Napo llegarán a PT-1.001, un planeta hostil que Napo, el robot-genio, llegará a gobernar.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

No hay comentarios:

Publicar un comentario