martes, 24 de marzo de 2015

Granja de malditos (Col. Selección Terror, nº 510; Ralph Barby, 1982)

En plena edad de oro del slasher, con los primeros cadáveres dejados por Jason Voorhes aún calientes, el maestro de terror “de a duro” celtibérico Ralph Barby entregó esta estupenda historia sobre un campamento en mitad de la nada, un loco suelto y armado, y un montón de chavales correteando por su vida. En este caso, el campamento (la “granja” del título) es un rehab rodeado de inabarcable desierto en algún lugar indeterminado del sur de EEUU. Acuden allí niños bien, enganchados al “pico”, que gracias a la terapia de Charles Manson (“no el que liquidó a Sharon Tate“, nos aclaran, sino otro) y a su propia interacción, logran superar cada verano la adicción a la necia droga. Ronald y Margaret Evans no pueden más, y han decidido llevar allí a su drogadizo hijo Alex, a ver si se le pasa la tontería. Pero nada más llegar Alex comienzan a rodar cabezas: un escurridizo tipo vestido de azulgrana, con un capuchón, un hacha y un enorme e insaciable perro llamado Cervero (sic), está eliminando uno tras otro a los internos, con nocturnidad y alevosía, en un frenesí de violencia lisérgica. Resultará que uno de los chicos ha sido poseído por el espíritu de un matarife del siglo XIV llamado Sampson, que no piensa dejar yonki con cabeza.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2011)

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