martes, 24 de marzo de 2015

Expedición al pasado (Col. Luchadores del Espacio, nº 217; P. Danger, 1962)

Efectivamente, se trata de una novelita de señores del Futuro que viajan a la Prehistoria. Haciendo honor a la portada (en realidad, al revés), se las verán con mamuses, y también conocerán a una tribu en taparrabos, pelearán con humanos asalvajados, les petará la máquina del tiempo y a punto estarán de quedarse encayados en tiempos remotos… Dicha máquina es una esfera que se desplaza en el tiempo en cuestión de segunos, y también en el espacio, unos pocos kilómetros. El viaje lo organiza un antropólogo llamado Franz Grueber, quien reúne al inventor de la famosa máquina (Henri Robertson), a una autoridad mundial en civilizaciones prehistóricas (Pierre Hoztst), a un aventurero de puntaría infalible (Rudolf Quaterman, homenaje explícito al de las Minas) y, sobre todo, a un joven guaperas, llamado Anton Barly, experto en descifrar lenguas muertas, que podría haber viajado solo, porque se lleva todo el peso protagónico y lo hace casi todo él (y de propina, se trae al presente a una sensual amazona). Está sorprendentemente bien escrita por un tal P. Danger, y se queda en una aventurita entretenida sin más, bastante predecible, además: viajan para investigar in situ la historia de una pistola de rayos láser fosilizada, que es de cajón que se la dejan ellos en ese mismo viaje temporal.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

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