Miyerkules, Agosto 13, 2014

Freaks & geeks (Series, 1999-2000)

La semana pasada estuve viendo, por tercera vez, la serie completa de Freaks & geeks, uno de los mejores productos de ficción que se han rodado nunca. Una joya audiovisual cuyo culto crece día a día, después de haber sido maltratada y cancelada antes de tiempo en su emisión original.

F&G es famosa por eso: por ser la serie más injustamente cancelada de la tele americana, y de hecho varios episodios nunca se llegaron a emitir originalmente (solo en su primera reemisión en Fox, pero ¡con la BSO cambiada! por temas de derechos de autor). Hubo que esperar a su edición completa en DVD, en orden y con las canciones originales, y a que su leyenda comenzase a agrandarse para poder disfrutarla en España. Y también es famosa por ser un auténtico cenáculo, una serie de adolescentes en la que aparecieron por primera vez estrellas de la Nueva Comedia Americana como James Franco, Seth Rogen, Samm Levine, Jason Segel, Ben Foster (interpreta soberbiamente a Eli, el chico handicapado), Busy Phillipps, John Francis Daley (encasillado en los últimos años en la dramedia criminológica para amas de casa Bones) y otras estrellas de la pantalla como la deliciosa Linda Cardellini, mi futura esposa (en un personaje maravilloso e hipnótico, que nos hace borrar de un plumazo toda la mitología que nos creamos de chavales alrededor de Kelly Kapowski), Shia LaBeouf (que hace del toli que se mete una leche vestido como la mascota del equipo de basket), Alexandra Breckenridge (la jamona de American Horror Story), Joanna García, Kayla Ewell, Rashida Jones... Por si fuera poco, en un capítulo sale Ben Stiller, en otro Jason Schwartzman (a quien no trago) y en otro, sin acreditar, el gran David Koechner.

F&G es la obra magna de Paul Feig, Judd Apatow y Jake Kasdan, que son algo así como los John Hughes, Harold Ramis y Frank Oz del siglo XXI, salvando las distancias; los relevistas que actualizaron la comedia norteamericana nacida a la sombra del Saturday Night Live, implicados (ya sea como directores, productores, actores o escritores), junto a todos los anteriores (y otros allegados como Steve Carrell, Jim Carrey, Adam Sandler, Will Ferrell, etc.) en casi todas las pelis de risa contemporáneas.

Al margen de su condición de cenáculo y brillante pieza de culto, F&G trata los mismos temas que ya trataron en los ochenta y noventa docenas de películas de instituto, o series como Salvados por la campana, Beverly Hills 90210: Sensación de vivir, Dawson crece o Colegio Degrassi: el existencialismo social de la fauna de instituto. Y como su propio título anunciaba, los grandes tópicos de la estratificación, y el eterno conflicto entre pelotas, empollones, porreros y porristas. Lo que pasa es que el espíritu de F&G está más cerca del de "El club de los cinco", "Revenge of the nerds" o "Todo en un día" que con las estereotipadas, planas y pizpiretas aventuras de Zach Morris o el Príncipe de Bel-Air. De hecho, la acción transcurre entre 1980 y 1981 (en el ficticio High School de Chippewa, en Detroit, MI), está basada en recuerdos directos de Feig y Apatow, y remite a la edad de oro del cine de angst adolescente. Y está narrada desde el punto de vista del marginado, del geek, en oposición al quarterback adinerado habitual, por lo que su visionado periódico para alguien como yo resulta plenamente satisfactorio y lleno de referentes. Los jóvenes geeks adoran a Bill Murray, Steve Martin, los tebeos de ciencia-ficción, los ventrílocuos, Johnny Carson, la stand-up comedy el D&D o el SNL, y la vida de los freaks gira en torno a los Zeppelin, los Dead, los Ramones y los Who. Para ellos, los deportistas son unos descerebrados superficiales, y algún día las animadoras les llevarán la comida basura a la oficina cuando dirijan grandes emporios de ocio. Como contenedor cultural, los referentes de la serie a la época que homenajean es abrumador, y nunca antes se había definido con tanto cariño las relaciones, los problemas y preocupaciones de los marginados de instituto norteamericano.

Una de las grandes bazas de la serie es Lindsay (la Cardellini), la gran protagonista, una chica bonita y remilgada de matrículas de honor, quien tras la muerte de su abuela se encuentra en una encrucijada vital y decide experimentar juntándose con los fumetas, los raritos que se reúnen bajo el hueco de la escalera, hacen peyas y se meten en líos. Pero todos los personajes están construidos de forma magistral. Ahí está Daniel Desario, el "rey" de los freaks (la gran estrella James Franco, que al parecer tanto se parece hoy en día a aquel personaje de entonces), inadaptado y discapacitado intelectual que abraza el no-futureismo; su novia, Kim Kelly (Busy Philipps), la clásica matona rebelde, potencial embarazada precoz y parada de larga duración, en uno de los papeles más geniales de la historia del audiovisual; Ken Miller (Seth Rogen), el pasota que se sienta al final de la clase y funciona a base de porros, humor cáustico e hiriente ironía; y Nick Andopolis (Jason Segel), igualmente adicto a la maría y al rock pero enamoradizo y sensiblero, al que es imposible no contemplar aquí como si asistiésemos a una precuela de su papel en Como conocí a vuestra madre (ignoremos su paso intermedio por Undeclared, la "más o menos secuela" de F&G, que a mí no me gustó nada). Y por parte de los geeks protoadolescentes, con tramas y una carga social menos complejas y más divertidas (la ausencia de sexo, las partidas de rol, soportar el abuso de los guays de la clase, el resquebrajamiento del nido familiar), tenemos a los citados Weir, Schweiber y Haverchuck, igualmente verdaderas joyas de personajes. Además de ser bastante friqui y cultivar una indisoluble amistad con los otros dos, la pertenencia de Sam Weir al equipo de los marginados se debe a que es escuchimizado y débil, pero es el elemento de unión con todos los demás estratos del instituto, ya que es lo suficientemente guapete para tontear con las cheerleaders (y no le queda más remedio que relacionarse a veces con los deportistas), es hermano de Lindsay quien acaba de entrar a formar parte de los freaks, se lleva bien con los profesores (una fauna peculiar y genial en la que destaca el jefe de estudios, un hippie redomado y chiripitifláutico), cae bien a los padres de todos sus amigos (los padres, los adultos de la serie, son otra colección de personajes extraordinarios y muy relevantes en muchas tramas, destacando al cabeza de familia de los Weir, interpretado por Joe Flaherty, actor curtido en sitcoms o en el National Lampoon, que interpreta a un tipo graciosísimo, sobreprotector y conspiranoico) y por lo tanto ejerce de cemento en casi todas las relaciones. En cuando a los otros dos friquis principales, Schweiber (Samm Levine) y Haverchuck (Martin Starr), probablemente son lo mejor de toda la serie. El primero es una joya en bruto, un adulto judío, salido, sarcástico y brillante atrapado en el cuerpo de un canijo de 14 años (sus imitaciones de Señor Wences o William Shatner son prodigiosas); Bill Haverchuck es el más estereotipado, un feo y gafudo nerd al que la interacción con el mundo real interesa bastante poco, mientras pueda encerrarse con sus amigos a mirar sus series favoritas y jugar a Mouse Trap. Otros nerds habituales son el genial gurú zen con mostacho interpretado por Stephen Lea Sheppard (el niño con gorrito de pesca de "Los Tenenbaums. Una familia de genios"), o Gordon, el obeso apestoso y tranquilo amante de la cifi. Es un pasatiempo placentero descubrir a toda esa caterva de actores haciendo cameos en algunas de mis series favoritas (Linda Cardellini sale en muchísimas cosas que no he visto y no me interesan, pero es la mejor Velma Dinkley posible y la hermana de Zooey Deschannel en New girl; por no hablar de How I met your mother otra vez, en la que han aparecido montones de principales y secundarios de F&G).

Al margen de su condición de cenáculo, de brillante pieza de culto y de su impecable construcción de personajes, otro de los fuertes de F&G es su banda sonora. El disco de vinilo y el casette es tratado casi como un objeto mágico, redentor, epifánico en varios momentos; todo un episodio gira en torno a una visita de The Who a Detroit; la batería de Nick Andopolis/Marshall Eriksen y su pasión por el rock duro de los setenta (especialmente Neil Peart y Keith Moon... hasta que descubre a Buddy Rich y Gene Krupa, claro, el pobre) son una subtrama relevante; hacia el final de la serie empezarán a aparecer por el instituto miembros de la sub-tribu urbana de los deadheads, esos post-hippies que recorrían en furgoneta todos los EEUU asistiendo a todos los conciertos de los Grateful Dead; en otro momento es la música punk y su estética la que toma protagonismo, al caer los freaks del instituto bajo su influjo; y la música disco, inevitablemente, también juega un papel peripatético. El tema central de la serie es un fragmento/escupitajo de Bad reputation, de Joan Jett & The Blackhearts; The Who, Styx, Grateful Dead, Joe Jackson, Rush, Van Halen, The Moody Blues, Warren Zevon o Billy Joel suenan en algunos momentos cruciales.

Al margen de... todo lo anterior, F&G es una serie importantísima. Una pieza fundamental de la vida del adolescente medio norteamericano de los años 80, rodada con el nacimiento del siglo XXI. Una de mis cosas favoritas, y una fuente inagotable de escenas brillantes, desternillantes, románticas y dramáticas. Hecha con más cariño y pasión que todas las demás series de instituto (dejemos a un lado a Buffy), con muy pocos elementos distorsionantes a lo largo de sus 18 episodios de 40 minutos, y con unos diálogos y unos guiones extraordinarios. Eso sí, me consta que no es una serie para todos los públicos, y que es un producto difícil de digerir, comprender o amar si uno era el capitán del equipo de fútbol o el más guay del insti. O fan de Al salir de clase.

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