miércoles, 9 de octubre de 2013

Hank Williams III - 3 bar ranch cattle callin' (2013)

Hank Williams III (aka Hank3) es, efectivamente, el nieto del mítico pionero del honky-tonk, la música vaquera y el white trash way of life, e hijo de Hank Williams Jr., otro estrellón del country y los casetes de gasolinera. El nieto salió rebelde, y siempre estuvo más interesado en el psychobilly, el cowpunk, el grindcore y las nuevas expresiones del country heterodoxo y salvaje (como dejaba claro en Trashville, de 2002, un mensaje pasivo-agresivo al sonido tradicional de Nashville). Tiene más de 10 discos a sus espaldas, mucho más cercanos al espíritu de Reverend Beat-Man o de los aliados de Cochise que a las baladas sureñas de sus progenitores. Pero con "3 bar ranch cattle callin'" ha ido más allá. En el pasado ya había experimentado con el country-speed-metal, y se había reunido de todo tipo de colaboradores ajenos a las praderas de Texas (Tom Waits, Les Claypool, Phil Anselmo, Eyehategod, Paul Westerberg...), pero yo nunca había oído nada igual a este disco: se trata de 23 temas instrumentales (guitarra distorsionada + cuádruple bombo + eventuales alaridos satánicos) que atronan sobre las voces de varios subastadores norteamericanos en plena faena. Desde la época de los esclavos vendidos en caravanas, como mínimo, las subastas de vehículos o reses (y guardamuebles abandonados o expropiados, como vemos a diario en varios programas de Energy) y el regateo son algo intrínseco a la cultura estadounidense; y como siempre, allí son especialistas en conventirlo todo en un espectáculo rentable. Así que existen concursos de subastadores, a ver quién habla más rápido y con más énfasis, se le entiende menos y genera más ansiedad a los compradores. Por supuesto, existen grandes y famosos maestros en esta disciplina que consiste en chapurrear a toda hostia e ir aumentando la puja de billetes. Varios de ellos (Tim Dowler, Joe Goggins, Dan Clark, Jason Miller, Mitch Jordan...) han colaborado en este disco de Hank III (aunque no sé si lo saben), y el resultado es algo hipnótico y adictivo. El irrintzi de los subastadores, ese motormouth, ese sinosonmicromachinesnosonlosauténticos, ese ramalamadindon espídico, arropado por el metal extremo machacón y la metáfora capitalista que supone la puja constante, resulta muy punk, me tiene extasiado y me lo pongo mucho para desayunar.

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