lunes, 16 de septiembre de 2013

"Monster" (Naoki Urasawa, 1994-2002)

He dejado pasar una semana entre mi lectura completa de "Monster" y estas letras. Una semana que he dedicado a paladear y reflexionar en torno a la catedralicia obra de Naoki Urasawa, que... Vale, en realidad simplemente he dejado el blog abandonado, como siempre, y no he encontrado el momento de ponerme con esto: con la tarea de resumir y emitir algún juicio al respecto. Voy a intentarlo ahora.

"Monster" es un manga en blanco y negro, publicado en Japón a una cadencia de 20 páginas quincenales, en alguno de esos mamotretos recopilatorios inabarcables que leen los japoneses que se te caen en un pie y te desgracian. Cuando Urasawa publicó esta historia (entre 1994 y 2002), al mismo tiempo publicaba otra (primero Happy, después 20th century boys), es decir, que el chico se calzaba 80 páginas mensuales de historieta. Escribía los guiones y también dibujaba las viñetas, con un trazo realista y minucioso, casi fotográfico, impresionante. Este es un dato que me tuvo muy pensativo a lo largo de toda la lectura. No solo estaba ante una obra muy poderosa, interesante y adictiva, sino también ante algo que había creado un portento, un verdadero monstruo. O un esclavo de la cultura popular japonesa, probablemente, ya que parece que eso es lo que son realmente los mangakas: estrellas del fandom atados a una mesa de dibujo 15 horas diarias. Sea como fuere, hay varios elementos que hacen que esta trepidante aventura te fascine enseguida: está muy, muy bien dibujada. Los objetos, los paisajes y la arquitectura que salen del lápiz de Urasawa son perfectos, alucinantes, y supongo que requieren una enorme documentación y material gráfico (además del talento, claro); los personajes, igualmente, son hiperrealistas y sobrios, excepto por los rostros, ligeramente caricaturescos para acentuar los rasgos. Uno se acostumbra al tebeo norteamericano, y a que todos los personajes sean exactamente iguales, con esos rostros y esos cuerpos perfectos como hechos en una sandwichera, y le llama la atención la enorme variedad de facciones que muestra Urasawa, con esos pequeños detalles en cada personaje que hace que en seguida recuerdes a un secundario que hacía 400 páginas que no salía; sorprende también lo voluminoso de todo esto: estamos hablando de una historia que ronda las 4.000 páginas. Cuatro mil páginas deliciosamente dibujadas, con un nivel de detalle absurdo. Una verdadera monstruosidad. En España lo publicó por primera vez Planeta en 36 tomos de ciento y pico páginas cada uno, en orden de lectura occidental (con todas las páginas al revés de manera que todos los personajes salen zurdos e invertidos), antes de que se desatara la fiebre por los mangas que se leen de derecha a izquierda y saturan el mercado editorial. Por supuesto, me descargué la serie alegalmente y la estuve leyendo en el tablet, porque si no iba a tener que acampar delante de mi biblioteca y no es plan. Y conste que yo estoy contentísimo con esta vieja edición de la que seguro que se burlan los otakus, porque está muy bien traducida y se lee como Dios manda, coño, a mí que me dejen de bobadas. Aunque las portadas son lo más feo del mundo y las sinopsis de contraportada, por alguna razón, te destripaban asuntos importantes del interior. Creo que "Monster" es un tebeo (tebeazo) ideal para los que no sabemos nada de cómic japonés y nos gusta el tebeo en general. También es importante destacar que su lectura requiere paciencia, atención, fidelidad y aptitud memorística (como cualquier serie de televisión moderna sin ir más lejos), pero aunque asuste su voluminosidad es una historia lineal y nada complicada (su complejidad proviene de la variedad de personajes, lugares, nombres, etc., pero a mí no me costó nada seguir el hilo, y soy bastante cenutrio para esto), y sobre todo que engancha muchísimo. Yo empecé a leerlo un lunes y terminé ese domingo, y os aseguro que hice muchas más cosas esa semana. Porque es un vicio, una barbaridad y todo lo que pasa en todo momento mola muchísimo y es importantísimo.

Yendo al argumento, se trata de una larga novela negra ilustrada. La acción transcurre en la Alemania recién reunificada, a mediados de 1995, con un par de escapadas a Austria y Suiza. La ambientación y la documentación es magistral, y todos los carteles están en bávaro, así como los productos que se consumen o los periódicos que se leen son geográfica e históricamente correctos. Sin embargo (cuestión de chauvinismo o de marketing) el protagonista absoluto de esto es un japonés, un reputado neurocirujano japonés de nombre Kenzo Tenma que trabaja en el hospital más importante de Düsseldorf. Debido a su extraordinario e incomparable talento (ya sabemos, por las series animadas de la tele, que los japoneses son los mejores futbolistas, tenistas, ninjas, caballeros del zodíaco, etc.), su futuro está más que asegurado, es el ojito derecho del director del hospitl y encima se lo monta con la hija de éste. Goza de una reputación y una situación excelentes, pues, hasta que un día desobedece las órdenes de sus superiores, y decide pasar del accidentado alcalde de la ciudad en favor de un niño pequeño que entró en su quirófano con minutos de ventaja. Por dedicarse al nene, el alcalde muere y desde ese momento deciden hacerle la vida imposible al nipón: su novia le abandona, sus jefes le ningunean, su perro se va con su mejor amigo, etc. Pero hete aquí que el niño al que salva la vida, y que ingresó con una bala recién alojada en el cerebro, resulta ser alguien muy especial. Alguien que tal vez hubiera sido mejor que hubiera muerto, porque de pronto alrededor del Dr. Tenma empiezan a aparecer cadáveres como setas, y se convierte en el principal sospechoso del caso de asesinatos en serie más gordo conocido jamás en Europa.

No quiero revelar mucho más de la trama, pero conste que el niño tiene una hermana gemela, ambos arios, monísimos, y de oscuro pasado. Un pasado que podría o no estar relacionado con un misterioso orfanato, en el que durante los años ochenta tuvieron lugar horripilantes experimentos que dejarían en chiquilladas a los de los campos de concentración nazis. Por estas miles de páginas circulan tías buenas, policías secretos (impresionante el personaje de Heinrich Lunge, némesis de Tenma, el inspector de la BKA que teclea todo el rato un teclado imaginario para rebuscar en los archivos de su infalible memoria), psiquiatras, psicólogos y criminólogos surtidos, agentes dobles, ex-nazis, neonazis y bizarros sectarios de ultraderecha, dibujantes de cuentos para niños, matones a sueldo, gitanos, mafiosos, periodistas demasiado curiosos, asesinos rituales, putas, huérfanos, neurocirujanos amateur, titiriteros, ladrones barriobajeros, y montones de tipejos más que se van uniendo poco a poco a la fiesta. Y muchos de ellos, claro, muriendo violentamente; aunque siempre el mangaka les hace morir con muchísima elegancia y poca explicitud, conste. Tenma persigue desesperadamente al Monstruo del título, a la bestia que, al parecer, ha tenido la culpa de todo lo más terrible y mezquino que ha sucedido en los últimos tiempos. A menudo los capítulos comienzan en una situación y con unos personajes totalmente ajenos a la trama principal (e incuso el protagonista, el Dr. Tenma, no reaparece hasta varias docenas de páginas más tarde), y somos testigos de historias que aparentemente no tienen nada que ver con el asunto. Viajamos, por ejemplo, a una pequeña aldea sajona para conocer a dos anicanitos encantadores aficionados a coleccionar muebles de época, que protagonizan la historia durante un largo trecho, hasta que finalmente su historia confluye con la del Monstruos, y por lo tanto con la de Tenma, y con la de Lunge, la hermosa Nina Fortner, el pequeño Dieter, etc. Esta larguísima historia está tejida a partir de docenas de retales, de capítulos que no se conectan hasta sus últimas puntadas, pero todo lo que acontece en todo momento es interesante, apasionante y adictivo. Al final, todos los caminos llevan al Monstruo, a los terribles experimentos del orfanato, a los cuentos infantiles que se leían en la Casa de las Rosas Rojas o a la memoria de aquella prostituta turca que cambia tanto de nombre... "Monster" es una delicada maquinaria de relojero, una escrupulosa amalgama de historias a un ritmo trepidante, un culebrón noire abrumador, genial, repleto de acción y con un poso filosófico, patafísico, sobrenatural y demoníaco.

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