Martes, Setyembre 24, 2013

L.A. Noire (Rockstar games, 2011)

Si una de las últimas semanas me la pasé entera sumido en el mundo de la mega-historieta negra Monster, la pasada le dediqué casi todos mis ratos libres a otra obra monumental del noir clásico, absorto y muy concentrado en el desarrollo de los acontecimientos dramáticos y tremebundos de un tiempo pretérito. En este caso, siendo partícipe de ellos, protagonizando la película desde el controller. Siempre digo lo mismo: que en el tema videojuego estoy muy verde, que no es lo mío. Pero un día fui a comer con la familia, y como un yonki desesperado que se lleva electrodomésticos para vender en Las Barranquillas me traje debajo del brazo la XBOX 360 de mi hermano pequeño, qué majo él que me la ha prestado porque ya no la usa, y porque ahora tiene un ordenador de última generación y una pantalla como la mampara del despacho de un ejecutivo, que por lo visto tiene mejor motor gráfico y procesador que cualquiera de las videoconsolas actuales y por venir. Mi hermano ha tenido todas las consolas que han existido, perfil altísimo, estanterías llenas de cartuchos de estos, y está tratando de vender sin prisa su colección. Me traje a casa el equipo (he tenido que quitar la Nespresso del salón para instalarlo), diez o doce juegos y el set de guitarra bajo batería del Beatles Band no, porque me vine en bus, pero me lo traeré también. La semana pasada no tenía gran cosa que hacer, no tenía dinero y me da un poco de envidia que millones de personas estén estos días disfrutando el GTA V, y yo que aún no me he pasado el Commando. Siempre llego tarde a todo, el hype pasa a través de mí como si fuese un ectoplasma, pero cuando salió L.A. Noire me juré que algún día, algún día, lo jugaría en casa en gayumbos, aunque tuviese que esperar a que la realidad virtual estuviese obsoleta y las XBOX las regalaran en las bolsas de pipas. No he tenido que esperar tanto. Y ya me lo he pasado, en tres o cuatro noches insomnes.

Como soy tan cásual, tanto que ni cuento en la estadística, tanto que no me entretiene ni el Solitario ni el Candy Crush, jugar al L.A. Noire me hacía recordar todo el rato mis tiempos jugando al Police Quest de Sierra allá por los primeros noventa. Básicamente (para quien esté igual de verde que yo y le suene aquello), es lo mismo. A primera hora de la mañana te llaman al briefing en la comisaría, te cuentan el caso del día y te vas por ahí a resolverlo, a base de preguntar a los transeúntes. Primero eres un mero peoncito de tráfico, y si lo haces bien asciendes a homicidios o antivicio. Puedes caminar libremente por las pantallas o bien coger el coche. Mirar el mapa de la ciudad, leer los carteles y los periódicos que te encuentras, y charlar con cualquiera por ahí. Y todo el rato estás investigando en los bares (ninguno se llama Lefty's, qué desagradecidos...) y en los callejones. En algunas escenas tienes que correr y pegar tiros mientras te cubre tu compañero, y en otras tienes que esperar pacientemente sentado en un banco del parque disimulando con un periódico sin que te vean. Todo igualito, igualito que en el Police Quest. E igual que allí, solo si sigues los pasos correctos que han predispuesto los programadores del juego, podrás avanzar correctamente y pasártelo. En este caso, la elección correcta la tomarás a la hora de entrevistar a los sospechosos e implicados, donde tienes que juzgar si dicen la verdad, mienten o dudan. Según lo que respondas, te darán más o menos información, podrás avanzar o no. Mientras les entrevistas, aparecen sus rostros en primer plano, y debes decidir si te fías o no de su palabra.

La mecánica, así, la pillé enseguida, y no me costó avanzar. Esto es como el Police Quest 9832. De hecho, hay que decir que esto es sencillísimo. Es de sota, caballo y rey. Si te pierdes un poco, enseguida tu compañero de patrulla te indica qué hacer a continuación, o si no miras el mapa a ver dónde te mandan. Si te matan durante una intervención armada (lo cual es difícil porque puedes encajar seis o siete tiros sin despeinarte), la repites y listo. Si persigues a un sospechoso que corre más que tú, siempre acaba chocándose y rindiéndose. Si conduces mal y atropellas a mucha gente (que a priori es lo que mola de la saga GTA o del Carmageddon: hacer el mal a troche y a moche), tampoco pasa nada, te dan una estrellita menos al resolver el caso. Pero la calidad de los gráficos (como se decía antiguamente; probablemente ya no), la jugabilidad (jarl), los diseños, el hiperrealismo, la libertad de movimientos... es todo tan apabullante y tan bonito, que lo de menos es lo sencillo que es todo. Esto es un Police Quest "de carne y hueso", en el que puedes conducir casi 100 coches distintos con todo lujo de detalles, te cruzas con centenares de personas diferentes con un nivel de detalle en los pliegues de la cara que da hasta miedo, el sonido es mejor que en el cine y casi casi igual que en la vida, y las posibilidades de hacer cosas son casi infinitas: pero pasártelo es muy fácil, el Police Quest era mucho más difícil e ingenioso. Y te descojonabas de risa. L.A. Noire está muy bien, pero solo contiene un chiste entre horas y horas de diálogos y fanfarronadas: cuando el comisario jefe le dice a Cole Phelps (el protagonista, tú), cuando planea acusar al líder inmobiliario de Los Angeles, que si también va a sugerir que Nixon es corrupto...

Supongo que es habitual en los juegos de ahora (no estoy seguro) que la cosa consiste en ver una película interactiva. A mí me ha gustado esto, que conste, y me gustan estas películas largas interactivas, las pocas que he jugado. La comparación con SQ es inevitable (no solo para mí), y es de coña; pero este tipo de juegos me gustan, me entretienen. Estaría bien que se complicase algo más, que llegase a desesperar un poco, o que te matasen más facilmente (solo una prueba tuve que repetirla más de dos veces para superarla), pero a mí me vale lo de ver una larga película, con cuyo protagonista empatizas por santos cojones, y a ratos dejar el mando encima de la mesa y todo. Es solo que pensaba que esto sería más complicado. Igual que la técnica y los gráficos avanzan a pasos de gigante, di por hecho que si dejas de jugar una temporada, te será más difícil retomarlo, habrás perdido práctica. Pero ya veo que no. Ya me lo advirtió mi hermano, que cada vez los videojuegos, con excepciones, son más y más fáciles. Para que juegue desde el bebé a la abuela, supongo.

En cuanto a la "película", en "L.A. Noire" suceden en realidad tres películas: primero, la misteriosa historia de intereses creados, mad doctors y chanchullos políticos que se cuenta (en escenas animadas) a través de los periódicos que te encuentras por el camino; en segundo lugar, otra misteriosa historia, en forma de flashback y en tonos sepia, que abre los diferentes capítulos, que remite a la juventud del protagonista y su intervención como jefe de escuadrón durante la Segunda Guerra Mundial. Y finalmente, claro, está la historia central, protagonizada por el oficial Cole Phelps (tú), un agente de policía sereno, parsimonioso, terriblemente sensato, recto y flanders, que comienza enfrentándose a pequeños casos rutinarios en la división de tráfico (un atropello, un coche abandonado...). Y lo hace tan bien, que pronto va trepando en el cuerpo, y se verá enfrentado a un caso de asesinatos en serie. Comienzan a aparecer mujeres desnudas y mutiladas en distintos lugares de Los Angeles, en una trama magnífica, homenaje diáfano, constante e indisimulado a James Ellroy, que te lleva a los recovecos más oscuros y pestilentes de Hollywood. Los férreos y chocantes diálogos a lo Ellroy, Elmore Leonard o Horace McCoy se entrecruzan con las leyendas reales de "Hollywood Babylonia", que desembocan en un festín sangriento con un loco suelto que recuerda a los de Thomas Harris o al serial killer posterior tipo "Seven" o el del Zodíaco. La resolución de este caso de asesinatos en serie se produce después de haber detenido y encarcelado a un puñado de inocentes, con lo cual la jefatura decide no sacarlo a la luz, por evitar la humillación y el escándalo públicos. Cole Phelps goza de gran prestigio en el cuerpo y en las calles, y pronto pasará a antivicio, donde otra serie de pesquisas le llevan a investigar muertes de músicos negros de jazz (no abandonamos la idea de otras obras de Leonard o Ellroy) adictos a la morfina; una morfina proveniente de restos del ejército, y que parece que está siendo filtrada en la sociedad a través de una misteriosa fábrica de hielo y un médico-de-los-famosos...

Al final, las tres historias (la de los periódicos, los flashbacks bélicos y la trama principal), obviamente confluyen, y se relacionan las muertes, las drogas, los experimentos, los políticos y empresarios corruptos y su madre montada en moto con el escuadrón de jóvenes soldados y lo que les sucedió en su particular Colina de la Hamburguesa. Una trama estupenda, ambientada de manera magistral, inmejorable, en el otoño de 1947 en una soleada y putrefacta California. Puede que vuelva en otro rato a conducir cadillacs y empujar a las viejas por las aceras hasta el infinito.

Walang komento:

Mag-post ng isang Komento