jueves, 6 de junio de 2013

Verano de corrupción (Stephen King, 1982)

Cogí un nuevo Stephen King al azar de mi kingoteca y lo lei a toda leche estos días. Concretamente, la edición española de "Verano de corrupción" (la primera, la de Grijalbo) comprende las dos primeras partes de "Different seasons" (primavera y verano; luego fue editado aquí como la primera parte de "Las cuatro estaciones", pero en USA siempre fue un solo libraco de cuatro cuentos: "Different seasons"), y contiene los dos magníficos cuentos Rita Hayworth y la redención de Shawshank (The Shawshank redemption) y Alumno aventajado (Apt pupil). Es decir, los cuentos "ni cortos ni largos" en los que se basaron, respectivamente, las pelis "Cadena perpetua" y "Verano de corrupción". Recuerdo que estos dos son de lo primero que leí de King allá por mi adolescencia, y releerlo ha sido un placer, una lectura gozosa que me ha acompañado un par de días muy tranquilos y felices, escuchando a todas horas la emisora Bebop jazz de SkyFM (dedicada a radiar una tras otra "potenciales sintonías de Frasier"). Rita Hayworth y... es un cuento bellísimo, una alegre fantasía sobre la vida carcelaria y la esperanza de vida al salir. No he visto la película dichosa, pero esta historia me chifla, y no la recordaba tan entretenida y nutritiva. Tampoco recordaba que ambas historias estuvieran conectadas: al principio de Alumno aventajado, nos cuentan que el nazi retirado se instaló en California gracias a los tejemanejes de un abogado de Nueva Inglaterra llamado Andy Dufresne, protagonista de la otra historia (esto lo hace bastante King, conectar unas novelas con otras a bases de objetos, personajes recurrentes y pequeñas pistas para el lector atento; por ejemplo, la historia del pueblo de Salem's Lot la lleva narrando 40 años en diferentes novelas y cuentos). La historia del joven espabilado que descubre que su anciano vecino es el ex-responsable de un campo de concentración nazi, se me hizo un poco más larga, porque anda que no le gusta a King irse por las ramas. Pero la transformación progresiva de ambos es terrible, magnífica. Como otras veces, que todo se resuelva atropelladamente mediante nuevos personajes en las últimas veinte páginas, da un poco de rabia, pero consigue hacer que la lectura haya merecido la pena. Una gozada, muy recomendable para acercarse a un Stephen King menos voluminoso, y sobre todo por parte de aquel que le tenga demasiado encasillado como autor sobrenatural, porque aquí no hay nada de eso, y sí un trabajo de orfebrería en torno a las relaciones masculinas y al thriller más descabellado.

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