jueves, 27 de junio de 2013

Stephen King - Joyland (2013)

Por supuesto, a la edición española de la última novela de Stephen King no pertenece esta bellísima ilustración, que es del original de Hard Case Crime. Me he leído "Joyland" en dos noches, ha sido agarrarla y me impidió por completo conciliar el sueño. Para mis anales, añadir que algunos de los últimos fragmentos los devoré en una de las mesas del jardín interior del Museo Romántico (que últimamente ha sido mencionado en un montón de publicaciones de tendencias, y ya no es Mi Lugar Secreto; ¡estaba repleto un miércoles a la hora del aperitivo!).

Stephen King ha contado muchas historias sobre lugares encantados, sobre el poder sobrenatural de espacios en los que han sucedido cosas horribles. Véase el viejo caserón de Salem's Lot, la habitación 1408 del hotel Dolphin de NY, el hotel Overlook entero, la ciudad de Derry, coches, perros, cabañas en el bosque, escritores encantados, terruños donde hubo cementerios indios... Pensaba que Joyland sería una historia sobre un parque de atracciones encantado, en el que sucedían cosas fantasmales en torno a unas norias y unos carricoches, y no me apetecía mucho leer sobre esto ahora. Pero nada más lejos. La última novela de King es una obra maestra sobre el tránsito de la infancia a la madurez, sobre el primer batacazo sentimental y la primera zambullida en el sexo (que no se olvidan ni con sesenta años) y sobre una Roadside América envuelta en la nostalgia. En la atracción de la Casa Embrujada de Joyland (Carolina del Norte) hubo un atroz asesinato hace algunos años, y parece que el fantasma de la joven asesinada junto a los monstruitos de corchopán, se le aparece a los empleados. Es 1973. La historia nos la cuenta el protagonista en primera persona, desde el futuro, a comienzos de 2012, y recuerda el año que pasó trabajando en Joyland. Hacia la mitad de la novela, Devin Jones nos ha puesto al corriente de cómo y por qué decidió enrolarse como feriante, y el daño que le hizo de por vida la ruptura con la bonita Wendy, su amor de instituto. Un puñado de personajes nos son presentados: los feriantes, los feriantes de feriantes, algunos clientes paletos (coniles en el Habla de los feriantes; hasta cierto punto, la novela es un ejercicio de estilo), la dama que regenta la casa de huéspedes en la que se hospeda Devin, los otros inquilinos, y llegamos al punto en el que el heroico jovenzuelo protagonista conoce al niño en silla de ruedas y a su hermosa y esbelta madre. El resto de la historia transcurre de manera prodigiosa, dando vueltas en torno a esas relaciones de verano que quedaron atrás, a lo que le sucede al niño tullido y a los acontecimientos en que desemboca todo aquello: el "fantasma", la hija del predicador, el montabobos, el niño de salud quebradiza, el feriante del bombín ladeado. Una historia breve (para los estándares de SK) de una sensibilidad esquisita (con elementos paranormales, con giro final, pero eso es lo de menos), que me ha emocionado y me ha entretenido como hacía mucho tiempo que no me pasaba.

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