jueves, 18 de octubre de 2012

The Electro Swingers - "Steampunk" (2012)

El otro día en uno de mis ataques consumistas con consiguiente visita a tienda de viejo para seguir acumulando más libros de los que tendré tiempo de leer antes de morir, me encontré con una selección de ci-fi española titulada "Steampunk: antología retrofuturista" (Fábulas de Albión, 2012), que apenas he comenzado pero que tiene muy buena pinta, una intro estupenda y un staff de altura. Todo lo que huele a steampunk me fascina, como a toda persona con capacidad de soñar y tal, y no sé cómo me dio por echar un ojo a ver si había grupos musicales que habían hecho suyo eso del steampunk como género musical. Aunque fuera por el confuso y equívoco uso del "punk". Y vaya si lo hay. En EEUU sobre todo, claro, proliferan las bandas y los solistas de amantes del subgénero, que gustan de salir al escenario disfrazados, con los instrumentos tuneados (aunque sin demasiada originalidad en cuanto a su variedad, hasta cuanto he visto) y hacer como si vinieran de un futuropasado imposible pero que custodia una buena dosis de nostalgia. Muchos, montones de grupos cuyos nombres o títulos de temas hacen alusión a la absenta, las máquinas de vapor y artefactos de relojero, los mandamientos de Verne, Wells o Jack, célebres robots eólicos, freaks, mad doctors, inventores, etc. Parece que sí existe un género musical que explorar al fin y al cabo, sin los límites demasiado definidos y sin demasiados nexos en común, salvo la supuesta afición por el steampunk literario/estético, y las ganas de pretender que se pertenece a otro lugar; por las pintas, básicamente.

Por tratar de concretar, ciñéndome a lo que dice la Steampunk Wiki sobre lo que debe tener un músico o banda para ser considerado steampunk, el ideario es el siguiente: 1. Que se llamen a sí mismos steampunk; 2. Estilo o trajes anticuados; 3. Instrumentos clásicos; 4. Una biografía fiticia que remita a la Era Victoriana; 5. Letras que hagan referencia al steampunk (ya sea histórico o literario).

Por ejemplo, me han hecho cierta gracia una banda londinense llamada The Men That Will Not Be Blamed For Nothing. Su acento cockney y su imaginario visual remiten indudablemente a la era victoriana, así como cada uno de sus mensajes, loas a Tesla, Boilerplate, Stevenson, etc. En lo musical, andan a medio camino entre el folk pseudo-celta, con fiddlers y guitarras acústicas, y el grindmetal más oscuro y gutural. Molan sus portadas, su rollo en general, y que tengan un EP navideño, que esas bobadas me encantan.

Steam Powered Giraffe me están gustando mucho. Para empezar, los miembros de este trío de San Diego salen al escenario ¡disfrazados de autómatas! De hecho, pasan por ser tres robots (con esporádica ayuda de dos seres humanos en escena... que pronto también serán autómatas, si pasan a la formación definitiva del grupo), con su característico background personal, como los Kiss, En su web se declaran una Musical Pantomime Troupe, y juguetean con el rollo de estar ellos mismos accionados por un mecanismo de relojería o con dieselpunk. Musicalmente, al margen de la temática (Brass goggles, Electricity is in my soul, Captain Albert Alexander —nombre del primer paciente tratado con penicilina por Fleming—, Pirates, Clockwork vaudeville, Automatonic electronic harmonics, Circuitry...) desarrollan un pop acústico, vocal y cromático muy de mi gusto, no demasiado lejano de los maravillosos They Might Be Giants, con perdón, y con espacio para melodías intercaladas de finales del XIX.

Abney Park o The Cog Is Dead son otras dos referencias ineludibles en esta subcultura musical, por ser los que parece que se toman más en serio su papel en esto. Disfrazados, muy rígidos y solemnes, me dan bastante más igual porque se dedican a un goth-industrial a medio camino entre Marilyn Manson y Front 242 que me traen al pairo. Y son feos. En esta misma línea steam-electrónico-heavy-gótico-banda sonora gutural para leer 20,000 leguas de viaje submarino-punk podemos citar a grupos como KK & The Steampunk Orchestra, The Hellblinki Sisters, Deadly Nightshade Botanical Society, Vernian Process, Ghostfire, Drachenflug, Wolfenmond, Unextraordinary Gentlemen, AtOmsk, los noruegos Kaizers Orchestra, Retard-O-Bot, The Absinthe Drinkers y toda una serie de bucaneros oscuros disfrazados, que idolatran por igual a Kraftwerk que a Black Sabbath y lo aderezan con lo victoriano y eso suyo.

Prefiero quedarme con esas bandas que aman lo steampunk, pero que andan a la búsqueda de un sonido propio alejado de las maquinitas y el ruido (gutural o industrial). The Jane Austen Argument son un dúo de pop de Melbourne, que pretenden adentrarse en eso tan moderno y tan indie del anti-folk, a través del cabaret y de su pasión por la Era Victoriana.

Sus vecinos Mikelangelo & The Black Sea Gentlemen aúnan la idéntica pasión por el dark cabaret de los Dresden Dolls con una instrumentación folk que les acerca a la música celta.

El Doctor Phineas Waldolf Steel, aka Dr. Steel, es todo un personaje de dibujos animados steampunk viviente, mucho más interesante como quintaesencia de todo esto, que como músico (rock duro de vanguardia en la línea de Nine Inch Nails o Fantômas). Se trata de un patético mad doctor decimonónico en toda regla, un supervillano con planes de dominación mundial, que construye robots accionados por vapor (The Army of Steel Soldiers, como también se conoce a su club de fans), y en sus actuaciones utiliza marionetas y efectos especiales. Se hizo famoso en la red (primero en Youtube y luego en iTunes) a comienzos de (este) siglo, narrando sus hazañas como villano, protagonizando un Dr. Steel Show que más tarde fue centro de la polémica cuando Joss Whedon estrenó su web-serie Dr. Horrible's Sing-Along Blog, siendo acusado de plagio por el mismísimo The Guardian.

Armitage Shanks: The Carny Preacher son otro interesante proyecto reciente que reúne todas las condiciones, y además del sonido cabaretero utilizan sierras rasgadas y sonidos jazzísticos propios del Nueva Orleans profundo, por lo que les doy mi sello de aprobación. Igualmente jazzísticos, divertidos y sin la flema propia del oscurantismo previo tenemos a los texanos The Aeronauts, que además llevan sección de vientos.

Resulta inevitable citar también al veterano Dave Sixx, un músico infumable y que abraza abiertamente el hair-metal más clásico, pero desde una perspectiva steampunk: desde que iniciara su carrera en solitario (tras su paso como bajista en numerosas bandas jebis de finales de los ochenta que no conoce nadie), decidió labrarse a machamartillo un perfil de remedo de Alice Cooper venido del siglo XIX. Con sus goggles en el sombrero de copa y sus atuendos victorianos, en su web narra cómo en diversas etapas fue adalid del industrial, del rock ocultista, la opereta obscura, etc., hasta llegar a "Steampunk or Tales from the Sixxteria Manor" (2010), y su definitiva conversión en dueño y señor del Altar del Sonido Steampunk (según sus propias palabras, claro). Toda la parafernalia está ahí, pero el resultado es bastante decepcionante.

¿Alguien se acuerda de Jive Bunny & The Mastermixers? Siempre que puedo reivindico los discos ochenteros de este conjunto, que no eran sino unos DJs británicos que recuperaron la música swing de los años 20 bajo una pátina de electrónica; algo así como lo que hizo el infame Luis Cobos con la música sinfónica, pero con mucha más gracia, devolviendo temas casi olvidados de Glenn Miller o Bill Halley a las pistas de baile. The Electro Swingers es un extraño y misterioso proyecto (que al parecer tiene algo que ver con los también gurús del electro-swing The Correspondents) que trata precisamente de revitalizar viejas grabaciones de comienzos del XX (algunas de las cuales aparecen, por cierto, en el recopilatorio "The roots of steampunk (1903-1929)"), y disfrazarlo de música retrofuturista. El disco "Steampunk" (2012), con temas como Retro electric hoochie coochie, Tesla is knockin' at my door, Victorian dream o Steampunk in the rain son un hortera juguete electrónico llenapistas que no podía faltar en esta colección.

A Thomas Truax le sigo desde hace mucho tiempo (ya alabé su trabajo en "La música más rara del mundo"), y parece que también se le etiqueta dentro de este asunto tan sui generis. Este neoyorkino también sondea similares referencias góticas, y hay que archivarle cerca de las cosas raras y deprimentes de Barry Adamson o Badalamenti (indispensable echar una oreja a su "Songs from the films of David Lynch"), y su música se me hace un poco cuesta arriba. Pero lo destacado de Truax es que es un one-man-band, inventor y ejecutor de sus propios y extraños instrumentos, como el Cadillac beatspinner wheel, el stringaling o el hornicator con el que suele retratarse. Y estas cosas me fascinan.

A nadie se le escapa ya que este supuesto y poco definido infragénero musical (o expresión musical de una subcultura especulativa más o menos definida) tiene bastante que ver con la performance, el vaudeville y el cabaret. Todos los músicos citados, y los venideros (pese a que su abanico sonoro oscile entre el industrial, el punk, el folk, el synth o la ópera), tienen una puesta en escena teatral muy poderosa. Es aquí donde las fronteras del asunto se difuminan, y por un lado podemos rastrear referencias, estéticas o declaraciones de principios cercanas al steampunk en bandas como mis adorados Tiger Lillies (muchos de sus espectáculos han girado en torno a los grandes hallazgos culturales y sociales de la era victoriana), The Dresden Dolls y otros adoradores del cabaret alemán, la pesada de Tori Amos, Tom Waits cuando se pone experimental (especialmente en "Real gone") o así lo que queramos estirar el chicle. Ya digo que el steampunk musical, en relidad, no existe; salvo porque lo reivindican para sí cinco o seis que a cada uno le sopla el aire desde un flanco distinto.

Pero puestos a etiquetar así intentando dar en la diana, muy cerca del sonido de Amanda Palmer o los Tiger Lillies, pero emanando referencias que bien pudieran pasar por los estertores del siglo XIX, tenemos a las damas steam Emilie Autumn y a Rasputina. La primera fue una niña prodigio californiana, que se dice que aprendió a leer música, tocar el piano o el violín antes que a chapurrear, y que pronto le dio por llenar sus composiciones de referencias victorianas, barrocas y renacentistas. De cantarle a la absenta, las muñecas, el suicidio (no falta en su repertorio una versión en violín de Gloomy Sunday) o la Revolución Industrial. Y de llevar esas pintas tan informales. Rasputina por su parte es en realidad el nombre de un trío, liderado por una chelista polaca del mismo nombre que se viste como una lolita gótica steampunk vintage y que viene a hacer lo mismo que Amanda Palmer o Rasputina, pero con menos talento. En este mismo bloque llega el momento de hablar de los alucinantes Evelyn Evelyn, que no son sino un reciente proyecto de la propia Amanda Palmer de Dresden Dolls, que junto con Jason Webley llevan al extremo el jugueteo con la estética victoriana y sus freaks de feria, tipo Joseph Merrick y sobre todo las mellizas unidas por el costado Daisy y Violet Hilton. Evelyn Evelyn no son otra cosa que dos mellizas que nacieron unidas, y así permanecen en el escenario, canturreando operetas dedicadas a los cabarets, los espectáculos de feria ambulante y tocando el piano a cuatro manos. Todo muy steampunk y políticamente incorrecto.

Abordando de lleno las ferias ambulantes de fenómenos, entramos en otro terreno que podría alejarse peligrosamente de lo estrictamente steampunk, y toparnos con personajes como Marilyn Manson, Slipknot y hasta el circo de Jim Rose, y muchos otros que probablemente ni sepan qué es el steampunk. Quedémonos al menos en los límites de ejercicios de puro revival victoriano como el que supone el dark cabaret, que es el terreno por el que se mueven muchas de estas bandas citadas recientemente, y que se pueden encontrar por ejemplo en el recopilatorio (y show ambulante) "Twisted cabaret vol. 1" (Volvox music, 2010).

Para terminar esta somera introducción, remito al aficionado a Clockwork Cabaret y Steampunk after dark, un par de podcasts de radio steampunk muy abiertos de miras, que pretenden dar forma a esta subcultura musical nacida al auspicio de esas fantásticas historias del tráfico de zepelines sobrevolando edificios mecánicos sobre Whitechapel.

P.D. Ah, y también hice una lista de Spotify.

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