martes, 16 de octubre de 2012

El fugitivo (Stephen King [como Richard Bachman], 1982)

A estas alturas, lo confieso, yo no tenía ni pajolera idea de que la película "Perseguido" (1987), protagonizada por Schwarzenneger, que recuerdo haber disfrutado un montón en un pase familiar de videoclub hace muchos años (y que tengo muchas ganas de volver a ver), era la adaptación de una novela de Stephen King (de su etapa diarreica bajo seudónimo). Ésta, "The running man", que me encontré el otro día en una increíble librería gratuita-solidaria-cumbayá que acaba de abrir muy cerca de mi casa. Me la leí estos días en tres sesiones delante de sendos cafés negrísimos en mi barra favorita, y no se parece nada al vago recuerdo que tengo de la película; recuerdo probablemente muy embarullado después de las miles de horas que pasé en su día jugando al Flashback, esa especie de Prince of Persia 2.0, suecado, futurista y fosforescente, y uno de esos pocos videojuegos a los que me he enganchado muy fuerte alguna vez.

Pero a lo que iba. Stephen King, definitivamente, no vale un pimiento como escritor de anticipación, y es que este 2025 que imagina se parece más a 1993. Lo de los pobres encerrados en guetos es talmente la imagen que nos dice la tele de Río o del DF (o de Madrid 2014); la nueva moneda la tenemos aquí hace mucho y no sería raro que los pobretes volvamos a la peseta y el euro se lo metan por el ojal los políticos y sus familias; la tele ya solo la ve la tercera edad, los analfabetos y esa minoría de graciosetes tróspidos de Twitter que lo hace una vez a la semana; y aunque los coches no vuelan a un palmo del suelo (¿para qué?), los medios de comunicación han avanzado definitivamente muchísimo más de como lo imaginaba King: eso de que el concursante de ese GH letal tenga que ir enviando cada día los videos de su escabullida grabados en casette, y por correo ordinario... Queda un poco risible. Pero, al margen del desarrollo de la distopía futurista (en la que no se ceba, no juega casi nada al demiurguismo barato, lo cual se agradece), la historia es todo lo trepidante que se espera de ella, y como novela de acción resulta entretenidísima.

Lo que sí me dejó boquiabierto y algo acojonado, fue la última página, con esa escena en la que interactúan un avión de pasajeros y un edificio...

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