jueves, 18 de octubre de 2012

Dolores Claiborne (Stephen King, 1992)

Ésta me la recomendó Á., al verme todos los días amorrado a este lado de la barra con un King diferente, me dijo que era la que más le había gustado, y lo apunté para que fuese la siguiente. Y si bien me parece una gran novela, como novela-de-Stephen-King me ha decepcionado un poco. Le falta género, sustitos, atmósfera. Le sobra introspección psicológica, una vez más, en el mundo de lo femenino (ay, cuántas mujeres que ahora han añadido a su outfit para el suburbano un "Cincuenta sombras de Grey de los cojones" no saben lo que se están perdiendo sin acercarse a las observaciones de tito King sobre la idiosincrasia de la MILF), y ahí está otro rincón fabuloso de Maine, esta vez la isla de Little Tall, un guisante en el Atlántico, con sus propias fábulas, personajes asfixiantes y americoprofundos, y por supuesto ahí está El Eclipse, como maravilloso tercer ojo, para aportarle al conjunto toda la dosis de malditismo y misterio sin la cual esto me hubiese parecido un coñazo. Pero el caso es que de las que he releído/leído estos días es la que me ha dejado más frío. Como ejercicio de estilo (la novela está enteramente narrada en primera persona por la Dolores; se trata de la transcripción completísima y literal de su confusión, con los giros lingüísticos yankees propios de la región y las espléndidas pausas para referirse directamente a los interlocutores, que pautan la estructura y la trama), como ejercicio de estilo, decía, resulta muy original y brillante. Pero eso de que en la página 1 Dolores ya haga su confesión (que a Vera no la mató pero a Joe sí), le quita, digo yo, bastante intríngulis. Las otras 300 páginas son una hermosa y profunda descripción de la vida de Dolores, su marido alcohólico y violento y su familia, a caballo entre la casa de la gruñona Vera y sus quehaceres en la isla, una bonita historia de mediados del siglo XX, que apenas cobra intensidad cuando llega el momento de narrar los 59 segundos del eclipse total y lo que acaeció en los alrededores del pozo. En ese momento sí que estamos ante el King que más me gusta, el del autocine, el lado oscuro y el mal rollo.

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