miércoles, 18 de abril de 2012

Bad Company 01 (Pete Milligan, Brett Ewins, Jim McCarthy; progs 500-519)


Aprendí a amar estos comics en mi más tierna adolescencia. La primera edición en España, en grapa, de las aventuras de Dredd, Robo-Hunter, Strontium Dog o Rogue Trooper llegaron a los kioskos de mi barrio siendo un impresionable teenager, y devoraba aquellas complejas historias ciberpunk con la boca abierta. Cuando pienso en la pobre edición de MC Ediciones, de la que conservo montones de retapados, son muchos los recuerdos y los olores que me asaltan. Y entre muchas otras sensaciones e historietas inolvidables, me rondaron durante mucho tiempo las tetas de Samantha Fox, que aparecía en portada de una de las revistas de heavy metal que anunciaban aquellos tebeos mugrientos. Otro de los anuncios que me costaría quitarme de la cabeza sería este pin-up, que acompañaba a la promesa de la edición en español de Bad Company, y fuera aquello lo que fuese, tenía una pinta extraordinaria. Dicha edición nunca tuvo lugar. Nunca supe qué era Bad Company, hasta la Era Internet.
Hace algunos meses recolecté páginas sueltas de mi colección digital completa de 2000AD, y me hice mis propios retapados. Por supuesto, entre ellos están todas las historias publicadas de Bad Company, aquel misterioso equipo de... ¿mutantes? ¿cyborgs? ¿humanoides del abismo? Por fin, he tenido ocasión estos días de leer el primer arco completo (125 páginas), en jugoso blanco y negro, y servido a través del espacio-tiempo desde 1986 hasta mi tablet, del extraordinario serial de 2000 AD Bad Company. Y ha satisfecho con creces mis expectativas. La espera desde mi primera adolescencia hasta este momento (voy por la cuarta adolescencia) ha valido la pena. Bad Company es una jodida pasada.
Como Rogue Trooper, BC no es otra cosa que un tebeo de “Hazañas bélicas” ambientado en el siglo 23. La acción tiene lugar en verano de 2210, en el Sector 8 del planeta Ararat. Una tropa de asalto ha sido enviada desde la Tierra para hacer frente a una raza alienígena hostil, los Krool, que han decidido invadir Ararat en su camino hacia la Tierra. Los Krool se parecen mucho a los marcianitos de “Toy Story”, pero a escala y sustituyendo la pátina de dulce cartoon por grotesco hiperrealismo cabrón à la Fleetway. La pandilla de humanos que están a punto de ser devorados por un comando Krool, está a punto de conocer a otra clase de soldados: la Bad Company.
Liderados por Kano (un grandullón al que los Krool han sometido a toda clase de perrerías quirúrjicas hasta asemejarle a Herman Munster), la BC no es sino una avanzadilla humana que llegó mucho tiempo antes a Ararat que la tropa del narrador y protagonista, Danny Franks. Además, pronto sabremos que Kano y sus salvajes no sólo están en Ararat para frenar al enemigo invasor, sino porque la Tierra se está muriendo, le quedan como mucho 15 años de vida, y hay que ir buscando un nuevo nido.
A Kano le acompañan una serie de ex-soldados (todos ellos manipulados por los mad doctors Krool y sus experimentos nazis), a saber: Thrax, una especie de violento esqueleto vampiro ambulante; Shrike, un negrata con sombrero de copa y monóculo, que parece un descarte de Fishbone; Flytrap perdió un brazo en la guerra, y le fue sustituído por una extraña planta de Ararat que le crece por el cuerpo (calza una planta carnívora parlante en lugar de mano, y un bichito-patata sonriente le sale de la chepa); Gobber es un bicharraco encorvado con cola, mitad perro mitad lagarto de lengua retráctil. Pertenece a raza gobber, también sometida por los Krool; Wallbanger es un robot enorme y de aspecto ridículo, que sirve absolutamente para todo; Dogbrain es una bicha salvaje que va encadenada a Kano. Era un humano, pero los Krool le pusieron un cerebro de perro rabioso, por hacer unas risas; Mad Tommy no fue sometido por los Krool, ya que su especialidad es hacerse el sueco, hablar como un tarado y esconderse; y por último están los soldaditos humanos, recién llegados al planeta, que se unen a la Compañía Mala: Trucker, Mac y el propio Franks.
Sobre el planeta Ararat se cierne una guerra a cuatro bandas: los Krool, los humanos, la Skull Possee (unos punks sonados que son liquidados en un par de progs) y los Zombies de Guerra, esto es, todo el que muere, que enseguida es resucitado y convertido a la causa Krool, mediante un invento llamado Zombie Beat. Así las cosas, asistimos a una batalla cruel y despiadada, narrada de forma extraordinaria y espeluznante por Peter Milligan y con unos dibujos (Ewins y McCarthy) que son una cumbre estética del ciberpunk. En pocas páginas, todo el asunto va adoptando un tono melancólico y apocalíptico, en cuanto sabemos que el mismo planeta Ararat se está pudriendo y se va a llevar por delante a todo bicho viviente. Es sorprendente cómo los autores, a través de una revista seriada para un público rebelde y fan de The Young Ones, consiguen que le cojas cariño a semejantes hijos de perra, y te joda que muera un personaje que ni siquiera existía hacía tres páginas. Bad Company es una historia poderosa, asfixiante, cruel y brillante, un cruce entre Sargento Rock, Weird War Tales, “Akira” y “La chaqueta metálica”, con sorprendentes destellos de ternura, ecologismo y viñetas de delicada y sucia orfebrería.

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