sábado, 22 de octubre de 2011

Robo-Hunter: The slaying of Slade (2000AD progs 312-330; 1983)


Un misterioso tipo deforme está utilizando a los imparables y ya conocidos Teeny Meks para robar los tesoros más valiosos del mundo, y de paso aprovecha para quitar la vida a Sam Slade. Slade ha muerto, y su cuerpo es velado por Stogie y Hoagy. El espíritu de Sam va al Cielo (un Cielo futurista que también ha evolucionado y se ha tecnologizado con el paso de los siglos; las escenas celestiales que pinta Gibson quitan el hipo), pero el fiscal que le defiende para decidir si lo mandan al Infierno, Maurie Iscariot, descubre que existe otro Sam Slade vivo en la Tierra, y que hasta que solucione ese asunto tendrá que aguantarse como fantasma.
Slade vuelve a la Tierra en estado intangible, y repasa su vida, a ver si descubre en qué momento apareció un nuevo Sam C. Slade. Sam revisita los escenarios de antiguas aventuras, en Brit-Cit o en el planeta Verdus, pero tiene que remontarse aún más, hasta su época como soldado. Allí asiste a una escena en la que fue alcanzado por un proyectil durante la absurda Robo-War, y fue hospitalizado. Y mientras estuvo inconsciente, el fantasma de Slade descubre que el mismo misterioso tipejo deforme que le ha matado en el presente, en aquellos tiempos le arrancó un trozo de piel y fabricó un clon.
Descubierto el misterio del “otro” Sam, el fantasma decide observar el crecimiento del clon. Asiste perplejo a su formación militar desde bebé, pero comprueba que su clon es un necio, respondón y malvado. Después de ser expulsado del ejército, es adoptado por la familia Scumm, y al cabo de unos años es encerrado en la cárcel y condenado a 42 años, por desalmado. Es entonces cuando el alma de Sam Slade decide introducirse en el cuerpo de Sam Scumm, previa aparición espectral. Desde ese momento, el clon compartirá dentro dos identidades, Slade y Scumm, y se librará permanentemente un conflicto moral en su cabeza, con sendos bocadillos de pensamiento constantes. Para eludir la prisión, el joven Scumm, guiado por la mente más preparada de Slade (puesto que viene del futuro), decide someterse a una pena opcional en este mundo futurista, que consiste en cumplir la pena acelerando su edad esos 42 años, en unos pocos segundos, con todo el riesgo que eso conlleva. Slade/Scumm se cuelta minutos antes, y modifica la silla aceleradora de edad, y la convierte en una máquina del tiempo, lo que le hará viajar al presente, donde Scumm/Slade todavía debe hacer frente al misterioso deforme, Deller, que sigue cometiendo fechorías y además merece una venganza. Otra aventura estupenda y originalísima creada por el trío Wagner / Grant / Gibson.

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