sábado, 22 de octubre de 2011

Robo-Hunter: Play it again, Sam (2000AD progs 292-307; 1982-83)


Para el siguiente arco argumental de las aventuras de Robo-Hunter, “Play it again, Sam”, unieron de nuevo sus fuerzas Alan Grant y John Wagner a los textos (de nuevo firmando como T.B. Grover), transformados en bellísimas páginas barrocas por el impresionante Ian Gibson, que aquí está que se sale. Y este trío de monstruos del cómic llevaron a Sam Slade a la que probablemente sea su aventura más interesante hasta la fecha. Una historieta de más de ochenta páginas que, para empezar, pasa por ser el “episodio musical” de la serie: la gobernadora de Brit-Cit, Iron Aggie, ha decretado el Año Nacional de la Canción (National Song Year), para que todos los ciudadanos, robots y humanos, vivan en armonía, y todo lo que se diga ha de ser cantado. A lo largo de toda la historia, cada dos por tres, los personajes se ponen a cantar, transformándose los bocadillos de texto en dinámicos pentagramas con notas musicales, con notas a pie que indican con qué canción han de ser leídos los diálogos. Se nota la influencia de Wagner, que echa el resto en un derroche de imaginación, rimas y melodías surrealistas, en la que es probablemente la primera historieta musical (o Comic ópera, como se indica en las entradillas de cada capítulo). Al margen de este experimento delicioso, el argumento de la historia es brillante, y también se las trae: cansados de las tonterías de los robots, y de que estos hayan copado todos los puestos de trabajo, un grupo de humanos se organizan para destruir androides, en una guerrilla denominada The Human League. Así que el Gobierno robot contrata a Slade para que descubra a su cabecilla y acabe con la Liga Humana de odiadores de robots desde dentro. Pronto, Slade descubrirá que uno de los líderes de la guerrilla no es otro que el dichoso Kidd, su enemigo íntimo. Sam consigue disuadirle para que le admita entre sus filas, pero para demostrar su fidelidad se le encarga una misión: destruir a Iron Aggie (quien en realidad había contratado a Robo-Hunter con la intención opuesta). El Primer Ministro, Sir Oswald Modroid, planea junto a Slade un falso asesinato de la gobernadora, en pleno mitin público, para que la Liga Humana confíe en la fidelidad de Sam. Lo que Sam no sabe, es que en realidad quien ha organizado a la Liga es el propio Mondroid, con una doble intención: poner a todos los robots en contra de todos los humanos, y de paso eliminar a Iron Aggie y hacerse con el poder. En el mitin, Sam elimina a Aggie, pensando que se trata de un sustituto, y Mondroid aprovecha para nombrarse nuevo líder, revelar sus planes, detener a Slade y de paso al resto de las personas, al decretar la obsolescencia de la raza humana.
Todos los seres humanos, al fin, han sido confinados en enormes campos de concentración junto a la costa, y los robots campan a sus anchas. Slade deberá escapar del campo de concentración y derrotar a Mondroid, con la ayuda de un superdotado Hoagy (reparado por Slade al principio de la aventura, después de ser atacado por la Liga) y su marchoso robo-cigarro. Y a todo esto, los estrafalarios personajes no dejan de canturrear cada dos por tres. Incluso asistimos a una secuencia en la que las ratas, las cucarachas, las pulgas y hasta el moho que se apelotona en los campos de concentración, se ponen a cantar sus intenciones de apestar a los humanos, como si esto fuese una película de Disney. Un disparate maravilloso, y otro de los grandes momentos de Robo-Hunter.

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