sábado, 22 de octubre de 2011

Robo-Hunter: Farewell, my billions (2000AD progs 435-443; 1985)


Wagner, Grant y Gibson dejaron descansar al personaje durante una temporada, para recuperarlo de nuevo ya bien avanzado 1985, exactamente en el mismo punto donde se había quedado la narración de sus aventuras. Sam C. Slade, en esta nueva desventura de 50 páginas, es ahora anciano, pero ha recuperado su forma física tras un par de años en la isla del Dr. Droid. Lo que pasa ahora, es que no hay ni rastro de su robot ayudante, ni de su puro electrónico parlante, ni de su yate ni, lo más importante, tampoco de la fortuna de 27 billones de créditos que tenía ahorrada desde el caso Deller. Y encima, se encuentra un matón en su habitación, nada más aterrizar de vuelta en Tahití. Siguiendo la pista del matón, Slade viaja a su ciudad natal, New York, y se ve envuelto en un lío de casinos y apostadores. Todo indica que a Hoagy y Stogie les ha picado "el bicho de las apuestas", y están dilapidando su fortuna. Pero todo es muy extraño: Slade ve hoagies y stogies por todas partes, como si estuviese soñando, como si todo fuese una pesadilla. Tanto es así que acaba confinado en un manicomio. La aventura le lleva de los casinos de Harlem hasta Sin City y de vuelta a su vieja oficina en el edificio Sloan, East 42nd Street de Manhattan, donde por fin encuentra a sus viejos amigos. Que, efectivamente, se han gastado todos sus billones y le han estado tomando el pelo, y todo para animarle y que vuelva a su trabajo como cazador de robots. Slade, enfurecido, decide volver al redil, pero de paso empeña a los dos trastos que se la han estado jugando.
Al margen de alguna historieta suelta sin importancia (como la contenida en el Annual de 1984, apenas un chiste de 5 páginas protagonizada por Hoagy, "Hoagy's first case", a color, de Stacatto y Gibson), esta fue la última aparición de Robo-Hunter en mucho tiempo en la revista de 2000ad. Desde entonces, sus historietas fueron reeditadas una y otra vez, tanto en cómic-books grapados para el mercado norteamericano (Quality, Eagle) como varias veces en álbumes de varios formatos. Y no volvería al kiosko hasta el prog. 723, en 1991, donde empezó un atribulado vaivén de autores y calidad. No sería hasta 2004 cuando Alan Grant y Ian Gibson volverían a hacerse con el personaje; y encima, para entonces Sam Slade ya era otra cosa. Pero ya llegaré a eso, supongo.

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