lunes, 10 de octubre de 2011

El Yeti (Curtis Garland, 1975)


El Maestro Garland se saca de la manga una aventura épica ambientada en el Himalaya, repleta de referencias a los autores clásicos del folletín decimonónico (incluso aporta montones de notas y aclaraciones a pie de página, cosa insólita en el género “de kiosko”), que obviamente se inspira en la leyenda del “abominable hombre de las nieves”, que aterroriza a sherpas y hace desaparecer a aventureros de todas las latitudes. La novela comienza con una advertencia del autor y una narración ajena, en boca de un millonario que perdió a su mujer e hija en un poblado tibetano (todo muy Verne), y ahora acude a un aventurero profesional para tratar de encontrarlas, a pesar de los meses transcurridos. Para saciar la inevitable necesidad de amoríos en toda novelita de kiosko, Garland mete con calzador a dos aventureras jamonas, que se cuelan como polizones en la expedición, y al final la correctísima y trepidante elegía folletinesca se resuelve sumergiéndose entre lo supersticioso y lo paranormal con brillantez, yendo más allá de leyenda generalizada del mito tibetano universal y creando su propia Leyenda particular.

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