jueves, 1 de septiembre de 2011

Bar Kokhba Sextet - Jazzfest Willisau (2008)


Anonadado sigo con la última grabación de estudio del sexteto mágico y vitalista formado por Baron/Baptista/Feldman/Friedlander/Cohen/Ribot, y no me canso de escuchar una y otra vez las piezas que para ellos compuso el Maestro John Zorn en su más reciente y ambiciosa proeza, el Libro Dos de Masada. Disfruto cada día de nuevos matices y detalles que de otra manera (sin la enésima escucha) se me pasarían por alto, y vuelvo a enamorarme una y otra vez de esas fascinantes grabaciones.
Pero a John Zorn hay que disfrutarle en directo. Entre los muchos, muchísimos conciertos del Genio que se me van acumulando, tanto en el reproductor de audio como en el de video, estoy especialmente feliz con éste, un pirata obtenido en un pequeño festival en una aldea suiza hace tres años, por la calidad de su sonido y porque en él desgranaron el repertorio (me encanta esta palabra) de ese mismo Masada Book Two: The Book of angels. Una ocasión única, de momento, de atender a las evoluciones de los Siete Magníficos en crudo, improvisando y dándolo todo. Por alguna razón, todas las pistas las tocan aún más rápido que en el estudio, y es impresionante escuchar los solos de violín de Mark Feldman o las improvisaciones de Cyro Baptista, Marc Ribot o cualquiera de los demás, a toda hostia, que ponen los pelos de punta tanto como en el original.
Pero otro de los encantos de este disco es que, en lugar de hacerse los 10 temas de "Lucifer" en ordern, se saltan Rahal, el intermezzo más aburridillo, e intercalan tres piezas más del repertorio (repertuar!) previo de Zorn para el sexteto, y casualmente dos de ellos son mis temas favoritos de Masada/Bar Kokhba de mediados de los noventa: Khebar es un corte divertidísimo, misterioso, asombroso, apoyada la melodía en unos pizzicatos de Feldman, el bajo machacón de Cohen y un juego del pilla-pilla entre cello y violín que bien podría servir para un episodio de Tiny Tunes correteando por una mezquita, o así me lo parece a mí (aquí hay una interpretación magistral de Khebar en Varsovia en 1999, en una maratón de Zorn cuando todavía parecía el gamberro de la clase); el otro tema que me vuelve loco, y con el que tienen el placer de terminar el recital de Willisau, es Hazor, aunque en este caso creo que se resiente un poco y pierde en emoción e intensidad debido a la excesiva velocidad que le meten; en general da la impresión de que en este concierto tenían prisa por acabar e irse a pescar y mirar cabras alpinas. Otro de los temas clásicos del repertorrrio para cuerda de Zorn, que siguen ejecutando aquí casi quince años después de incluírlo en los primerísimos discos de Masada, es Kochot, otra balada intensa y exótica apoyada en una melodía fantástica para un thriller de suspense moruno. Por lo demás, el repertoire de Lucifer, impecable, majestuoso, Sother, Dalquiel, Zazel, Gediel, Zechriel, Azbugah, Mehalahel, Quelamia y Abdel, que ya me lo recito de corrido con tanta facilidad como el sistema solar o la alineación de los Celtics de '92-'93.
Bar Khokba Sextet y su jazz hebreo exótico me tienen tan entusiasmado como cuando descubría el punk con quince años, y me he hinchado a ver y escuchar todos los conciertos en audio y en video de libre disposición por ahí, y quería recomendar también, por ejemplo, del apabullante recital en el Jazz in Marciac de 2007, otra ocasión perfecta para enamorarse de estos siete genios enfrentando el magnífico re-per-to-rio moderno de Masada, disfrutar de su sonido casi casi tanto como disfrutan ellos delante del público, y admirar a Zorn (que por cierto cada vez se parece más a Joaquín Reyes) manejando la máquina desde un rincón con esa maestría zen que le caracteriza.

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