domingo, 10 de julio de 2011

Y que le gusten los perros (Gary David Goldberg, 2005)


Empecé a ver esta película en el canal de Esperanza Aguirre (ruega por nosotros) hace un rato, pensando que era aquella de Cicciolina, y me fui cabreando bastante al ver que no sólo no tiene ni rastro de deleite zoófilo sino que es una comediarromántica estúpida para amas de casa apaleadas. Escrita por un androide redactor, el argumento es más o menos así: una atractiva jaguara, que habita una formidable mansión victoriana mantenida con su sueldo de educadora infantil, ha sido abandonada por su marido a cambio de una adolescente (obvio), justo el día anterior a abrazar la menopausia. La mujer se entiende que está muy destrozada y no abre las piernas desde entonces, y tienen que ser las subnormales de sus hermanas quienes la apunten a webs de citas, a ver si moja antes de que empiece a pervertir a los niños de su clase. Ellas también están solteras, amargadas y a esto de que se les pase el arroz, pero todos los solteros que conocen se los pasan a su hermana, porque ésta sufre más y para eso es la protagonista. Después de tres citas con los seres más escalofriantes de internet, casi a nivel Surmano, se conforma con un John Cusack caracartón en el peor papel de su vida. Cusack es un inteligente, atento, espiritual y emotivo artista, que manufactura canoas de caoba en su alcoba, que habla en ripios y que nadie entiende por qué está soltero, ya que es perfecto y vive en otra mansión (que supongo que pagó a tocateja con lo que gana de no vender ni una sola canoa). Cusack es sensible, atractivo. Le gustan los niños y los perros, sin penetración. Pero es un poco alocado, tímido e impulsivo, y en la primera cita a ciegas les va mal, así que ella, aunque pone ojitos cada vez que piensa en Cusack, se lía con otro tronco, y Cusack les pilla y se le rompe el corazón durante los cuatro próximos meses, hasta el punto de que... ¡acude a un bar de strip-tease! Cusack no mira a las bailarinas, por supuesto, porque sería pecado; aún así, la escena del garito de strip-tease es un incomprensible desliz de incorrección en un guión tan pacato tan pacato que pasaría incluso la censura de los Hermanos Maristas y podría ser estrenado perfectamente en la fiesta de fin de curso en la sala de actos de preescolar. Fíjate que incluso el perro, el que da nombre a la película, se llama Madre Teresa. Que en un apretón no fornican porque no hay condón, y se pasan toda la noche buscando farmacias de guardia. Si existe un género opuesto al porno, es sin duda esto. Hay más sexo en iCarly que en esta película. En fin. Que se aman pero de lejos, y no se llaman, se comportan como quinceañeros pese a pasar de los cincuenta. Una memez que ronda la ciencia-ficción de estúpido y timorato que es todo, con un reparto de escogidos descartes de teleseries, todos feos, ancianos y eligiendo cuidadosamente cada sonrisa y cada chiste, chistes que harían gracioso y atrevido Sexo en Sacedón.

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