domingo, 26 de junio de 2011

Robo-Hunter: The filby case (2000AD progs 266-272; 1982)


A todo esto, Sam Slade sigue alojado en una suite del Savoy, pero empiezan a criarse telarañas en su oficina de Baker Street. Hasta que por fin un día llaman a la puerta, y resultan ser dos andoides gigantones que le pegan una paliza amenazante, para disuadirle del caso Filby. Desorientado, Slade sale a la calle y es secuestrado por dos robo-gabardinas ambulantes, que igualmente le meten de hostias para que no acepte el caso Filby. Un rato más tarde, unos pandilleros se lo llevan en volandas, y le descuelgan peligrosamente de un costado del Hoverstreak hacia la ciudad allá abajo, amenazadoramente. Slade da por hecho que quieren que se aleje de ese caso Filby del que no sabe absolutamente nada, y sin embargo, estos tipos lo que quieren es que acepte el caso Filby, o le matan. Hasta que por cuarta vez en un mismo día, un anciano enjuto con gafotas llama a su puerta, y Slade le pega un par de hostias por si acaso... antes de que el pobre hombre le aclare que se llama Filby, y que necesita ayuda.
El señor Filby tenía un robot ayudante llamado Ronald, que lleva algún tiempo comportándose de una forma bastante extraña, ha desaparecido y está dispuesto a pagar lo que sea por recuperarlo. Es una antigualla, pero lleva muchos años a su lado, era su mejor amigo y le echa de menos. Slade acepta el caso, y a lo largo de la historia descubrirá que Ronald es un caso excepcional, puesto que de alguna extraña manera ha evolucionado, ha adquirido poderes mentales, y es capaz de leer las mentes de los demás. Algo inaudito en una máquina (aunque no para las personas del siglo XXII: ahí tenemos sin ir más lejos a la Jueza Anderson), lo que convierte al destartalado Ronald en un botín que conspiran por obtener todo tipo de organizaciones tecnológicas. Sin embargo, pronto sabremos que Ronald, simplemente, se ha marchado por su propio pie, y se ha unido a una secta robótica, los Robo Goonie. A partir de aquí tenemos a tres bandas rivales persiguiendo a Ronald y atizando a Robo-Hunter por todo Brit-Cit, mientras Hoagy se cuela en la secta y le comen el coco tanto como a Ron. Una divertida aventura de 35 páginas, obra de Alan Grant y el cada vez más brillante Ian Gibson, con sectas de roboces, robo-mafia, robo-pilinguis y otros elementos de un gran episodio de Futurama, pero concebido quince años antes.

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