martes, 21 de junio de 2011

Robo-Hunter: Day of the droids (2000AD progs 152-174; 1980)


El segundo arco argumental de la serie, de 23 episodios (casi 120 páginas) gira en torno al "Día de los androides", una fecha marcada por el nuevo rey del hampa de la ciudad, God-Droid, un poderoso robot que ha secuestrado a todos los peces gordos de la ciudad, tanto mafiosos como políticos y personajes influyentes, y los ha confinado en RoboLand, un parque temático donde la gente acude a besar a estrellas de cine robóticas, a participar en una Guerra de Troya con androides o visitar la Pre-Historia y hacerse fotos entre enormes triceratops mecánicos. John Wagner e Ian Gibson construyen otra disparatada aventura, un caso que solo Sam Slade parece capaz de resolver. Esta vez contará con la ayuda de dos nuevos personajes que aparecen en la vida de Robo-Hunter de forma decisiva: Hoagy, el sidekick estúpido, aprendiz de cazador de robots. Un secundario cómico torpe e idiota, que no hace sino agregar nuevos problemas a la vida de Slade, dispararle por error o llamar la atención de los villanos; y Stogie (nombre completo, Carlos Sanchez Robo-Stogie), un puro habano electrónico, que supuestamente ayudará a Sam (contra su voluntad) a dejar de fumar, y sobre todo le sacará de sus casillas con sus comentarios latinos absurdos. Después de la huida de Slade de la prisión robótica a la que había sido confinado junto con el resto de caza-robots de la ciudad (otra etapa del plan de God-Droid), casi todo el tebeo transcurre en RoboLand, la impresionante ciudad/parque temático. Asistiremos a la batalla de Slade contra sus propios clones robóticos, ya que casualmente se celebra la semana de Sam Slade (que ya es una celebridad tras el caso Verdus); un Clark Gable robótico se enamora de nuestro protagonista, y le retrasará en su faena; otros personajes disparatados que desfilan por la aventura: los Hermanos Marx, Tarzán, King-Kong, los monstruos de la Universal, los vikingos... y otras celebridades y estrellas de Hollywood animatrónicas. Mientras tanto, las huestes de God-Droid, formadas por miles de robotitos enanos tipo Pac-Man (los Teeny Meks) y otros tantos hampones cibernéticos, además de todos los peces gordos suplantados, provocarán el caos en la ciudad, y la cosa terminará, como en el arco anterior, con una bizarra batalla y páginas repletas de cientos e androides de todos los tamaños enfrentados entre sí en una guerra sin cuartel que Slade tendrá que solucionar de forma drástica.

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