jueves, 23 de junio de 2011

Robo-Hunter: The beast of Blackheart Manor (2000AD progs 259-265; 1982)


Al final del todo de "Day of the droids", el arco argumental anterior, Sam Slade había salvado la ciudad (una ciudad que no se menciona; pero se da por hecho que estamos en algún lugar de los Estados Unidos en el año 2141) de la amenaza de cientos de miles de robots descontrolados y hambrientos de sangre humana. Pero la ayuda de Molotov, un robotito camarero con carisma de líder sindical, fue crucial. Así que el alcalde de la gran ciudad decide otorgarle a Slade un simbólico premio en metálico (algo es algo: en la primera aventura solo recibió una estúpida medalla), y a Molotov le concede su principal reivindicación: la prohibición de todos los robo-hunters. Así que a Slade no le queda más remedio que huir de allí, y comprar un billete a Brit-Cit. Así, en este tercer arco tenemos a Sam Slade, Robo-Hunter extraordinaire, instalado en una Gran Bretaña futurista.
Esta tercera aventura es bastante más breve, apenas consta de unas 40 páginas. Y además, los dos primeros progs son una introducción, retomada la historia desde el mismo momento en el que lo habíamos dejado. Aunque esta vez es el guionista estrella Alan Grant quien toma el relevo, y nos cuenta que Slade le da la patada al bobo de Hoagy y se embarca rumbo a Brit-Cit. Por supuesto, Hoagy, convertido ya en secundario cómico fijo para los restos, se cuela (mal disfrazado) entre el pasaje.
Brit-Cit es una ciudad totalmente tomada por los androides, que han asumido todas las labores de los humes (humanos). Así que a Slade no le costará demasiado tomar el pelo a las máquinas, ocupar una suite presidencial en el Savoy, el mejor hotel de la ciudad (no en vano está completamente desocupado), montar rapidamente una oficina de cara al público, e incluso engañar al conserje del hotel para que reparta tarjetas de visita a todos los humanos que se pasean por la zona. Pronto, alguien llama a su puerta, y le contrata para resolver el caso de la Bestia de la Mansión de Blackheart, un extraño ser que está liquidando huéspedes desde hace décadas en una casa rural victoriana. La Mansión Blackheart se ha convertido desde hace años en un foco de turismo para todos esos miles de británicos desocupados, que acuden a la llamada del misterio y participan en las cenas temáticas, excitados ante la posibilidad de engrosar la lista de los casi 400 asesinatos que ya han tenido lugar en la finca. La historieta es un precioso homenaje tebeístico a "Un cadáver a los postres", en un entorno victoriano que contiene todos los elementos de la literatura de suspense. Alrededor de la mansión hay un gran parque de atracciones, así como un zoológico de mutantes, Mutari Park, donde conviven cocodrilos con cabeza de tigre, bichos metamorfos y la mismísima Bestia misteriosa, que supuestamente lleva años y años eliminando turistas. Al cabo de unas pocas páginas, ya sabemos que el misterio es ajeno al pobre monstruito mutante de la laguna, y que algo huele a chamusquina entre los empleados de la mansión, liderados por el capullo del mayordomo metálico, Talbot, y el androide cocinero, Cook.
El estilo de Ian Gibson ha evolucionado y se ha retorcido sobremanera, y directamente estamos ante un tebeo humorístico, donde no faltan misterios, desapariciones sobrenaturales y robots medievales. Aunque se echa de menos el surrealismo de John Wagner, y la brevedad de la historia y escasez de personajes le resta algunos puntos. Esta es la historia que tenía grabada en la memoria desde niño, y su relectura me ha sabido a poco. Pero sigue siendo un clásico instantáneo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario